Arquitecturas en la pintura española del siglo XXI

‘Arquitecturas pintadas’, de VV.AA.
Xanadu Gallery
Hoża 51, 00-681, Varsovia (Polonia)
Del 2 al 20 de diciembre de 2017
Inauguración: viernes 1 de diciembre de 2017

Tras ser presentada el pasado mes de octubre en el Meinblau Projektraum de Berlín, ‘Arquitecturas pintadas’ continúa su itinerancia centroeuropea desplazándose ahora a Polonia. En una antigua fábrica que tuvo un papel relevante en el Alzamiento de Varsovia de 1944 se ubica la sala de exposiciones Xanadu Gallery donde se inaugurará el próximo 1 de diciembre esta exposición colectiva de 17 artistas pertenecientes o afines a la Figuración Postconceptual española (término acuñado por Paco de la Torre, artista presente en la exposición).

“Arquitecturas pintadas”, comisariada por Juan Cuéllar y Roberto Mollá, mostrará el significativo papel que ha representado la imagen arquitectónica y geométrica en algunos de los pintores que han renovado el concepto de figuración desde los años 80 hasta la actualidad. Como fondo o como figura, como contexto o como elemento simbólico, la arquitectura ha vertebrado y articulado el espacio pictórico desde Giotto hasta nuestros días. Un espacio que no es realista ni abstracto sino más bien un lugar alternativo donde armar imágenes mentales, un escenario en el que, como dijo Magritte, “la inteligencia de la exactitud no impide el placer de la inexactitud”.

Imagen de la obra 'Estancia en la Bauhaus', de Paco de la Torre, presente en 'Arquitecturas pintadas'. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de la obra ‘Estancia en la Bauhaus’, de Paco de la Torre, presente en ‘Arquitecturas pintadas’. Fotografía cortesía de los organizadores.

Los pintores reunidos en esta exposición llevan en sus genes la lección de la piazza metafísica, construyen su poética y dibujan su perfil a través de la visión de sus ciudades, de viajes reales o imaginados y de la relación del individuo con su entorno urbano. Son pintores que se sienten próximos a las utopías vanguardistas del racionalismo de principios del siglo XX y que encuentran en la mesa de dibujo del arquitecto, en sus escalímetros y en sus isometrías el molde perfecto en el que acomodar sus imágenes. Pintores arquitectos que rastrean la ciudad, convierten el bulevar en su yacimiento arqueológico, allanan domicilios y, como un impulso irrefrenable, dibujan sus casas ideales.

La exposición en Xanadu Gallery,  organizada por la Secretaría de Estado de Cultura (MECD) y con la colaboración de la Embajada de España en Polonia, presentará obras de:

Ángel Mateo Charris / Marcelo Fuentes / Dis Berlin / Damián Flores / Carlos García Alix / Paco De la Torre / Teresa Tomás / Joël Mestre / Roberto Mollá / Jorge Tarazona / Fernando Martín Godoy / Elena Goñi / Juan Cuéllar / Guillermo Peñalver Fernández / Nelo Vinuesa / Gonzalo Elvira / Chema Peralta.

Imagen de la obra 'Planetario', de Carlos García-Alix, presente en 'Arquitecturas pintadas'. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de la obra ‘Planetario’, de Carlos García-Alix, presente en ‘Arquitecturas pintadas’. Fotografía cortesía de los organizadores.

 

Más raro que una escalera verde

El rayo verde, de Fermín Jiménez Landa
La Gallera
C / Aluders, 7. Valencia

La Gallera, que de no mediar solución a su altísimo alquiler, puede cerrar como centro del Consorcio de Museos, aloja estos días una gran escalera de caracol de color verde. Ocupa todo el recinto, de parte a parte y tumbada en diagonal, porque de pie no cabía. Las desproporcionadas medidas, tomadas a conciencia, impiden su posición vertical. De manera que El rayo verde, como ha titulado Fermín Jiménez Landa su instalación de 13 metros de altura, aparece como un tótem caído al que rendir culto hubiera supuesto contravenir los deseos del artista.

