El ‘Tiempo’ se nos escapa con Jorge Sanz

Tiempo, de Quim Masferrer dirigida por Ramón Fontseré
Teatro Talia
C/ Caballeros 31. València
Del 29 de marzo al 2 de abril de 2017

‘Tiempo’ nos trae a un Jorge Sanz que se enfrenta al público a pecho descubierto, sin más ayuda que una silla y un cronómetro. Es cierto que Sanz hace tiempo que perdió esa frescura necesaria para estar en el mundo del cine, aunque hace nada le hemos visto en la malograda ‘La Reina de España’, y que su presencia se ha ido reduciendo en la gran pantalla y en la pequeña de forma gradual, pero él siempre ha estado ahí. Este es, sin lugar a dudas, un reto profesional para el madrileño, ya que soporta el peso de la obra con pasmosa tranquilidad. Como dice él en la propia historia: “No será por falta de tablas…”.

La historia nos cuenta, de forma muy simple, cómo a un hombre, en este caso al actor Jorge Sanz, le queda nada más que noventa minutos de vida. ‘Tiempo’ no es una chifladura sacada de la cabeza de Sanz, es una obra bien medida y directa al cuello, escrita por Quim Masferrer y dirigida por Ramón Fontseré, que son Els Joglars. De hecho, la obra estaba escrita en catalán, ‘Temps’, y adaptada al castellano.

Jorge Sanz en 'Tiempo'. Fotografía: Malva.

Jorge Sanz en ‘Tiempo’. Fotografía: Malva.

El hilo argumental parece, pues, simple, pero sus matices van emergiendo en cada nuevo minuto que se suma o se resta, según se mire. Sanz, sentado en una silla de ruedas, que al final es otro personaje más con el que en un momento dado bailará y en otro viajará por el mundo, nos espeta que le quedan noventa minutos de vida, y que no está de humor para nada. Ni siquiera para realizar la obra.

La realidad del personaje traspasa la cuarta pared y nos deja perplejos; por un momento, creemos que el personaje se quedará en la silla postrado durante toda la función y que seremos nosotros las víctimas de una obra interactiva. Pero no, Jorge acaba hablando, soltando por la boca todo lo que una persona con nada que perder puede decir. La obra viaja por la libertad absoluta, tanto en el modo narrativo como en el propio texto.

Jorge Sanz en 'Tiempo'. Fotografía: Malva

Jorge Sanz en ‘Tiempo’. Fotografía: Malva

Sanz habla como cualquiera de nosotros en una barra de bar, con indignación, con tristeza, con esa pena del que se va pero sabe que el lugar que deja es maravilloso, a la vez que un desastre, así se despide Jorge Sanz. La monarquía, los corruptos, las multas, la vida, los toros (con paseíllo incluido), de todo eso va esta historia: de ser libres, de vomitar encima de las cosas que nos hacen daño.

La cuenta atrás es implacable y, sin duda, azuza los miedos de Jorge, que en ocasiones parece perder el sentido y en otras solloza por un final abrupto. Nos habla desde el corazón, sin sobresaltos, con un diálogo triste y vivaz, como queriendo mostrarnos la belleza, pese a la suciedad imperante, que existe en la vida. Como alertándonos del final, de no malgastar los minutos en cháchara o en miedos. Sin duda Jorge Sanz en estado puro.

Jorge Sanz en 'Tiempo'. Fotografía: Malva.

Jorge Sanz en ‘Tiempo’. Fotografía: Malva.

Javier Caro

Player diseña el cartel del Festival 10 Sentidos

Cartel del VI Festival 10 Sentidos
Lema: PorMayores
Obra de la firma Player

El Festival 10 Sentidos va a dejar huella este año. Con su temática, con sus discursos, con sus propuestas escénicas. Y con su imagen. Bajo el lema  ‘PorMayores’, la VI edición se presentará en mayo con un cartel en el que unas manos anónimas son las protagonistas. “El tiempo no significa nada cuando puedes dejar una huella que durará para siempre”, es la idea que se pretende trasladar a quien lo mire.

El diseño lleva la firma de Player, agencia valenciana que desarrolla proyectos de publicidad, comunicación, branding e identidad, diseño y dirección de arte, con la que el Festival ha estado vinculado desde sus inicios. La identidad corporativa de la IV edición fue premiada por la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana (ADCV).

Para la elaboración de la imagen de este año se ha contado con la colaboración de Juan Carlos Iñesta, productor de cerámica de Manises, maestro artesano e investigador cerámico. “Huella es lo que dejamos con el tiempo a lo largo de nuestra vida, y la huella que queda en nosotros son esas marcas, arrugas y carácter que entorna nuestro rostro, nuestras manos y nuestro cuerpo. Nos interesaba la idea de trascender a través de una pieza artística, de modo que nos centramos en las posibilidades de la escultura”, explican desde Player. “Nos fascinaba la idea de marcar con las manos y partes del cuerpo un material, así que empezamos por la arcilla y acabamos con la escayola. Los materiales crudos funcionan muy bien y Valencia tiene a grandes artesanos que trabajan la cerámica, la escayola y la arcilla. Contactamos con Juan Carlos Iñesta, de Domanises, un grande de la cerámica en Valencia y empezamos a testar materiales, tipos de hundimientos y acabados. La arcilla no nos acabó de gustar, no lográbamos tanto realismo. La escayola en cambio sí que nos permitía extraer una huella realista, con textura y profundidad, pero teníamos que jugar con los tiempos de fraguado y las manos debían de moverse lo mínimo”, añaden.

