#MAKMAAudiovisual
‘The Room’, ‘The Beautiful Voyage’ y ‘I Saved my Belly Dancer’, de Youssef Nabil
‘L’appel du Large’,
Galerie Mohamed Drissi
52, Rue d’Angleterre, Tánger
Photo Tanger
Festival Internacional de la Imagen
Hasta el 31 de agosto de2026
Hay artistas que consideran que “solo se escribe bien de lo que no hemos vivido”, como cree el escritor Remy de Gourmont. En cambio, otros, como el fotógrafo y el cineasta egipcio Youssef Nabil, piensan que el artista debe partir siempre de sus vivencias: “Todo mi trabajo, ya sea la técnica o los temas, proviene de mi experiencia personal. Viene de la experiencia con la que estaba en contacto y lo que la vida me ofrecía allí”, refiriéndose a su ciudad natal, El Cairo.
Una experiencia personal arraigada al cine y, en concreto, a los carteles de las películas pintados a mano que empapelaban las calles de El Cairo en su niñez y cuyos colores apelaban a su mirada, ajena a cualquier intención artística, en esos momentos.
Sin embargo, como el propio artista explica en sus entrevistas, fueron una influencia en su hacer artístico futuro: “Lo que me inspiró a pintar mis fotos vino de Egipto. Cuando era niño, me sentaba atrás en el auto de mi familia. Lo que más me gustaba era ver los carteles de las películas por el camino”.
Y prosigue: “En El Cairo era importante el cine. Lo llamábamos ‘Hollywood en el Nilo’. Crecí viendo todos esos carteles de películas en las calles, todos pintados a mano. En nuestra casa, también teníamos muchos retratos familiares pintados a mano. Quería mantener eso en mi trabajo”.
Ya sabemos que para Youssef Nabil la experiencia y las vivencias personales empapan su obra. Más allá de la variedad temática y de los diferentes medios de expresión —fotografía, cine, escultura— que utilice, conserva su identidad y su peculiaridad estilística, porque la personalidad actúa de dentro hacia fuera, impregnando la expresión, sea esta la que sea, dejando la firma del autor.
Estamos, por tanto, ante uno de los artistas más interesantes e inquietos de la actualidad, ya desde sus primeras exposiciones fotográficas en 1990. Así, Nabil ha consolidado una mirada singular mediante la técnica de colorear con acuarela las fotografías en blanco y negro que realiza.
Su obra rememora, tanto en la temática como en el estilo, a la fotografía fija y a los carteles de rodaje que las grandes majors cinematográficas exhibían en los cines como reclamo publicitario para atraer a los viandantes.
Son imágenes que, en definitiva, evocan con nostalgia la edad de oro del cine. Junto a esta colección de fotografías, su obra se complementa con numerosos autorretratos enmarcados en la esencia del mar, los cuales sugieren sentimientos de desplazamiento y permanencia en ese territorio emocional de Egipto y del Mediterráneo.

Ahora bien, aunque el trabajo artístico de Youssef Nabil está enfocado principalmente en la fotografía, en 2010 amplió su actividad creadora hacia el universo fílmico con la película ‘You Never Left’. De este modo, el público que asista a esta primera edición de Photo Tanger, Festival Internacional de la Imagen, tendrá la posibilidad de ver tres piezas de su obra audiovisual en la Galerie Mohamed Drissi: ‘The Room’ (2025), ‘The Beautiful Voyage’ (2021) y ‘I Saved My Belly Dancer’ (2015).
Y, a pesar de ser otro medio de expresión, estas videocreaciones conservan la huella particular de la mirada de este autor. Una marca en cada fotograma, al igual que en cada fotografía, que denota ciertos rasgos de la estética postmoderna. Esta muestra audiovisual es cien por cien Youssef Nabil.

Cada una de estas piezas trata una temática diferente. En la primera, ‘The Room’, Youssef Nabil, junto a la artista y performer Marina Abramović, explora el tema de la muerte, de la partida y la fragilidad de la existencia.
A través del personaje-ángel, interpretado por Abramović, el artista debe despertar de la vida-sueño para bajar al inframundo. En ella, se percibe la vida como una transición y la muerte como una metamorfosis.
En la segunda, ‘The Beautiful Voyage’, Nabil y la actriz Charlotte Rampling, quienes interpretan a una madre y a un hijo, indagan sobre el sentido de la vida y sobre la relación dual e imaginaria materno-filial. Una obra empañada por un tono intimista y autobiográfico bajo el ritmo aclamatorio de la voz de Rampling recitando uno de los poemas favoritos de Nabil, ‘Ítaca’, del poeta Constantino P. Cavafis.

Y, por último, ‘I Saved My Belly Dancer’, interpretada por Salma Hayek y Tahar Rahim, es un homenaje poético a la fascinación de Youssef Nabil por las bailarinas de la danza oriental y los vínculos complejos y pasionales que el director mantiene con su tierra natal.
Mediante una estética propia de la edad de oro del cine egipcio de los años 50, la historia muestra, con una pátina surrealista e irónica, a un hombre dormido (Tahar Rahim) que sueña con un Egipto glamuroso y fastuoso, en vías de desaparecer, y a una bailarina (Salma Hayek) que le ofrece un último destello de belleza, a través de una danza oriental, para tranquilizarlo y mostrarle que su mundo no ha desaparecido por completo. Al final de la historia, ambos cabalgan por ese desierto americano de Monument Valley, representado por John Ford en sus películas.

Grosso modo, podríamos decir que estas piezas, impregnadas de un surrealismo paródico, exploran el desarraigo, el exilio, la memoria, el sentido de la vida y de la muerte, temas todos ellos recurrentes en la obra de Youssef Nabil.
Ahora bien, serán los trazos estilísticos inherentes al arte postmoderno los que anuden y resalten la idiosincrasia temática de cada pieza. Se trata de videocreaciones rubricadas con una mirada melancólica hacia el hacer cinematográfico clásico que deconstruye a través de la imitación irónica del pastiche, con una ornamentación kitsch que se plasma en la paleta de colores saturados y pasteles, y una puesta en escena teatral, tanto visual como auditiva, que remarca una representación de mascarada nostálgica.
A modo de colofón, se podría decir que la extraordinaria singularidad de la obra de Youssef Nabil está en ese aire pasional de excesiva irrealidad neobarroca, tal y como la entiende el semiólogo Omar Calabrese en su libro ‘La era neobarroca’: una era caracterizada por el exceso formal, el gusto por el artificio y la inestabilidad de las fronteras estilísticas que caracterizan cierto arte de nuestra época.
Diríase, por tanto, que para Nabil es justamente ahí donde late el verdadero motor de su arte: en esa excesiva ornamentación de la puesta en escena que le lleva a transformar la nostalgia de su infancia en un juego infinito de espejos y texturas.

