Text or [No Text], he ahí el dilema

Text [No Text] (Libros y publicaciones de Artista)
Colección Universitat Politècnica de València
Comisario, Antonio Alcaraz
Centre Cultural La Nau, Sala Estudi General
Hasta el 12 de Enero de 2020

Hay múltiples intentos para definir lo que es un Libro de Artista, elucubraciones y aproximaciones con las que ponerle lindes a un género que es imposible que tenga fronteras. Este no es un caso de geografía en el que se puede practicar un corte transversal y lo que está dentro sí, y lo que está fuera no. Más que establecer líneas divisorias, se hace necesario tender puentes, Text [No text] está en esa línea, invita a estudiar y admirar las diversas arquitecturas del libro no industrial tan desconocidas para el gran público como apasionantes cuando se empieza a indagar en su universo.

Vista parcial de vitrina. Exposición Text [No Text]. Fotografía Vicente Chambó.

Con el fin de hacer una aproximación a los términos con los que se relaciona el libro y la publicación de artista, se advierte oportuno referirse a arquetipos como: edición contemporánea, edición especial, edición creativa, libro de autor, libro de editor, edición con gráfica original, edición limitada, foto libro, libro tipográfico, libro objeto, edición colaborativa, libro intervenido, o ejemplar único, por citar algunos de entre otros muchos.

En el artículo rubricado por José Emilio Antón en MAKMA, afirma que el libro de artista es una obra de arte en sí. Obra concebida y realizada por un artista plástico o poeta visual en su totalidad o con un control total en la posible edición de su obra, y es la cualidad artística la que lo diferencia del “libro común”.

Por su parte, Francisco Collado, en el propio catálogo de la exposición ‘Text [no text]’ se refiere literalmente así: “Es difícil definir con absoluta precisión qué es un libro de artista, incluso entre personas inmersas y especializadas en este fascinante mundo, es difícil definir sus características. Sin duda, es un género único, indefinido en términos de resoluciones formales y materiales que parten de una idea original diseñada por un artista en el que el libro se concibe como un objeto artístico, como una obra de arte en sí misma”.

De lo que no hay duda, es que los denominados Libros de Artista realizados en la primera mitad del s. XX están asociados a las vanguardias históricas, muchos de ellos producidos en gran formato, y otros en busca de nuevos modos de expresión o fruto de propuestas para democratizar el arte, coincidiendo con la aparición paulatina de diferentes lenguajes no necesariamente asociados al texto, pero en general de muy cuidada producción.

Parece que es en la segunda mitad del s. XX, cuando el término Libro de Artista se diferencia de la escultura, la pintura o las obras literarias editadas de forma industrial para ser considerado un género artístico propio, independiente de los otros géneros citados, y es concretamente a partir de los años 60, coincidiendo con el arte conceptual cuando se renueva el interés de los artistas contemporáneos por producir en formato libro, bebiendo de Dadaístas, futuristas, constructivistas o surrealistas, y propiciando teorías y arquitecturas del libro que van desde la desaparición del texto hasta la producción en serie de pequeñas ediciones en talleres de artistas, que con la irrupción de multicopistas multiplicó la posibilidad de llegar a más público con procesos de autoedición en los que importaban menos los cánones de las proporciones áureas o la tipografía que la forma, a diferencia de las excelentes estampaciones con aguafuertes y otras artes gráficas asociadas a esa forma de hacer de principios del s. XX. En este tiempo, las páginas de los libros son objeto de intervenciones o son destruidas, reconstruidas, perforadas o gofradas, ya no importa la calidad del papel o la majestuosidad de la encuadernación. Tampoco la desaparición total o parcial del texto, y la variedad de propuestas es tan grande como la diferencia de intenciones.

Vista parcial de vitrina. Exposición Text [No Text]. Fotografía Vicente Chambó.

