Else y Henry: Amor y muerte

Else y Henry, de Puy Navarro
Espacio Inestable
C / Aparisi i Guijarro, 7. Valencia
Del 7 al 11 de septiembre de 2017

“Una historia de amor más allá de los límites de la vida”. Así define Puy Navarro la obra ‘Else y Henry’ protagonizada por una pareja de grandes actores valencianos, Victoria Salvador y Pep Ricart, que inicia la temporada de Espacio Inestable el próximo 7 de septiembre. “Se trata de un canto al amor en todas sus múltiples facetas y fases, desde el amor pasión al amor amistad  y de su evolución en las distintas edades ”, comenta la autora y directora valenciana afincada hace 14 años en Nueva York.

La historia de Else y Henry se inspira en la de una pareja real, la formada por el arquitecto alemán Henry Klumb y su segunda esposa, fallecidos en 1984 en Puerto Rico en un accidente de coche. Klumb emigró a Estados Unidos en 1927, a los 22 años, para estudiar con el célebre Frank Lloyd Wright. Durante su aprendizaje trabajó en el diseño y construcción del campamento Ocatillo en Arizona y dirigió la exhibición de los trabajos de Wright en Europa, en 1931. En 1944, se trasladó a Puerto Rico invitado por el gobernador de la isla Rexford Tugwell, para que dirigiese el comité de diseño de obras públicas. Allí fundó la fábrica de muebles Arklu, dedicada al diseño y construcción de muebles adecuados al clima tropical.

Escena de 'Else y Henry', de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

Escena de ‘Else y Henry’, de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

“Todo empezó en junio de 2014, en Puerto Rico, en la boda de una amiga”, cuenta Navarro. “Estuvimos rodando un vídeo en la casa que en su día fue de los Klumb deshabitada desde su muerte y que es Patrimonio de la Humanidad. Encontré grandes bolsas de plástico llenas de libros y entre las páginas de unas revistas descubrí unos documentos médicos referidos a la enfermedad de uno de ellos, una dolencia de corazón, aunque no estaba claro si el enfermo era Frank o su mujer”.

A su regreso a Nueva York, Navarro escribió ‘Else y Henry’ que obtuvo el tercer premio en el Concurso nacional de escritura de la Fundación MetLife. Además de relatar una bella historia de amor, reflexiona sobre el impacto de la enfermedad en la relaciones de pareja y plantea un debate sobre la eutanasia y el derecho a decidir libremente cómo queremos dejar este mundo. Junto a los consagrados Salvador y Ricart integran el reparto: Ester Martínez, Paco Trenzano, Leo de Bari y Bautista Duarte. Música en directo de Sergio Martinez (percusión) y Alexey León (saxofonista). La escenografía de estilo minimalista se asienta en juegos de luz y los vídeos de Laia Cabrera.

“Estrenar una obra en mi ciudad natal me daba pánico”, confiesa Navarro. “Pero desde que empezamos los ensayos estoy más tranquila. Lo importante es disfrutar del proceso, aprender de los actores, porque la creación es una tarea colectiva, aunque el director, o sea yo, tenga la última palabra”.

Escena de 'Else y Henry', de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

Escena de ‘Else y Henry’, de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

Navarro eligió a dos actores de su generación que le habían impresionado por su trayectoria y actuaciones, en el caso de Salvador por su papel en ‘Pánico contenido’. “Else me permite pasar por una experiencia muy intensa como es la de una enfermedad terminal”, comenta Salvador. “Mi trabajo sobre el personaje es acercarme lo más posible a las situaciones que plantea el texto y dar cuerpo a las ideas sobre la eutanasia que defiende el personaje para que no sea un mero corpus teórico sobre el tema”.
El hecho de que autora y directora sean la misma persona “es una ventaja en el caso de Puy”, señala Salvador,  “porque está muy abierta y receptiva a lo que los actores proponemos y no duda en cambiar o retocar cosas del texto si se da cuenta de que lo que ha escrito no funciona en escena. Y eso, la verdad, es muy de agradecer”.

