Woody Allen, llueve sobre mojado en New York

A rainy day in New York
Dirección: Woody Allen
País: EE.UU.
Con Timothée Chalamet, Elle Fanning, Selena Gomez, Jude Law, Annaleigh Ashford, Rebecca Hall, Diego Luna, Liev Schreiber, Cherry Jones…

Escena de la película con el paraguas. Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Por fin llegó el cincuentavo largometraje del genio neoyorkino a la gran pantalla tras verse envuelto por una desmesurada polémica previa, con boicot americano incluido debido al último -mejor sería decir penúltimo- episodio familiar privado ajeno a su labor de director, como fueron las declaraciones de su hija adoptiva Dylan Farrow.

El retraso de «A rainy day in New York» impidió su habitual regularidad de película por año, apuntando incluso a convertirse en un film maldito. Finalmente ha podido ser distribuida, al menos en Europa.

Escena película con Ashleigh (Elle Fanning) y Ted Davidoff (Jude Law)

Antes de introducirme en algunas particularidades sobre su contenido decir que mi admiración por Woody Allen se mantiene intacta, no ha decrecido ni un milímetro por descréditos de influencias dispares y se trata de un atípico caso por el que no siento ningún deseo de tener objetividad. Eso sí, me resultan curiosas las diferencias entre la crítica especializada y las opiniones de amigos con probado criterio que han ido a verla, en líneas generales estas últimas mucho más positivas y más cercanas a la mía. 

Y es que la mayoría de las apreciaciones que he leído en los medios «oficialistas» han sido bastante negativas, que si hay gags repetitivos de su filmografía, que si el guión es justito, que si tal o tal es demasiado predecible, que si hay cansancio creativo… Incluso alguna me ha parecido que se ensañaba en exceso, predominando aversión por Allen y dando sensación de ir más allá de un riguroso análisis de cine.

Selena Gómez), Timothée Chalamet y Woody Allen en un momento del rodaje

Entrando de lleno en este lluvioso día neoyorquino podríamos decir que sabe a nostalgia, a día otoñal, adquiriendo esa precipitación atmosférica la condición de elemento fascinante. Entre los actores no queda más remedio que destacar a un joven talento como Timothee Chalamet. Este chaval ya me pareció admirable en la exquisita peli italiana “Call me by your name” de Luca Guadagnino y, ahora, ha conseguido asentarme esa opinión con el papel de pijo intelectual que rechaza buena parte de su opulencia material familiar, deambulando entre el pesimismo, el neurotismo, la tozudez, la ironía y un curioso enamoramiento de su chica Ashleigh (Ellen Fanning), quien peca de excesiva inocencia, todo lo contrario que Shannon (Selena Gómez) aunque ambas coincidan en sensibilidad y en admiración hacia el personaje principal de Gastby Welles.

Shannon (Selena Gómez) y Gatsby Welles (Timothée Chalamet)

Sí, está claro que es la comedia romántica típica de Allen repleta de desventuras, relaciones complejas, contradicciónes y equívocos, con los prodigiosos diálogos característicos y poniendo énfasis paralelamente en las miserias de exitosos hombres maduros y en una sorprendente charla final madre e hijo que resulta determinante en el desenlace.

Cartel español de «Dia de lluvia en Nueva York» de Woody Allen

Que sí, que sí, que llueve sobre mojado. ¿Pero y qué? Ahí está, imperturbable y demostrando una ficticia elegancia que entusiasma. Queda claro que no es su mejor película, que no es una obra maestra y que posiblemente acabe en la segunda división woodyalleniana. Pero también que probablemente será otra de tantas en su inmenso arsenal filmográfico que se reconozcan cuando no esté.

Personalmente durante los noventa y tantos minutos de duración me evadió de la vida cotidiana, me contagió la sonrisa y me emocionó en algunos instantes. Eso es mucho, suficiente, tanto como para exclamar una vez más: Larga vida al gran genio Woody Allen!!!

Juanjo Mestre

Enredos amorosos

Día de lluvia en Nueva York, de Woody Allen
Preestreno en los Cines Lys de Valencia: viernes 4 de octubre
Estreno en cines: viernes 11 de octubre de 2019

La polémica del contencioso legal entre el director Woody Allen y la productora Amazon por no estrenar su última película, ‘Día de lluvia en Nueva York’,  en EEUU, tras unas declaraciones de éste sobre el movimiento #MeToo, empaña el esperado estreno anual al que nos tiene acostumbrado el director, desde que en 1969 inició su carrera cinematográfica, 50 obras en total.

Más allá de la polémica, ‘Día de lluvia en Nueva York’ es una  comedia romántica más de Woody Allen. La sencilla historia -protagonizada por Timothée Chalamet y Elle Fanning, interpretando a dos estudiantes universitarios, Gatsby y Aslheigh, respectivamente-,  se centra en el fin de semana romántico que espera tener esta pareja en la otoñal ciudad de Nueva York. Es de imaginar, para todo conocedor del cine de Woody Allen, que la trama se confabulará para crear enredos amorosos con otros personajes malogrando el romántico fin de semana.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Nada en principio parece sorprender. Los mismos temas (amor-sexo, fidelidad-infidelidad, la familia, el dinero, la creación artística), los mismos trazos neuróticos o melancólicos para caracterizar a ciertos protagonistas masculinos, los mismos diálogos irónicos y sarcásticos, la misma alta sociedad económica y artística de Nueva York, la  misma nostálgica ciudad de Nueva York –fotografiada por Storado con una magnifica luz otoñal y lluviosa-. Y a pesar de contener todos los típicos y tópicos elementos narrativos y estéticos de la impronta del director, ‘Día de lluvia en Nueva York’ consigue no solo esbozar sonrisas, sino también introducirnos, progresivamente, en la banal historia amorosa de estos elitistas estudiantes universitarios. 

