La República satírica de Manuel Flores

Adéu al futur. Un homenatge a la República, de Manuel Flores
Colegio Mayor Rector Peset
Plaza del Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Hasta el 14 de septiembre de 2017

Manuel Azaña, en su discurso de 1937 en el Ayuntamiento de Madrid, se pregunta por la visión que tendría de España un ser inteligente proveniente de otro planeta, por ejemplo de Sirio. Y refiriéndose a esa inteligencia, pone en duda la nuestra: “Quiero suponer que viene de otro planeta, porque lo que es en el nuestro el número de hombres inteligentes ha disminuido de forma alarmante, y no es seguro encontrarlos con facilidad cuando se trata de examinar el problema de España”. Manuel Flores, echando mano del humor y dejando de lado el dramatismo que encierran las palabras de Azaña, ofrece en la Sala la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset su visión de tan convulsa República.

Ilustración de la muestra Adéu al futura, de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

Ilustración de la muestra Adéu al futura, de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

“Azaña maneja cierto sentido del humor con un fondo dramático. Yo huyo de ese fondo, de esa imagen típica de confrontación, aunque haya existido, para distanciarme de ella con un toque de humor”, dice el autor de las 39 ilustraciones satíricas que dan forma a la exposición Adiós al Porvenir. Tomando como referencia las cartas del propio Manuel Azaña e inspirándose en el humor gráfico de la época, Flores da cuenta de una época “que se está tratando de revisar y de demonizar”.

¿Demonizar? ¿No hay también cierta Republicolatría? “Hablamos de una época convulsa y muy complicada a nivel europeo, con movimientos muy radicalizados”, explica el artista que lleva en una carpeta algunas de las revistas de época en las que se inspira: Gutiérrez y Gracia y Justicia. “Esa forma de dibujar está próxima a mi propia manera de hacerlo”. Y cita a humoristas como K-Hito, Tono o Mihura, de los que resalta precisamente su brillante faceta como ilustradores. De ellos y muchos otros se ha nutrido Flores para realizar sus dibujos llenos del color, que ya destacaba en aquellas ilustraciones de los años 30, junto a cierto constructivismo y cubismo de sus imágenes.

Cartel de la exposición Adéu al futura, de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

Cartel de la exposición Adéu al futura, de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

Quién sabe si influido por el hecho de haber nacido un 18 de julio (“quizás”, asume con ironía), Manuel Flores ha ido investigando en torno a la República quitándole ese aire de confrontación para centrarse en el humor: “Quería huir de la sangre y de la violencia que tanto daño nos ha hecho”. Y así, con esa distancia satírica y caricaturesca, “poner en valor todo lo que de bueno proporcionó la República: la posibilidad de votar por parte de la mujer, la educación, los avances sociales”. Porque, añade, “parece que hubo una sola República y sin embargo hubo otras en los diferentes periodos, incluso bajo gobierno de la derecha”.

Flores se hace cargo de todas ellas y se atreve a decir que él aceptaría la República “aunque estuviera al frente alguien de derechas”. En la exposición, trata en todo caso de “reproducir aquel ambiente en tono jocoso”. Ambiente que él caracteriza como de acoso “desde el primer minuto a Azaña”. Por eso lo recrea poblado de ”títeres” que están “dándose cachiporrazos unos a otros”. De hecho, el combate y la confrontación atraviesa el conjunto, como lo atraviesa la serie de intelectuales y humoristas de los que se hace eco en sus dibujos: Miguel de Unamuno, Edgar Neville, Miguel Mihura, Jardiel Poncela, José López Rubio, Antonio de Lara ‘tono’ y Ricardo García ‘K-Hito’.

Ilustración de la muestra Adéu al futura, de Manuel Flores, en el Colegio Mayor Rector Peset.

Ilustración de la muestra Adéu al futura, de Manuel Flores, en el Colegio Mayor Rector Peset.

‘Adéu al futur’ posee un aire carnavalesco y gozoso que viene a servir de homenaje a los 80 años de la República, precisamente ahora que se conmemora igualmente el discurso de Azaña un 18 de julio en la Universitat de València. Las ilustraciones forman a su vez parte del libro editado por la editorial Media Vaca, germen de la exposición, cuyos editores Vicente Ferrer y Begoña Lobo son también sus comisarios. El Rector Peset acogerá la muestra hasta el 14 de septiembre, a cuyo acto de clausura está previsto que acudan la escritora Rosa Regàs y Jesús Cañete, de la Universidad de Alcalá de Henares, coproductora de la exposición que ya fue presentada en su claustro.

“El montaje aquí es distinto, por las propias dimensiones de la Sala de la Muralla y porque se incluyen partes de los textos de Azaña, con un tipo de letra semejante al de las máquinas de escribir de la época”. Para Flores, estas ilustraciones salidas de las páginas del libro y ahora colgadas en sendas exposiciones suponen un reconocimiento a su trabajo que no hubiera imaginado al principio: “Esto me supera”, afirma quien parece enmendarle la plana a Antonio Machado cuando dice en uno de los textos del ejemplar de Media Vaca: “Los españoles somos naturalmente reaccionarios, no porque estemos siempre enamorados de lo viejo, sino porque nuestra posición firme es siempre contra algo”. La República dibujada por Manuel Flores huye de ello, reflejándolo con humor.

Ilustración de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

Ilustración de Manuel Flores. Imagen cortesía del Rector Peset.

