Tres hombres torpemente seguros

La defensa del dragón, de Natalia Santa
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

Tan inequívocamente seguros, ya sea jugando al ajedrez, al frente de una pulcra relojería o suministrando productos homeopáticos, como torpemente inseguros en lo afectivo. Así son los tres protagonistas de La defensa del dragón, la película de la colombiana Natalia Santa, que Cinema Jove presenta en su sección oficial de largometrajes. Para seguirlos en ese proceder metódico, la directora hace lo propio manejando la cámara como si tuviera miedo de incomodar la rutina de sus personajes. Es así, suavemente, como logra penetrar en sus vidas, revelando la melancolía que apenas logran tapar a base de un comportamiento lógico.

Fotograma de 'La defensa del dragón', de Natalia Santa. Imagen cortesia de Cinema Jove.

Fotograma de ‘La defensa del dragón’, de Natalia Santa. Imagen cortesia de Cinema Jove.

Si en Sexy Durga, la provocadora película de Sanal Kumar Sasidharan, también a competición en Cinema Jove, la inquietud procede de una violencia oscura explícitamente puesta en escena, en La defensa del dragón, la inquietud es producto de una violencia interior domesticada que, no obstante, aflora en cierto momento del filme, justo cuando la sexualidad de Samuel (Gonzalo de Sagarmínaga) y Marcos (Manuel Navarro) es puesta en entredicho. Entonces, ambos se enzarzan, en la única secuencia manifiestamente violenta.

Santa, haciendo honor a su apellido, se entrega a sus personajes, sin juzgarlos, para extraer de ellos el patetismo que sus respectivas vidas profesionales disimulan. Es en el interior de sus hogares, más bien casas a las que les falta precisamente el aroma del afecto comprometido, donde estos tres hombres revelan su fracaso: Samuel, maestro del ajedrez, perdiendo cada partida emocional que le ofrece la vida (le llegara a decir al marido de su ex esposa que jugar al ajedrez es lo único que sabe hacer); Joaquín, intentando sacar adelante su relojería, teniendo que planchar la cama por las noches para combatir el frío lecho, y Marcos, el médico homeópata, tapando el insomnio con póker y drogas.

Fotograma de 'La defensa del dragón', de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de ‘La defensa del dragón’, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

La masculinidad de estos tres hombres, sin duda alicaída, queda compensada por su amistad, a la que se aferran y de la que extraen la energía que les impide caer definitivamente en el pozo de la melancolía. Un club de ajedrez, un casino y una cafetería son los escenarios por donde transcurren sus vidas, que Santa sigue en todo momento con pulso templado, acorde con la vitalidad apagada de sus tres protagonistas.

La defensa del dragón transcurre con cadencia, paso a paso, lentamente, creando las condiciones necesarias para que el menor atisbo de luz pueda colarse por alguna rendija de tan metódicas vidas. Natalia Santa, he ahí su mayor virtud, parece saber aguardar con paciencia ese momento. De hecho, son muchos los instantes que lo anticipan y que la cámara registra colocándose allí donde ciertas chispas saltan: un cuadro colgado de la pared, una paloma en la ventana, una puerta a punto de abrirse… Detalles que convierten a la Bogotá de la película y a estos tres hombres en radiografía de un tiempo marchito al que corresponde esa masculinidad vencida, y a la que Santa parece ofrecer una salida, por tenue que ésta sea.

Fotograma de La defensa del dragón, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de La defensa del dragón, de Natalia Santa. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres

Sexy Durga, de la veneración al acoso

Sexy Durga, de Sanal Kumar Sasidharan
Sección Oficial de Largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 23 de junio al 1 de julio de 2017

Una joven pareja huye de la ciudad caminando de noche por una carretera en el sur de la India. En su avance, Kabeer y Durga son recogidos por un coche, cuyos ocupantes se ofrecen a llevarles a la estación de tren que buscan para poner tierra de por medio. Ya desde el principio, se establece una relación incómoda a causa del carácter provocador de quienes conducen el vehículo. Paralelamente, vemos cómo se celebran unos festejos en honor a la diosa Durga, en los que algunos hombres, tras alcanzar cierto trance bailando, son suspendidos de ganchos atravesados en sus espaldas, siendo paseados por el pueblo. Estas dos secuencias, el de la escapada nocturna y el del extraño ritual, se van complementando a lo largo de la película, estableciéndose sugerentes paralelismos.

Fotograma de Sexy Durgan. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Sexy Durga. Imagen cortesía de Cinema Jove.

El primero y principal tiene que ver con el nombre invocado en ambas situaciones. Durga es la diosa venerada, a la que se entregan en sacrificio los hombres del festejo ritual, como Durga es la muchacha que se siente acosada por los ocupantes de la furgoneta. Cierta violencia atraviesa ambas escenas: la violencia contra el propio cuerpo, cuyo éxtasis se vincula a la devoción profesada hacia la diosa, y la violencia, más verbal que física, de los hombres hacia la pareja en ese trayecto nocturno que parece inacabable.

Sanal Kumar Sasidharan, director de Sexy Durga, con la que compite en la sección oficial de largometrajes de Cinema Jove, juega con ambas violencias, creando un ambiente opresivo que la cámara no deja de subrayar con sus movimientos alrededor de esos cuerpos y de esa noche infinita. El rito asociado a la mítica diosa queda rebajado al nivel de lo más áspero y prosaico en la realidad atosigante de la pareja fugitiva. De manera que el ritmo repetitivo de los tambores festivos, deja paso al metal ácido de la música que acompaña a los ocupantes de tan siniestra furgoneta. Y así, ligados ambos universos, vemos desplegarse una violencia que, al igual que les sucede a Kabeer y Durga, el espectador percibe como terriblemente extraña.