Nombres como George Maciunas, organizador del conocido evento de música experimental que germinaría en Fluxus y que proponía precisamente evitar la calificación de sus ediciones como arte con el fin de evitar que fueran mercancía; Dieter Roth, que con su serie Literaturwurst realizada entre 1962 a 1967 embutió especias y gelatinas a modo de salchichas con recortes de revistas y libros previamente remojados para que entraran bien en las tripas, haciendo así libros salchicha, entre otros muchos trabajos editoriales de su prolífica producción;  Daniel Spoerri, que utilizó únicamente texto en su Topographie anecdotée du hasard para describir de forma metódica lo que observó en la habitación de un hotel de París en 1962, añadiendo recuerdos asociados a su descripción y frente a la idea simbólicamente opuesta de Edward Ruscha, interesado por la calidad gráfica de textos y también por la excepcionalidad de los números, símbolos y letras de Jasper Johns, que le inspiraron para realizar sus primeras pinturas de palabras (Sí, pinturas en las que la iconografía dominante es el texto), y/o el propio; Ruscha, que frente a la idea de utilizar únicamente texto como propone Spoerri, realizaría un ejemplar considerado clave para entender la evolución del Libro de Artista y cuyo título Twentysix Gasoline Stations, únicamente contiene imágenes (excepto en la descripción textual del mismo).

‘Texto poético 7’ de Bartolomé Ferrando. La imagen reproduce parte de una página del catálogo de Text [No Text]. Fotografía Vicente Chambó.

Son solo algunos ejemplos de lo que representa el Libro de Artista para poder construir la historia del pensamiento en el ámbito de las Bellas Artes en la década de los 60, a los que cabe añadir nombres como John Cage, David Degener, Walter de María, Henry Flynt, Yoko Ono, Dick Higgins, Nam June Paik, La monte Young, Robert Filiou y Emmet Williams, Baldessari, Sol LeWitt, Bruno Munari, Christian Boltanski, Bernd & Hilla Becher, Hans-Peter Feldmann, Lawrence Weiner, Bartolomé Ferrando y Antonio Gómez estos dos últimos sin olvidar a Joan Brossa, destacados por su poesía visual entre los artistas españoles, firmas que no sólo instauraron el soporte libro como un medio perfectamente homologable en el arte contemporáneo, sino que además -haciendo honor a su naturaleza- ofrecieron una lectura fundamental del perfil propio del Minimalismo o el Arte Conceptual.

Text [no text] muestra una parte del fondo de la Biblioteca de la Facultad de Bellas Artes, concretamente la Colección de Libro y Publicaciones de Artista de la Universitat Politècnica de València, que cuenta con más de 1.400 ejemplares y cuya catalogación abarca desde el inicio de los años 60 del pasado siglo hasta nuestros días, y atiende tanto al libro de artista, como a publicaciones especiales, revistas experimentales, libro ilustrado, poesía visual o cualquier obra realizada por artistas en formato libro. 

Text [no text] es una selección de la citada biblioteca, una parte representativa escogida cuidadosamente por Antonio Alcaraz, que es además, autor de varios libros de artista y director del Departamento de Dibujo de la Facultad de Bellas Artes San Carlos, departamento desde el que viene impulsado la incorporación de la tipografía móvil a la creación de nuevas ediciones desde mucho antes de hacerse cargo de la dirección del departamento.  La selección, contempla libros de muchos de los citados autores, y oportunamente muestra -tal vez- la parte más histórica de la colección que ayuda a comprender los orígenes del Libro de Artista y su verdadero peso en el contexto de la creación contemporánea del s. XX.

En referencia al catálogo de la exposición, diseñado por Didac Ballester y Nacho Pérez, evoca al Libro de las horas negras (1470) de la colección The Morgan Library & Museum. El fondo y cantos en las páginas que reproducen las imágenes está en negro. En cuanto a la portada, en absoluto negro azabache mate destaca gofrado el título en mayúsculas: TEXT [NO TEXT] LLIBRES I PUBLICACIONS D’ARTISTA. COLECCIÓ UNIVERSITAT POLITÈCNICA DE VALÈNCIA. A la portada le siguen cuatro páginas con fondo negro consideradas de cortesía, dos de ellas con pequeños titulares con las letras en blanco sobre negro. Se echa de menos un colofón que indique la tirada, tipo de papel, gramaje y otros detalles, también algún cambio de ritmo en la progresión de imágenes página a página dentro de su excelencia.

Portada del catálogo de Text [No Text] realizada con iluminación lateral. En la imagen se aprecia la letra gofrada. Fotografía Vicente Chambó.

La exposición ‘Text [no text]’ tiene su génesis en 2018 para complementar el Festival del Libro Sindokma de aquel mismo año. Sindokma, reúne en el Centre Cultural La Nau, sellos editoriales independientes de autoedición, fotolibros, libros objeto y todo tipo de Libros de Artista coincidiendo con uno de los fines de semana de finales de octubre cada año, y en 2020 celebrará su V edición. Se intuye interesante poder sincronizar agendas para sumar entre este tipo de eventos y proyectos expositivos.