Salva Torres

Artistas de PAM! PAM! okupan el IVAM

PAM! PAM! 17
Mostra de Produccions Artístiques i Multimedia de la Universidad Politécnica de Valencia
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 17 de septiembre de 2017

“Es una especie de ginkana de arte emergente”, señaló José Luis Clemente, comisario de la cuarta edición de PAM! PAM!, la Mostra de Produccions Artístiques i Multimedia de la Universidad Politécnica de Valencia que este año acoge el IVAM. Ginkana, porque las obras de los diez jóvenes artistas seleccionados “colonizan” el espacio museístico, “más allá de las salas convencionales, del cubo en blanco”, precisó Clemente, agradecido en todo momento a José Miguel Cortés, director del instituto valenciano, por haber tenido la “osadía” de acoger tan transgresor proyecto.

Ana Císcar (último Premio Fundación Mainel de pintura), Carlos Correcher, Marina González, Valentina Henríquez, Marina Iglesias, Rubén Marín, Inma Mendieta, Agustín Moreno, Marta Negre y Sonia Tarazona son los encargados de ocupar con sus respectivas obras, el bajo de las escaleras del museo, sus techos, paredes, pasillos e incluso los baños. “Han hecho un gran trabajo de adaptación”, en lo que Clemente consideró un “proyecto dificultoso” por cuanto rompía los moldes a los que nos tienen acostumbrados los museos.

Vista de una de las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Vista de una de las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Por eso el comisario reiteró en todo momento sus agradecimientos a Cortés, por haberse prestado a ese ejercicio de colonización de su espacio, una práctica, recordó, “que viene de los años 70”. A esa domesticación se afanaron los diez artistas que, de forma entusiasta, fueron explicando sus respectivos trabajos. Clemente, por resumirlos, aludió a las diversas problemáticas puestas en juego, que vienen a girar en torno a la identidad, las corrientes migratorias o el cuestionamiento del propio arte y del poder, muchas veces relacionado con el de la imagen.

Así, Correcher, desde el propio título de su trabajo, Whatever. Anything except something (Lo que sea. Cualquier cosa menos nada), polemiza en torno al poder de las imágenes, ocupando una parte del techo de entrada, la antesala de ascensores y la librería, eliminando el color y potenciando el choque entre el humor y la violencia. Marina González critica, mediante su pequeña capilla o lugar de devoción ubicado bajo las escaleras, las terapias de autoayuda (yoga, coaching), manteniendo una posición ambigua. Iglesias monta su particular bunker en el estrecho pasillo que lleva al baño, mostrando el conflicto entre lo orgánico que cambia y la uniformidad de los soldados; también aborda el tema del camuflaje. Ya en los baños, Henríquez utiliza el carácter residual de los mismos para reflexionar sobre el extrañamiento de la migración.

Una de las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Una de las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Negre se vale del audiovisual para mostrar la influencia de ciertos notables pensadores en la sociedad, ya sea mediante la repetición de algunos de sus libros o de la confusión a la que se llega por culpa de tanta cita. Marín explora las relaciones del artista con el poder mediante imágenes, en las que los límites entre realidad y ficción se diluyen. Moreno utiliza el título de su obra, I Am True Artist (Soy un artista de verdad), para desmontar esa verdad del artista con una serie de brillantes globos que van perdiendo aire con el paso de los días.

Mendieta indaga en las emociones a partir de la luz y el color, mientras Císcar rememora el caso JFK y el asesinato de Oswald a través de los medios, para revelar el carácter de ficción del propio discurso periodístico. Por último, Tarazona se hace eco de la frase “tenía miedo de olvidar el amarillo” (Borges), con el fin de preservar la memoria de ese color ante una posible ceguera. El IVAM acoge la “ginkana” de ese arte emergente hasta el 17 de septiembre. Después ya se verá. “Nos gustaría contar con un espacio estable, después de haber tenido que dejar el Centre del Carme, donde se nos ofreció un espacio que no era apropiado; se nos mostró la puerta de salida”, señaló Clemente. Ahora el IVAM será quien tenga la palabra.

Una las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Una las instalaciones de PAM PAM 17. Imagen cortesía del IVAM

Salva Torres

Medio centenar de obsesiones

Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja
Fundación Bancaja
Plaza de Tetúan, 23. Valencia
Hasta el 29 de septiembre de 2017

“Recuerdo una vez que Miró me dijo: ‘Mira, este cuadro se me ocurrió de noche. Y yo pensé: ‘Mira, otro que no duerme’. Es que es una obsesión”. Así entiende Manolo Valdés la pintura, tal y como se recoge en uno de los testimonios que viene a subrayar el denominador común de los 14 artistas reunidos en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja. Más de medio centenar de obras que, presentadas por Juan Manuel Bonet, asesor de la colección y actual director del Instituto Cervantes, refleja esa “capacidad que tiene la pintura para generar emociones”, a partir de esa obsesión de los que no duermen.

Vista de la exposición.

Vista de la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Miquel Navarro, que junto a Carmen Calvo, Soledad Sevilla y el propio Valdés, integra el cuarteto valenciano de la muestra, añade a esa obsesión el carácter de infinitud propio de los sueños y de la obra de arte: “Siempre quedan cosas por hacer. Los sueños son así, nunca se realizan del todo. Los propios sueños son fantasías inacabadas”.

Fantasías geométricas que la Fundación Bancaja acoge hasta el 29 de septiembre en una magna exposición que completan, además de los mencionados, Miquel Barceló, Juan Uslé, Juan Navarro Baldeweg (a partir de los cuales tejió Bonet ese intenso mapa geométrico), José Manuel Ballester, Helmut Federle, Günther Förg, Axel Hütte, Imi Knoebel, Sean Scully y Julian Opie, este último ocupando ahora mismo una de las salas de Bancaja mediante una extensa individual.