Ahí está, en parte, el mérito creativo de Woody Allen: conseguir que los espectadores se identifiquen con los triviales problemas amorosos – sexuales de la elite económica y artística de Nueva York. En escasas ocasiones el cine de Woody Allen ha representado a la clase media u obrera de Estados Unidos, sólo recordar: ‘La rosa púrpura del Cairo’ (1985), ‘Días de Radio’ (1987) y ‘Blue Jasmine’ (2013).

Si la narración de las peripecias amorosas de estos privilegiados personajes, excéntricamente neuróticos y/o melancólicos, conmueve es porque emana una cierta realidad y una cierta verdad. 

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Los exclusivos personajes cuestionan en los trepidantes diálogos o monólogos con un tono irónico los principios y valores de la sociedad occidental. Un cuestionamiento que lleva a los personajes al relativismo y nihilismo en sus acciones y pensamientos, propias de una realidad posmoderna. Películas excepcionales, como ‘Delitos y Faltas’ (1990), ’Match Point’ (2005) y ‘El sueño de Casandra’ (2007), entre otras,  reflejan esa realidad.

Si cierta realidad posmoderna atraviesa la trama y el hacer de los protagonistas, una cierta verdad atraviesa el pathos de los personajes. 

La esencia emocional de los personajes de Woody Allen está arraigada a la posición que el personaje principal, como hijo o hija, adopta en la psicoanalítica estructura edípica. Desde su primera película reconocida por el público, ‘Coge el dinero y corre’ (1969) hasta esta última, la naturaleza de los protagonistas está condicionada por la palabra familiar.  La escucha de esa palabra y, en concreto, el repicar de la palabra materna atormenta a los protagonistas. Una figura materna que, en el relato dirigido por  Woody Allen en la película ‘Historias de Nueva York’ (1989), representó con una cabeza flotando omnipotente y omnisciente en el cielo de dicha cuidad.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

En ‘Día de lluvia en Nueva York’ las palabras de la madre conforman el alma del protagonista. Resuenan constantemente en su interior, apresándolo en un inconformismo y rebeldía hacia ella y hacia la vida. De tal modo, que será la secuencia donde ese hijo y esa madre se sienten a hablar donde el diálogo, la palabra, no suene a hueca verborrea. Ahí, en esa cámara que se aproxima para centrar en un primer plano el relato de la madre y la escucha del hijo-protagonista,  se halla cierta verdad.

La empatía del público por estas historias de enredos amorosos de estos elitistas personajes radica en esa cierta verdad y realidad que fluye en la narración. Y todo ello, a pesar de ser conscientes la mayoría de los espectadores de los impedimentos para poder acceder a tocar el picaporte del portal de unos de esos apartamentos con vista a Central Park o de la Quinta Avenida de Nueva York, donde habitan los personajes de Woody Allen.

Fotograma de ‘Día de lluvia en Nueva York’, de Woody Allen.

Begoña Siles

Amor y cuitas de la Café Society

‘Café Society’, de Woody Allen
Estreno en España: 26 de agosto de 2016
Cines Babel
Vicente Sancho Tello 10, Valencia

Asomarse a la filmografía de un director, ya octogenario, tan prolífico como excelsamente irregular implica aprehender la naturaleza de su estilo, asumir su carácter predecible por razones de perseverancia y, en ocasiones, acomodo o mímesis del horizonte de aquellas obsesiones que trazan el mapa humano de su particular cosmogonía cinematográfica.

Y así se procura en su cuadragésimo sexta película, ‘Café Society’, una comedia dramática o un drama con píldoras de comedida hilaridad, cuya arquitectura técnica y orbe de personajes esteriotipados sirven a una causa tan común como ineludiblemente atemporal: las cuitas del amor.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Steve Carell durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Woody Allen, de la mano del oscarizado director de fotografía Vittorio Storaro, retorna a la soleada “Hollywood Babilonia” de los años treinta del siglo XX, con un maquillaje mucho más pulcro y afeitado que aquellos sótanos referidos por el libérrimo Kenneth Anger, para componer un apurado y fascinante croquis de la industria angelina, a base de cera moldeadora, frontispicios de Beverly Hills y Dry Martini tan natural como el tap water. “Era el glamur de Cocoanut Grove y el Trocadero. No había muchos lugares a los que ir, no duraba hasta tan tarde, la ropa era más ligera y todo el mundo iba a los sitios en coche. Había una parte que era muy glamurosa, porque contaban con las estrellas de cine, pero Nueva York poseía cierta sofisticación de toda la noche de la que Hollywood carecía”, sentencia el director al respecto.

Sin embargo, lo que brinda título a su último filme hace referencia a los refulgentes anaqueles, salones y calimas de Café del microcosmos citadino de la Beautiful People parisina, londinense, vienesa y, por supuesto, neoyorkina, desde el ocaso del siglo XIX hasta mediados del XX, cuando el tan áureo término fue sustituido por el no menos coruscante Jet-set, con semejantes y compartidos estupor y decadencia.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Kristen Stewart y Steve Carelldurante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

En consecuencia, Woody Allen desdobla atmósferas, transita coast to coast y propicia un viaje de ida y vuelta al Brooklyn pre-jaderí -camiseta interior blanca, pastelería kosher y humor judío-católico tan propio de ‘Días de radio’ (1987)-, el cemento armado de un mafioso rústico, coetáneo de los Lucky Luciano, Frank Costello y los graníticos gánsteres de la Cosa Nostra, el art déco y las orquestas de cincuenta piezas de los nightclubs del norte de Manhattan, alumbrados al ocaso de la Ley Seca, o los clubes de jazz del Greenwich Village. “Esa época siempre me ha fascinado. Fue uno de los momentos más apasiontes de la historia de la ciudad, con una tremenda vida teatral, vida en los cafés y restaurantes. De un extremo a otro, fueras por donde fueras, la isla bullía entera de sofisticadas actividades nocturnas”, dilucida Allen.

