Orts

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‘Aire, aigua i llum’, de José Antonio Orts
Museu de la Ciutat
Plaça de l’Arquebisbe 3, València
Hasta el 5 de mayo de 2024

José Antonio Orts ha titulado su exposición en el Museu de la Ciutat ‘Aire, aigua i llum’ (Aire, agua y luz), “porque todas las piezas están en relación con esos tres elementos y con los recuerdos de mi infancia en la huerta”. Lo dice mientras se pasea por entre sus instalaciones sonoras y luminosas, que, cual seres vivos, van emitiendo sonidos y destellos de luz nada más perciben la presencia humana.

“Alterno obras sonoras con obras luminosas, salas con luz y salas con penumbra y, luego, obras en el suelo con obras en la pared”. Alternancia que convierte las salas del espacio artístico municipal en una cueva que, como las primitivas, parecen guardar el secreto de las pinturas rupestres, ahora convertidas en instalaciones igualmente proclives a las sombras y las luces que dieron lugar al enigma de tan ancestral creación.

“Para mí”, subraya Orts, “la naturaleza está desde el principio de los tiempos creando formas, que nosotros apreciamos y las vemos como bellas, pero la naturaleza no las crea para que sean bellas, sino que las crea para una determinada función. Por ejemplo, las hojas, que atrapan la energía de la luz, de manera que están dispuestas de la forma más efectiva. Es decir, que la naturaleza crea formas y las más bellas son las más efectivas”.

En sus obras dice que pasa lo mismo, en este caso divididas en dos tipos de piezas: unas, que atrapan la energía de la luz “y que están en relación con la energía ambiental”, y otras, que guardan relación con la energía que el espectador desencadena al pasar, “bien por las sombras que provoca o por los surcos de aire que genera”. Y apostilla: “Por cierto, todos los circuitos electrónicos y todas las técnicas son creación mía, no los encuentras en ninguna otra parte, no son comerciales”.

José Antonio Orts, en medio de una de sus instalaciones, en el Museu de la Ciutat de València.

Y es así, mezclando circuitos electrónicos que, en su mayoría, el artista deja al aire como si fueran el sistema nervioso del cuerpo creado, y piezas metálicas que se van animando -en su doble sentido de dibujo animado y de alma-, como José Antonio Orts crea un universo entre vegetal y mecánico, natural y artificial. “Hay una relación muy íntima entre lo que yo quiero, la función que deseo y luego el aspecto de la obra. Pasa un poco como en la naturaleza, que la forma surge de la función”.

Y que los circuitos electrónicos estén a la vista, sin trampa ni cartón, también obedece a su necesidad de desvelar el modo en que la magia está en la propia sencillez de cuanto nos rodea. “Sí, no escondo nada, porque es una manera de mostrar el misterio, igual que un pintor puede querer mostrar el proceso pictórico. Y al no esconder nada, también es una forma de mostrar que la obra se ha hecho con los mínimos elementos”.

¿El contexto es tan importante como el texto?

“Sí, hice la exposición pensando en este espacio. He hecho tres piezas nuevas para esta sala y otras he ido sacando de las que ya tenía y que se adaptaban al lugar. Tienen que convivir entre ellas con el fin de que el resultado sea agradable para el espectador”.

Hay piezas que funcionan con la energía de la luz ambiental; energía que propicia cambios de luz, al tiempo fomentan cierto ritmo. Otras que hacen sonidos de agua, igualmente favorecidos por las corrientes de aire que crea el espectador a su alrededor. Siempre el espectador creando vida a su paso por las diversas instalaciones.

“Es una forma que podríamos decir que he copiado de la naturaleza, pero también de un abanico, de una vela o de cualquier otra cosa que se mueve por el aire, sumados a un circuito y a un altavoz, todos ellos redondos precisamente para que puedan recordar el surgimiento del agua creando círculos”. En este caso, Orts se refiere a la pieza ‘Ullals’. “Es una obra -según me han dicho algunos críticos- con mucha cosa electrónica y, a su vez, como muy natural”.

‘Septeto verde’, pieza de José Antonio Orts en su exposición ‘Aire, aigua i llum’, en el Museu de la Ciutat. Imagen cortesía del autor.

La denominada ‘Septeto verde’ se compone de una serie de piezas luminosas y fotosensibles que captan la presencia del espectador. “Los colores cambian al captar la sombra que provoca la persona que pasa por delante. Es decir, que mis obras cobran vida con la presencia del espectador, pero no de una forma robótica, sino que copia los gestos del visitante en movimiento, que es como copiar lo vivo que está el espectador, quien al mismo tiempo acaba formando parte de la pieza. Sin espectador la pieza no se completa”.

En la titulada ‘Eólica’, todo está relacionado con el viento: “Es sensible a la estela de viento que el espectador provoca al pasar, junto a una serie de tubos metálicos que generan sonidos reales, sonidos acústicos que salen de dentro del tubo y producen un efecto mucho más potente que si fueran grabados”.