Vicente Chambó

Abel Azcona o la parodia del sexo

La Guerra, de Abel Azcona
Sábado 29 de octubre, a las 00.00h
Festival Intramurs
Del 21 al 30 de octubre de 2016

Abel Azcona, uno de los artistas contemporáneos más controvertidos y polémicos, estuvo en el festival de Intramurs que se celebró en Valencia el pasado octubre presentando su última performance, titulada ‘La Guerra’. En ella, el artista invita al público a intervenir su cuerpo sin ningún  tipo de límite durante aproximadamente tres horas. Performance, pues, con un tema provocador y una puesta en escena sórdida.

Un panel blanco ocupaba una de las paredes, en el cual estaba inscrito el título, ‘La Guerra’, y este subtítulo: “La guerra deja ardua herencia de guerra”, del artista Guglielmo Ferrero. Del resto de las paredes colgaban  cinco amplias fotografías de desfiles con soldados nazis. Debajo del panel había una cama con sábanas blancas donde el artista yacía desnudo y anestesiado, a causa de la ingesta, previa a la actuación, de una sustancia similar a la ketamina.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

Cinco jóvenes, también desnudos, pululaban en torno al artista bebiendo, fumando, acariciándose, besándose, simulando hacer el amor alrededor de la cama o tumbados sobre ella.  Y toda la escenografía iluminada con un foco que desprendía una luz roja. Una luz roja que, junto al olor rancio que exhalaba la sala y el color negro de las paredes y el suelo, creaba un ámbiente sórdido, acorde con la intención del autor de hacer una crítica a la prostitución, ofreciendo al publico la posibilidad de hacer con su cuerpo lo que quisiera. «No estoy a favor de la prostitución, simplemente planteo con este proyecto de denuncia el empoderamiento de la sexualidad”, declaró en varias entrevistas.

Y ahí, sobre esa cama, el cuerpo desfallecido del autor se exhibió ante la mirada voyeur del visitante. La mirada del voyeur (mirar) y la mirada del exhibicionista (ser mirado) fue la única transgresión pulsional que movilizó la performance. De este modo, la provocación al acto, propuesta por el artista, se quedó en simple parodia: parodia de la muerte y del sexo. O simplemente en un pastiche posmoderno de la muerte y del sexo.

Pastiche porque, en una época histórica como la actual donde los velos culturales se han desprendido, permitiendo que todo pueda ser mostrado, la performance ‘La Guerra’, entra en el circuito de la lógica de un mercado de consumo de espectáculos.

El acto provocativo y transgresor del arte sólo adquiere fuerza y sentido cuando los velos de la cultura cubren con cierta palabra el valor transcendental, sublime, que tienen la muerte y el sexo para la experiencia humana.

John Lennon y Yoko Ono en la performance contra la guerra.

John Lennon y Yoko Ono en la performance contra la guerra en 1969.

La cama

La cama, ese objeto primigenio, por acoger a modo de metáfora la experiencia latente de Eros y Tánatos, es, además, en la performance ‘La guerra’, el objeto primordial, junto al cuerpo desnudo y anestesiado del actante-artista Abel Azcona. Un cuerpo inerte, inconsciente, ofrecido sin límite al cuerpo gozoso del otro-visitante. El personaje de Abel Azcona se exhibe como pura materialidad corporal, pero inhabilitado como sujeto de palabra. La cama de ‘La guerra’, en su presentación, establece por contigüidad una representación metonímica de Tánatos.

En oposición, podríamos traer a colación “la cama del amor”, tal y como fue nombrada por los periodistas la performance realizada por John Lennon y Yoko Ono tras su boda en marzo de 1969. Lennon y Ono abrieron las puertas de la habitación matrimonial para exhibirse al mundo tumbados en pijama sobre la cama y rodeados de flores, dibujos, libros, música. Convirtieron su luna de miel y, en concreto, la cama, en un compromiso por la paz, tal y como rezaba en los carteles que componían la puesta en escena de la performance, ‘Bed peace’, y en una reivindicación en contra de la guerra, en general, y, en particular, contra la de Vietnam.

En esta performance, John Lennon y Yoko Ono invitaban, a través de postales, a participar a periodistas, artistas, estudiantes, etc… A reflexionar, pensar, hablar de la paz, durante doce horas cada día. Como Lennon dijo en  su álbum ‘Anthology’: “We sent out a card: ‘Come to John and Yoko’s honeymoon: a bed-in, Amsterdam Hotel”.