¿Y qué hay de la historia? Un triángulo amoroso desempeñado por el trémulo y corcovado Jesse Eisenberg (Bobby Dorfman), una post-crepuscular Kristen Stewart (la indecisa Vonnie) y el oficinista Steve Carell (mirífico como tío Phil), coordinados por la voz en off de Woody Allen, a modo de demiurgo literario -”Me incluí a mí mismo porque sabía exactamente qué inflexión quería que tuviera cada palabra. Pensé que, como yo había escrito el libro, sería como si estuviera leyendo mi novela”-.

Una crónica universal sobre los placeres amables de las elevadas emociones y las bajas querencias, que principia abemolada y se torna amarga al paladar, civilizadamente ardorosa como los tacos mexicanos de los angelinos años treinta y tan sugestiva como una noche in albis en las lagunas de Central Park.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de 'Café Society', de Woody Allen.

Jesse Eisenberg y Kristen Stewart durante un instante de ‘Café Society’, de Woody Allen.

Jose Ramón Alarcón

Mil (y más) cosas que haría por ti

Set de rodaje de la película ‘Mil cosas que haría por ti’
Dídac Cervera
Alhena Productions y Dacsa Produccions

En un set de rodaje todo parece regirse por un caos escrupulosamente metódico. El equipo de ‘Mil cosas que haría por tí ha tomado, acertadamente, una ciudad de Valencia que se encuentra casi vacía para adentrarse en calles en las que nadie sospecha que se está grabando una película. Han rodado en interior y próximamente cambiarán hacia el exterior, pues la trama requiere incluso de dinámicas persecuciones. ‘Mil cosas que haría por ti’ es una comedia de enredos, donde el protagonista, Dani (Peter Vives) ha perdido un preciado objeto que le regaló su novia, Mónica (Iris Lezcano). Mónica, harta de que Dani no deje de decepcionarla, decide romper su relación. Pero Dani hará lo imposible por recuperar el objeto y así salvar su relación. Es precisamente ese intento del protagonista lo que le lleva a adentrarse en un mundo de mafiosos y ladrones con el que, desde luego, no está nada familiarizado.

Probablemente, lo que más nos llama la atención de la película es su producción catalano-valenciana, compuesta por Alhena Production, una productora catalana y la valenciana Dacsa Produccions. Sus productores, Norbert Llaràs y Xavier Crespo, nos desvelan, entre toma y toma, algunos entresijos de como funciona la producción de cine en España.

“Tenía una potencia y un guión que nos animó mucho”

Esta trama de enredos surge del argumento original de Joan Sanz y del trabajo como realizador de Dídac Cervera, también director de la película. Un característico humor surrealista que toma como referente principal a Woody Allen y se entremezcla con recursos cinematográficos novedosos que presuponen una historia dotada de sorpresas que no dejara indiferente al espectador.

“El proyecto nos llega a la productora hace unos tres años. Tenía una potencia y un guión que nos animó mucho. Y cuando se sumó la televisión, vimos que se podía llevar adelante”, explica Norbert Llaràs, responsable de otros títulos como ‘Alpha’ (2012), ‘La mujer del anarquista’ (2008), ‘Taxista Ful’ (2006) o ‘Los cronocrímenes’ (2007). Más adelante descubrimos que en realidad la idea original de Joan Sanz llegó a Alhena Production algún tiempo antes, pero es la versión coescrita con Dídac Cervera la que aporta el golpe de gracia. “ La versión que Dídac tenía en su cabeza y la manera de explicarla con los recursos propios del cine… Todo esto nos determinó a seguir adelante. Por supuesto, continuaba con el argumento original de Sanz de una comedia de enredos, donde se pierde un objeto de valor. Por cierto, el objeto ha cambiado, antes era un mechero y ahora es un reloj.” Son cosas de la magia del cine.

Norbert Llaràs y Xavier Crespo, productores de Mil cosas que haría por ti, durante la entrevista. Fotografía: Boris Ramírez.

Norbert Llaràs y Xavier Crespo, productores de Mil cosas que haría por ti, durante la entrevista. Fotografía: Boris Ramírez.

“En la coproducción todo son ventajas”

Es la cuarta película que Alhena y Dacsa producen juntos. Xavier Crespo, que ha trabajado con Carlos Saura en ‘Iberia’ (2005) y en documentales de éxito como ‘La sombra del iceberg’ (2007), realza los aspectos positivos de trabajar en coproducción, “ siempre es positivo porque se comparten comentarios, distintas visiones, inercias de trabajo…”. “Quizá sí existen algunos inconvenientes a nivel burocrático. Debemos tener en cuenta las cuotas a la hora de solicitar las ayudas públicas, pero es enriquecedor porque nos obliga a trabajar en diversos parámetros.” Ambos confirman que repetirían otra vez y Norbert añade que “Coproducir supone abrir puertas para encontrar más financiación y para lograr una explotación más grande. En este caso ha resultado así, entre Cataluña y Valencia, pero también con la pequeña participación francesa. Además, los pequeños inconvenientes solo son, debido a que gran parte de la ayuda económica es pública y las administraciones lo que no quieres es que se deslocalicen las ayudas. Si hay una ayuda de Culturarts, se quiere que vaya destinada a Valencia y lo mismo ocurre si las ayudan parten de la Generalitat Catalana.”

Saben bien de lo que hablan ya que participan en la película otras entidades como Televisión Española TVE, Televisió de Catalunya TV3 y además cuentan con el apoyo de ICEC (Institut Català d’Empreses Culturals), ICAA (Instituto de la Cinematografía y de las Artes Visuales), Culturarts y la pequeña participación de la francesa Papaye.