Su intención no era levantar acta de la defunción de La Gallera (“ojalá no sea la última exposición para otros artistas”), sino advertir acerca de lo efímero de ciertas experiencias, como la de percibir el fenómeno atmosférico de ese rayo verde que da título a su propuesta. Rayo que únicamente se puede ver bajo condiciones poco frecuentes durante la refracción de la luz cuando roza el horizonte. “Es la atracción por lo que no podemos tener”, subraya Jiménez Landa, que incluye, como aspectos paralelos de esa atracción, la euforia y el fracaso.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación 'El rayo verde'. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación ‘El rayo verde’. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Euforia por haber logrado sostener, sin cables ni fijaciones, la gran escalera de caracol completamente recta, sin panza, entre ambos extremos del interior del edificio. Y fracaso porque, después de todo, aparece tumbada, que es de lo que se trataba. “Me interesa la inutilidad de una escalera que no sirve para ir a otro lugar, porque el peso del público no lo resistiría”. Una escalera rara como un perro verde, a la que Jiménez Landa ha dotado de un “aire industrial” tan pesado como ligero. Esa dicotomía entre lo enhiesto y lo caído, lo duro y lo frágil, forma parte del espíritu de un artista que utiliza su obra para provocar.

Obra, pues, excesiva, al tiempo que dada al guiño humorístico. Pero con matices, ya señalados cuando presentó su exposición 300,4 litros en la galería pazYcomedias: “Odio el exceso de intelectualidad, porque expulsa al público, pero tampoco me gusta que mi obra caiga del lado del chiste o del gag”. De manera que su rayo verde, siendo excesivo a simple vista e inclinado, sin llegar a caer, remite a esa reflexión de la luz y del propio pensamiento desprovisto de falsos aditivos y colorantes, para que el espectador se sorprenda a través de la pura emoción.

Vista general de 'El rayo verde', de Fermín Jiménez Landa en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Vista general de ‘El rayo verde’, de Fermín Jiménez Landa en La Gallera. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

En este sentido, casa perfectamente con el primer rayo verde descrito por Julio Verne y con el posterior cinematográfico de Eric Rohmer. Porque hay ciencia y un sesgo poético en su instalación. “Me gustan las cosas empíricas de la ciencia unirlas con aspectos distintos de la realidad”. De ahí que haya intentado a su vez “hacer un falso verde en el mar, pero no lo he conseguido, lo cual encaja con este espíritu de frustración”. Acostumbrados a que la realidad quepa en la red virtual que propicia la tecnología, la propuesta de Jiménez Landa viene a cuestionarlo con su inútil escalera: “La obra no es la escalera, sino la relación inadecuada entre el objeto y el espacio”.

Esa falta de adecuación se halla igualmente en El rayo verde que atraviesa La Gallera: “La obra tiene mucha presencia física y es al mismo tiempo fugaz”. A mitad de camino entre la arquitectura y la percepción sensorial de un fenómeno atmosférico, entre lo adusto y lo volátil, la gran escalera de caracol remite a la transición permanente entre dos estados que no terminan de ligar entre sí. Una especie de manierismo (“igual por el camino me he ido haciendo manierista”, dice entre risas), al que se adhiere cierto aire surrealista: “Me ha salido muy siglo XX, muy de vanguardia”. En todo caso, como apunta César Novella, comisario de la exposición, “es una reflexión sobre lo visual”. Reflexión inacabada que, tratándose de La Gallera, puede tener su punto y final con El rayo verde de Fermín Jiménez Landa.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación 'El rayo verde'. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Fermín Jiménez Landa junto a su instalación ‘El rayo verde’. Imagen cortesía del Consorcio de Museos.

Salva Torres

Net art y humanismo en La Neomudéjar

Umbrales, G109 y Autismo Vaginal
Museo del Centro de Arte de Vanguardias La Neomudéjar
C/ Antonio Nebrija s/n. Madrid.
Hasta el 4 de septiembre de 2016

La Neomudéjar de Madrid nos propone un extraordinario viaje a través de los sentidos y la estética humanista durante todo el verano. Por un lado, arranca la retrospectiva sobre la obra de Antonio Alvarado que es, sin duda, el artista precursor del net art y el arte electrónico en España. Un trabajo imaginativo y muy reflexivo que se ajusta y dialoga con su tiempo. Durante los meses de julio y agosto de 2016 se expondrán en el Museo La Neomudéjar algunas de las obras electrónicas que ha realizado en los últimos veinte años, es el caso de ‘El escursionista’, ‘Inasible luz’, ‘Los comportamientos de la realidad’, ‘La ciudad de los cantares’ o ‘Ternuras de guerra’.

