Los paisajes híbridos de Ibáñez

Eduardo Ibáñez
Mímesis
Galería Railowsky
Grabador Esteve, 34. Valencia
Del 15 de febrero al 9 de abril de 2019

Eduardo Ibáñez nació y creció en Tavernes de Valladigna, en la comarca valenciana de La Safor, cuna de la humanidad peninsular como demuestran los restos hallados en la mítica cueva de Bolomor. Un valle de extraordinaria belleza, con el mar próximo y la montaña siempre presente. Con el Centro Excursionista de Tavernes tuvo la oportunidad de recorrer esas montañas cercanas, “lugares donde poner a prueba nuestra curiosidad e intentar conocer de primera mano cómo son las formas de la naturaleza y valorarlas”, comenta.

Los paisajes de su serie Mímesis, que se exponen en Galería Railowsky hasta el 9 de abril no se parecen nada a los de su ciudad natal. Son hoscos, duros, abruptos y accidentados y no reflejan lugares reales, sino híbridos entre lo real y lo imaginario. Es la magia del fotomontaje que Ibáñez ha desarrollado y perfeccionado desde sus inicios como artista, cuando tuvo la ocasión de tratar a  Renau. “Conocí a Renau al poco de volver del exilio en un momento difícil en los inicios de mi carrera”, recuerda. “Fue un revulsivo y un espejo en donde mirarme al mismo tiempo. Era el artista y la persona que necesitaba en aquel momento. Necesitaba de su sabiduría, de sus conocimientos, de su lealtad a si mismo. Tuve la ocasión de visitarlo en su casa de València los domingos por la tarde durante algunos meses. Fue un privilegio conocer, a través de sus palabras su dilatada carrera creativa, su ideario político y la función que debe tener el arte en la sociedad moderna”.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

La muestra Mímesis, es una  selección de 30 imágenes que forman parte de una serie de medio centenar, un trabajo desarrollado entre los años 2015 y 2018. Para  dar forma a estos paisajes ha utilizado como material de construcción la madera y corteza de distintas especies de árboles que combina con las rocas y piedras, “puesto que su estructura formal, la variedad de texturas y su apariencia caprichosa, ofrece cualidades miméticas que se asemejan y en ocasiones se confunden con el material pétreo”, explica.

Mímesis aborda el paisaje partiendo de imágenes de lugares reales o ficticios, ahondando en su significado escenográfico y evocador”, escribe Ibáñez en el catálogo. “Mi interés se centra en el paisaje como escenario, sometido a sus propias leyes naturales, como conjunto de formas físicas capaces de transformarse por el paso del tiempo y los rigores del clima. Es, ante todo, orografía en continua transformación. Parte de este fenómeno concierne a la masa vegetal y arbórea que convive con las masas rocosas en una suerte de juego mimético”.

Ibáñez confiesa que  ha sido un trabajo arduo localizar los paisajes, realizar las composiciones, trabajar los montajes, maquetas y material base a partir de centenares de fotos de corteza de árboles, talas, leñeras, recolección de pequeños trozos de madera en playas, etcétera. “A ello hay que añadir el trabajo con programas informáticos de tratamiento de imagen. Otra parte importante ha sido el seguimiento del copiado y la calidad de la impresión”.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

Los montes escarpados, las canteras y menhires lanzan un grito contra  la explotación de los recursos naturales más allá de los límites sostenibles que está sometiendo al planeta a una agonía sin retorno. “El futuro del planeta depende de cómo gestionemos el presente. De ahí que parte de la serie se centre en ese ‘paisaje moderno’ que supone la explotación de recursos naturales y que registro en las fotografías de canteras a cielo abierto”.

