Julio Llamazares, la pasión de escribir

Charla de Julio Llamazares
Con motivo de la Festa del Llibre de Muro

«Escribir es mi manera de estar solo, mi manera de estar en el mundo. Siempre me recuerdo escribiendo, es más, no sé cómo se vive sin escribir». Son las palabras de Julio Llamazares en la conferencia que ofreció en Muro en la Festa del Llibre. Llamazares la tituló ‘El oficio de mentir’, una reflexión sobre el género narrativo. 

Llamazares transmite la pasión serena del escritor, el encanto y la magia que puede provocar la lectura de un libro. Infunde ganas de leer, de recuperar el tiempo perdido, añadir más historias a nuestra vida a través de la ficción.

«Una forma de recuperar el tiempo y no perderlo es escribiendo, leyendo, haciendo las cosas que nos hacen pensar más, sentir más, saber más y vivir más. Porque  al fin y al cabo, las novelas son vidas que pudimos vivir pero que no vivimos- explica Julio Llamazares. Cuando lees, estás viviendo la vida de Don Quijote, de Madame Bovary, de Ulises cruzando el Mediterráneo, o de cualquiera de los personajes. Leer te hace vivir mucho más. Para eso sirve la lectura, para ver el mundo con mayor profundidad porque incorporas a tu mirada la mirada de otros escritores o de otros artistas».

El escritor y periodista leonés ejerce una literatura comprometida, alejada del entretenimiento. «Ahora abunda mucho lo del best-seller que son novelas para entretener. Yo no escribo para entretener a nadie, yo escribo para conmover, para hacer sentir, para hacer pensar. Yo escribo para remover la conciencia de la gente».

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares en plena charla. Imagen de Fina Bernat.

La novela, el arte de mentir.

Cuando un escritor, según Llamazares, empieza una novela ejerce el oficio más viejo del mundo que  no es el de la prostitución, sino el de contar mentiras.

«Escribir puede que no  sea más que una manera de seguir mintiendo después de la infancia sin tener que avergonzarnos ante las demás personas. Qué es sino contar mentiras: narrar historias imaginarias y sucesos y anécdotas inventados por personajes que jamás han existido en la realidad».

La mentira puede ser una herramienta que nos permite conocer algo más.

«Las mentiras sirven para soportar el miedo, para ahuyentar los fantasmas, para entretener las noches y, sobre todo, para tratar de entender la vida».

Llamazares opina que una determinada novela, un cuadro, una película, una fotografía, un paisaje, influyen sobre nosotros y ya no somos exactamente los mismos.

«Una novela, como un cuadro o una película no es otra cosa al final que el poso, la sensación que nos queda de ella cuando hemos olvidado sus mentiras. Por ejemplo: ‘El Jarama’ o la película ‘Casablanca’. Lo que de verdad Rafael Sánchez Ferlosio, el autor de ‘El Jarama’, o Michel Curtiz, de ‘Casablanca’, querían contarnos con ellas es esa sensación lejana que nos queda cuando hemos olvidado su argumento. Una sensación lejana desolada en una, nostálgica en la otra, melancólica y épica en ambas que permanece en nuestro recuerdo y que ni siquiera el tiempo podrá borrar de nuestra memoria porque ya ha pasado a formar parte de nosotros».

La fascinación por la mentira es tan hipnótica que con el paso del tiempo el autor ya no recuerda la parte verídica y la inventada de sus relatos.

«A estas alturas de mi vida y de mi obra literaria, yo no tengo ya duda alguna que ese placer de narrar, de contar, de mentir, el placer de ejercer el oficio más viejo del mundo es el único que me mueve cuando me pongo a escribir un cuento o una novela. En cualquier caso confieso que lo hago, lo mismo ahora que de niño, aunque entonces, claro está, no lo sabía,  para engañar al tiempo, mi único, invencible y verdadero enemigo».

‘La lluvia amarilla’, su libro más vendido.

Su segundo libro ‘La lluvia amarilla’, es su novela más vendida y traducida en todo el mundo.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares, tras la portada de Las Rosas de Piedra. Imagen de Fina Bernat.

Llamazares explicó que pensaba no iba a tener tanta repercusión.

«En plena época de la Movida escribir una novela sobre la desaparición del mundo rural, sobre la historia del último habitante de un pueblo abandonado, era una provocación. Cuando mandé la novela a la editorial, le dije a Mario Lacruz, director de Seix Barral: ojo, que con esta novela no vamos a vender ni mil ejemplares. Era una novela sobre el mundo rural en extinción y un monólogo de 200 páginas. Y me dijo Mario Lacruz: bueno, ya veremos».