“Si pensamos en rentabilidad comercial, eso sería homogeneizar el sector”

A raíz de toda esta inevitable participación tanto de agentes públicos como privados, es inevitable que surja la duda de hasta que punto el cine debe ser rentable. “Esto se plantea en numerosas ocasiones en el mundo de la cultura, pero ¿y por qué no en el mundo del automóvil?. Para que se vendan coches existen ayudas y venden coches empresas que están normalizadas en el sector, quiero decir, es complicado como se estructuran las ayudas públicas y cómo se defienden. Si son muchas, pocas o si deberían obedecer a un planteamiento más global.” explica Xavier Crespo. De hecho, en el cine el dinero público no puede ser más de la mitad el presupuesto total, un claro indicador de que productores deben buscar financiación privada. Afortunadamente, Crespo nos recuerda que “ no todo el cine se hace pensando en ese complemento público. Pero, hay una excepción cultural independiente de la industrial, que debemos tener en cuenta, ¿es más rentable culturalmente una película de éxito que otra que no tenga tanto éxito?, ¿dónde se tiene que éxito?, ¿éxito en el público o éxito en festivales, en crítica, etc?. Hay tantos parámetros que convendría cerrar… Y eso que solo hablamos de cine en general y no de género. Me resulta difícil situarme en una de los dos bandos. Si pensamos en rentabilidad comercial, eso sería homogeneizar el sector, solo se podrán hacer películas que aparentemente, y eso no se sabe, tengan que ser rentables.”

En este sentido, Norbert Llaràs hace una comparación entre el modelo cinematográfico estadounidense, “en el fondo, en realidad los inversores están buscando bonificaciones fiscales y también hay de los propios estados retornos altísimos en impuestos. Es decir que al final, es tanto el volumen de negocio que genera la producción y la cantidad de impuestos que se pagan que cualquier inversión tiene un retorno triplicado.”

Pero lo que realmente motiva a estos productores es “hacer cosas que trasciendan y dejen huella, y por tanto, alimenten el espíritu crítico del espectador para que quede un residuo cultural. Al final, como en cualquier sector económico, hay dos tipos de profesionales: el productor que hace una actividad porque de verdad lo desea, y el especulador. Y creo que nosotros no sabríamos especular demasiado.”

Set de rodaje Mil cosas que haría por ti. Fotografía: Boris Ramírez.

Set de rodaje Mil cosas que haría por ti. Fotografía: Boris Ramírez.

“Queremos una amplia distribución”

Ya que el film se ha rodado en Valencia, nos encantaría poder verla aquí, pero la distribución es otro de los elementos que un productor debe gestionar y, hoy en día, y en ciertos tipos de películas, no es nada fácil. “ Estamos trabajando a marchas forzadas porque queremos tenerla terminada a finales de este año, de manera que hay una ventana abierta a poder estar en el Festival de Málaga, que es el festival más natural para este tipo de cine. Esta es la prioridad a pequeña escala. Pero no renunciamos a tener una distribución lo más amplia posible, para poder estar en las salas comerciales el mayor tiempo posible. Sería fantástico para nosotros que el público pudiera verlo y valorarlo. Desgraciadamente, la facilidad para estar en cines habituales no es normal en películas de un tipo determinado.” A pesar de todo, Norbert nos adelanta que será doblada al castellano para tener una posible distribución nacional, por supuesto “ la versión catalana-valenciana seguro que por lo menos en Cataluña tendrá distribución, esperando que aquí en Valencia también pueda tenerla (aunque será más pequeña). Y no olvidemos que intentaremos exportarla al extranjero, pues este referente a Woody Allen elimina los gags locales pudiéndose ver en muchos países.”

En este sentido, son precisamente los actores protagonistas de ‘Mil cosas que haría por ti’, Peter Vives (Volare; Barcelona, nit d’estiu) e Iris Lezcano (Carlos, Rey Emperador, L’alqueria blanca) los que se encargan de desvelarnos las características propias de la película, que alberga alguna que otra sorpresa. “Mi personaje, Dani, se desarrolla mucho dentro de la trama de la película.”, nos dice Peter Vives, “él no es realmente como lo veréis. Está acostumbrado a una vida monótona y rutinaria, y en todo momento en la película se le ve fuera de su zona de confort. Lo que va a llamar la atención del público son todas estas situaciones inverosímiles donde el personaje se va a ver envuelto, aunque también los personajes que van a estar junto a él en estas situaciones. Cada uno va a ser más cómico que el anterior.”

La actriz Iris Lezcano en camerino durante la entrevista. Fotografía: Boris Ramírez.

La actriz Iris Lezcano en camerino durante la entrevista. Fotografía: Boris Ramírez.

Y es totalmente cierto que probablemente el reparto de la película sea un punto a favor para conformar el género de comedia surrealista. Se reconocen casi todos los nombres como el de la genial Carmen Barrios (Carmina o revienta), el humorista Peyu, Jordi Vilches (Platillos Volantes, Krámpack), Boris Ruiz (Luna, el misterio de Calenda), Carles Sanjaime (Cinco metros cuadrados), Cristina Brondo (Perdona si te llamo amor) y Pep Cortés (Son de mar).

