#MAKMAArte
‘Alverde’
Arancha Goyeneche
Organiza: Autoridad Portuaria de Santander (APS)
Nave Sotoliva
Antonio de Tova y Arredondo 23A, Santander
Hasta el 14 de junio de 2026
Con la apertura de la muestra ‘Alverde’, de la artista santanderina Arancha Goyeneche, la Nave Sotoliva se sumaba, a finales de marzo, al gran número de espacios expositivos de la capital cántabra que ya se encuentran en plena vorágine de exhibiciones artísticas.
“En esta tercera etapa de actividad, hemos consolidado una propuesta muy contemporánea y conceptual, abierta a una práctica artística que interviene el espacio y experimenta con sus propios límites”, subrayaba, entonces, César Díaz, presidente de la Autoridad Portuaria de Santander (APS).
Con esta exposición, Goyeneche ahonda en ese contacto con el territorio cercano, los lazos afectivos y el valor de pertenencia a un lugar específico, así como los recuerdos que brotan de él. “Ahonda en encuentros con distintos elementos (…), unas veces sólidos y permanentes, otras fugaces y azarosas”, señala la propia artista en el texto que acompaña a la exposición.
‘Alverde’ no pretende ser una reconexión con la naturaleza, sino tan solo un recordatorio de que ahí fuera existe algo que siempre ha estado y que parece que hemos olvidado. Goyeneche reparte sus trabajos por toda la sala de una forma caótica y desorganizada, tal y como crece la naturaleza en su entorno, ocupando todo el espacio disponible.
Es en este caos organizado, en el que la santanderina reúne materiales como madera, PVC, vinilo, fotografía o luces fluorescentes, elementos que consiguen aportar el significado idóneo para que su visión tome forma con las cinco obras que se dan cita en la Nave Sotoliva.
Con los dibujos, pinturas e instalaciones, la artista aborda temas de actualidad global y local. En ‘Alverde’, el controvertido cambio climático se ve representado en su obra ‘Primavera en los puertos de Áliva’ (2024), en el que, sobre las montañas localizadas en los Picos de Europa, Goyeneche cuenta cómo la falta de precipitaciones de nieve, año tras año, provoca su descenso en esta región cántabra a causa de las elevadas temperaturas. Por ello, el color blanco que antaño bañaba estos picos es ahora un mero ornamento en su obra.

Este impacto del clima conecta, directa o indirectamente, con el paisaje, otro de los ejes de la exposición. “El conjunto de piezas son una aproximación, mediante apuntes o miradas, a distintas temáticas vinculadas al género del paisaje”, se apunta en el citado texto expositivo. Son esos entornos salvajes y asilvestrados los que Goyeneche presenta, jugando con los diferentes escenarios que uno puede encontrarse al explorar Cantabria.
Con la pieza instalativa ‘Túmulos’ (2026), la artista utiliza listones de madera, PVC y vinilo adhesivo para crear esculturas mudas. El espacio es iluminado con fluorescentes azules, verdes y amarillos para denotar el transcurrir del tiempo. Dejando a un lado el significado funerario, los túmulos son aquí lugares llenos de memoria donde las eras han dejado su impronta, pasando a ser parte intrínseca del paisaje.
Asimismo, con las quince piezas que conforman ‘El año que hay primavera’ (2021-2025), Arancha Goyeneche logra una reinterpretación del bodegón floral que exploraron artistas como el barroco Mario Nuzzi o el propio Vincent van Gogh, pero incluyendo formas tridimensionales. Las flores representadas (amapola, margarita, diente de león o lino azul) se encuentran en ese estado de plenitud que sucede en la primavera.
En la naturaleza no todo es verde y luminoso; la santanderina lo sabe y por ello penetra en un espacio que va más allá de lo físico para adentrarse en el mundo de lo sensorial. Bajo esta premisa, los residuos producidos por la propia naturaleza tienen su lugar en el trabajo ‘Palos pasiegos y dunas, palos, pinos, prados y ría’ (2026). Esta serie de catorce piezas muestra el recorrido de los desechos bajando por el río Pas hasta la ría de Mogro, junto a palos pasiegos reales que han viajado hasta la playa de Valdearenas, en Liencres.

Durante el recorrido, un halo de naturaleza envuelve toda la sala. No solo el color verde impregna el ambiente; los sonidos que habitan el espacio llevan al espectador lejos del mundanal ruido de la civilización, transportándolo a un bosque donde los trinos de los pájaros y el rítmico sonido de la siega son los protagonistas.
Esa siega hace más que oírse de fondo: se ve. El vídeo ‘Alverde’ exhibe el diálogo que existe entre la guadaña, el pasto y la piedra de amolar. Durante cuatro minutos, la cámara sigue a la herramienta en su faena, mostrando el afilado de la hoja en una conversación a tres que asciende y desciende en velocidad hasta casi detenerse en el tiempo.
La pieza se inspira en la expresión popular “ir al verde”, dejando constancia de labores que hoy son una práctica residual, pero que forman parte de la memoria colectiva rural. Como dejara dicho Vincent van Gogh, “mantén tu amor hacia la naturaleza, porque es la verdadera forma de entender el arte más y más”.
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