Obra de Soledad Sevilla en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Fundación Bancaja

Obra de Soledad Sevilla en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

Bonet fue desgranando las características de cada uno de los 14 artistas internacionales contemporáneos seleccionados para advertir que no se trataba de una “colección de cromos”, sino de una “lista corta [de los artistas de la colección Bancaja] para profundizar en su obra”, cuyo hilo conductor él resumió en dos palabras: “Geometría y profundidad”. Geometría con la que atrapar, a modo de malla, esa realidad que nos afecta y motiva, al tiempo que se cuelan por sus intersticios la energía pulsional que empuja con esa carga de profundidad aludida.

Axel Hütte lo viene a decir de esta otra forma: “La fotografía es como el lenguaje, hay muchísimas cosas que no se pueden decir pero está bien que sea así. Todos los intersticios son llenados por la imaginación”. Porque además de pintura, atravesada por esa geometría unas veces fría, otras explotada de color y siempre lumínicas, la exposición también se compone de imágenes fotográficas que, sin embargo, caminan de la mano de esa misma geometría que lo inunda todo.

Obra de Juan Uslé en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

Obra de Juan Uslé en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Colección Fundación Bancaja.

La cita de Juan Uslé ayuda a comprender tamaña abstracción: “En pintura, al menos como yo lo entiendo, no tratas de contar historias literales, ilustradas en forma narrativa, sino que mas bien intentas de acercarte a aquello que palpita entre tu mirada cargada de deseo y el destello de su reflejo en la tela”. Reflejos que van de la figuración que se va diluyendo absorbida por la materia, de Barceló, a esa tendencia lírica que adopta luego un enfoque más geométrico, de Uslé, pasando por ese dejar atrás el mundo expresionista para irse decantando por la abstracción, que caracteriza a Navarro Baldeweg, según palabras de Bonet.

Una joven junto a una obra de Axel Hütte en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una joven junto a una obra de Axel Hütte en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Todos ellos, como dejándose llevar por la deriva del sueño, reflejando la realidad que huye de la percepción amable. “Entro y salgo de mis cuadros, buscando algo que no siempre encuentro. Igual que en el mar, lo habitual es bajar y no encontrar nada. Pintar es, casi siempre, hacer cosas en vano”, afirma Barceló, uno de los 14 artistas que no duermen pensando en esa cosa vana que, en apariencia, es el arte. Y la metáfora del mar, de sus profundidades asociadas al propio inconsciente, sirve igualmente para caracterizar esa obsesión geométrica que los emparenta a todos ellos.

Medio centenar de piezas, “el 40% inéditas”, destacó Rafael Alcón, presidente de la Fundación Bancaja, puesto a disposición de un público al que se quiere ir mostrando poco a poco la extensa colección de más de 2000 obras con que cuenta la entidad bancaria. “Si trazas una línea desde Van Gogh, Mondrian, Rothko y Johns, hallas mi trabajo. Es muy simple”, dice Scully de su obra artística. La de arte contemporáneo internacional de Fundación Bancaja se empezó a construir en 2004 y va saliendo a la luz. Así de simple.

Un joven fotografiando junto a la obra de Günther Förg en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Un joven fotografiando junto a la obra de Günther Förg en la exposición Arte contemporáneo (1984-2010). Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

La sociedad anónima de Anzo

Anzo. Aislamiento (1967-1985)
IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 5 de noviembre de 2017

“No era anti científico, ni anti técnico”, subrayó Ramon Escrivà, comisario de la exposición Anzo. Aislamiento. “Simplemente puso el acento en el engranaje tecnológico que nos atrapa”, añadió. Ese engranaje, conformado por un total de 80 piezas de su serie reveladoramente llamada Aislamientos, es el que el IVAM muestra en lo que supone la primera exposición en el museo valenciano de José Iranzo Almonacid, Anzo (Utiel, 1931-Valencia, 2006). “Es un modo de hacerle justicia, porque durante 28 años no se le ha expuesto aquí”, señaló el comisario. Algo de lo que José Miguel Cortés, director del instituto valenciano, se siente orgulloso.

Aislamiento 29, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Aislamiento 29, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

La sociedad anónima de la que Anzo va dando cuenta en su serie de los años 60 y 70 le convierten en un “visionario por la actualidad de su obra”, apuntó Escrivà. Su existencialismo de entonces aparece sin duda ligado a esa sociedad líquida de la que habla el sociólogo Zygmunt Bauman, en plena era de Internet. De manera que lo que antes se denominaba alienación, tan presente en la soledad de las diminutas figuras de la obra de Anzo, ahora bien pudiera traducirse por rendimiento o auto explotación del sujeto contemporáneo.

“Es el aislamiento de los integrados. Es la soledad de los engranajes, de las piezas que funcionan al unísono con las restantes del mecanismo”, señala el propio artista en una de las citas de la exposición. Frente a esos integrados que en su obra aparecen en forma de seres diminutos, Anzo no contrapone a los apocalípticos que Umberto Eco se hizo, valga la redundancia, eco en su famoso libro. No hay apocalipsis, al menos en el sentido literario, en su trabajo, sino la lúcida percepción de que, en el seno de ese universo tecnológico, el sujeto pierde la palabra para caer en las redes del número, la cuantificación y su inserción en una trama que lo despersonaliza.

Aislamiento 14, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Aislamiento 14, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Esa “atmósfera fantasmagórica, con edificios amenazantes y una arquitectura racionalista y deshumanizada”, que Escrivà ejemplificó en las Torres Trade de Barcelona transformadas por Anzo en inquietantes moles de la urbe moderna, es ese el clima que invade el conjunto expositivo, salpicado de libros distópicos y fragmentos audiovisuales, entre los que destacan Playtime, de Jacques Tati, o La Cabina, de Antonio Mercero, ambas películas de finales de los 60 y principios de los 70, a los que aluden los “aislamientos” de la exposición.

