¿Las apariencias engañan?

I Am a Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 5 de agosto de 2016

“Dentro de la ornamentación encuentro una violencia que me interesa”, dice Natacha Lesueur, Premio Ricard en 2000 y cuya obra figura en las colecciones públicas y privadas más prestigiosas de Europa. En su primera exposición en nuestro país, la artista nacida en Cannes muestra en Espai Tactel esa violencia revelada por medio de la ornamentación. Lo hace a través de una serie de rostros y figuras femeninas reveladores de lo que anuncia el título de la exposición: I Am a Cliché. “Cliché en el doble sentido fotográfico y de estereotipo”, aclara Lesueur.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografías y estereotipos en torno a la mujer, unas veces retratada con pelucas de época o impresiones sobre la piel a modo de tatuajes modernos, y en otras evocando iconos de la cultura como Carmen Miranda. “Es representativa de muchas cuestiones ligadas al problema de la identidad”. Y Lesueur señala la condición de portuguesa que se fue a Brasil para después triunfar en Hollywood, donde se explotó su folclorismo (famosos fueron sus peinados rebosantes de frutas): “Pasó de la fantasía a la tragedia”, subraya la artista.

Esa conjunción de imágenes aparentemente seductoras, en las que aparecen huellas de cierta degradación o violencia, constituye el sello del trabajo que presenta en Espai Tactel. “Me interesa la ornamentación como huella, ya sea a través del pelo, las joyas o la ropa, en tanto marcas identitarias impuestas a la mujer”. Ahí estaríamos hablando de cierta imposición externa, a la que se superpone otra que bien pudiera ser interna, como en esas pelucas quemadas de dos mujeres gemelas. “Agresión interior o exterior”, cuestiona la propia artista, para aceptar que pueda ser “de los dos”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

De hecho, las pelucas, que remiten al barroco y a los tiempos de María Antonieta, fueron moda francesa impulsada por la propia reina de la corte gala. De manera que la ornamentación tiene una doble cara que Lesueur indaga en su trabajo. “Voy de la superficie a la profundidad y a esa lesión corporal focalizada en la peluca”. Y en la superficie de su obra se pueden contemplar rostros, nucas y figuras que atraen a primera vista, al tiempo que afloran señales inquietantes quebrando la imagen. “Es una crítica a la mujer como objeto de consumo”.

De ahí la importancia de Carmen Miranda: “Quedó encasillada y perdió su esencia real, acabando mal”. Lesueur rescata su imagen a través de una modelo que viene a revelar su carácter manipulable por los mass media. “Se ha utilizado su imagen como modelo de la carta del pantone, porque refleja su piel y los diversos colores de la fruta en sus peinados”. La artista toma esa referencia y le da una vuelta de tuerca: “Una mujer reinterpretando a otra mujer”. El caso de Carmen Miranda sería el de “la imagen superando al personaje”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

I Am a Cliché reúne una decena de fotografías, dos intervenciones en la propia sala y dos videos en torno a esa mujer estereotipada que, de tanto repetirse, termina por ofrecer una imagen degradada de sí misma. Degradación que Natacha Lesueur inscribe en su obra mediante ornamentos igualmente ambiguos, tan pronto impuestos, denotando la agresividad que ello supone, como asumidos para mostrar cierta diferencia. “Ambigüedad acerca de lo que quieres y lo que no”.

El rostro de una mujer cuya cabellera cumple la función del velo ofrece de nuevo la idea de “lo que aparece y desaparece”. También hay un paisaje hecho con una cámara especial de infrarrojos, sobre el cual destaca un rostro ambiguo sobre una peana. La figura y el fondo revelando una vez más esa doblez tan del gusto de la artista francesa, que en los videos explora las posibilidades de la imagen estática y en movimiento, del rostro con unos ojos saltones de Barbie. Lesueur acoge en la superficie de su obra ese gusto por lo femenino, repleto de huellas que orientan la mirada hacia capas más profundas. Capas, en todo caso, a flor de piel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Salva Torres

La autenticidad siniestra de José Hernández

José Hernández
Fundación Chirivella Soriano
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 6 de septiembre, 2015

José Hernández, lo recordó Manuel Chirivella, era un pintor del “soñar despierto”. De manera que cabría entroncarlo con el movimiento romántico, allí donde éste se hace cargo de la irrupción de lo siniestro como fenómeno estético allá por el siglo XIX. Romanticismo que viene a su vez a dar voz a todo aquello que la Ilustración, en tanto discurso de la racionalidad científica, negaba. De ahí que José Hernández (Tánger, 1944, Málaga, 2013) pintara despierto los sueños que sin duda nos atemorizan. La objetividad exacerbada de la vigilia dándose paradójicamente la mano con la no menos intensa visión subterránea de los sueños. ¿O habría que decir, para ser más exactos, pesadillas?