Fotograma de Sexy Durgan. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Sexy Durga. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Sasidharan, al introducir el adjetivo sexy al nombre de Durga, no hace más que movilizar esa violencia, que no termina de recaer sobre la pareja protagonista, a modo de juego tan macabro como irónico. Un juego que va del propio rito, a estas alturas percibido como mero trasunto folclórico, al temor ¿infundado? de los jóvenes huidizos. Una película intensa, inquietante, que el director indio conduce con soltura y sarcástica mirada. De la veneración a la diosa Durga, Sasisdharan pasa a esa otra Durga más terrenal, tan acosada por los extraños ocupantes como por sus propios miedos.

Fotograma de Sexy Durga. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Fotograma de Sexy Durga. Imagen cortesía de Cinema Jove.

Salva Torres

Isaías Griñolo: La voz de la calle

Notificaciones, proyecto comisariado por Isaías Griñolo
Enrique Falcón, Teresa Lanceta, Pedro G. Romero, Inmaculada Salinas
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2017

El proyecto ‘Notificaciones’, comisariado por Isaías Griñolo, nace de la perplejidad que para él supuso comprobar cómo la Policía, cuando se decide a cargar contra un grupo de manifestantes, lo hace indiscriminadamente y con saña. De nuevo el poder en su expresión más salvaje. Y, de nuevo, entroncando ese salvajismo con el del propio capitalismo que no atiende más razones que las económicas igualmente depravadas.

Para ello, se fija en las protestas llevadas a cabo por los jóvenes del Instituto Lluís Vives, cuando salieron a la calle el 15 de febrero de 2012 para protestar contra los recortes en Educación. A partir de la información que la gente colgó en Internet sobre aquellas protestas, invitó a los artistas Enrique Falcón, Teresa Lanceta, Inmaculada Salinas y Pedro G. Romero, para que reflexionaran en torno a las movilizaciones ciudadanas con el fin de dar voz a esa calle silenciada por culpa de tanta represión policial.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, en el centro, junto al comisario y los artistas de Notificaciones. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El director del Centre del Carme, José Luis Pérez Pont, en el centro, junto al comisario y los artistas de Notificaciones. Imagen cortesía del Centre del Carme.

En un gran mural que ocupa una de las paredes, se puede leer: “Cada vez veo más gente con una venda en los ojos. Incluso he visto gente que habiéndosele movido un poco, se la vuelve a colocar correctamente”. Griñolo quiere descorrer esa venda para que la gente, además de ver lo que realmente pasa, deje de mirar para otro lado. Quiere dejar constancia, mediante las distintas Notificaciones que integran el conjunto expositivo, de los abusos de poder, allí donde éste muestra su faz más deleznable.

Y a ello se ponen los cuatro artistas que convocó Griñolo: Falcón, Lanceta, Salinas y Romero. El primero lo hace mediante un video en el que ofrece los testimonios de diferentes hombres y mujeres reunidos en torno a un encuentro poético. Personas dispuestas a transformar el mundo mediante una escucha activa. Lanceta y Salinas operan de manera similar, trabajando en diversos talleres (la primera en Barcelona y la segunda en Sevilla) e involucrando a la gente en un proceso colectivo de participación social. Pedro G. Romero se inmiscuye en diversas tramas de actividad combativa, unas veces subterránea y otras a pie de asfalto, para mostrar cierto grado de confusión mediante diversas acciones visuales y sonoras.

‘Notificaciones’ reúne fotografías, libros, documentos, material audiovisual y diversas instalaciones en torno a esa identidad ciudadana profanada por la acción policial o los excesos del poder. Un poder siempre mostrado despectiva o irónicamente, como sucede en este extracto de un poema de Diego Fernando Medel: “Todos se acuerdan del pueblo en tiempos electorales, te mandan la propaganda en cartas particulares. Como todos son tan buenos no sabes a quién votar, te aumentan las propuestas y te reducen el jornal”. Frente a ese poder grotesco y vil, la movilización ciudadana aparece como signo de autenticidad que los artistas revelan con sus diversas notificaciones.

Vista de la exposición Notificaciones. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición Notificaciones. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

A partir de simples botellas a la deriva

Hugo Martínez-Tormo. La deriva de un gesto post-romántico
Centre del Carme
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 10 de septiembre de 2017

“Cuestiono el funcionamiento de las nuevas tecnologías”. De manera que Hugo Martínez-Tormo, que es quien abre el fuego expositivo surgido de las tres primeras convocatorias lanzadas por el Centre del Carme, emplea esas tecnologías aludidas para cuestionar su uso. Y, puestos a cuestionar, somete a reflexión el gesto romántico de arrojar al mar un mensaje en la botella, para transformarlo en denuncia contra la contaminación medioambiental. “Ese gesto se ha quedado obsoleto y ahora yo llamaría cerdo al que lanza esa botella al mar”, explica el artista que se considera a sí mismo “conceptual”.