Iris Lezcano, que interpreta a Mónica en la ficción, se siente encantada de rodar en casa, “Valencia es una ciudad donde rodar está siendo un placer. Siempre digo que en Valencia me siento muy querida por la gente”. Pero pronto, el rodaje se trasladará a Barcelona donde se culminará la opera prima del joven Dídac Cervera. Es el trabajo del director lo primero que destaca Vives diciendo que “es muy importante en ‘Mil cosas que haría por ti’ cómo se cuentan las situaciones, o mejor dicho, la forma tan particular que tiene Dídac de contarlas. Se suceden las miradas a cámara y ese habla de la película que quizás habéis visto en Deadpool o en House of Cards. Hay un metalenguaje muy bien jugado.” Y por supuesto no se olvida de señalar referentes ,»también se suceden muchos flashbacks, como en RocknRolla. Y situaciones muy woodyallenescas, del antihéroe, el macho que no es nada alfa, que es más inseguro a medida que avanza la película, que se desenvuelve con polis, mafiosos, amigos que están locos y todo por un reloj, que es el verdadero protagonista de la película.” Iris Lezcano sintetiza la película en una última frase rematadora, “se desvela que al final, contra todo pronóstico, él haría mil cosas por ella .”

Permaneceremos atentos a las carteleras del próximo año deseando poder ver un resultado que promete aportar una esperada renovación del cine español.

María Ramis.

 

Maridos, mujeres y su difícil convivencia

Marits i mullers, de Àlex Rigola, adaptación de Maridos y mujeres, de Woody Allen
Teatre El Musical
Plaza del Rosario, 3. Valencia
Sábado 16, a las 20.30h, y domingo 17 de enero, 2016, a las 19.00h

La crítica ha alabado unánimemente esta adaptación de Maridos y mujeres, que durante cuatro meses ha triunfado en la cartelera barcelonesa y ha congregado 25.000 espectadores en la sala Villarroel. Àlex Rigola, uno de los directores de escena más reconocidos de Europa, es el responsable de esta versión de la mítica película de Woody Allen estrenada en 1992 y que llega al escenario del Musical en dos únicas funciones: sábado 16 a las 20.30 y domingo 17, a las 19.00 horas. Una comedia dramática que se adentra en los conflictos de pareja con una visión cruda y mucho humor. Los intérpretes son Andreu Benito, Joan Carreras, Mónica Glaenzel, Sandra Monclús, Mar Ulldemolins y Lluís Villanueva.

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

El guión de Marits i mullers está considerado uno de los más brillantes en la carrera de Woody Allen y disecciona las relaciones de pareja con tanta filosofía como humor. La trama arranca cuando Andreu y su mujer Rosa se enteran de que sus mejores amigos han decidido separarse. A partir de ese momento ellos también comenzarán a plantearse su relación.

Àlex Rigola acudirá el sábado al estreno del montaje en Valencia, primera parada en la gira de esta obra. Rigola ha sido director de la sección de teatro de la Bienal de Venecia entre 2010 y 2015 y ha dirigido el Teatro Lliure de Barcelona durante 8 temporadas. Director de escena de prestigio internacional, estrenó esta misma versión de Maridos y mujeres en castellano y con otro reparto en el Teatro de la Abadía en 2013. Su último trabajo es el montaje de El público, de Federico García Lorca.

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

Este montaje de Marits i mullers es una coproducción de Heartbreak Hotel, Teatro de la Abadía, Trànsit Projectes y La Villarroel. La crítica ha dicho de él: «La función es divertidísima (…) Tiene profundidad, humor, poesía, verdad y ritmo: ¿Qué más se puede pedir?» (Marcos Ordóñez. El País).  «En pocas palabras, me gusta más Àlex Rigola que (Woody) Allen. Es un placer descubrir que tiene igual talento para la comedia como para sus excesos (…) y su inteligente capacidad para dominar los tiempos y el espacio» (Javier Villán. El Mundo).

«De los mejores filmes de Woody Allen y una de las obras más inspiradas y populares de Àlex Rigola (…) Una puesta en escena brillante, por ingeniosa y meticulosa, y una soberbia dirección de actores.»

Santi Fondevila (ARA). «Incluso el propio Woody Allen aplaudiría la versión de Àlex Rigola de Marits i Mullers” (José Carlos Sorribes. El Periódico de Catalunya). «Versión dotada de un gran cuadro interpretativo, consigue una diversión de las más brillantes que se han podido ver en la escena local de muchos años a esta parte» (Joan-Anton Benach. La Vanguardia).

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

Escena de Marits i mullers, de Àlex Rigola. Imagen cortesía de Teatre El Musical.

“Valencia debe ser capital del mercado del mediometraje”

Entrevista a Carlos Madrid, director de La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 5 al 15 de noviembre de 2015

Lleva ocho años al frente del único festival de mediometrajes que hay en España y, por su carácter internacional, único en el mundo. Y durante todo este tiempo La Cabina no ha parado de crecer: en número de películas recibidas y seleccionadas para su sección oficial, en número de espectadores y hasta en presupuesto. A pesar de todo, Carlos Madrid, director del certamen, se muestra cauto porque en esto de la gestión cultural “nunca se sabe”. Pero sí, admite que las sensaciones de futuro “son buenas”. Tanto es así, que ya piensa en convertir a Valencia y La Cabina en “capital del mercado del mediometraje”.

“Queremos que vengan compradores y que La Cabina sea referente como mercado de cara a los canales de televisión”. Y para ello ya ha dado un primer paso trayendo este año a Hélène Vayssières, responsable de contenidos de Arte France. Considera injustificable que los canales españoles no hayan puesto todavía su mirada en el festival como fuente de contenidos para sus respectivas programaciones. “En Francia y Alemania sí hay canales de televisión que compran mediometrajes”. Sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un formato (películas de entre 30 y 60 minutos) “muy parecido al de las series de televisión que tanto éxito están alcanzando”.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid, director de La Cabina. Fotografía: Fernando Ruiz.

Carlos Madrid piensa, como proyecto a más largo plazo, que el mediometraje pueda entrar incluso a “formar parte de las salas comerciales”. Aunque eso sean palabras mayores. “Queremos que La Cabina sea un semillero no sólo de producción, sino de distribución, aunque todavía no lo sea”. “Es una carrera de fondo”, apostilla. Como lo es para cuantos han decidido apostar por un formato para cuya realización se necesita “un acto de valentía”.