Dos meses después, en un hotel de Montreal, John Lennon y Yoko Ono repitieron la performance, y de ella surgió uno de los textos poético-musicales más comprometidos y hermosos  a favor de la paz: ‘Give  peace a chance’.

Abel Azcona.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

En la performance de Johnn Lennon y Yoko Ono, en esa  cama, metonimia del amor, de Eros, no sólo estaban sus cuerpos exhibidos a la mirada voyeurista de los invitados, sino la palabra estaba presente como reivindicación y compromiso .

En “la cama del amor” -“bed peace”- la palabra se alza y se lanza, como la mejor cualidad del ser humano, para transformar lo cruel, lo injusto de la historia y de la existencia y como creadora de futuros más habitables, más útopicos.

Probablemente, en estos momentos convulsos donde la palabra, como espacio de pensamiento, de creación de ideales, ha perdido todo su prestigio, ha sido inhabilitada por la lógica pragmática y consumista del capitalismo neoliberal, la performance de Johnn Lennon  y Yoko Ono, nos parezca naif, en comparación con la materialidad corporal de la performance de Abel Azcona, ‘La guerra’.

Begoña Siles

John & Yoko: Suite 1742 por la paz

John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742
Fotografías de Bruno Vagnini
La Térmica
Avda. de los Guindos, 48. Málaga
Inauguración: Viernes 23 de enero, a las 20.00h
Hasta el 23 de marzo, 2015

La Térmica presenta por vez primera en España ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742’, exposición que recoge las míticas fotografías que Bruno Vagnini realiza el 31 de mayo de 1969 que documentan el ‘Bed-In’ desarrollado en la habitación 1742 del Hotel Queen Elizabeth de Montreal por John Lennon y Yoko Ono por la paz.

Esta segunda happening-protesta llevada a cabo por la pareja contra la Guerra de Vietnam, se produce después de la primera, una semana antes en Amsterdam, justo tras su boda en Gibraltar. En la ‘Bed-In’ de siete días (del 26 de mayo al 2 de junio) de Montreal es en la que se graba y retransmite a todo el mundo la mítica canción pacifista ‘Give Peace A Chance’.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742’. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Un joven italiano de 19 años, Bruno Vagnini, que estaba cursando Fotografía en la Academia de Bellas Artes de Montreal, es invitado por un conocido a encontrarse con John y Yoko. Estaba tan emocionado que hasta lleva su cámara Nikon comprada unos días antes con un sólo rollo de película en blanco y negro de 36, seguro de no lograr hacer ni una fotografía. En la espera, en la antesala al dormitorio, realiza algunas fotografías a la hija de Yoko, Kyoko, creyendo que dentro del dormitorio no va a poder realizar ninguna fotografía.

Después es acompañado a la Suite 1742: una suite enorme, pintada de blanco, con libros, folletos esparcidos por todos lados y eslóganes contra la guerra por las paredes. Al fondo, John y Yoko, en pijama, cómodamente sentados en la cama respondiendo a los periodistas. El dormitorio se transforma en un púlpito político y a los que critican esto como una payasada publicitaria, los seguidores del ex-Beatle les responden que se trata de una performance que cuestiona las definiciones de  identidad, privacidad y espacio. Vagnini logra hacerle 26 fotos a la pareja a pesar de su posición a contraluz, delante de la ventana. Una experiencia que este fotógrafo nunca ha olvidado. Una revisión emocionante de nuestra cultura contemporánea, de la paz y del amor.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742’. Imagen cortesía de La Térmica.

La exposición

Casi cinco décadas más tarde esta muestra de La Térmica, comisariada por Ono y Mario Martín Pareja, con la colaboración del profesor de Historia del Arte Rodrigo Gutiérrez Viñuales, saca a la luz esas 30 imágenes que ilustran uno de los momentos más significativos para la historia, la música y el arte del siglo XX. Pero la exposición no se queda en el mero hecho de mostrar estas imágenes realizadas por Vagnini.

Concebida como una gran instalación, ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742’ está formada por tres espacios claramente diferenciados. El primer espacio nos introduce en las creaciones conceptuales de John Lennon y Yoko Ono. Incluye, además de dos monitores con fragmentos de las películas y creaciones musicales experimentales de John & Yoko, varias vitrinas con objetos, libros y documentos.

