Rembrandt

#MAKMAArte
‘Rembrandt. Un mundo en grabados’
En colaboración con el British Museum
CaixaForum València
Ciutat de les Arts i les Ciències
Eduardo Primo Yúfera 1A, València
Hasta el 7 de febrero de 2027

CaixaForum València acoge la exposición ‘Rembrandt. Un mundo en grabados’, muestra presentada por Álvaro Borrás, director de la entidad cultural, y la conservadora adjunta de Grabados y Dibujos Holandeses, Flamencos y Alemanes (1400-1880) del British Museum, Olenka Horbatsch, poniendo el foco en una de las facetas menos conocidas del maestro holandés: la de grabador y dibujante, disciplinas en las que desarrolló una gran creatividad técnica y una notable capacidad narrativa.

Considerado uno de los artistas más grandes e innovadores de la Europa del siglo XVII, Rembrandt es universalmente célebre como pintor, pero fue también un grabador y dibujante excepcional, dotado de una capacidad única para plasmar el mundo que lo rodeaba con una mirada íntima y expresiva.

‘Rembrandt. Un mundo en grabados’ reúne un total de 75 obras, entre las cuales figuran 68 grabados, una plancha de cobre y 6 dibujos. Se trata principalmente de estampas, junto con una selección especial y reducida de dibujos procedentes de la colección del museo londinense que ofrecen una visión única del proceso artístico del maestro holandés y su manera de observar el mundo.

Por este motivo, el recorrido se inicia con un espacio introductorio que incluye una vitrina con una matriz de cobre grabada y diversas herramientas, objetos que anticipan a los visitantes el ingenio técnico y creativo del artista. Además del espacio introductorio, la muestra está organizada en seis ámbitos distintos: ‘Autorretratos’, ‘Retratos’, ‘Las mujeres de Rembrandt’, ‘Dibujo al natural’, ‘Paisaje y naturaleza’ y ‘Relatos de la Biblia’.

Un hombre observa algunas de las obras de la exposición ‘Rembrandt. Un mundo en grabados’. Imagen cortesía de CaixaForum València.

Rembrandt fue el primer artista en producir un extenso conjunto de autorretratos grabados a lo largo de su vida, realizados en distintos periodos y con estados de ánimo y atuendos muy diversos. Sus autorretratos más tardíos revelan una complejidad artística creciente y el pleno dominio de la técnica del grabado.

Estas imágenes íntimas fueron un aspecto importante de su experimentación creativa, que le permitió moldear y proyectar su imagen pública a lo largo del tiempo. Consideradas entre sus obras más personales, sitúan al visitante cara a cara con Rembrandt y permiten intuir sus ambiciones sociales y artísticas.

Este ámbito reúne desde el detallista ‘Autorretrato apoyado sobre un pretil’ (1639), en el que el artista se representa a la manera de un cortesano renacentista, hasta el posterior ‘Autorretrato dibujando junto a una ventana’ (1648), donde se muestra a sí mismo grabando su propia efigie sobre una plancha de cobre.

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En el siglo XVII, los grabados de retrato se ajustaban a convenciones muy establecidas: la persona aparecía representada dentro de un marco, con un texto en la parte inferior. Rembrandt rompió con esa tradición y, más allá del parecido físico, en sus retratos logró evocar la personalidad de cada modelo a través de posturas dinámicas, ropajes y escenarios elaborados.

El artista no retrató a la realeza ni a la aristocracia, sino a sacerdotes, comerciantes, médicos y recaudadores de impuestos a quienes conocía personalmente y que compartían su visión innovadora del retrato. La diversidad de su clientela ofrece, por lo tanto, un fresco representativo de una parte de la Ámsterdam de su tiempo.

Uno de los retratos más atmosféricos del recorrido –al que se dedica una de las mesas de mediación– representa a su mecenas, el coleccionista Jan Six, leyendo junto a una ventana. En esta y otras obras de Rembrandt se sugiere una estrecha relación de amistad entre el artista y el personaje retratado.

Como era habitual en la época, Rembrandt tenía el taller en su propia casa y dibujó a las mujeres de su entorno más cercano, tanto en sesiones de posado formales como en escenas domésticas espontáneas. Estas representaciones ofrecen una ventana privilegiada a su vida personal.

Dos mujeres observan una de las obras de la exposición ‘Rembrandt. Un mundo en grabados’. Imagen cortesía de CaixaForum València.

Observador atento de la vida cotidiana, Rembrandt se inspiró, a la par, en el espacio doméstico y en las ajetreadas calles de Ámsterdam. Dibujaba a sus modelos en su taller o en casa, capturando el movimiento en bocetos rápidos a pluma y tinta, y recreando la luz mediante lavados de gran sensibilidad.

Sus aguafuertes de la década de 1630 actuaban como hojas de estudios espontáneos dibujados directamente sobre la plancha, lo que dio lugar a estampas con aspecto de dibujo. A partir de la década de 1640, cuando empezó a admitir alumnos en su taller, organizó sesiones de dibujo del natural como parte fundamental de su enseñanza y animaba a sus discípulos a trabajar siguiendo su mismo estilo.

Como otros artistas del norte de Europa que lo precedieron, Rembrandt se inspiró en los paisajes de su tierra: casas de campo con tejado de paja, molinos de viento y el curso del río Ámstel a su paso por Ámsterdam pueblan sus grabados y dibujos. Muchos de ellos los realizó durante largos paseos por las afueras de la ciudad; lugares que hoy todavía es posible identificar.

Olenka Horbatsch (British Museum), Álvaro Borrás (CaixaForum València) y Hugo Chapman (British Museum), durante la presentación de la muestra. Imagen cortesía de CaixaForum València.

El recorrido por la exposición permite apreciar su evolución en este género, desde estampas de gran detallismo y precisión técnica hasta obras de su última etapa, resueltas con gestos mucho más rápidos, sueltos y cercanos al dibujo. Con esta temática, el artista intentaba crear atmósferas mediante efectos de luz en blanco y negro. Junto a vistas reales, tomadas directamente del natural, la sección incluye también paisajes inventados, cuidadosamente compuestos en el estudio.

La Biblia fue una fuente de inspiración constante para Rembrandt, y algunas de sus obras ilustran episodios del Antiguo y Nuevo Testamento. El artista aprovechó su dominio del aguafuerte para crear efectos de luz dramáticos y cargar de significado simbólico la luminosidad de sus escenas religiosas.

Este último ámbito de la exposición culmina en un espacio final, cerrado con cortinas de terciopelo, que acoge dos parejas de grabados de temática bíblica en una atmósfera más recogida. Se trata de dos de sus obras cumbre y sendas variaciones: ‘Cristo presentado ante el pueblo’ (1655) y ‘Las tres cruces’ (1653), ejecutadas mediante la técnica de la punta seca, que el artista imprime con un negro aterciopelado y que representa la culminación de Rembrandt como grabador.