Para revelar lo que el título de la exposición denomina ‘La deriva de un gesto post-romántico’, Martínez-Tormo se sirve de dos botellas encontradas en la playa de El Mónsul, en Cabo de Gata, y en la Devesa de El Saler. Fotografía ambas botellas y las documenta, para construir una réplica de las mismas mediante tecnología 3D. A continuación, genera sendas instalaciones de luz y sonido con los componentes básicos de dicha impresora, a partir de los movimientos que vendrían a imitar la propia impresión de los envases de plástico. “Traduzco lo material a lo físico”, explica.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Instalación de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

La tecnología que aparece destripada sirve para alumbrar el sonido metálico de las olas del mar, así como los reflejos lumínicos del agua. Un complejo sistema técnico que el artista simplifica con el fin de subrayar la paradoja inherente al efecto contaminante del plástico y su posterior generación de belleza estética. Plástico y plástica dialogando entre sí para provocar en el espectador cierta reflexión. “Lo más probable es que no lo entienda y se vaya, pero si te captura estéticamente, entonces tienes más posibilidades de estar abierto a entenderlo”, sostiene Martínez-Tormo.

Eso es lo que hace con su gesto post-romántico: primero revela los efectos devastadores de tanto plástico arrojado al mar, mostrando en otra instalación lo que encontraron en el interior del estómago de un cachalote de 10 metros de largo y 4500 kilos de peso, para después concienciarnos de nuestra responsabilidad, tras haber sido capturados en la belleza plástica de su propuesta. “Les atrae la instalación del agua [cuyos reflejos en la pared los provoca el movimiento deconstruido de la impresora 3D] por evocadora, y la del cachalote [que muestra en una serie de vitrinas lo hallado en su estómago] porque la entienden”.

Vista de la exposición de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Vista de la exposición de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

El cachalote hallado en la playa del Castell de Ferro de Granada en 2012 llevaba en su interior, tras practicarle la autopsia, dos macetas, 30 metros cuadrados de cubierta de invernadero, cinco cuerdas de nueve metros y un bote de detergente, entre otros materiales plásticos de desecho que el animal fue ingiriendo sin querer por hallarse a la deriva en el mar. “Es evidente que eso debió acortar su periplo de vida”, apunta el artista.

En otra serie de tres fotografías, muestra el proceso de descomposición de una botella en el océano: “Tarda unos 1.000 años en descomponerse estando sobre la tierra, pero en el mar se degrada mucho más rápido, en apenas un año”. Y explica cómo primero se fragmenta en 16 trozos, después en 625 microtrozos, haciendo finalmente un total de 10.000 pequeños pedazos que producen compuestos muy tóxicos como el Bisfenol, los cuales son ingeridos por los animales acuáticos y, consecuentemente, por los seres humanos.

Hugo Martínez-Tormo en su exposición. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Hugo Martínez-Tormo en su exposición. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Martínez-Tormo lo que hace es realizar ese proceso de descomposición mínima, troceando de forma paciente esa botella en los miles de pedazos que luego introduce en un tubo colgado como si acabara de ser pescado. El resultado, de nuevo, genera una belleza plástica derivada de su intenso color azul. Como intenso es el azul del mar que cierra el conjunto expositivo. Una instalación audiovisual interactiva realizada con software Unity, empleado en los videojuegos, permite al espectador generar olas, en un mar proyectado artificialmente sobre una pantalla, tras captar una cámara de infrarrojos la presencia humana. Es esta presencia la que provoca a su vez la proximidad o alejamiento de una botella de plástico que flota en ese mar.

“El espectador tiene el control sobre la botella, al moverse en una dirección u otra, generando la sensación de poder, al influir a su vez sobre el oleaje”. Martínez-Tormo subraya la conciencia ecológica de tal gesto: “Depende de nosotros el acabar o no con la basura”. El artista insiste una y otra vez en esa responsabilidad: “Que seamos conscientes de lo que estamos provocando”. Mensaje que él supedita a la cualidad plástica inherente al arte, capaz de provocar emociones y, con ellas, la posibilidad de generar preguntas en torno a esa conciencia ecológica.

“El agua y el fuego son elementos que conectan con la vida de tus antepasados y esos elementos están de alguna manera presentes aquí”. Los cinco contenedores de agua, que el motor de la impresora 3D removía mecánicamente, producían en la sala un efecto de calma. “Alguien me llegó a decir que se traería la cama aquí, porque le retrotrae a cierto estado de paz”. Una paz reñida con ese peligro de contaminación al que alude su gesto post-romántico y que Hugo Martínez-Tormo recoge en su serie de instalaciones. Tecnología puesta en cuestión y al servicio de una belleza plástica que transforma el mensaje en motivo de una más serena reflexión.

Un espectador contempla una de las instalaciones de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Un espectador contempla una de las instalaciones de Hugo Martínez-Tormo. Imagen cortesía del Centre del Carme.

Salva Torres

“Vivo impresionado por la finitud”

No Return, de Xisco Mensua
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 17 de septiembre de 2017

Hay una frase de Franz Kafka incluida en la exposición No Return, de Xisco Mensua, que viene a resumir el sentido último de la misma: “A partir de un cierto punto, ya no hay regreso posible. Este es el punto a alcanzar”. Tomándolo al pie de la letra, diríase que al autor de La metamorfosis le atrae la muerte, en tanto extremo último de la vida del que ya no hay vuelta atrás. Sin embargo, Mensua lo interpreta de otra manera: “Es un lenguaje alegórico mediante el cual Kafka juega con el equívoco. Yo lo entiendo como el sitio de llegada del artista, en el buen sentido, como un salto de acceso a cierta verdad”.

El fin del tiempo, de Xisco Mensua, en la exposición 'No Return' de La Nau.

El fin del tiempo, de Xisco Mensua, en la exposición ‘No Return’ de La Nau.