“El resultado es un cartel con unas manos dispuestas en una plancha de escayola gris donde solapamos una tipografía ‘stencil fluor’ verde para que contrastase con el fondo y empacase el resultado”, concluyen.

El diseño del cartel entronca de manera directa con el lema de 2017, ‘PorMayores’, con el que el Festival pretende fijar la mirada en el paso del tiempo y reflexionar sobre cómo cada ser humano se enfrenta a esta situación. Así mismo, el certamen rendirá tributo a los mayores, convirtiéndolos en protagonistas, y demostrando su importancia en cualquier comunidad, dejando atrás estigmas y ciertos tópicos.

El Festival 10 Sentidos cuenta de nuevo con el apoyo de Caixa Popular como patrocinador principal, que se implica en esta edición desde su gestación para formar parte y colaborar mientras se pone en marcha toda la estructura y la programación.

Cartel del VI Festival 10 Sentidos, obra de la firma Player. Imagen cortesía del festival.

Cartel del VI Festival 10 Sentidos, obra de la firma Player. Imagen cortesía del festival.

“Los seres humanos somos tiempo”

Héroes, de Tamzin Townsend
Intérpretes: Juan Gea, Luis Varela e Iñaki Miramón
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Del 9 al 18 de septiembre de 2106

“Los seres humanos somos tiempo, efectivamente”. Juan Gea no lo duda, tras meterse en la piel de un ex militar agorafóbico en la obra de teatro Héroes, que dirige Tamzin Townsend y que protagoniza junto a Luis Valera e Iñaki Miramón. Viene a su tierra Valencia para hablar en el Teatro Olympia (del 9 al 18 de septiembre) de ese tiempo que pasa, feroz, descarnado, pero anclado con rabia en el presente. “He oído críticas que dicen que nos pasamos el tiempo de la obra recordando. No, no… Efectivamente hablamos del tiempo, pero no estamos filosofando sino que se traduce físicamente en el escenario”.

En cualquier caso, por seguir a Marcel Proust: “Demos vida al inmenso edificio de nuestros recuerdos”. Que es lo que hace el teatro, ahora de la mano de Gea, Varela y Miramón: tres ex militares, en su día probablemente los héroes que dan título a la obra escrita por Gérald Sibleyras, ahora retirados en una residencia militar donde, entre otras cosas, evocan su pasado militar como trampolín de vivencias presentes un tanto delirantes. “Es una mezcla de Los Hermanos Marx, Esperando a Godot de [Samuel] Beckett y Antonio Ozores”.

Juan Gea, en Héroes. Teatro Olympia. Fotografía de Sergio Parra por cortesía de la productora.

Juan Gea, en Héroes. Teatro Olympia. Fotografía de Sergio Parra por cortesía de la productora.

“Luis Varela es historia viva del teatro”

El cineasta Andrei Tarkovski, hablando mucho y bien de ese tiempo que inexorablemente atraviesa a los tres héroes de Townsend, ya dijo que con el tiempo se había dado al hombre un regalo amargo y dulce a la vez. Esa cualidad agridulce se saborea en Héroes, incluso desde su escenografía. “Está muy cuidada, con un jardín de residencia de lujo que a su vez parece un panteón”, subraya Gea, “prendado” con el trabajo de Tamzin Townsend y con el de sus compañeros de reparto. “Luis [Varela] es historia viva del teatro, al que no puedo mirar a la cara durante la obra, prefiero mirar un botón de su camisa, porque rompo a reír. E Iñaki [Miramón] es sorpresivo”.

Irremediable preguntar a Juan Gea por su personaje Ernesto Jiménez de la exitosa serie televisivia El Ministerio del Tiempo (otra vez, el tiempo). “Pues se ha convertido en una especie de icono, porque alguien me llegó incluso a decir que Ernesto era la imagen clave de El Ministerio…”. Un personaje en las antípodas del que ahora representa en Héroes. “Ernesto es un personaje frío, hierático, siempre detrás en plan siniestro, para el que tuve que hacer un ejercicio de contención. Todo lo contrario al que interpreto aquí”, un Gustave que sufre de agorafobia y que aparece más desatado.

Escena de 'Héroes'. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

Escena de ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

El Ministerio del Tiempo le ha dado a la televisión un prestigio  que había perdido”

Y hablando de series televisivas, Juan Gea piensa que “hay aciertos”, pero también “muchas series de consumo rápido”. En todo caso, El Ministerio del Tiempo cree que le ha dado a la televisión “un prestigio que había perdido”. Y puestos a recordar (de nuevo el recuerdo a la palestra), trae a colación Farmacia de guardia, la serie que triunfó en los 90, y que da pie a extraer como conclusión del éxito en televisión una mezcla de “azar y por supuesto calidad”. Eso sí, apunta que estamos “entre la forma antigua de ver televisión y la de ahora a través de Internet”, donde por cierto ha triunfado sobradamente El Ministerio

Escena de 'Héroes', de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

Escena de ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia. Imagen cortesía de la productora.

“Deseo que vuelva RTVV pero sin intereses políticos de por medio y mejor gestionada”

De su paso por L’Alqueria Blanca, la popular serie de la extinta Canal 9, recuerda igualmente “la ilusión de todo el equipo por sacarla adelante”, al tiempo que desea la vuelta de RTVV, “pero sin intereses políticos de por medio y con una mejor gestión”. Gestión para la que reconoce no estar él especialmente dotado, a pesar de haber trabajado durante 12 años en una caja de ahorros de Valencia. “Sí, aquello lo deje, a pesar de la seguridad de por vida que me daba ese trabajo, porque el teatro siempre me había atraído”. De manera que un buen día “aparecieron Miguel Narros y Miguel Ángel Conejero, me presenté a unas pruebas y ya no pude dejarlo”. Pidió cuatro de excedencia en el banco y hasta hoy. “Llegué a tener sueños de que me asomaba a un balcón y me caía”, por el vértigo de haber dejado aquel trabajo, pero ahora “te acostumbras a la seguridad de la inseguridad”.