Llamazares nació en Vegamián, un pueblo de León que fue inundado para el embalse del Porma. Su población es la base de su novela, ‘Distintas formas de mirar el agua’, la novena que escribe y la última hasta el momento.

«Yo nací allí por casualidad, mi padre era el maestro de la escuela. La primera vez que vi mi pueblo lo vi con 28 años, cuando vaciaron el embalse. Estuve en la casa donde nací, llena de algas y truchas muertas. Esto es como si tu ves a tus padres por primera vez cuando sacan los huesos de la tierra. Yo empecé a tomar conciencia a raíz de ver las ruinas de mi pueblo cuando vaciaron el pantano. Hablando con mucha gente noté lo que significa  ese desarraigo de no poder volver jamás».

«Estaba condenado a contar esa novela y la publiqué el año pasado. Es la novela que más rápido he escrito y lo hice en un año. Y surgió sin pretenderlo. Empezó a brotar como la fuente de la memoria. Habla de la experiencia a través de la mirada de toda una familia de 17, 18 miembros que van a tirar las cenizas del abuelo. Cada capítulo es lo que piensan la viuda, los hijos, los yernos, la nuera, los nietos y cómo la memoria se va difuminando».

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Algunas de sus obras en una imagen de Fina Bernat.

Julio Llamazares habla de la España creciente y la menguante. La segunda es la escondida, de la que no se habla casi nunca, que coincidiría geográficamente con la zona interior del país. Recalca que ‘La lluvia amarilla’ sigue vigente porque en España hay en estos momentos más de 5 mil pueblos abandonados y se calcula que de aquí al 2020 quedarán vacíos otros dos mil o tres mil.

Considera que existe un menosprecio hacia los pueblos.

«Hay una cierta mirada despectiva en España sobre lo rural, sobre los pueblos. Vivimos en una sociedad que curiosamente desprecia todas sus raíces».

Ahora prepara el segundo volumen de ‘Rosas de piedra’, la segunda entrega del libro de viajes por las catedrales de España. Recientemente ha visitado lo que denomina las catedrales de Levante que son las de Segorbe, Valencia, Orihuela y Murcia.

En un coloquio con los alumnos del Instituto de Muro explicó por qué no quiere recibir premios.

«El único premio para un escritor es que le lean, todo lo demás forma parte de la sociedad del espectáculo y de la corrupción literaria».

Carles Figuerola

“Mi experiencia de lo rural no es idílica”

La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco
Seix Barral

Con un solo libro Jesús Carrasco (Badajoz, 1972) pasó de ser un escritor prácticamente desconocido a un fenómeno literario. Su novela Intemperie, publicada por Seix Barral hace tres años, escaló la cima de los más vendidos y cosechó numerosos premios. Elegido Libro del Año por El País, en 2013, y seleccionado por The Independent como uno de los mejores traducidos del 2014 en Reino Unido. Ha sido traducida a una veintena de lenguas y será llevada al cine próximamente. Su segunda y esperada obra, La tierra que pisamos, aparecida en la misma editorial a principios de 2016, obtuvo un éxito de ventas similar y críticas de diverso signo.

Un argumento mínimo magnificado por una prosa depurada y libre de artificios. Poética y diáfana reducida a su máximo poder evocador. Carrasco recrea otra vez magistralmente el ambiente rural, pero en este relato la violencia ejercida por el poder no es un acto particular sino la sistemática aniquilación del pueblo vencido por el vencedor, a través de la eficaz maquinaria de sus tropas. Eva Holman, esposa de un vetusto héroe de ese ejército, residentes ambos en un pueblo de Extremadura, es la narradora. La aparición en sus tierras de un hombre extraño, abre una brecha en su mundo fortificado cuyos sólidos cimientos comienzan a resquebrajarse.

Tras vivir hasta los 20 años en pueblos extremeños, Carrasco se trasladó a Sevilla en 2005. Allí ha empezado ya a recoger notas para su próximo libro, mientras se concreta el rodaje de la película basada en Intemperie. El triunfo no se le ha subido a la cabeza: “Gracias a todos los lectores que se acercan a mí y comparten conmigo sus conclusiones y sensaciones. Es un privilegio”, dice.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

Portada de La tierra que pisamos, de Jesús Carrasco. Seix Barral.

¿Cómo afectó a su vida el éxito de Intemperie? ¿Se sintió muy presionado al escribir la segunda novela?