Aún así, ahí están los directores, muchos de ellos famosos como Woody Allen, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Andrei Tarkovski o Jean Vigo, que han realizado en alguna ocasión mediometrajes. La Cabina Inèdits se hace cargo de ello, contando este año con películas de Federico Fellini, Claire Denis o la recientemente fallecida Chantal Akerman. “Fue una casualidad fatal que tuviéramos previsto programar una de sus películas y muriera justo unas horas antes. Sirva la proyección de homenaje, no sólo por ella, sino porque se dedicó al mediometraje”, subraya Madrid.

Novedad en la edición de este año, que se celebrará del 5 al 15 de noviembre, es la sección ‘A Mal Gam A’, tomando ese título de una película homónima de Iván Zulueta y que da idea del tipo de obras que se pretenden incluir: “Videoclips, rarezas, cine experimental, documentales pero no del tipo entrevista y voz en off”. Wikipedia se refiere a esos otros más convencionales que La Cabina en esa página por actualizar dice no incluir. “Recuérdame que la actualice porque es verdad que está desfasada”, se disculpa el director. Díptico Rock es otra de las novedades. “Arrancamos con Néstor Mir (La conquista del oeste) y el documental de Carlos Aimeur de seguimiento del grupo La Muñeca de Sal, que pondrá el colofón presentando oficialmente su disco”.

El crecimiento de La Cabina está, sin embargo, lejos de equiparar esfuerzo y presupuesto destinado a cubrir costes, aunque Carlos Madrid reconozca que esa diferencia se ha aminorado. “Este año tenemos 17.000€ gracias a la subida de CulturArts y de La Nau de la Universitat de València”, que siguen apostando por el festival. Nada que ver con la nula respuesta que en su momento obtuvieron por parte de la concejala de Cultura, Mayrén Beneyto, y del secretario autonómico de Cultura, Rafael Ripoll. Del nuevo equipo de gobierno dice tener buenas sensaciones. “Hemos hablado con Carmen Amoraga [directora general de Cultura y Patrimonio] y con Glòria Tello [concejala de Cultura] y ambas han mostrado interés por La Cabina”. Un festival que en su octava edición contará, entre sus apuestas más destacadas, con la película de James Franco y Travis Mathews Interior. Leather Bar, de Mike Leigh Carrera de obstáculos y Kung Fury (David Sandberg), “un auténtico fenómeno viral”, resalta Madrid.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Carlos Madrid, director del festival La Cabina. Fotografía: José Cuéllar.

Salva Torres

Cadáver exquisito: por azar al arte

A los postres un cadáver y otras nimiedades
Exposición del colectivo Cadáver exquisito
La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta finales de febrero

Asociaciones libres. Escritura automática. Cadáveres exquisitos. He ahí los procedimientos utilizados por los surrealistas para hacer emerger un sentido oscuro, violento y pulsional que vendría a contrariar ese otro sentido del orden convencional. “Actividad ultra-confusional que toma sus fuentes en una idea obsesionante”, según afirmó André Breton, uno de sus impulsores. ¿Idea obsesionante? ¿Pero cuál?

Obra de Javier Marisco en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Javier Marisco en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Los propios surrealistas partían de una evidencia: la de hallarse habitados por algo que no entendían, pero que sin duda les afectaba con gran intensidad. Tanta, que se tornaba en esa idea obsesionante que emergía en su obra, tras ponerse en marcha la maquinaria creativa impulsada por el torrentoso azar. Que es lo que hacen los 12 artistas valencianos reunidos en torno a esa misma práctica del Cadáver exquisito. Cadáver o cadáveres exquisitamente dispuestos en una de las salas de La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Daniel Gordillo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Iván Campos, Toni Cosin, Violeta Esparza, Manuel Gamonal, Daniel Gordillo, Daniel Granero, Javier Marisco, Jorge Montalvo, Eduardo Romaguera, Jorge Rubert, Nacho Ruiz y Bru Soler. He ahí los artistas, en riguroso orden alfabético sin duda inapropiado, cuya búsqueda de la provocación y del desconcierto, característicos del afán surrealista, adquiere otros derroteros. A estas alturas del culmen televisivo, donde el escándalo o lo escandaloso ha sido transformado en mercancía, la práctica del cadáver exquisito tiene ya otra finalidad.

Obra de Jorge Rubert en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Jorge Rubert en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

En el caso de los artistas reunidos en la muestra colectiva de La Llotgeta, que lleva por elocuente título ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’, se trata de poner el acento en la asociación libre, en la práctica artística de conjunto, en la energía que libera el propio acto creativo. Una energía que se bifurca como el jardín de senderos de Borges, tomando cuerpo de distintas formas.

Obra de Violeta Esparza en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obra de Violeta Esparza en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Y el cuerpo, sin duda, adquiere especial protagonismo en los casos de Daniel Gordillo, Javier Marisco y Eduardo Romaguera. Cuerpos descoyuntados o en bucle como experiencia de abismamiento de la pulsión que nos habita. Lo vivo de la pasión, pues, ligado a su reverso siniestro en forma de esqueleto, de masa amorfa o del eterno femenino. La problemática del deseo se escenifica en esa carnalidad que no termina de hallar la buena forma, por fragmentación del cuerpo, por apelmazamiento o por su repetición incansable.

Obra de Eduardo Romaguera en la exposición 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. Aula de Cultura La Llotgeta.

‘Entre dos lunas’, obra de Eduardo Romaguera en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

La sociedad de consumo es otro de los caminos que toma ese espíritu del cadáver exquisito. Dólares (Granero), anagramas (Rubert), recortes de prensa de los medios de comunicación de masas (Montalvo) son utilizados para que emerja ese malestar en la cultura del que habló Freud. Incluso la historia del arte (Rembrandt comparece en la obra de Gamonal) se ve abducida por la seducción de las imágenes en tanto narcótico para la vista. De ahí la deconstrucción practicada en todos esos símbolos que apenas representan cierta alienación del sujeto.