Es el salto que da el artista en la exposición que La Nau de la Universitat de Valéncia acoge hasta el 17 de septiembre. Una muestra que gira en torno a la pieza No Return, que viene a dar título al conjunto y con la cual ganó hace cinco años la Biennal Martínez Guerricabeitia. En ella, el artista de Rocafort muestra en un políptico de 12 elementos la idea de collage o secuencia cinematográfica que preside su introspección vital en torno a la muerte. Hay referencias a directores como Antonioni, Pasolini, Tarkovski o Rossellini, todos ellos caracterizados por la melancolía de su cine. Melancolía que atraviesa el conjunto expositivo.

“Vivo impresionado por la finitud. Supongo que como todo el mundo, lo que suele llevarnos al miedo de no hablar de ella, por eso a un enfermo no se le dice lo que realmente le pasa”. Mensua considera, no obstante, que la vida “es muy preciada por eso mismo”. De ahí que para él la muerte sea uno de los grandes temas del arte, como el tiempo, el amor y el desamor, porque nos colocan frente a ella para reflexionar acerca de sus evocaciones, “cosa que la ciencia no hace o lo trata de otra manera”.

O My Songs, de Xisco Mensua en la exposición 'No Return' de La Nau de la Universitat de València.

O My Songs, de Xisco Mensua en la exposición ‘No Return’ de La Nau de la Universitat de València.

Son múltiples también las referencias a poetas, filósofos y escritores. Por ejemplo, Ezra Pound, citado en la obra O My Songs, donde se inscribe esta cita: “Oh, canciones mías, ¿por qué miráis con tanta ansia y curiosidad los rostros de la gente? ¿queréis encontrar en ellos vuestros rostros perdidos?” De nuevo la melancolía haciendo acto de presencia “simbólicamente acompañada”, describe el artista, de múltiples objetos desperdigados a lo largo de la exposición a modo de emanaciones de ese pasado perdido: puertas, ventanas, una cama, estaciones de tren, paisajes y un reloj que sale al encuentro del visitante nada más entrar en la sala Martínez Guerricabeitia.

Obra de Xisco Mensua en la exposición 'No Return' de La Nau.

Obra de Xisco Mensua en la exposición ‘No Return’ de La Nau.

“El reloj pone inmediatamente en situación a la gente, porque es tiempo, es pintura y es un reloj parado”. El tiempo, la vida detenida y su representación. Xisco Mensua conjuga esos tres elementos para elaborar su trayecto por los diferentes espacios, cada uno de los cuales está presidido por tres polípticos: Noviembre, Collioure-Portbou y el mencionado No Return. Montajes de entre 12 y 20 piezas que luego son recogidos a su vez en el video Notas sobre el tiempo, a modo de concentrado en imágenes de la exposición.

La música que envuelve la muestra juega igualmente un importante papel, no sólo por el sonido ambiente y las alusiones a Mozart, sino por la obra de gran formato titulada Grabación, en la que se ve a un pianista (Glenn Gould) intentando “apresar el tiempo”, señala Mensua: “Es una imagen que me gusta”, aunque reconozca el artista no tener “nada de oído; tengo memoria musical relacionada siempre con los afectos”. Y ahí está Gould, obsesionado por captar en su teclado lo que el propio artista busca atrapar plásticamente: el tiempo que se fuga irreversiblemente.

Obra de Xisco Mensua en 'No Return' de La Nau.

Obra de Xisco Mensua en ‘No Return’ de La Nau.

Una vitrina con diversos elementos, cuyo título también juega al equívoco, No me des nada para recordar, y Ensayo para un theatrum mundi, realizado con pasta de modelar, evocan mediante objetos y escenas la vida que tanto más se nos escapa, tanto más se esfuerza el arte por aprenderla. Aunque del arte y la cultura, Walter Benjamin, otro de los citados junto a Antonio Machado, venga a decir en la pieza Tesis de Filosofía de la Historia: “No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie”.

“Los Estados no hacen más que celebrar matanzas como cosa cultural de los pueblos”, subraya Mensua con relación a esa cita. De manera que la vida y la muerte se muestran a lo largo del recorrido en constante tensión. La muerte irreversible frente a la vida reflejada en la insistente tarea del artista por alcanzar ese punto de no retorno. “Actitud vital de que no hay vuelta posible cuando algo te sacude interiormente”, concluye el artista.

Obra de Xisco Mensua en la exposición 'No Return' de La Nau de la Universitat de València.

Obra de Xisco Mensua en la exposición ‘No Return’ de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

Sobre lindes y otros colapsos

‘Atlas Mundial de Selecciones’, Juan José Martín Andrés
Galería Aural
C / Labradores, 17. Alicante
Del 25 de mayo al 1 de julio de 2017

La naturaleza crea barreras casi imposibles de salvar que han condicionado, desde los orígenes de la humanidad, incluso los rasgos de las poblaciones y actuales asentamientos. A pesar de todo, el ser humano ha ido superando estos obstáculos naturales en su afán por conocer. Ya casi no existen fronteras naturales, por lo menos no las psicológicas, pero en cambio, se han ido creando otro tipo de límites. Sin duda alguna, guerras y conflictos son fuentes de creación de barreras artificiales.

