#MAKMAArte
‘Deriva’, de Olga Diego y Diana Lelonek
Comisaria: Reyes Martínez
Set Espai d’Art
Plaza Miracle del Mocadoret 4, València
Hasta el 29 de julio de 2023

Decía el investigador y biólogo marino Jacques Cousteau que el agua y la tierra, “los dos fluidos esenciales de los que depende de la vida, se han convertido en latas globales de basura”. Woody Allen, a modo de irónico contrapunto, ha llegado a decir, con respecto a la limpieza de las calles de Los Ángeles: “Aquí guardan la basura y la convierten en programas de televisión”.

Olga Diego, haciéndose eco de las palabras de Cousteau y alejándose de la igualmente contaminante telebasura, se limita a la creación artística para transformar el horror en belleza. O, también: para revelar cómo en la propia belleza puede haber un trasfondo siniestro. Lo vimos cuando erupcionó el volcán de La Palma, donde mientras unos sufrían sus consecuencias, otros asistían fascinados al espectáculo de la lava ardiente.

“Quienes nos dirigen han de tomar medidas, pero mi función como artista es la de gritar. Los artistas gritamos; somos como los punkis del momento. El artista vomita un sentimiento, pero también un pensamiento, ante lo que nos horroriza. Estamos en una burbuja y esto va a explotar ya. Y no es una imagen visionaria, sino que, valga la redundancia, se ve venir”, resalta Olga Diego.

Olga Diego, sentada en el interior de su instalación ‘Isla flotante’, en la galería Set Espai d’Art.

Su instalación ‘Isla flotante’, realizada con 3.620 botellas de plástico, forma parte de la exposición elocuentemente titulada ‘Deriva’, que Reyes Martínez –comisaria de la muestra y responsable de Set Espai d’Art, galería que la acoge– ha puesto en diálogo con la obra de Diana Lelonek. “La verdad es que dialogan muy bien; ambas obras están relacionadas”, subraya la comisaria.

“La obra de Diana se relaciona con la instalación de Olga, porque al final la ‘Isla flotante’ de ésta, termina pareciendo más un glacial que una isla, porque el sonido del agua tiene correspondencia con lo que podríamos pensar que es un iglú polar”, refiriéndose Martínez al sonido que acompañan los cuadros de Lelonek, que parece sugerir el lento deshielo de los polos, asociados al cambio climático y al desastre medioambiental sintetizado en la máxima de Cousteau.

Detalla de la pieza ‘Isla flotante’, de Olga Diego, en la galería Set Espai d’Art.

El grito –al estilo del lanzado por Edvard Munch– que Olga Diego asume, con su especie de iglú integrado por esos miles de botellas de plástico, tiene su correspondiente bandera, aunque la artista la enarbole a su manera: “Aquí hay unas 3.620 botellas –todas de litro y medio– unidas entre sí mediante hilos fabricados con máquinas a partir de botellas de plástico. Hilos con los que a su vez he tejido esta bandera del nuevo continente plástico. Funciona como una señal de tráfico: de peligro o de prohibido”.

Una frágil bandera contra toda una deriva del plástico inundando los océanos. “La idea de ‘Isla flotante’ surge en 2014 y en 2019 es cuando se construye. Y se llama así porque entonces había una isla de plástico en el Océano Pacífico, un problema que ahora está descontrolado”, señala Diego.

Junto a su obra, la de Lelonek pone el acento en la destrucción de cierta zona de Varsovia por culpa de la extracción abusiva derivada de la industria minera. “Utiliza documentos de época de la historia de la industria de la minería en Varsovia, con sus fotografías, para contar cómo la explotación minera afecta a los recursos naturales de la zona y cómo el cierre de la mina repercute luego igualmente en el pueblo y su cultura”, apunta Reyes Martínez.

Tres de las obras de la exposición de Diana Lelonek, en la galería Set Espai d’Art.

“Hay temas –continúa diciendo la comisaria– que se ponen de moda, como este de los plásticos, y ante eso yo tengo muchas reservas. Pero cuando hablamos del trabajo de Diana Lelonek o el de Olga Diego lo que prima es lo que de verdad hay en sus obras; lo hacen por puro compromiso y para reflejar esa realidad”. Y añade: “Cambiar el mundo no lo vamos a cambiar, pero sí pienso que el arte puede ayudar a la reflexión”. 

