Metrópoli, un instante solidificado

‘Con-vivencias urbanas’, de José Juan Gimeno
Galería Alba Cabrera
C / Felix Pizcueta, 20. Valencia
Inauguración 26 de enero de 2017 a las 20h

En un mundo tan convulso como apasionante, la coexistencia pacífica y armoniosa en las ciudades nos remite a los espacios de con-vivencia que propone José Juan Gimeno (Valencia, 1961) en esta exposición. La singularidad marca el límite entre lo público y lo privado; desdibuja la realidad de lo cotidiano en un envite anónimo que se resigna a interpretar aquellas curiosidades que esconde ante los ojos fascinados del espectador. Esto no es una ciudad, es la ciudad por donde el artista deambula observando cuando la ciudad enmudece y el ocaso asoma, y aguarda hasta que todo y el todo silencian su actividad para dejar la vida solidificada y captar ese instante. Gimeno, apuesta por una soñada quietud donde la linealidad del trazo ordenado del lienzo o soporte se yuxtapone y este ejercicio requiere que el artista agudice sus sentidos “en una búsqueda donde la poética de lo privado y el lugar de paso marca una sinfonía pictórica”, en sus palabras.

Lo primero que observamos es la intencionada ausencia humana, una acción inactiva que cubre de misterio su aguda mirada de la metrópoli. José Juan Gimeno intercala y superpone iconografías donde modula, por ejemplo, dos estaciones que indican la salida y la llegada con dos puntos geográficos distantes en más de 300 kilómetros de distancia. A nuestra imaginación se le otorga el encargo de realizar el recorrido que une a dos ciudades o a dos barrios, en segundos, facilitando en una misma instantánea esta quimera fantástica. Esta particular visión de congregar en una misma obra dos ubicaciones, como se señala, y proponer líneas como ‘excusas visuales’ es una realidad capaz de establecer vínculos cercanos al imaginario cubista.

Se nos descubren escenografías en un paseo que se detiene donde los espacios recobran el anonimato que el antropólogo francés Marc Augé (1935) denominó como “no-lugar”: esos lugares donde la transitoriedad carece de importancia para ser verdaderos “lugares”. José Juan Gimeno convierte lo urbano en un tema recurrente y coincide con Augé en fijar su foco en la configuración de los espacios, esos espacios donde se han definido sin duda por el transitar inexistente de individuos en el momento captado en una iconografía muy característica en su obra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

Una de las piezas de José Juan Gimeno. Imagen cortesía Alba Cabrebra.

¿Cuál es el sentido de la persistencia de las ventanas que aparecen diseminadas a lo largo de estas pinturas? las ventanas son el elemento que Gimeno utiliza como verdadero ‘paréntesis’, moratorias de las conjeturadas cotidianas y, al mismo tiempo, una extensión de su vida interior recluida a un segundo plano y exponiendo la fachada como plano principal. El literato griego Constantino Kavafis (1863-1933), afirmaba: “Sin darme cuenta me encerraron fuera del mundo”, y es en su mundo donde José Juan nos muestra un mismo patrón que se repite en casi toda la obra de esta exposición: parte de una imagen de un lugar público (tienda, museo, aeropuerto, estación de trenes… ), y la fusiona con un edificio o vivienda particular pero con una forma de acción inactiva. En el cuadro en el que no aparece el espacio público, esa imagen está próxima a una estación o lugar de tránsito que busca sin duda esas Con-vivencias urbanas. La ventana es un motivo visual, es un instante, una escena o un momento significativo donde el tiempo es el comensal del espacio de arte.

Asoma una manifiesta coincidencia que recuerda a la codificada modernidad líquida que el sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío, Zygmunt Bauman (1925- 2017), acuñó en la década de los 90. La “modernidad líquida” describe un mundo contemporáneo en un flujo donde los individuos subsisten sin raíces y son despojados de cualquier signo de referencia imaginable e incluso son obviados hasta ser invisibles e inexistentes, como en el caso de las Con-Vivencias Urbanas que dan título a esta muestra. Tanto en las obras de Bauman como en la  obras de José Juan Gimeno, se explora la fragilidad de la conexión humana en su tiempo, sin importar a qué siglo referencia cada uno, poniendo de manifiesto la inseguridad que crea un mundo en constante cambio. La vida dentro del proceso por el cual el individuo pasa a integrarse en el engranaje de una sociedad cada vez más global /local/ glocal, turba la identidad fija y la hace maleable, indivisible este proceso que arrastra la vida. Se torna voluble inquietando hasta tal punto al artista que se cuestiona el desintegramiento de las sociedades colectivas.

En este espacio es donde la con-vivencia de cada día asoma por la ventana en una cambiante fisonomía que adecua a los tiempos y a los habitantes. En una quietud vertiginosa ubica una identidad escurridiza en donde esconde y replica su individual dependencia del otro, y es ahí donde se encuentra la esperanza de crear condiciones de crecimiento sostenible, aumentar la conciencia colectiva positiva por el bien individual a partir del común, en unos versos donde pinceles, materiales y pigmentos trazan y dibujan pura poesía. La técnica que utiliza el artista es acrílico sobre tabla y serigrafía sobre metacrilato, esto le permite crear estratos que integran la entidad del conjunto y fingen el nivel social. El pintor considerado italiano, aunque nacido en Grecia, Giorgio de Chirico (1888-1978), representa obras dentro de la propia obra, característica propia del surrealismo, y aquí podemos establecer un vinculo cercano a José Juan Gimeno, ya que ambos invitan al espectador a participar dando un sentido final de lo representado en cada obra.

Imagino al artista preocupado por la propuesta de una nueva ciudad, la Smart City – ciudad inteligente-  como resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Tal vez esta nueva metrópoli necesite más que nunca humanizarse y convivir con sus ciudadanos digitales, una ciberciudadanía donde la comprensión de asuntos humanos, culturales y sociales relacionados con el uso de las tecnologías conquiste a los pinceles de Gimeno.