Señala Alvarado: “Esta exposición aunque no habla ni de política ni de dinero, sí habla del poder. Habla de sentimientos, de personas y de máquinas, de sus relaciones y de los múltiples caminos que existen para que se produzcan estas relaciones. En definitiva habla de cuerdas, de hilos, de redes y de capas de cebolla. En ellas el caos se desordena y desestructura formando un entramado de coherencia. La máquina y el hombre caminan juntos como creador y criatura. Y estas criaturas se revelan, como lo hacen todas las criaturas conscientes, contra su creador. Estas relaciones son las que dan la imagen de nuestra grandeza o nuestra miseria. A partir de ahora vosotros tenéis la palabra”.

Se acompañará la muestra de una performance llamada ‘Las palabras’. Se trata de una acción concebida en 2006 que se multiplica y bifurca en DVD, instalación e ilustración. Las palabras son solo una convención de su significado, las mismas palabras podrían significar otra cosa, su propio reflejo forma otras palabras y si las traducimos a otro idioma forman palabras nuevas que en el nuestro tienen también un significado. Esta acción muestra como la entonación, la repetición aleatoria y el recitado en grupo, pueden distorsionar el significado e incluso anularlo. La acción consta de dos proyecciones móviles sobre elementos transformables; en su presentación se proyectaba sobre plásticos translucidos que podían ser movidos libremente tanto por el artista como por el público. Cada una de estas proyecciones consta de un software que muestra aleatoriamente frases escritas, entrecortadas y grabaciones sonoras de las frases mostradas. Hay tres grabaciones sonoras, una por cada proyección y una otra independiente, en total tres recitados grabados de los textos. Existe un cuarto o más recitados de estas frases, dependiendo del número de participantes. Cada uno de estos recitados se entonará de una manera diferente, incluso distorsionándolo. El público, que se le darán unas hojas con los textos y se le incitará a recitarlo, debe de moverse entre la proyección.

Imagen cortesía La Neomudéjar.

Imagen cortesía La Neomudéjar.

Sumando voces nuevas a esta disciplina electrónica, la Sala Generador acogerá la obra ‘G109’, del artista Miguel Martín. Se trata de un trabajo interactivo entre la máquina, el hombre y el reciclado lumínico de la ciudad de Madrid.

La segunda remesa de trabajos llega de la mano del fotógrafo José Luis Sanz y la artista feminista Diana Blázquez. Ambos exploran de manera frontal umbrales de diferencia. Son trabajos basados en experiencias y narrativas de vida que desde la fotografía o la pintura reflejan estados humanos de oscuridad y de reflexión. ’Umbrales’ muestra este trabajo fotográfico como un recorrido uterino donde la mujer está siempre presente, su mirada y composición del plano está más alla de una técnica depurada, vibra de una manera que solo la luz sabe hacer cuando choca con la textura de una piel vivida. ‘Umbrales’ posee una metáfora precisa de lo que podría ser un nuevo viaje de Dante. Los umbrales que abren esas puertas que todo ser humano recorre a lo largo de su vida, viéndose afectado manera inequívoca para seguir creciendo.

José Luis Sanz es un fotógrafo humanista, su recorrido vital le expone de una manera valiente ante los ojos del espectador y nos muestra sus infiernos y sus glorias, sus temores o su ansia de libertad. El cuerpo de la mujer es la metáfora con la que él presenta sus recorrido vital, una experiencia trasladada a la figura femenina, para que esta sea voz narradora de aquello que uno no sabría expresar si no es a través de la imagen del otro. ‘Umbraleses’ en sí un espejo del alma de este hombre, de sus miedos, de sus cadenas, de sus vicisitudes, afectos y fetiches. Un rostro sin rostro donde lo que realmente importa es el umbral que atravesamos. No existe un juicio sino una reflexión humana que debe permitirnos reflexionar.

Diana Blázquez en cambio reflexiona, con ‘Autismo Vaginal’, sobre un testigo. Y parte de un hecho concreto que es también una certeza: “dentro de todas nosotras hay un testigo”. Un testigo que siempre está ahí: si le miramos, nos mira; como un yo auténtico que mira al otro y falso yo.

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Michael Roy: En busca del placer perdido

The Spirit & The Flesh, de Michael Roy
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 26 de junio, a las 20.00h
Hasta el 7 de agosto, 2015

“Unos pasos crujen en la nieve. Una llamada seca. Es medianoche. Entran como una exhalación Victor, François y una girl morena y viva, a la que cada uno sujeta por un brazo. Sus grandes ojos están llenos de rabia.

