Riots Panorama o el paisaje urbano caótico

Riots Panorama, de Duarte Encarnaçao
Gabinete de Dibujos
Gris Magatzem d’Art
C / Literato Azorín, 14. Valencia
Marzo-abril de 2016

«¡El dibujo reacciona al mundo! ‘Riots Panorama’ representa un paisaje urbano caótico generado por varios acontecimientos en distintas ciudades del planeta, desde las manifestaciones de la “Primavera Árabe”, los motines suburbanos de París, Vancouver, Atenas y, principalmente, los hechos ocurridos en Londres en agosto de 2011, llevando la metrópolis a un estado de alarma caracterizado por violencia, desorden y terror en varios barrios (Hackney, Brixton, Walthamstow, Peckham, Battersea, Croydon, Lewisham…), la violencia juvenil puesta en escena a través del racismo, la guerra de clases, la crisis económica, la criminalidad, la ruptura moral y social asociada a la cultura de pandilla (en esta ocasión fueron detenidas cerca de 3.100 personas).

Drop City, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Drop City, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Este dibujo, como construcción, permite deslindar un paisaje artificial de la urbe agotada, postrevolucionaria y deshabitada, en otros tiempos, un lugar de hechos y protestas populares por parte de sus ciudadanos. El momento ahora es congelado por la tinta en puro fetichismo entre lo real e imaginado, subrayando referencias sensuales del sistema “starchitecture” (30 St Mary Axe de Foster + Partners o todavía las torres gemelas del World Trade Center de Minoru Yamasaki) que constituyen el enaltecimiento de la ciudad gloriosa que persigue la utopía de la “ciudad ideal”. ‘Riots Panorama’ conmemora a modo de postdesastre simbólico el fracaso de la vida urbana y capitalista.

Banks, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Banks, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Le acompaña la serie de dibujos ‘City Delicatessen’, que se desarrolla por parentesco a la serie de grabados Carceri d’Invenzione (1749) de Giovanni Battista Piranesi, recreando una arqueología de un presente incierto, y que consiste en una amalgama de rastros contemporáneos, donde sobresalen referencias a Drop City (el primer poblado hippie) y a los domos geodésicos de Buckminster Fuller, pero también a ciudades imaginadas desde el entorno de la actual crisis económica internacional, como por ejemplo Banks, dibujo que presenta de forma anecdótica a la banca como patéticas esculturas parlantes».

Así describe Duarte Encarnaçao (Funchal, Madeira, 1975), autor de ‘Riots Panorama’, su intervención en el Gabinete de dibujos, un conjunto de cinco piezas meticulosamente dibujadas con tinta china, algunas de las cuales participaron anteriormente en la muestra de la Universidad de Zaragoza ‘7×1 Usos’, comisariada por el grupo de investigación de esta Universidad con el que Duarte Encarnaçao colabora en ‘Los Usos del arte’. Caos urbano y crisis de ideales.

Riots Panorama, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Riots Panorama, de Duarte Encarnaçao. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

La calma tempestuosa de Vulcania

Vulcania, de José Skaf
Intérpretes: Aura Garrido, Miquel Fernández, José Sacristán, Ginés García Millán
Estreno en cines
Marzo de 2016

Vulcania es un parque temático de los volcanes ubicado en Francia. Ahora, también es una película de José Skaf. Y entre el parque temático y la película hay ciertas similitudes; una especie de eje imaginario que las vincula. Porque si en el parque temático se trata de convertir en algo amable lo que tiende a ser peligrosa naturaleza, también en la Vulcania cinematográfica hay una sensación de calma, tras la cual se esconde una trama subterránea a punto de explotar cual lava incendiaria.

Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“Esa aparente calma anuncia cierta violencia”, comenta José Skaf, quien subraya que la irrupción de la misma se hace “desde la pausa”. No quería realizar una película de ciencia ficción con grandes efectos especiales (“no había presupuesto para ello”), sino mostrar esa “atmósfera opresiva” mediante acciones “que fueran más mentales que físicas”. De manera que Skaf narra la historia de Jonás (Miquel Fernández), afectado por la muerte de su familia en un oscuro accidente, empleando los recursos del thriller más intimista.

Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Jonás compartirá su melancolía con Marta (Aura Garrido), también afectada por lo sucedido, en medio del trabajo en una fundición comandada por sospechosos líderes, encarnados por José Sacristán y Ginés García Millán. “Es un regalo contar con esos actores”, señala Skaf, orgulloso de haber podido contar con semejante reparto para su primer largometraje, sorpresa en el pasado Festival de Sitges. Ciencia ficción distópica, esto es, reflejo de una sociedad abúlica por un exceso de control y seguridad, que, sin embargo, deja traslucir cierto horizonte: “Quería que el final fuera, pese a todo, esperanzador”, precisa el director.

