‘Magallanes’, de Lav Diaz

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‘Magallanes’, de Lav Diaz
Reparto: Gael García Bernal, Darío Yazbek, Ángela Ramos, Rafael Morais y Tomás Alves
Guion: Lav Diaz
Fotografía: Lav Diaz, Miquel Barceló, Ciril Barba, Julien Hogert y Artur Tort
Coproducción Portugal, Francia, Filipinas y España (Andergraun Films y Albert Serra)
160′, Portugal, 2025

De Odiseo a Magallanes, la gran pantalla nos sirve estos días sus historias como un espejo del viaje de la humanidad por encontrar sentido al camino de la vida. El relato del naufragio, tras el envite del cruel oleaje, aparece como un símil cierto del deambular por el mundo. Con o sin final feliz. Pero la peripecia –Kavafis dixit– es lo que importa.

¿Leería Magallanes los cánticos de la ‘Odisea’? Hombre versado en viejos mapas extraídos de las bibliotecas de la época, el soldado y navegante portugués bien pudo haberse acercado a la peripecia de Odiseo-Ulises antes de adentrase en la búsqueda de rutas que parecían fantasiosas e imposibles.

Antes de asomarme a la versión cinematográfica de ‘La odisea’ de Cristopher Nolan, me sumergí en la historia sobre Magallanes que propone el director y periodista filipino Lav Diaz, estrenada ahora tras su presentación en la penúltima edición del Festival de Cannes. 

Mientras Nolan nos ofrece una epopeya de gran dimensiónen el marco gigantesco del cine Imax, Diaz representa a Magallanes y su historia de la vuelta al mundo en viejo formato tres cuartos y en una serie casi de tableaux vivants, de escenas teatralizadas para penetrar en el alma del guerrero embarcado en su última misión redentora.

‘Magallanes’, de Lav Diaz

Son dos fórmulas cinematográficas claramente distintas y distantes, aunque con el nexo común de buscar por vías audiovisuales tan diferentes el alma del héroe. Nolan, a través más de la acción que de la reflexión. Diaz, dejando que los silencios nos digan cosas que las palabras no llegan a revelar con suficiente profundidad.

Estar sin tierra firme bajo los pies es sin duda la base de estas peripecias, una mitificada, la otra simplemente verdadera, que pone a su protagonista en riesgo mayúsculo, con las propias vidas en el alambre, dejando a sus capacidades de lucha e invención la posibilidad de escapar a un naufragio que se presagia en todo momento. No hay camino más proceloso que el de surcar las aguas, a veces calmas, a veces bravas, siempre ondulantes y engañosas a bordo de unas frágiles tablas de navíos de época.

Fotograma de ‘Magallanes’, de Lav Diaz.

Nuestros héroes, consagrados ya en la historia, vienen ambos de una guerra. ¿Buscan redimir sus pecados de violencia y muerte? Nolan ha orientado su guion de esta nueva ‘Odisea’ con un fuerte anclaje en la ‘Ilíada’, en la batalla del astuto Odiseo por penetrar la fortaleza de Troya y causar sangre, dolor y muerte.

Tras la cruenta victoria, el guerrero parece arrepentido de causar tanto dolor, y los dioses le van a empujar en su regreso a casa a una navegación incierta poniéndole a prueba en cada puerto, en cada día de navegación por la mar encrespada. Su versión de la ‘Odisea’ parece formulada como pecado-penitencia-contrición, lo que atisba una lectura con tintes cristianos.

Una y otra vez, en esta ‘Odisea’ vemos flashbacks sobre el incendio de Troya y la fiereza de los combates cuerpo a cuerpo. La guerra se sitúa en el epicentro de la historia, aunque el relato homérico discurra por otros derroteros: los del regreso y sus calamidades viajeras.

Con independencia de las licencias en la adaptación, que no han gustado mucho a los eruditos, la película en sí tiene la fortaleza de un rodaje de gran dimensión, una estructura con fáciles anclajes para el espectador y una sensación de trepidante aventura de la que no te puedes despegar.

Fotograma de ‘Magallanes’, de Lav Diaz.

Lav Diaz abre su ‘Magallanes’, como es habitual en él, con un plano sencillo de muy larga duración. Una mujer desnuda en medio de un río, bañándose tranquila ajena al mundo, hasta que algo la desconcierta. Un ruido, una sensación de que alguien se acerca, de que el peligro acecha… Sale del río, del plano, despavorida y ya sabemos que lo externo desconocido, lo extranjero ha llegado para intranquilizar a la población indígena.