Portada del disco 'The Wedding Album', incluida en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Portada del disco ‘Wedding Album’, incluida en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742’. Imagen cortesía de La Térmica.

Destacan los elementos que componen el disco conceptual realizado por ambos llamado ‘Wedding Album’, a finales de ese mismo año, 1969. El disco más atractivo desde el punto de vista objetual, y el más vinculado a la exposición, en tanto que incluye, no solo las fotografías de la boda en Gibraltar y el bed-in que antecedió al de Toronto en el Hotel Hilton de Amsterdam, sino también entrevistas y comentarios de esa experiencia, varias fotografías sueltas, un dossier de prensa, dibujos de Lennon, copia del certificado de matrimonio y hasta un trozo de la tarta de bodas en una bolsa de plástico con la palabra ‘bagism’.

Acompañan esta documentación las fotografías de John y Yoko y de la Plastic Ono Band, de Andrew MacLear, y elementos de la trayectoria conceptual de Yoko Ono anterior a su encuentro con John Lennon a finales de 1966 en la Indica Gallery de Londres; de Lennon (músico, poeta, dibujante, más tarde artista conceptual), en las artes plásticas, y de ambos como grupo artístico conceptual.

El fotógrafo Bruno Vagnini. Imagen cortesía de La Térmica.

El fotógrafo Bruno Vagnini, delante de algunas de sus imágenes. Cortesía de La Térmica.

En el segundo espacio que sigue se incluyen el texto introductorio de Yoko Ono en el que habla 44 años después sobre ese happening, junto a la serie de instantáneas de Bruno Vagnini tomadas en la Suite 1742 del Hotel Queen Elizabeth en Montreal.

Finalmente, el tercer y último espacio es el que muestra una blanquísima e inmaculada cama de matrimonio sobre la que se proyecta el vídeo ‘Give Peace a Chance’ y el documental ‘Bed Peace’ grabado en aquellos días. Encabezan dicho lecho una instalación repetitiva con los carteles creados con la leyenda en blanco y negro ‘War Is Over!’.

John Lennon y Yoko Ono en la 'bed-in' de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

John Lennon y Yoko Ono en la ‘bed-in’ de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

The Rolling Stones, cual ave fénix

Symphaty for the Stones
Centro Cultural Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 2 de noviembre

“Éramos como el ave fénix, y la gira de 1969 fue nuestra primera resurrección”. Esa cita figura entre otras muchas en la exposición que el Centro Cultural Bancaja dedica a The Rolling Stones, superados ya los 50 años del nacimiento de la inmortal banda de rock. A aquella primera resurrección anunciada por Keith Richards, le siguieron muchas otras, porque la legendaria banda británica liderada por el igualmente incombustible Mick Jagger no ha parado de ofrecer conciertos a lo largo del ancho mundo, renaciendo cual ave fénix de sus incontables muertes.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Y la pregunta repica, una vez más,  dictando una nueva defunción: ¿Qué tiene a estas alturas que ofrecer The Rolling Stones? Actuaron en el Santiago Bernabéu el pasado 26 de junio y ninguna de las 50.000 personas presentes en el concierto se lo preguntó: simplemente acudieron para ver renacer otra vez al ave fénix del rock: los ya septuagenarios Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts. He ahí, pues, la respuesta: ofrecen con sus canciones una especie de elixir de la vida, hecho a partes iguales de inconformismo y de conformidad a unos principios musicales que mamando del blues terminó destetando un rock que pervive con el tiempo.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Está bien dejarse ir, siempre y cuando puedas volver”

Esta frase de Mick Jagger recrea de nuevo el espíritu de la banda, a la que siempre acompañó el escándalo, ya sea por el consumo de drogas, la irreverencia o la procacidad sexual, pero que lejos del redil políticamente correcto siempre volvía luminosa con su rock relampagueante. El Centro Cultural Bancaja recoge todo ese legado en un centenar de fotografías, mediante carteles, portadas de discos, diverso material gráfico, documentales y videos de algunos de sus conciertos en una exposición explícitamente titulada ‘Sympathy for the Stones’.

