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Cultura de frontera (con anhelo de Camus)
MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2026
Viajo por el norte de África y sueño con visitar a Camus. He llegado a Oujda, la populosa ciudad del oriente marroquí, que apenas dista unos quince kilómetros de la frontera con Argelia. Sueño en vano. Ni el nobel vive ya en Orán ni la frontera que separa Marruecos con Argelia está abierta.
Todo es Magreb, pero en esta línea artificial que separa dos estados ha crecido una valla. Desde hace años no se permite el paso. Dicen que solo los vecinos, como los amigos, pueden enemistarse. La cercanía crea afinidad, pero también enconos. Aquí hay familias que llegan hasta el río que divide los dos países para contarse sus intimidades a voces. Podría ser una película. Es una realidad más grande y penosa. Dos culturas tan cercanas y tan obligadamente distantes.
En el festival de cine la ciudad de Oujda, al que asisto como jurado, la película ganadora es una película de frontera, en este caso la que separa España y Francia. Antes de que Europa levantase las barreras, este paso obligaba a esconder libros y revistas prohibidas, obligaba a ocultar incluso armas. Ahora queda un símbolo de un viejo pasado en la conocida como ‘La isla de los faisanes’.
Este espacio rodeado por las aguas del Bidasoa pertenece ahora a los dos países –como Andorra– y se ha convertido en la última frontera de la emigración, de los que quieren acceder a la Europa del norte. Da también título a la película, una historia de migrantes africanos que caen ahogados en el último asalto a Europa, o que finalmente consiguen, con disfraces de Reyes Magos, burlar la vigilancia y cruzar el puente para entrar en territorio francés. Cine de frontera.
Hay otras películas que buscan vetas de esta misma cuestión, problema, dislate y noticia continua en nuestro mundo. Películas de Marruecos o de Burkina Faso, donde el problema de la migración obligada, convertida en terrible aventura, es una cuestión muy real, que alimenta ficciones para hablar de ese crudo salto al otro continente.
Mas allá o más acá de la tragedia, lo que también se pone de manifiesto en la frontera es la diferencia y el choque cultural. ¿Es la denominada cultura un pasaporte para la educación, la buena vecindad, el respeto mutuo? O será que la cultura de unos frente a la cultura de otros se convierte en un muro aparentemente invisible que nos separa, que pone frontera.
Me asalta este dilema, porque acostumbramos a cantar los beneficios de culturizarnos. Pero potenciar unos rasgos juega habitualmente en detrimento de los que caracterizan a otros. Cierto que claves como la tolerancia, el gusto por la diferencia, el respeto a los derechos y a las costumbres son la clave de una verdadera culturización. Pero el peligro de que creemos culturas de frontera, culturas que nos separan, existe, está ahí. Nos vetan el viaje para abrazar a Camus…

‘El extranjero’ y el equilibrio del día
Se estrenaba en cines, en estas fechas de mi viaje al norte africano, la nueva versión de ‘El extranjero’ (1942), de Albert Camus, dirigida con maestría y exquisita fidelidad al texto por François Ozon. Late en la novela y en su versión cinematográfica ese choque cultural del francoargelino frente al árabe, ese conflicto entre dos culturas atacado por el nobel con un personaje de actitud nihilista, que llega a su cenit en la enigmática escena del duelo al sol en la playa.
Con el cuchillo que blande el árabe y la pistola prestada que dispara el protagonista, se desata una situación emblemática de conflicto. animadversión, lucha y desenlace fatal. Sin razón alguna. Solo por la diferencia. Una muerte sin razón. Como en aquella frase del guion de otro filme (‘Body Heat’, de Lawrence Kasdan, 1981): “Un hombre va a morir, sin razón alguna. Excepto que le queremos muerto”. “Había destruido el equilibrio del día”, dice Meursault, el protagonista culpable de ‘El extranjero’.
Pero ¿qué es la cultura? Recurro a la autoridad de Parténope, cuya sabiduría a la sombra del Vesubio parece garantizada por el napolitano Paolo Sorrentino en la película con ese mismo título. En la escena de exámenes universitarios, coloca el diálogo sobre la cuestión entre la protagonista y el profesor de Antropología. “Una cultura es un conjunto de valores espirituales y materiales, los cuales respondan a la suma de problemas existenciales que, después de la búsqueda de alimento, nos llevan a la creación del arte”. Y añade Parténope, de inmediato: “Yo no estoy de acuerdo, pero me conmueve”.
Para nuestro propósito, fijémonos en el artículo inicial: “una” cultura. Somos de una u otra cultura. En consecuencia, su colisión genera un enriquecimiento o un conflicto. Sabemos que la ameba, el organismo vivo más simple, solo sobrevive y desarrolla absolviendo todo lo que se le acerca a su límite orgánico. Absorber es crecer.
Traspasar la frontera nos lleva a un nuevo encantamiento o un desequilibrio mortal. Volvamos a Camus, ‘El Extranjero’: “Di un paso, un único paso hacia adelante. Y esta vez, sin incorporarse, el árabe sacó la navaja y me la enseñó, al sol. La luz salpicó desde el acero y era como una larga cuchilla que resplandecía y me daba en la frente. (…) Esa espada ardiente me roía las pestañas y me hurgaba en los ojos doloridos. Fue entonces cuando todo se tambaleó”.
El conflicto entre el francés y el árabe acabó con un gatillo crispado por la mano, y el choque de culturas se convirtió en violencia explícita, en muerte. Cree Camus que “la cultura no es un lujo elitista, sino una herramienta de libertad, resistencia y dignidad humana frente a la barbarie y el absurdo”. Ligada estrechamente a la creación artística y la responsabilidad social, considera que la cultura debe fomentar la rebeldía ética contra el sufrimiento y las tiranías.
Las historias de frontera, de migración, desplazamiento y aventuras forzadas, de choque cultural o feliz integración toman múltiples formas, y el cine se ha convertido en un vehículo destacado para mostrarlas y denunciarlas. La mirada está centrada en la cruel situación vital de los migrantes. Pero, más allá y más acá del conflicto, late esa diferencia cultural que se usa como bandera para el rechazo, pero que, sin duda, es la fuente de enriquecimiento cuando los que están a uno y otro lado de la frontera abren sus puertas y se abrazan. Nos culturizamos para ser capaces de abrazar.
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