Cámaras en el exilio

Fotógrafos valencianos
Proyección internacional a través del exilio

En un mundo plagado de imágenes que viajan a velocidad de vértigo a través de Internet y las redes sociales, qué distingue a un artista de la fotografía de un profesional o un aficionado. Un cúmulo de factores difíciles de cuantificar. La mirada, la perspectiva, el encuadre, el punto de vista… Amén de una técnica más depurada, el artista aporta su visión personal, a través de la cual un fragmento atrapado de la realidad muda en arte al aportar un ángulo diferente, otra manera de ver las cosas que provoca en el espectador una reacción de identificación o rechazo.

La fotografía artística en Valencia incluye un amplio catálogo de autores, obras y tendencias unidos por un denominador común. El exilio a Madrid, Barcelona u otra gran capital europea es obligatorio si se desea lograr una proyección internacional. “En los ochenta el mundo de la fotografía artística estaba atomizado y habían más oportunidades para los nuevos creadores”, comenta Juan Pedro Font de Mora, de la librería y galería fotográfica Railowsky. “En los últimos años se ha ‘recentralizado’ en Madrid y los catalanes viven inmersos en su propio espacio y sólo se interesan por sus propias producciones”.

Fotografía de Joaquín Collado.

Fotografía de Joaquín Collado.

El ‘cándido’ artesano

Pese a esta situación, dos grandes veteranos, Joaquín Collado y Francisco Moltó, han visto recompensada su larga trayectoria. Durante la primavera de 2014 se celebraron actos y exposiciones para rescatar la ingente obra de Collado, que también se expondrá, a partir del próximo 8 de octubre, en la galería Clément Kauterde París. Collado inició su actividad fotográfica a principios de los años cincuenta y a lo largo de varias décadas su mirada amable, próxima y humana captó la evolución de la sociedad valenciana. “Cuando se quiere hacer una foto de personas, lo más importante es la conversación”, dice el fotógrafo que mejor ha captado la realidad en tonos de grises del Barrio Chino.

De niño, Francisco Moltó fantaseaba con la idea de ser aviador y espía, y muy joven empezó a hacer fotos en el Puerto, a los aviones de Manises y a la gente con quien se cruzaba en sus viajes. La exposición Rostros de ciudad,  presentada la primavera pasada en el MuVIM, reunía un centenar de sus instantáneas realizadas entre 1962 y 2009. También es autor de Stockholm, una galería de imágenes captadas a la intemperie de una hermosa y fría ciudad sueca, Estocolmo.

Fotografía de Paco Moltó.

Fotografía de Paco Moltó.

Fiel a la cámara analógica y al blanco y negro, Moltó se incluye en la llamada fotografía cándida, emparentado con Salomon, Cartier-Bresson, Evans, Winogrand o Català-Roca. Es un cazador de imágenes en el bullicio de la calle. “Fotos de gente vista de modo muy simple, como a través de los ojos de los paseantes; la humanidad del momento”, señaló Moltó en la inauguración de su muestra citando a Robert Frank.

Junto a estos veteranos de avanzada edad, otros fotógrafos valencianos han alcanzado la consagración en el mundo del arte: Eduardo Nave, Sergio Belinchón, Ricardo Cases, Julián Barón y Xavier Mollà.

Fotografía de Eduardo Nave.

Fotografía de Eduardo Nave.

Atentados de ETA

La impresión que le produjo a Eduardo Nave el atentado de la ETA contra el padre de un compañero, Manuel Broseta, fue el punto de inspiración de uno de sus principales trabajos, A la hora, en el lugar, una crónica desnuda del horror que reúne 45 escenarios donde la banda ETA ejecutó sus crímenes.

Ricardo Cases nació en Orihuela, pero estudió periodismo en Bilbao y ha trabajado como fotógrafo de prensa en El Mundo y varias revistas. Es uno de los autores incluidos en la Biblioteca de LaFábrica en su colección de bolsillo. Imágenes de caza y personajes pintorescos atraen el interés de una cámara que atrapa el momento sin concesiones estéticas. Su mirada rehúye la imaginería pop y se centra en las pulsiones que laten bajo la superficie banal, kistch y poco glamurosa de la España contemporánea.