Imagen de uno de los videos de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Imagen de uno de los videos de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Prefiero morir que estar cantando Satisfaction a los 45 años”

Lo dijo Jagger cuando tenía 30 años. Ahora, a punto de cumplir los 71, sigue cantando Satisfaction por mucho que prefiriera entonces su muerte si tal cosa ocurría. The Rolling Stones, de nuevo, cual ave fénix. Quizás se deba a ello que ‘Sympathy for the Stones’ sea visitada por padres de familia en compañía de sus jóvenes retoños. Lo viejo y lo nuevo. Quienes buscan en sus Satánicas Majestades el fulgor de una juventud perdida, la encuentran reflejada en la pasión con que las nuevas generaciones siguen con el pie sus canciones de ayer igual que las de hoy.

Una de las obras de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Una de las obras de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

El Centro Cultural Bancaja rememora mediante las fotografías de Michael Putland, Bob Gruen, Ebet Roberts, René Burri, Barrie Wentzell o Gus Coral la vida y obra de The Rolling Stones, ya sea en sus conciertos, fuera de ellos o mostrando su agitada actividad social, en la que aparecen junto a Tina Turner, David Bowie, John Lennon, Yoko Ono, Linda y Paul McCartney, Bruce Springsteen o Eric Clapton. También junto a Andy Warhol, autor de la provocadora portada del disco ‘Sticky Fingers’. Y siempre, o casi siempre, con Keith Richards aferrado a su botella de Jack Daniels.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones', con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’, con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“No toco sólo por dinero. Si no, no estaría con los Stones: cantaría como solista en un casino de Las Vegas y no dividiría mi dinero entre cinco”

Mick Jagger podría completar esa declaración con el título de uno de sus temas, que sirve para recibir al visitante de la exposición: ‘It’s only rock and roll (but I like it)’. Jagger no sólo toca por dinero, sino porque el rock and roll lo lleva en las venas. Venas que el Centro Cultural Bancaja ha querido recrear pintando sus paredes con diferentes colores, predominando la necesidad de dividir la exposición, frente al reto mayor de crear la atmósfera deslenguada de sus Satánicas Majestades. Un espacio demasiado pulcro, para alojar 50 años de intenso rock and roll. El ave fénix que representan los Stones merecía, además de simpatía, un recorrido más alucinado por tan longevas como renacidas vidas.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición del Centro Cultural Bancaja,

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Salva Torres

Yoko Ono: Imagine (II)

Yoko Ono. Half-A-Wind Show
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 1 de septiembre

El Museo Guggenheim Bilbao acoge la exposición Yoko Ono. Half-A-Wind Show, una muestra multidisciplinar de casi 200 obras entre instalaciones, películas, objetos, textos, fotografías, vídeos, dibujos y documentos de audio, creadas desde los años 60 hasta la actualidad. En todas ellas es la idea, el concepto, la dominadora absoluta de la obra.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Está claro que en la obra conceptual, la idea prevalece sobre el objeto, lo que se omite es tan importante o más que lo que se muestra. Puede incluso prescindir del objeto, llevando la obra completamente al plano de lo imaginario, como en algunos conciertos de esta artista (Tokio, 1933), en los que el público tiene que imaginarse la música.

Pero visto un poco más de cerca la obra de Yoko Ono nos damos cuenta de otra cosa: mucho más que la idea, lo que le interesa es sobre todo el hecho en sí de idear, de imaginar, o sea, de conceptuar; la operación de sacar al objeto de su contexto para que se convierta en idea, mejor dicho para que participe de la actividad de idearse.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía del autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía del autor.

Además, los conceptos varían en función del tiempo y del espacio: un mismo objeto puede cambiar de concepto años después de haber sido visto o también por influencia del espacio en que se sitúan. La propia artista aseguraba en la rueda de prensa que muchas de sus obras le parecían distintas en esta exposición porque hacía mucho tiempo que no las veía y porque además el espacio en que se habían puesto hacía que parecieran diferentes.

De la idea de los opuestos, muy presente en el trabajo de Yoko Ono, se desprende otra también recurrente en su obra: la de la fragmentación, el corte, la disección, la disgregación, el despiece, las partes, y su opuesto, la recomposición, la reunión, la agregación, la integración.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Una nueva idea encontramos en la obra de Yoko Ono y que se deriva de los opuestos antes mencionados: la del envolvimiento, ocultamiento, desaparición, y su contrario, la aparición en su desnudez y liberación (no sólo en un sentido corporal o físico, sino también social y feminista).