Como actor tiene claro que resulta esencial dejarse penetrar por el personaje, sin que el yo lo obstaculice. “Hay que vencer las defensas y abrirse absolutamente a todo, que es lo que hemos hecho los tres en Héroes, ponernos a jugar como niños”. Y es que Juan Gea reconoce que, ya sea en la piel de Ernesto o ahora en la de Gustave, “a mí disfrazarme me encanta”.

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Juan Gea, en el medio, junto a Iñaki Miramón (izda) y Luis Varela en 'Héroes'. Teatro Olympia de Valencia.

Juan Gea, en el medio, junto a Iñaki Miramón (izda) y Luis Varela en ‘Héroes’, de Tamzin Townsend. Teatro Olympia de Valencia.

Salva Torres

El lado decadente de las barracas

Vale por un viaje, de Alejandra de la Torre
Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 3 de septiembre de 2016

Alejandra de la Torre (Castellón, 1983) viene a llevarle la contraria a Françoise Sagan cuando dijo aquello de que los objetos eran los amigos que ni el tiempo, ni la belleza, ni la fidelidad consiguen alterar. En su caso, el paso del tiempo sí modifica la percepción que tenemos de algunos objetos: por ejemplo, la serie de atracciones de las ferias veraniegas con sus inconfundibles barracas. Es lo que hace en la exposición Vale por un viaje, que hasta el 3 de septiembre acoge la galería Pepita Lumier de Valencia.

Lejos de presentar el bullicio de la gente, las atracciones a pleno rendimiento y la conjunción de ambas cosas como reflejo del aire festivo propio del verano, De la Torre muestra en soledad algunos de los objetos más representativos de todo ese carnaval. Hay, así, autos de choque, caballitos, lanzaderas, hinchables, fichas de diversas atracciones e incluso carteles donde se anuncia dónde sacar esas fichas en taquilla, todos ellos fuera del contexto dinámico inherente a la feria. Como la propia artista dice, le interesa esos objetos en la actitud “decadente” que “los vuelve interesantes y únicos”.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

No son objetos, a pesar de su soledad, que evoquen la naturaleza siniestra conferida por algunos autores a las máquinas. Ni siquiera los payasos, protagonistas tradicionales de ese mundo, dejarían el rastro en la obra de Alejandra de la Torre que deja el payaso Pennywise en la novela de terror It, de Stephen King. La artista castellonense se acerca a ese mundo para dejar constancia de lo que cambia la percepción de las barracas pasado el tiempo. De aquella niñez e incluso adolescencia mágica en relación con las ferias, se pasa en Vale por un viaje a las sensaciones más crudas de la edad adulta cuando hace memoria de todo aquello.

De manera que hay dos capas en la exposición: una colorista, como destilado de cierta ingenuidad primigenia, y otra más descarnada, en alusión a esa distancia o desencanto de los objetos. Esa primera capa, Alejandra de la Torre la describe así: “La feria como espacio de luz, color y diversión”. De esa otra, la artista dice: “A medida que vamos creciendo [la feria] nos muestra otra cara más castiza, sucia y mísera, que es lo que las diferencia de los parques de atracciones”. Esa parte más “cutre” (Alejandra dixit), no termina de comparecer del todo y sí, en cambio, cierto desencanto en su literalidad: objetos que han perdido su encanto, a pesar de mantener a duras penas su intenso color.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Porque colores llamativos,  fosforescentes, estridentes, hay muchos. Todos ellos a modo de maquillaje con el que la vieja actriz quisiera ocultar el paso del tiempo. Y al lado de esos colores, junto a ellos, remiendos de papel que la artista introduce mediante el collage para subrayar el carácter artificioso del mundo narrado en Vale por un viaje. De la Torre nos invita a ese viaje aparentemente luminoso, a base de intenso dulce de algodón, iconos hinchables como Bart Simpson o Bob Esponja, fichas de colores y llamativas atracciones, para mostrarnos en paralelo la pérdida de toda esa magia.

Por eso es normal que en lugar de hinchables, llame “deshinchables” las obras relacionadas con esos grandes muñecos de plástico. Porque el viaje de Alejandra de la Torre está plagado de las baldosas amarillas del cuento, en cuyo trayecto han ido perdido el encanto para devenir objetos solitarios; máquinas a falta de la ficha oportuna que las ponga en movimiento. Fichas de colores que en la obra de Alejandra de la Torre aparecen desanimadas.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obra de Alejandra de la Torre. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Salva Torres

Jazz se escribe con V

XX Festival de Jazz de Valencia
Palau de la Música
Passeig de l’Albereda, 30. Valencia
Julio de 2016

Si, como dijo el compositor Leonard Bernstein, para conseguir grandes logros dos cosas eran necesarias, “un plan y no demasiado tiempo”, entonces Francisco Blanco ‘Latino’ y Chevi Martínez están de enhorabuena. Hacia finales de abril supieron que serían ellos los encargados de poner en marcha el 20 Festival de Jazz de Valencia. He ahí el poco tiempo. Pero como tenían un plan, con el que se presentaron a principios de año y por el que el Ayuntamiento de Valencia finalmente se decantó, el logro estaba asegurado.