Pintor, grabador, fotógrafo, doctor en Bellas Artes  y profesor de dibujo en la Universidad Politécnica, con medio centenar de exposiciones y una trayectoria consolidada, Ibáñez tiene una  visión agridulce del momento cultural y artístico. “Nunca en nuestro país ha habido más oportunidades que, mediante la cultura y el arte en particular, haya permitido al ciudadano medio acceder a un nivel de conocimiento, criterio y visión crítica de la sociedad que nos acoge como en este inicio de milenio. No obstante,  es una pena que un colectivo importante de la sociedad esté sumida en la vulgaridad y no aprovechen esta oportunidad para crecer como personas; pero soy optimista al respecto”.

Inspirado por este optimismo valora positivamente “la proliferación de nuevos espacios expositivos, algunos excelentes, que permiten mostrar la polifacética creación en el ámbito de las artes visuales. Vivimos desde hace años un periodo de mestizaje rico y amplio, añade, en el que los discursos artísticos se centran en visualizar los aspectos más acuciantes dentro de la complejidad de la sociedad contemporánea. Es un momento plácido para los artistas jóvenes, que están disfrutando, como nunca, de un momento dorado de visibilidad y consideración. Eso es bueno y enriquece el mapa de la genética expresiva. Dentro de este panorama, la fotografía ocupa un lugar privilegiado por ser el medio más utilizado y omnipresente en la sociedad actual”, concluye Eduardo Ibáñez.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Eduardo Ibáñez. Imagen cortesía de Railowsky.

Bel Carrasco

La perturbadora inocencia de Agente Morillas

Ecosistemas invisibles, de Agente Morillas
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

Las criaturas que habitan la obra de la artista malagueña Agente Morillas no proceden del reino animal ni vegetal, sino del mundo de las ensoñaciones y la fantasía. Seres singulares que transmiten una inquietante sensación de candidez terrorífica, de perturbadora inocencia y remiten a los universos de Murakami o Miyazaki. Una muestra de su última obra, ‘Ecosistemas invisibles’, se puede disfrutar en la galería Pepita Lumier a lo largo de este mes. Son una treintena de dibujos de distinto formato y una veintena de esculturas de cerámica que reflexionan en torno a la naturaleza, no como modelo u objeto de representación, sino como punto de partida para cruzar el umbral de la realidad e indagar en el otro lado.

“Este conjunto de obras surge del interés que me inspira la naturaleza, que ha ido evolucionando y desarrollándose de manera progresiva”, dice Morillas. “En primer lugar mediante la observación directa en las salidas al campo que hacía de niña con mi familia, posteriormente, tras una colaboración con el Museo de Historia Natural de Londres”.

Esta experiencia le dio la posibilidad de comparar el presente con el pasado, las especies vivas y las extintas. “Me ha llevado a admirar la belleza de la vida y de la evolución y a avivar el interés científico que siempre he tenido. El contacto con lo real y lo empírico me ha hecho plantearme cuestiones sobre el camino evolutivo del mundo y la naturaleza, así como orientar la mirada hacia pensadores y naturalistas que han estudiado el tema, sobre todo Darwin”.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Amor por la naturaleza

El leiv motiv de esta exposición parte de una idea de este científico. La especie más fuerte no es la que sobrevive o es más inteligente, sino la que mejor se adaptaba al cambio. “A partir de este principio he creado pequeños emplazamientos naturales habitados por determinadas especies de flora y fauna ficticias, que conviven y comparten un mismo espacio sin necesariamente por ello interactuar”, explica la artista.

“Son lugares perdidos a los ojos del ser humano en los que recreo ecosistemas perfectos, evolutivamente hablando, reductos inalcanzables por el hombre, que los convierte en supervivientes.  En definitiva, trato de transmitir  el sentimiento que la naturaleza despierta en mí y la admiración que me inspira como un ente bello en formas y colores,  inexplicablemente perfecto, inquietante y siniestro, misterioso y mágico a partes iguales. Algo salvaje, con sus propias normas y leyes, y que es por ello la fuente creadora y cambiante de la que emana toda la vida y en la que sucumbe el último aliento de todos los seres que la conforman. Me recreo en todas sus cualidades para imaginar un mundo maduro, sano y bondadoso que rezuma esplendor y que evoluciona de forma muy distinta a cuando el ser humano está comprendido dentro de sus inmediaciones”.