Victor: –Te presentamos a Patricia, una amiga. Ha dado un escándalo en el café Brevoort. Y François y yo teníamos cosas que hablar.

François: –Le hemos dado a elegir entre dos sanciones. Un poco de aceite de ricino (…) o tú. Ella te ha preferido.”

Este episodio, con el que Henri-Pierre Roché abre su novela inacabada Victor, narra el momento de lo que será el inicio del triángulo amoroso formado por Victor –pseudónimo de Marcel Duchamp–, Patricia –Béatrice Wood, una chica joven de la “alta sociedad”, apasionada por el teatro– y el mismo Henri-Pierre Roché en la Nueva York de las vanguardias.

Obra de Michael Roy en 'The Spirit & The Flesh'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Michael Roy en ‘The Spirit & The Flesh’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Michael Roy presenta en Espai Tactel ‘The Spirit and the Flesh’, una exposición en la que reinterpreta la historia de autoficción escrita por Roché y construye un guión alternativo a través de la ampliación del relato, de la apropiación de la vida de los protagonistas y de sus obras.

Roy se posiciona como un réalisateur que, a partir de las memorias de Roché, deja entrever cómo era Duchamp en la intimidad de sus relaciones, pero también cómo lo era el mismo autor. Ambos, interesados por la búsqueda del placer, enamorados con frecuencia y amantes de cualquier mujer deseable que pasase a su alcance.

Obra de Michael Roy en la exposición 'The Spirit & The Flesh'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Michael Roy en la exposición ‘The Spirit & The Flesh’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Siguiendo a Jacques-Alain Miller, la causa del deseo o la misma condición de amor –lo que Freud llamó Liebsbedingung–, depende de la singular historia de cada sujeto, respondiendo a detalles aparentemente insignificantes del otro y que catalizan su desenlace.

En este sentido, en el triángulo formado por Duchamp-Wood-Roché nada pudo preverse, ninguno de sus protagonistas podía adivinar la causa de su doble atracción. Pero entonces, ¿cómo sobrellevar una triangulación amorosa? ¿Cuál es el código de esta forma de amor? Roché escribe sobre Victor (Duchamp): “Ante el capitalismo sentimental es preciso un determinado “comunismo” sentimental –¿Se merece uno la exclusividad? ¿Es buena para los dos? En algunos casos sí cuando es natural. En otros no”.

Obra de Michael Roy en la exposición 'The Spirit & The Flesh'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Michael Roy en la exposición ‘The Spirit & The Flesh’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

José Luis Giner Borrull

 

El ‘éxito’ de Jacinto Salvadó

Jacinto Salvadó (1892-1983)
Galería Muro
C / Correjeria, 5. Valencia
Inauguración: jueves 26 de marzo
Hasta el 30 de abril, 2015

Lo poco que se conoce de la vida de Jacinto Salvadó es digna de una novela escrita por Alejandro Dumas. Una biografía que recorre dos guerras mundiales y una guerra civil, el fallecimiento traumático de un hijo, una grave enfermedad cuando tenía 10 años, largos viajes a pie por el norte de España,  problemas con la autoridad, residencia en diferentes países europeos, varios personajes de la vanguardia de principios de siglo, masonería, anarquismo, intrigas entre pintores famosos, un viaje fallido a Hollywood la meca del cine, profundo olvido oficial y merecida posterior recuperación histórica. Todos los ingredientes necesarios para dotar a Salvadó de una fuerte personalidad que cristaliza creativamente, porque todo lo que necesita un pintor  está en los libros, en el taller y en la calle, o sea, en la vida, y a Jacinto la suya le dio para mucho.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen cortesía de Galería Muro.

Diferente es la suerte crítica que nuestro protagonista ha tenido a lo largo del tiempo y, a pesar de ser muy valorado en algunos periodos, al llegar a la vejez se había convertido en un “transpapelado”. Es solo muy al final de su vida cuando, gracias a la labor de galeristas como Juana Mordó y Basilio Muro, y de críticos como Juan Manuel Bonet,  comienza a fraguar el lugar que la historia reserva a este exitoso pintor español.