Final esperanzador o no (el espectador tiene la palabra), Vulcania remite a las películas que muestran la pesadilla de cierta alienación social fruto del trabajo industrial y en serie, cuya opresión contrasta con la idealización de un mundo exterior al que constantemente se alude (la ciudad). El anhelo de Jonás y, después de Marta, por alcanzarlo, se verá amenazado por el siniestro control de quienes alimentan el fuego de la comunidad con su gélida organización de la comunidad.

Miquel Fernández y Aura Garrido en 'Vulcania', de José Skaf.

Miquel Fernández y Aura Garrido en ‘Vulcania’, de José Skaf.

“No hubo intención de crítica social”, advierte Skaf, por mucho que esa disposición de ánimo pueda remitir a la calma y seguridad de las sociedades opulentas en detrimento de la libertad. Vulcania también contiene cierta crítica al control de natalidad y las funestas consecuencias para quien se lo salta. “El hijo que Marta tiene fuera del matrimonio tradicional da pie a los prejuicios del pueblo y a su reacción moral”, apunta el director. Como en Hijos de los hombres, de Alfonso Cuarón, el nacimiento de un hijo provoca la alteración de un sistema que lo vive como problema y motivo de cruenta sospecha.

José Skaf dice que la ciencia ficción es un género que le atrae. Escrito el guión con Diego Soto y rodada en pocas semanas en el Pirineo catalán, Vulcania pretende “hacer reflexionar” acerca del mundo en que vivimos. La dialéctica entre seguridad y libertad, y los entresijos misteriosos del poder, están muy presentes en una película tan ajustada al guión que resta vida a los personajes. Con todo, un más que meritorio debut.

Aura Garrido y Miquel Fernández en 'Vulcania', de José Skaf.

Aura Garrido y Miquel Fernández en ‘Vulcania’, de José Skaf.

Salva Torres

Aquella lucha por el sufragio femenino

Sufragistas, de Sarah Gavron
Intérpretes: Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Natalie Press, Meryl Streep
Sala Berlanga de la Filmoteca de CulturArts
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Miércoles 9 de marzo de 2016, a las 20.00h

“La historia es la huella que deja detrás de sí la búsqueda y la espera que se abre ante ella.” (Lyotard)

La película Sufragistas refleja esta definición sobre la historia que el filósofo Jean-Francois Lyotard da en su libro ¿Por qué filosofar?.  Sufragistas narra esa huella que dejó detrás de sí la búsqueda reivindicativa del derecho al voto femenino que llevaron a cabo las mujeres que formaron el movimiento sufragista a mediados del siglo XIX en Reino Unido. Un movimiento reformista social, económico y político que pedía el derecho al sufragio femenino.

La directora Sarah Gavron muestra en campo, por una parte, las acciones políticas y terroristas del movimiento sufragista -manifestaciones, mítines clandestinos, actos violentos de sabotaje-  y las dramáticas consecuencias a nivel familiar y laboral que sufrían las mujeres por ser militantes o simpatizantes del movimiento; y, por otra, en el fuera de campo de la historia cinematográfica y en los rótulos finales transcribe la espera futura que abrió esa búsqueda de justicia y libertad del movimiento sufragista.

Carey Mulligan en un fotograma de Sufragistas, de Sarah Gavron.

Carey Mulligan en un fotograma de Sufragistas, de Sarah Gavron.

IntraHistoria

Sufragistas no es sólo una loa al movimiento sufragista inglés, ni sólo un reconocimiento a dos de sus figuras femeninas más significativas históricamente, Emmeline Pankhurst y Emily Davison, sino también un elogio a todas las mujeres que apoyaron la causa, pero cuyos nombres no cristalizaron en los libros y archivos de Historia.

Así, la narración se inicia con el mitin de Emmeline Pankhurst -Meryl Streep- fundadora de la organización de Unión Política y Social de la Mujer y termina mostrando la muerte de la activista Emily Davison -Natalie Press- ocurrida en el Derby de Epson de 1913 al intentar poner la bandera sufragista al caballo del Rey Jorge V de Inglaterra.

Y entre esos dos acontecimientos, la película narra la dura vida de Maud Watts -Carey Mulligan- una obrera, como muchas otras activistas, cuya creencia en el voto femenino para cambiar las leyes y construir un modo de vida más justo para las mujeres le costó perder lo más querido: su hijo.

El personaje de Maud Watts representa a esa “mitad del mundo” de cuya vida silenciosa y anónima nada dice la historia, ni los periódicos. Esa vida intraHistórica es la sustancia del progreso, tal y como denomina y reconoce el escritor Miguel de Unamuno en su libro En torno al casticismo.

Fotograma de Las Sufragistas.

Fotograma de Sufragistas, de Sarah Gavron.

Begoña Siles

Hermes Berrio y Toxicómano, en calle viva

Manual de Buenos Modales. Hermes Berrio y Toxicómano
Speakeasy de La Fiambrera Art Gallery
C / Pez, 7. Madrid
Hasta el 19 de marzo de 2016

Aprovechando su participación en la feria madrileña de arte contemporáneo JustMad 2016 (23-28 de febrero), la galería bogotana + MAS: Arte Contemporáneo exhibe en el Speakeasy de La Fiambrera una muestra de dos de sus artistas más representativos, Hermes Berrio y Toxicómano, cuya obra está directamente vinculada al grafitti, a la pintura callejera y al arte urbano, con un alto compromiso con la protesta social y política.