Así, la artista ha creado una serie de piezas con autonomía propia que funcionan de manera independiente y que pueden fusionarse y dialogar con otras creaciones para formar piezas mayores con sentido más complejo y una lectura más amplia, como funcionarían las distintas piezas de un ecosistema, tanto animales como vegetales en un hábitat determinado.

Obras de Agente Morillas en Pepita Lumier. Fotografía de Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Espíritu inquieto

Su nombre auténtico es Mamen Morillas y eligió este seudónimo en homenaje a la agente Scully de Expediente X, una serie que la marcó. “Es una de las muchas fuentes que me nutren, además de libros ilustrados, multitud de películas y programas míticos de la tele, desde los Pitufos o las Tortugas ninjas a Planeta imaginario o La Bola de cristal”.

Al acabar los estudios secundarios, con 19 años, y sin una idea muy definida sobre lo que quería ser, se marchó a Oxford a estudiar inglés. En 2001, ya con su vocación clara, se instaló en Barcelona, donde estudió ilustración en la Escola Massana. En su segundo año ganó un premio convocado por La Vanguardia y La Generalitat y comenzó a publicar las portadas del suplemento Mes Jove de dicho periódico. Agente Morillo es uno de los referentes de la ilustración española en moda, humor gráfico, pintura en directo y mural. Desde 2005 ha expuesto sus trabajos tanto en solitario como en grupo.

Entre su clientes se encuentran: Amnistía Internacional, Primavera Sound, Advance Music, Sónar Kids, Converse, Ajuntament de Barcelona, Club Q Zurich, Hydroponic, Apolo Club, Bibian Blue, Pepa Karnero, etcétera. Forma parte del profesorado de BAU (Escuela Superior de Diseño de Barcelona). Ha residido en París y en Londres, y esta primavera volverá a su ciudad natal, Málaga, con una beca de La Térmica.

“Mi trabajo es bastante narrativo, gira en torno a un universo de personajes y simbología que he creado, en los que me apoyo para contar historias y cuentos”, señala. “Mis personajes son un tanto naïf y fantásticos, muchas veces sombríos, casi siempre infantiles. Es un trabajo en parte autobiográfico y personal, en el que hablo de las cosas que me preocupan o me inquietan, sobre todo de los sentimientos y la naturaleza de los seres que habitan el mundo, desde un punto de vista un poco naïf”.

En cuanto a su estilo,  es bastante gráfico, de trazos y formas limpias, con predominio de colores pasteles, rosas y negros, sobre los fondos de los soportes que utiliza, aunque cada vez experimenta más con las disciplinas y el lenguaje. “Dibujo, pintura, escultura, pintura mural, pasando del grafito a los acrílicos, la arcilla o la madera. Hace cuatro años hice un curso de modelado en Londres y descubrí que me encanta dar volumen a mis personajes”, comenta.

En su obra, según ella misma confiesa,  se percibe el influjo de una larga lista de autores: Alphonse Mucha, Edward Gorey, Anette Messeger, Keith Haring, Mark Ryden, Goya, Yoshimoto Nara, Gary Baseman, Win Delvoye, Joana Vasconcelos, Camille Rose García, Elizabeth McGrath, Laurie Lipton, Marion Peck… Influencias que se reflejan en personajes de grandes y misteriosos ojos que a veces se esconden tras grandes flequillos.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Bel Carrasco

CARLOS DOMINGO, JUAN OLIVARES Y NELO VINUESA

Carlos Domingo, Juan Olivares y Nelo Vinuesa
Galería Rafael Ortiz
Mármoles 12 (Tel. 954214874). Sevilla
Hasta el 30 de abril de 2015
L: 18,00–21,00 h.
M-V: 11,00–13,30/18,00–21,00 h.
S: 11,00 – 13,30 h