Chele Esteve Sendra

Las «promesas» de Vicente Tirado

Vicente Tirado, «A Promise»
TEST. Muestra de arte y creatividad
El Convent, Espai d’art
Carrer Hospital, 5, Vila-real, Castellón
Hasta el 1 de mayo de 2016

Las fórmulas de desarrollo económico y de bienestar se fundamentan en la acumulación de riqueza, que llegadas a un punto de inflexión han perdido por completo la ponderación necesaria que permita cierto equilibrio. En buena medida en el trasfondo del asunto se encuentra la idea de la consecución de la felicidad individual mediante la representación del éxito, en equivalencia al poder económico alcanzado. Zygmunt Bauman[1] se pronuncia aclarando que la promesa de felicidad universal, y de cada vez más felicidad con el tiempo, llevó al Estado moderno a una especie de pacto social. El Estado se comprometía a distribuir los bienes, y los ciudadanos esperaban recibirlos. A cambio de los beneficios, los ciudadanos comprometían su lealtad al Estado; a cambio de sus servicios, el Estado esperaba que los ciudadanos se disciplinaran a sus órdenes. La expectativa de felicidad y de cada vez más felicidad llegó a ser la fórmula principal de legitimación de la integración social y la motivación principal de la participación de los individuos en cualquier esfuerzo colectivo o causa común. La industria iba a ser el principal vehículo para conducir a la humanidad hacia la felicidad. Se esperaba que pusiera fin a los anhelos, el hambre, la miseria, la pobreza. Apoyada por la ciencia y la tecnología, iba a hacer más fácil la vida, menos agotadora y más segura. Siempre estaba por hacerlo, pero al final siempre alegaba que no le era posible. La felicidad estaba condenada a ser siempre un postulado y una expectativa: su realización sería siempre una promesa, siempre a cierta distancia de la realidad. En base a esa promesa se desarrollan y mantienen políticas de expolio y sumisión territorial sobre amplias zonas del planeta que, como resultado del proceso de modernización compulsiva de las áreas desarrolladas, ha primado los fines sin valorar las consecuencias de los medios empleados, entendiéndolos como externalidades razonables. La explotación de recursos, territorios y personas genera contingentes forzados al desarraigo. El actual concepto de progreso se ha edificado sobre la levedad moral y discursiva, construyendo toda una argumentación que justifica la necesidad de adoptar un determinado modelo de desarrollo, sin reparar en los costes ambientales y humanos.

Vicente Tirado del Olmo. "A Promise". Cortesía del artista.

Vicente Tirado del Olmo. «A Promise». Cortesía del artista.

Vicente Tirado (1967, Castellón de la Plana) dirige la atención, mediante sus trabajos fotográficos, al paisaje como síntoma del contexto social y económico de nuestro tiempo. El territorio convertido en la principal materia prima de la que obtener riqueza, a veces mediante la explotación directa de sus recursos y otras por la apropiación de sus valores simbólicos, como promesa de unas determinadas cualidades con las que refrendar la venta de productos. “A Promise” muestra imágenes de naturaleza en estado salvaje, evocando el estado inexplorado del planeta antes de la aparición de la especie humana, ese lugar permanente de deseo. Con este trabajo Vicente Tirado aborda el poder de sugestión de las imágenes y su uso publicitario, para abrir una reflexión acerca del anhelo de naturaleza que caracteriza al individuo contemporáneo, cada vez más dependiente y rodeado de artificialidad. El deseo abstracto contenido en la idea de la naturaleza y del paisaje acaba convertido en una mercancía más, una herramienta de la que servirse a través de la publicidad para elevar al status de lo idílico a productos como los automóviles, a pesar de sus consecuencias ambientales. Las multinacionales que dominan ese mercado han evolucionado en sus mensajes de venta, sustituyendo progresivamente el resorte de lo sexual y la objetualización del cuerpo femenino por la representación del paisaje. El sistema, de forma inagotable, coloniza nuestros deseos y los comercializa. Tirado, a su vez, se apropia de los slogans de las campañas publicitarias de automóviles, que entran en diálogo con entornos naturales imponentes y, ahora sí, sin rastro de la mercancía.

Vicente Tirado del Olmo. "A Promise". Cortesía del artista.

Vicente Tirado del Olmo. «A Promise». Cortesía del artista.

Es inevitable pensar que la implantación de los procesos e infraestructuras industriales de producción tienen una relación directa en la degradación ambiental y en la nueva fisonomía del territorio, aunque parece que lo realmente peligroso es el uso que de ellos se realiza. La producción y el consumo de bienes y servicios mantiene una permanente tensión entre la obtención de mejores rendimientos empresariales y la competitividad de los mismos en el mercado. Partiendo de la creencia de que el individuo como tal posee la capacidad de elegir y marcar las tendencias de consumo, queda patente que en nuestro contexto la circunstancia de una carencia en el aprendizaje de valores de aprecio y respeto al medio natural, alimentado por décadas de omisión en el sistema educativo, configura un consciente colectivo regido por estímulos publicitarios dirigidos al consumo. Las consecuencias de ese proceso de transformación tiene efectos directos e indirectos sobre el medio ambiente y las personas. En esa espiral es necesario destacar lo superfluo de gran parte de las necesidades generadas por la economía postindustrial bajo la prioridad de garantizar su propia pervivencia. La cultura de consumo ha conseguido mercantilizar el aspecto de lo cotidiano hasta vaciar de contenido el disfrute de los hábitos sociales elementales, primando el tener y el parecer como hito de unas vidas más representadas que propiamente vividas. En esa tensión de fuerzas e intereses es fundamental el cuestionamiento personal y colectivo, para el desarrollo de capacidades críticas que nos rediman de estas décadas de banalidad.

José Luis Pérez Pont



[1] BAUMAN, Zygmunt. La sociedad sitiada. Fondo de Cultura Económica de Argentina, Buenos Aires, 2005.