Su plan es muy sencillo: “Dar la oportunidad a la gente que se lo merece”. Y esa gente está bien cerca: “Los músicos valencianos, que hay muchos y muy buenos, merecían nuestro apoyo; que tengan la puerta del festival abierta, cosa que antes no tenían”. Se acabó aquello de que nadie es profeta en su tierra. Ahora el Jazz se escribe con V, la que llevan incorporados los músicos valencianos que, como Perico Sambeat, Ramón Cardo, Carlos Gonzálbez o Fabio Miano exportan internacionalmente su creatividad.

Cartel de Dani Nebot. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Cartel de Dani Nebot. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

El Fijazz de Alicante, con el triple de presupuesto que Valencia

Está por ver lo que sucede con el Fijazz de Alicante, que sale por primera vez a concurso público con una dotación presupuestaria tres veces superior a la de Valencia. La que será su XVIII edición sigue en el aire, a expensas del proyecto ganador. Paralelamente, acaba de nacer Jazz on the Med, iniciativa privada impulsada por Esatur (Jorge Rodríguez) y El Refugio (Dani Barbieri) con la colaboración de Fundación Caja Mediterráneo.

Y nace Jazz on the Med, complemento al Fijazz

“No lo vemos como competencia al Fijazz, porque es bueno que pasen cosas en junio y julio, de manera que se complementan”, explica Toni Navarro, coordinador del Jazz on the Med, que ha arrancado con alrededor de 20.000€ y una propuesta atractiva. Por el Aula de Cultura de la CAM de la Alicante pasaron los días 2, 9 y 16 de junio Tino di Geraldo Sextet, Jorge Pardo y Javier Massó, y Perico Sambeat y Fabiano Miano Quartet. “Tuvimos una buenas respuesta de público, sin llegar a llenar, pero demostrando que están pasando cosas en Alicante aparte del reggaetón”, señala Navarro. Y el año que viene “más y mejor, esperemos que con la ayuda de algún patrocinador”.

Mientras, el Festival de Peñíscola sigue fiel al modelo que hasta el pasado año dirigía en Valencia Julio Martí: estrellas internacionales y el complemento de músicos valencianos. Así, actuarán en el Palau de Congressos de Peñíscola, del 21 al 28 de julio, la vocalista Cécile McLorin, Kenny Barron y John Abercrombie, reservando los conciertos gratuitos del Jazz a la Serena, que se reparten entre el Palau y la plaza de Santa María, para Grant Stewart, Yei Yi&co, Arantxa Domínguez, Ricardo Belda, Kiko Berenguer y Tat!, en un festival patrocinado por Transportes Monfort Belda.

Fabio Miano. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Fabio Miano. Fotografía de Antonio Porcar por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“La realidad jazzística en Valencia ha cambiado radicalmente en los últimos años: ahora hay un público entregado al jazz y que apoya a los músicos de aquí”, dicen al unísono Blanco ‘Latino’ y Chevi Martínez, ambos a su vez celebrando, oh! casualidad, los 25 de años del colectivo Sedajazz y del club Jimmy Glass, respectivamente. “Llevamos años dedicándonos a crear afición”, añaden. Por eso ahora, con el cambio de gobierno (“la sensibilidad es otra”), decidieron presentar su plan al Ayuntamiento de Valencia.

Hermeto Pascoal. Fotografía de Aline Morena por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Hermeto Pascoal. Fotografía de Aline Morena por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Apostamos por el cambio y por una iniciativa de futuro”

“Lo hacemos animados e impulsados por mucha gente, casi obligados por ellos, que han confiado en nosotros para sacar adelante el festival”. De manera que Latino y Chevi compaginan ahora el trajín diario con todo lo del festival. “Ya casi no tenemos vida privada”, se lamentan con ironía, pero con el acicate de “apostar por el cambio” y de saberse al frente de “una buena iniciativa y de futuro”. Eso sí, el proyecto es para este año, aunque confían en la posibilidad de continuar desarrollándolo más tiempo.

Porque ideas tienen muchas, aunque la falta de tiempo les haya obligado a centrarse en la vigésima edición, para la que cuentan con 60.000€ de presupuesto municipal, más los 15.000 del 17 Seminario Internacional de Jazz. No es mucho teniendo en cuenta que habrá 24 actuaciones (10 más que el pasado año) y 169 músicos participando en ellas, lo que da una idea del exiguo dinero destinado a cada artista. “En el Palau nos la jugamos a taquilla”, dicen. Asumen el riesgo que supone no llegar a cubrir los gastos derivados de los respectivos cachés, por eso animan a la gente a acudir a los conciertos.

Sant Andreu Jazz Band. Foto de Lilli Bonmati por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Sant Andreu Jazz Band. Foto de Lilli Bonmati por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Este festival es un caramelo, porque aúna estilos diferentes y para todos los públicos”

El primero de todos, de entrada libre, será el domingo 3 de julio en los Jardines del Palau con la Sant Andreu Jazz Band. Joan Chamorro dirige esta banda de Barcelona formada mayoritariamente por jóvenes de entre 7 y 20 años, y de la que Ramón Tort realizó la película documental A film about kids and music ganadora del premio al mejor largometraje en el Festival de Cine de Austin (Texas). Latino habla de “caramelo” para definir el Festival de Jazz de Valencia, porque reúne “diferentes estilos, desde lo clásico a lo más vanguardista, y para todos los gustos”.

He ahí otra de las señas de identidad del nuevo modelo. “Dar siempre lo mismo no es educar a la gente, que tiene que conocer lo nuevo que se está haciendo”, subraya Chevi Martínez, harto de lo que alguien ha llamado la “nombrecitis”, esa obsesión por los grandes nombres del jazz, en detrimento de los nuevos solistas y formaciones. “Los grandes nombres tienen fecha de caducidad y los jóvenes han de conocer aquellos otros que empiezan a despuntar y nosotros dárselos a conocer”, como dicen que ya comienza a verse incluso en festivales tan prestigiosos como los de San Sebastián y Vitoria.