Juan José Martín Andrés nos pone sobre la pista del origen de algunas de las pugnas actuales por el territorio en su nueva exposición ‘Atlas Mundial de Selecciones’ de manera sencilla pero muy eficaz. Actualmente residente en México, el artista presenta sus últimos trabajos gráficos, mapas originales intervenidos. Originales en el sentido de que muestran las divisiones de la época para la que fueron concebidos: el siglo XX, un siglo de profundas y cambiantes demarcaciones. Si el espectador se fija, no podrá reconocer muchos de ellos, no solo por el hecho de que el artista ha ocultado con opaca tinta vastas zonas con el objetivo de deshacer el concepto territorio-nación, sino por el gran cambio  sucedido (no en términos de calidad, sino en cantidad) en cuanto a la situación de las fronteras.

'Nations of the world' Una de las obras que puede verse en la exposición. imagen cortesía Galería Aural.

‘Nations of the world’ Una de las obras que puede verse en la exposición. imagen cortesía Galería Aural.

Imperios, repúblicas, constantes anexiones o separaciones de líneas rectas son elementos que Juan José Martín Andrés recalca a través del vacío. La ausencia de dibujo sirve aquí para hacer denotar el espacio. Los cambios de perspectiva y las distorsiones permiten al artista añadir reflexión y juego. Un juego que ya adelantaban en 1980 Guattari y Deleuze, cuando teorizaron sobre la máquina de guerra y el Estado. Mientras que el primero combate por una apertura espacial, el segundo controla y marca los límites de dicho espacio. Las maniobras resultantes quedan reflejadas en el presente, en ese tablero en el que fuerzas políticas y económicas ‘juegan’, como si no estuvieran en el mundo real.

Martín Andrés proyecta una distancia que resulta complicada de pronosticar para el día a día del ciudadano, y consigue, aunque sea de forma imperceptible, que se admire el panorama desde un punto de vista de global. En un mundo donde el cerebro humano está constantemente recibiendo datos, pero que solo retiene un escaso tanto por ciento, se hace necesario y agradable el reposo y el detalle. Aún teniendo en cuenta este consejo, se advierte que, con un rápido vistazo a ’Atlas Mundial de Selecciones’, una abrumadora sensación de velocidad histórica puede recaer sobre la conciencia, provocando, casi sin remedio, una exteriorización facial de incredulidad.

María Ramis

La presencia esquiva de Helena Almeida

Helena Almeida. Corpus
IVAM
C / Guillem de Castro, 116. Valencia
Hasta el 18 de junio de 2017

“Mi obra es mi cuerpo, mi cuerpo es mi obra”, ha repetido en numerosas ocasiones Helena Almeida (Lisboa, 1934). Y ese cuerpo y esa obra no dejan de explorar sus respectivos límites: el primero, casi siempre a solas consigo mismo, en constante fuga o interrogación de una identidad esquiva, y la segunda, cuestionando igualmente los límites de la propia representación. Por eso las 52 obras que el IVAM acoge bajo el título de Helena Almeida. Corpus no dejan de multiplicarse en diferentes series, con la artista como protagonista absoluta de su propio trabajo, siempre vestida de negro y siempre huyendo del plácido acomodo.

Imagen del video que contiene la exposición 'Helena Almeida. Corpus' en el IVAM.

Imagen del video que contiene la exposición ‘Helena Almeida. Corpus’ en el IVAM.

Como explica el director del IVAM, José Miguel Cortés, hablamos de “un cuerpo vulnerable y frágil que busca su lugar, se mueve y agita, salta y se enroca para hacer estallar las costuras de un espacio artístico y narrativo, a menudo, demasiado constreñido”. Joao Ribas, comisario de la exposición junto a Marta Moreira de Almeida, señaló que era “difícil” hablar de la fotografía y del trabajo del cuerpo femenino “sin hablar de Helena Almeida”. Su mezcla de fotografía, dibujo, pintura, performance y body art causó perplejidad en los años 60 y, aún hoy, sorprende.

“Helena es una artista que tiene un puesto singular en el mundo del arte”, destacó Suzanne Cotter, directora del Museo Serralves de Oporto, de donde procede la obra expuesta en el IVAM hasta el 18 de junio. Puesto singular que se ha ido ganando a pulso, después de que en aquellos primeros años de su trayectoria fuera incomprendida, hasta el punto de que la propia Almeida reconoció haber tirado buena parte de sus incipientes trabajos. Quizás sorprendió por utilizar el soporte fotográfico de una forma inusual; quizás por desbordar el medio de una manera excesiva.

Vista de la exposición 'Helena Almeida. Corpus'. Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘Helena Almeida. Corpus’. Imagen cortesía del IVAM.

Como señala Almeida, en la entrevista que le hacen los comisarios, en el fondo era pintora, pero de pronto “me convertí en la pintura, me convertí en mi trabajo, me convertí en lo creado. Y, al mismo tiempo, soy la creadora”. Esa especie de bucle en torno al cuerpo y la representación, donde no se sabe bien dónde empieza lo uno y dónde acaba lo otro, sigue impactando al observador, que la ve en el interior de su obra tan pronto abriéndose paso entre azules como ocultándose entre bastidores o diversas prendas.

Vista de la exposición 'Helena Almeida. Corpus'. Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘Helena Almeida. Corpus’. Imagen cortesía del IVAM.

Sus fotografías en blanco y negro, apenas salpicadas de algún que otro color (principalmente azul o rojo), parecen secuencias cinematográficas protagonizadas por un ser solitario al que la identidad le sobra. Al menos, la identidad del DNI, porque la otra, más compleja y lábil, se halla implícita en su obsesiva búsqueda del instante decisivo tan minuciosamente preparado. “Marco el suelo con cosas en el espacio. Los pasos, cada detalle pensado, los taburetes, las distancias…para que no haya errores…En general todo está pensado, o es parte de algo pensado”, explica Almeida en la citada entrevista.