¿Y por qué digo exitoso si antes lo señalé como un olvidado? Porque desde mi punto de vista, una de las mayores cotas a las que puede aspirar un pintor es la de poder y querer pintar hasta el final. Sobreponerse a la incertidumbre, la moda, los contratiempos, el público, el mercado, los críticos, la vida, las responsabilidades cotidianas, las necesidades económicas, es mucho mas difícil de lo que puede parecer. La prueba fehaciente es que hay muchos artistas, grandes y pequeños, que dejaron de pintar.

Algunos por pereza, como Sebastian del Piombo (1485-1547), la mayoría porque abandonan antes de tiempo y otros porque delegaron completamente su taller en aprendices o ayudantes.  En cambio están los que como Picasso y Salvadó pintaron hasta el último suspiro. Si  traigo a colación al genio malagueño es por dos motivos, primero porque él es uno de los pocos a los que se les ha permitido cambiar de estilo sin pagar tributo por ello. Y puede que sea precisamente esto, el estilo, o mejor dicho la falta del mismo, de un estilo unitario, una de las causas que ha desubicado a Jacinto durante tanto tiempo en la historiografía oficial.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen obtenida de su web.

A muy pocos pintores se les deja campar a sus anchas por la pintura sin ser crucificado por ello -¡que le pregunten a Philip Guston (1913-1980)!-, porque como decía el actor Benicio del Toro en la película ‘Basquiat’ (Jualian Schnabel, 1996) para tener éxito tendrás que hacer siempre lo mismo. Y Jacinto Salvadó hizo siempre lo que le vino en gana; y segundo porque, para bien o para mal, Pablo Picasso ha sido uno de los personajes más influyentes en la figura de Salvadó. No ya en su persona o en su obra, sino en su nombre, en su recuerdo, en su lugar, en los libros.

Hasta su restauración como un nombre a tener en cuenta de la escuela de París española, Jacinto era más conocido por ser el modelo de un famoso arlequín pintado por Picasso y expuesto en El centro Pompidou de París, que por sus propios cuadros. Más nombrado por la anécdota que por el sudor vertido sobre sus obra. Porque esto es al fin y al cabo lo importante, o mejor dicho, estos, en plural, los cuadros, sus cuadros.

Y es que a pesar de que haya comenzado enumerando brevemente alguna de sus aventuras, un pintor no es por lo que vive o deja de vivir, por la cantidad de nombres conocidos que puede poner en la lista, por una biografía, sino por cómo es capaz de filtrar, transformar, y plasmar sus experiencias, sean estas del tipo que sean, en su pintura. Como técnica, idea y espíritu se objetualizan en la obra de arte. Por eso debemos respetar una obra que tan bien afronta el juicio del tiempo que es, sin duda, el último tribunal. Una pintura con aciertos y errores, con logros y fracasos, pero que desafía abiertamente a todos aquellos que quisieron desplazarlo de un lugar en nuestra memoria.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

La mayoría de los críticos acierta en coincidir que su obra más lograda es aquella que realiza al llegar a la vejez, en la década de los 70. Bendita vejez para él. Una obra abstracta, acrílica -¡qué acorde para los tiempos!-, mineral pero también orgánica. Una obra que a muchos lleva a otra obra, a otros pintores, pero, como decía Balthus, “un pintor usa un pincel y otro también, ahí está la influencia”.

Desde luego que Salvadó, como buen viajante y buen artista, siempre tuvo los ojos abiertos y decidió beberse sin tapujos todo lo que encontraba a su paso, destilando cuadros que siempre tenían algo de aquello y un poco de lo otro. Pero siempre dotando su trabajo con una entidad propia. Una personalidad que finalmente fragua mas allá de su madurez, en los años sabios, al final del camino, dejando para el recuerdo una serie pictórica que entra por derecho propio en esa cadena de conocimiento y experiencia que los seres humanos llaman cultura, y más concretamente en este caso, en la historia de la pintura.

La galería Muro le dedica a Jacinto Salvadó una exposición a partir del 26 de marzo, que coincide en el tiempo con otras dos en la Sala Dalmau de Barcelona (ya inaugurada el 3 de marzo, que se mantendrá hasta el 20 de abril) y en el Instituto Cervantes de París (del 8 de abril al 30 de mayo).

Obra de Jacinto Salvadó, extraída de su web.

Obra de Jacinto Salvadó. Imagen extraída de su web.