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Obra de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Porque en José Hernández se aprecia el encuentro, después de todo, de ambas tendencias disociadas de la mente humana. Por un lado, cierto naturalismo extremo, que se puede ver en la proliferación de extraños bichos y monstruos tan propios de la literatura fantástica. Y, por otro, cierto desgarro existencial, sin duda proveniente de esa misma pasión por alcanzar las capas más profundas del inconsciente. No es extraño, por ello, que ‘La metamorfosis’ de Kafka sea uno de los libros ilustrados por Hernández y, sin duda, de los mejores.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Obras de José Hernández en el Centro del Carmen.

Los artistas como José Hernández no se encuentran cómodos en los juegos de seducción y comunicación que ahuyentan lo real de la experiencia humana, para ofrecernos a cambio una visión reconfortante de nuestro paso por la tierra. Frente a esos otros discursos más amables de la lógica comunicativa o el glamour publicitario, Hernández contrapone el áspero acercamiento a la vida corrupta que el tiempo inexorablemente impone. Lo auténtico, parece decirnos José Hernández con su obra, se encuentra próximo a lo siniestro, nunca cerca de la almibarada realidad.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Ópera veneciana, de José Hernández. Centro del Carmen y Fundación Chirivella Soriano.

Esta práctica artística, que sin duda entronca igualmente con la prolongación del romanticismo que supuso la emergencia de las vanguardias, tiene mucho que ver con ese soñar despierto antes aludido. José Hernández, del que su viuda Sharon Smith dijo que trabajaba diez horas diarias en su estudio, se limitaba a plasmar lo que su mente afloraba durante su apasionada vigilia. De manera que más que interpretar los sueños que cristalizan en su premiada obra, lo que Hernández hace es dejar que estos emerjan a borbotones para captarlos al vuelo en estado de hipnosis.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Memoria meteorológica, de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

El Centro del Carmen del Consorcio de Museos y el Palau de Valeriola de la Fundación Chirivella Soriano han tenido que sumar sus espacios para acoger tamaña cantidad de seres monstruosos, a mitad de camino entre el sueño de la razón y su pesadilla siniestra. Más de 150 obras, entre las de su primera etapa (acogidas en Valeriola) y las realizadas a partir de los 80 (en el Carmen), que dan cuenta del desgarro existencial que provoca el encuentro de ambas exacerbaciones: la realista científica y la surrealista romántica.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Privilegios deshidratados, de José Hernández. Centro del Carmen.

Pinturas, dibujos, ilustraciones, carteles, esculturas y diseños de escenografías teatrales (conoció a Bacon, Buñuel, Ginsberg, Kerouac y Orson Welles, entre otros), que dejan espléndida huella del quehacer artístico del que fuera, con todo merecimiento, Premio Nacional de Artes Plásticas en 1981. Un quehacer basado en la autenticidad que, al estar ligada al horror, daría pie a otra historia no menos apasionada acerca de lo siniestro como destino del arte vaciado de dimensión simbólica. José Hernández la promueve con su obra inquietante y sin duda fantástica en todos los sentidos.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Detalle de una de las obras de José Hernández. Cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Los plegamientos barrocos de Javier Palacios

Shit Behind Beauty, de Javier Palacios
Galería Espai Tactel
C / Dénia, 25 B. Valencia
Inauguración: viernes 8 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 19 de junio

En las pinturas recientes de Javier Palacios (Jerez de la Frontera, 1985), el protagonista principal es una suerte de minucioso e infinito plegamiento de las superficies, el cual termina por apoderarse por completo de la escena, indistintamente de que ésta consista en el primer plano de una cara -anónima o conocida-, o, ya de manera autónoma, distintos materiales cuya naturaleza y origen deviene secundario en aras de resaltar, precisamente, su completo arrugado, abullonado, arrebujado, plisado…

Plásticos y envases, bolsas y blister, papeles metálicos, de aluminio, etcétera, son el repertorio iconográfico cuya notable técnica los aborda desde primeros planos que vuelven prácticamente irreconocible el motivo.