Imagen de la exposición 'Helena Almeida. Corpus' del IVAM.

Imagen de la exposición ‘Helena Almeida. Corpus’ del IVAM.

Ayudada por su marido Artur Rosa, que es quien dispara la cámara y, en ocasiones, aparece junto a ella en algunas de las fotografías, Helena Almeida no ha dejado durante su ya larga trayectoria de explorar los límites, de exponerse a sí misma. “Es muy interesante tratar de ir más allá, llegar a un límite en el que nunca he estado”. Como nunca habían sido mostradas todas juntas, por razones de espacio, las 18 piezas de la serie Dentro de mí, que ahora es posible en el IVAM. Fotografías, una vez más, que despliegan en batería ese interior aludido a través de la coreografía del cuerpo.

Pintura habitada, su famosa serie intervenida con color azul (“lo utilizo para mostrar el espacio”), es un ejemplo revelador de su trabajo. Porque Almeida habita la pintura, la fotografía, las ocupa por completo, con el fin de mostrar el vacío que evoca su tarea obsesiva de capturar ese instante decisivo que, cuando llega, como subraya la artista, es como un milagro. El milagro del Corpus libre de ataduras, pero bien sujeto al acto creativo. Una obsesión que a sus 82 años persiste.

Ver la noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

'Helena Almedia. Corpus' en el IVAM.

‘Helena Almedia. Corpus’ en el IVAM.

Salva Torres

La Ploma quiere ser de todos

Mostra La Ploma
Festival de cine y cultura por la diversidad sexual
Filmoteca y Aragó Cinema
Del 2 al 24 de junio de 2017

“Valencia ciudad orgullosa de su orgullo”. Así se refirió Isabel Lozano, concejala de Igualdad y Políticas Inclusivas del Ayuntamiento de Valencia, a la Mostra La Ploma, el festival de cine y cultura por la diversidad sexual. Frase que siguió a la pronunciada por Fani Boronat, coordinadora general de Lambda, el colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB), cuando apeló a que junio “sea el mes del orgullo, no sólo del día que lo celebra [28 de junio]”. Abel Guarinos, director del Institut Valenciá de Cultura, se sumó al orgullo felicitándose por una iniciativa que “muestra y celebra la diversidad sexual en la gran pantalla”.

Para que esa diversidad sea plena, y no sólo contemple la relacionada con los colectivos agrupados en Lambda, La Ploma apuesta por películas de calidad en su programación “con el fin de llegar al aficionado de cine en general”, subrayó Luis Noguerol, coordinador de proyectos culturales de la asociación. “Queremos que sea un festival para toda la sociedad, no sólo para la LGTB”, recalcó Lozano.

Fotograma de 'Los objetos amorosos', de Adrián Silvestre.

Fotograma de ‘Los objetos amorosos’, de Adrián Silvestre. Mostra La Ploma.

Ese es el espíritu de la Mostra La Ploma, que este año triplica sus espacios, la programación y el presupuesto: “De los 3.000 euros del año pasado superaremos los 10.000, aunque todavía no podamos dar la cifra exacta”, indicó Noguerol. “Aquí hay mucho voluntariado cuyo esfuerzo no se cuantifica”, precisó Boronat. Y es así, a base de mucho esfuerzo, insistencia y orgullo, como va creciendo un festival “pequeño y joven”, según su coordinador, que este año presenta, del 2 al 24 de junio, 30 películas de estreno en la Comunidad Valenciana.

Closet Moster. Mostra La Ploma.

Closet Moster, de Stephen Dunn. Mostra La Ploma.

‘Los objetos amorosos’, del cineasta valenciano Adrián Silvestre, se encuentra entre ellas. “Todo un acontecimiento”, se atrevió a calificar Guarinos su pase en La Ploma. La película revelación con una larga lista de galardones narra la historia de Luz y Fran que, según la sinopsis, “deciden ser dueñas de sus propias vidas, con el mundo por delante y Roma a sus pies”. También sobresalen la ganadora del Festival de Toronto ‘Closet Monster’, de Stephen Dunn, y ‘Certain Women’, de Kelly Reichardt protagonizada por Kristen Stewart (Bella Swan en la saga ‘Crepúsculo’) y Laura Dern (‘Terciopelo Azul’ y ‘Corazón Salvaje’, de David Lynch).

Las tres películas forman parte de Panorama, la sección no competitiva que completa la programación de un festival que este año tendrá su sede principal en los cines Aragó, siendo la Filmoteca el espacio que acoja la inauguración con la mencionada Los objetos amorosos y la presencia del director. La Sala Berlanga también proyectará ‘O Ornitólogo’, del portugués Joao Pedro Rodrigues, igualmente presente en el estreno de su película en la Comunidad Valenciana. Noguerol destacó también otros ocho estrenos a nivel estatal y el hecho de que hubiera películas de 16 nacionalidades diferentes y con diversidad en las temáticas.

Fotograma de 'O Ornitólogo'. Mostra La Ploma.

Fotograma de ‘O Ornitólogo’, de Joao Pedro Rodrigues. Mostra La Ploma.

La Ploma contará con tres secciones oficiales a concurso, en las que competirán siete largometrajes documentales, siete cortos documentales y otros diez de ficción, optando a los premios de 2.000 euros para la categoría de largos y 900 para los cortos. Hay otro especial de 300 euros para el cortometraje con mejor perspectiva educativa. Como novedades, la presencia del festival en distintas poblaciones de Valencia con una selección de su programación, y la inclusión de la literatura, la música y el arte contemporáneo. Fundación La Posta, Las Naves y el IVAM acogerán diversas propuestas en este sentido.