Obra de Jorge Montalvo en 'A los postres un cadáver y otras nimiedades'. La Llotgeta.

Obra de Jorge Montalvo en ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. La Llotgeta.

‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’ pone el acento en la catarsis que supone la asociación libre y en los fantasmas que afloran una vez practicada. Por eso de nimiedades, nada. En todo caso, la manifestación real y sin ambages de cuanto este colectivo de artistas lleva dentro y de otra forma no se hubiera atrevido a contar. La neurosis de Woody Allen en materia sexual, trasladada a esta ristra de cadáveres exquisitos que el Aula de Cultura La Llotgeta muestra hasta finales de febrero. Bon profit.

Obra de Manuel Gamonal. La Llotgeta

Obra de Manuel Gamonal en la exposición ‘A los postres un cadáver y otras nimiedades’. Aula de Cultura La Llotgeta.

Salva Torres

Sencillamente, amor

Magia a la luz de la luna, de Woody Allen
Intérpretes: Colin Firth, Emma Stone, Maarcia Gay y Jacki Weaver
Estados Unidos, 2014

Probablemente Woody Allen, para sobrevivir a la angustia de la vida y de la muerte, nos regala una película todos los años desde 1982. Cada año una historia diferente, pero todas ellas salpicadas con mayor o menor intensidad de su irónico humor que se trasluce en la verborrea y las situaciones neuróticas de sus personajes. Tras la agria comedia, Blue Jasmine, sobre la especulación inmobiliaria y bancaria y la venganza femenina, la simpática, entretenida comedia romántica Magia a la luz de la luna. Sí, Magia a la luz de la luna es una película entretenida.  Con una narración concisa, clara y con buen ritmo consigue hacernos sentir la existencia menos molesta, por lo menos por dos horas. Y, ¡ya es mucho!.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Magia a la luz de la luna  pivota  sobre  la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Una dialéctica que Woody Allen inserta en la trama y en la caracterización de los personajes.

Veamos. El espacio temporal donde la historia se ubica ya marca ese contraste entre lo sensitivo-emocional y lo material-racional. La película  está ambientada en el espacio apacible y estival de la naturaleza del mediterráneo francés  a finales de los años veinte en plena expansión tecno-industrial. Y en ese ambiente surge la historia de amor entre el mago Stanley Crawford y la falsa médium Sophie. Él y ella enfrentados. Él, mejor mago del mundo, cuyos excepcionales trucos se sustentan en el conocimiento del pensamiento cognitivo, científico y tecnológico, frente a ella, una actriz desconocida, contratada para interpretar el papel de una mujer con poderes sobrenaturales. Él, invitado por un colega suyo para desenmascarar a esta médium, se ve envuelto en una farsa donde su pensamiento racional, científico, material se va a desmoronar.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Él frente a ella: ella mira a él, él mira a ella. Ambos atrapados por la mirada. Una mirada  que atraviesa la conciencia racional de él hasta penetrarle en el corazón. Y surge el amor: un sentimiento que nace de lo irracional-inconsciente de la mirada.

Magia a la luz de la luna nos cuenta una sencilla historia donde el amor atraviesa la dialéctica de lo material y lo trascendental, lo racional y lo irracional, lo inteligible y lo ininteligible, lo natural y lo sobrenatural, lo mágico y lo científico,  lo masculino y lo femenino. Fin.

Fotograma de 'Magia a la luz de la luna', de Woody Allen.

Fotograma de ‘Magia a la luz de la luna’, de Woody Allen.

Begoña Siles

15.000 valencianos a la conquista del Oeste

Barras y Estrellas. Los valencianos y los USA
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 24 de mayo de 2015

“A principios del siglo XX un valenciano de la comarca de la Safor o de la Marina, vivía en un contexto socioeconómico desde el que la percepción de lo ‘norteamericano’ resultaba cuanto menos exótica”. Lo dice Joan Seguí, director del Museu Valencià d’Etnologia. Luis García Berlanga se hizo eco de ese mismo exotismo en su genial ‘Bienvenido Mr. Marshall’. Eran tiempos de penuria en España, que miraba hacia América como la “tierra de oportunidad” tantas veces mostrada en las películas del Oeste. Y hacia allí se fueron, hace un siglo, los 15.000 valencianos de los que se hace eco la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos’.

Algunos de los objetos incluidos en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Algunos de los objetos incluidos en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

El “99’9%” de los que emigraron regresó tiempo después, porque como apuntó Robert Martínez, comisario de la muestra junto a Sunció García, el viaje tenía como objetivo lo que Woody Allen sintetizó en una de sus obras: “Coge el dinero y corre”. La tierra de oportunidad americana consistía en eso, algo que también recoge Dos Passos en su emblemático ‘Manhattan Transfer’: “Quiero llegar a algo en este mundo. Europa está podrida, apesta. En América uno puede abrirse camino”.

Una de las imágenes pertenecientes a la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Una de las imágenes pertenecientes a la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

Y para abrirse camino, esos 15.000 valencianos no dudaron en cruzar el Atlántico y, a través de Ellis Island, entrar en los Estados Unidos en busca del sueño que destilaba tan exótico territorio. Comparado con otras migraciones, la valenciana fue como “una milésima parte de una gota de agua”, si, como apuntan los comisarios siguiendo al historiador James D. Fernández, las demás oleadas representan “una gota en un océano”.

Barras y estrellas. Los valencianos y los USA. Museu Valencià d'Etnologia.

Barras y estrellas. Los valencianos y los USA. Museu Valencià d’Etnologia.