En estos días de alto voltaje informativo, el mundo presenta una crisis histórica de valores que nunca antes habían sido evidenciados con tanta rapidez, ni con tanta cobertura y a la vez con tanta indiferencia. Recibimos las imágenes y las noticias de los peores acontecimientos humanos con una total somnolencia en la consciencia. Con esta exposición se invita al espectador a reflexionar para despertar del letargo.

Obra de Toxicómano. Imagen cortesía de La Fiambrera.

Obra de Toxicómano. Imagen cortesía de La Fiambrera.

Los artistas plásticos, Hermes Berrio y Toxicómano, utilizando códigos visuales del Street Art, nos alertan sobre la locura, el sexo, la violencia, la política y la sobredosis de información que recibimos, a través de 12 cuadros, que vienen a evidenciar el poder clásico de la pintura aún para el hombre del siglo XXI, dando una respuesta abierta llena de irreverencia, y con los códigos de una calle viva, a estas cuestiones contemporáneas.

+ MAS: Arte Contemporáneo es una galería bogotana que desde su creación en 2011 ha hecho énfasis en el arte contemporáneo y emergente, con una programación de exposiciones comisariadas que ponen de manifiesto la necesidad y el poder del arte, a través de obras que presentan un diálogo intenso entre contrastes de alto impacto visual y conceptual. Esto ha hecho que sus artistas hayan tenido gran difusión internacional, habiendo participado en ferias de importancia mundial como ARTEBA Buenos Aires, UNTITLED Miami, Basel, SAATCHI Gallery START (Young Galleries + New artists) Londres, ARTCENTRAL Hong Kong, BARCU Bogota y JUSTMadrid.

Es a partir de la participación en ésta última muestra cuando nace la colaboración con la galería de arte La Fiambrera, para desarrollar proyectos expositivos que hagan posible la presentación de artistas contemporáneos colombianos en Madrid. Esta primera exposición contará con 12 pinturas sobre lienzo de medio y gran formato para mostrar el trabajo reciente de ambos artistas, Hermes Berrio y Toxicómano; la obra estará a la venta y podrán ser vistas durante el horario de apertura al público de La Fiambrera.

Obra de Hermes. Imagen cortesía de La Fiambrera.

Obra de Hermes. Imagen cortesía de La Fiambrera.

Hermes Berrio: su obra es el resultado de mezclar sus grandes influencias artísticas, el Expresionismo Abstracto, Richard Hamilton y Jean Michel Basquiat, con la actualidad política, social y cultural que evidencian los medios de comunicación, la crisis de identidad característica de estas primeras décadas del siglo XXI, los cuentos de hadas (Disney) y la sociedad de consumo, mezclado con el lenguaje de las calles del mundo. Su obra ha sido expuesta en Colombia, Suiza, México, España, Australia, y Estados Unidos.

Toxicómano: es un auténtico artista urbano, que ha desarrollado la mayor parte de su obra en las propias calles; plasma imágenes y textos que beben directamente del diseño gráfico. Sus influencias artísticas directas son Banksy, Sheppard Feary, Blek Le Rat, que mezcla con el Punk, y la cultura de la calle. Su lenguaje y sus tipografías nos refieren a los pasquines de los años 50s, con mensajes sociales impecables, que permanecen en la memoria durante mucho tiempo. Ha realizado intervenciones en Alemania, Reino Unido, Colombia, México, y Estados Unidos.

La mayor intimidad de World Press Photo

World Press Photo Valencia
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 13 de marzo de 2016

La fotografía ganadora del último World Press Photo es “poco común”. Lo dijo Paul Ruseler, representante de la organización que desde 1955 celebra el famoso concurso, explicando enseguida el por qué: “Generalmente las imágenes premiadas reflejan conflictos y esta no lo hace”. Lo que hace Mads Nissen, el fotógrafo galardonado, es recoger un momento íntimo de la vida de Jon y Alex, una pareja gay en San Petersburgo, donde la homosexualidad está discriminada legal y socialmente. Esa imagen “pura” contrasta, según Ruseler, “con la violencia contra el colectivo gay en Rusia”.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Liu Song. World Press Photo Valencia.

Las 140 fotografías, divididas en nueve categorías, que ocupan la Fundación Chirivella Soriano, con declinarse más hacia esa intimidad, no dejan de reflejar la violencia de la que huye la imagen ganadora. Violencia más tamizada, pero muy presente en el conjunto expositivo. El drama de los refugiados, con esa patera rebosante de inmigrantes que fotografía Massimo Sestini; los enfrentamientos en Kiev, con decenas de muertos (imagen de Jérôme Sessini), o la guerra entre palestinos e israelíes tomada por Tyler Hicks en una playa de Gaza, son expresiones elocuentes de esa violencia o crudeza que contrasta con la instantánea de Nissen.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Massimo Sestini. World Press Photo Valencia.