Vida vertiginosa

Hija de valenciano y granadina, Navarro debe su nombre a la Virgen del Puy de Estella (Navarra). “Mi padre se ocultó en el altar de la capilla consagrada a ella para no ser descubierto cuando abortaron una reunión antifranquista en la que participaba y en agradecimiento me puso su nombre”, cuenta. Entre viajes kilométricos y estudios variados, su vida da vértigo. Dejó la Ingeniería Industrial por la Filología Inglesa y de estudiar a Shakespeare pasó a representarlo. Estudió teatro físico en Cuba y luego en la prestigiosa American Academy of Dramatic Arts de Nueva York. Estuvo en Japón con Parque España y ha producido en Nueva York varios espectáculos, como una versión de ¡Ay, Carmela! protagonizada por ella misma. Completa esta actividad incesante con las clases que imparte como profesora de yoga.

“El yoga me ayuda a poner un poco de pausa y serenidad en el frenesí de la batalla diaria”.  Siente nostalgia de su ciudad natal, el mar y la calidad de vida, pero de momento le sigue atrayendo la vida en la Gran manzana, donde se concentra lo mejor y lo más innovador en lo que al arte se refiere.

Escena de 'Else y Henry', de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

Escena de ‘Else y Henry’, de Puy Navarro. Fotografía de Nick Rogers.

Bel Carrasco

Retrato íntimo de una reina

Sofía, de Ignacio García May
Teatro Español de Madrid
Estreno: miércoles 1 de junio de 2016

Es habitual que una actriz se enfunde en regios ropajes para interpretar a una reina histórica o imaginaria. Encarnar a una  soberana viva que, tras reinar durante décadas en España, mantiene incólume su prestigio y ha sabido granjearse el respeto de la gente, la Reina emérita Sofía, es harina de otro costal. Ese es el desafío al que se enfrenta la actriz valenciana Victoria Salvador, protagonista absoluta de Sofía que se estrena el 1 de junio en el Teatro Español de Madrid. Escrita y dirigida por Ignacio García May a partir de un encargo de Juan Carlos Pérez de la Fuente, la obra es un retrato íntimo de la enigmática personalidad de la Reina emérita en el que no se eluden temas escabrosos, como los líos de faldas de su marido Juan Carlos,  la cacería en Botswana o el caso Nóos. A lo largo de la función Salvador realiza una auténtico tour de force desdoblándose en varios personajes: la Reina emérita, su enérgica madre Federica o una cronista de sociedad.

Lola Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

“Un reto así sólo puede plantearse desde una palabra que es sacrosanta para nosotros los actores: la concentración”,  dice Salvador. “Hay que estar absolutamente concentrado para recorrer el itinerario de palabras, emociones, acciones que constituyen el texto teatral. Es como un viaje: lo emprendes con la decisión y la energía necesarias para que los espectadores te sigan en ese recorrido vital que vas a compartir con ellos en esa hora larga. Y me preparo adquiriendo seguridad y soltura en cada ensayo, pasando cada día el texto en mi cabeza, animándome con el estímulo que supone contar a los demás una hermosa historia. Está siendo un trabajo muy enriquecedor para mí. Desde el primer momento, May ha ido dándome claves para entender el tipo de interpretación que desea, y también me ofrece un tipo de acciones escénicas y de músicas que me ayudan mucho a entrar en la acción del texto. Es una relación muy fluida en la que los dos estamos muy abiertos a lo que propone el otro”.

Desde niña a María Victoria o Mavi, como la llamaban entonces, le encantaba disfrazarse y sorprender a su familia y amigos. Un traje de marciano, confeccionado por ella misma y otro de oveja hecho con ayuda de su abuela Pepa, fueron sus primeros atuendos teatrales. En esta ocasión la diseñadora de vestuario Almudena Rodríguez Huertas se encarga de darle un look apropiado a base de joyas y complementos, aunque no existe una deliberada intención de que se parezca a Sofía, al contrario. Fue elegida por este papel porque no guarda ninguna semejanza fisonómica con ella, además de ser una excelente actriz con potencial necesario para llevar adelante el exigente proyecto. Que no sea una cara famosa (todavía) también jugó a su favor.

“El papel llegó a mí a través del ayudante de dirección de Ignacio García May que es Javier Sahuquillo,  mi director, junto a Gonzalo Azcona en una obra llamada Nagg i Nell que estrenamos en Valencia el noviembre pasado. Javier le habló al director de mí como posible candidata al papel; él vio el vídeo de la función, le pareció que me ajustaba al perfil de la actriz que estaba buscando y contó conmigo. Mi primera impresión que se mantiene todavía es la de un regalo caído del cielo pues supone una gran oportunidad presentarme en Madrid con un papel de este calibre”.