Carlos Gonzálbez. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Carlos Gonzálbez. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Ojalá sirva de modelo a otros festivales”

Desean que su proyecto de jazz para todos los públicos, abierto a los diferentes barrios de la ciudad y con músicos de la propia tierra “ojalá sirva de modelo a otros festivales”. Y lo dicen seguros de que en otras ciudades “ya nos están mirando”, por las referencias que tienen. Y puesto que el festival tiene carácter internacional, su apuesta también se desmarca de la línea general, incidiendo en nombres “menos mediáticos pero de indudable calidad”.

De manera que junto a la Perico Sambeat Big Band, Ramón Cardo & The Nyora Boppers, Carlos Gonzálbez & Fabio Miano Quartet y la Orquestra de València, que por primera vez abre su repertorio al jazz en agrupación, figuran en el programa ilustres como Hermeto Pascoal, Charles Lloyd, Vein Trio & Dave Liebman o Juan Perro. Nombres quizás menos sonoros que los de Wynton Marsalis, Chick Corea o Diego El Cigala, pero que a juicio de Latino y Chevi Martínez merecían estar por ese compromiso hacia lo más emblemático.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Perico Sambeat. Fotografía de Miquel Monfort por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Perico Sambeat es uno de los valores europeos más importantes”

“El saxo Charles Lloyd fue el primero que vendió un millón de ejemplares por su disco Forest Flower de 1966”, destaca Chevi Martínez, anunciando el que será su único concierto en la península. Y de Hermeto Pascoal dice que nunca había estado en Valencia, siendo uno de los grandes músicos a nivel mundial, con “discos cinco estrellas, mientras aquí parece como si no existiera”. De hecho, Miles Davis dijo de este albino brasileño que era “el músico más importante del mundo”. Vein Trio, que ya ha estado en Valencia, concretamente en el Jimmy Glass, es la apuesta de vanguardia igualmente para todos los públicos. Como Juan Perro o Santiago Auserón (Radio Futura).

Domisol Sisters. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Dómisol Sisters. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

En cualquiera de los casos, insisten en recordar que Perico Sambeat “es uno de los valores europeos más importantes, por sus arreglos y composiciones increíbles”, al igual que Gonzálbez, Miano o Cardo, “que están en un cartel de gran nivel”. Latino aprovecha para destacar también a las Dómisol Sisters, “que sorprenderán seguro, porque tienen un espectáculo muy bonito y de gran calidad”, sin olvidar a Iván ‘Melón’ y su swing cubano o The Big Team, compuesto por Jesús Santandreu, Michael Mossman, Abe Rábade, Carlos Martín, Nelson Cascais y Eric Ineke.

Y como en el espíritu del nuevo Festival de Jazz de Valencia está su despliegue por toda la ciudad, Russafa, el Cabanyal, Benimaclet, El Carme o el Mercado de Colón acogerán diversas actuaciones. También habrá jam sessions en otros espacios habituales de la ciudad, como El Vitti, El Deslunao, Café El Musical, No Hay Nada Mejor que 27 Amigos, Gestalguinos, Café Bigornia o el propio Jimmy Glass, a modo de cartel complementario al festival.

Juan Perro. Fotografía de Daniel Pérez por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Juan Perro. Fotografía de Daniel Pérez por cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

“Los festivales llenos de estrellas parece que fueran a dejarnos ciegos”

“Queremos que sea un festival con conocimiento, didáctico y, por supuesto, respetuoso con la música”. Nada que ver con esos “festivales llenos de estrellas, con las que parece que fuéramos a quedarnos ciegos”, ironiza Latino. El diseñador Daniel Nebot ha sido el encargado del cartel del XX Festival de Jazz de Valencia, calcando el espíritu de sus nuevos responsables. “El jazz se escribe con la J del saxo”, dijo durante la presentación.

Convencidos del largo recorrido del nuevo modelo de festival, confían a su vez en que “con el tiempo sea incluso un atractivo turístico”. Chevi Martínez apuesta por ese “turismo jazzístico”, porque considera que hay mucha gente que cuando viaja a otra ciudad “busca jazz”, apoyándose en la prueba objetiva del Jimmy Glass, donde “cada vez hay más público de ese tipo”. Y vaticina: “En poco tiempo veremos una explosión jazzística importante”. Explosión que, como diría Bob Marley, es lo que tiene de bueno la música: “Cuando te golpea, no sientes dolor”.

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Charles Lloyd. Imagen cortesía del Festival de Jazz de Valencia.

Salva Torres

Del Sol Negro al oscuro misterio femenino

Sol Negro, de Rubenimichi, y Similar Soul, de Seven Moods
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Del 3 de junio al 29 de julio

Sol Negro es uno de los múltiples nombres que recibe Saturno, dios de la cosecha que representa los ciclos de la vida, pero también el paso implacable del tiempo y, por lo tanto, la muerte. Conocerlo es intentar entender nuestro significado y nuestro fin, y buscar su influjo es abrazar el conocimiento, aunque sea atravesando la oscuridad.

Lo saturniano nos rodea. Existen miles de símbolos que nos indican el camino, tratan de darnos las respuestas. Y aunque no queramos verlos, todos responden a un lenguaje único. Todo: lo referente a lo bueno y a la luz, y lo que representa lo malo y la oscuridad.