Como recordó Ruseler, World Press Photo ha estrenado código ético, implantado a la edición de 2016, con el fin de poner ciertos límites a la manipulación de las fotografías, tal y como ocurrió con la ganadora de 2013 obra de Paul Hansen. Aún así, la línea roja sigue siendo cosa del jurado que, en esta ocasión, tuvo que elegir entre las casi 100.000 presentadas. “No es un muro técnico, ni una regla de exclusión”, explicó Ruseler en relación con ese código ético. De hecho, la fotografía de Mads Nissen, al reflejar la intimidad de Jon y Alex de forma tan escenográfica, ya corre el riesgo de parecer impostada. De nuevo Ruseler: “El jurado llamó al fotógrafo para preguntarle por las condiciones a la hora de hacer ese trabajo”.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Anand Varma. World Press Photo Valencia.

De lo que no cabe duda es que World Press Photo, bajo la organización de Doctornopo, se consolida en Valencia al repetir por cuarto año en la Fundación Chirivella Soriano y haber cerrado un acuerdo por otros dos años. El Ayuntamiento de Valencia, más implicado, Banco Sabadell y Heineken España sostienen el proyecto. “La pasada edición recibió a más de 7.000 visitantes”, destacó Pablo Brezo, director de un evento que transmite en las visitas guiadas gran parte de su espíritu. “Queremos que el ciudadano traspase lo que hay en la imagen, que adopte una posición crítica”, señaló Brezo.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Tyler Hicks. World Press Photo Valencia.

La intención es precisamente dar ese salto de la imagen espectacular, impactante, propia de la sociedad de consumo, a esa otra más reflexiva y analítica por la que aboga Doctornopo. Noticias de actualidad, temas o reportajes contemporáneos, proyectos, vida cotidiana, retratos, naturaleza o deportes reflejan ese amplio caleidoscopio del fotoperiodismo a nivel mundial. Fotógrafos de 131 países, ninguno español (“aunque se han presentado 181”, subrayó Ruseler), están representados en la exposición que permanecerá hasta el 13 de marzo en el Palau Joan de Valeriola. Sólo Carlos Spottorno, pero en la categoría de Corto Documental Online, ha sido galardonado con el tercer premio.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Fotografía de Kapcer Kowalski. World Press Photo Valencia.

Ruseler, entre esas imágenes alejadas de la crudeza y más próximas al relato humano, destacó la de Messi, obra de Bao Tailiang, en la que el jugador argentino observa meditabundo la Copa del Mundo que perdió ante Alemania en 2014. También los ‘Efectos secundarios’ de Kacper Kowalski captan con sutileza la relación entre los seres humanos y la naturaleza vista desde un parapente a unos 150 metros de altura. Y, como novedad, la reproducción de la fotografía ganadora mediante la técnica Didú de Estudios Durero, para que pueda ser disfrutada por personas con discapacidad visual. Más poética, más sensible, más íntima: así aterriza la 61 edición de World Press Photo en Valencia.

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Salva Torres

A Gervasio Sánchez le duele Afganistán

Dones. Afganistán
Fotografías de Gervasio Sánchez y textos de Mònica Bernabé
Sala Acadèmica de La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 14 de febrero de 2016

Es tal la concentración de dolor que destilan las imágenes de Gervasio Sánchez en La Nau, que para escribir sobre ellas se hace necesario tomar aire. Las 150 fotografías de la exposición, dividida en seis bloques, cortan la respiración. Pero después de escuchar al periodista narrar su experiencia en Afganistán, ese centenar largo de instantáneas aumenta de volumen para convertirse en un inmenso catálogo de la crueldad humana. Crueldad, en este caso, contra las mujeres afganas, objeto de una violencia desmedida por parte de una sociedad que la tolera escudada en una devastadora tradición.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Collage de fotografías de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

“El problema de Afganistán no son las leyes, que prohíben la violencia contra la mujer, al igual que el Corán impide el matrimonio forzoso, sino la tradición que está por encima de las leyes”, explicó Sánchez. Una tradición vejatoria que, como recordó el periodista, “ya existía antes de los talibanes”. Que haya organismos internacionales velando por la seguridad en tan inhóspito país de poco ha servido. “Desde 2001 a 2015 ha habido presencia extranjera que debía haber obligado a que se cumplieran las leyes, pero no se ha hecho nada aduciendo que se trata de un problema interno”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Gervasio Sánchez, al contrario que la pasiva comunidad internacional, ha estado cinco años tomando esas fotografías para que el resto del mundo se entere de lo que allí está pasando. “Esto es puro periodismo”, subrayó con cierto orgullo. A su alrededor, ratificando esas palabras, se ofrecían los mudos testimonios de esas mujeres gritando desesperadas a causa de un dolor que parece no tener fin. “Yo lo que trato es de transmitir con decencia lo que allí pasa y, para eso, no entiendo otra forma que metiéndome hasta el fondo en las historias”.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de València.