Pedro Paricio

La Chaise, hasta que el reciclaje os repare

La Chaise
Diseña, Crea, Recicla
C / Maestro Clavé, 3. Valencia
Hasta el 28 de febrero, 2015

El fenómeno del Upcyciling consiste en transformar cacharros, trastos y desperdicios en objetos útiles que pueden llegar a alcanzar la categoría de arte. El fenómeno, ahora en auge, puede rastrearse hasta las primeras vanguardias de principios del siglo XX. Incluso antes. Pero es como consecuencia del vertiginoso desarrollo industrial y tecnológico, propio de nuestros días, cuando diríase que logra su mayor esplendor, también debido al uso de las redes sociales y la promoción de ello por artistas o artesanos de variado pelaje.

Obra de Estudi Oniric en La Chaise.

Obra de Estudi Oniric en La Chaise.

La Chaise retro & med, coincidiendo con la celebración de la feria Habitat presenta una exposición en la que participan diversos estudios de diseño, talleres y diseñadores freelance radicados en Valencia y cuyas creaciones no llegan siempre al gran público. Artistas y artesanos empeñados en transformar el desecho en singulares hechos protagonizados por objetos que mudan de piel. Muertos en contenedores u olvidados en algún desván o rincón de la casa, esos objetos inservibles se convierten en sorprendentes útiles para el hogar.

Lámparas con objetos reciclados de Vicente Mas en La Chaise.

Lámparas con objetos reciclados de Vicente Mas en La Chaise.

En La Chaise valoran tanto esa capacidad transformadora del artista, capaz de revitalizar objetos a punto de expirar, que han decidido crear un espacio expositivo para dar a conocer toda esa ingente labor creativa, tanto al público en general como a profesionales del sector del diseño y a la propia prensa especializada. Es una manera de llamar la atención acerca del enorme potencial de los nuevos creadores.

Lámparas de Wao en La Chaise.

Lámparas de Wao en La Chaise.

Para esta ocasión, ha reunido los trabajos de Lebrel, DeBigotEnrotllat, Sergio Mendoza & El Taller de radios, Estudi Oniric, Equipo Klandestino, Rosa Borredá, MGO Ind., Sueños Vintage, Vicente Mas y la propia Chaise. Los vinos valencianos de la bodega Celler del Roure, junto a los patés de la empresa Picken y La cuina, se encargaron de patrocinar un evento que el día de la inauguración reunió a multitud de personas.

Silla de Equipo Klandestino en La Chaise.

Silla de Equipo Klandestino en La Chaise.

‘Diseña, Crea, Recicla’, tal es el título de la exposición, pone de relieve, en tiempos de consumismo desorbitado y, con él, de la igualmente desorbitada acumulación de desechos, que la vida finita de muchos objetos puede ser alargada merced a la respiración asistida que le inyectan todos estos nuevos creadores.

Obra de BigotEnrotllat en La Chaise.

Obra de BigotEnrotllat en La Chaise.

Reunión de artistas latinoamericanos en Xábia

Artistas Latinoamericanos en la Colección Tomás Ruiz
Casa del Cable de Xàbia
Av. Marina Española. Xàbia (Alicante)
Hasta el 6 de enero de 2015

No siempre es fácil encontrar en un solo espacio expositivo un conjunto coherente, y a la vez con un discurso propio e independiente, de obras de artistas latinoamericanos; un territorio plástico fascinante todavía desconocido para la mayor parte del público. La Casa del Cable de Xàbia nos ofrece, en esta ocasión, la oportunidad de llevar a cabo un recorrido sensitivo de la mano de algunas de las obras de la Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Ignacio Iturria. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Ignacio Iturria. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Debido a la fusión de tradiciones indígenas, europeas, africanas y asiáticas, los artistas latinoamericanos desarrollan de manera exitosa una suerte de hibridación cultural que les conduce a una estética mestiza, a un sincretismo cultural que, unido a la atención que prestan a las vanguardias, lleva las obras que realizan más allá de lo meramente exótico, en un inestable diálogo entre su variada y rica tradición y el ritmo vertiginoso de cambios que vive el subcontinente en la actualidad.

Dibujo de José Gurvich. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de José Gurvich. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

El público que visite esta exposición podrá encontrar desde obras de artistas de reconocido prestigio como José Gurvich, Fernando Prats, José Mederos o Ignacio Iturria hasta obras de artistas jóvenes. Gracias a este nuevo proyecto que impulsa el Ayuntamiento de Xàbia, el público asistente recorrerá algunas de las sendas del arte latinoamericano contemporáneo, de la mano de dibujos y de algunos óleos, descubriendo estéticas y discursos plásticos diferentes.

