“Todo producto cultural debe tener un coste”

Remando en el mismo barco (III) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con los ilustradores Lirios Bou y Pau Valls
Martes 19 de mayo de 2020

La vida se abre paso entre los escombros que ha dejado la pandemia, montañas de pérdidas humanas y económicas imposibles de calcular. Por su propia naturaleza, contumaz y resistente, la vida siempre sigue adelante. Durante las largas semanas, primero de confinamiento y ahora de desescalada —feas palabras que marcarán nuestra memoria—, muchos hombres y mujeres han cruzado ese umbral decisivo que es la paternidad, la maternidad. Lógicamente, se plantean infinidad de preguntas sobre el sentido de traer un nuevo ser a un mundo cada vez más incierto y peligroso. Pero la vida, el amor, se imponen a todas las dudas.

Una de estas parejas es la formada por los ilustradores alcoyanos, afincados en València, Lirios Bou y Pau Valls, que esperan a su primera hija, Jana, en la segunda quincena de mayo. Son jóvenes, pero su amor ha superado la prueba del tiempo porque se conocieron hace ya 15 años en la Escola d’Art i Superior de Disseny de Alcoy, donde Valls cursaba el ciclo superior de Ilustración y Bou acababa de comenzar bachillerato artístico. Poco después se mudaron a València para estudiar la carrera de Bellas Artes.

Ilustración de Pau Valls, por cortesía del autor.

Los dos se dedican a la ilustración profesionalmente, pero en diferentes facetas: “Aunque hemos trabajado para diversos clientes y tipos de encargo, nuestros perfiles difieren ligeramente”, dicen. Valls centra su trabajo en el cómic y la ilustración editorial, mientras Bou se dedica más al libro infantil y a la ilustración didáctica. Debutó hace un par de años como autora de un álbum ilustrado, ‘Ramiro el boxeador’ (Andana Editorial, 2018), por el que recibió el I Premi Llibreries Valencianes 2019 al mejor libro de literatura infantil. Una divertida historia que enseña a resolver conflictos sin violencia a través de las peripecias de Ramiro. Hijo del Tigre de Benicolleja, nieto de la Flaca Pegona, bisnieto de Puño Veloz y tataranieto de los mejores boxeadores del pasado, Ramiro entrena muy duro para colgar su retrato en el ‘Muro de los Campeones’ y que su familia se sienta orgullosa de él. Solo hay un pequeño problema: Ramiro no quiere pegar a nadie.

Por su parte, Valls ha desarrollado su carrera en varios frentes como ilustrador de libros infantiles en Anaya, Ediciones del Bullent y otras editoriales. También en la revista Camaruc. Sus dibujos de trazo limpio y elegante han ilustrado varias portadas de los suplementos de El País y proyectos solidarios como ‘Dibujos por sonrisas’. Como autor de cómic destaca su obra ‘Solo es ficción. Historias cortas en blanco y negro’.

Valls fue seleccionado, en 2008, para la XIII Bienal de Jóvenes Creadores de Europa del Mediterráneo, y para el Quinto Catálogo Iberoamericano de Ilustración, en 2014. Obtuvo el premio en la modalidad de cómic en los Premios Creación Injuve, en 2011. 

“A pesar de que habitualmente trabajamos de forma individual, muchas veces nos es imprescindible el apoyo del otro. Nos corregimos, nos damos ideas, sugerencias…, aunque debemos confesar que no siempre nos hacemos caso. Con la llegada del bebé nos hemos visto obligados a compartir estudio en casa y eso facilita esa interacción mientras trabajamos. ¡Por suerte nos llevamos muy bien y nos gustan estilos musicales parecidos!”

Ilustración de Lirios Bou, por cortesía de la autora.

A la crisis económica que inquieta a todos, en su caso se suma la preocupación de traer una persona al mundo en estos momentos tan inciertos. “En lo personal ha sido duro no tener cerca a la familia por el estado de alarma. En lo profesional, por suerte, no hemos notado todavía un gran golpe, pero sí hemos renunciado al descanso por maternidad/paternidad, y estamos aceptando encargos por miedo a que en el futuro próximo no vengan otros”.

Este último año, Bou ha compaginado su trabajo como ilustradora con su puesto en el departamento comercial de Edicions Bromera. “Esto nos permite afrontar la crisis con mayor tranquilidad, ya que dedicarse exclusivamente a la ilustración implica vivir en una inestabilidad económica constante”.

Sobre las medidas que debería implementar el Gobierno en el ámbito de la cultura, consideran “que cada sector tiene sus peculiaridades y cada uno necesitaría un tipo de ayuda diferente”. Sin embargo, “es indiscutible que una de las medidas más urgentes para todos los creadores, que ya lo era antes de esta crisis, es la regulación de la cuota de autónomos en función de los ingresos. Sería importante también desarrollar el ‘Estatuto del Artista’ y del ‘Trabajador Cultural’, un proyecto muy necesario en el que los creadores habíamos depositado muchas esperanzas”.

“Por otro lado”, añaden, “se debería crear conciencia de que todo producto cultural tiene un coste. Durante este período de confinamiento han sido muchos los creadores que han cedido obras desinteresadamente y sería muy triste que este acto de generosidad devaluara aún más nuestro trabajo de cara al futuro”, concluyen Bou y Valls.