Historias de violaciones realizadas con total impunidad, de matrimonios forzosos, de vidas truncadas porque la mujer, como recordó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, es tratada como un “animal propiedad del hombre”. En las imágenes, acompañadas de textos de Mònica Bernabé (“sin su ayuda esto hubiera sido imposible”, destacó Sánchez), hay mujeres doloridas, quemadas, mirando perplejas a cámara, algunas incluso muertas. “Hemos huido del burka, porque el problema no está en el burka”. Viene de mucho más lejos.

En este sentido, Gervasio Sánchez quiso recordar que no hace tanto tiempo aquí se vivía algo parecido. “En Afganistán viven en la Edad Media, pero en España se vivía así hasta hace muy poco, porque los matrimonios pactados eran también una costumbre”. Por eso Ariño habló de observar la exposición con cierta perspectiva, “para vernos a nosotros mismos en estas fotografías”. “Forma parte del pasado de determinada España de los años 40 y 50”, agregó.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en La Nau de la Universitat de València.

Las “vidas en ruina” que Gervasio Sánchez muestra en La Nau, y que podrán verse hasta el 14 de febrero, no han sido tomadas en comarcas rurales, sino en las ciudades más importantes de Afganistán, con la capital Kabul a la cabeza. “Lo que les ocurre a todas estas mujeres sucede en cualquier sitio del país, no hace falta irse a lugares recónditos”. Para “equilibrar la balanza anímica”, Sánchez exhibe algunas otras imágenes menos duras relacionadas con historias de periodistas, cantantes, directoras de cine, boxeadoras o futbolistas.

Equilibrio del ánimo que, con todo, apenas puede contrarrestar el duro testimonio de tanta mujer ultrajada. “El día que deje de sentir el dolor de las víctimas dejaré de hacer periodismo”. Las visitas guiadas para escolares que, junto a Mònica Bernabé, realizará el martes y miércoles próximos, son una prolongación de esa pasión por el ejercicio periodístico. “A los jóvenes les puede permitir entender mejor por qué esas personas huyen de su país”. El fotoperiodismo como memoria viva de un dolor concentrado en La Nau.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Fotografía de Gervasio Sánchez en la Sala Acadèmia de La Nau de la Universitat de la València.

Salva Torres

La belleza revulsiva de Liliana Maresca

Liliana Maresca
Galería Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Inauguración: viernes 29 de enero, a las 20.00h
Hasta el 15 de abril de 2016

La obra de Liliana Maresca, que incluye esculturas, objetos, instalaciones, dibujos, pinturas, montajes gráficos, y que se exhibe en la galería Espaivisor, se desarrolló y brilló principalmente durante buena parte del período de la postdictadura argentina, desde mediados de los años ochenta hasta la muerte de la artista, a fines de 1994, víctima del sida.

Su poética se alimentó y configuró a caballo de las décadas de los ochenta y de los noventa, entrelazándolas. Liliana también fue una influyente gestora de exposiciones que llevaron su sello personal, alrededor de las cuales supo articular a distintas generaciones de artistas, embarcados en estilos y tendencias que en aquellos años se veían como antitéticos y en tensión, pero que ella supo amalgamar. Y este poético encabalgamiento de tendencias y generaciones lo produjo tanto a partir de la mirada abierta de propia obra múltiple, como a través de su enorme capacidad organizadora. Las exposiciones temáticas grupales y colectivas que gestó hicieron historia.

Entre aquellas movidas puede citarse la muestra ‘Lavarte’ -en octubre de 1985- en una lavandería automática en pleno centro de Buenos Aires, por la que pasaban miles de personas al mes: allí la artista cruzó artes visuales, teatro y música.

Un año después organizó ‘La Kermesse’, una suerte de feria artístico circense, en el Centro Cultural Recoleta (entonces denominado Ciudad de Buenos Aires) en la que tomaron parte artistas plásticos, actores, músicos, vestuaristas, sonidistas, escenógrafos, directores, etc. Arte, juego y participación popular, al modo de las ferias barriales, que incluyó, por ejemplo, una rueda de la fortuna, un túnel del amor y un tren fantasma.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Liliana Maresca en la galería Espaivisor.

Desde 1989, junto a un grupo de artistas -y junto, también, con quien firma estas líneas-, Liliana organizó ‘La Conquista’, una gran exposición que fue montada y exhibida entre fines de 1991 y los primeros meses de 1992, para dar puntos de vista artísticos contra el proceso del “Descubrimiento” de América del cual se conmemoraban cinco siglos y que, por esos años, comenzaba a adquirir el nombre políticamente correcto de “Encuentro de culturas”. El subtítulo de aquella gran exposición que ocupó la totalidad del Centro Cultural Recoleta fue “500 años, 40 artistas”.

En ‘La Conquista’, Liliana presentó una gran instalación con la que evocaba duramente el nacimiento del mercado en América del Sur Latina, la época en que los conquistadores buscaban futuros destinos para ubicar sus productos y para extraer materias primas. Ella comparaba la sangre derramada mediante el exterminio de los aborígenes, con los lingotes de oro -los bienes obtenidos-. Una asociación plástica entre mercado, dinero y violencia.

