Obsession

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‘Obsession’, de Curry Barker
Reparto: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless, Andy Richter y Haley Fitzgerald
Música: Rock Burwell
Fotografía: Taylor Clemons
108′, Estados Unidos, 2025

Frente a un cine autoral que, con más frecuencia de lo que cabría suponer, anda un poco despistado a la hora de encontrar nuevas formas con las que dirigirse a la sociedad contemporánea, el género de terror sí está logrando ofrecer una serie de obras abiertas (solo aparentemente), ligeras y despreocupadas que están conectando, desde el riesgo, con amplios sectores del público y la crítica.

Cintas como ‘It Follows’, de David Robert Mitchell, las dos versiones de ‘Déjame entrar’, ‘Weapons’, de Zach Cregger, o la presente ‘Obsession’ han dado con las claves adecuadas para aunar taquilla y prestigio; un oasis en una industria necesitada de alegrías más allá de las superproducciones que, al contrario de lo que quizá piensen los ejecutivos de las multinacionales productoras, no dan los frutos deseados.

Ya lo dijo Steven Spielbeg: para devolver al espectador a la sala no son necesarios esos presupuestos cada vez más abultados, hacen falta ideas originales. Y añado yo: es necesario un cine que vuelva a mirar a la realidad. Atención, porque aquí hay bastante más de lo que parece.

Obsession’, segundo trabajo largo del actor, cineasta y (se ha publicitado mucho) comediante e internauta Curry Barker, cuenta la historia de Bear, un hombre camino de la madurez que está enamorado de Nikki, su mejor amiga. Pero Bear es un chico muy tímido y no se atreve a declararse.

‘Obsession’, de Curry Barker

Una noche, después de una cita con su grupo habitual de amigos, a Bear se le presenta su gran oportunidad, pero, aunque ella se la ofrece en bandeja, su carácter retraído le impide dar el paso. Bear ni siquiera se atreve a entregarle un regalo que le ha comprado en una tienda de esoterismo: una barrita de madera que tiene el poder de hacer que se cumplan tus deseos.

Tras separarse de ella, abatido, Bear rompe la barrita mientras profiere el suyo: que Nikki lo quiera más que a cualquier otra persona en el mundo. Por supuesto, Bear no espera que su deseo se cumpla. En el fondo, es solo la expresión de su desesperación. Pero ¿y si no fuera así?

Entre las grandes virtudes que atesora ‘Obsession’, encontramos un guion que toma al espectador como rehén desde los primeros fotogramas y no lo suelta hasta los créditos finales. Hablábamos antes del buen momento que vive el cine de terror, pero eso no quiere decir que este no caiga con demasiada frecuencia en la repetición de fórmulas comerciales (y el abuso de franquicias que se exprimen hasta el agotamiento).

‘Obsession’, de Curry Barker
Fotograma de ‘Obsession’, de Curry Barker.

Contra estas tendencias, el valor de la cinta de Curry Barker, sin dejar de emplear ciertas muletas, se encuentra, precisamente, en aquello que escapa a algunos argumentos, ya muy manidos, llenos de monstruos pesadillescos, pero que quizá nos puede provocar más miedo: lo cotidiano o, lo que es lo mismo, aquello que surge de nosotros mismos; aquello que nos hace más humanos.

¿Quién no ha querido alguna vez ser correspondido por esa persona a la que cree querer? ¿A quién no le habría gustado encontrar un atajo que le permita satisfacer sus deseos de forma rápida y que le libre de la responsabilidad de conseguirlo de forma más ardua o trabajosa? Estamos en el campo del terror y, como suele ser frecuente en el género, aquí lo sobrenatural toma cuerpo contra la realidad, tratando de consumirla, de pervertirla.

Pero, en la cinta de Barker, ese elemento sobrenatural no viene de un plano exterior para destruir nuestro mundo, sino que se apoya en ese elemento cotidiano, en nuestras propias flaquezas, para corromperlo. Nosotros somos los autores de nuestra propia perdición.

Para desarrollar su libreto, Curry Barker no recurre a ningún truco, sino que sigue de manera escrupulosa las coordenadas que le impone la premisa original, sin traicionarla en ningún momento. Se trata de dar miedo, sí, pero no de cualquiera manera y a un coste creativo bajo. Aunque no lo parezca, aquí lo que importa es el discurso, y el relato, la forma, se tiene que ajustar a él.

Cierto es que, avanzada la cinta, hay alguna decisión dramática que, aunque esté justificada, bordea la posibilidad de romper con el tono contenido, definido que guarda la cinta en su desarrollo, pero enseguida retoma de nuevo el pulso hasta su brillante y sorpresivo desenlace. Habrá, por lo tanto, dos planos, el de la historia o relato y aquello a lo que apela, el subtexto. Vayamos por partes.

Así, en una primera lectura, ‘Obsession’ es una cinta que nos planta ante el hecho de que nuestros deseos se pueden convertir en nuestras peores pesadillas. Para lograr su objetivo, dijimos, Bear tomará, aunque sea de manera involuntaria (¿o quizá no?), el camino más sencillo, sin medir las consecuencias.

Pero incluso ese camino tan directo está lleno de trampas. O quizá sea precisamente el hecho de tomar ese camino lo que nos empuje a nuestra propia condena. ¿Y si?, nos preguntamos cada día. ¿Y si nos toca la lotería? ¿Resolveríamos nuestros problemas? ¿Y si fuera más alto, más fuerte, más guapo o más listo de lo que soy? ¿Me iría mejor? ¿Qué quiere decir mejor?

Y el amor. El amor o un amor idealizado como el mayor logro en ese espinoso transitar hacia nuestra, creemos, anhelada felicidad. Pero, nos dice Barker, en ese tránsito se olvida que, para consumar ese amor, hay que contar con el otro.