Lirios Bou y Pau Valls. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«Creamos contenidos que reportan beneficios ínfimos”

Remando en el mismo barco (II) | Testimonios de parejas dedicadas a la cultura
Con los escritores Bárbaro Blasco y Kike Parra
Domingo 17 de mayo de 2020

La literatura es el sustento de esta familia. La formada por los escritores Bárbara Blasco, Kike Parra y sus dos hijos –Bruno, de 14 años, y Pol, de 9–, ambos de anteriores matrimonios. A base de inventar historias y enseñar a contarlas han conseguido salir adelante. Gracias a diversificar sus actividades lograban hasta ahora llegar a fin de mes, pues, como ellos mismos explican, solo un número muy reducido de autores puede sobrevivir de los libros. Por eso, además de publicar obra propia, imparten talleres de escritura creativa en Fuentetaja y otros centros como bibliotecas y universidades, hacen correcciones de textos y escriben artículos para Valencia Plaza y Lletraferit. ¿Será posible mantener esa estrategia a partir de ahora? Es la gran pregunta que se plantean y que inspira sus reflexiones sobre el difícil momento que atraviesa la cultura. 

“Tememos que, los que ya pendíamos del hilo de la precariedad, caigamos al vacío”, dicen. “La mitad de los talleres de escritura creativa se mantiene a través de las videoconferencias, pero con un tercio menos de alumnos, la otra mitad se ha pospuesto. Estamos escribiendo un guión para una serie de televisión, tratando de abrirnos a otros sectores donde la ficción no esté tan maltratada económicamente”. 

Bárbaro Blasco y Kike Parra. Imagen cortesía del autor.

Se conocieron, “como no podía ser de otra manera, gracias a la literatura”, cuenta Blasco. “Yo me enamoré de Kike primero por escrito, al leerlo. Y luego presenté su libro ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’. Tenemos un hijo de matrimonios anteriores cada uno, dos chicos que se llevan bien y discuten casi como hermanos”.

Llevan dos años juntos, pero se conocieron varios antes en el IVAM, donde Blasco ofreció una charla. “Cuando Bárbara terminó, pensé, ‘qué peligro tiene esta mujer, de aquí salen todos enamorados de ella'», recuerda Parra. «Yo me creí fuera de ese influjo, supongo que porque, entonces, estaba con mi pareja. Pero el tiempo y Bárbara, en eso, son implacables. Nos casamos hace un año. Meses antes le pedí matrimonio en la Librería Bartleby, durante la presentación de su novela. El presentador fui yo, y creo que me salió más mal que nunca. Le arruiné las ventas pero me dijo que sí”.

Sobre la política que debería aplicar el Gobierno para mitigar los efectos de la crisis en la cultura ambos tienen las ideas muy claras. Blasco sugiere medidas de urgencia como la compra de 300 libros a cada editorial valenciana (que ya ha hecho la Generalitat) u otras actuaciones en la misma dirección. “La cuestión clave es que se debería distinguir la industria cultural de la cultura. Porque estas medidas ayudan a la industria, pero no a los autores que generan la cultura. Se da la paradoja de que los escritores, salvo muy contadas excepciones, están completamente fuera de la industria cultural. Los grandes grupos editoriales sí mueven dinero, también las distribuidoras, mientras las pequeñas editoriales sobreviven a duras penas y las librerías hacen malabarismos para llegar a fin de mes. Pero los autores, a menudo, están fuera de la pirámide industrial o apenas la rozan de forma tangencial. Prácticamente, escriben los libros gratis, o por una cantidad simbólica, los promocionan gratis, con el incierto pago por el ahuecamiento de su ego”. 

Kike Parra y Bárbara Blasco en tono íntimo. Imagen cortesía del autor.

Aprovechando la pandemia, Blasco cree que las medidas deberían ser más profundas, “no solo torniquetes para detener la hemorragia, sino una reordenación de esta escala para mejorar el sistema. No es cosa solo del Gobierno, sino de toda la sociedad. Por ahí deberían ir los esfuerzos, por cambiar la narración. Resulta algo paradójico que, precisamente, los trabajadores de la ficción literaria no seamos capaces de construir un relato atractivo sobre la cultura y sus increíbles beneficios, sobre cómo los libros nos devuelven mejor equipados para la realidad. Sobre cómo nos hacen más felices”, concluye Blasco. 

Parra teme que la actuación de los Gobiernos “va a ser coyuntural e insuficiente”. Alude a datos contundentes como que el 80% de los escritores reciben menos de 1.000 euros al año por derechos de autor, que muchas editoriales o revistas de prestigio no pagan a sus colaboradores, o la gratuidad de numerosas iniciativas culturales difundidas a través de las redes durante el confinamiento.

“Tenemos que ser conscientes de nuestra parte de responsabilidad, pues solo así reconoceremos la realidad tan desastrosa en la que estamos inmersos”, reflexiona Parra. “Estos días hemos puesto sobre la mesa las deficientes condiciones laborales de quienes hacen labores de limpieza o quienes transportan los productos de un lugar a otro. Pero también muchas personas del mundo de la cultura estamos en circunstancias parecidas. Creamos contenidos que nos reportan unos beneficios económicos ínfimos. Con ello se genera la apariencia de que ‘la cultura’ funciona, y esa es la gran mentira: solo les funciona a unos pocos”, concluye Kike Parra. 

Kike Parra y Bárbara Blasco. Fotografía de Bruno Cantón.

Bel Carrasco