Ana Peters y sus estereotipos femeninos

Caso de estudio. Ana Peters: Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta
Instituto Valenciano de Arte Moderno. IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 22 de noviembre de 2015

¡Ah, la sociedad de consumo! He ahí uno de los latiguillos usados a troche y moche para denostar la manipulación que ejerce la publicidad en los medios de comunicación de masas de las sociedades desarrolladas. Baudrillard, Debord, Lipovetsky, Bauman, Ramonet o Verdú, por citar algunos autores, la han desmenuzado mostrando el poder alienante de esa sociedad de consumo que, al parecer, nos quiere a todos objetos en el marco de la enfervorizada dinámica mercantil. De forma que estaríamos en manos de ese poder narcótico inyectado a través de infinitos estímulos visuales.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Uno de esos estímulos visuales es la mujer como objeto que encandila nuestra mirada. El IVAM dedica su Caso de estudio a Ana Peters bajo el título de Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta, exposición presentada al mismo tiempo que la de Colectivos artísticos en Valencia bajo el franquismo 1964-1976. Y lo hace para mostrar obras de su etapa inicial, precisamente focalizadas en esa crítica a la sociedad de consumo, en tanto potenciadora de ese carácter deseable y objetual de la mujer. El antifranquismo y cierto feminismo compartiendo, pues, parrilla expositiva en el IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Picas, de Ana Peters, en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

La treintena de trabajos que conforma la exposición de Ana Peters toma a la mujer como objeto deseable, para revelar lo que se esconde tras ese fondo hipnótico. Y lo que se esconde es un poder de seducción que conviene desactivar, como lo hace Peters, para que ese estereotipo femenino se resquebraje apareciendo el sujeto que la manipulación mediática diluye. De manera que junto a la mujer deseable, o en el contexto mismo de su deseabilidad, aparece la crítica como antídoto contra lo que, sin embargo, insiste en manifestar su poder: precisamente el carácter deseable de muchas de esas imágenes.

Fotograma de 'Margarita y el lobo', de Cecilia Bartolomé, en la exposición 'Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta' del IVAM.

Fotograma de ‘Margarita y el lobo’, de Cecilia Bartolomé, en la exposición ‘Ana Peters. Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’ del IVAM.

Ana Peters pone en cuestión esa feminidad objetualizada, para que en otros casos emerja la denuncia social. Denuncia completada por alrededor de 40 documentos, entre publicaciones feministas de la época de los 60, revistas que acogen esas imágenes estereotipadas de la mujer o la película de Cecilia Bartolomé Margarita y el lobo (1969). La comisaria de la muestra María Jesús Folch realizó un recorrido por el conjunto expositivo destacando su relación con el grupo Estampa Popular, los inicios de su modernidad y la crítica realizada por Peters hacia esa “mujer homogénea” que presentaban las revistas de la época.

Obra de Ana Peters.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Sorprende la candidez de las imágenes de aquella mujer de los 60 tomada como referencia mediática. En todo caso, Ana Peters dejó pronto aquel periodo crítico de su obra para centrarse con posterioridad en una abstracción de pinturas monocromas. La mujer homogénea no iba con ella. Aquellos estereotipos femeninos en la sociedad de consumo cubrieron una etapa de su vida que ahora el IVAM rescata. Lo hace casi 50 años después de algunas de aquellas creaciones. Creaciones que, pasado el tiempo, incitan a pensar de nuevo acerca de la sociedad de consumo y sus discursos estereotipados.

Obra de Ana Peters en la exposición 'Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta'. Cortesía del IVAM.

Obra de Ana Peters en la exposición ‘Mitologías políticas y estereotipos femeninos en los sesenta’. Cortesía del IVAM.

Salva Torres

José Medina Galeote REVISITED

Escena con significado al fondo

Según apunta Zygmunt Bauman, el hecho de que lo “displacentero” no tenga más que unos pocos días de antigüedad no es un argumento para la complacencia. Ya no hay razón alguna para medir la justicia de la propia condición buscando en la memoria; existen, no obstante, muy buenas razones para comparar la propia miseria con los placeres actualmente en oferta, de los que otros disfrutan pero que nos han sido negados a nosotros. La “injusticia” cambia su significado, ahora significa quedarse rezagado en el movimiento universal hacia una vida más placentera. La sociedad moderna proclamó el derecho a la felicidad: no era únicamente la mejora de las condiciones de vida, sino el grado de felicidad de los hombres y mujeres implicados lo que justificaría (o condenaría, en el caso de que ese grado se negara a ascender a alturas cada vez mayores) a la sociedad y todas sus obras. La persecución de la felicidad y la esperanza de que se produjera se convertirían en la motivación principal de la participación del individuo en la sociedad, y ya no dejarían de serlo. Al habérsele asignado semejante papel, la persecución de la felicidad no podía sino, antes o después, dejar de ser una mera oportunidad para convertirse en un deber y en un principio ético supremo. Aquellos obstáculos a los que se acusó de bloquear esa persecución, o sospechosos de bloquearla, se convirtieron entonces en el sistema de injusticia y en una causa legítima de rebelión.

José Medina Galeote. Artista invisible dispara, 2011. CAC Málaga. Cortesía del artista.

La realidad se ha transformado progresivamente en el páramo de lo relativo, las certidumbres absolutas son cada vez más escasas y, en ese terreno pantanoso, la sociedad civil ha optado hasta el momento por ponerse a cubierto mientras se oye, de fondo, el sonido de los temidos tambores. José Medina Galeote, con Artista invisible dispara, plantea “una metáfora contemporánea y a la vez una declaración de intenciones” dirigida a indagar el terreno del engaño, de las dobleces que se escenifican en la vida pública y de cómo su efecto llega a los ámbitos de lo privado. El artista desplegó un torrente de actividad, apropiándose de uno de los espacios expositivos del CAC de Málaga, a través de una gran instalación que tiene como eje un importante trabajo de pintura mural realizado in situ. Su obra se convierte en una gran trama, que nos sitúa en una escenografía cargada de referencias bélicas. Mientras la masa prosigue su travesía en el desierto, exhausta por el esfuerzo en el que –de nuevo- se ha convertido la superviviencia, todavía con la adicción por lograr los recursos que le permitan adquirir la mayor cantidad posible de bienes de consumo, cuyo engañoso objetivo es lograr una felicidad que paradójicamente se aleja en el horizonte cuanto mayor es el empeño del individuo.

José Medina Galeote. Artista invisible dispara, 2011. CAC Málaga. Cortesía del artista.

La guerra ha sido históricamente entendida como el mayor acicate posible a la economía, una gran maquinaria que produce riqueza al estimular la producción de armamento, a la vez que siembra una cosecha de destrucción que obliga a una reconstrucción posterior. Las potencias mundiales mantienen puntualmente viva la llama del conflicto bélico, activando oportunas discordias que tratan de legitimar ante la opinión pública mundial la necesidad de una intervención armada. El uso del lenguaje, el modo de alterar el significado de las palabras para relatar unos hechos más acordes a los intereses de las partes, logra capitalizar las ventajas de los discursos más populistas. Los sucesos que narran la realidad internacional, a través de los medios de comunicación de masas, no son la suma casual de acontecimientos objetivos, son el resultado de un relato construido por especialistas de los gobiernos más poderosos del mundo, aliados frecuentemente con las grandes factorías de la ficción cinematográfica.