En una parte de la misma, se recrea el espacio modular representativo de una de esas oficinas de la era cibernética. Una vez más, “la oficina como lugar de alienación”, indicó Escrivà, quien puso el acento en ese “hombre vigilado, controlado” que tiene su corolario en el audiovisual de Tati inserto en el interior de esa oficina. Aprovechando todo tipo de materiales (aceros, rodamientos, fotolitos), cuya investigación por parte de Anzo era novedosa para la época, el artista profundiza en esa alienación producto de cierto control externo. Control que hoy en día habría que situar en el interior del propio sujeto, autocensurado y autoexplotado.

Aislamiento 73-1B, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Aislamiento 73-1B, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

“Padece aislamiento el encargado de las computadoras, el que no encuentra quien escuche sus problemas, el que se siente un ser anónimo al cruzar la calle entre una masa que camina ignorándole”. Así explica el propio Anzo lo que destila su obra: aislamiento y anonimato. Su sociedad anónima, en cuyo debate participaron intelectuales de la denominada filosofía de la deconstrucción (Foucault, Lyotard, Deleuze, Derrida), lejos de tener un cariz político que reduciría a consigna su más hondo calado existencial, posee el perfil poético de la obra cuyo pesimismo alumbra.

“Le considero más un activista social que político”, reconoció la hija del artista, Amparo Iranzo. Un activista comprometido con el arte, en tanto espacio de interrogación ajeno a ese otro de lugares comunes en el que termina convirtiéndose el supuestamente más “auténtico” acto político. Anzo lo tenía claro: “Yo creo que la belleza surge del equilibrio entre lo matemático y lo lírico”. El IVAM, haciéndole justicia a Anzo, se hace eco de esa reflexión propia del autor, mostrando en la Galería 7 tan fructífera relación entre la técnica y la poesía.

Aislamiento 10, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Aislamiento 10, de Anzo. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Bacon o la apoteosis de la corrupción

Francis Bacon. La cuestión del dibujo
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 15 de octubre de 2017

“Le gustaba el borde de la realidad, allí donde surge un deseo oscuro”, apunta Fernando Castro, comisario de Francis Bacon. La cuestión del dibujo. Eso, de puertas hacia fuera, porque tomado el propio cuerpo como referencia, nada mejor que la boca para expresar ese borde igualmente extraño por donde entra la salud y la enfermedad. “Para Bacon, las bocas son el pozo de la náusea”. Bocas que el comisario relaciona con esas otras de la ficción cinematográfica tipo Alien, de Ridley Scott, o las expresiones psicóticas reflejadas por David Lynch. Bocas, cuerpos y figuras, principalmente las del Papa Inocencio X que tanto impresionó al artista irlandés, mostrados en la exposición que Fundación Bancaja acoge hasta el 15 de octubre.

Se trata de 58 dibujos, polémicos dibujos por el cuestionamiento hasta hace bien poco de su autenticidad, que Bacon donó al periodista y amigo íntimo Cristiano Lovatelli Ravarino entre 1977 y 1992, y que ahora pertenecen a la Francis Bacon Collection. Fue su presidente Umberto Guerini quien resumió los 20 años de litigio judicial que han terminado por reconocer la originalidad de las piezas. Tema zanjado. “No es el debate de su autenticidad lo que ahora debe primar, sino la apreciación estética de una obra que aporta mucho al debate historiográfico”, subrayó Castro.

Obras de Francis Bacon en la Fundación Bancaja.

Obras de Francis Bacon en la Fundación Bancaja.

Debate que abrió una entrevista en el libro de conversaciones entre David Sylvester y el propio Bacon, en el que éste venía a decir que no hacía bocetos de sus trabajos. “Esto lo repetimos todos, creando el lugar común de que Bacon no dibujaba”. Y Castro, en un alarde de sinceridad, agregó: “Y estábamos diciendo una chorrada”, porque según el comisario una cosa es que no hiciera bocetos para sus cuadros y otra muy distinta que jamás dibujara. La prueba, dijo, “es esta exposición”.

Los dibujos, tan auténticos como auténtica era su obsesión por la deformidad corporal, recogen cuatro de sus temas preferidos: el Papa Inocencio X de Velázquez, las crucifixiones, los retratos y autorretratos, y las figuras sentadas. Del Papa, lejos de ahondar en su insigne porte eclesial, lo que hace es transformar el elemento sagrado que lo arropa, mostrando sin vergüenza alguna su carnalidad, mas carnalidad degradada. El manto, de colores sumamente vistosos, termina siendo mortaja de un cuerpo que simboliza la corrupción de todo lo humano, allí donde lo humano se halla despojado de carga simbólica.

“Estas celdas de cristal del Papa son las mismas que las de Eichmann en Jerusalén”, quien dijo limitarse a hacer su trabajo durante la Alemania nazi, lo cual da pie a Castro para hablar del “sujeto encerrado, del destino y de la reinvención de la tragedia griega” como trasfondo de todo ello. “Detrás de todo esto se halla Shakespeare”. Tragedia que llega a nuestros días en forma de corrupción de lo político que deriva en la corrupción del cuerpo y, con él, “la máquina de triturar carne en la que estamos y que tan bien representa el reality show”, sostiene Castro.

Vista de la exposición de Francis Bacon en la Fundación Bancaja.

Vista de la exposición de Francis Bacon en la Fundación Bancaja.