Dibujo de Marco Arce. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Marco Arce. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Los artistas que integran la exposición son: Gustavo López Armentía y Angela Bassano (Argentina); Antonio Hélio Cabral y José Carlos Viana (Brasil); Fernando Prats (Chile); Natalia Granada (Colombia); José Mederos, Eric Rojas, Douglas Pérez, Elsa Mora, Gertrudis Ribalta, Eduardo Ponjuán, Carlos Sosa Quintana y Kcho (Cuba); Dr. Lakra y Marco Arce (México); Martín López Lam (Perú); Ignacio Iturria y José Gurvich (Uruguay); Ronaldo Peña, Blanca Haddad y Carlos Rivera (Venezuela).

Dibujo de Natalia Granada. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Natalia Granada. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Carlos Rivera. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Carlos Rivera. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Martín López Lam. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Dibujo de Martín López Lam. Cortesía de Colección Tomás Ruiz.

Marta Ruiz Espinós

Tiepolo y sus retratos de fantasía

Giandomenico Tiepolo
Museo de Bellas Artes de Bilbao
Plaza del Museo, 2. Bilbao
Hasta el 20 de abril, 2015

¿Pueden convivir las obras de arte sean de la época que sean? ¿El mural más reciente de Banksy o la última ilustración de Pawel Kuczynski por ejemplo con un grabado de Goya? Las afinidades y divergencias entre las obras podrían tener que ver, más que con el tiempo, con la manera de ver el mundo de los artistas. Miró puede ser más afín a un artista pictográfico de hace doce mil años que a cualquier expresionista de su época.

Los que se interesan sólo por lo último de lo último, o los que consideran que arte es sólo lo que hicieron los clásicos, o sea, que murió antes del impresionismo, creen en la idea de la evolución (o involución) del arte. Pero puede ser que no tenga nada que ver con eso. Que las obras simplemente coexistan.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Al fin y al cabo, la evolución es una idea que afirma la existencia de un punto fijo desde el cual arranca todo el proceso. Pero el caso es que aquí no hay ningún punto fijo, ningún centro sobre el que gire nada. Por tanto, no hay proceso lineal. Parece más bien que en el arte el punto es móvil y se desplaza con cada obra que se crea. Como si no pudiera parar quieto. Los estilos se suceden recogiendo elementos de los otros estilos, modificándose y envolviéndose continuamente. Es como un ADN en el que todo está en todo.

Por esas afinidades y divergencias, el tiempo, en el arte, se esfuma, y en su lugar aparece la simple comunicación entre las obras, que parecen hacerse confidencias, como invitados en una fiesta con ganas de conocerse, o que discuten y, al hacerlo, se revelan sus tensiones íntimas, como en una cena de navidad −aquello que más les preocupa o que precisamente mejor (o más dolorosamente) las define.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Bingyi, por ejemplo, con su pandemonium de luces y sombras, tendría mucho de qué hablar con Turner, pero también, por contraste, con su actual coetánea He Zhihong. Los poéticos paisajes de esta, a su vez, convivirían perfectamente con los de Constable, Friedrich o incluso Cézanne, pero se destacarían sobre todo si se encontraran con los de Van Gogh. O en fin, si los retratos en lejía de Barceló tuvieran delante los de Giandomenico Tiepolo que el Museo de Bellas Artes de Bilbao acaba de presentar en su nueva exposición, en colaboración con BancaMarch y Consulnor.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de Giandomenico Tiepolo. Cortesía de Museo de Bellas Artes de Bilbao.

No son retratos de personas concretas, sino de fantasía, es decir, son inventados. Y lo que Tiepolo ha inventado son tipos genéricos –tres hombres maduros con toque oriental y ocho mujeres jóvenes pintados con un estilo que recuerda a Rembrandt-. Están fechados alrededor de 1768 cuando aprovechó su estancia en Madrid, a donde había ido con su padre y su hermano para pintar al fresco varios techos del Palacio Real.

Al no representar a nadie en concreto, este artista se decide por pintar tipos, como si dijéramos a la manera de Jung, es decir, arquetipos. Su preferencia son los filósofos de la antigüedad, en cuanto a los hombres, y su ideal de belleza femenina en el caso de las mujeres (inocencia, austeridad, personalidad, decisión, bondad). Temas estos que, por sí solos, abren un sin fin de interrogantes.