Lola Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en escena. Imagen cortesía de la autora.

Salvador confiesa que nunca ha tenido una visión demasiado hecha sobre Sofía por lo que no ha interferido en su trabajo. “No soy gran lectora del ¡Hola!, sólo leo esta revista de vez en cuando en la peluquería, y voy muy poco. A la peluquería, digo. Pero bueno, siempre me ha parecido una mujer muy elegante, muy correcta, muy discreta. Algunas cosas que he sabido de ella, como que es vegetariana, me han hecho gracia pues yo misma lo he sido durante mucho tiempo. Es verdad que he leído algún libro sobre su vida para conocerla más antes de interpretar su vida. Pero el trabajo de esta función no es exactamente interpretar a la persona real en sus dos acepciones, de realidad y de realeza, sino más bien encarnar unas palabras que hablan de ella”.

La lectura de El teatro y su doble de Antonin Artaud en un viaje a Formentera catalizó su vocación dramática y decidió presentarse a las pruebas para entrar a la Escuela de Arte Dramático de Valencia. “Quería que el teatro me ayudara a conocerme más a mí misma, a expresar la auténtica persona que habitaba en mí y que el miedo, la inseguridad y mi congénita timidez no me permitían mostrar”, confiesa. “Entré en el teatro por la vena mística, como si a través de aquel ritual fuera a revelárseme el conocimiento de mí misma, mi auténtica esencia”.

Lola Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador, en una de sus obras. Imagen cortesía de la autora.

Como si se tratara de una premonición del futuro que le esperaba, siendo una entusiasta veinteañera  siguió en el Teatro Español un taller de teatro clásico impartido por José Luis Gómez en el que participaron actores de gran prestigio como Joaquín Hinojosa, Isabel Ordaz y Antonio Banderas, “que tuvo que irse a rodar una película”, recuerda.  Con 23 años debutó en el Escalante interpretando a Toneta en El malat imaginari, una versión de la pieza de Molière dirigida por Carles Alfaro con quien colaboró en Moma Teatre y otros proyectos. “Durante los tres primeros minutos en escena tenía la boca seca como el esparto, no sé cómo conseguía articular palabra”, comenta.

“Pero poco a poco fui cogiendo confianza y empecé a salivar. Es algo que aún ahora en determinados momentos me ocurre. El exceso de tensión bloquea las glándulas salivares y hasta que la cosa no se relaja, hablar se convierte en una proeza. Aquella mi primera aparición en escena fue reveladora: me impregné de la presencia del público, sentí que el teatro es un maravilloso acto de comunicación donde se une la energía del actor y la del espectador y se alimentan mutuamente. Yo sentía la energía de ese público y me cargaba de ella para devolverla crecida con mi propia energía. Tanto era así que incluso el final de la función, que apenas estaba ensayado, supe cómo hacerlo y mis últimas intervenciones salieron redondas, contundentes”.

En busca de nuevos horizontes y de una didáctica teatral más completa  siguió unos cursos en Milán  con el gran maestro Strehler. Su trayectoria ha estado unida a la compañía Pavana de Rafa Calatayud cuyo último montaje fue Hora y media de retraso de Gerald Syblerias. También ha trabajó recientemente con Lola Moltó en una comedia de Vicente Marco dirigida por Manuel Maestro, Si yo fuera rica montada con una compañía formada  para la ocasión, Guanchuzrí. Esta año hizo  bolos con La Hostalera de Goldoni, dirigida por Vicente Genovés, producción de Culturarts, y con Nagg i Nell, de Laura Sanchis, dirigida por Gonzalo Azcona y Javier Sahuquillo, de Perros Daneses por la que  estuvo nominada al premio de  la Asociación de Actores Valencianos (AAPV). Esta vez lo ganó Juli Mira, pero ella lo obtuvo hace unos años.