Beuys, de Javier Palacios, en 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Beuys, de Javier Palacios, en ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

La pintura, cuya inercia material (se arruga o se craquela) coincide aquí con los objetos representados, parece instalarse en un movimiento autorreflexivo muy de nuestros días. Pintura sobre las cualidades y los límites de la propia pintura, que indaga un doble límite frente a la abstracción: no sólo las “figuras” representadas tienden aquí, en las imágenes de Palacios, a rozar la frontera de lo irreconocible ahondando en el detalle de la reproducción, en la retórica de la mímesis (en algunos momentos hasta el borde del hiperrealismo), sino que a cada paso parece que lo que anima al pintor es cierta voluntad tautológica en torno a la capacidad de la disciplina de representarse a sí misma a partir de concentrar su figuración sobre los propios medios: el color, la materia, la unción, la capa, la adherencia…

Groov, de Javier Palacios, en la exposición 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel

Groov, de Javier Palacios, en la exposición ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

(…) El Barroco es el arte de lo informe por excelencia, y en esta línea, sólo que hoy ya con la ironía fría del distanciamiento, también podemos incluir a nuestro protagonista, quien por su parte ahonda en esa escuela de los pliegues de la materia ya sólo como paráfrasis e imagen-superficie.

Estas pinturas “impecables” de Palacios, que entre la abstracción y la figuración, pues, pero también entre la ventana y el espejo que ofrece tradicionalmente la vieja disciplina, nos dejan con la duda de si hablan del propio medio o se lanzan más allá.

Shroud, de Javier Palacios, en 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Shroud, de Javier Palacios, en ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

(…) El origen de este arrugamiento proliferante es múltiple: un síntoma de la senectud de la gran disciplina pictórica, cuya larga historia y experiencia, resabios y cuestionamiento, simulaciones y disimulos la han llevado al borde de la extenuación. Su cuerpo viejo es un campo estriado y profundo, de una densidad ya ilegible en su totalidad. Los rostros que presenta (y que la representan), ya no pueden aspirar a la inocencia, a decir las cosas por vez primera y con voz ingenua. Pero es también consecuencia de un movimiento de repliegue, que hace oscilar lo exterior frente a lo interior continuamente: la manifestación sucinta de que, casi como estroboscópicamente, lo profundo es la piel y viceversa. Lo más banal, los despojos, adquieren la forma suntuosa del drapeado, del envoltorio del cuerpo y, metafóricamente, incluso del alma; y así, los plásticos y celofanes de deshecho brillan con el tornasolado de los más suntuosos ropajes y telones, de telas damasquinadas, de la alta costura que sólo cubre un cuerpo ideal…

Lujo y luto, pues, como expresión última de cierto impulso barroco que Javier Palacios ha sacado al escenario desde el callejón trasero, donde se acumulan los desperdicios, y que haría las delicias de una sensibilidad como la de Caravaggio, tan atento a las texturas y los pliegues del mundo, de todos los rincones del mundo.

Origen, de Javier Palacios, en la exposición 'Shit Behind Beauty'. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Origen, de Javier Palacios, en la exposición ‘Shit Behind Beauty’. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Óscar Alonso Molina

Vida en mayúsculas ‘En el estanque dorado’

En el estanque dorado, de Ernest Thompson, bajo dirección de Magüi Mira
Con Héctor Alterio, Lola Herrera, Luz Valdenebro, Camilo Rodríguez y Adrián Lamana
Pentación Espectáculos
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Estreno: miércoles 4 de febrero
Hasta el 22 de febrero

Nadie dijo que la vida fuera fácil. Por mucho que la publicidad se esfuerce en seducirnos con lo contrario. Pero que no sea fácil no significa que tengamos que claudicar ante lo real: el hecho de la corrupción que impone el paso del tiempo, más allá de la presente. ‘En el estanque dorado’, la obra escrita por Ernest Thompson, llevada al cine por Mark Rydell y ahora estrenada en el teatro bajo la dirección de Magüi Mira, es un buen ejemplo de esa resistencia humana, heroica, por dignificar la vida en tiempos de descrédito casi generalizado.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat Valenciana.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat Valenciana.