Para acceder al artículo completo de Iñaki Torres, ver: https://www.makma.net/yoko-ono-imagine/

Para el video de la exposición: http://vimeo.com/89905083

 

Yoko Ono: Imagine

Yoko Ono. Half-A-Wind Show
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 1 de septiembre de 2014

Un momento de la rueda de prensa de presentación de la exposición de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto. Iñaki Torres

Un momento de la rueda de prensa de presentación de la exposición de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto. Iñaki Torres

El Museo Guggenheim Bilbao presenta la exposición Yoko Ono. Half-A-Wind Show, una muestra multidisciplinar de casi 200 obras entre instalaciones, películas, objetos, textos, fotografías, vídeos, dibujos y documentos de audio, creadas desde los años 60 hasta la actualidad. En todas ellas es la idea, el concepto, la dominadora absoluta de la obra. Vasto edificio para tan frágil andamiaje, el de las ideas.

Está claro que en la obra conceptual, la idea prevalece sobre el objeto, lo que se omite es tan importante o más que lo que se muestra. Puede incluso prescindir del objeto, llevando la obra completamente al plano de lo imaginario, como en algunos conciertos de esta artista (Tokio, 1933), en los que el público tiene que imaginarse la música. O como cuando en 1958 Yves Klein presenta su exhibición El Vacío con pinturas invisibles, es decir, con una sala vacía, o pretendiendo cuatro años después vender a orillas del Sena su sensibilidad pictórica.

Pero visto un poco más de cerca la obra de Yoko Ono nos damos cuenta de otra cosa: mucho más que la idea, lo que le interesa es sobre todo el hecho en sí de idear, de imaginar, o sea, de conceptuar; la operación de sacar al objeto de su contexto para que se convierta en idea, mejor dicho para que participe de la actividad de idearse.

Ajedrez blanco, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Iñaki Torres

Ajedrez blanco, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao. Fotos: Iñaki Torres

Por ejemplo, una campana fuera del campanario y puesta sin intención decorativa en un museo, como ella ha hecho aquí, es un objeto que reclama ser visto como idea porque al sacarlo de su contexto, el objeto pierde el anclaje del significado asociado a su función para abrirlo a otros sentidos, ya sean los de la propia artista o los que el espectador pueda dar. De esta manera la obra se forma por significantes que cambian continuamente de significado gracias a la participación del público. En palabras de la propia artista: “Para hacer algo, primero te lo tienes que imaginar, así que todo arranca de un concepto, y las obras acaban siendo conceptuales. Casi siempre le pido a la gente que participe, y eso hace variar el concepto».

Por tanto, lo que hay que destacar aquí como más importante es el “significar” más que el significante o el supuesto significado, el acto de idear o imaginar, más que el objeto o incluso el concepto.

Además, los conceptos varían en función del tiempo y del espacio: un mismo objeto puede cambiar de concepto años después de haber sido visto o también por influencia del espacio en que se sitúan. La propia artista aseguraba en la rueda de prensa que muchas de sus obras le parecían distintas en esta exposición porque hacía mucho tiempo que no las veía y porque además el espacio en que se habían puesto hacía que parecieran diferentes.

Media habitación, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Media habitación, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pero hay que decir que esta alteración del significado de las cosas sigue estando dentro del campo del concepto. Nos puede parecer absurdo, pero el absurdo sobreviene sólo por desplazamiento de contexto. De los dos principios que rigen toda lógica, el de identidad y el de contradicción, sólo el primero se ve afectado en el arte conceptual haciéndolo parecer absurdo: las cosas dejan de ser lo que ellas son. Sin embargo, la otra proposición permanece intacta: una cosa dada tiene algo opuesto a ella.

Es aquí, en este juego de opuestos, donde encontramos una de las ideas que la artista ha desarrollado a lo largo de toda su carrera. Los opuestos y su conciliación. Lo vemos sobre todo en sus instalaciones y en sus performances, como en la instalación Pieza de equilibrio, donde se muestra en la parte izquierda un potente imán que atrae bruscamente todos los objetos que contiene una oscura habitación, jugándose en ella con el sentido del equilibrio, no sólo físico sino también mental.

El mismo principio de equilibrio entre opuestos encontramos en la instalación Ajedrez blanco, o Media habitación.