Completa la exposición doce aguafuertes cedidas por la Biblioteca Nacional de España.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Retrato de mujer de Giandomenico Tiepolo. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Iñaki Torres

Pedro Paricio, rayos y centellas

Pedro Paricio
Galería Muro
C / Corregería, 5. Valencia
Hasta finales de noviembre

A Pedro Paricio lo descubrió Basilio Muro, poco antes de que pasara como un rayo por Halcyon Gallery de Londres. Cuenta el veterano galerista valenciano que Paricio le envió su obra por Internet en 2010. Como quería verla al natural, Paricio se vino desde Tenerife a Valencia y enseguida entró en una colectiva. “Le vendí lo que trajo”, recuerda Muro. Como recuerda que, al año siguiente, lo que valía 1.900€ pasó a venderse por 90.000. Corría, y de qué forma para Pedro Paricio, el año 2011. El año en que vendió en Halcyon Gallery toda la obra expuesta el día de su apertura.

Una de las obras de Pedro Paricio expuesta en la Galería Muro.

Una de las obras de Pedro Paricio expuesta en la Galería Muro.

Desde entonces, la obra de Pedro Paricio no ha hecho más que seguir la trayectoria que deja el rayo y la centella de que se nutre su propio trabajo. Porque rayos hay muchos en sus piezas de apabullante color y geometría. Como centellas golpean contra ese cielo arrebatado en forma de expresivos gestos. Y a base de rayos y centellas, o lo que es lo mismo, a base de chispazos eléctricos y cortocircuitos que parecen tejer insospechadas conexiones neuronales, la obra de Pedro Paricio ha ido tomando un extraño cuerpo.

Cardenal, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Cardenal, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Quizás se deba a la naturaleza propia del artista que siempre ha querido ser. “Cuando eres artista, la sociedad te permite hacer cosas que, de no ser por el arte, harían que te tacharan de loco. Escogí el arte porque quería vivir una vida diferente”. La máquina racional que supuestamente somos, y que en su obra diríase plasmada en esas formas geométricas, enseguida deja paso al deslumbrante color de alucinados gestos. De manera que toda su pintura se arrebata en torno a líneas que se quiebran por la fuerza de un fondo que, como si fuera un cráter, amenaza con destruirlo todo.

Basta fijarse en la pieza del Cardenal, que apunta hacia su admirado Bacon. La cabeza, todo lo geométrica que se quiera, descansa sobre unos hombros que van triturando esa geometría, en torno al pecho incandescente que alberga cierto rostro, cierta criatura. A la altura, pues, del corazón, algo inquietante provoca el desparrame formal de esa cabeza. Una vida, sin duda diferente, alojada en el interior mismo de esa otra vida más cuerda, más colorista, más geométrica.

Helado atómico, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Helado atómico, obra de Pedro Paricio, en la Galería Muro de Valencia.

Pedro Paricio no deja de trasladar a su obra ese vaivén entre los rayos, o corrientes eléctricas del cerebro, y las centellas que, a modo de fogonazos, vienen a perturbar la conexión lógica entre la causa y su efecto. Las obras expuestas en la Galería Muro, coincidiendo con el ‘Elogio de la pintura’, cuya muestra en el Museo Tenerife Espacio de las Artes (TEA) se inauguró al tiempo que la de la Valencia, reflejan esos dos mundos en conflicto que el artista acoge como revelación del ser. “Cuando estoy contento, voy a ver arte. Cuando estoy triste, voy a ver arte. El arte da sentido a mi vida”.

Una vida que Pedro Paricio, por ser diferente en tanto artista, muestra con toda sus contradicciones. La del ser racional próximo a perder la cabeza, y la del loco que se salva por la campana de un último gesto pletórico de sentido. Las referencias al cine (The Sopranos), la propia pintura (Cardenal) y, sin duda, también el humor (Helado atómico), convierten su pintura en un caleidoscopio de sensaciones tan pronto alegres por el arrebatado color, como alumbrando cierta tristeza al colisionar la geometría contra un fondo matérico.

Una de las obras de Pedro Paricio que se puede ver en la exposición de la Galería Muro.

Una de las obras de Pedro Paricio que se puede ver en la exposición de la Galería Muro.

Salva Torres