Y como ejemplo de esa tarea hercúlea, nada mejor que poner sobre el escenario a dos grandes actores: Héctor Alterio y Lola Herrera, encargados de darle “alma” a sus dos personajes. “Es una pareja que lleva 48 años juntos y sigue ahí tan a gusto; siguen queriéndose, tocándose y teniendo el valor de la complicidad y de la generosidad”, explicó Lola Herrera. Ahí es nada. Por eso Luz Valdenebro, que les acompaña en el reparto, subrayó que la obra, más que hablar de la vejez, “va sobre la vida en mayúsculas”.

Una vida que será representada en el Teatro Principal hasta el 22 de enero, tras 250 funciones en salas de toda España. Aún así, Alterio precisó que la obra no la repetían en Valencia, sino que era una “función estreno”, porque su trabajo con Lola Herrera se convertía a diario “en una fiesta”. “Eso nos permite estar vivos”, agregó. Sus interpretaciones son, por tanto, un calco de la vida que representan: una pareja mayor que desmiente a Baroja cuando dijo que en la vejez uno no hace más que repetirse.

Héctor Alterio y Luz Valdenebro en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Héctor Alterio y Luz Valdenebro en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Nada de eso sucede ‘En el estanque dorado’. “Se habla de la familia, del choque generacional, de la muerte, pero la gente se ríe, carcajea, y en segundos se produce un silencio sepulcral que nos conmueve”, apuntó Herrera. Y todo ello debido a que la obra “está muy hábilmente escrita”. También a un elenco actoral que completan Camilo Rodríguez y Adrián Lamana, y a cuya cabeza se halla Héctor Alterio: “Yo dije que sí, porque está él”, reconoció la actriz de ‘Cinco horas con Mario’. “Trabajar con un súper como Héctor es un regalazo para mí”.

‘En el estanque dorado’ está “bañada de humor” y, a tenor de tan larga vida en pareja, se mueve a contracorriente. “Para acertar con la pareja hay que hacer tentativas”. Y aunque la obra de Ernest Thompson no da las claves para que tal cosa se produzca, “se ven los resultados”, afirmó Herrera, que fue un poco más lejos: “Es difícil, pero creo que ahora se trabaja poco en ese camino, en el de comprender al otro y el de regar el jardín todos los días, porque andamos todos deprisa”.

Héctor Alterio dijo mostrarse encantado con la oportunidad de trabajar por primera vez con Lola Herrera, que abundó en el tema de la pareja: “Antes eran señalados en el colegio los niños con padres separados y ahora resulta al revés”. Un problema que extendió de la pareja al trato con los hijos, asuntos ambos de los que se nutre principalmente el espectáculo dirigido por Magüi Mira, para quien “el goce es posible a pesar del implacable acoso del tiempo”. Goce magníficamente reflejado ‘En el estanque dorado’.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de 'En el estanque dorado', de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Héctor Alterio y Lola Herrera en una escena de ‘En el estanque dorado’, de Magüi Mira. Cortesía de Teatres de la Generalitat.

Salva Torres

Iñaki Torres, a tientas en Lotelito

‘Tanteando lo desconocido’, de Iñaki Torres
Lotelito
C / Las Barcas, 13. Valencia
Inauguración: miércoles 10 de septiembre, a las 19.00h
Hasta el 5 de octubre

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Tarjeta de presentación de la exposición de Iñaki Torres en Lotelito.

Se cuenta que Garbelli, un famoso boxeador, iba camino del cuadrilátero donde debía disputar un combate en Los Ángeles. De pronto, salió de entre la multitud un negro enorme, se abalanzó sobre él y apretándole entre sus brazos comenzó a besarle. Sin parar de sollozar, le dijo: “Soy tu adversario y te quiero”.

Hay artistas que se comportan igual ante una obra. Cogen la tela o el lienzo, lo miran, saben de la dificultad que supone liberar lo que lleva dentro y, aún así, aman esa adversidad porque, en el fondo, les sostiene en vida. Más que doblegar el arte a su voluntad creativa, simplemente se entregan al combate como si fuera su tabla de salvación. Y al igual que el púgil negro amaba a quien le vencía, el tipo de artista del que hablamos sostiene con su obra una idéntica pasión redentora.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres, parte de cuya obra se podrá contemplar en Lotelito a partir del miércoles 10 de septiembre, mantiene un mismo talante o espíritu creativo. Él mismo lo ha dicho en más de una ocasión: “Cuando yo pinto, no busco nada concreto”. Podría decirse de otra manera, sintetizando sus palabras: “Yo no pinto nada”. Entiéndase bien: pintar pinta y mucho, pero es su yo el que no pinta nada, el que debe retirarse para que exista la posibilidad de, sin buscar “nada concreto”, que “algo” pueda emerger desde el fondo de la tela.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Tarea sin duda prolija. Someterse a los dictados del lienzo requiere mucha paciencia y entrega, dos cosas que precisamente escasean en nuestra sociedad contemporánea. La paciencia, porque todo son prisas. Y la entrega, porque el “narcisismo de las pequeñas diferencias”, que diría Freud, impide la escucha del otro, en este caso la obra, desprovisto de cuerdas y amarres.