“Todos los discursos de la corrupción política podrían ser un Macbeth”, dice el comisario, tras constatar la “circularidad paranoide” de esos discursos basados en “cuanto peor para el enemigo, mejor para mí”.

Francis Bacon. La cuestión del dibujo es la misma exposición que hasta el mes pasado estuvo en el Círculo de Bellas de Madrid, “pero dispuesta de otra manera aquí”, señaló Castro. Tras Valencia, será el Centro Niemeyer de Avilés quien la acoja con otras 70 piezas más a partir de noviembre. Entrar en la muestra de Bacon es, como apunta Lovatelli en una entrevista en la web de la Francis Bacon Collection, “como entrar en una carnicería y cuando sales…como escuchar la música de Händel”. También recuerda el periodista y amigo íntimo de Bacon, que éste, en relación con las crucifixiones, le ponía el ejemplo de Jesucristo, “el padre de todos nosotros [como] también lo es de todos los insectos, un poco animal, entre una divinidad y un insecto”.

“Acentuó su condición de marginal”, señala Castro, en tanto “homosexual en tiempos en que serlo era delito”, para hacerse cargo de “la crucifixión que todos llevamos encima”. Crucifixión, sangre en los ojos y podredumbre en la boca (“Bacon se hizo con un manual de anomalías dentarias”), cuyo fondo dramático se halla trufado de comedia negra. “Figuras de la melancolía” como reflejo de la “angustia existencial” que, según el comisario, atraviesa su obra.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Una joven observa algunas de las obras de la exposición de Francis Bacon. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Una joven observa algunas de las obras de la exposición de Francis Bacon. Imagen cortesía de Fundación Bancaja.

Salva Torres

Javier Chapa, en busca de la belleza

Javier Chapa
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2017

“Se lleva el arte comprometido y aquí hay solo pintura”. Javier Chapa lo dice como disculpándose por transitar un camino ajeno a la moda imperante, que consiste en dejarse invadir por la ideología allí donde debería prevalecer la interrogación que caracteriza al arte y la cultura. Lo demás, como en cierto momento apunta el propia artista, es impostura. “Uno debe hacer lo que verdaderamente siente”. Y lo que Chapa siente tiene mucho que ver con la estética, que el catedrático José María Valverde ligó a la ética: “Busco la belleza, y por ahí me pueden dar caña”, reconoce quien expone una treintena de esas obras bellas en la galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Coincidiendo con su exposición, el recién inaugurado espacio de Bombas Gens se cuestiona algo parecido en la muestra ¿Ornamento=delito?, lo cual permite una revisión del supuesto carácter decorativo de ciertas obras tildadas de bellas y, por tanto, de inútiles frente a las cuestiones “auténticas” que nos aquejan. “La verdad es que cuando descubrí al autor que lo decía [Adolf Loos], sentí cierto sonrojo, porque efectivamente yo hacía cosas de esas que no son necesarias y que, por ello, se consideran delito”. Pero, como decía el personaje de la película Amistades peligrosas, también Chapa insiste en la belleza, porque no puede evitarlo.

“Puede sonar cursi, pero la verdad es que los que sentimos la necesidad de pintar lo hacemos por embellecer el mundo, a pesar de tanta fealdad como nos rodea”. Las galería Shiras, que hasta finales de mes acoge sus últimos trabajos, da fe de ello: en sus paredes cuelgan piezas realizadas sobre tela, en las que Javier Chapa mantiene un diálogo tenso entre la materia del fondo y las geometrías de la superficie con la novedad de un intenso color. “El demonio me decía ‘métele colores fuertes’ y yo me preguntaba, ¿no me estará pasando?”. Y con ese “sentido de culpa” fue avanzando felizmente el artista en busca de la emoción más sincera.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“La propia obra me anima a seguir”. Y enseguida matiza que en realidad él da el primer paso (“trabajo sin boceto ni estudio”), para que “a través de la niebla” vaya apareciendo algo “que me limito a continuar”. Para ello, como es el caso, no duda en utilizar materiales como restos de ventanas o puertas, incluso telas recicladas o estampados de tapicería, con los cuales sostiene una lucha por que aflore desde lo primario un objeto igualmente salvaje, pero más dócil. De manera que la belleza perseguida está atravesada por cierta energía telúrica que debe ser canalizada, domesticada, embridada por la obsesión creativa del artista.

Sabe, a rebufo de lo dicho por André Gide, que “con buenos sentimientos no se hace buena literatura”. Y como lo sabe, los deja a un lado para centrarse precisamente en ese fondo real que descubre por la calle en cualquier material desechable, con el objeto de descifrar su enigma. “Aquí hay pintura y me parece interesante hablar de ella, incluso bien”, apunta con ironía. Es su manera de contrarrestar esa tendencia a la crítica del objeto bello, como si la belleza sin el carácter fiero del cómodamente posicionado ideológicamente no sirviera más que para epatar.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Tenemos que ser auténticos y hacer aquello que sentimos”, insiste Chapa, ahora que el color, en ocasiones rabioso, ha aparecido en su obra como por sorpresa. “Mi evolución me llevaba a la monocromía y el color se quedaba oculto. Y ahora, sin embargo, me veo pensando que se han acabado los límites”. He ahí un buen ejemplo de interrogación, de verse incomodado el propio sujeto por efecto de su búsqueda. Por eso enseguida surge la duda: “Mi deseo es volver a cierta austeridad, pero me está costando”.