Pieza de envolver para Londres, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pieza de envolver para Londres, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

En esta idea de la conciliación de los opuestos, también vemos la influencia zen que Ono expresa con las ideas de agua, aire o cielo, en obras como Eventos y Piezas agua, o Todos somos agua, Piezas respiración, Pintura para el viento, Dispensadores de aire, TV Cielo o Máquina cielo. Esta última idea, la del cielo, es en sí misma integradora de contrarios como vacío y lleno, sin límites, profundo y claro, inasible, callado y elocuente. Las máquinas expendedoras de cápsulas de aire o de cielo, en el sentido del aire que todos compartimos, y también en un sentido más profundo de que cada parte contiene el todo.

De la idea de los opuestos, al estar incluida en ella, se desprende otra también recurrente en su obra: la de la fragmentación, el corte, la disección, la disgregación, el despiece, las partes, y su opuesto, la recomposición, la reunión, la agregación, la integración.

Lo vemos en Pintura en partes, en la instalación Pieza reparación, en la mencionada Media habitación, o en las performances Pieza corte, y Pieza promesa, presentada dos días antes de la exposición, en la que se rompe un jarrón en el escenario pidiéndose la participación del público para que recoja sus trozos con la promesa de que se reúnan dentro de diez años y recompongan el jarrón. El jarrón es tanto cada uno de sus trozos como el jarrón resultante de la futura recomposición.

Una nueva idea encontramos en la obra de Yoko Ono y que se deriva de los opuestos que decíamos más arriba: la del envolvimiento, ocultamiento, desaparición, y su contrario, la aparición en su desnudez y liberación (no sólo en un sentido corporal o físico, sino también social y feminista).

Mosca, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Mosca, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pieza desaparición, Pieza escondite, Pieza barrido, Eventos de envolver el león, la silla convertida en crisálida Pieza de envolver para Londres, Piezas bolsa, Pintura sombra, Pintura humo, Pintura tiempo, o la publicación Esto no está aquí, son obras que exploran esa idea de lo que se borra, se oculta o desaparece, y de su opuesto.

En la actuación Pieza cielo para Jesucristo, también presentada como preludio a la exposición dos días antes, los músicos de una orquesta de cámara son envueltos con vendas mientras ejecutan una pieza musical hasta que les es imposible seguir tocando. Lo conceptual en ella, definida por el peso que ejerce lo que se calla sobre lo que se escucha, siendo protagonista de la performance en igual medida que su contrario, podemos imaginar la actuación en un plano ideal siguiendo la dirección inversa: los músicos de una orquesta de cámara envueltos en vendas son estatuas inmóviles, estáticas crisálidas. Conforme se van desprendiendo de sus vendas, empiezan a tocar música hasta que completamente libres de ataduras la ejecutan en un despliegue de potentes sonidos. Es un movimiento de contracción y expansión, de conciliación de los opuestos.

Pintura para dar la mano, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pintura para dar la mano, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

La idea contraria al envolvimiento, la encontramos en los DVD Pintura para dar la mano, Surgiendo, Pintura para dejar pasar la luz del atardecer, Pintura para ver en la oscuridad, o su película Libertad con banda sonora de John Lennon, donde la libertad es en realidad una liberación.

Idea del envolvimiento y liberación, también formando parte de la meditación zen, como puede apreciarse en la película Pieza cerilla, o en obras como Grabación en cinta magnetofónica de la nieve cayendo al amanecer, Piezas de la mañana, Pintura para ver en la oscuridad, Pintura para dejar pasar la luz del atardecer, Pintura sombra, o Pintura humo.

En otro plano más contemplativo, encontramos la exploración del cuerpo hecho de un modo que éste se presenta como si nos fuera extraño. Lo vemos en la película Traseros y sobre todo, en Mosca, donde una mosca recorre en primer plano el cuerpo desnudo de una mujer haciéndonos descubrir el cuerpo como si fuera un paisaje. El hecho de que sea un insecto el que protagoniza la acción, nos hace pensar que visto el cuerpo desde su plano de dos dimensiones, imaginar un plano tridimensional –el cuerpo que recorre- nos parecería absurdo. De la misma manera, vistas las obras de esta artista desde la perspectiva habitual en la que cada cosa sólo puede ser ella misma, siempre nos van a aparecer absurdas.

La interacción del público no acaba aquí. Como ya hemos dicho, cada una de las obras tendrá tantos sentidos como le dé cada espectador. A fin de cuentas, esta multiplicidad de sentidos estará siempre ligada a la lógica de múltiples dimensiones que encierra todo acto artístico.

Imagen perteneciente a una de las obras de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Imagen perteneciente a una de las obras de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Iñaki Torres