Iñaki Torres lo hace. Algunas de las obras expuestas han sido realizadas en Almería, allí donde el silencio se oye. Otras, en su casa de Bilbao. Y siempre, siempre, buscando las condiciones para que ese yo, tan necesario en la vida cotidiana, deje en el terreno del arte de pintar “nada concreto” y se limite a dejarse guiar por los dictados de la tela. De nuevo, el propio artista: “No entiendo la pintura como una búsqueda”. Sometido el yo, resignado a la suerte que le deparan tanto la paciencia como la entrega, no cabe búsqueda alguna; tan sólo esperar acontecimientos.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Porque eso es lo que nos deparan las obras de Iñaki Torres: una especie de acontecimiento. Puede ser más o menos luminoso, más o menos logrado, pero acontecimiento al fin. Es decir, algo que acontece de forma imprevista. Para lograrlo, el artista se deja llevar, aventurándose por caminos adonde el yo no llega. Prueba diversas materias y colores, a tientas, creando un manto de niebla sobre el lienzo. Y a medida que avanza con los dedos y pinceles por esa bruma creativa, algo empieza a emerger y, antes de que llegue a ser nítido, se queda unos instantes en la superficie del cuadro para enseguida desaparecer. Esa extrañeza perdura en todas y cada una de sus obras.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Iñaki Torres tantea la imagen explorando su misterioso vaivén. Él habla de difuminarla hasta que no queden de ella “más que unos pocos granos”, los suficientes para descubrir sus trazos, “la cosa que muestra y oculta al mismo tiempo”. Y es así, un tanto a la deriva, como el acontecimiento aflora en su obra. Aflora yendo de una orilla a otra, sin quedarse en ninguna, como temiendo ser atrapada la imagen por alguna conclusión apresurada. “Sin embargo, a veces se encuentra”, dice el artista.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición de Lotelito. Imagen cortesía del autor.

No esperen, en cualquier caso, encontrar algo definido, mucho menos definitivo. En la obra de Iñaki Torres todo acontece entre opuestos: colores brillantes y opacos; superficies en calma y agitadas; naturaleza exterior e interior, turbia y sosegada. Parafraseando a Machado, la obra de Iñaki Torres no existe de entrada, se va haciendo al caminar que, en su caso, es pintar. No hay un camino “concreto”, sino los muy borgianos senderos que se bifurcan. La obra expuesta en Lotelito son aproximaciones, pistas que él da para aventurarse en su pintura. Ya queda dicho: ninguna búsqueda de por medio. Abrazado al lienzo, Iñaki Torres explora aquello que más ama: la libertad de crear.

Obra de Iñaki Torres en la exposición 'Tanteando lo desconocido' en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Obra de Iñaki Torres en la exposición ‘Tanteando lo desconocido’ en Lotelito de Valencia. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Jose Antonio Picazo en el ICAV

Questions about el Nuevo Mundo, de Jose Antonio Picazo
En la “Sala de la muralla” del ICAV (Ilustre Colegio de Abogados de Valencia)
Pz Tetuán, 16. Valencia.
Hasta el 13 de Diciembre.