¿Son este tipo de festivales causa o efecto del cambio social que se está viviendo con respecto a la diversidad sexual? “La sociedad va cambiando y es más receptiva a este tipo de propuestas; con este festival queremos a su vez contribuir a ese cambio”, señaló Noguerol. “Estamos en un momento de máximo respeto y se está consiguiendo sensibilizar a la sociedad, aún así todavía hay elementos reactivos que al ver amenazada su posición reaccionan violentamente”, subrayó Lozano. “Pero el proceso es imparable”, concluyó.

Fotograma de 'Certain Women'. Imagen cortesía de Mostra La Ploma.

Fotograma de ‘Certain Women’, de Kelly Reichardt. Imagen cortesía de Mostra La Ploma.

Salva Torres

Daniel Torres convierte a la casa en personaje

La Casa. Crónica de una conquista, de Daniel Torres
IVAM
C / Guillem de Castro, 110. Valencia
Hasta el 4 de junio de 20174

“¿Qué pasa si empezamos a quitar cosas?” Y, tras la interrogación, Daniel Torres se plantea lo que ocurriría si quitamos la luz, el agua, el cuarto de baño, los electrodomésticos y, ya puestos, hasta la mismísima casa. “¿Qué tenemos? Tenemos a un ser absolutamente inválido, que no sabría qué puñetas hacer”. Entonces, “¿cómo ha sido esto de la casa?”. Y a responder al grueso de esta última pregunta es a lo que el creador de Roco Vargas ha dedicado seis años de investigación. Seis años que dieron como resultado la publicación de La Casa. Crónica de una conquista.

El IVAM le dedica su Caso de estudio presentando una selección de 100 dibujos originales y bocetos de tan intenso trabajo, acompañados de ocho pequeños electrodomésticos, que vienen a reflejar la evolución de ese hogar que ahora damos por hecho, pero que ha sido resultado de la conquista a la que alude el título del volumen editado por Norma Editorial en 2015. “Es una descripción de dónde ha vivido el ser humano durante 2000 años en Occidente”, explicó Torres. El ilustrador valenciano, en conversación con Álvaro Pons, destaca cómo “conocemos la historia de los países, la historia de los reyes, las guerras, la política, pero en las diferentes épocas, ¿cómo vivía la gente?”

Una de las obras de la exposición 'La casa. Crónica de una conqusta', de Daniel Torres, en el IVAM.

Una de las obras de la exposición ‘La casa. Crónica de una conqusta’, de Daniel Torres, en el IVAM.

La exposición que permanecerá en la Galería 3 del IVAM hasta el 4 de junio muestra ese modus vivendi a través del tiempo. Desde el neolítico, al Chicago de 1918, pasando por Roma, Atenas, Florencia y la Revolución Industrial, focalizada en el Londres de 1866, bajo el epígrafe ‘La ciudad devora a sus hijos’, Daniel Torres ofrece un recorrido por esas diferentes formas de habitar que hemos ido desarrollando los humanos. Y aunque estos figuran en algunos de los dibujos, Torres quiso dejar clara la importancia del fondo sobre la figura.

“Los creadores de novela gráfica trabajamos con personajes, que son entes dramáticos, pero pocas veces son los objetos y los espacios los protagonistas. Yo he querido que la arquitectura sea un personaje”. Y ahí están los grandes rascacielos de la edad moderna protagonizando la mayor parte de la exposición. Rascacielos que Torres explica asociados con el invento del freno para los ascensores: la seguridad de que ya no pudieran caerse, permitió a los fabricantes aventurarse a construirlos para que subieran hasta 30 plantas si era necesario. De ahí que la ciudad creciera hacia arriba sin cortapisas.

Ilustración de Daniel Torres en 'La Casa. Crónica de una conquista' en el IVAM.

Ilustración de Daniel Torres en ‘La Casa. Crónica de una conquista’ en el IVAM.

De estos y otros descubrimientos da cuenta Torres en La Casa. Crónica de una conquista, que resume en el IVAM mediante 100 dibujos. El sociólogo Jesús Ibáñez habló de esa conquista de la casa como efecto de la necesidad de protección que siempre hemos buscado los humanos. “Lo que protege es un techo, un tejido, un texto: lo que protege es, en definitiva, la técnica”, sostiene Ibáñez. Algo que Torres también subraya, tras descubrir el libro de Lewis Mumford Técnica y civilización: “Leyendo ese libro te das cuenta de que gran parte de los avances de la humanidad tienen que ver con la técnica”.

Daniel Torres, que ya formó parte de la exposición comisariada por Álvaro Pons en el IVAM bajo el título de Valencia Línea Clara, reconoce que la creación del Premio Nacional del Cómic hace 10 años ha sido el “espaldarazo definitivo” de la ilustración, hasta hace bien poco considerada una disciplina menor. José Miguel Cortés, director del museo valenciano, acoge de nuevo la obra de un ilustrador, porque a su juicio “no se puede entender la cultura visual del siglo XX y XXI sin los dibujantes de cómic”, que han encontrado en el IVAM su casa.