Lola Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Salvador. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

“Una comunidad sin apoyo a su cultura está muerta”

Una hora y media de retraso, de Gerald Sibleyras, bajo dirección de Rafael Calatayud
Intérpretes: Rafael Calatayud y Victoria Salvador
30 aniversario de la compañía La Pavana
Teatre Talia
C / Caballeros, 31. Valencia
Hasta el 25 de mayo

La compañía valenciana La Pavana cumple 30 años de intensa y fructífera actividad teatral. Y, al contrario de lo que le sucede al matrimonio de Una hora y media de retraso, obra que estrena en el Teatre Talia, no hay crisis que haya podido con ella. Aún así, duele comprobar que tamaño esfuerzo e indudable calidad de sus producciones, haya tenido por respuesta de las instituciones públicas el más notorio silencio. “Después de 30 años, es como volver a empezar”, señaló Rafael Calatayud, fundador de la compañía, durante la presentación de la obra del francés Gerald Sibleyras.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud en 'Una hora y media de retraso'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud en ‘Una hora y media de retraso’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Esa vuelta a la casilla de salida se refiere al trato por parte de la Generalitat Valenciana, porque La Pavana, pese a ello, ha disfrutado del reconocimiento del público y de la crítica. “Son incapaces [los poderes públicos] de reconocer cuál es nuestro trabajo y el compromiso con la Comunidad Valenciana. Produce desencanto, que duele a nivel institucional”. Y Calatayud se extendió un poco más: “Nunca ha habido apoyo, eso es lo reprochable. Y una comunidad sin apoyo a su cultura es una comunidad muerta”.

Eso sí, Calatayud quiso dejar claro que tamaña desidia “no se debe a color político alguno, sino que se trata de algo más estructural, porque no ha habido nadie capaz de realizar una labor estable y consistente a favor del teatro”. Lo cual le llevó a sentenciar: “La cultura no interesa para nada”. El interés está en otra parte: en lo que el propio Calatayud denominó “política escaparatista”. Por ejemplo, la del Palau de les Arts, espacio que “nunca nos ha dado una oportunidad, a pesar de que yo hago ópera, pero siempre han privilegiado producciones de fuera”.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud, en la presentación de 'Una hora y media de retraso' en el Teatre Talia.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud, en la presentación de ‘Una hora y media de retraso’ en el Teatre Talia.

José Alberto Fuentes, productor de La Pavana, aclaró que no se trata de dejar de traer producciones foráneas, porque después de todo ésa es la línea de la compañía valenciana, sino de la “mentalidad provinciana, que es aquella que piensa que lo mejor siempre es lo de fuera”. Y enfatizó lo de “siempre”. Enfrentarse a esa calamidad institucional, que la crisis no ha hecho más que subrayar, es de lo que en cierta forma trata Una hora y media de retraso, pero focalizada en el matrimonio.

Victoria Salvador, actriz que comparte escena con Rafael Calatayud, a su vez director de la obra, afirmó que el detonante del conflicto entre la pareja protagonista se produce por parte de la mujer, cuyas “expectativas de vida” se ven incumplidas “al quedarse en el ámbito familiar”. Se trata de una “crítica social, no sólo de la sociedad francesa, sino de la europea”, que la actriz extiende a su vez como “crítica de mayo del 68”. La “dialéctica inteligente” que, a juicio de Victoria Salvador se produce entre ambos cónyuges, “permite enfrentarse al conflicto y plantear cierta vuelta a la anarquía”.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud, en el exterior del Teatre Talia, poco antes de la presentación de 'Una hora y media de retraso'.

Victoria Salvador y Rafael Calatayud, en el exterior del Teatre Talia, poco antes de la presentación de ‘Una hora y media de retraso’.

– Entonces, ¿una crisis de pareja se puede resolver en hora y media?

– Victoria Salvador: “Realmente se aparca la crisis”.

– José Alberto Fuentes: “Renuncian a sus ideales, no sólo políticos, sino de vida, afrontando las consecuencias de esas renuncias”.

Una hora y media de retraso, escrita por Gerald Sibleyras, debe precisamente su título al tiempo que ese matrimonio en crisis se demora, cuando ambos cónyuges estaban a punto de salir a una cena. Demora que les llevará a exteriorizar los demonios interiores que cierta rutina había adormecido. La cercana jubilación, el paso del tiempo o la sexualidad son algunos de los temas tratados en esta “gran comedia, con mucho ritmo, divertida y profunda”, destacó Calatayud.

Rafael Calatayud y Victoria Salvador en una escena de 'Una hora y media de retraso'. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Rafael Calatayud y Victoria Salvador en una escena de ‘Una hora y media de retraso’. Imagen cortesía de Teatre Talia.

Salva Torres