Sol Negro. Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Titan, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Sobre este planteamiento Rubenimichi consiguen acercarse a ese lenguaje cósmico, rastreando los símbolos, asumiéndolos como propios y jugando con su misterio. Porque si algo fascina a Michi, Rubén y Luisjo, es lo oculto, lo secreto, lo oscuro o lo mágico, que mueve y domina una buena parte de su trabajo. Y también todos sus ritos, aplicados incluso al propio proceso creativo. A nadie se le escapa. Algo hay de brujos en esta oscura y, en apariencia, simpática trinidad.

En sus cuadros, Rubenimichi se dejan llevar por una audaz intuición que parte del asombro por ciertas realidades cotidianas y que culmina en la asimilación de cualquier fenómeno que se presente como indescifrable. Según sus planteamientos ahí es donde está el poder, la energía o la magia. Y es ahí donde encuentran su espacio, uno en el que especular a través de la pintura, buscando las respuestas, ofreciendo una documentación exahustiva de su fascinación. Hay que añadir aquí, aunque suene excesivo, que su trabajo es un fiel reflejo de sus dogmas e ideales.

Dione, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Dione, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Las respuestas están más cerca de lo que creemos y posiblemente jamás permitirán que las descubramos. Sin embargo, y mientras tanto, podemos comenzar a observar estos símbolos como lo han hecho Rubenimichi, con curiosidad y delicadeza, con placer persuasivo.

En ‘Sol Negro’ comulgamos con este conocimiento oscuro, diferente y atractivo, seductor, cercano a la frivolidad o a lo sádico, pero también a lo poético, a lo luminoso y a lo inspirador. Es un poder contradictorio y fascinante colmado de claroscuros en los que encontramos ritos y diosas, jóvenes vírgenes y sacerdotisas en Misas Negras o Saturnalias, envueltas en una voluptuosidad romántica…

Hermandad, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Hermandad, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

En estos cuadros fluye como un torrente la imaginería de lo oculto: el velo que cubre y esconde. La hoz, el estramonio, los altarcillos, los huesos y todo lo mortuorio. El hexágono, como el triple seis satánico o como el hexagrama o estrella de seis puntas, que se transforma en cubo en su perspectiva caballera. Pero también el hexágono como la celdilla de la abeja, representación de las sociedades secretas. Es un juego acumulativo, sí pero… ¿sólo un juego? ¿O más bien un lenguaje?

Si hay algo después de la muerte, sólo Saturno nos lo puede explicar. Ése es el poder del Sol Negro: la oscuridad total que nos deslumbrará a la vez que nos dará las respuestas.

Texto sobre Rubenimichi, de Roberto Salas

Por su parte, las nuevas obras de Seven Moods nacen evidentemente de varios elementos recurrentes que, al entrelazarse entre sí, dan origen a una serie de obras de arte que cuentan un secreto, una historia misteriosa y altamente sugerente que se ocupa de la representación de las mujeres y de sus alter egos. El elemento principal de cada composición es de hecho la figura femenina: las mujeres están en el centro de cada pieza, ocupando casi toda la configuración. Estas parecen acabadas de aterrizar del futuro, o desde el espacio exterior.

Kinoly, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Kinoly, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Según el artista, las mujeres poseen múltiples expresiones; pueden ser madres, amantes, santas, o por el contrario, demonias. Así pues, la figura femenina se convierte en una forma viva, una esencia que respira, un símbolo de una dimensión humana universal, así como de una sensibilidad intelectual individual. Sus miradas fuertemente emocionales nos dicen que están enfocadas en algún pensamiento muy personal.

Casi todas las mujeres representadas, por otra parte, están llorando. Las lágrimas que caen por sus caras actúan como un medio de interacción para conectar al artista con los seres en sus obras. Sin embargo, estos llantos no son causados por el sufrimiento, sino más bien por una conmoción fuerte frente a la belleza -en particular la belleza de la naturaleza-; alternativamente, son causadas por una necesidad de purificar y liberarse de negatividad.

Make me laugh, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Make me laugh, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Tal tensión emotiva habita en cada escena y también gira alrededor de los otros elementos principales de la composición: las formas geométricas y los animales.

La geometría está siempre presente en las creaciones de Seven Moods, pero especialmente estas nuevas obras representan una selección de formas que le concede un cierto carácter a los escenarios. Maestros del pasado como Salvador Dalí han comentado, que la geometría es esencial y se tiene que seguir durante la composición la obra de uno; pero aquí, la geometría va incluso más allá; se convierte en los medios y el objeto de las piezas.

Las formas se utilizan no sólo para definir el espacio, pero sobre todo para la adquisición de nuevos significados, fluctuando en torno a las figuras y emanando toda esa belleza intrínseca que existe en la naturaleza, que demasiado a menudo es invisible al ojo humano. La tarea de los artistas es, por lo tanto, dejar que su belleza salga de las formas geométricas que organiza cuidadosamente en sus obras de arte.

Dorian, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Dorian, de Seven Moods. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Los animales, también, constituyen uno de los elementos principales de las composiciones. Ellos son el gran misterio, una fuerza iconográfica que posee también una cierta función esotérica. Estos animales, que crecen junto con las mujeres representadas, están fuertemente entrelazados con estas figuras femeninas y representan una clave para interpretar la pintura a la manera personal de cada uno.

La relación entre los animales y las niñas representadas es misteriosa, pero muy profundamente arraigada. La presencia de estos seres representa la terminación de la estructura de las piezas, que se hace eco de la misma integridad nata que existe entre los seres humanos y los animales. Por otra parte, la unión entre las mujeres y los animales se convierte en paralelo a la conexión establecida entre las figuras de las obras de arte y los espectadores.