Hacia fines de los ochenta su obra había comenzado a hacerse más política y a volverse anticipatoria respecto de ciertas consecuencias que se avecinaban, cuando la era menemista (por el gobierno del ex presidente Menem, que ocupó el cargo durante dos presidencias, entre 1989 y 1999) entregó el manejo del Estado al neoliberalismo, esto es: a los intereses privados, a la lógica bancaria, al capital concentrado, a las corporaciones y a las “leyes” del mercado.

En 1990 presentó una muestra crucial en el Centro Cultural Recoleta, en la que la artista exhibió un verdadero carro de cartonero lleno de deshechos, y tres réplicas, una en tamaño real, pintada de blanco; y dos en pequeña escala, objetos de bronce, uno plateado y otro dorado, como si fueran joyas.

Con aquella muestra la artista vislumbró antes que nadie uno de los oficios que mayor cantidad de personas excluidas reclutaría durante los años siguientes: el de los miles y miles de marginados del sistema, que poco a poco, por el efecto deletéreo de la economía menemista se fueron transformando en legión de familias cirujas (vagabundos), cartoneras y recicladoras de basura.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

La politización en la obra de Liliana también supuso al propio cuerpo, en una oscilación que iba del erotismo (sus desnudos fotográficos y sus piezas eróticas como los exhibidos en la presente exposición en Espaivisor dan cuenta de este aspecto), a la provocación ideológica, en obras conceptuales como aquella en la que la artista se ofreció al público “para todo destino”, relacionando cuerpo y mercado. Esto sucedió a fines de 1992, en la muestra que presentó en el Casal de Catalunya, ubicado en el porteño barrio de San Telmo.

En otro de los núcleos de la obra de Maresca se evoca la ide’a de juego, como sucede tanto en Patín, como en los múltiples ‘No todo lo que brilla es oro’ y Caja chica’, que se exponen en la presente muestra valenciana. Los elementos, en estos dos últimos casos, parecen invitar al espectador a un juego de esos que orientan los destinos o deciden la suerte de los participantes, a través de las posibilidades combinatorias, metafóricas y simbólicas.

La última exposición que Liliana realizó en los instantes finales de su vida fue una retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, en noviembre de 1994, a la que dedicó la energía que le quedaba. El título que eligió para la exposición resulta demostrativo de su actitud frente al arte y la vida: ‘Frenesí’. Fue emblemática una de las obras que la artista había hecho especialmente para la exposición y que daba nombre a la muestra. Se trataba de un objeto encontrado por la artista, en sus recurrentes búsquedas callejeras: una raíz que lucía como un cuerpo femenino retorcido y consumido, en relación de tensión, y también de amor, con los cánones de la belleza tradicional, como sucede, en cierto grado, con la pieza ‘Cíclope’, de 1991, exhibida en Espaivisor.

Toda categorización del trabajo de Liliana es sólo aproximada porque su obra siempre se resistió al disciplinamiento y especialmente a ser clásica, porque lo clásico muchas veces gusta pero no incomoda el presente de quien observa, como le gustaba a la artista.

La primera incomodidad de su producción, en el sentido de interrogarse a sí misma y de cuestionar al espectador, viene de la propia construcción de cada obra. Su trabajo evidencia a una artista con talento para crear obras bellas, que al mismo tiempo se resistía a la belleza fácil, esa que deja al espectador en un lugar pasivo por su efecto tranquilizador. Maresca siempre buscaba otra belleza, extraña y reflexiva, muchas veces revulsiva.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Liliana Maresca. Galería Espaivisor.

Fabián Lebenglik

Editor de la sección de artes visuales del periódico Página/12 y director editorial de Adriana Hidalgo Editora

 

“Sólo quiero un poco de tiempo”

Olivia y Eugenio, de Herbert Morote, dirigida por José Carlos Plaza
Intérpretes: Concha Velasco, Hugo Aritmendiz, Rodrigo Raimondi
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 31 de enero de 2016

“Yo quiero ser Concha, Conchita!”. Nada más. Porque, como ella misma dice, “yo no tengo nada que ver con los personajes que interpreto”. Aunque en esta ocasión haga una excepción: “La obra tiene un final esperanzador, por eso la acepté”. Porque, a pesar de los pesares, “apuesta por la vida”. Como Concha Velasco que, en Olivia y Eugenio, dirigida por José Carlos Plaza y presentada en el Teatro Olympia, parece encarnar la demanda de su protagonista: “Sólo quiero un poco de tiempo”. Tiempo que no tienen muchos de los actores ya fallecidos con los que ha trabajado. Y, de nuevo, las excepciones: “José Sacristán y yo, que somos de edad parecida, y Arturo Fernández, un poco más mayor, somos la imagen viva de la cultura de la posguerra”.