“Por las calles de una ciudad devastada por la guerra, un grupo de niños reunidos cerca de un campo de fútbol le avisa de que hay minas por los alrededores. Una mujer le acusa de haber matado a su marido. Se pregunta si el hombre que avanza sobre un carro tirado por un burro es el mismo individuo al que busca su comandante por contrabando de explosivos. Graffitis en árabe sobre los muros de los edificios le hieren con sus letras extrañas. ¿Cómo reaccionar? Le quedan cinco minutos. Su radio le recuerda que hay que actuar rápido. Se acuerda de su misión: Desconfíe de todo y de todo el mundo. No crea nada ni a nadie. Pero que sepan que está ahí y en guardia”. No es el guión de una película bélica, es un videojuego sobre el entrenamiento de los soldados norteamericanos en Irak. Fue concebido por el Institute for Creative Technology, un centro de investigación fundado en 1999 por el Pentágono en la Universidad de California del Sur.

José Medina Galeote. Artista invisible dispara, 2011. CAC Málaga. Cortesía del artista.

Ciertamente conviene desconfiar, los sentidos nos confunden con frecuencia. Toda una poderosa estructura de creación de significado trabaja para construir una narración en la que poder incorporar las expectativas vitales de millones de personas, conformando discursos que imanten nuestra voluntad. Medina Galeote ha recreado a nuestro alrededor su particular storytelling, desplegando una trama con suficientes trazos como para que el espectador pueda insertarse y completar el relato.

José Luis Pérez Pont

La ciencia también es cosa de mujeres

Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias
Comisariado: María Carmen San Julián y Natalia Torres
Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero
Palau de Cerveró de la Universitat de Valéncia
Plaça de Cisneros, 4. Valencia
Hasta el 9 de enero de 2015

Para que la corrección política no convierta este tipo de exposiciones en un afirmativo cabeceo de incredulidad (¿cómo es posible que tal cosa suceda?), habría que seguirle el rastro a Zygmunt Bauman cuando se puso a analizar el fenómeno del Holocausto. De manera que, como expresó el sociólogo, “el examen de las culpas” no disfrace la “investigación sobre las causas”. Que la sociedad patriarcal sea culpable de buena parte de la discriminación de la mujer resulta, a estas alturas, insuficiente a la hora de abordar tal fenómeno. Salvo que lo que pretendamos sea levantar una venda para poner otra.

Una de las citas recogidas en el 'túnel de tópicos sexistas' de la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Una de las citas recogidas en el ‘túnel de tópicos sexistas’ de la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

Valga la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ como recordatorio de un hecho palmario: el silencio en torno a la gran contribución de las mujeres al progreso de las ciencias y la tecnología. Pero se hace ya necesario, cuando proliferan las muestras de desagravio, transformar el victimismo en análisis más profundos acerca de las múltiples causas que lo fundamentan. De no hacerlo así, caeremos en la complaciente empatía. Algo que mujeres como Marie Curie, Hannah Arendt, María Zambrano, Grace Murray Hopper, Barbara McClintock o Mary Wollstonecraft no perdonarían.

Y no digamos nada si hablamos de James Miranda Stuart Barry, cirujano del ejército británico, cuya autopsia reveló que en realidad era Margaret Ann Bulkley (1795-1865), que se hizo pasar por hombre para poder ingresar en la universidad, su gran sueño. Su lucha, como la de otras muchas mujeres que aparecen en la exposición del Palau de Cerveró, perdería fuerza si la rebajamos al complaciente recordatorio en lugar de, como hicieron ellas mismas, reivindicar la pasión por el conocimiento.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró.

Fotografía de Rita Levi-Montalcini, sonriente, en la exposición ‘Trencant barrees. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró.

La exposición ‘Rompiendo barreras. Mujeres y ciencias’, comisariada por Carmen San Julián y Natalia Torres, se hace eco de las numerosas mujeres que dejaron su huella en la ciencia. Y lo hace al modo de un paseo repleto de dificultades, las mismas que las propias mujeres debieron en su día sortear. Así, el espectador avanzará por entre una serie de barreras o instalaciones, para ir abriéndose camino de las oscuras frases pronunciadas contra las mujeres a la rotunda claridad de sus trayectorias profesionales. Fotografías y paneles que revelan el sobresaliente papel de esas mujeres en el terreno de la ciencia.

En el “túnel de tópicos sexistas”, según expresión de las comisarias, se pueden leer frases como ésta: “La mujer es, reconozcámoslo, un animal inepto y estúpido, aunque agradable y gracioso” (Erasmo de Rotterdam), o el más coloquial “Eso es cosa de mujeres”. Brigitte Bardot, quien sabe si espoleada por esos tópicos, contraatacó en su día de esta manera: “Cuanto más conozco a los hombres, más me gusta mi perro”.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición 'Trencant barrees. Dones i ciències', que acoge el Palau de Cerveró.

Instalación con prendas y objetos patentados por mujeres, con video al fondo, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’, que acoge el Palau de Cerveró.

Tras el túnel oscuro de los comentarios despreciables, la exposición se abre a un bosque de imágenes que cuelgan como frutos de esa ciencia desarrollada por mujeres. Entre las fotografías, destacan las de Rita Levi-Montalcini, Nobel de Medicina, Hedy Lamarr, reconocida como actriz pero menos conocida por su faceta como ingeniera, Hipathia de Alejandría, una de las primera matemáticas, o las citadas Barbara McClintock, que descubrió el primer mapa genético del maíz, Marie Curie, dos veces Premio Nobel por sus contribuciones en física y matemáticas, Hannah Arendt y Simone Weil, como destacadas filósofas.

En la instalación de objetos colgantes, el espectador descubrirá las sorprendentes patentes del sujetador moderno obra de Mary Phelps, del limpiaparabrisas, inventado por Mary Anderson, del pañal desechable de Marion Donovan o del corrector líquido Liquid Paper que patentó Bette Nesmith, por citar algunos de los hallazgos. ‘Rompiendo barreras’ se completa con un audiovisual y un taller didáctico que sirven para hacer memoria del largo y tortuoso camino recorrido. Una muestra impulsada por la Universitat de Valéncia y el CSIC, en la que supone la última colaboración entre ambas entidades en el Palau de Cerveró.

Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición 'Trencant barreres. Dones i ciències' que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Fotografía de Hedy Lamarr, que además de actriz fue ingeniera, en la exposición ‘Trencant barreres. Dones i ciències’ que acoge el Palau de Cerveró de la Universitat de València.

Salva Torres

Ver visiones: la juventud

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Darío Villalba (Galería Luis Adelantado) / Amparo Tormo (Galería Thema)
CIS: Los problemas de índole social / Los problemas relacionados con la juventud

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obras de Amparo Tormo en Ver visiones. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Sería por el año 1994 cuando leyendo el diario autobiográfico de Peter Bayne, se despertara en mí la curiosidad y me levantase a rebuscar en el último cajón de mi escritorio. «¡Bien! Encontré la regla». Decididamente, con la intención de comprobar si la investigación del médico americano que señalaba el protagonista era verdad, me bajé el pantalón, seguido de mis calzoncillos, y coloqué la regla sobre mi pene. El protagonista hablaba de la existencia de una correspondencia entre la edad de los chicos u hombres y la longitud del pene. «Puedo estar tranquilo, el mío entra en la media». El libro Diari d’un jove maniàtic se convirtió en una especie de guía de salud y, sobre todo, de sexualidad para parte de los jóvenes que cursaban la asignatura de valenciano en la década de los noventa. En él se trataban de una forma divertida los problemas y dudas que tienen los jóvenes.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Vista de sala con obras de Darío Villalba y Amparo Tormo en Ver Visiones. Imagen cortesía de los artistas y galerías Luis Adelantado y Thema.

Pero más allá de estas anécdotas juveniles, se suele pensar que los jóvenes adolescentes, tanto los de antes como los de ahora, se preocupan sobre todo por temas relacionados con la sexualidad –la masturbación, la pérdida de la virginidad, el interés por cuidar o resaltar el propio atractivo–. Y quizá sí haya algo de cierto en ello, de hecho, la iniciación en la práctica sexual en el colectivo juvenil es cada vez más prematura con un alarmante aumento de riesgos como los embarazos o el contagio de enfermedades. La necesidad de conocer y experimentar con el propio cuerpo y con el del otro, así como de establecer la identidad sexual y de género son cuestiones necesarias para la constitución de nuestro yo, que ahora se nos muestra múltiple y mutable. Sin embargo, si acudimos al Informe de la Juventud de España de 2012 es significativo que entre los aspectos más relevantes que afectan a la gente joven, la sexualidad se sitúa por detrás de cuestiones como la amistad, la familia, la salud, el trabajo, el ocio, los estudios o el dinero. La particularidad es que estos valores son tratados desde una posición individualista, hedonista, donde se da prioridad al aquí y ahora, y se desea retrasar cualquier responsabilidad. Estamos inmersos en una sociedad de yoicos o sociedad del yo, siguiendo al sociólogo alemán Ulrich Beck.

Vista de sala con obras de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obras de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

En el trabajo más reciente de Darío Villalba, lo carnal y lo sexual –como parte fundamental de la realidad del ser humano– aparece de una forma más rotunda y evidente. La insistencia por encontrar ese deseo (sexual) en la vida misma, así como su interés por el cuerpo y el placer, consecuencia de su experimentación, le ha llevado a recurrir a imágenes de chicos jóvenes y atractivos. Tanto el políptico Homeless doble (2009) como en el de Picadilly Rent (2013) presentan una composición y un lenguaje muy similar: el rostro de un joven se repite en varias ocasiones y se acompaña de imágenes del sexo del retratado. Villalba pinta con imágenes fotográficas todo el poder e intensidad emocional de las figuras, captando todo su exceso. Aunque siempre abordado desde una visión metafísica en el que los temas existenciales y los conflictos vitales de este mundo se manifiestan. Si bien, advertiremos que en ambos casos se trata de seres límite o marginados: un doble retrato sonriente de un joven rubio que dormía en la calle y un chapero adolescente del Picadilly Circus. Individuos que, en definitiva, han sido excluidos por su miseria física y existencial.

Vista de sala con obra de Darío Villalba. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Vista de sala con obra de Darío Villalba en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Luis Adelantado.

Los principales problemas de exclusión social de los jóvenes a día de hoy son el paro y los problemas eco­nómicos. Muchos jóvenes españoles se ven actualmente empujados hacia el abismo. Según la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2013 más del 55% de los jóvenes se encuentran en paro (el doble que la tasa de desempleo en 1999), siendo el colectivo más castigado por la crisis económica. De los que el 15,6% ni trabajan ni estudian o como bien indicaba José Luis Sampedro, “ni tiene nada ni aspira a nada”. Como consecuencia de esta situación, más de la mitad de los jóvenes viven actualmente en casa de sus padres sin conseguir emanciparse. A esto hay que sumarle la precarización de los con­tratos, la disminución del salario medio y el recorte de las horas laborales. La idea que prevalecía en las generaciones pasadas de relacionar empleo con seguridad ha desaparecido. Ya no existe un trabajo de por vida, ni opciones donde elegir, lo que provoca una ruptura generacional, expulsando a los jóvenes del sistema. Así, estos se ven sumidos dentro de profundos cambios e incertidumbres, en los que la deriva, según Zygmunt Bauman, se presenta como una de las características de nuestro tiempo.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

La incertidumbre causada por no saber a qué nos enfrentamos es un recurso particular en el trabajo de Amparo Tormo. La artista produce un extrañamiento entre sus obras y el espectador a partir, no sólo de la confusión por no reconocer a simple vista los materiales utilizados, sino también por las composiciones que elabora. En su pieza La duda (2010) provoca una tensión pues la estructura principal –una figura rectangular de dm lacada en negro– aparece en un equilibrio aparente al quedar suspendida casi en el aire. Sobre ella se apoyan diversas placas de metal que refuerzan esa idea de inestabilidad. En la segunda obra seleccionada, el “elemento peso” condiciona la dirección de la línea, formando un ángulo de 90º. Le interesa enfatizar el espacio creado entre las diferentes piezas con el fin de contraponer la sensación de pesadez –aquello evidente– e inestabilidad –aquello imprevisible–. Las trayectorias, que para los jóvenes antes eran claras y fijas, ahora se mueven en un contexto de gran vulnerabilidad y precariedad. Los referentes se han desdibujado o, como en los dibujos de Tormo, tachados o silenciados. Ahora sólo cabe empezar de nuevo, plantear alternativas, que ni los mismos adultos ni las instituciones saben. Y mientras tanto, sólo queda resistir.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

Vista de sala con obra de Amparo Tormo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía de la artista y Galería Thema.