Sergio Belinchón trabaja actualmente en Berlín, también en forma soporte vídeo. Los temas sobre los que gira su obra son la ciudad como escenario, la transformación del territorio, el turismo y los espacios donde la realidad y la artificialidad se confunden. Muchos de sus proyectos hablan de la relación que el ser humano establece con este entorno desde su ausencia.

Julián Barón se especializa en fotolibros, proyectos comprometidos con la actualidad, como los que ha publicado sobre la muerte de Franco o el relevo del Rey. Relatos sin palabras basados en una personal manipulación de imágenes televisivas.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondencia amb Mediterránia en el Museo de Etnologia de Valencia.

Fotografía de Xavi Mollà, de su exposición Correspondència amb Mediterrània en el MuVIM.

La exposición del MuVIM Correspondència amb Mediterrània reúne la primera obra individual de Xavier Mollà presentada en un museo valenciano. Desde su objetivo, el Mediterráneo es como “la gran plaza del pueblo y los países son las casas alrededor”, dice Mollà. Sus instantáneas en blanco y negro abarcan desde 1987 hasta 2015, divididas en diversos capítulos que despliegan la grandiosidad del mar y de los lugares detrás de su orilla, retratos, circunstancias, la vida o el tránsito de personas, entre los que se incluye el drama del éxodo  provocado por la Guerra de los Balcanes u otros conflictos.
No es una retrospectiva, no narra la crónica de la actualidad, es una utopía para “demostrar que en cualquier lugar podemos convivir, porque nos entendemos a pesar de las diferencias religiosas y de los intereses”, afirma el fotógrafo de Ontinyent.

Históricos

La maldición del obligado exilio de las cámaras se proyecta también hacia el pasado. Autores como José Martínez Sánchez (1807-1874), retratista de la alta sociedad madrileña de mediados del siglo XIX, uno de los primeros reporteros gráficos  e inventor de técnicas fotográficas como la leptografía. Nació y falleció en Valencia aunque ejerció su oficio en Madrid.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Fotografía de José Martínez Sánchez.

Una de las fotos que realizó en el Puerto de Valencia, con motivo del viaje de la reina Isabel II, en 1858, está considerada como la primera que se tomó de un amanecer. María José Rodríguez y José Ramón Sanchis, archiveros valencianos, recuperaron en un libro la obra y memoria de este artista que, tras una época de gloria en su estudio madrileño, murió arruinado en un hospital de Valencia.

Gabriel Cualladó (1925- 2003), miembro del Grupo Afal y del movimiento de renovación de la fotografía española, es otro valenciano  que triunfó en Madrid, donde trabajaba en una empresa de transportes de su familia. Realizó sus primeras fotografías a su hijo con una cámara Capta, y a partir de ahí se inició su interés por la fotografía.

Bel Carrasco

¡Ojos bien abiertos! 100 años de fotografía Leica

C/O Berlin
Hardenbergstraße 22-24. Berlin
Inauguración: viernes 21 de agosto, 21:00h
Hasta el 11 de enero de 2016

“La Leica es la extensión de mi ojo”. (Henri Cartier-Bresson)

Dinamización, democratización, revolución – con frecuencia se atribuyen grandes cambios a la innovación técnica. Esto también se aplica a la invención de la cámara Leica hace 100 años. La cámara de 35 mm ha cambiado la forma en que se ve el mundo. Para siempre. Pero, ¿cómo puede un dispositivo, pequeño y lacado negro, desarrollar un impacto tan grande? El tamaño de bolsillo, la lente de alto rendimiento, la mecánica tranquila y la velocidad de obturación corta dieron oportunidades fotógraficos, perspectivas extremas y espontaneidad inusual de una especie, que antes no era disponible. Por el uso de rollos de película, la fotografía se convirtió en serie, a bajo precio y accesible para todos. Velocidad, libertad y facilidad inspiran la manera de trabajar de los fotógrafos y cumplen con las necesidades de una época acelerada. La miniaturización ha sido el catalizador de una enorme cantidad de imágenes, un inmenso deseo de experimentar y una extensa exploración visual de la realidad por los aficionados, artistas y reporteros gráficos. De ahí la cámara Leica se ha convertido en un instrumento de agitación, velocidad y innovación y se ha convertido en una leyenda por mucho tiempo – y lo sigue siendo hoy en día en la era digital.

Alfred Eisenstaedt. VJ Day, Times Square, NY, 14. Agosto de1945 Cortesia de Alfred Eisenstaedt, 2014 / Leica Camera AG.

Alfred Eisenstaedt. VJ Day, Times Square, NY, 14. Agosto de1945 Cortesia de Alfred Eisenstaedt, 2014 / Leica Camera AG.

El soldado cayendo de Robert Capa, el hombre que salta el charco por Cartier-Bresson, la pareja besándose en Times Square por Alfred Eisenstaedt, la huida vietnamita de Napalm por Nick Út, el izamiento de la bandera soviética sobre el Reichstag de Berlín por Jewgeni Chaldej – estas fotografías iconográficas todas son imágenes Leica y todas estan vinculadas a nuestra memoria colectiva. De hecho, en primer lugar fueron la compacidad y la innovación tecnológica de la Leica que permitían que estas fotos se crearon. Sus predecesores -, cámaras pesadas y poco practicas – eran estáticas y sólo podían producir una foto por plato. Era imposible usar ellas de manera espontánea. Antes de Leica, la fotografía parecía más a una puesta en escena que a la realidad; desde la invención de la cámara de 35 mm, los fotógrafos han mostrado al mundo tal como es. Con la Leica, la fotografía se ha liberado del estudio rígido y ha descubierto lo que está pasando en la calle. Por lo tanto, ya que documenta la condición humana, se ha convertido rápidamente en una parte de la vida humana cotidiana.

Jewgeni Chaldej. La bandera de la victoria , 1945 Cortesia Sammlung Ernst Volland und Heinz Krimmer / Leica Camera AG.

Jewgeni Chaldej. La bandera de la victoria , 1945 Cortesia Sammlung Ernst Volland und Heinz Krimmer / Leica Camera AG.

Esta exposición por primera vez pondrá de relieve un arte y una perspectiva histórica-cultural como la de la Leica y su formato de 35 mm que ha cambiado la mirada fotográfica del el siglo XX. Más de 300 fotografías, así como importantes revistas y libros de fotos documentan los diferentes aspectos de la fotografía Leica, que surgió a mediados de la década de 1920. La exposición presenta, por tanto, también la historia del estilo del medio, desde el Modernismo a la diversidad postmoderna del presente, desde Nueva Visión, a través de “photographie humaniste” a las fotografías de moda, desde la fotografía subjetiva, a través Autorenfotografie a la fotografía de calle y la fotografía artística .
En esta exposición C / O Berlin se presentarán obras de fotógrafos de renombre internacional como Alexander Rodtschenko, Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Oskar Barnack, Christer Strömholm, Robert Frank, Bruce Davidson, William Klein, FC Gundlach, Fred Herzog, Barbara Klemm, Robert Lebeck, William Eggleston, René Burri, Thomas Hoepker, Bruce Gilden y muchos más.

Christer Strömholm. Nana, Place Blanche, Paris, 1961 Cortesia de Christer Strömholm/Strömholm Estate, 2014.

Christer Strömholm. Nana, Place Blanche, Paris, 1961 Cortesia de Christer Strömholm/Strömholm Estate, 2014.

El primer modelo Leica, cuyo nombre comercial es una combinación entre el nombre de la compañía Leitz y la palabra ‘cámara ‘, fue desarrollado en marzo 1914 por el ingeniero de precisión y fotógrafo aficionado Oskar Barnack. Él tuvo éxito en captar los motivos en una película de 35 mm. Barnack utilizó un simple truco – en la cámara Leica la película se mueve horizontalmente mientras que en las cámaras de cine convencionales la película se mueve verticalmente. De esta manera, Oscar Barnack amplió el formato de la negativa a 24 por 36 milímetros. Debido a la Primera Guerra Mundial, el empresario Ernst Leitz II no pudo poner en práctica la producción en serie y el lanzamiento al mercado hasta 1925.

Nick Út. The Associated Press, Ofensiva de napalm en Vietnam, 1972 Cortesia de Nick Út / AP / Leica Camera AG.

Nick Út. The Associated Press, Ofensiva de napalm en Vietnam, 1972 Cortesia de Nick Út / AP / Leica Camera AG.

La exposición ha sido comisariada por Hans-Michael Koetzle y está acompañada de un libro completo, publicado por Kehrer Verlag, con textos de Alejandro Castellote, Michael Ebert, Peter Hamilton, Anton Holzer, Thomas Honickel, Hans-Michael Koetzle, Franziska Mecklenburg, Rebekka Reuter, Ulf Richter, Christoph Schaden , Emilia Tavares, Enrica Viganò, Bernd Weise y Thomas Wiegand.

 

IVAM: acogedor e inhóspito paisaje

El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero, 2015

“El paisaje es antropomórfico. Por eso la belleza –o su reverso, la fealdad- es uno de los parámetros primeros de todo paisaje. Y por eso, junto a esa belleza o fealdad del paisaje, postulamos enseguida su habitabilidad o inhabitabilidad, su carácter acogedor o inhóspito”.

El paisaje del que habla Jesús González Requena en ‘El paisaje: entre la figura y el fondo’ posee los emblemas del sujeto que lo habita. No hay paisaje sin mirada que se haga cargo del espacio abierto ante sus ojos, ya sea para sentirse acogido por lo que ve o sobrecogido por aquello que hiere su visión. Todo sujeto expuesto al paisaje siente en sus carnes alguna vez ese temblor propiciado por la visión acogedora o hiriente del espacio exterior.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Doisneau en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’ ofrece un amplio muestrario de ese carácter acogedor o inhóspito de las ciudades, en tanto naturaleza domeñada por el hombre. Pero naturaleza al fin y al cabo. De ahí que sus edificios, calles, avenidas y parques, al tiempo que se doblegan al urbanismo, a su tejido arquitectónico, muestren igualmente su fuerza telúrica, aquella que sobreviene de la tensión entre sus luces y sombras.

Fotografía de Robert Frank en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Robert Frank en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Ana Lozano, comisaria de la exposición, ha seguido el trayecto propuesto por Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’. Más o menos. De manera que las 75 imágenes de ese paisaje urbano se hallan divididas en apartados como ‘Las ciudades y los ojos’, ‘Las ciudades y la memoria’, ‘Las ciudades y el deseo’, ‘Las ciudades y los signos’ o ‘Las ciudades escondidas’, por citar algunos. Y siguiendo a Calvino, diríase que esas ciudades expuestas van desvelando sus misterios contenidos, como las líneas de una mano, “en los ángulos de las calles, en las rejas de las ventanas, en los pasamanos de las escaleras [o] en las antenas de los pararrayos”.

Fotografía de Dis Berlin en 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Dis Berlin en ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Misterios que nos devuelven ese carácter antropomórfico del paisaje, en tanto conformado por líneas, rectas o curvas, transversales, objetos y figuras que dejaron huella indeleble en nuestro inconsciente. Serán por tanto bellos los paisajes que acolchen el fondo opaco del que procedemos y serán feos aquellos otros cuya visión desgarre ese tejido de signos y de imagos placenteras, para mostrar su fondo hiriente, angustioso.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Franco Fontana en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Hay signos, y muchos, en las imágenes de Carlos Cánovas, Gabrielle Basilico, Horacio Coppola, Franco Fontana o Robert Frank. Signos industriales (puentes, trenes, grandes edificios) y signos urbanísticos del trazado de sus calles, ya sea a pie de asfalto o a vista de pájaro. Los hay igualmente en Walker Evans, Kineo Kuwabara o Lee Friedlander. Pero todos esos signos, que Italo Calvino atribuye al carácter redundante de la ciudad, repitiéndose “para que algo llegue a fijarse en la mente”, no dejan de lindar con ese otro carácter de los signos conformadores de una lengua, “pero no la que crees conocer”.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición 'El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM'.

Fotografía de Carlos Cánovas en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

De manera que, si bien en apartados diferentes, esas otras imágenes que apuntan hacia lo ininteligible de ese lenguaje de signos terminan confundiéndose con aquellas otras. Gilbert Fastenaekens, Francisco Gómez, Ian Wallace, Grete Stern o Manuel Esclusa movilizan esos signos urbanísticos en la dirección del misterio que la ciudad redundante en apariencia escondía. Si exceptuamos los casos de Eduardo Arroyo, Dis Berlin y George S. Zimbel (Billy Wilder y Marilyn Monroe), en los que la ciudad es sobradamente pictórica o nostálgicamente cinematográfica, ‘El paisaje urbano de la Colección de Fotografía del IVAM’ diríase toda ella penetrada por la melancolía.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición Colección Fotográfica del IVAM.

Fotografía de Lee Friedlander en la exposición ‘El paisaje urbano en la Colección de Fotografía del IVAM’.

Salva Torres

El IVAM, ¿En Tránsito hacia dónde?

En Tránsito
Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM)
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 31 de agosto

Basta deletrear el contenido de la primera exposición del nuevo equipo del IVAM dirigido por José Miguel G. Cortés para extraer suculentas lecturas. La primera de todas se halla en el título: ‘En Tránsito’. Dice el propio director: “Estamos de mudanza, vivimos tiempos de cambio, momentos fluidos que nos alejan de circunstancias, actitudes y comportamientos pasados”. Frente a la solidez y el muro creado alrededor de la controvertida figura de su antecesora en el cargo, Consuelo Císcar, Cortés aboga por lo fluido, cuya corriente le aleje de esas actitudes cerradas de comportamientos pasados.

Detalle de la obra de Qing Li en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Detalle de la obra de Qing Li en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

E insiste: “No creemos en las certezas ni en las convicciones férreas. Apostamos por el movimiento, la mutación y la transformación constante”. Por eso pretende dejar “atrás las convenciones estáticas y las ideas fijas”, así como no temer “ni el cuestionamiento ni la incertidumbre”. ¿Acaso lo temía Consuelo Císcar? Así se desprende de esta declaración de intenciones, de ese querer alejarse de prácticas pasadas. “Iniciamos una etapa diferente en el IVAM”, una etapa que arranca con esa proclamación de hallarse “en tránsito”.

Obra de Bruce Nauman en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Obra de Bruce Nauman en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Y para ese primer recorrido, Cortés ha querido rodearse de “un conjunto de artistas y de obras que, si algo tienen en común, es su deseo de no permanecer impasibles ni quietos”. Artistas como Dara Birnbaum, Carmen Calvo, Nacho Criado, Robert Frank, Hamish Fulton, Juan Genovés, Dionisio González, Luis Gordillo, Richard Hamilton, Gary Hill, Cristina Iglesias, Ángeles Marco, Gordon Matta-Clark, Juan Muñoz, Bruce Nauman, Miquel Navarro, Cindy Sherman o José María Yturralde. Pintura, escultura, fotografía, video. Todos ellos “rompiendo barreras, asumiendo riesgos, desbordando fronteras, planteando preguntas”.

Los 13 monitores en cruz de Gary Hill, en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Los 13 monitores en cruz de Gary Hill, en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

La división del conjunto expositivo en tres apartados, ‘Buceando entre escombros’, ‘Mutaciones’ y ‘Cartografías / Identidades fluidas’ ratifica esa pretensión de tránsito, de continua transformación, de deriva, tal y como apuntábamos en otro momento, relacionando este tiempo de cambio en el IVAM con la filosofía de la deconstrucción. De hecho, el apartado ‘Buceando entre escombros’ se abre con esta cita de Jacques Derrida: “Una deconstrucción, como su propio nombre indica, debe deconstruir desde un principio la propia construcción, su motivo estructural o constructivista, sus planes, sus intuiciones y sus conceptos, su retórica”.

Obra de José María Yturralde en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Obra de José María Yturralde en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Jesús González Requena, en ‘El texto y el abismo’, de reciente publicación, analiza el carácter perverso (en tanto lógica discursiva, sin connotación ofensiva ni terapéutica) de la deconstrucción, que pone en solfa todo sentido cerrado para abrirse a múltiples sentidos. Sin duda, es preferible que las obras de arte se abran indefinidamente, en aquello que Barthes denominó un “hojaldrado de sentidos”. Pero al hacerlo, emerge “la fantasía del texto de la libertad absoluta”. ¿A qué precio?, se pregunta González Requena. “A costa de descomprometerse con todo sentido. Si todo sentido es posible, entonces no hay ningún sentido que me ate. Y eso, claro, resulta una idea muy tentadora”.

Imagen del video de Dara Birnbaum en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Imagen del video de Dara Birnbaum en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Preferir esa fantasía deconstructora del “texto maravilloso que dice mil cosas”, permite “escapar de la cosa que realmente te dice. Ésa que es la que realmente te escuece” y que Requena sitúa en el centro de todo texto, de toda obra de arte. El centro que, precisamente por focalizar el nudo de especial densidad en la experiencia del sujeto, los discursos deconstructivos evitan. Escombros, mutaciones, identidades fluidas: he ahí el eco de esa falta de sentido por exceso de sentidos. Lógico, pues, que la “presencia del cuerpo como espacio en proceso continuo” se vincule metafóricamente “con el paisaje y el territorio”, tal y como se propugna en el apartado ‘Cartografías’. Un cuerpo abocado al cambio permanente y terriblemente confundido.

“El andar condicionaba la mirada, y la mirada condicionaba el andar, hasta tal punto que parecía que sólo los pies eran capaces de mirar” (Robert Smithson, abriendo el apartado ‘Mutaciones’). Pues eso.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición 'En Tránsito' del IVAM.

Fotografía de Cindy Sherman en la exposición ‘En Tránsito’ del IVAM.

Salva Torres

Las ciudades ocultas de la colección del IVAM

Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM
Instituto Valenciano de Arte Moderno
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 15 de febrero

El IVAM acoge hasta febrero la muestra ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’, una exposición comisariada por la arquitecta Ana Lozano que refleja la íntima unión entre la ciudad y la fotografía. Compuesta por alrededor de 100 piezas de 70 artistas, seleccionadas entre las más de 5.000 imágenes que configuran los fondos fotográficos del IVAM, la exposición subraya el interés por la fotografía como creadora de un lenguaje propio sobre el paisaje de la ciudad. Desde el S. XIX esta técnica ha ido desplazando al dibujo como forma de representación de la arquitectura y la vida urbana, creándose una simbiosis que llega hasta la actualidad.

'Praga' de Franco Fontana en la exposición 'Paisaje urbano en la colección del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

‘Praga’ de Franco Fontana en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.

La exposición reúne obras desde los pioneros como Fox Talbot o Atget hasta el presente en las que se muestran las distintas formas en las que la fotografía dibuja el fenómeno urbano. Están agrupadas siguiendo la poética y sugerente clasificación de Italo Calvino en ‘Las ciudades invisibles’ en las que se relacionan las ciudades con los ojos, la memoria, el deseo, los signos, la sutileza, los intercambios y también se habla de ciudades escondidas o dobles. Con motivo de la muestra se ha editado un catálogo digital en el que se reproducen las obras que la componen y textos de Vanessa García Osuna y de la arquitecta y comisaria Ana Lozano, que impartió una conferencia titulada ‘La utopía cautiva’ el pasado jueves 2 de octubre.

Fotografia de Jean-Eugène Atget en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM', Imagen cortesía del IVAM.

Fotografia de Jean-Eugène Atget en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’, Imagen cortesía del IVAM.

La relación entre fotografía y ciudad nace en el momento en el que la cámara oscura se reduce y puede transportarse. A partir de ese momento, las otras artes se transfiguran, al tiempo que la fotografía genera un tipo de paisaje hecho con luz. Además de aportar un medio para catalogar todas las construcciones y los espacios que configuran la ciudad y la vida urbana, comienza a crear un lenguaje que transforma la manera de ver el entorno.

Las ciudades tienen vida propia, pero son también el escenario donde se desarrolla nuestra vida. La ciudad es una construcción social, naturaleza y paisaje que conceptualiza la fotografía. Esta sería la manera en la que se levantan los mapas del territorio urbano ordenado por la mirada del fotógrafo e intervenido por sus habitantes.

Fotografía de Walker Evans en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Walker Evans en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.

Como señala en su texto la comisaria Ana Lozano, “el fotógrafo elige primero una interpretación del paisaje urbano, para después, con su cámara, reforzarla o modificarla a su antojo. Todas las ciudades son de pronto una sola, la que aspira al equilibrio entre los hombres, y de estos con entorno primigenio, la utopía del paraíso. Cada rincón de cualquier ciudad se muestra banal a los ojos del paseante, mientras resulta único e irrepetible en la cámara del fotógrafo”.

Los fotógrafos nos dirigen con la mirada al París de Atget, el Buenos Aires de Coppola o el Berlín de Basílico. Doisneau se permite jugar con el deseo, Baylón con la intriga de la desaparición. Los distintos fotógrafos nos llevan a multitud de sensaciones que recorren más de un siglo de ciudades de distintos continentes. Entre ellos podemos citar a vanguardistas como Catalá Roca, Cualladó, Robert Frank, Zimbel, John Baldessari, Agustín Jiménez Espinosa, Franco Fontana, José Manuel Ballester, Grete Stern, Hermanos Mayo, Bernard Plossu y Gordon Matta Clark, entre otros. Como excepción se ha elegido un pintor, Eduardo Arroyo, que aporta un óleo de gran formato en el que resume una visión fotográfica de la realidad urbana.

Fotografía de Horacio Coppola en la exposición 'Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM'. Imagen cortesía del IVAM.

Fotografía de Horacio Coppola en la exposición ‘Paisaje urbano en la colección fotográfica del IVAM’. Imagen cortesía del IVAM.

NEBRASKA: retrato en blanco y negro

NEBRASKA

Convencido de haber ganado un millón de dólares, el anciano Woody Grant (Bruce Dern) emprende un curioso viaje dispuesto a cobrar el hipotético premio. Su hijo menor (Will Forte) le acompaña en esta odisea familiar e híbrida –drama y comedia se dan la mano−, donde la recompensa final en absoluto poseerá valor económico.

Adoptando los modos de esas pequeñas –sólo en apariencia− películas americanas de los últimos años −a saber, Buffalo ’66 (Vincent Gallo, 1998), Transamérica (Duncan Tucker, 2005) o Pequeña Miss Sunshine (J. Dayton, V. Faris, 2006)−, Nebraska ofrece una visión diferente de la familia de clase media estadounidense, sinécdoque de la cultura norteamericana de provincias cimentada en el patriotismo barato, el capitalismo y el falso sueño americano televisivo. La última película de Alexander Payne revela, de manera perspicaz, la auténtica y miserable personalidad de los codiciosos, ofreciendo un retrato extremadamente incisivo sobre la avaricia, el engaño y el abuso. Sin embargo, la mirada de David, el hijo de Woody, ofrece el antídoto a esta ruindad. Con el permiso de Charlot, ambos protagonistas bien podrían engrosar la nómina de personajes más tiernos de la historia del cine.

Un plano de vacíos en el ficticio pueblo de Hawthorne.

Un plano de vacíos en el ficticio pueblo de Hawthorne.

Un elemento a destacar: el reproche a ciertos aspectos de la cultura estadounidense. Al menos en dos ocasiones, Nebraska coloca en solfa el sistema sanitario, evidenciando carencias que debieran resultar inconcebibles en una nación democrática. Asimismo, no resulta banal que el personaje de Woody Grant critique los altos relieves del Monte Rushmore o que su hijo declare, ante el estupor de sus abúlicos primos, no poseer un coche norteamericano. Ello no es un síntoma de antipatriotismo –más si cabe, cuando el personaje principal estuvo en la guerra de Corea−, sino una crítica a quienes aceptan, sin razonamiento previo, las acciones que lleva a cabo el gobierno de su país. Rodada en blanco y negro como otras de las producciones estrenadas este año –Mucho ruido y pocas nueces (Much ado about nothing, Joss Whedon, 2012), Oh Boy (Jan Ole Gerster, 2012) o Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)−, cabría preguntarse si no es el deseo de Payne el retrato fotográfico al estilo de Robert Frank y su obra The Americans.

En definitiva, Nebraska resulta una película sobre la familia, la falsedad y la pérdida de valores por un puñado de papeles con número de serie. Un relato en donde el viaje es la excusa para el crecimiento personal, en especial para David, quien descubre a un padre que hasta ahora le era completamente desconocido. He aquí el premio. Nebraska es la historia de un hombre sin maldad, inadaptado y confundido por tomar como cierto aquello que otros le refieren. Su tierna aventura bien vale un millón de dólares.

Tere Cabello

La familia abducida por la televisión en Nebraska (Alexander Payne, 2013).

La familia abducida por la televisión en Nebraska (Alexander Payne, 2013).

Berlín, tras las huellas de la caída del muro

Berlín 50. Clara Bleda
Terraza del MuVIM
C / Quevedo, 10. Valencia
Inauguración: 28 de mayo, a las 20.00 horas
Hasta el 30 de junio
 
 
El proyecto ‘Berlín 50’ de Clara Bleda (Valencia, 1987) más allá del juicio estético posee un gran valor documental. La fotógrafa actúa como documentalista de una parte delicada de la realidad berlinesa contemporánea con la intención de fijar en soporte fotográfico las huellas de la historia y la relación entre la ciudad y sus habitantes. Dicho de otro modo, en un juego especular, podemos afirmar que lleva a cabo la documentación de un documento.
Aeropuerto de Tempelhof, Berlín. Clara Bleda. MuVIM

Aeropuerto de Tempelhof, Berlín. Clara Bleda. MuVIM

 

Esta exposición trata de transmitir, a través de una selección de diez fotografías analógicas realizadas con película de 50 mm, el enigmático ambiente y la cotidianidad de Berlín 50 años después del levantamiento del muro que dividió trágicamente la ciudad durante 28 años. La serie refleja esta relación cotidiana centrando su atención en los vestigios del pasado arquitectónico, urbanístico, emocional y psicogeográfico de lugares y no lugares de la República Democrática Alemana. En palabras de la fotógrafa: “Recorriendo los barrios donde las épocas se entremezclan se puede apreciar una lenta transformación; espacios cargados de historia, vestigios de la desaparecida RDA combinada con la liberación, el arte y la reinvención.”
 
Tras una estancia de unos meses y repetidos viajes a Berlín, Bleda ha vivido la ciudad y ha analizado las profundas diferencias entre el este y el oeste, siempre de una manera respetuosa con sus habitantes -apenas aparecen personas retratadas en sus fotografías- visitando espacios como el aeropuerto de Tempelhof, el río Spree, o el cuartel de la Stasi y escuchando el testimonio que éstos ofrecen; capturando, en definitiva, el paso del tiempo desde la mirada curiosa e inteligente de quien se ha enamorado de la historia.
 

Cartel de la exposición Berlín 50. Clara Bleda. MuVIM

Cartel de la exposición Berlín 50. Clara Bleda. MuVIM

El visitante podrá reflexionar, sorprenderse e incluso estremecerse con algunas de las imágenes de la cotidianidad berlinesa en el 50 aniversario de la construcción del llamado “muro de la vergüenza”. Una muestra que, desde la distancia que ofrece el devenir de la historia, refleja la impronta indeleble que el último símbolo de la Guerra Fría –quizás el de crueldad mayor- dejó de manera física en la ciudad y social, económica y culturalmente en sus habitantes. 
 

El trabajo de Clara Bleda explora la cotidianidad, la tipografía y la impronta de la historia y el paso del tiempo en las ciudades así como la relación de sus habitantes con éstas. Entre sus influencias destacan los fotógrafos topográficos del siglo XIX, documentalistas como Walker Evans o Robert Frank y los pioneros en el uso del color como Stephen Shore, John Sternfeld, William Eggleston o Helen Levitt.

Balas en la fachada de la fábrica de dinero, Berlín, 2011. Clara Bleda. MuVIM

Balas en la fachada de la fábrica de dinero, Berlín, 2011. Clara Bleda. MuVIM

 
Manuel Garrido Barberá