Las casas de Torres se muestran parceladas en viñetas, al igual que las paredes delimitan por dentro sus diferentes estancias. “La casa está cercada por paredes, que proporcionan amparo. Y la pared, como cualquier membrana, frontera o límite, divide el espacio-tiempo en dos zonas: un interior/pasado y un exterior/futuro”, argumenta Jesús Ibáñez. De ese futuro también ofrece alguna pincelada, a falta de mayor abundamiento, Daniel Torres: “La intimidad ha pasado de ser un concepto valorado a no serlo, sobre todo con las redes sociales, algo que no trato, pese a ser un buen apocalíptico”.

Daniel Torres en el IVAM.

Daniel Torres en su exposición ‘La casa. Crónica de una conquista’. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Fotográfica ha regresado para ser trienal

Fotogràfica
MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 28 de mayo de 2017

Carlos Pérez, entonces coordinador de exposiciones del MuVIM y hoy tristemente fallecido, avanzó en la tercera edición de Fotogràfica celebrada en 2010 que el certamen estaba “consolidado”, superando la treintena de exposiciones. Lamentablemente, se tuvo que retractar poco tiempo después, dándolo por finiquitado: “Nadie ha tomado el testigo”. Siete años después, la nueva dirección del MuVIM toma ese testigo, recuperando un certamen fotográfico que arranca con tres exposiciones en el propio museo y otras cuatro repartidas por diferentes instituciones y espacios de Valencia.

Rafael Company, director del MuVIM, también se lamentó de que el proyecto fuera abandonado por sus antecesores en el cargo. El jefe de Programación de Exposiciones, Amador Griñó, suavizó la crítica aunque reconoció que, efectivamente, “no fue una cosa que interesara”. Ahora sí. De manera que Fotográfica vuelve, eso sí con menos muestras que cuando se abandonó, y con carácter no bienal sino “trienal o uno por legislatura”, avanzó Griñó, quien también se desmarcó de las comparaciones con PhotoEspaña: “Somos Valencia”.

Vista de una de las exposiciones de Fotogràfica en el MuVIM.

Vista de la exposición de Leonardo Kossoy en Fotogràfica  del MuVIM.

En cualquiera de los casos, Fotogràfica arranca con fuerza, inaugurando tres exposiciones de gran calado protagonizadas por Agustí Centelles, Leonardo Kossoy y Bernardo Tejeda. De Centelles se muestran 116 fotografías de la colección particular de su hijo Octavi Centelles y de la Fundación Pablo Iglesias, además de publicaciones y revistas de la época que incluyeron trabajos del artista valenciano. Como señaló José Aleixandre, comisario de Tot Centelles, “Agustí fue uno de los primeros en utilizar la cámara Leika y el introductor de la fotografía moderna en España”.

Trece de esas fotografías se verán por primera vez en edición facsímil, mostrando el conjunto una visión de la España que va de 1934 a 1939, con muchas de las imágenes tomadas en plena efervescencia bélica. “En su primera etapa de free lance estaba a pie de campo y cuando silbaban demasiado cerca las balas se agachaba”, recordó su hijo Octavi durante el recorrido expositivo. En su repaso por las fotografías más señeras, se detuvo en la que recordaba a la de El beso de Robert Doisneau (“ésta de mi padre fue anterior”), o esa otra que también se asemejaba “a la de la niña del Vietnam quemada por el napalm”, mientras subrayaba algunos de los personajes famosos que aparecían en ellas, como Robert Capa o George Orwell.

El hijo de Agustí Centelles en la exposición de su padre.

Octavi Centelles, hijo de Agustí Centelles, en un apartado de la exposición de su padre.

La famosa fotografía de los guardias de asalto disparando detrás de una barricada de caballos, emblema de la fotografía de prensa de la Guerra Civil española, junto a la del miliciano muerto de Capa, “estuvo preparada”, señaló Octavi Centelles, recordando cómo su padre compuso la escena poco después de que sucediera, con los propios guardias escenificando lo sucedido segundos antes.

Imágenes de la exposición.

Imágenes de la exposición de Leonardo Kossoy en Fotogràfica del MuVIM.

También impactantes son las fotografías de estudio de Leonardo Kossoy, en las que muestra en gran formato los cuerpos desnudos de una pareja. “Planteo los miedos, las dudas, los deseos y la lucha por acercarse al otro”, explicó el artista. El también fotógrafo Pedro Hernández criticó la ausencia de erotismo en la exposición, cosa que tanto Griñó como el propio Kossoy reconocieron: “Me limité pensando hasta dónde podía llegar de cara al público”, indicó el artista, quien afirmó extrañado cómo su obra fue prohibida en Brasil. “Me gustaría hacer una exposición más pornográfica, porque yo veo poesía en el acto amoroso”, agregó.

Y ya puestos, es sin duda la de Bernardo Tejeda la que más se aproxima a ese carácter erótico lindando con lo pornográfico. “No sabría decir cuál es la diferencia”, sostuvo Kossoy. En [una] trilogía de la conducta Tejeda utiliza las tecnologías de edición para ampliar el cuerpo desnudo fragmentado en imágenes porosas. Escorzos, pliegues de la piel, vello de asombrosa nitidez e incluso dientes hurgando en el sexo, componen esa coreografía bacanal de gran impacto visual. El Centre del Carme, con la obra del artista Giancarlo Cauteruccio; Railowsky, con María Antonia García de la Vega; la Biblioteca Pública de Valencia, exhibiendo fotografías de Joaquín Collado, y la sede de Agfoval, reuniendo a José Gresa y al propio Collado, completan el retorno de Fotogràfica.

Vista de la exposición de Leonardo Kossoy en Fotográfica del MuVIM.

Vista de la exposición de Leonardo Kossoy en Fotográfica del MuVIM.

Salva Torres