José Luis Giner Borrull

El graffiti coge velocidad en Mr. Pink

‘Ultra Dinámica’, de Felipe Pantone y Demsky
Galería Mr. Pink
C / Guillem Castro, 110 . Valencia
Hasta el 7 de febrero

La actriz Gwyneth Paltrow y su novio Chris Martin han comprado esta semana una obra de Banksy, el más famoso graffitero, por medio millón de euros. Al cantante Justin Bieber le dio recientemente por pintar en el muro de una calle durante su gira por Australia, en un país que pena con siete años de prisión a quien ejerza esta práctica callejera. Ya hay hasta certámenes de graffiti, como el de Linares, y espacios de solera, como la pionera Tate Modern de Londres, que acogen exposiciones dedicadas al arte urbano. ¿Estamos ante un boom del graffiti? ¿Ha pasado de ser un “acto vandálico” a convertirse en arte que cotiza al alza? ¿Ha dejado de tomar a las paredes de la ciudad como exclusivo lienzo de su práctica artística, para ocupar las paredes más prestigiosas de galerías y museos?

Obra de Felipe Pantone para la exposición 'Ultra Dinámica'. Imagen cortesía de Mr. Pink

Obra de Felipe Pantone para la exposición ‘Ultra Dinámica’. Imagen cortesía de Mr. Pink

La galería Mr. Pink no pretende responder a estas preguntas, pero sin duda las suscita con su exposición Ultra Dinámica. Dos de los más pujantes graffiteros valencianos, Felipe Pantone y Demsky, intervienen en cuatro paredes de la sala, para dejar constancia de la efervescencia del arte urbano en los últimos tiempos. Aunque Pantone precisa: “El graffiti es un movimiento de hace 40 años y se ha empezado a valorar ahora, quizás porque no quedaba más remedio”. Al igual que distingue entre graffiti y arte urbano. El primero es “más cabrón, de nosotros para nosotros, muy hermético y cerrado”. El segundo, “se ha vuelto muy complaciente, más blando; el que gusta a las madres”.

Una de las obras urbanas de Felipe Pantone. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Una de las obras urbanas de Felipe Pantone. Imagen cortesía de Mr. Pink.

PUNTO DE LOCURA

Demsky no tiene tan clara la distinción. “El graffiti es una manera de expresión, sin fin lucrativo”. Del arte urbano dice que no lo ha llegado a comprender del todo. Eso sí, aclara que, en todo caso, “el arte no conlleva los riesgos que tiene el graffiti”. Quizás por estos riesgos que asume el graffiti, es por lo que Demsky piensa que se trata de una práctica “atractiva” en tanto resulta “algo ilegal”. Lo cual explicaría a su vez las disparatadas cifras pagadas por algún Banksy, tal y como ha sucedido con la reciente subasta de su globo a modo de corazón lleno de tiritas que ha costado a Gwyneth Paltrow y su novio 500.000 euros. “El arte en general tiene este punto de locura”, remacha Pantone.

Obra de Pantone y Demsky en Ucrania. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Pantone y Demsky en Ucrania. Imagen cortesía de Mr. Pink.

La propuesta que Pantone y Demsky trasladan al interior de la galería Míster Pink sigue los dictados del Manifiesto Ultradinámico redactado por el propio Pantone y secundado por Demsky. Los 15 puntos del documento siguen cierta estela del movimiento futurista de Marinetti, sobre todo allí donde se subraya la importancia de la carrera, del salto mortal, de la eterna velocidad omnipresente. Y aunque el “cambio agresivo”, para violentar la “disolución de la tradición”, es elemento nuclear de lo Ultradinámico, el manifiesto de Pantone no llega a proclamar “la bofetada y el puñetazo” con el que Marinetti llegaba a “glorificar la guerra” y el “desprecio por la mujer”.

TIEMPOS EFÍMEROS

Lo que sí destaca Felipe Pantone es que el graffiti “es la máxima expresión de estos tiempos efímeros”. De ahí su apuesta por el Arte Cinético, el dinamismo, el movimiento y la atracción por esa velocidad omnipresente de los tiempos actuales. Un tiempo coherente, según recoge en su manifiesto, con la modernidad líquida (y aquí resuena Bauman), con sus relaciones transitorias y su condición desechable y efímera. Pantone se encarga de incorporar todas esas ideas a los dos murales con los que interviene las paredes de Mr. Pink, mientras Demsky hace lo propio en otra de las paredes, al tiempo que realiza una escultura de hierro. Se trata, como figura en el manifiesto, de “la incorporación en el espacio pictórico de la incertidumbre y la sorpresa”.

Obra de Pantone en Taiwan. Imagen cortesía de Mr. Pink.

Obra de Pantone en Taiwan. Imagen cortesía de Mr. Pink.

La reivindicación del graffiti como arte controvertido, en tanto busca apropiarse de la ciudad desde el anonimato y romper los parámetros del mercado sin renunciar a lo crematístico, hace de Ultra Dinámica un magnífico escaparate. Un escaparate que no alcanza las dimensiones de París, Berlín o Amsterdam (“yo vivo de lo que hago fuera”, dice Pantone), pero que sin duda dinamiza el espacio artístico.  Graffiti a toda pastilla, en tiempos de aceleración compulsiva.

Detalle de la obra de Felipe Pantone para 'Ultra Dinámica'. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Detalle de la obra de Felipe Pantone para ‘Ultra Dinámica’. Imagen cortesía de la galería Mr. Pink.

Salva Torres

93 miradas de frente: ¡eso sí es dar la cara!

Desaparecidos, de Gervasio Sánchez

Museu Valencià d’Etnologia

C / Corona, 36. Valencia

Hasta el 13 de octubre

Cuando los dirigentes políticos y militares toman decisiones enfebrecidos, pero al mismo tiempo hieráticos, por el ambiente caldeado de la guerra, suelen atender a intereses que excluyen la vida humana. Lo mismo vale para la guerra de guerrillas, el terrorismo o la famosa lucha armada. Queda excluida la defensa legítima ante la violencia del tirano. En todos esos casos, las víctimas lo son a título de inventario, tras haber sido objeto excusable de las más variadas felonías. El régimen nazi creó un departamento encargado de la destrucción de los judíos que se denominó Sección de Administración y Economía. No hay personas muertas, sino bajas y, lo que es todavía peor, desaparecidos.

