Beat Hotel

#MAKMALibros
‘Beat Hotel’, de Harold Norse
Prólogo de William Burroughs
Traducción: Eduardo Moga
Hojas de Hierba, 2026

Los versos de Harold Norse, construidos siempre a partir de una unión azarosa y exuberante de palabras liberadas, descubren y celebran la vivacidad de un tiempo alterado, marcado por las exploraciones íntimas, las resignificaciones radicales y los sueños tóxicos.

Pero ¿quién es este malabarista del lenguaje, relacionado, al menos en cierto modo, con los revuelos de la generación Beat, los exilios voluntarios y forzados —de Greenwich Village a la calle Gît-le-Cœur de París, pasando por Túnez, tras los pasos de Burroughs— y la obsesiva búsqueda de las posibilidades expresivas del arte?

Ante todo, se trata de uno de los exponentes del cut-up o recortes, aquella técnica de escritura experimental que durante los años 60 fascinó a William S. Burroughs, Gregory Corso, Brion Gysin o John Giorno. El procedimiento propone la recombinación de fragmentos procedentes de uno o varios textos en busca de nuevas experiencias, emociones y formas.

En cierto sentido, resulta una consecuencia bastarda de algunas de las investigaciones y alteraciones planteadas años atrás por los creadores asociados a las vanguardias, en especial al Dadaísmo. A finales de los años 50, Gysin descubre y desarrolla en París el procedimiento, llevado hasta sus últimas consecuencias como una singular manifestación artística que parte de la ruptura drástica del lenguaje para abrirlo a nuevas posibilidades.

Norse, en realidad, como muchos artistas de su tiempo conectados a los movimientos underground, es en esencia un misterio formidable. En España, como ocurre en tantos otros casos, es prácticamente un desconocido.

Hasta hace poco, la presencia de su obra se limitaba a unos pocos poemas aparecidos en alguna antología de poesía norteamericana del siglo XX y en un puñado de revistas digitales, tal y como señala el traductor Eduardo Moga, figura esencial para dar a conocer entre nosotros la obra del escritor.

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Por todo eso, la tarea de la editorial Hojas de Hierba es tan importante. Con la publicación de la obra de Norse contribuyen a completar el siempre tembloroso y sombreado mapa de las letras contemporáneas norteamericanas ligadas a las visiones más experimentales.

El trabajo de recuperación comienza inmejorablemente en 2022 con la edición de ‘Voy a salir volando por la ventana’, una resplandeciente recopilación de poesía que ofrece al lector un recorrido por algunos de los temas recurrentes y de las pesquisas emocionales y formales del autor.

El asunto Harold Norse en España continúa, más tarde, con la llegada del voluminoso ‘Memorias de un ángel bastardo’, un relato de aliento biográfico que, por su poderío, sobrepasa enseguida las convenciones del género de memorias para convertirse en un torbellino de libertad y vigor.

La llegada de septiembre trae una noticia fantástica para los seguidores de Norse y, en general, para los lectores más inquietos: la aparición de ‘Beat Hotel’, su única novela. Los artífices de esta recuperación son, de nuevo, los miembros del equipo de Hojas de Hierba.

La edición presentada es sencillamente magnífica. Además del texto original, el volumen incluye un prólogo de Burroughs —escrito a principios de 1983—, varias posdatas del autor –fechadas en 1963 y 1982– y un escrito revelador a propósito del cut-up, titulado ‘La magia del recorte’.

Se añade, por último, una interesante introducción a la obra a cargo de Todd Swindell, amigo íntimo de Norse, que sitúa la trayectoria personal y profesional del protagonista y recuerda su temprana amistad con William Carlos Williams, la admiración que despertó en Bukowski y las dificultades que rodearon la edición del libro en su momento.

Collage de ‘Beat Hotel’, novela de Harold Norse.

‘Beat Hotel’, escrito de 1960 a 1963, de algún modo, se asemeja a una visión vándala y compartimentada de la soñada ‘Gran Novela Norteamericana’. Con sus fantasmagorías envenenadas y sexuales, recopiladas en varias viñetas tan abstractas como palpables, recorre, desde la habitación del establecimiento parisino, una parte considerable de las preocupaciones y los deseos específicos de los años 60.

Se trata, en cierto sentido, de un relato de formación protagonizado por una figura poliédrica e infectada por los sueños de gloria artística y las conquistas de libertades utópicas. En ella parecen encarnarse los huéspedes apátridas del hotel o, mejor dicho, sus intrigas, predisposiciones y ansias.

El primer capítulo de la novela, ‘Circuito de fuerza y salud’, comienza así: “Bob se irguió en la cama, esforzándose por escuchar. Nada. Las voces se oían entrecortadas, como si saliesen de una radio, y las figuras revoloteaban en alguna adormecida cámara de resonancia de su cerebro, como periódicos en una calle ventosa”.

De esta manera, Norse invita al lector a entrar en el hotel y, en definitiva, en su propuesta narrativa. Ya desde estas primeras frases pone en práctica las posibilidades del método y anticipa algunas de las operaciones que se desplegarán a continuación.

Pero, más allá de eso, introduce a un personaje, Bob, que podría representar la materialización de aquella figura poliédrica a la que aludíamos: el propio hotel, convertido, página a página, en un organismo colectivo y espiritual, una representación figurada de una criatura literaria hecha de todas las conciencias que lo habitan.

Harold Norse, autor de 'Beat Hotel', junto a William Burroughs.
Harold Norse, autor de ‘Beat Hotel’, junto a William Burroughs.

Desde ese punto de vista, lo que viene después de esas palabras es una minuciosa descripción de las impresiones suscitadas por aquel espacio cercano al Sena. ¿Es entonces la novela una radiografía científico-sentimental, emborronada, del mundo de Madame Rachou?

Seguramente. Pero, sobre todo, es una carta de amor nerviosa y preciosa a un posible hogar de artistas díscolos y marginados, un clan de parias unido por la sensualidad y los recortes, escrita sin contener las continuas intromisiones de las cuestiones del mundo exterior. Porque, en realidad, ‘Beat Hotel’ es una foto necesariamente movida de su época.

Junto a todo esto, en las páginas del libro aparece continuamente, de manera velada o directa, el reconocimiento personal y colectivo de la labor de la propietaria del local, esa excéntrica Madame Rachou que –como recuerda Burroughs en su prólogo– regentaba un pequeño bar con mostrador de zinc.

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Tras la poesía aparece una historia de solidaridad, complicidades, ratas y hornillos de gas, interrumpida por la irrupción inesperada de los agentes de la policía de inmigración, los editores estupefactos o el hambre. Bajo la poesía, en efecto, bucea también el relato costumbrista de un hotel sin nombre, pero con número: el 9 de la rue Gît-le-Cœur.

Un lugar con habitaciones en las que siempre pasaban cosas y sin alfombras, con agujeros en el suelo de cada rellano de la escalera a modo de aseos, vendido finalmente a unos corsos.

Al final de su escrito de presentación, Burroughs dice que aquel interludio mágico fue demasiado breve, como todos los interludios. Harold Norse reúne en su libro la electricidad de ese instante y la conmemora mediante la creación de un artefacto hermoso y raro.

El equipo de Hojas de Hierba, guiado por la precisa traducción de Moga, consigue ahora el milagro imposible: después de cambiar las palabras, la magia se mantiene íntegra.