A partir de lo basto, de lo rudimentario, Chapa va cubriendo su obra con esas geometrías características de lo racional. “Hay una dualidad entre lo racional y lo emocional”, dice, para subrayar a su vez la “mucha expresividad sutil, con veladuras y manchas” integradas en estos últimos trabajos. Ningún título para el conjunto, ni para cada una de sus obras. “Me encantan los títulos que veo en algunos trabajos de mis compañeros, pero yo prefiero no ponerlos, precisamente para no desorientar la mirada del espectador”. Una mirada que Javier Chapa busca toda ella volcada hacia esa belleza inútil, tan necesaria en tiempos de extrema utilidad.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Javier Chapa. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Salva Torres

La plaza se mueve

Plaza del Patriarca, Valencia
Premio de dibujo DKV MAKMA y
Festival del libro SINDOKMA
27 al 29 de octubre, y
diciembre-enero 2017-18

Marta Beltrán, ganadora de la III edición del premio de dibujo DKV MAKMA, tendrá obra en el marco del proyecto ‘La plaza se mueve’, coincidiendo con su propia exposición que acogerá el MuVIM entre el 14 de diciembre de 2017 y el 14 de enero de 2018. La obra de la artista granadina estará presente en uno de los eventos que tiene como impulsores al restaurante Mar de Avellanas, ubicado en la Plaza del Patriarca de Valencia y a Cervezas Alhambra, coincidiendo con las fechas navideñas.

Ejemplo. Una de las piezas de Marta Beltrán durante su montaje en Sevilla. Imagen cortesía Marta Dávila.

Ejemplo de una de las piezas de Marta Beltrán durante un montaje en Sevilla. Fotografía: archivo Marta Dávila.

‘La plaza se mueve’ es un proyecto que pretende dinamizar la citada Plaza del Patriarca mediante actividades relacionadas con la cultura. La reciente celebración del Festival Internacional de Cine Documental DOCS Valencia (del 11 al 21 de mayo pasado) en su área perimetral  es una muestra de ello.

Vista de la plaza del Patriarca desde el interior del Restaurante Mar de Avellanas.

Vista de la plaza del Patriarca desde el interior del Restaurante Mar de Avellanas. Fotografía: Vicente Chambó.

En este caso, MAKMA y ‘La plaza se mueve’ han contactado con la Galería pazYcomedias, ubicada igualmente en la citada plaza, para que la obra de Marta Beltrán cuente con la colaboración profesional de una galería de acreditada programación en la ciudad y pueda complementarse con la citada exposición del MuVIM.

Los miembros del jurado de la III edición del premio de dibujo DKV MAKMA, después de una complicada comisión reunida en el MuVIM, en la que decidieron otorgar el reconocimiento a Marta Beltrán Ferrer (Granada 1977) por su proyecto ‘La vendedora de fósforos’, se dieron cita en el restaurante Mar de Avellanas para firmar el acta que daba como ganadora a la artista andaluza. Si bien los acuerdos de colaboración ya estaban avanzados entre MAKMA y ‘La plaza se mueve’, el hecho de que el proyecto de dibujo de Marta Beltrán esté relacionado con el cine aporta un ingrediente más al vínculo entre ambas entidades.

De izquierda a derecha, Antonio Alcaraz y Alicia Ventura (miembros del jurado del premio de dibujo DKV MAKMA) Ismael Teira, asistente técnico. Salva Torres, y Vicente Chambó director y consejero de makma respectivamente,  Inmaculada Corcho y Óscar Alonso Molina, estos tres últimos también miembros del jurado. Fotografía María López.

De izquierda a derecha, Antonio Alcaraz y Alicia Ventura (miembros del jurado del premio de dibujo DKV MAKMA), Ismael Teira, asistente técnico, Salva Torres y Vicente Chambó director y consejero de Makma, respectivamente, Inmaculada Corcho y Óscar Alonso Molina, estos tres últimos también miembros del jurado, en el Restaurante Mar de Avellanas. Fotografía: María López.

Impulsado por el director de cine Freddy Mas Franqueza (Pego, 1979), responsable del mencionado restaurante Mar de Avellanas, y respaldado por cervezas Alhambra, el proyecto ‘La plaza se mueve’ busca aliados en su objetivo de pulsar diferentes iniciativas culturales en torno al dinamismo de la plaza, y esto se nota en un local rodeado de una atmósfera de debates y tertulias que da cabida a caras conocidas del mundo del cine en particular, y del arte y la cultura en general.

Claudia Peris Balaguer, Catherine Dubois y  Freddy Mas Franqueza en la rueda de prensa de 'La plaza se mueve'. Fotografía: m3 note.

Claudia Peris Balaguer, Catherine Dubois y Freddy Mas Franqueza durante la presentación de ‘La plaza se mueve’. Fotografía: m3 note.

En este caso, MAKMA se suma también a la contribución de ese dinamismo por parte de ‘La plaza se mueve’, con la celebración del Festival del Libro SINDOKMA, programado para los días 27 al 29 de octubre en La Nau, antiguo edificio de la Universitat de València, que tiene acceso por la Plaza del Patriarca. Una plaza que, a base de tanto impulso, sin duda se mueve.

Uno de los talleres didácticos de la pasada edición del festival del libro SINDOKMA que del 27 al 29 de octubre se celebrará en La Nau. Fotografía, archivo José Ramón Alarcón.

Uno de los talleres didácticos de la pasada edición del festival del libro SINDOKMA que del 27 al 29 de octubre se celebrará en La Nau. Fotografía: archivo José Ramón Alarcón.