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, en la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, en la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Por eso es tan singular el trabajo del fotoperiodista Gervasio Sánchez: porque le pone rostro a las cifras y, en el caso que nos ocupa, le pone rostro al colmo de la ignominia: los desaparecidos durante el combate. De las casi 200 fotografías y dos videos que ocupan el Museu Valencià d’Etnologia, entre primeros planos e imágenes que recogen restos humanos, exhumaciones o ceremonias funerarias, destacan los 93 rostros que, mirándonos de frente, muestran a su vez fotografías de seres queridos desaparecidos. Ese casi centenar de miradas frontales debería bastar para darle la razón a Freud: el primer enemigo de la civilización es el propio individuo animado por su primitiva tendencia destructiva.

Imagen de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Con ser mucho el dolor que muestran esos rostros, perplejos por el olvido con que la sociedad barre ese pasado de violencia, Gervasio Sánchez llega a una triste conclusión: “Mi trabajo apenas describe una parte ínfima del drama de los desaparecidos”. Y concluye: “Es poco menos que una lágrima en un gran río de silencio, desesperación y dignidad”. Para que ese río vaya a parar al más extenso mar, es necesaria la complicidad de mucha gente, expresada en ese silencio, aludido por Gervasio Sánchez, y que Albert Einstein explicó más o menos en estos términos: el peligro de la vida no está sólo en todos esos seres dispuestos a ejercer el mal, sino en todos los que se sentaron a ver lo que pasaba.

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Imagen del video de Gervasio Sánchez y Marta Palacín, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Gervasio Sánchez, con su exposición titulada precisamente Desaparecidos, no es de los que se sientan, sino de los que tratan de revelar la dignidad de todas esas personas desesperadas por el olvido hacia sus personas queridas, y durante tanto tiempo invisibles. Personas desaparecidas en Guatemala, Colombia, Perú, Argentina, El Salvador, Chile, Bosnia-Herzegovina, Camboya, Irak y, por supuesto, España. Y en este punto, Gervasio Sánchez se hace la siguiente pregunta: “¿Por qué son más valientes los guatemaltecos, los iraquíes o los bosnios que los españoles? Sus guerras fueron tan brutales como la nuestra. Sus transiciones tan complejas como la nuestra. Sus políticos tan viciados por el olvido y la comodidad como los nuestros. Pero ellos han avanzado y nosotros seguimos empantanados”.

Desaparecidos, más que una lágrima, aporta los rostros ajados de personas que ya han derramado, no una, sino cientos de lágrimas. Y ahí están, de pie, sosteniendo con dignidad las fotografías que recuerdan hasta dónde puede llegar la crueldad humana. Hipnotizados por las imágenes más placenteras de la sociedad de consumo, y completamente de espaldas a lo real de la existencia, parecemos inmunes al dolor ajeno, que no sea el amable y amortiguador acto caritativo. Conviene saber lo que Gervasio Sánchez muestra directamente y, sin embargo, desprovisto de espectacularidad morbosa: que basta escarbar un poco, para mostrar nuestras vergüenzas. En este caso, alrededor de 200. Imágenes que, además de provocar sonrojo, muestran igualmente el lado heroico de quienes las dignifican con su insistente presencia. Eso sí que es dar la cara. 

Detalle de una de las imágenes de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d'Etnologia

Detalle de una de las imágenes de Gervasio Sánchez, de la exposición Desaparecidos. Museu Valencià d’Etnologia

Salva Torres

¡Qué penas de muerte!

Las fosas del olvido. Eloy Alonso
Centre Cultural La Nau
C/ Universidad, 2. Valencia
Hasta el 1 de septiembre

El sociólogo Zygmunt Bauman se pregunta, en su libro Modernidad y Holocausto, “¿cómo fue posible tal horror?”. Y dedica las casi 300 páginas del libro a intentar explicarlo. Para ello, lo primero que hace es sortear un primer, y a veces insalvable, obstáculo: “Todo sucedió ‘allí’, en otro tiempo” y “cuanto más culpables sean ‘ellos’, más a salvo estará el resto de ‘nosotros”. Se refiere, claro está, al horror nazi, pero el fondo de la cuestión también afecta a nuestra guerra civil. Bauman se mete de lleno en un asunto que, más allá de la ideología en cuestión, sin duda potenciadora de ese horror, se centra en la pregunta esencial: “¿cómo fue posible tal horror?”

Y lo primero que deja traslucir Bauman es que el odio se fomenta por el cierre estricto en torno a una bandera, a una férrea adscripción identitaria, que tienen, como reverso, un chivo expiatorio al que arrojar toda esa violencia generada por cierta pureza de raza, de genética, de esencias patrias. Una vez inoculado ese virus, lo demás viene solo: explicaciones supuestamente racionales que motiven el odio al otro, cierta legalidad que permita ajusticiar al oponente, y un aparato burocrático que transforme los crímenes en rutina administrativa. “El departamento de la oficina central de las SS encargado de la destrucción de los judíos europeos se denominaba oficialmente ‘Sección de Administración y Economía”, subraya Bauman.

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Con algo parecido se encontró el fotógrafo Eloy Alonso, cuando al pasado año acudió al Archivo Militar de El Ferrol: “Entre más de cuarenta mil viejos y húmedos expedientes, encontré la huella dactilar [de su abuelo] firmando su pena de muerte”. Por eso dice que jamás ha visto su rostro en una fotografía. A su abuelo Gerardo González Iglesias lo fusilaron en las tapias del cementerio civil de Oviedo el 5 de marzo de 1938. Y esa huella dactilar representaba su último acto de resistencia y dignidad. “A veces”, cuenta Alonso, “los condenados a muerte se negaban a firmar sus condenas como última protesta y les obligaban a untar de tinta su dedo pulgar para dejar constancia legal de serles leída su sentencia”.

Cerca de una veintena de imágenes y un video, elocuentemente titulado Contra la impunidad, vienen a rescatar del olvido ese horror producto de la violencia ejercida contra muchas personas en la guerra civil, sin duda formando parte de la alargada sombra que recorrió Europa próximos al ecuador del pasado siglo. Eloy Alonso titula su exposición de La Nau, en el marco del III Festival Internacional de Fotoperiodismo PhotOn, Las fosas del olvido. Un conjunto de imágenes que contienen huellas indelebles de esos crímenes justificados por una causa ¿justa?