Reflexión que lleva a Olga Diego a manifestar: “Como artista sientes una responsabilidad, porque el trabajo que haces es pensamiento. Tú cuando creas tienes una preocupación y el subconsciente te delata. A mí me impactan esas olas de plástico en el mar plagado de botellas y, a la hora de crear, me sale todo eso”.

Y lo que le sale es una instalación que ocupa gran parte de la galería Set Espai d’Art, a modo de gran esfera celeste que encierra en su interior tanta belleza como el reflejo de la inquietud que provoca en la artista esa deriva medioambiental. “Se puede transformar la deriva en belleza, porque al final creamos una pieza artística, pero en el fondo subyace esa idea de que vamos a la deriva, hacia la catástrofe”.

“De lo siniestro –revela Diego– de la destrucción, de la basura, relacionada con esa deriva que ojalá no existiera, hemos realizado una escultura que es como una joya. Del desastre, de lo feo, de lo horrendo, vamos al arte, a la belleza”. “Es una obra preciosa, pero en el fondo es un drama. Para mí el arte es capaz de mostrarte el desastre de esta otra manera”, agrega Reyes Martínez.

Bocetos del proyecto ‘Isla flotante’, de Olga Diego, en la galería Set Espai d’Art.

‘Isla flotante’ cuenta, además, con los bocetos del proyecto gestado en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) y en el que participaron alumnos de diversos institutos a modo de experiencia pedagógica. “En este pequeño apartado digamos que está el pensamiento de la pieza, precisamente para podérselo explicar a los estudiantes de esas prácticas, a los que había que enseñar a construir una serie de triángulos de botellas, a modo de sub módulos, y cómo atarlos”.

Diego abunda en ello diciendo que se trata “de un icosaedro construido a partir de triángulos, de manera que el proyecto lo vinculamos también con la ciencia y la matemática, además de contar igualmente con una parte eléctrica –porque la isla lleva su electricidad– y la alimentación solar, con su batería, para que luzca por la noche”.

Salva Torres, junto a la artista Olga Diego, en el interior de su ‘Isla flotante’. Foto: Reyes Martínez.

Y es así, reluciente, mayestática y entre bella y siniestra, como esta ‘Isla flotante’ recibe al espectador en la galería, quien, por medio de ella, puede hacerse una idea de lo que nos amenaza, debido a la propia pulsión humana por conquistar la naturaleza, mientras, literalmente, la consumimos.

“La existencia de la clase media ha conllevado una mayor destrucción del planeta, porque ahora hay mucha más gente viajando por todo el mundo; y escuchar esto es muy doloroso. Lo ideal sería que hubiera una cierta presión social para que la clase política tomara decisiones al respecto, en lugar de que al final se tenga que imponer para evitar este desastre al que vamos; yo soy bastante pesimista”, sentencia la artista.

‘El jardín de las delicias’, de El Bosco.

También cita a unos de sus referentes, el Bosco [Jheronimus van Aken], quien hablaba en ‘El jardín de las delicias’ “del pecado de la carne y, en mi caso, yo hablo del pecado consumista que nos lleva a ese mismo desastre reflejado en la obra del pintor”.

Desastre motivado por el uso desproporcionado del plástico, que, siendo “un buen material que necesitamos para algunas cosas”, termina mostrando su faz más perniciosa vinculada con “las empresas del petróleo, que nos lo han impuesto de forma tan masiva”, sostiene la artista, rematándolo con una pregunta: “Y, ahora, ¿quién deshace eso?”

Y, tras la reflexión, Olga Diego concluye apelando a la emoción que genera el objeto artístico: “A mí me gusta la belleza, aunque sea una belleza siniestra; me encanta Goya. Me gustaría que cambiasen cosas –aunque sin llegar a ser tan pretenciosa de creer que tú lo vas a lograr– y para eso necesitas conquistar a la gente normal, no solo a los expertos. Y conquistarla con aquello que a ti te atrae, te conmueve. ¡Y a mí esto me conmueve!”.

Olga Diego
Olga Diego, con su obra ‘Isla flotante’ detrás, en la galería Set Espai d’Art.