Esta exposición con titulo trilingüe (francés, inglés y castellano) habla de los ritmos heredados de la revolución industrial en nuestro mundo, habla de nuestra vida cotidiana, habla de una realidad que parece intangible. Antes de la revolución industrial los hábitos eran otros, los tiempos iban marcados por las estaciones, se acoplaban a los biorritmos de la tierra. Actualmente nuestros ritmos van marcados por la producción industrial, por las tareas repetitivas y diarias que nos impone el marco que nos rodea. Esta situación nos deja poco tiempo para sentirse en armonía con nosotros mismos y con la tierra que pisamos. Solo algunos privilegiados se han ganado el tiempo de la reflexión, el tiempo del desarrollo personal o simplemente se han ganado tener tiempo, uno de los mayores lujos de nuestra era. Actualmente se identifica a una persona por el oficio que tiene.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Esta revolución nos aportó también el “bienestar” que conocemos, una mayor esperanza de vida, un aumento importante de la población, grandes avances técnicos, científicos y sociológicos, que determinan el cómo y el porqué de nuestras vidas actuales. La obra presentada tiene el lenguaje universal de la pintura, habla de repeticiones, de saturaciones, de estructuras pero también de profundidad, de espacio, de vacíos, de futuro, de unir el fondo con la forma.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Esta exposición quiere ser una representación de las estructuras actuales de nuestras vidas, con la estética industrial que hemos heredado. También quiere mostrar otro camino con la posibilidad de diluir las estructuras presentes en otro proyecto de sociedad, donde el entorno natural que nos rodea tenga más importancia que la que le damos actualmente, y así mismo cambiando el entorno podremos progresar hacía otra identidad.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

La exposición también es un ejercicio de experimentación pictórica, donde se estudia, la textura, la profundidad, la expansión y las capas. Es un intento de romper con las reglas tradicionales para encontrar nuevas soluciones.
En definitiva “Questions about el nuevo mundo” es un espacio para la reflexión sobre el presente y el futuro.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Obra de Jose Antonio Picazo. Imagen por cortesía del ICAV.

Xavier Moingeon, leyendo entre líneas

Conexión, de Xavier Moingeon
Institut Français
C / Moro Zeit, 6. Valencia
Hasta el 15 de noviembre

No termina de estar claro en la obra de Xavier Moingeon dónde empieza el expresionismo abstracto del que se nutre, y dónde acaba el discurso analítico que se va derramando entre líneas. ¿Expresionismo analítico? Ésa es la sensación que destila su obra, siete piezas de gran formato expuestas en el Institut Français de Valencia, donde la gestualidad impetuosa del trazo parece sujeta por las riendas de la razón, como si los textos que acompañan las obras hubieran impedido volar más alto a sus expresivas formas.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Moingeon ha denominado Conexión al conjunto expositivo. Una conexión que los títulos y textos destacan, mientras las líneas sinuosas y los colores se pliegan a esa exigencia de entrelazar sentimientos opuestos. La impresión es que el movimiento de la mano ha seguido los dictados del pensamiento, perdiendo el vigor que la demanda racional de conexión exigía. De manera que las “fuerzas contrapuestas” invocadas en su obra, han dado como fruto cierto combate ganado a los puntos por la sugerencia temática.

En todo caso, la intención de Xavier Moingeon, en tiempos de febriles disputas excluyentes, es sin duda loable. La obra plástica expuesta en el Institut Français juega con ese entrelazamiento formal que figura en el planteamiento base. De manera que la conexión del título entre fuerza y debilidad, profundidad y superficie, lo justo y lo injusto, lo encadenado y lo libre, el movimiento y la pasividad, que sirven de contrapunto a cada una de las piezas, permite la ligazón del conjunto.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

En una de las obras sin título, Moingeon explica lo que parece el resultado final de su trabajo: “Sujeto y esclavo de su propia textura”. Otra de las piezas la describe así: “Trazos cargados de energía que se prolongan en movimientos involuntarios”. Pese a todo, su voluntad es diáfana: establecer conexiones entre esas fuerzas contrapuestas a las que alude constantemente. Y pesa más la voluntad que el trazo involuntario, permitiendo al espectador seguir el camino plástico, no exento de sinuosidades y diferentes colores, bajo la cadencia armónica del hilo conductor expresado en el título de la exposición.

Chapeau rouge, Cité Volante, Equité, Sorry Angel y varias piezas sin título conforman el conjunto. Un conjunto modulado tan pronto por “un cuerpo de mujer salido de formas cubistas abstractas” (sumisión y rebelión), como un ser vivo que “necesita de formas duraderas e idénticas para apoyarse en ellas” (lo justo y lo injusto). Xavier Moingeon va estableciendo esa Conexión entre opuestos con suma pericia dialéctica, restando la declaración de intenciones carga poética al sin duda bien estructurado conjunto expositivo.

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Obra de Xavier Moingeon en el Institut Français de Valencia.

Salva Torres