En este caso, el contraplano cinematográfico es meramente atmosférico. Ese es parte del encanto que Diaz aplica a su lenguaje cinematográfico propio, causando sensaciones brillantes en muchas ocasiones, pero también su presentación minimalista puede en ocasiones resultar desconcertante.

Recuerda este primer plano a algunas de sus legendarias secuencias en ‘Melancholia’ (2008), una película de siete horas y media de duración, rodada en blanco y negro, donde el arte de lentitud se erige como formula cinematográfica ganadora.

Fue el premio de la sección ‘Orizzonti’ de la Bienal de Venecia, donde tuve ocasión de charlar con Lav Diaz gracias a los siempre buenos oficios del productor Paco Poch. Allí descubrí que su pasado profesional era de periodista, lo que puede explicar su detallismo extremo, el que trata de aplicar a la ambientación medida e historicista en este ‘Magallanes’.

Esta historia cinematográfica de Hernando de Magallanes se inicia con la experiencia bélica del protagonista en Malaca (diríamos que como Odiseo-Ulises en Troya), que le marcará de forma indeleble, tanto anímicamente como en lo físico, arrastrando desde entonces una cojera.

Espera encontrar a su regreso a Portugal una recompensa económica y de prestigio que no llega. Y cuando busca el espaldarazo definitivo del rey de Manuel I de Portugal, lo que encuentra es un doloroso rechazó a su proyecto de llegar a las islas de las Especias.

Fotograma de ‘Magallanes’, de Lav Diaz.

Tras cabilas y gran desasosiego, el navegante portugués decide ofrecer su plan de descubrir una nueva ruta nunca navegada a España. Luego vendrá su venta del proyecto a la corona española para emprender la larga odisea de encontrar un nuevo camino a la tierra de las especias, que llevará aparejada la confirmación de la esfericidad de la Tierra.

Será la primera vuelta al mundo, un hito que elevaría la gesta más allá de la dimensión de la bella peripecia contada por Homero. Pero, al contrario de Ulises, el visionario Magallanes no vivirá para contarla.

El perfil psicológico de ambos personajes, Odiseo y Magallanes, parece calcado. El deseo de la aventura que se torna en un viaje amargo. La aventura griega nos la cuenta Homero, la del portugués se debe al cronista de a bordo Antonio Pigafetta, noble renacentista italiano, que hará el relato de la expedición, recogido en la ‘Relación del primer viaje alrededor del mundo’.

Será, finalmente, Pigafetta, uno de los grandes supervivientes de aquella odisea, junto a Juan Sebastián Elcano, el marino de Guetaria, que, después de más de tres años de navegación y recorrer 14 mil leguas, regresan a territorio español solo con una de las cinco naves que partieron y con solo 18 hombres a bordo de los 270 que partieron.

En ‘La Odisea’ –secuencia rodada en Islandia– se describe ese encuentro en el hades de Ulises con los muertos, “el careo definitivo con el pasado, el dolor y la propia mortalidad para ganar sabiduría”. Odiseo sí llego a contarlo, al reencontrarse con los suyos vivos en Ítaca, esa pequeña isla de la costa adriática, estrecha de extensión y de riquezas, que en su pobreza pone más de relieve que el deseo de volver a casa no es el de regresar a lo material, sino al amor de los tuyos y al consuelo de la patria de la infancia.

Quizá sea un poco demediada la escena montada por Nolan para despachar a los pretendientes de Penélope, que prefiere la acción a la reflexión en el monte cumbre de la historia. 

De aquellas epopeyas, mítica y real, real pero mítica, nos quedan estos protagonistas más grandes que la vida y que las pantallas que ahora nos los muestran. Podemos decir con Paul Ricouer, al contemplar esta narrativa fílmica de las dos aventuras, que “a esta relación entre relato y vida, quisiera aplicar la máxima de Sócrates según la cual una vida no examinada no es digna de ser vivida. Tomaré como punto de partida, para atravesar esta zona crítica, la afirmación de un comentarista: las historias son narradas y no vividas; la vida es vivida y no narrada”. 

Y continúa citando a los clásicos: “Retengo de la ‘Poética’ de Aristóteles su concepto central de construcción de la trama, que se dice en griego mythos y que significa al mismo tiempo fábula en el sentido de historia imaginaria y trama (en el sentido de historia bien construida)”.

Mitos, fábula, trama… Modos de narrar unas aventuras más grandes que la vida misma para convertirse en una guía para navegantes de la vida por vivir.  Hasta el fin del mundo a merced de los vientos.