Cinema Jove premia a la ‘arcoiris’ The Wound

The Wound, de John Trengove
Premio Luna de Valencia al mejor largometraje
Submarine, de Mounia AklPremio Luna de Valencia al mejor cortometraje
Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

Un rito de iniciación sexual en las montañas de un pueblo sudafricano, en el que participan jóvenes llamados a ser circuncidados en grupo como paso previo a la madurez, es la trama que ha “cautivado” a los miembros del jurado de Cinema Jove para otorgar a The Wound, de John Trengove, el premio Luna de Valencia al mejor largometraje dotado con 40.000 euros. La programadora Yoana Pavlova, ejerciendo de portavoz de ese jurado, que han completado la productora Beatriz Bodegas y el director Enrique Rivero, aludió al “material emocional pero contenido” de la película y a la “sencilla historia de doble iniciación” para explicar el motivo del premio. “Narra problemas complejos mirando directamente a los ojos de los personajes con respecto, comprensión y esperanza”, agregó.

Fotograma de The Wound. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de The Wound. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La trama se hace eco de las tensiones que se producen entre los personajes, a causa de esa tradición ritual que viene a subrayar la masculinidad de quienes participan en ella, al tiempo que va descubriendo una homosexualidad latente. En The Wound no hay ablación de clítoris, sino la igualmente cruda circuncisión masculina que Trengove refleja con suma delicadeza. El triángulo establecido entre Xolani (Nakhane Touré, al que el jurado otorgó igualmente una mención como mejor actor), Kwanda (Niza Jay Ncoyini), en calidad de iniciado del que se ha de ocupar, y Vija (Bongile Mantsai), otro de los cuidadores, destapa el tabú de la homosexualidad en tan áspero contexto rural.

Con el premio a The Wound, Pavlova expresó el deseo del jurado de que sirviera para alcanzar “a un público más amplio en España”. Un público que, además del conflicto por la homosexualidad encubierta, puede apreciar los valores fílmicos de una película con gran potencia visual (“nos ha cautivado”, dijo Pavlova), no solo debida al bello entorno rural, sino a la plástica del rito de iniciación sin duda mérito de la fotografía de Paul Özgür.

Fotograma de Submarine. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Submarine. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Submarine fue, por otra parte, quien se llevó el premio al mejor cortometraje dotado con 8.000 euros. Se trata de una película de la libanesa Mounia Akl, en la que una mujer se resiste a abandonar su país ante la amenaza inminente de la ‘crisis de la basura’ en Líbano, según se apunta en la sinopsis del filme. La crítica Barbara Lorey, en representación del resto del jurado compuesto por la actriz Iris Lezcano y el director Óscar Bernácer, resaltó el poder visual de una película “que explora en un decorado casi surrealista los sentimientos de aquellos que tienen que dejar sus casas”, divididos entre “el inmovilismo, la negación y la esperanza en un país que desde hace tiempo ha perdido su pasado glorioso”.

Las menciones del jurado en la sección de largometrajes fueron a parar, además de al mencionado actor Nakhane Touré, a la actriz Magdalena Berus (Satan Said Dance), a la fotografía de Virginie Surdej, por este mismo filme, al guión de Cristiane Oliveira (La mujer del padre), y otras dos por la película Sexy Durga a manos de su director Sanal Kumar Sasidharan y la banda sonora de Basil CJ. En cortos, se llevaron igualmente menciones las películas Rosinha, de Gui Campos, Flynn?, de Muck Van Empel, y Noiembrie, de Ioachim Stroe.

Fotograma de Discocalypse.   Sección Webseries de Cinema Jove.

Imagen de Discocalypse. Sección Webseries de Cinema Jove.

El resto de galardones

En la Sección Oficial de Webseries, los premios han estado muy repartidos. La Luna de València a la mejor Webserie, dotada con 500 euros, ha sido para la comedia de ciencia ficción francesa ‘Dans un autore monde’, de los directores Valentin Bourdeau y Jérôme Montignies. El Premio del Público, retribuido con 300 euros, ha destacado la comedia de sketchs estadounidense, ‘Neem’s Themes’, de Neem Basha.

La mención del jurado a mejor dirección ha reconocido al aleman Dirk Rosenlöcher, por la serie de zombies ‘Discocalypse’, mientras que la fotografía ha destacado el trabajo de Daniel Aranyo en ‘Zero’, drama de ciencia ficción que también se ha hecho con el Premio Especial Roma Web Fest. La comedia costumbrista argentina ‘Noche de paz’ también ha sido premiada en dos apartados, el de guión, para Agustina Levati y Pedro Levati, y el Premio Especial Marseille Webfest, por el que el director del festival más importante de Europa la incluirá en la Sección Oficial de su siguiente edición.

El premio Especial Los Ángeles Webfest ha recaído en ‘Explaining to an alien’ y el premio de distribución Rockzeline, consistente en un contrato de distribución, ha sido para la uruguaya ‘El Maravilloso Parque Hoolister’.

Fotograma de The Wound.

Fotograma de The Wound. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El descenso a los infiernos de Kusum

Burning Birds, de Sanjeewa Pushpakumara
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

A Sanjeewa Pushpakumara, más allá del conflicto político que da origen a su película Burning Birds, le interesa mostrar los efectos que el odio étnico puede producir en el seno de una humilde familia en Sri Lanka. De manera que una mujer, Kusum, se verá obligada a sacar adelante ella sola a sus ocho hijos y su suegra, tras el asesinato de su marido a manos de fuerzas paramilitares. La delación por parte del director de la escuela del pueblo será determinante. A partir de esa muerte, sin duda injusta, se irán desencadenando los hechos que provocan el descenso paulatino a los infiernos de esa mujer honrada, incapaz de hallar trabajo con el que poder alimentar a su prole.