La diferencia entre lo acústico y lo virtual, que la grosería de nuestros órganos perceptivos termina pasando por alto, da pie a que Orts se explaye en lo que considera una cuestión vital. “Esta es una de las cosas que la gente está perdiendo más, ya casi no diferencia entre sonidos acústicos -que a mí me parecen maravillosos- y los que percibimos mediante altavoces. No tienen nada que ver. Es como una persona y la fotografía de la persona”.

La pieza con la que el espectador se encuentra nada más entrar en ‘Aire, aigua i llum’ posee una técnica nueva que Orts ha utilizado porque tiene, además, unos valores conceptuales. “Lo que he hecho ha sido tomar los rumores de la sociedad, en concreto, el rumor de la gente hablando en una plaza en fiestas, y los sonidos del mar. El espectador al moverse provoca un diálogo entre la sociedad y el mar”.

Vista de la exposición ‘Aire, aigua i llum’, de José Antonio Orts, en el Museu de la Ciutat. Imagen cortesía de autor.

No se considera un chamán o intermediario entre la naturaleza que tanto le atrae, por formar parte de su propia biografía, y el espectador que la contempla hasta integrarse con ella. “Yo tengo una necesidad de expresarme, como todo artista”, asegura Orts. Y añade: “Cuando imagino cosas tengo el impulso de crearlas y después el de mostrarlas. Pero son impulsos distintos el de ser artista y el de querer hacer obra, porque el primero se fija en el rol social del artista, y el que quiere hacer obras, como es mi caso, se entusiasma con llevar a cabo algo y mostrarlo, de manera que lo de artista vendría después”.

Al igual que viene después la belleza que destila su obra, porque, en principio, nace de la necesidad de dar vida a lo estrictamente mecánico. “Yo no copio la naturaleza, pero seguramente sí que estoy copiando sus procedimientos. En mis trabajos, la forma de la obra surge de la función. Busco la forma más eficaz y la más simple, porque pienso que, además, será la más bella”.

¿Te sorprenden los circuitos electrónicos que creas? ¿Adquieren una vida insospechada al conectarlos en tus piezas?

“Me han sorprendido muchos. He llegado a realizar piezas que, al interactuar con ellas, hacían una cosa distinta. Eran lo más parecidas a un ser vivo. Dependían de la energía que tuvieran acumulada. No son sensibles solo al espectador, sino que son también sensibles al ambiente. Una vez pasó con una instalación, que resulta que enchufaron el aire acondicionado y empezaron todas las piezas a sonar”.

La belleza de la naturaleza que adoptan las formas escultóricas de sus instalaciones no siempre es consecuencia de una configuración amable, porque los sonidos que muchas veces emiten sus obras causan también cierto pavor. “Eso es una cosa ancestral, que pertenece a nuestra evolución como especie. Creo que los sonidos graves nos dan miedo porque corresponden a objetos o animales muy grandes. En cambio, los animales pequeños producen sonidos agudos que son inofensivos”.

Pero hay especies pequeñas que son muy peligrosas.

“Sí, pero eso se debe a que, siendo pequeñitas, cuando forman un enjambre también nos dan miedo. Nuestro oído tiene unas capacidades enormes y una de ellas es que nuestro cerebro otorga a cada sonido un tamaño y eso es ancestral. Por eso los niños, si les tocas las notas más graves de un piano, se ponen a llorar y, en cambio, si les tocas las agudas, les parece muy bonito”.

Vista de la exposición ‘Aire, aigua i llum’, de José Antonio Orts, en el Museu de la Ciutat. Imagen cortesía de autor.

¿Que el espectador forme parte de tu obra guarda relación con la idea de las vanguardias de no separar el arte de la vida?

“Yo creo que es un paso más a la hora de darle importancia al espectador. Siempre se ha dicho que la obra no tiene sentido sin espectador. En mi caso, además, la obra no se termina, porque es él quien la finaliza y la completa. Mis obras necesitan producir luces o producir sonidos, y esas luces y esos sonidos tendrán un ritmo. El ritmo que toma la obra es el del espectador vinculado con sus propios movimientos”.

‘Aire, aigua y llum’. ¿En tu obra hay una intención de poner de manifiesto una cierta sensibilidad ecológica?

“Sí, lo que pasa es que la ha habido siempre. Yo cuando vi por primera vez una plaquita solar fue hace muchos años en Berlín. Entonces, la puse en un sitio en penumbra con un LED y vi que se encendía, lo cual ya me produjo una experiencia estética. El hecho de la eficiencia, de que no consuma energía, eso para mí es bello. Muchas cosas de la física yo las encuentro maravillosas. Eso fue hace 30 años y el ecologismo ha venido después.

Esa belleza, sin embargo, algunos la cuestionarían viendo las placas solares en mitad del campo o esos gigantes eólicos al lado de las carreteras.

“Yo soy de la opinión de que los ingenieros que han hecho esos molinos para producir energía lo han hecho bien. Los han creado realizando un esfuerzo por hacer una forma pura, limpia y que, además, giran muy lentos.

Y las placas solares son otra cosa. Las puedo comparar con hojas y, de esta forma, se podrían disponer de otras maneras y tomar formas bellas, como si fueran una gran escultura.      

José Antonio Orts
José Antonio Orts, en su exposición ‘Aire, aigua i llum’, en el Museu de la Ciutat de València.