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Porque lo que se deduce de toda esa violencia guerrera, es que se desencadena siempre detonada por argumentos indubitables, que el otro jamás llegará a comprender. He ahí tan obtuso enfrentamiento. Eloy Alonso no sólo da fe de esa terquedad con imágenes repletas de fosas, muertes, cráneos, balas y descubrimientos telúricos, sino con pertenencias personales de desaparecidos durante la guerra, postales y periódicos que aluden a tan sangrante periodo bélico. En el video Contra la impunidad, personajes de la cultura prestan su voz y su rostro como testimonio vivo de buena parte de aquella memoria sepultada: Juan José Millás, Pilar y Javier Bardem, Pedro Almodóvar, Miguel Ríos, Juan Diego y Aitana Sánchez Gijón, entre otros. Más allá de su escorada representación izquierdista, sin duda lógica si tenemos en cuenta la mayor saña nacional, lo interesante de Las fosas del olvido radica en su fondo telúrico, necrófilo, siniestro: “¿cómo fue posible tal horror?” Responder a esta pregunta exige ir más allá de las pasiones ideológicas, para adentrarse en la pulsión de muerte que anida en todos nosotros. De lo contrario, esas fosas del olvido que muestra Eloy Alonso seguirán siendo pasto de encendidos y rabiosos comentarios.

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Las fosas del olvido, de Eloy Alonso. PhotOn Festival. La Nau

Salva Torres

2T4: proyectos de tránsito en La Llotgeta

2T4: Sergio Peramato, Carlos Ortí, Amparo Babiloni, Irene Dávia, Elba Díaz, Amanda Aguado, Florencia Fergnani, Gil Gijón, Marta Guerrera, Javier Mujica, Judith Salafranca, Marian Moreno y Yasmina Olivas 

Espai d’Art de La Llotgeta

Plaza del Mercado, 4. Valencia

 Hasta el 29 de mayo

“Las palabras dicen menos de lo que querríamos expresar con ellas…”. La cita utilizada por Sergio Peramato para explicar su proyecto Augurios sitúa muy precisamente el conjunto expositivo que, bajo el título de 2T4, se presenta en el Espai d’Art de La Llotgeta. Un total de 12 proyectos, realizados por 13 jóvenes de la Facultad de Bellas Artes de Valencia, atravesados por ese deseo de transmitir sensaciones que escapan a la lógica comunicativa del lenguaje. Proyectos que vienen a llamar la atención acerca de ese hecho nuclear de nuestra experiencia: que los discursos de la razón instrumental se muestran refractarios a la subjetividad humana, y que sólo el arte –vaciada de contenido la religión- ofrece ya un lugar donde articular esa interrogación que nos constituye.

Sergio Peramato, cuyo proyecto Augurios encabeza la muestra, Amanda Aguado, Amparo Babiloni, Irene Davia, Elba Díaz, Florencia Fergnani, Gil Gijón, Carlos Ortí, Marta Guerrera, Marian Moreno y Yasmina Olivas, Javier Mujica y Judith Salafranca son los jóvenes que conforman la exposición 2T4. Propuestas todas ellas que hurgan en la herida abierta por esas palabras cortantes de la razón instrumental, pragmática, disciplinada. Augurios, por ejemplo, ya nos convoca, desde la entrada misma de la 2T4, a esa terminal audiovisual que Sergio Peramato relaciona con “los mecanismos que tejen y mueven nuestra memoria”. Mediante un video, una figura con mono rojo y mascarilla de gas, y una caja con cierto chip sumergido en líquido, Peramato remueve el cúmulo de sensaciones que se agitan en torno a esa idea de las palabras evanescentes. Sonidos desarticulados, vivencias, emociones: la vida fluyendo a trompicones.

Luego hay propuestas que toman al cuerpo como protagonista: Amparo Babiloni, con Autoconcepto, Elba Díaz, con Writing the End, y Florencia Fergnani, con La piel, el mundo. Babiloni retrata en las partes del cuerpo que más agradan o desagradan a cada uno de los retratados, pulsando de un modo real sus sensaciones acerca del cuerpo que habitan. Díaz dado un paso más, interrogándose por la muerte mediante fotografías en blanco y negro que remiten a la amniótica desnudez de los orígenes. Nacimiento y muerte, como extremos que se tocan. Fergnani superpone cuerpos con superficies matéricas, de manera que el híbrido digital manifieste la piel rugosa, rocosa muchas veces, que nos protege y aísla de ese exterior amenazante. De la muerte también habla Amanda Aguado en Los últimos días. Una serie de personas responden a la siguiente pregunta: ¿qué harías con tu tiempo si fueras a morir en 10 días? Esa toma de conciencia se suele diluir en medio del ajetreo diario. Aguado la rescata.

Dávia.2T4 en La Llotgeta

Dávia.2T4 en La Llotgeta

De la memoria hablan Irene Dávia, con Inventario de casualidades, Marta Guerrera, con Mirada al Cabanyal, y el propiamente dicho Memoria, de Gil Gijón. Davia se sirve de la fotografía para mostrar instantes fortuitos que den pie a imaginar diferentes historias. La destrucción programada del barrio del Cabanyal permite a Guerrera vincular la memoria personal con la de los edificios. Gijón aprovecha el polvo que sin apenas darnos cuenta se acumula a nuestro alrededor, para hacer con ello singulares objetos y álbum de vida.

Marian Moreno y Yasmina Olivas utilizan el cartón corrugado para montar un espacio doméstico en el interior del espacio público. Diálogo entre el adentro y el afuera, entre lo íntimo y lo externo, como vías de una intrigante comunicación en su proyecto titulado S/n. Javier Mujica se apoya en la física cuántica para sus peculiares Inventos; extraños artefactos que remiten a la ciencia ficción. De los sabores se hace cargo Judith Salafranca en Dolces Experiencies, dejando volar su imaginación hasta los espacios más ignotos de la memoria.

Carlos Ortí se apoya en el concepto de sociedad líquida acuñado por el sociólogo Zugmunt Bauman, para un proyecto que pretende mostrar precisamente la progresiva liquidación de lo sólido. El sujeto de una pieza cede su lugar al individuo fragmentado hasta la extenuación de la sociedad posmoderna. 2T4 viene a ser en el fondo un compendio de esa liquidez, una vez constatado que las palabras “dicen menos de lo que querríamos expresar con ellas”.

 Salva Torres