La diadema, imagen evocadora encontrada en la relectura de una traducción del poema “Lamia”, nos reconduce al arco iris por su estructura formal pero también a la bóveda celestial-celeste que nos contiene, al universo, al viaje, al descubrimiento. Como imagen simbólica conecta con la idea de corona, que en un sentido amplio y profundo simboliza la propia idea de superación. A su vez, el arco iris, es a menudo el símbolo del puente entre el cielo y la tierra, expresa siempre y en todo lugar unión, relación e intercambio entre ambos. Nos gusta pensar que la diadema parece querer sujetar la razón, pero también nos conecta con el universo mágico y misterioso de la naturaleza.

“Trenzar Diademas”,  hace entonces referencia al modo en que cada uno construye su universo creativo, a la creación de mundos. La poesía, el misterio o la magia, son el punto de partida y la materia de nuestros trabajos, que no se desvinculan del razonamiento y la investigación. Es más, pensamos que hay una razón poética en cada acontecimiento, recordando a María Zambrano.

Si Newton desteje el arco iris en un intento por revelar el misterio de lo oculto, nosotros volvemos a trenzar con la emoción y la razón nuevas diademas. El acto de trenzar representa  un conjunto de tres o más ramales que se entretejen, cruzándolos alternativamente. Esta acción nos sirve conceptualmente como punto de partida para establecer el diálogo y la comunicación entre las tres propuestas.

Carlos Domingo. Paso. 2015. Pasta de papel y madera.

Carlos Domingo. Paso. 2015.
Pasta de papel y madera.

Por un lado, el trabajo de Carlos Domingo se centra en el interés por las cuestiones que sitúan al individuo frente a la metáfora de la representación animal, vegetal o mineral como estrategia plástica y conceptual para reflexionar sobre su naturaleza “humana”. Es un tipo de trabajo que pretende ser un resumen de los procesos de lo natural-orgánico frente a lo humano. La ciencia y el arte han elevado el nivel de humanidad del hombre y al mismo tiempo lo han alejado de su origen natural y primitivo (animal). El conjunto de lo natural, entendido como referente amplio y abierto, se mezcla con los artificios y las convenciones de la cultura.

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013. Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

Nelo Vinuesa. Penyagolosa. 2013.
Grafito s/papel. 30,5 x 23,5 cm

De un modo similar, Nelo Vinuesa sugiere y evoca narraciones que se construyen mediante la utilización de imágenes simbólicas, estableciendo conexiones entre lo fantástico, lo espiritual y lo mágico. Por otro lado, hay cierto romanticismo en las composiciones que plantea, un anhelo por lo lejano, por lo infinito. En su trabajo, el tratamiento del paisaje se relaciona con la idea de espejismo, fenómeno que hace referencia a la distorsión de la percepción sensorial, a la apariencia engañosa de algo que nos lleva a apreciar la realidad erróneamente.

Juan Olivares se identifica emocionalmente con todo lo que le rodea, sea una taza de café, una canción, las sombras proyectadas sobre un asfalto gris cromático, unos luminosos zapatos verdes con matices azules que cruzan las franjas blancas de un paso de cebra, un vestido precioso y su danza, el ruido amarillo del tráfico…

She´s like a rainbow VIII. De Juan Olivares. (110 x 100 cm.)

Juan Olivares. She’s like a rainbow V. 2014.
Pintura vinílica y óleo s/tela. 200 x 180 cm.

En este sentido su pintura está muy cerca de lo que acontece, del fluir permanente de las cosas y su misterio. Sus trabajos se alimentan de destellos cotidianos e instantes huidizos, momentos fugazmente perfectos en los que de alguna manera sales colmado.

(Imagen portada, Carlos Domingo. Tronco, Cactus, Abrazo. 2015. Carboncillo, pasta de papel y madera. Diversas medidas)