El Museu Valencià d’Etnologia recoge la huella de su paso minúsculo por aquel inmenso país, mediante fotografías, cartas y diversos objetos personales, entre los que se encuentran visados, monedas, el baúl de Concha Piquer o multitud de gorras (“allá donde dejo mi sombrero, allá es mi casa”, como dice un proverbio anglosajón señalado por los comisarios). El montaje de la exposición tiene un marcado carácter escenográfico, lo que permite entroncar ese viaje de ida hacia el exotismo de los Estados Unidos, con el posterior retorno y la influencia de aquella cultura en la sociedad valenciana.

Instalación perteneciente a la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Instalación perteneciente a la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

La segunda parte de la exposición ‘Barras y estrellas’ supone una reflexión acerca de esa “apabullante influencia cultural” (Seguí) de los Estados Unidos en nuestra sociedad más próxima. “Un reflejo poliédrico en el cual encontramos desde la emulación hasta la crítica, pero nunca la indiferencia”, destacan Robert Martínez y Sunció García. De la emulación se encargan los numerosos objetos que, a modo de iconos, representan aquella cultura del rock, el cómic, el cine y la televisión. Hay chapas de Coca-Cola y Pepsi, referencias a Elvis Presley, carteles con frases alusivas al universo mediático (“siempre nos quedará París”), la famosa sopa Campbell y hasta una Harley Davidson.

Pieza de José Sanchis en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los USA'. Museu Valencià d'Etnologia.

Pieza de José Sanchis en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los USA’. Museu Valencià d’Etnologia.

Y como reverso, la crítica acerada contra esa cultura tan omnipresente como avasalladora. Hay piezas de Equipo Crónica, de Josep Renau o de Rafael Calduch, dando paso a una instalación con disfraces tipo Superman y otra con hueveras, un sillón y diversas series de televisión, desde Mad Men a Equipo A. De manera que el viaje de aquellos 15.000 valencianos se torna agridulce. Aquella cultura exótica, de la que muchos regresaron con los bolsillos vacíos y una vieja maleta, dejando paso al seductor encanto de unas imágenes con el The End interminable sobre una pantalla.

Obras de Josep Renau en la exposición 'Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos', en el Museu Valencià d'Etnologia.

Obras de Josep Renau en la exposición ‘Barras y estrellas. Los valencianos y los Estados Unidos’, en el Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres

Memoria y miedo en el cine

Ciclos de cine
Memoria y felicidad, en Palau de Cerveró (Plaza Cisneros, 4)
La cultura del miedo, en Col.legi Major Rector Peset (Plaza del Horno de San Nicolás, 4)
Organiza el Aula de Cinema de la Universitat de València

La relación entre la memoria y la felicidad, y la cultura del miedo son los temas de los ciclos de cine que como cada otoño ofrece este año la Universitat de València. Cerca de una veintena de películas y una colección de documentales, que se proyectarán en distintos espacios de la ciudad y en otros municipios valencianos. El Aula de Cinema comienza su programación regular, con dos sesiones semanales en versión original y entrada gratuita, a las 18 horas, con presentación y coloquio.

'Bowling for Columbine', documental de Michael Moore que se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

‘Bowling for Columbine’, documental de Michael Moore que se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

El Palau de Cerveró acogerá todos los jueves el ciclo Memoria y felicidad, una selección de películas que aborda la relación entre los recuerdos, el olvido y los  estados de ánimo. El jueves pasado se proyectó ‘Olvídate de mí’  y próximamente se verán otros títulos, como ‘Juliette o la llave de los sueños’ y ‘Niebla en el pasado’.

Los martes, la sala de cine estará en el Col.legi Major Rector Peset, donde se proyecta un ciclo dedicado a la Cultura del miedo. Se inicia el martes 7 de octubre, con la programación del documental ‘Bowling for Columbine’ (Michael Moore, 2002), una indagación sobre la inseguridad social y el miedo sin los que resulta imposible pensar la sociedad norteamericana, especialmente tras los atentados del 11-S.  El ciclo también incluye ‘El bosque’, ‘Distrito 9’ y ‘Contagio’.

Juliette o la llave de los sueños se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

Juliette o la llave de los sueños se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

Por otra parte, el Servei de Política Lingüística colabora con diversas instituciones y entidades para ofrecer una variada e interesante programación de cine en valenciano o en versión original subtitulada en valenciano.  El pasado sábado se proyectó, en Benimàmet, ‘Blue Jasmine’, de Woody Allen. A lo largo del mes se podrán visionar otras cinco películas más en Ontinyent, Burjassot y Benimaclet.

Semillas y tuits

El Jardín Botánico  presenta  el ciclo de documentales El valor de les llavors, enmarcado en su campaña temática de actividades de 2014, que este año da protagonismo a las semillas, pequeñas porciones de biodiversidad, fuente de riqueza, cultura y patrimonio.

Fotograma de 'Distrito 9', de Neill Blomkamp, película que se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

Fotograma de ‘Distrito 9’, de Neill Blomkamp, película que se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset.

Diferentes proyectos audiovisuales que abordan la importancia de la conservación de las semillas en el campo y de la problemática de un paisaje amenazado como es el de la huerta. Las proyecciones tendrán lugar todos los martes de octubre, a las 19 horas, en el Auditori Joan Plaça del Jardí.

Comenzará el 7 de octubre con Mengem SA, del colectivo Melderomer y Huertos Urbanos de Benimaclet de RTVE. Como novedad, un concurso de tuits en vivo para hacer las sesiones más participativas, con un premio especial para el que mejor sepa captar la esencia del ciclo con una frase de tan solo ciento cuarenta caracteres.

Fotograma de El bosque, de M. Night Shyamalan.

Fotograma de El bosque, de M. Night Shyamalan, película que se proyecta en el Col.legi Major Rector Peset de la Universitat de València.

Bel Carrasco