Con Olivia y Eugenio, texto escrito por Herbert Morote, la actriz vallisoletana prolonga esa cultura hasta la más rabiosa actualidad. “Se abordan temas importantes, pero para mí el principal sería el de quién es normal en este mundo”. Y se interroga por esa normalidad preguntando a su vez: “¿Lo son los corruptos, los terroristas, los traficantes?” Y todo ello para subrayar la presencia en la obra de Hugo Aritmendiz, actor con Síndrome de Down que acompaña a Concha Velasco durante todo el tiempo de la representación, algo que la actriz considera un hecho inusual.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en 'Olivia y Eugenio'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en ‘Olivia y Eugenio’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Olivia y Eugenio trata de una mujer poderosa a la que le diagnostican un cáncer terminal. En semejante tesitura, piensa en el suicidio, no sin antes repasar su situación en el marco de esa actualidad plagada de corrupción, inseguridad y violencia. Sólo Eugenio, el hijo con Síndrome de Down, parece al margen de tan cruda realidad. “Ellos son adorables”, señaló Concha Velasco en relación a cuantos padecen esa enfermedad. “No tienen el germen de la maldad”, subrayó mientras cogía de la mano a Hugo Aritmendiz, nervioso ante los medios. Apenas pudo esbozar que trabajaba en una pastelería y que le gustaría seguir como actor.

La influencia de Eugenio en la vida de Olivia, marcada por ese cáncer, será determinante. A alguien se le escapó el final de la obra y Concha Velasco le restó importancia: “Sí, me convence para que no me suicide, pero tampoco pasa nada por saber el final, porque lo importante es todo lo que va sucediendo”. Esa “mujer socialmente poderosa se siente rechazada por tener un hijo con Síndrome de Down”. De ahí que la actriz pusiera de nuevo el acento en la supuesta normalidad del mundo, que desprecia a seres como Eugenio y acepta otra serie de comportamientos asociales.

Escena de 'Olivia y Eugenio'. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Escena de ‘Olivia y Eugenio’. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Con cerca de un centenar de películas a sus espaldas, obras de teatro y series de televisión, Concha Velasco reconoció su “versatilidad” profesional como fruto de su biografía familiar. “Quizás se deba a que soy hija de una maestra y un militar que me educaron en la disciplina”. De ahí que tenga “tiempo para todo”. Eso y que lo suyo “es vocacional”. Contó que siendo niña ya le dijo a su madre aquello tan célebre de “mamá, quiero ser artista”.

También tuvo tiempo para ironizar sobre la presencia del hijo de la diputada de Podemos, Carolina Bescansa, en el Congreso. “Eso de llevar niños al trabajo… Estos camerinos han sido guarderías donde se han criado los niños”. Y puso como ejemplo sus dos hijos, a los que crío mientras iba de gira con espectáculos como Filomena Marturano. Eso sí, tanta versatilidad y tiempo para todo tiene igualmente sus excepciones: “Ahora todo el mundo quiere dirigir. Yo sólo quiero ser actriz”. Tener la suerte de “poder vivir otras vidas”, para después volver a ser sin más “Concha, Conchita”.

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Concha Velasco en 'Olivia y Eugenio'. Teatro Olympia de Valencia.

Concha Velasco en ‘Olivia y Eugenio’. Teatro Olympia de Valencia.

Salva Torres

María Ruido y la visibilidad de lo invisible

La pantalla en conflicto, de María Ruido
Comisaria: Johanna Caplliure
Galería Rosa Santos
Inauguración: jueves 21 de enero, a las 20.00h
Hasta el 11 de marzo de 2016

La pantalla en conflicto es el campo de lucha donde emergen las relaciones de tensión entre la narración y las formas de escritura, la visualidad de la violencia, la visibilidad de lo invisible. En ella se estructura el espacio psíquico de pertenencia y el lugar físico de la deslocalización o la fragmentación territorial en el lugar del Otro. Puesto que la precariedad de la vida, los migrados, el terror y la urgencia de la política imponen la producción de un imaginario fílmico compartido.

El trabajo de María Ruido indaga sobre la producción material y simbólica de las imágenes en el entrecruzamiento de la Historia, la memoria y las escrituras migrantes incidiendo en la construcción de las subjetividades, el trabajo y el poder sobre/de los cuerpos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La exposición La pantalla en conflicto (L’écran en conflict) circula en torno a la proyección de las siguientes películas de la autora: ‘La memoria interior’ (2002), ‘Tiempo Real’ (2003), ‘Ficciones anfibias’ (2005), ‘Zona franca’ (2009), ‘Le rêve est fini’ (2014) y ‘L’oeil impératif’ (2015).

Artista visual, investigadora y productora cultural, desde 1998, María Ruido desarrolla proyectos interdisciplinares sobre los imaginarios del trabajo en el capitalismo postfordista y sobre la construcción de la memoria y sus relaciones con las formas narrativas de la historia. Vive en Madrid y Barcelona, donde es profesora en la Universidad de Barcelona, y está implicada en diversos estudios sobre las políticas de la representación y sus relaciones contextuales.