Mi vida personal sigue siendo la misma. La profesional ha cambiado radicalmente y para mejor. Para empezar, puedo dedicarme plenamente a la escritura, cosa que antes no podía hacer. Además, he podido acercarme a autores a los que admiro y también a los libreros y a los lectores. El balance es magnífico.

En cuanto a la presión, no la he sentido demasiado. O eso creo. Pensé mientras escribía y lo sigo pensando, que tenía que trabajar para conseguir un libro que respondiera a mis intenciones literarias, a mi instinto. Ahora, cuando leo las críticas, unas mejores y otras peores, me siento tranquilo porque he escrito el libro que yo quería, no necesariamente el que se podía esperar de mí.

¿Por qué  cree que sus relatos tan alejados de las fórmulas convencionales del best seller alcanzan los primeros puestos de ventas?

La historia de la literatura está llena de libros que venden sin responder al esquema del best seller. Por suerte hay una gran variedad de gustos lectores. En mi caso creo que ayuda el hecho de que me centro en temas con los que muchas personas se sienten identificadas: el dolor, la identidad o la voluntad para superar las dificultades.

¿Le han dolido las críticas a La tierra que pisamos?

No, por supuesto que no. El dolor solo lo puede causa un ser querido. Sí que es cierto que hay críticas que resultan molestas, pero no porque no sean elogiosas con el libro, sino porque no son serias. Tanto si un libro te gusta como si no te gusta, como crítico debes aportar argumentos que sustenten tu valoración y eso no siempre sucede. Yo no califico las críticas como malas o buenas dependiendo de si censuran o elogian al libro. Mis dos novelas han recibido algunas críticas poco elogiosas con el texto y que yo considero buenas porque están bien construidas y me ayudan a entender mejor mi trabajo y a identificar los errores que cometo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

Jesús Carrasco. Fotografía de Raquel Torres.

¿Le complace que lo comparen con Delibes o Coetzee? 

Me complacería si tales comparaciones tuvieran sentido literario. En mi opinión esas comparaciones se hacen para, de algún modo, dar pistas a los lectores sobre un autor del que no se tenían noticias. Dicho esto, prefiero que me comparen con autores a los que admiro, como a los que cita, que autores que no me gusten.

¿Se podría interpretar su novela como una ucronía sobre lo que hubiera pasado en caso de ganar Hitler la Segunda Guerra Mundial? 

Sí, por qué no. No era mi intención, pero no negaré que tuve en cuenta esa vía mientras trabajaba en la novela. De todos modos, el tipo de ocupación colonial que plantea la novela tiene más semejanzas con el modelo de la colonización europea de África en el siglo XIX.

¿La narradora representa el despertar de la conciencia de la vieja Europa colonizadora?

Esa sería una buena intención, desde luego, pero no he sido tan ambicioso. Al menos conscientemente. Eva Holman, la narradora, habla en primera persona de lo que le sucede a ella, pero lo cierto es que ella es una buena representante de la sociedad en la que ha crecido. Su valentía a la hora de asumir su responsabilidad individual sería deseable para la vieja Europa y para cada uno de nosotros.

¿Tiene que pensar mucho o podar mucho el texto para lograr ese estilo tal depurado o le nace así directamente?

Mi estilo es, sobre todo, fruto de esa poda a la que se refiere. Escribo abundantemente, como si recolectara materiales, y luego dedico mucho tiempo a quitar lo que me parece que sobra o que no aporta. El resultado es un texto en el que se aprecian vacíos, lugares oscuros que es preciso rellenar.

¿De dónde procede esa nostalgia por el mundo rural que destilan sus historias?

De mis orígenes. He vivido en pueblos hasta que tenía casi veinte años y, desde entonces, sigo frecuentando la España rural. En cualquier caso no percibo mi mirada como nostálgica. Mi experiencia y mi visión de lo rural no es idílica. Si hay alguna nostalgia es, si acaso, de la infancia o de la libertad infantil.

Denos noticias de la película basada en Intemperie y sobre sus próximos proyectos.

La película sigue avanzando de puertas adentro. La productora sigue buscando director y no creo que tarde mucho ya en encontrarlo. A partir de ese momento, vendrá el guión y la producción echará a rodar. En cuanto a mis próximos proyectos, ya estoy tomando notas para mi próximo libro. No diré más porque es demasiado pronto y cualquier cosa que diga puede ser papel mojado mañana mismo.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Jesús Carrasco. Fotografía de Elena Blanco.

Bel Carrasco