Esta sensación de plenitud, la atmósfera misteriosa y la complicidad entre todos estos factores es lo que hace que estas obras destaquen como una excepcional nueva serie que puede hablar en silencio a los corazones de los espectadores. Al invitar a los espectadores a encontrar su propia interpretación de cada obra, el artista también les anima a pasar por una experiencia catártica y purificante, con el fin de escapar, aunque sólo sea por unos minutos, su realidad.

Texto sobre Seven Moods, de Alessandra Manzanatti

Rea, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Rea, de Rubenimichi. Imagen cortesía de Plastic Murs.

 

La convivencia simbólica del cuerpo y el paisaje

El paisaje encontrado, de Geles Mit
Galería Cànem
C / Antonio Maura, 6. Castellón
Hasta el 14 de junio de 2016

La exposición ‘El paisaje encontrado’, de Geles Mit en la Galería Cànem de Castellón, articula diversos conceptos inherentes al paisaje, además de explorar el diálogo existente entre paisaje, ser humano y naturaleza. Su significado literal lo explicita como la porción de terreno que es visto o mirado por alguien y que lleva implícita la necesaria presencia de un sujeto observador y un objeto observado, del cual se destacan sus cualidades fundamentales. Es decir, ambos existen en el mismo encuadre, incluso cuando el cuerpo de ese observador no está presente.

Una convivencia entre cuerpo y paisaje que difícilmente puede pasar por alto algunos de sus posibles anclajes: la transferencia simbólica que proyecta en él, las numerosas referencias que el paisaje ofrece a nuestra mirada desde la pintura o la historia del arte… las formas de habitarlo, de ocuparlo, incluso cuando su fuerza más indómita transforma la tierra en una naturaleza arrebatada o sublime donde solo cabe existir frente a esa belleza.

El propio título ya evidencia la polisemia de significados que el término paisaje ofrece a un observador bien atento al enunciar tanto el paisaje hallado en la búsqueda, como el escenario encontrado por azar. Es decir, el descubrimiento… o la casualidad. La búsqueda o el viaje interior, por no hablar de la meta lograda o conquistada por fin.

Así, al explorar la poética del paisaje como un lugar metafórico, refugio del ser, pueden analizarse los diversos significados que ha ofrecido en el pasado este género y observar cuáles reconocemos en el presente, teniendo en cuenta que el paisaje fotográfico se remonta a los orígenes del propio medio y que además comparte códigos compositivos y artísticos con la pintura.

El paisaje encontrado, de Geles Mit. Imagen cortesía de Galería Cànem.

El paisaje encontrado, de Geles Mit. Imagen cortesía de Galería Cànem.

Para ello, la muestra reúne diversas obras fotográficas articuladas en dos partes, aunque ambas exploran conceptos estrechamente relacionados: la primera, ‘Habitar el paisaje’ incluye la construcción social, el hogar, la metáfora del ser e incluye en sus diálogos la serie ‘Casas de vida’ que, junto a una segunda serie ‘Humanos’ sirve para explicitar la acción del hombre y su diálogo con la naturaleza; como una extensión de sí mismo y con sus acciones más visibles o también como un retrato de sí mismo.

La segunda, ‘Naturaleza arrebatada’ reúne piezas donde la mirada romántica y artística del paisaje indómito, por descubrir, recuerda el deseo innato del ser humano por marcar unos límites geográficos que siempre ha deseado cruzar y que finalmente ha transformado al anterior explorador en un descubridor de paisajes, en un Turista del tiempo. Una acción, como exploración y búsqueda del paisaje perfecto, de la fotografía perfecta, que prevalece, aunque afectada ahora por las múltiples referencias culturales de la historia del arte que permanecen en la mirada de ese observador incansable. Y sobre todo de su memoria visual.

Trazos de temporalidad

‘Jueves y sábado’, de Joan Sebastián Granells
Galería Rosa Santos
Carrer de la Bosseria, 21 Valencia.
Hasta el 20 de mayo de 2016

Dos días de la semana: jueves y sábado. Dos coartadas que parecen no tener sentido: una versa sobre el ‘Ulises’ de James Joyce y la otra, simplemente, sobre sudokus. A la entrada en la galería Rosa Santos quizá el espectador se sienta algo desconcertado. Dicho desconcierto no supone un handicap pues al pasear por la muestra, por todos esos dibujos hiperrealistas de Joan Sebastián, solo hace falta prestar algo de atención para contrarrestar el efecto de desasosiego.

“He querido representar mi propia aventura de cada sábado”, nos explica el artista. Efectivamente, no hay mejor manera de explicarlo. Una prudente equiparación entre las casi 19 horas que dura en la novela la aventura de sus protagonistas, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, y las continúas huellas que se quedan reflejadas en cada periódico semanal que el artista utiliza para dar comienzo al fin de semana. A modo de ritual, al igual  que su propia técnica, la minuciosidad y el detallismo han sido llevados al extremo, lo que nos induce a reflexionar sobre el tiempo: los momentos de pensamiento previo a la obra, la extensa duración de sacar adelante cualquier proyecto, las horas, minutos y segundos que suponen un trabajo de dedicación artística…

En palabras de Nacho París, autor del texto que acompaña la exposición, “El ‘Ulises’ es sin duda tanto en el proceso de creación de la novela, en los avatares de su publicación y sobre todo en su estructura y estilo narrativo (…), un ejemplo singular de subjetivación de la experiencia temporal”. Este efecto es que el Joan Sebastián ha querido trasladar a su cotidaneidad.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

A través del uso de la técnica del dibujo, y solo dibujo, Joan Sebastián va situando la mirada del espectador. En las piezas donde aparecen los sudokus, cada elemento de la obra y aún más, la texturización del grafito, ya indican claros indicios del paso del tiempo. Lo mismo ocurre con las representaciones del libro ‘Ulises’ extraído de la biblioteca, las dobleces, rasgaduras y con los casi imperceptibles surcos consecuentes de los usos continuados. Con grises y negros, y las degradaciones consecuentes del roce de la mina sobre el papel, crea representaciones, captaciones realistas de un momento pero de las que no podemos llegar a asegurar que han tenido lugar.