Fotograma de Burning Birds. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Burning Birds. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La película, tan áspera y sin concesiones como extrañamente bella a la hora de mostrar la sucesión de tropelías que se ceban sobre Kusum, sigue los avatares de la protagonista (Anoma Janadari) en su caída hacia el abismo. Y aunque sin duda el sucio gesto político es tan sólo la chispa que desencadena el incendio, lo cierto es que su huella se mantiene imborrable a lo largo del trayecto fílmico, hasta el punto de asolar progresivamente a la mujer, que termina por asumir como propia esa huella deleznable sobre su marcado cuerpo.

En un contexto presidido por el comportamiento canalla de jefes y policías, la lucha por la supervivencia se convierte en un calvario. Porque es de supervivencia pura y dura de lo que habla la película. De ahí que Pushpakumara subraye con la cámara los instantes en que la familia come en el interior de la humilde casa. El alimento lo es todo, sobre todo cuando adquiere un valor doble por su escasez. La mirada de Kusum, advirtiendo la dificultad cada vez mayor de poder alimentar a sus hijos, es todo un poema del que el director saca chispas.

Fotograma de Burning Birds. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Burning Birds. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Su agónica situación laboral, tras perder el trabajo en una cantera y en un matadero del que huye no sin antes haber sido violada, le condenará al ejercicio de la prostitución. Pushpakumara dijo, tras el pase de la película en la Sección Oficial de Largometrajes de Cinema Jove, que le interesaba ahondar en el papel de la víctima. Y lo hace llevándolo hasta las profundidades de la desolación, lo que convierte a Burning Birds en un vía crucis descarnado del sufrimiento humano.

La muerte del marido, cuya fotografía cuelga en todo momento de una de las paredes de la casa, provoca el vacío que irá llenando de pesadumbre la vida de esa mujer. En su afán por dar de comer a sus hijos, los irá perdiendo al verse arrastrada hacia una prostitución que lejos de ser salida desesperada, se convierte en la prisión de todos sus males. Pushpakumara muestra ese descenso a los infiernos sin cebarse en el calor de las llamas, aunque sean éstas las que desde un principio se erijan en protagonistas de la trama. De ahí, Burning Birds, unos pájaros incapaces de volar de tanto arder.

Fotograma de Burning birds.

Fotograma de Burning birds. Imagen cortesía de Cinema Jove. 

Salva Torres

Tres hombres torpemente seguros

La defensa del dragón, de Natalia Santa
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

Tan inequívocamente seguros, ya sea jugando al ajedrez, al frente de una pulcra relojería o suministrando productos homeopáticos, como torpemente inseguros en lo afectivo. Así son los tres protagonistas de La defensa del dragón, la película de la colombiana Natalia Santa, que Cinema Jove presenta en su sección oficial de largometrajes. Para seguirlos en ese proceder metódico, la directora hace lo propio manejando la cámara como si tuviera miedo de incomodar la rutina de sus personajes. Es así, suavemente, como logra penetrar en sus vidas, revelando la melancolía que apenas logran tapar a base de un comportamiento lógico.

Fotograma de 'La defensa del dragón', de Natalia Santa. Imagen cortesia de Cinema Jove.

Fotograma de ‘La defensa del dragón’, de Natalia Santa. Imagen cortesia de Cinema Jove.

Si en Sexy Durga, la provocadora película de Sanal Kumar Sasidharan, también a competición en Cinema Jove, la inquietud procede de una violencia oscura explícitamente puesta en escena, en La defensa del dragón, la inquietud es producto de una violencia interior domesticada que, no obstante, aflora en cierto momento del filme, justo cuando la sexualidad de Samuel (Gonzalo de Sagarmínaga) y Marcos (Manuel Navarro) es puesta en entredicho. Entonces, ambos se enzarzan, en la única secuencia manifiestamente violenta.

Santa, haciendo honor a su apellido, se entrega a sus personajes, sin juzgarlos, para extraer de ellos el patetismo que sus respectivas vidas profesionales disimulan. Es en el interior de sus hogares, más bien casas a las que les falta precisamente el aroma del afecto comprometido, donde estos tres hombres revelan su fracaso: Samuel, maestro del ajedrez, perdiendo cada partida emocional que le ofrece la vida (le llegara a decir al marido de su ex esposa que jugar al ajedrez es lo único que sabe hacer); Joaquín, intentando sacar adelante su relojería, teniendo que planchar la cama por las noches para combatir el frío lecho, y Marcos, el médico homeópata, tapando el insomnio con póker y drogas.

Fotograma de 'La defensa del dragón', de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘La defensa del dragón’, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La masculinidad de estos tres hombres, sin duda alicaída, queda compensada por su amistad, a la que se aferran y de la que extraen la energía que les impide caer definitivamente en el pozo de la melancolía. Un club de ajedrez, un casino y una cafetería son los escenarios por donde transcurren sus vidas, que Santa sigue en todo momento con pulso templado, acorde con la vitalidad apagada de sus tres protagonistas.

La defensa del dragón transcurre con cadencia, paso a paso, lentamente, creando las condiciones necesarias para que el menor atisbo de luz pueda colarse por alguna rendija de tan metódicas vidas. Natalia Santa, he ahí su mayor virtud, parece saber aguardar con paciencia ese momento. De hecho, son muchos los instantes que lo anticipan y que la cámara registra colocándose allí donde ciertas chispas saltan: un cuadro colgado de la pared, una paloma en la ventana, una puerta a punto de abrirse… Detalles que convierten a la Bogotá de la película y a estos tres hombres en radiografía de un tiempo marchito al que corresponde esa masculinidad vencida, y a la que Santa parece ofrecer una salida, por tenue que ésta sea.

Fotograma de La defensa del dragón, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de La defensa del dragón, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres