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‘Cronos’, de Fernando González Molina
Reparto: Enric Auquer, Diana Gómez, Xavi Sáez, Mónica López, Pablo Derqui, Israel Elejalde
Música: Audrey Ismaël
Fotografía: Pau Castejón
España, 2026, 118 min.

Ramblas de Barcelona. 17 de agosto del año 2017. A las 16:53 horas de la tarde, una furgoneta blanca cruza a toda velocidad el centro de la avenida, atropellando a todo el que se encuentra por su paso. Tras circular medio kilómetro por el paseo, el vehículo se detiene y los conductores huyen del escenario. Lo que en un primer momento parece la acción de algún perturbado, pronto se revela como un acto premeditado de terrorismo. El recuento de las víctimas subirá hasta los 16 fallecidos y 130 heridos.

Todos conocemos estos hechos. Pero, ¿qué sucedió realmente? ¿Cómo fue la acción policial que terminó (como todo el mundo sabe, no es spoiler) con los terroristas? ¿Quiénes eran? ¿De dónde procedían? ¿Por qué hicieron lo que hicieron? A todas estas preguntas parece querer responder Fernando González Molina en ‘Cronos’, su última producción.

Con un tono de thriller, González Molina (‘El barco’, ‘Tengo ganas de ti’, ‘Palmeras en la nieve’) sigue los pasos de la investigación policial llevada a cabo por los mossos d’esquadra hasta dar con los autores de aquellos trágicos sucesos. González Molina toma a tres personajes centrales, el jefe de respuesta rápida, la sargento de Ripoll y la jefa de prensa de los mossos para hacer un seguimiento, hora tras hora, de aquella operación.

En mitad de todo este drama se encuentran, además, las disputas entre los distintos cuerpos policiales que intervinieron en la investigación, las pugnas políticas, una ciudad desgarrada por la desgracia y, sobre todo, un pueblo, Ripoll, que, como cuenta González en esta entrevista, acabó dividido por una herida que nadie ha cerrado.

Fotograma de ‘Cronos’, de Fernando González Molina.

El año que viene se cumplen diez años de los atentados de La Rambla de Barcelona. Pero, al margen de esta efeméride, ¿por qué piensas que era necesario contar estos hechos? ¿Qué te impulsa, personalmente, a abordar esta producción?

Pues, por un lado, me impulsa el sentir que en el cine español abordamos pocos acontecimientos históricos recientes, como sí pasa en Francia, en Inglaterra, incluso en Estados Unidos, y me parecía que, en concreto, los atentados de La Rambla y lo que sucedió en las horas posteriores son una herida cerrada en falso, es decir, que se dejó muy rápido de hablar de lo que había sucedido allí.

Luego, llegó el procès, llegó el referéndum y los medios enseguida desviaron la atención y se habló poco de lo que había sucedido esos días. Nacho Carretero, que es el periodista en cuya investigación se basa la película junto con Arturo Lezcano, dice siempre que es uno de los atentados terroristas en Europa que tiene la memoria más corta.

En ese sentido, nos parecía que era un ejercicio muy interesante devolverlo a la memoria. Dentro de su tragedia, también era apasionante el relato de lo que pasó en esas horas porque se cerró toda Barcelona, el plan de los terroristas saltó por los aires y tuvieron que improvisar, su huida fue absolutamente errática, caótica, y cinematográficamente eso se trasladaba a una película trepidante, es decir, que la materia prima era muy interesante.

Y luego, en términos sociales, creo que lo que relata la película tiene mucho que ver con lo que sucede en la actualidad. Desde el dolor de Ripoll, el pueblo del que eran los terroristas, nació Aliança Catalana.

Me parecía que eso hablaba muy cara a cara con lo que sucedió, lo que le daba a la película un extra más allá de lo cinematográfico, que había un relato sobre la actualidad que me parecía muy interesante. Y básicamente porque era muy complicado hacer esta película y me parece que a los directores nos gustan los desafíos, hacer cosas que no hemos hecho y que nos provoquen un poco de vértigo.

Seguro que habrá mil maneras de acercarse a estos hechos, pero tú eliges situarte en el punto de vista de los mossos d’esquadra, de las fuerzas de ley. ¿Por qué elegiste ese punto de vista?

No lo elegí yo, sino que se eligió desde el guion con Alberto Marini en base a la investigación que habían hecho Nacho y Arturo. ¿Y por qué? Pues porque nos parecía que, primero, de alguna manera, reflejaba muy bien cómo se sintió la gente, que el público podría empatizar mucho con el relato de los mossos porque, básicamente, es un relato que se podía extrapolar a cualquier persona que vivió esas horas y esos días en Barcelona.

Luego, porque no queríamos poner el foco en las víctimas porque nos parecía que eso era ahondar en el morbo, y tampoco en los terroristas porque había demasiadas preguntas sin respuesta acerca de por qué en pocos meses se había radicalizado de manera tan brutal a estas personas, el imán Es Satty estaba muerto, casi todos los chicos estaban muertos, había poco de donde tirar y para nosotros era fundamental que el relato fuera absolutamente fiel a la verdad.

Al final, digamos que el relato de los mossos era el más complejo. Pero, en realidad, aunque los mossos son los que nos han hecho del relato, la película tiene más patas. Tiene la pata política, la periodística y tiene la pata, digamos, de las consecuencias humanas. O sea que, al final, nos parecía que el engranaje de un thriller era un buen mecanismo, como excusa, para contar la historia.

Cartel de la película ‘Cronos’, de Fernando González Molina.

En esta película el concepto de “coralidad” cobra una nueva dimensión.

Exacto, son 45 personas que hablan, es decir, que no son figurantes, sino que tienen un personaje con nombre y apellidos. Yo nunca me había enfrentado a esto. Fue una locura, pero ¿sabes lo que pasa? Que la realidad es muy imperfecta. A veces, en las películas, queremos que el policía que encuentra la primera prueba, luego resuelva el asesinato y esto no pasa así en la realidad.

Es decir que, en el camino de una operación como la operación ‘Cronos’, participa mucha gente y en diferentes fases, y este compromiso con la realidad hacía que nuestro relato tuviera que ser tan coral. Al final, el policía que empieza la historia es apartado a mitad del proceso porque lo mandan a hacer otra cosa, simplemente, porque es su trabajo.

Y, sin embargo, ahí entra el investigador y las personas que abaten al chico, al último terrorista, en Subirats y que nada tienen que ver con los policías que actúan en la Rambla. La vida es así, no tiene esos arcos que tienen las películas y eso ha derivado en esta «coralidad» y en esta imperfección. O sea, es como que la peli tiene esta estructura un poco endemoniada que es la vida.

Sin embargo, a pesar de ese desfile de rostros, los personajes están muy equilibrados. Es verdad que, por momentos, quizá te quedas esperando a que se cierren ciertos arcos, pero los personajes no dejan de tener su espacio.

Sí, a mí me ha costado mucho y, como director, he tenido que desaprender mucho porque en el cine tenemos esa manía de los cierres, de los arcos, de los viajes de los personajes. Como me dijo una persona que estuvo esos días allí: es que lo que pasó en esas 124 horas, aunque le afectó mucho, no tuvo ningún arco, que no viajó de A a B, que simplemente sintió un caos y un dolor muy profundo del que todavía se estaba recuperando.

Por esa parte, hemos intentado ser fieles, ya no a los hechos, sino a cómo los vivieron las personas implicadas y, de esas conversaciones, de ese contarnos cómo vivieron esos acontecimientos, en el minuto a minuto, es desde donde nace la película y a lo que yo me agarré para contarla.

Entre las muchas cuestiones que aborda la película, buena parte del metraje está centrado en la confrontación entre los mossos d’esquadra, la Guardia Civil y la Policía Nacional por acaparar el protagonismo de la operación. ¿Fue realmente así?

En esta confrontación, la película se pone los pantalones de los mossos, pero, por otro lado, tengo muchas dudas sobre quienes puedan ser aquí los buenos y quienes los malos. O si unos fueron los buenos y otros los malos, o si fueron todos malos, podríamos decir.

Te lo pregunto porque, como ciudadano corriente, esta disputa interna entre policías, te desconcierta, y ahí te surge la pregunta: ante un caso así, ¿no tendrían que haber colaborado todos?

Sí, y haces muy bien. La película te cuenta exactamente lo que pasó, que es que hubo una pugna porque el juez instructor le dio el mando a los mossos por ser la policía autonómica, porque había sucedido allí. Los otros cuerpos, legítimamente, quizás también tenían su parte. Sucedió como lo ves en la película.

Pero mi idea no era hacer un relato de buenos y malos. La película va con los mossos porque es el relato que estamos haciendo, pero no me parece menos legítimo el hecho de que la Policía Nacional o la Guardia Civil quisieran participar de eso. También siento que ese enfrentamiento quizás está un poco instrumentalizado o manchado por el enfrentamiento político de entonces.

Al final, no deja de ser un reflejo del propio enfrentamiento entre las autoridades de España, las catalanas e incluso de los propios mossos con la Generalitat, porque ahí también hubo una confrontación.

Fotograma de ‘Cronos’, de Fernando González Molina.

Quería que me contaras cómo fue el proceso de investigación que os llevó al guion definitivo. ¿Cómo se consigue ese nivel de detallismo sobre unos hechos como estos?

Bueno, eso te lo podrían contar mejor Nacho Carretero y Arturo Lezcano, que son los periodistas que lo investigaron durante dos años para hacer esta película, aunque antes ya lo habían investigado para hacer un documental que se llama «800 metros», que está en Netflix, y que ya hablaba de los atentados de La Rambla.

Ellos ya tenían, digamos, las fuentes, los contactos y parte de la información, y a partir de ahí, cuando decidimos que íbamos a contar la historia del operativo, vuelven a estas fuentes y seguimos profundizando.

En realidad, con Beto Marini, el guionista, no se plantearon que se estaban documentando para contar la historia de estos personajes, sino que, con la investigación de todo lo que sucedió, fueron saliendo los hilos de los que tiraría la película.

Al final, se decide contar la historia de estos tres personajes, el jefe de respuesta rápida, la policía de Ripoll y la jefa de prensa de los mossos porque parecían los personajes más interesantes y porque te daban diferentes miradas sobre el relato.

Aparte del seguimiento de la investigación, hay una parte de la película que muestra la vida íntima de estos personajes. ¿Esto también fue real o es un elemento dramático que se incorporó después, en el proceso de escritura?

Bueno, pero hay muy poco de eso en la película, apenas unos apuntes. Por partes, respecto a Jordi Rodón, el personaje de Enric Auquer, está basado en el jefe de respuesta rápida de los mossos. Yo creo que hay mucho de él, de cómo vivió esas horas y esos días. En el caso del personaje de Mónica López, Anna, la policía de Ripoll, no es un personaje real, sino que toma cosas de diversas personas.

Hay cosas de los mossos de Ripoll y bastante de Nuria Perpinyà, que era una asistente social de Ripoll que conocía y trabajaba con los chavales para su integración. De ahí sí que hemos construido mucho, pero hay partes ficcionadas. Por ejemplo, el hijo de Anna, el personaje que interpreta Mónica López y que se inspira en Nuria, no es exactamente así. Ella conocía a los terroristas, pero no exactamente a través de su hijo.

Hay puntitos sobre los personajes que se usan para intentar contar lo que las personas reales nos contaron de verdad. Mónica Perpinyà nos contó el shock enorme que sintió al descubrir que sus vecinos y la gente por la que había puesto la mano en el fuego, como se dice en la película, eran los terroristas y nos parecía interesante contarlo a través del personaje del hijo, pero esto es una ficción.

Ese personaje, Anna, es el que me despierta más curiosidad en relación a la propia posición de la película. Es un personaje que te deja un poco confuso. Por un lado, parece que representa la búsqueda de esa cordialidad en la diversidad que tiene mucho que ver, como decías, con los conflictos actuales de convivencia en Ripoll, pero luego se va a llevar una profunda decepción. En ese sentido, me pareció un personaje un poco ambiguo con respecto al discurso global de la película o en su relación con el espectador.

El personaje retrata de manera muy clara el shock de un pueblo, en este caso Ripoll, al descubrir que sus vecinos han atentado y han herido a 300 personas y han matado a otras 16. Eso es lo que el personaje relata, no es ambiguo, es alguien que vive en convivencia con unas personas, descubre que esas personas que viven a su lado y que pensaba que estaban integradas, con las que tiene una relación cordial, han cometido esta barbaridad.

Esto no es ambiguo, esto es lo que pasó en un pueblo entero y lo que le pasó a Núria Perpinyà. Núria Perpinyà era asistente social en Ripoll, (de hecho, sigue siendo asistente social en Ripoll, sigue trabajando por la integración), pero le costó bastantes meses procesar lo que había pasado y recuperarse.

En ese sentido, no hay ambigüedad, lo que no podíamos hacer era blanquear un relato y que, en 124 horas, de repente, todo un pueblo dijera «bueno, no pasa nada, estamos todos bien», cuando las heridas de ese dolor siguen a día de hoy. Otra cosa es dónde está la tesis de la película.

Para mí la tesis de la película no está en Mónica, la película está con la asistente social que está en la manifestación con los familiares musulmanes, con el niño que juega con el otro niño, aunque la madre todavía no pueda perdonar, es en esos elementos donde nos hemos permitido darle un poco de aire y esperanza a la película.

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Yo creo que la película juzga duramente algunos comportamientos del personaje de Mónica. A mí me parece que el momento en el que (y aquí hago un poco de spoiler, pero es para intentar explicarlo) una madre, que nada tiene que ver con lo que han hecho sus hijos, y una hermana que tres partes de lo mismo, acuden a una comisaría y simplemente lo que quieren es saber dónde está el cuerpo de su hijo para limpiarlo y enterrarlo, y el personaje de Carlos Troya y el de Mónica no tienen con ellas ni un poquito de misericordia.

Y ahí la película no está con Mónica, está más con la madre. De todas maneras, es muy interesante el debate porque esta es una película muy poco “twititeable”, no es una película de A, B, de buenos, de tesis, es una película poliédrica. También soy consciente de que en estos tiempos en el que tienes que trazar una línea para todo, es peligroso tratar ciertos temas y esta es una película que pisa charcos, que trata temas sensibles con cosas que han sucedido.

Pero me parece que el relato de lo que sucedió en 2017 se quede en manos de la extrema derecha, sería un fallo radical. Lo que sí que te plantea la película es qué ha pasado en el sistema para que eso no se previniera, para que eso no se detectara, para que unos chavales que estaban jugando al fútbol tranquilamente, dos meses después sean captados por el imán Es Satty.

Y te diría más, no solo qué ha pasado, sino la integración que queremos, que hacemos tan bien y nuestro propio comportamiento, si es tal o realmente esto es algo más complejo. Es más complejo, claro, el relato es muy complejo porque, incluso aunque la integración funcione, hay un desarraigo emocional que es muy difícil de manejar y que, en manos de un manipulador, puede dar lugar a barbaridades. Pero ya te digo, es un tema muy, muy complicado.

Otra cuestión también compleja es la implicación de la clase política en los hechos. En un momento dado, hay una discusión entre esa jefa de prensa de los mossos y alguien que viene del gobierno central en la que, según sus palabras, la política aparece con una doble cara: de un lado, la oportunista, y por otro parece que da la medida de lo posible o, incluso, lo necesario. Por otra parte, parece que los políticos, cuando llega una crisis, siempre se colocan por delante de la propia crisis. ¿Por qué ocurre esto?

Esta es una realidad empíricamente demostrada en el día de hoy, ayer y de antes de ayer. Claramente, sí. Con lo que está pasando en España en los últimos tiempos, con las crisis que estamos viviendo de todo tipo, y jamás hay un consenso. Es que no hay un consenso ni para una crisis sanitaria, no hay un consenso para una crisis humanitaria, nunca hay un consenso, ¡es que hace mucho tiempo que no hay consenso para nada!

No sé si los políticos se ponen siempre por delante, pero que hay una parte de la política que siempre trata de encontrar su propio relato más allá de lo que debería ser lo necesario, pues sí. Pero eso lo lees tú en la película, porque la película, de nuevo, retrata cosas que pasaron de verdad.

Quiero decir, esta crisis de comunicación existió, que llegaran Rajoy y Soraya Sàenz de Santamaría a Barcelona y, en vez de sentarse en una mesa, como no se les avisó antes, les pareció mal y crearon un gabinete de crisis paralelo, y que, con una ciudad que estaba viviendo el peor momento de su historia reciente, no fueran capaces de sentarse un gobierno y otro gobierno, y las policías de ambos lados, y que tuvieran que hacer dos gabinetes de crisis, esto es real, es una vergüenza, y esto lo cuenta la película.

Fotograma de ‘Cronos’, de Fernando González Molina.

Te lo decía precisamente por eso, porque es algo que forma parte de la actualidad y, cuando ves la película, te remite inevitablemente a ello.

Claro, pero fíjate que, desde que empezamos a “tramear” el guion, hace igual tres años, la realidad se ha sido acercando cada vez más a la película, tanto en la política, como en el discurso de la integración, todo se está acercando. Yo estoy tranquilo porque siento que la percepción de la película está siendo la correcta, que la película es profundamente progresista en su discurso acerca de algo que fue muy traumático.

En eso estoy tranquilo, pero claro, siempre tienes miedo de que alguien vea la película y la instrumentalice como se instrumentaliza todo para generar un discurso que no es el que toca.

Con Berto Marini hablábamos mucho de esto, que los éxitos de la integración son súper silenciosos, pero los fracasos son muy ruidosos. Y decíamos, «bueno, estamos poniendo el foco en un fracaso de la integración», pero es que esto también sucedió. En ese sentido, no hacer memoria de eso por miedo a que se instrumentalice me parece también un relato un poco perverso.

Es verdad que antes de lo de Barcelona habían sucedido los atentados de Madrid del año 2004, pero aquello podía verse todavía como un acto dirigido por un enemigo exterior, por su correlación con la guerra de Irak. Si el caso de Barcelona supone un hito es porque nos plantea a un enemigo, por decirlo de alguna una manera, que está dentro. ¿Qué ha cambiado desde entonces? En esa memoria de los hechos que encuentras necesaria, ¿en qué sentido fue un punto de inflexión?

Para mí la gran pregunta de la peli es, es como dice alguien en un momento dado, ¿qué coño ha pasado aquí? Porque no es que el enemigo esté dentro, es qué ha fallado en el sistema para que estos chicos hayan acabado haciendo esto, chicos que los pequeños tenían 16 años.

Ahí está el reto, no por ser de dentro o ser de fuera, sino porque eran chavales que hablaban catalán, que habían nacido allí, que tenían buenos trabajos, que estaban perfectamente integrados. Entonces, ¿cuál es la quiebra del sistema? Yo creo que ahí está la pregunta.

Y la tragedia de eso es cómo esa tragedia, absolutamente excepcional, se instrumentalizó y, desde Ripoll, Aliança Catalana nació para convertirse en una fuerza política que da miedo por lo que le dan ahora las encuestas, pero que nace de esta herida. De una herida que, como te digo, se tapó rápidamente para hablar de cuestiones políticas, pero que sigue ahí.

Javier Cercas publicaba el otro día un artículo en El País en el que hablaba de que, para él, buena parte de la situación de Cataluña nace en el atentado de La Rambla y no en el procès que vino después. Igual es mucho decir, pero bueno, yo creo que algo de esto hay.

¿Dirías que ese taponamiento, ese no querer atender a lo que ocurrió, ha sido la causa de ese enraizamiento, digamos, de la situación actual? ¿Por qué miramos siempre hacia afuera cuando tenemos un problema?

Bueno, es como todo. Cuando cierras en falso una herida y se pudre en vez de intentar analizarlo y hablarlo… Al principio, cuando empecé a trabajar en la película, para mí lo apasionante era el contexto y cómo sucedió todo. Pensaba en un thriller europeo, profundo y cañero que atrapara al espectador.

Ha sido hablando sobre el propio proceso de hacer la peli, durante la peli y con la gente que lo pudo vivir cuando me he dado cuenta de la dimensión social, política, de integración que hay porque, como te digo, se taponó rápido y se habla poco de ello.

Y yo creo que, como no nos atrevemos a hablar de ello, como queremos mirar para otro lado, las personas que hablan de ello lo instrumentalizan y, al final, acaban haciéndose los dueños del discurso. Y es como que el discurso es el suyo, el que vale es el suyo porque ellos sí miran eso y lo pervierten.

A mí me parece que podemos mirar esto desde otro lugar en el que digamos la verdad. La película siempre te cuenta la verdad, te cuenta lo que sucedió. Lo mismo que el personaje de Mónica: no es que sea ambiguo, es que el dolor de ese pueblo fue muy real y eso no lo puedes pervertir. Ahora, una cosa es contar que el dolor de un pueblo es muy real, y otra cosa muy distinta es pervertir el discurso e instrumentalizarlo para retratar una realidad que no es.

¿Puede pasar que, por no darle la razón a esos discursos, no estemos mirando ese dolor de frente?

A eso me refiero, exacto. Por tener miedo a darles voz a cuestiones más complicadas no miramos y el problema se queda ahí. Es como si un periodista no habla de lo que está pasando en Ceuta.

Y si el periodista habla de lo que pasa en Ceuta, yo también puedo hacer una película sobre lo que pasa. En nuestro caso, hemos tenido mucho cuidado de ser respetuosos con las víctimas e intentar que haya un relato lo más real posible sobre lo que pasó.

Fernando González Molina, director de ‘Cronos’.