Esa representación del no-suceso, o esa sensación de estar esperando por algo que no llega a ocurrir, es un aspecto continuado en la obra de Joan Sebastián. Ya en ‘Sala de espera’ (2009), exposición también llevada a cabo en la misma galería, donde reflexiona sobre el paso del tiempo o mejor, sobre un espacio temporalidad donde no ocurre nada. Desde luego, esta mezcla imposible que el artista propone en esta ocasión para los muros de la galería Rosa Santos funciona para transportar al observador a una especie de sala del no-tiempo, donde todo se detiene, donde no se puede dejar de admirar la delicadeza de la técnica y donde sobre todo, apetece sacar de la biblioteca el ‘Ulises’ de James Joyce.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

“Sólo quiero un poco de tiempo”

Olivia y Eugenio, de Herbert Morote, dirigida por José Carlos Plaza
Intérpretes: Concha Velasco, Hugo Aritmendiz, Rodrigo Raimondi
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 31 de enero de 2016

“Yo quiero ser Concha, Conchita!”. Nada más. Porque, como ella misma dice, “yo no tengo nada que ver con los personajes que interpreto”. Aunque en esta ocasión haga una excepción: “La obra tiene un final esperanzador, por eso la acepté”. Porque, a pesar de los pesares, “apuesta por la vida”. Como Concha Velasco que, en Olivia y Eugenio, dirigida por José Carlos Plaza y presentada en el Teatro Olympia, parece encarnar la demanda de su protagonista: “Sólo quiero un poco de tiempo”. Tiempo que no tienen muchos de los actores ya fallecidos con los que ha trabajado. Y, de nuevo, las excepciones: “José Sacristán y yo, que somos de edad parecida, y Arturo Fernández, un poco más mayor, somos la imagen viva de la cultura de la posguerra”.

Con Olivia y Eugenio, texto escrito por Herbert Morote, la actriz vallisoletana prolonga esa cultura hasta la más rabiosa actualidad. “Se abordan temas importantes, pero para mí el principal sería el de quién es normal en este mundo”. Y se interroga por esa normalidad preguntando a su vez: “¿Lo son los corruptos, los terroristas, los traficantes?” Y todo ello para subrayar la presencia en la obra de Hugo Aritmendiz, actor con Síndrome de Down que acompaña a Concha Velasco durante todo el tiempo de la representación, algo que la actriz considera un hecho inusual.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en 'Olivia y Eugenio'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en ‘Olivia y Eugenio’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Olivia y Eugenio trata de una mujer poderosa a la que le diagnostican un cáncer terminal. En semejante tesitura, piensa en el suicidio, no sin antes repasar su situación en el marco de esa actualidad plagada de corrupción, inseguridad y violencia. Sólo Eugenio, el hijo con Síndrome de Down, parece al margen de tan cruda realidad. “Ellos son adorables”, señaló Concha Velasco en relación a cuantos padecen esa enfermedad. “No tienen el germen de la maldad”, subrayó mientras cogía de la mano a Hugo Aritmendiz, nervioso ante los medios. Apenas pudo esbozar que trabajaba en una pastelería y que le gustaría seguir como actor.

La influencia de Eugenio en la vida de Olivia, marcada por ese cáncer, será determinante. A alguien se le escapó el final de la obra y Concha Velasco le restó importancia: “Sí, me convence para que no me suicide, pero tampoco pasa nada por saber el final, porque lo importante es todo lo que va sucediendo”. Esa “mujer socialmente poderosa se siente rechazada por tener un hijo con Síndrome de Down”. De ahí que la actriz pusiera de nuevo el acento en la supuesta normalidad del mundo, que desprecia a seres como Eugenio y acepta otra serie de comportamientos asociales.

Escena de 'Olivia y Eugenio'. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Escena de ‘Olivia y Eugenio’. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Con cerca de un centenar de películas a sus espaldas, obras de teatro y series de televisión, Concha Velasco reconoció su “versatilidad” profesional como fruto de su biografía familiar. “Quizás se deba a que soy hija de una maestra y un militar que me educaron en la disciplina”. De ahí que tenga “tiempo para todo”. Eso y que lo suyo “es vocacional”. Contó que siendo niña ya le dijo a su madre aquello tan célebre de “mamá, quiero ser artista”.

También tuvo tiempo para ironizar sobre la presencia del hijo de la diputada de Podemos, Carolina Bescansa, en el Congreso. “Eso de llevar niños al trabajo… Estos camerinos han sido guarderías donde se han criado los niños”. Y puso como ejemplo sus dos hijos, a los que crío mientras iba de gira con espectáculos como Filomena Marturano. Eso sí, tanta versatilidad y tiempo para todo tiene igualmente sus excepciones: “Ahora todo el mundo quiere dirigir. Yo sólo quiero ser actriz”. Tener la suerte de “poder vivir otras vidas”, para después volver a ser sin más “Concha, Conchita”.

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Concha Velasco en 'Olivia y Eugenio'. Teatro Olympia de Valencia.

Concha Velasco en ‘Olivia y Eugenio’. Teatro Olympia de Valencia.

Salva Torres