‘Obsession’, de Curry Barker
Fotograma de ‘Obsession’, de Curry Barker.

Un otro que no es un objeto inanimado predispuesto para complacernos, sino que es un ser con sus propios deseos y anhelos, sus propios gustos, sus aspiraciones, y para conseguir su amor no podemos anularlo a menos que nos conformemos con compartir nuestra vida con un muñeco (y la imagen no es gratuita).

Pero es que, incluso logrando nuestro propósito, ese otro se puede convertir, en la lógica de satisfacernos hasta las últimas consecuencias, en un monstruo. Mientras, por otro lado, dejamos escapar la oportunidad de encontrar un amor más auténtico, más real.

No por casualidad, Curry Barker sitúa la película en una etapa especial de la vida. Barker juega aquí con los clichés de un cierto cine de adolescentes para darle la vuelta, aprovechando ese momento de sus vidas en el que, tras dejar el instituto, toca tomar decisiones relevantes, una época de dudas, de expectativas quizá ya fracasadas de antemano, de sueños cuya proyección a futuro se abren en el horizonte como un abismo. En este marco, paradójica, irónicamente, será el personaje al que se le abran mejores oportunidades, sin ser el único, el que pagará el precio más alto. No aventuramos más.

Pero ‘Obsession’ no sería una buena película sin un cierto contexto social al que Barker le presta mucha atención. No es tampoco casual que la cinta se sitúe en aquella América de barrios residenciales que tan bien describía Spielberg en películas como ‘E.T.’ o ‘Encuentros en la tercera fase’. Pero, a diferencia de directores como J. J. Abrams en ‘Super 8’ (una mera imitación nostálgica del cine de su maestro), Curry Barker sí sabe tomarle el latido a esa realidad para volver a descubrirla desde parámetros contemporáneos.

Es una América ahora de viviendas estrechas, de barrios oscuros, poco iluminados, de espacios de ocio (bares de copas, dinners) que ofrecen una oclusiva impresión de repetición. Bear y sus amigos siguen cada semana las mismas rutinas, tienen cada día las mismas citas con la misma gente en un discurrir perpetuo que, más que una vía de escape a los sinsabores de la rutina, funcionan como su insoportable confirmación.

Un tejido urbano en decadencia que se suma a otro social igualmente degradado por unos empleos precarios, el reverso de un sueño americano ya deshecho. No es tampoco casual que tanto Bear como sus amigos más cercanos trabajen en la misma tienda de instrumentos musicales.

¿Qué porvenir les espera? Para compensar una realidad tan poco estimulante, quizá haya que buscar una salida. Con esta premisa, Barker demuestra una inteligencia y creatividad poco frecuentes a la hora de darle la vuelta a los tópicos del género. Y aquí de nuevo la ventaja viene de esa fidelidad a esas coordenadas que le plantean los límites de su propuesta. Límites que no son una limitación, sino un estímulo.

‘Obsession’, de Curry Barker
Fotograma de ‘Obsession’, de Curry Barker.

Llegados a este punto, conviene destacar también una construcción de personajes complejos, cuyas motivaciones se enfrentan a las contradicciones que ellos mismos van a plantear. Como hemos señalado, Bear se enfrentará y sufrirá las consecuencias de sus propios deseos, convirtiéndose en víctima de sí mismo, pero también de la propia tentación de ejercer un poder que, a pesar de todo, le ha sido concedido.

Cuando tenga la oportunidad de arreglar las cosas, de ser verdaderamente generoso con el objeto de su amor, librándola del maleficio y, por lo tanto, sacrificándose, Bear duda y esa duda dictará su sentencia. Cuando se dé cuenta de su error y quiera rectificar, será demasiado tarde.

Para contar todo esto, Barker cuenta con un casting de actores de grandísimo talento que darán cuerpo y humanidad a unos personajes que van más allá de su mera funcionalidad en la trama; unos individuos con conflictos íntimos espinosos. Michael Johnston e Inde Navarrette están soberbios en su encarnación del temeroso Bear y la esquizofrénica Nikki. Ha nacido una nueva generación de futuras estrellas.

Y el humor, la ironía como arma de ataque. En ese sentido, ‘Obsession’ aparece como un analgésico contra la fiebre de lo políticamente correcto que ha devorado al cine estadounidense desde hace demasiado tiempo, un soplo de aire fresco. Barker desafía los límites sin caer en dogmatismos, demostrando que, desde la honestidad, se puede retorcer las reglas de lo establecido.

Y esto vale tanto para su descripción de las relaciones amorosas y de amistad, como para el género de terror. Sobre las primeras, tensando sin complejos nuestra mirada hacia nosotros mismos, tentando con inteligencia nuestros prejuicios.

En cuanto a lo segundo, sobre la base de una violencia despreocupada apoyada en un tratamiento físico del terror al que no le importa la mixtura, sutil, con la comedia o, incluso, la comedia romántica y la cultura pop.

Cine que conecta con el espectador porque le habla desde su misma realidad, sin fingirse comprometido con causas que, finalmente, se quedan en la fachada. Tan solo buenas ideas. No sabemos en qué derivará la carrera de Curry Barker. Con frecuencia hay grandes proyectos que son muy difíciles de repetir.

Mi consejo es que, a partir de ahora, explore nuevos terrenos dramáticos, pues la carga de un acierto como este se puede convertir en un lastre del que te puede costar sobreponerte. Quizá tenga en el armario un montón de ideas tan sorpresivas.

El éxito comercial de ‘Obsession’ le va a dar carta blanca para llevarlas a buen término. Veremos. De momento, disfrutemos de esta película. Cine que demuestra que, a pesar de los oscuros nubarrones que cubren a la industria, si hay ingenio, también cabe la esperanza.