El día 13 de febrero se visionará ‘L’oeil impératif’ en una presentación pública junto a María Ruido en el contexto del ciclo ‘Cine por venir’ en el IVAM.  A partir de este día se añadirá al resto de películas proyectadas en la galería.

María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

La pantalla en conflicto, de María Ruido. Imagen cortesía de Galería Rosa Santos.

Mery Sales evoca a Hannah Arendt

El incendio y la palabra, de Mery Sales
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 17 de enero de 2016

El título de la exposición es harto elocuente: ‘El incendio y la palabra’. Si al principio fue el verbo quien con su palabra introdujo sentido en el caótico mundo, ahora es Mery Sales quien trata de hacer lo propio en La Nau siguiendo el rastro de la filósofa alemana Hannah Arendt. Apoyándose en muchas de sus reflexiones, la artista se esfuerza por contener el incendio que se propaga por el mundo, utilizando el cortafuegos de las palabras. En su caso, palabras en forma de textos plásticos de gran intensidad evocadora.

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de Valéncia.

El mar bravío y en ocasiones enrojecido, alusiones al franquismo y al movimiento 15M, sujetos anónimos que luchan por sustantivarse en pugna con el colectivo, y el rostro y la boca en múltiples detalles junto a las palabras de la propia Hannah Arendt, integran el conjunto expositivo. Lo real de la naturaleza, estallando o a punto de hacerlo, enfrenta a esa otra naturaleza, la humana, consigo misma, en un ejercicio de tensión que a Mery Sales, como a la misma Arendt, les provoca múltiples interrogantes.

“Lo que el sentido común y la gente normal se niega a creer es que todo es posible” (‘Los orígenes del totalitarismo’). Esta cita, al pie de la obra ‘Arde el Reichstag’, indaga en la extrañeza que la propia Mery Sales no deja de revelar en ‘El incendio y la palabra’. Porque, sin duda, todo es posible: la realización de aquello que abre una vía de esperanza allí donde no cabía ninguna, pero también la manifestación de un horror inimaginable. A este último, Arendt denominó con acierto “la banalidad del mal”. Un mal perpetrado no por desalmados y criminales, sino por personas anodinas que cumplen metódicamente con su trabajo de exterminio.

Obra de Mery Sales en 'el incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en ‘el incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

El asunto de la libertad, ejercida con valentía, y el de la violencia, letal cuando forma parte de un programa político, ocuparon un lugar central en las reflexiones de Hannah Arendt. Mery Sales, en conversación con Fina Birulés, especialista en la pensadora alemana, habla de la filósofa como una “avisadora” de incendios o “vigía de su tiempo”. Avisadora o vigía de cuanto amenaza con destruir el esfuerzo de las  palabras por habitar el mundo.

El reto, explica Mery Sales, “residía en cómo pintar políticamente”. Porque si el arte está allí donde cesan las evidencias, al pintar políticamente se corre el riesgo de caer en el panfleto. Por eso las citas que acompañan a ‘El incendio y la palabra’ no deben ser tomadas al pie de la letra, sino al modo de señales luminosas que guían al espectador en medio de la tormenta desatada por las inquietudes artísticas. Inquietudes que Sales cifra en ese “pensar sin barandillas”. Una de las obras, de hecho, se titula así: ‘Sin barandillas’, por encima de las cuales vuelan unos papeles al aire. Y aquí vuelve sobre Arendt para decir: “Atrévete a pensar por ti mismo, párate, ten el coraje de equivocarte”.

Obra de Mery Sales en la exposición 'El incendio y la palabra'. La Nau de la Universitat de València.

Obra de Mery Sales en la exposición ‘El incendio y la palabra’. La Nau de la Universitat de València.

Esa lucha entre la palabra que busca a tientas, que trata de comprender lo incomprensible, y el incendio que amenaza con destruirlo todo, está en el germen del trabajo que Mery Sales expone en La Nau, pero también del que atraviesa el conjunto de su obra. Hannah Arendt lo explica así: “Comprender no significa justificar lo injustificable…la carga que nuestro siglo [refiriéndose al pasado siglo XX] ha colocado sobre nosotros, y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso”.

Por eso Mery Sales tan pronto muestra el mar revuelto de las pasiones como las manos que se aferran a un altavoz. Lo real a punto de desestabilizarnos y el coraje de las palabras que intentan, como brazadas desesperadas, encontrar el equilibrio. También hay en su obra cierta denuncia a la impostura política. Impostura cuyos trazos leves no llegan a emborronar lo que después de todo prima en ‘El incendio y la palabra’ y de lo que Arendt se hace eco al pie de la serie ‘Hervideros’: “Alzar desde lo profundo es la tarea de la poesía y de todo el arte”. En esa tarea insiste una y otra vez Mery Sales.

Noticia en El Mundo Comunidad Valenciana:

PREWEB27DI – Valencia – VALENCIA – pag 30

Imagen de la exposición 'El incendio y la palabra', de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Imagen de la exposición ‘El incendio y la palabra’, de Mery Sales, en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres