La ventana indiscreta de Cueto Lominchar

Un palco en el teatro del mundo. Colección Pura Formalidad. Cueto Lominchar
Comisariado: Ricardo Forriols
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Inauguración: lunes 3 de julio, a las 20.00h
Hasta el 10 de septiembre de 2017

La muestra Un palco en el teatro del mundo. Colección Pura Formalidad. Cueto Lominchar agrupa varios miles de fotografías en distintos formatos y soportes a través de las que se despliega una nueva presentación del ingente archivo fotográfico de este artista. Comisariada por Ricardo Forriols, la exposición supone una nueva oportunidad para ver la obra del autor en Valencia, donde no exponía desde 2011.

La exposición presenta parte del archivo fotográfico de Cueto Lominchar, una selección mínima de unas dos mil imágenes (de las cerca de 800.000 que podría contener hasta el momento) insistiendo en la idea vertebral del proyecto: convertir la ventana del estudio en un palco abierto al teatro del mundo.

Obras de Cueto Lominchar.

Obras de la exposición ‘Un palco en el teatro del mundo’, de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de la Universitat de València.

Esta idea que da título a la muestra es en realidad una cita a un comentario de Walter Benjamin sobre el interior burgués a mediados del siglo XIX: “El particular, que en la oficina lleva las cuentas de la realidad, exige del interior que le mantenga en sus ilusiones. Esta necesidad es tanto más urgente cuanto que no piensa extender sus reflexiones mercantiles al campo de las reflexiones sociales. Al configurar su entorno privado, reprime a ambas. De ahí surgen las fantasmagorías del interior. Para el particular, el interior representa el universo. En él reúne la distancia y el pasado. Su salón es un palco en el teatro del mundo”.

Un giro de sentido práctico pone el punto de atención no en el interior doméstico, sino en la posibilidad de mirar desde ahí hacia afuera a través de una ventana que se teatraliza y se convierte en ese palco desde donde atender al espectáculo universal de la calle. Por eso, la muestra comienza con una imagen de la ventana abierta al exterior que es el teatro del mundo, siendo el cortinaje de terciopelo rojo -que alguna vez ayudó a ocultar al fotógrafo- el mejor telón para la representación.

Todo el montaje trata de reproducir el horror vacui del estudio mental donde se trabaja el archivo para hacer visible su volumen importante, la cantidad de imágenes, evidenciando sobre el muro que se trata tan sólo de una selección con una disposición procesual (nada definitivo ni enmarcado) que se completa con una proyección y la presentación manejable de una decena de colecciones -sólo una pequeña parte de lo posible- como fotolibros.

Obras de la exposición 'Un palco al teatro del mundo', de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de Veléncia.

Obras de la exposición ‘Un palco en el teatro del mundo’, de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de la Universitat de València.

Por otra parte, en esta exposición se ha querido destacar una de las series, la colección ‘Pura Formalidad’, en la que el artista Cueto Lominchar empareja detalles de sus fotografías con otras imágenes de nuestra cultura visual (pintura, escultura, cine, fotografía, etc., a modo de cita) insistiendo en la posibilidad de un eco coincidente que parece atravesar nuestra historia desde la imagen en gestos, poses y actitudes que se repiten.

Como él mismo señalaba en el catálogo editado con motivo de la exposición Gradivas: “La primera fotografía que tomé con una Voigtländer de segunda mano se remonta al verano de 1984 y fue en la playa de mi pueblo, Puerto de Sagunto. La cámara ha servido como una fiel herramienta que consolaba la sensación de pérdida y la imposibilidad de retener los prodigios de los que la vista puede disfrutar y que la vida ofrece en cualquiera de sus “rincones”. Desde esa primera vez he tomado fotografías con todo tipo de cámaras, desde las más pequeñas que permitían esconderse y disparar sin mirar siquiera por el visor a las sofisticadas y rápidas autofocus. Primero fue en las playas y después en las calles de la ciudad, casi siempre Valencia aunque también hay algunas tomadas en los viajes. Desde las primeras, en las que se muestran cuerpos, actitudes y gestos más explícitos, he ido retrocediendo en esa búsqueda para acabar asumiendo sólo un pequeño espacio, la demarcación de un territorio único al alcance de mi vista: aquello que puedo ver desde la ventana de mi casa. De esta manera la ventana es como un obturador y sólo registro lo que se puede ver desde allí”.

Y sigue Cueto Lominchar: “Se trata de un proyecto que pretende ser algo más que una serie fotográfica. En realidad describe una actitud contemplativa y hace énfasis en la mirada como dispositivo esencial de la percepción codificador del deseo. […] En sentido estricto esta actividad es el centro de la cuestión y, más que la selección de algunas fotos en función de sus virtudes formales, lo importante es la suma de todo este “álbum” de mi memoria. En un principio no se premeditaron ni se propusieron metodologías para su elaboración pero, con el tiempo, esta suma de fotografías pueden agruparse o asociarse en función de infinitas posibilidades y en atención a muchas temáticas. Es un “cajón” voluble y tan variable como los ojos de quienes pudieran manipular su contenido”.

'Un palco al teatro del mundo', de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de la Universitat de València.

‘Un palco en el teatro del mundo’, de Cueto Lominchar. Imagen cortesía de la Universitat de València.

El magma vegetal de Julia Benz

In a while crocodile, de Julia Benz
Plastic Murs
C / Dénia, 45. Valencia
Hasta el 9 de junio de 2017

See you later, alligator (In a while, crocodile)*
Plastic Murs presenta por primera vez en España a la joven artista alemana Julia Benz cuya pintura desborda en composiciones donde la base abstracta se enreda con lo vegetal, una naturaleza informe y un magma plástico que triunfa cromáticamente sobre la geometría que es un recuerdo urbano.

“Un cuadro comienza con pintura, no con una idea”. Así de rotunda se muestra Julia Benz a la hora de referirse a su trabajo de pintura y al cuadro, insistiendo en el placer de pintar desde una posición que rompería con la planificación conceptual para deleitarse en el mismo acto de pintar. Formada en la Kunstakademie de Düsseldorf y la Universität der Künste de Berlín, ciudad en la que reside, Benz recuerda cuando a los tres años quedó fascinada por una pintura de Cézanne y cómo un posterior reencuentro familiar con esa misma obra confirmaba su vocación.

Bananatree, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Bananatree, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

De Cézanne toma esa resistencia ante el motivo del cuadro, la insistencia en el gesto de pintarlo una y otra vez para tratar de desentrañar su substancia a través de los signos, quizás repetidos pero nunca iguales, que revelan cada vez un matiz diferente del objeto, del propio gesto, de un paisaje imaginado a caballo entre el bodegón y la observación cotidiana de la ciudad. En su caso se trata de una suerte de jungla que se va ordenando sobre una base abstracta en referencia al mismo crecimiento y desarrollo de la naturaleza, orgánicamente, superponiendo elementos y capas,  formas y trazos en una amalgama selvática donde destaca la materialidad de la pintura y su fuerte cromatismo.

Contrapuesto al aparente caos de manchas, brillos y recuerdos vegetales (plantas, hojas), la síntesis de grafismos, tramas y elementos formales que subrayan el rotulador y los planos geométricos despliega una intensidad informe desde el centro de las composiciones que recuerda el esquema cubista -que desdeñaba las esquinas del lienzo- y unas palabras de Juan Gris: “Pintar es prever, prever lo que pasa en el conjunto del cuadro introduciendo tal forma o tal color”.

Routebillar, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Routebillar, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Así parece que se van orquestando estas composiciones, siguiendo las propias reglas salvajes de una expresión selvática que en ocasiones se extiende sobre los muros a modo de instalación y sobre edificios. De seguro que Benz estaría de acuerdo con Jackson Pollock cuando señalaba: “Si dejasen en casa sus ideas preconcebidas y se limitasen a mirar el cuadro, no tendrían ningún problema para que les gustase. Es como mirar un seto de flores. No te tiras de los pelos intentando averiguar lo que significa”. Y eso que significa es un cocodrilo.

*Este juego de frases con rima interna y que se emplea en las despedidas coloquiales se popularizó gracias a la canción ‘See You Later, Alligator’ que escribió Bobby Charles y se convirtió en un éxito en los años cincuenta gracias a la versión rock’n’roll que hizo Bill Haley and the Comets.

In a while crocodile, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

In a while crocodile, de Julia Benz. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Ricardo Forriols

 

Tiempo para cazar

Tiempo de Caza, de Roberto Rodríguez
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 28 de octubre de 2016

El tigre depredador o el jaguar deportivo nos observan desde la espesura de la selva igual que el ciervo asustado desde el medio del prado. Igual, un terremoto de emociones, miedos y expectativas compartidas. Su mirada fija es la cifra de su presencia pero también delata la nuestra como presas. Cazadores de todo como somos, esa sensación es habitual. No obstante, la cantidad, el desorden, la frondosidad y la confusión que suponen la selva o el bosque se magnifican y paralizan en la maravilla, se condensan, si sucede, en un punto mágico, en dos: esos ojos que siempre escrutan. En ocasiones, descubrir a un animal mirándote fijamente es descubrirte perdido, tu posición en peligro directo: el mejor espectáculo de la naturaleza olímpica.

Supongamos que las fieras pintadas por Roberto Rodríguez podrían ser inofensivas y hasta tiernas en la escena, paralizadas o avanzando hacia nosotros. Nuestras formas de manipular la naturaleza son muy sibilinas y hacemos del encuentro maravilloso una cuestión idílica. Pero lo que fascina es la maravilla, lo que atrae y engaña, aunque haya tanta pintura de caza que se haya fijado en lo contrario ad paradiso.
Una de las obras de la exposición 'Tiempo para cazar' de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Una de las obras de la exposición ‘Tiempo para cazar’ de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Si hay algo que llama la atención en estas obras es el modo en el que se trata la naturaleza (y todo: el paisaje es un constructo botánico) en planos que sobresalen de la superficie “natural” de la pintura para evocar esos estratos de vegetación provocando una profundidad espacial muy evocadora, inusitada, de ensueño incluso, tanto por los fondos universales y estelados como sobre todo en las capas superpuestas que, igual que las plantas, son el mejor marco para el cuadro natural: el lugar integrador a través del que vemos y somos observados. Porque lo que hay en la pintura nos mira, y en estas obras de clara factura sintética, más.
Obras directas que aciertan en su particular psicodelia asiática respecto de la construcción del paisaje y son deudoras de una época (y su cultura) que nos hace pensar en Hawai y el surf, el pop exótico, la música de garaje y hasta el skate, todo ello pasado por el recuerdo atemporal de un señor francés conocido como El aduanero Rousseau (que nunca vio la jungla pero sí a las fieras).
Ricardo Forriols

Fuera de lo pictórico

‘Destellos’, de Juan Olivares
Set Espai D’Art
Plaza Miracle del mocadoret 4, Valencia
Hasta el 5 de noviembre de 2016

Advierte Ricardo Forriols en la hoja de sala de la nueva exposición de Juan Olivares sobre la apertura de un nuevo camino en la producción del artista valenciano. Una ventana en la que experimenta con la “objetualización de la pintura” y “su salida del cuadro”. Por supuesto, no dejaremos de observar en ‘Destellos’ esos otros caminos ya característicos del artista como son el color, la abstracción y la continúa búsqueda de representación de lo cotidiano, de lo cercano.

Esta búsqueda le ha llevado a extraer la pintura del soporte básico del lienzo o papel, compaginando los collages con piezas escultóricas que continúan con la singular línea curva del artista. Madera, plástico, y aluminio, sin olvidar el papel, componen estas esculturas. A pesar de los diferentes formatos, son la abstracción pictórica y el color los encargados de hilvanar todo el recorrido expositivo, pero el collage se convierte en protagonista cuando su función se centra en aportar el ritmo en base a componer una especie de “antiforma” en consonancia con la abstracción correspondiente. Las texturas conseguidas incitan al acercamiento y al movimiento, a descubrir nuevos patrones que Juan Olivares parece esconder entre sus piezas.

Montaje de la exposición Destellos. Imagen cortesía Set Espai d'Art.

Montaje de la exposición Destellos. Imagen cortesía Set Espai d’Art.

Por esta razón y ante todo, ‘Destellos’ es adentrarse en la experimentación y en el juego del proceso comunicativo entre vista y cerebro. La mente, probablemente sin querer, comienza a conformar imágenes reconocibles en un intento de ordenar bajo parámetros establecidos la información que le va llegando. En un punto inesperado quizá hasta nos preguntemos por el proceso de creación. Forriols vuelve a alumbrarnos sobre esto explicando que en el taller del artista “encontraremos un montón de papeles recortados donde se perfilan pinceladas, trazos, planos, que son las piezas de un puzzle con las que juega”. La manera de conformarse ese misterio nos lleva a fijarnos en cada una de las capas: la del acrílico, el papel, la lisa pared y la breve sombra proyectada sobre la misma. Una composición aparentemente alterable pero con la que remite la inherente bidimensionalidad del papel, cuestionando, con el montaje como acción imprescindible, el material usado.

‘Destellos’ surge, como el mismo artista explica, del proceso del collage, donde ese encuentro primero que permite el encaje adecuado es la clave, el destello perfecto. No deja de ser curioso como se produce esa captación del instante, estática pero fluida, que fomenta una y otra vez el dinamismo, no solo de los materiales, sino del propio visionado.

Montaje de la exposición Destellos. Imagen cortesía Set Espai d'Art.

Montaje de la exposición Destellos. Imagen cortesía Set Espai d’Art.

María Ramis

La construcción del estereotipo femenino

I Am A Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25-B. Valencia
Inauguración: viernes 24 de junio, a las 20.00h
Hasta el 5 de agosto de 2016

Decía Salvador Dalí que lo mínimo que se le debe exigir a una escultura es que no se mueva. Quizás, seguro, porque el tipo de escultura al que se refería era la representación de un cuerpo vivo a través de un material duro. Siguiendo el ideal clásico, ese carácter escultórico detenía, según Hegel, una figura espiritual en plena expresión corporal para mostrar al ser humano tal y como es. Pero quieto, detenido, inmóvil. Estático, como nosotros cuando el fotógrafo nos pedía que no nos moviéramos para salir bien en la foto.

La naturaleza de nuestro cuerpo es limitada —aunque ya dijo Spinoza que nadie sabe lo que puede un cuerpo— y primero la escultura y después la fotografía han pretendido la universalidad de los cuerpos, el reconocimiento de la diferencia, frente a lo antinatural que supone la instauración de un canon, de un molde, a lo que también han colaborado paradójicamente.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

El trabajo de Natacha Lesueur (París, 1971) aborda estas cuestiones haciendo énfasis en la construcción social del estereotipo y denunciando el diseño cultural de los clichés de género. Sus fotografías subrayan una serie de usos, de huellas, de marcadores de la identidad femenina (gesto, maquillaje, vestuario, peinado) sobre los que interviene para señalar el artificio de la apariencia.

A través de estas obras podemos entender cómo la fotografía se ha acercado mucho a la escultura en la (re)presentación de las cosas y, también, en el retrato del cuerpo como algo performativo. Sus fotografías son la evidencia crítica de una realidad, de un volumen (el cuerpo, las cosas) que se muestra bajo una apariencia y esgrimiendo una actitud determinadas, detenidas en la foto, que ponen en cuestión los arquetipos establecidos.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Cierto carácter barroco en el manejo de alimentos ajustados al cuerpo, el gusto por exagerar el color y su contraste, del pop al tropicalismo, los juegos con las prendas, el maquillaje o el arreglo del peinado, y hasta una ironía a veces melancólica, a veces sarcástica, han marcado una trayectoria de la que se entresacan para esta exposición un conjunto de obras que recoge trabajos iniciales de los años noventa y otros más actuales, haciendo especial hincapié en un hecho acromático, en un continuum en blanco y negro que, además, acentúa el efecto estatua y el vínculo entre fotografía y escultura, entre el retrato y la naturaleza muerta.

Dos fotografías de 1996 nos muestran fragmentos de un cuerpo andrógino en el que la piel de los brazos (como guantes largos) y las piernas (como medias de encaje) está marcada por la huella de una impresión que es, por un lado, ornamentación y, por otro, prueba del dolor, de lo que cuesta. Lo más profundo que tenemos —como escribió Paul Valéry— es la piel, una profundidad camuflada de superficie.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Otras tres piezas, más bodegones que retratos, se centran en la agresión a unos peinados esculturales, decadentes. Dos gemelas idénticas, Carine y Barbara, y otra modelo, Anita, exhiben recogidos extravagantes que recuerdan la peluquería de la generación de nuestras madres y abuelas. Ese arreglo del cabello que marcaba el rigor y la honra, la rectitud y lo decoroso de la mujer, se muestra “herido” por las quemaduras de un cigarro, símbolo del machismo.

La serie central pone de relieve la norma en la construcción de los estereotipos femeninos al jugar directamente en las fotografías con la conversión del cuerpo en escultura. La asertividad del blanco y negro como índice de realidad en la imagen fotográfica —como declara la misma Lesueur: su valor de memoria, de informe— confunde nuestra mirada, que cree estar ante estatuas de piedra. Apenas un resquicio de naturalidad, de color abajo en la espalda, revela la verdad de lo aparente: se trata de cabelleras modeladas y cuerpos reales pintados en un falso blanco y negro que sugiere el mármol o ese yeso documental donde ha quedado solidificado el paso del tiempo y las modas para la historia. Un video completa esta magnífica idea presentando todo el bulto redondo de una de las modelos/estatuas girando en bucle.

El contrapunto, cambiando de canon, lo pone un jarrón con forma de busto que, apuntando a la negritud y al tropicalismo sobre el horizonte de un paisaje mural, contendrá una docena de hortensias, símbolo de obstinación y dignidad, que quién sabe si se irán marchitando a lo largo de la exposición.

Obra de Natacha. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Ricardo Forriols

La servilleta de MAKMA

Restaurante Colmado de la Rivera
Calle Ribera, 14. Valencia

Toda historia que corre de boca en boca va transmutándose a la voluntad del narrador. Es el caso de la sentada en un restaurante no identificado -probablemente en París- que al parecer reunió a Picasso, Georges Braque, Juan Gris, Max Jacob, André Salmon, Jean Cocteau y Guillaume Apolinaire. Los señores se habían bebido y comido todo y dos huevos duros más. Entre bocado y bocado, alardeaban de sus últimas conquistas o comentaban sobre arte y poesía hasta que llegó el momento de la cuenta. Instante en que todos se hacen los suecos y miran a Picasso. Éste, en un movimiento de nadador experimentado abre los brazos sobre la mesa apartando platos, vasos, botellas, cubiertos y restos de comida que hay sobre el mantel. Toma su estilográfica, hace un dibujo sobre una servilleta y solicita la presencia de la dueña del restaurante. Una vez que ésta acude, le ofrece la servilleta para sufragar los gastos. La dueña, sonriente, solicita a Picasso que firme el dibujo. El genio, mirando a la señora, le responde: 

“Estoy pagando el almuerzo, no comprando el restaurante”.

La servilleta de Picasso que puede verse en la red, realizada sobre un papel que parece más bien abrasivo y con su firma autógrafa.

La buena mesa da mucho juego, y si la cocina es virtuosa, la inspiración de los comensales aflora. Algunos años después, Valencia, s. XXI, en el restaurante Colmado de la Rivera -en la histórica calle Ribera, que ha visto pasear a Blasco Ibáñez, Pinazo, Max Aub, Josep Renau, el equipo Crónica o Carmen Calvo (y Ernest Hemingway, cómo no)- se celebra un cónclave en donde lo gastronómico es otra vez centro y excusa de reunión. Los comensales, todos tienen un denominador común: MAKMA, y se reúnen para debatir y contrastar sobre el último trimestre en materia de cultura. Durante la cena y entre frase y frase, alguno de los presentes realiza unos dibujos sobre la servilleta. Nadie se fija, ni se da cuenta, es posible que el propio autor lo hiciera inconscientemente mientras participa en la tertulia. Lo normal es que dichos dibujos hubieran acabado en la papelera si no lo evita alguien que da el último vistazo al mantel antes de levantar la sesión. ¿Quién es el autor de estos trazos pintados entre bocado, trago y tertulia?

La servilleta makma

La servilleta MAKMA. Pliego frontal.

No hay duda respecto a la creatividad de cada unos de los integrantes de la mesa, y el autor o autora podría ser cualquiera, tal vez por sus comentarios podamos averiguarlo, ¿hubiera sido posible ofrecer los dibujos como moneda de cambio a tan generoso condumio?

De izquierda a derecha Salva Torres, Ismael Teira, JJ Mestre, José Ramón Alarcón, María Ramis, Merche Medina, Miguel Gregori, Carles Figuerola, Vicente Chambó y Carles Claver. Imagen Cortesía Restaurante El Colmado de la Rivera.

De izquierda a derecha Salva Torres, Ismael Teira, JJ Mestre, José Ramón Alarcón, María Ramis, Merche Medina, Miguel Gregori, Carles Figuerola, Vicente Chambó y Carles Claver. Imagen cortesía Restaurante El Colmado de la Rivera.

María Ramis, centrada en conclusiones fruto de sus visitas por galerías, apunta:

“Hay continuas oscilaciones, unas más hiperbólicas que otras, Luis Adelantado trae a Darío Villalba, la todavía recién nacida Shiras asoma la cabeza y pide paso con firmeza, Espai Visor mira hacia Europa, Mr. Pink y Espai Tactel se unen de nuevo, Rosa Santos y Punto continúan con una línea de calidad muy marcada, y parece que diversifican apostando por artistas de su ámbito y de otros puntos geográficos por su vocación internacional”.

“A veces” -continua María Ramis- “da la sensación de que todo funciona con las mismas estructuras y directrices, pero no siempre es así. Un ejemplo de ello es el continuo trabajo de la galería Del Palau, que se mantiene a flote como un barco cargado de pinturas tradicionales, en mitad de un mar dominado por la tecnología. La visión de las paredes de gotelé de esta galería me llevan a recordar, a modo de homenaje, a la recién desaparecida galería Rosalía Sender, cuyo desmontaje pudimos entrever desde las puertas del Carrer del Mar”.

Otro pliegue de la servilleta MAKMA sobre el salvamenteles del restaurante.

Un plano de la servilleta MAKMA sobre el mantel.

Siguiendo en materia de artes visuales, Ismael Teira reflexiona sobre la etapa de cambios que anuncia el Consorcio de Museos.

“Seguramente cueste vertebrar los más de ochocientos kilómetros de territorio de la Comunidad Valenciana, haciendo partícipes a todos los museos, galerías y agentes artísticos implicados en esta unidad. Valencia cede protagonismo, y se impulsa la diversificación del resto de geografía, tal como demuestra el reciente acuerdo entre los museos de bellas artes de las tres provincias. Están sucediendo cosas que poco a poco van abriendo paso a un ilusionante porvenir donde, a día de hoy, no parece que tengan demasiado protagonismo las propuestas de arte más joven y nuevo; seguiremos esperando”, concluye.

Otro pliego de la servilleta MAKMA.

Otro pliego de la servilleta MAKMA.

José Ramón Alarcón lo tiene claro, y se refiere al acontecimiento del que él mismo dio parte en exclusiva para Makma.

“Sin óbice de dudas, uno de los acontecimientos más reseñables acaecidos durante el presente trimestre en la ciudad ha sido la visita del eximio pintor Antonio López a la Facultad de Bellas Artes San Carlos”.

José Ramón Alarcón se refiere a la conferencia-conversación del artista en el auditorio Alfons Roig, en compañía de Ricardo Forriols -Vicedecano de Cultura- y José Saborit -Catedrático del Departamento de Pintura-, bajo el tema ‘Pintar en los tiempos del arte. La persistencia de la pintura’.

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Antonio López, 1961. Lápiz, lápiz Conté y carboncillo sobre papel kraft. Dibujo sobre papel. (178,5 x 81 cm.) Fondo Colección MNCARS.

“Una mirífica ocasión para merodear los fundamentos de su oficio y la razón esencial que orienta su tarea (cuasi-mística) -la realidad y su impronta-, amén de adentrarse por el horizonte anecdótico de ‘Realistas de Madrid’ (Museo de arte Thyssen-Bornemisza), una de las muestras decisivas, a mi juicio, del presente curso expositivo nacional”, concluye Alarcón.

Para Carles Claver, preocupado por el sector audiovisual,

“Puede que simplemente ejerza un efecto balsámico, aunque, por otra parte, también es toda una obviedad. Tocar fondo es lo que tiene, necesariamente –se dice- hay que repuntar. La mayoría de profesionales del audiovisual valenciano describen así la situación del sector. A pesar de esto, está la otra realidad según la cual “el hambre agudiza el ingenio”.

Al calor del cierre de RTVV han surgido no pocas iniciativas audiovisuales con sólidos cimientos y que, confío, se consolidarán cuando la situación del sector se normalice. En este contexto, Makma ha puesto su grano de arena apostando este año por el audiovisual, con una nueva sección dentro de su espacio on line. Se han lanzado ya proyectos dedicados a artistas como Antonio de Felipe, Carles Mondrià o, más recientemente, un reportaje sobre La calle de los colores. El medio audiovisual ofrece muchas posibilidades cuando se marida con el arte. Creo que a lo largo de los próximos meses podremos seguir viendo en makma.net el buen resultado que ofrece esta combinación”.

Al otro lado de la mesa se escucha a Carles Figuerola,

“El teatro coge aire”, -sentencia-.

“En Valencia se detecta más movimiento, parece que se generan más expectativas”.

Y continúa: “Por otro lado, la Mostra de Teatre d’Alcoi que reúne por segunda vez el ‘Circuit Valencià’, seguro es un elemento que contribuye a mejorar la oferta de la actividad teatral y a movilizar al público”.

Salva Torres pide paso al cine,

“El cine -ahora que ya está a la vuelta de la esquina una nueva edición del festival Cinema Jove en Valencia-, ha traído como buena noticia la reapertura de los antiguos Cines Aragón (Aragò Cinema). Una propuesta cooperativa que pretende sacar al público de sus casas, para recuperar la magia del cine en compañía ante la gran pantalla. Su objetivo: proyectar películas que no son habituales en los cines comerciales a precios asequibles”.

Belén Rueda en un fotograma de 'La noche que mi madre mató a mi padre', de Inés París.

Belén Rueda en un fotograma de ‘La noche que mi madre mató a mi padre’, de Inés París.

¿Un ejemplo? -se pregunta y responde el propio Salva Torres- ‘Esa sensación’, película a seis manos de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando. Una película atípica que en el último Festival de Málaga cautivó a los presentes. Buena noticia que no puede ocultar lo que Inés París y Belén Rueda, directora y actriz, respectivamente, de ‘La noche que mi madre mató a mi padre’, apuntaron acerca del talento existente en el cine español: “Decía Unamuno que este es un país cainita, en el que nos gusta devorarnos entre nosotros”. “España ha castigado mucho a sus propios creadores”. “Sin duda para tomar nota”, concluye Salva Torres.

Parece que al son de la música hay algo de optimismo, según nos describe JJ Mestre, habitual en conciertos de trinchera,

“Mucho y bueno podría destacarse a nivel musical en el último trimestre” –afirma-. “Dentro del apartado nacional dos nombres que participarán en `El Último Vals’, ese ilusionante festival que se celebrará en Frías (Burgos) durante el próximo mes de julio. Por una parte el sorprendente debut del grupo donostiarra Frank y por otra la publicación del segundo álbum del grupo almeriense Bantastic Fand. A destacar también la dinamita soul de The Excitements desde Barcelona, el magnetismo valenciano del segundo disco de Adrian Levi, las sorprendentes melodías de los toledanos Mawino y podríamos incluir también el debut de Multiverzal, el nuevo proyecto de los argentinos Juan Pablo Mazzola y Mariano Azcurra”.

“En cuanto al panorama internacional los excelentes nuevos trabajos de dos bandas neoyorkinas como Nada Surf o Woods, la sorpresa minimalista entre miembros de The National y de Beirut con impronunciable nombre LNZNDRF, el powerpop melódico de los franceses Cheap Star o de los suecos Swedish Polarbears, los pildorazos de beat sixtie de los alemanes The Mergers, de los italianos Radio Days o de los americanos Outta Sites, la belleza melódica del americano Doug Tuttle o de los canadienses Nap Eyes y, finalmente, el rock alternativo tanto de una nueva princesa del pop-punk como Misty Miller como esa obra maestra que es el nuevo trabajo de Will Toledo al frente de Car Seat Headrest”.

Portada del single Paint it black. (1966)

“En cuanto a celebraciones, ya van 50 años del `Paint it black’ de sus majestades los Rolling Stones durante la primera quincena del mes de mayo, y respecto a conciertos destacaría las pasadas giras de los incombustibles Fleshtones, Flamin Groovies y Long Ryders, así como las de los divertidísimos Radio Days aunque muy especialmente distinguiría los arrolladores bolos de los granadinos 091 en su “maniobra de resurrección” y el 30 aniversario de ese maravilloso grupo valenciano que es La Gran Esperanza Blanca”, concluye JJ Mestre.

Merche medina se centra en la industria literaria.

“¿Cómo se evalúa la gestión del panorama literario en la Comunidad Valenciana?”, se pregunta Merche.

“Ha sido época de Feria del Libro, evento referente que pervive durante más de cinco décadas. Tiempo y jornadas de bagaje y promoción literaria que este año ha dado un salto cuantitativo, ampliando la zona expositora de librerías. A priori, una apuesta de éxito para la memoria de esta edición. Balance final: una merma y descenso en el histórico de ventas de las librerías especializadas -algunas con más de treinta años de recorrido-, ubicadas en el nuevo emplazamiento. Motivos aparentes: los riesgos (asumibles) de la conformación del nuevo espacio. Motivos reales: tal vez, una cuestionable gestión, aparentemente cristalina, que prioriza y sitúa en el mismo plano de horizontalidad a espacios literarios de grandes centros comerciales y servicios de publicaciones institucionales y militares, entre otros, en detrimento de las librerías tradicionales, que conforman el pequeño comercio del sector. Además de dubitar acerca del objeto de estas decisiones”.

Merche Medina concluye con pregunta: “¿Cabe esperar propuestas alternativas?”

Para Miguel Gregori -siempre generoso a la hora de compartir filosofía e inquietudes en materia ciber técnica-,

“En el ámbito de la cultura tecnológica, destacaría la visita a la UPV el pasado 16 de mayo de Richard Stallman, padre del software libre, programador, activista, hacker y visionario, una oportunidad única de conocer más de cerca a uno de los padres del Movimiento del Conocimiento Libre, inspirador también del arte en código binario y su filosofía y ética. Valores que MAKMA pone de manifiesto en su web-site, ya que funciona con software libre”.

Stallman en la Universitàt Politècnica de València. Imagen cortesía UPV.

Stallman en la Universitàt Politècnica de València. Imagen cortesía de Adolfo Plasencia.

Y aunque siempre quedan cosas en el tintero, de las últimas semanas, no se debe olvidar la acción de Lucía Peiró realizada en el Centro del Carmen, o la exposición de Cristina Ghetti (actualmente en Galería Punto) o la clausurada muestra de Ana Vernia (Galería Shiras), en su primera individual tras la concesión del Premio Nacional de Pintura de la Real Academia de San Carlos el pasado año.

Detalle de la invitación de la Galería Shiras. Exposición de Ana Vernia. (2016)

Detalle de la invitación de la Galería Shiras. Exposición de Ana Vernia. (2016)

Detenerse, reflexionar sobre lo ocurrido y hacer eco, es a la par un ejercicio de crítica y de inspiración que representa en sí la razón existencial de Makma, y pasa por hacer ejercicios de creatividad experimentales para comunicar más y mejor. En palabras del propio Picasso, y conscientes de que todo depende del contexto, “La acción es la llave fundamental de todo éxito”.

“No cuentes los días: consigue que los días cuenten”

Muhamad Alí

Vicente Chambó

Sombras, hierro y vacío

‘Geometría de la mirada’, de Lukas Ulmi
Set Espai D’Art
Plaza Miracle del mocadoret 4, Valencia
Hasta el 30 de junio de 2016

El artista Lukas Ulmi regresa a Set Espai D’Art con sus ya reconocibles, minimalistas y curiosos estudios sobre el espacio. En 2013 exponía en este mismo lugar la serie ‘Laberintos visuales’, pero con ‘Geometría de la mirada’ podemos afirmar estar asistiendo a la evolución de este trabajo anterior. El cubo, en un principio estático, se ha desdoblado para demostrar un movimiento muy particular. Para adentrarse en la exposición se hace necesario disponer de tiempo, verla despacio, para descubrir todo lo que esconde…

Lukas Ulmi, a modo de ilusionista experimentado, ha creado una sola pieza de fino hierro pero contenedora en si misma de cientos de geometrías imbuidas en otras que nunca son iguales. Los tipos que a priori se pueden definir encajan dentro de dos definiciones: la obra ‘real’ de hierro y la sombra proyectada contra la pared. Ricardo Forriols lo define como un “doble ejercicio escultórico”. A partir de ese punto, y según se fije la observación, conforme exista un mínimo roce, una breve corriente de aire o un giro de cabeza, podremos llegar a vislumbrar solo unas pocas de las geometrías existentes. Un juego infinito acaparable al modelo físico teórico donde las partículas que componen el universo están formadas en realidad de minúsculas cuerdas vibratorias, y de supercuerdas, aunque no podamos verlas.

Una de las piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Una de las piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Unas suspendidas en el vacío y otras apoyadas sobre vitrinas blancas o sobre suelos, las figuras geométricas dialogan entre ellas, algunas incluso dejando de lado la rigidez del hierro para ondularse casi imperceptiblemente, otras quedan incompletas, con la línea sin terminar. Siempre apostado por la forma mínima, Lukas Ulmi, de origen suizo pero afincado en Valencia, está considerado como un experto a la hora establecer relaciones entre la escultura y el vacío. A nivel teórico Ulmi, tal y como nos indica Forriols, sigue los pasos de parte de la escuela de escultura vasca, la representada por Oteiza, que está centrada en unas formas que ponen en valor, no tanto la figura en si, sino lo que rodea a la misma. Con un simple vistazo, se observa como el artista toma estas consideraciones para su idear sus obras.

Es así que el título de la muestra, tomado de unas palabras inéditas del profesor Román de la Calle, es totalmente acertado. Las geometrías no se conforman tanto por el manejo del hierro sino por la perspectiva del espectador. Se propone al público, esperar, estar pendiente de lo que ocurre y descubrir, probablemente, una forma única, que solo él o ella puede ver. No cabe duda de que Lukas Ulmi concebido toda una experiencia mentalmente interactiva.

Una de las piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Una de las piezas de la exposición. Fotografía: María Ramis.

María Ramis.

“La pintura nos hermana a todos”

‘Pintar en los tiempos del arte. La persistencia de la pintura’
Conversación con Antonio López
Facultad de Bellas Artes de la Universidad Politécnica de Valencia
Auditorio Alfons Roig
6 de mayo de 2016

Antonio López -artista eximio por antonomasia-, coadyuvado dialécticamente por dos referentes de la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, como son Ricardo Forriols -Vicedecano de Cultura- y José Saborit -Catedrático del Departamento de Pintura-, ha acontecido por el Levante portando consigo los céfiros continentalizados de Tomelloso, el lustre del oficio y la palabra octogenaria -de prosodia honda y naturaleza límpida-, para regresar a la corte (surcando La Mancha con un puñado de chufas) tras haber insuflado su impronta y convertir su prédica en acontecimiento.

Ante un auditorio ahíto de incipientes universitarios, profesores y foráneos del ámbito académico, Antonio López -quien comenzó la jornada evocando su parentesco de recuerdos y devoción por Valencia, los primeros años de María Moreno (artista y esposa) en la ciudad, su exposición por estos lares con Lucio Muñoz y Amalia Avia, etc- se manejó con campechanía en los coloquialismos y con mundología en los filosofemas, para aventurarse, a la postre, por los recodos de diversos temas suscitados durante la conversación: la realidad/el tema/la impronta, la tarea, la técnica, la libertad vs la ortodoxia, el azar y ‘Realistas de Madrid’.

Antonio López, acompañado de Ricardo Forriols y José Saborit, durante un instante de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Antonio López, acompañado de Ricardo Forriols y José Saborit, durante un instante de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

LA REALIDAD/ EL TEMA /LA IMPRONTA

Partiendo de Ernst Gombrich -referencia de José Saborit- y, en particular, del ensayo del historiador británico ‘Los criterios de fidelidad: imagen fija y el ojo en movimiento’, en el que reflexiona sobre el “principio del testigo ocular” -“se trata del principio que, a la luz de la antigua estética, se solía considerar de mímesis, la imitación de la naturaleza” (E. Gombrich)-, Antonio López sentencia que, como espectador, “todo ha surgido del mundo real” y, tanto por su experiencia como por sus múltiples referentes -menciona a Ingres, George de La Tour (ambos en el Museo Nacional del Prado) y Andrew Wyeth (Museo de arte Thyssen-Bornemisza), en tanto que coincidentes temporales en la capital con ‘Realistas de Madrid’ (compartiendo galpón con ‘Wyeth: Andrew y Jamie en el estudio’)-, afirma que “a lo largo de la realización del cuadro nunca se ha interrumpido esa relación”, puesto que “el mundo real te aporta tal cantidad de elementos para ir dialogando con él que es incomparable”.

No obstante, López reflexiona acerca de la conveniente o inapropiada presencia del modelo para la materialización de la obra, ejemplificado en artistas como Francis Bacon -sobre el que afirma que “no puede pintar teniendo al modelo allí, Lucian Freud, por ejemplo. Le va a quitar libertad”, concluyendo que “para qué quiere el mundo real si, después, lo va a romper todo”- o en el recurso de la fotografía como vehículo de auxilio -”el mundo real te aporta tal cantidad de elementos para ir dialogando con él que es incomparable”. Se adentra, entonces, en los fundamentos de su formación artística: “yo me eduqué en la mitad de los años cincuenta, trabajando sobre el modelo. Llegué a tener una facilidad de trabajar sobre el modelo que no me creaba ninguna dificultad. Coger a mi hermana, a los 17 años, en Tomelloso, y hacer un cuadro a tamaño natural, leyendo un libro, sin pensar que estaba haciendo algo excesivamente complicado”.

En plena digresión, cita a Miguel Ángel y al pintor del siglo XVII Juan Sánchez Cotán -”¿qué es pintar un bodegón de Sánchez Cotán si no lo habitas con el espíritu que tiene? Lo importante es que los objetos, este vaso, te diga cosas del mundo”-, o reflexiona acerca del tercer personaje de las obras de Edward Hopper -”lo que decide todo”-, la clarividencia de Velázquez y la insólita frescura de las pinturas de Altamira -”la inmediatez, extrañeza y fascinación que tienen las cosas que nos gustan. Cuando el hombre casi no sabía nada, sabía expresarse con la pintura. Se nota que todo eso se hace con el hígado, una segregación de los sentimientos”-.

Partiendo de este ineludible vínculo con la realidad como génesis de la obra, de la que “todo lo que coges es una mínima parte de lo que la vida es”, admite que “ copiar la realidad no bastaba, no ibas a ningún sitio”, por lo que, en pleno ejercicio de materialización de la pintura, “tenía que pasar algo”, de esta forma “se crea una especie de tercer personaje, que es el contenido del cuadro, que es lo que decide todo. Que se haga cercano y paralelo al mundo real, que se invente, como Rothko”. En este orden de cuestiones, el pintor persiste en vindicar su fidelidad con el tema de sus trabajos. De un modo u otro “todo tiene relación con la realidad. La pintura nos hermana a todos”.

Imagen de 'Ventana de noche', de Antonio López, que puede contemplarse en la exposición 'Realistas de Madrid'. Fotografía cortesía del Museo de arte Thyssen-Bornemisza.

Imagen de ‘Ventana de noche’, de Antonio López, que puede contemplarse en la exposición ‘Realistas de Madrid’. Fotografía cortesía del Museo de arte Thyssen-Bornemisza.

LA TAREA

A modo de orientación teleológica, Antonio López polariza los fundamentos del quehacer artístico en torno de la tarea, como si se tratase de una revelación metafísica que cobra sentido morfológico, verbigracia, en la praxis pictórica de Wyeth y Hopper -”se sienten con una tarea para hacer. En Europa no teníamos ninguna tarea, como si no fuéramos necesarios. (…) Ellos me dan mucho aire, mucho oxígeno. Sabían que tenían que pintar su mundo, con sus limitaciones, con sus sacrificios. (…) El retrato de América lo han hecho ellos, desde los márgenes ni los fotógrafos ni los pintores abstractos”-, rememorando, de este modo, sus primeros vestigios de conciencia emparentados con una causa pictórica final, desvestida por un lúcido delirio, como “una atracción y fascinación, sin poderlo describir más que pintando. (…) Desde los 17 años, sentí que ya tenía una tarea, algo que pintar (…) la gente anda muy perdida. Hay gente que la encuentra y no la nota. Eso es tan  importante como aprender el lenguaje de la pintura”.

LA TÉCNICA

López, amén de ser inquirido por los nuevos medios digitales en el microcosmos de la creación artística -”parece que todo lo que ha ido surgiendo ha estado bien (…) óleo, tempera, huevo, la perspectiva (…) nunca sobro nada. El error es pensar que hay una cosa mejor en arte”-, transita livianamente sobre el plano rudimentario de su técnica pictórica, entendida como una “burocracia del cuadro. (…) Esa primera parte la paso lo más rápido posible para entrar en lo esencial y de qué manera todo aquello que te ha llevado allí -la luz- pueda atraparlo. (…) Toda la parte de la precisión la realizo con la mayor facilidad posible”.

LA LIBERTAD VS LA ORTODOXIA

Durante el flujo conversacional se manejan conceptos, reflexiones y anécdotas cuyo raquis común se encuentra vertebrado por esta ineludible dicotomía, tras la que se solidifican los mecanismos fundamentales del devenir histórico y artístico -movimiento y metamorfosis-, ejemplificado en los impresionistas -”decidieron romper con la historia”-, los surrealistas -René Magritte, Salvador Dalí-, y, en el horizonte coetáneo, la insurrección del grafiti; “saltarse los controles” como común denominador, puesto que “hay una forma de pudor que es una especie de atadura, una forma de ir a donde no debes. Eso sucede en el arte, eso va contra los mejores”.

López responsabiliza aquí tanto al imperio acaudillado por los portadores de un talento horizontal -”hay una gente media que aprovecha ese esperanto, esa especie de idioma (…) esa gente que tiene que ir hasta el extremo no puede ir hasta él”- como a los encorsetados preceptos de la ortodoxia artística circundante -”hay una policía en el arte que es como la Gestapo. Hay que salvar el escollo de los que deciden lo que hay que hacer. No somos libres”-. Fruto de estos grilletes, Antonio López asevera que “los mejores siempre pierden con esa especie de inspección. (…) La sociedad nos está señalando caminos que no son los nuestros. Hay gente se salva y gente que se condena para siempre”.

Vista general del público que completó el aforo del Auditori Alfons Roig. Fotografía: Merche Medina.

Vista general del público que completó el aforo del Auditori Alfons Roig. Fotografía: Merche Medina.

EL AZAR

La estocástica, erigida en uno de los conceptos capitales que vertebra, en penumbra, la transmutación creativa, cobra, a la postre, una presencia indispensable. El azar habita, de este modo, como un accidente, en las transparencias de Velázquez, en la luz de Vermeer, en Sorolla o en la propia obra de Antonio López -”es una emoción que tiene que ver con la psicología de la historia, que se da de una manera natural. Hay quien quiere sistematizar el azar; yo prefiero no hacerlo, pero cuento siempre con él. Es mi aliado, el de todos, no sólo en pintura, sino en la vida”-.

REALISTAS DE MADRID

En relación a ‘Realistas de Madrid’ -exposición temporal exhibida en el  Museo de arte Thyssen-Bornemisza, que reúne, amén de a Antonio López, a coetáneos de estrecho vínculo, como son María Moreno, Julio y Francisco López, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y Amalia Avia- el artista manifiesta que “nunca ha estado en nuestra voluntad formar un grupo. Nos han unido por generación, que vivió la guerra y la posguerra”, experiencia decisiva que “tiene algo muy tremendo todo. Una España que no la han podido vivir los demás. Todo nace de ahí, de la elementalidad de las cosas, del respeto a como son”.

Allende divagar sobre la perspectiva curvada como uno de los motivos capitales de su trabajo en pro de su contumaz pretensión por una representación verídica de lo real -tarea inconclusa que puede apreciarse en ‘Ventana de noche’, pieza que cierra el recorrido expositivo-, una de las cuestiones subyacentes y anecdóticas de ‘Realistas de Madrid’ ha sido, para Antonio López, reencontrarse, medio siglo después, con la obra ‘El cuarto de baño’ (1966) -propiedad de un coleccionista norteamericano-, así como con ‘Lavabo y espejo’ (1967) -cedido para la muestra por el Museum of Fine Arts de Boston-, experiencia que le provocaba “miedo y zozobra ante la posibilidad de que no me gustaran a mí, el hecho de verlos juntos, encontrarlos ajenos a tu sensibilidad de ahora mismo, verlos equivocados”.

Sin embargo, a pesar de que “reunirlos todos, mezclarlos con la obra de otros, es un riesgo tremendo”, concluye que “me ha gustado vivirlo. Visto ahora todo lo que hemos hecho al cabo de muchos años me inspira mucho respeto, no solamente desde el punto de vista técnico, sino que hay una mirada al mundo de un peso, una razón de ser que no me imaginaba”.

El pintor Antonio López, tras la conversación. Fotografía: Merche Medina.

El pintor Antonio López, tras la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

 

El discurso crítico de Xavi Monsalvatje irrumpe en Set

‘Entre incertidumbres e ignorancias’, de Xavier Monsalvatje
Set Espai D’Art
Plaza Miracle del mocadoret 4, Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

Xavier Monsalvatje (Godella, 1965) trabaja fundamentalmente cerámicas, porcelanas, serigrafías y pinturas a través de las cuales nos ofrece una visión crítica y desencantada sobre la sociedad de consumo contemporánea, el relato de poder y su filosofía del miedo; sobre el impacto del desarrollo moderno en un paisaje post-industrial, deshumanizado, que es la memoria de nuestra propia evolución e historia reciente.

Sin victimismo alguno y con una claridad absoluta, jarrones, platos, dibujos, lienzos y otras piezas escultóricas son el soporte para cuidadas pero ácidas narraciones visuales donde Montsalvatje despliega un mundo particular de imágenes complejas, en las que se conjugan la estética del cómic de la línea clara con cierto horror vacui barroco y las influencias del expresionismo, el futurismo o la pintura metafísica, de las reflexiones de Ïtalo Calvino o Paul Virilio y de toda la ciencia-ficción que se ha hecho realidad, de Verne a Orwell y más.

En su trabajo, destaca la labor de ceramista y la definición exacta de la línea de dibujo, el elemento narrativo y el montaje de distintas escenas sobre el mismo plano. Pero por encima de todo es el discurso crítico y directo lo que atrapa al espectador.

La exposición que presentamos, ‘Entre incertidumbres e ignorancias’, es su primera en la galería y la siguiente después de las individuales ’11 años de Peligro permanente’ (Museo nacional de cerámica Gonzalez Martí, Valencia, 2014) y ‘La Ciudad y los Signos’ (Museo del Ruso, Arte contemporáneo de Alarcón, Cuenca, 2015).

En otra de las obras, ‘En la naturaleza nada es simple’ (2016), vemos una escena cargada de elementos en los que se funde la ciencia y la técnica, en lo que parece ser una demostración en la que cuatro tecnócratas meditan alrededor del resultado de un experimento, que no es otro que una representación del ‘Cuadro negro’ que pintó Malevich en 1915.

Complementando la exposición ‘Entre incertidumbres e ignorancias’, el viernes 11 de marzo se inaugura la 13ª Bienal Martínez Guerricabeitia (Sala Académia, Centre Cultural La Nau-Universitat de València, 19.00 h.) en la que, bajo el título ‘Supersticiones y manipulaciones’, se incluye un lienzo de gran formato de Xavi Monsalvatje, “Asthmatic System” (2015), hasta el 1 de mayo.

Imagen de una de las piezas que conforman la exposición  'Entre incertidumbres e ignorancias', de Xavier Monsalvatje. Fotografía cortesía de la galería.

Imagen de una de las piezas que conforman la exposición ‘Entre incertidumbres e ignorancias’, de Xavier Monsalvatje. Fotografía cortesía de la galería.

Ricardo Forriols

 

Polification o la nerviosidad urbana moderna

Polification
Plastic Murs
C/ Denia, 45. Valencia
Hasta el 8 de abril de 2016

Vivimos en ciudades nerviosas -Roberto Arlt hubiera escrito epilépticas- que nos pueden. A veces es por su crecimiento extraño a través de planes generales de ordenación urbana haussmanizantes, a veces por costumbre, a veces por el modo en el que se superponen los sustratos de población, como capas de tiempo, en oleadas de emigración, como bandas organizadas, delimitando sus zonas de operación en barrios y arrabales.

Nuestro territorio, nosotros, nuestras ciudades de ahora, son la evolución post de la ciudad moderna que inventó la flânerie romántica del s.XIX y la vanguardia futurista del s.XX -siempre pienso en Metrópolis, el collage de Paul Citroën-, varias guerras mundiales y reconstrucciones postmodernas, todas las revoluciones (menos la próxima), la atención a fenómenos como la gentrificación y el sinsentido que gobierna este mundo mediático.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Cada uno en su casa y todos en nuestros distritos forzamos al límite las imposiciones de la ciudad. Empujamos las paredes de nuestros apartamentos y los mismos márgenes de lo urbano reinventando un mar de mampostería que es historia y recursos, tantas veces descuidados estúpidamente.

La pintura en cuadro de Manolo Mesa y Mohamed L’Ghacham muestran los escenarios, el espacio desgastado para la acción necesaria, fijando el lugar adecuado o las personas que lo habitan; la de Sebas Velasco traslada la potencia y urgencia del acto de pintar en la calle a través de su factura, subrayando la denuncia; por su parte, la estructuras geométricas de Alessandro Etnik construyen una visión abstracta, por ideal, de línea clara.

Los cuatro artistas anteriores desarrollan parte de su trabajo en la calle, y el contrapunto lo pone el hiperrealismo de Jessica Hess, que no interviene muros pero sí traslada al lienzo la belleza del horror vacui de una invasión total de tags y pintadas reales que, con su histeria, nos increpan contra el deterioro de nuestras ciudades.

Plastic Murs.

Polification. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Ricardo Forriols