“Sólo quiero un poco de tiempo”

Olivia y Eugenio, de Herbert Morote, dirigida por José Carlos Plaza
Intérpretes: Concha Velasco, Hugo Aritmendiz, Rodrigo Raimondi
Teatro Olympia
C / San Vicente Mártir, 44. Valencia
Hasta el 31 de enero de 2016

“Yo quiero ser Concha, Conchita!”. Nada más. Porque, como ella misma dice, “yo no tengo nada que ver con los personajes que interpreto”. Aunque en esta ocasión haga una excepción: “La obra tiene un final esperanzador, por eso la acepté”. Porque, a pesar de los pesares, “apuesta por la vida”. Como Concha Velasco que, en Olivia y Eugenio, dirigida por José Carlos Plaza y presentada en el Teatro Olympia, parece encarnar la demanda de su protagonista: “Sólo quiero un poco de tiempo”. Tiempo que no tienen muchos de los actores ya fallecidos con los que ha trabajado. Y, de nuevo, las excepciones: “José Sacristán y yo, que somos de edad parecida, y Arturo Fernández, un poco más mayor, somos la imagen viva de la cultura de la posguerra”.

Con Olivia y Eugenio, texto escrito por Herbert Morote, la actriz vallisoletana prolonga esa cultura hasta la más rabiosa actualidad. “Se abordan temas importantes, pero para mí el principal sería el de quién es normal en este mundo”. Y se interroga por esa normalidad preguntando a su vez: “¿Lo son los corruptos, los terroristas, los traficantes?” Y todo ello para subrayar la presencia en la obra de Hugo Aritmendiz, actor con Síndrome de Down que acompaña a Concha Velasco durante todo el tiempo de la representación, algo que la actriz considera un hecho inusual.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en 'Olivia y Eugenio'. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Concha Velasco y Hugo Aritmendiz en ‘Olivia y Eugenio’. Imagen cortesía de Teatro Olympia.

Olivia y Eugenio trata de una mujer poderosa a la que le diagnostican un cáncer terminal. En semejante tesitura, piensa en el suicidio, no sin antes repasar su situación en el marco de esa actualidad plagada de corrupción, inseguridad y violencia. Sólo Eugenio, el hijo con Síndrome de Down, parece al margen de tan cruda realidad. “Ellos son adorables”, señaló Concha Velasco en relación a cuantos padecen esa enfermedad. “No tienen el germen de la maldad”, subrayó mientras cogía de la mano a Hugo Aritmendiz, nervioso ante los medios. Apenas pudo esbozar que trabajaba en una pastelería y que le gustaría seguir como actor.

La influencia de Eugenio en la vida de Olivia, marcada por ese cáncer, será determinante. A alguien se le escapó el final de la obra y Concha Velasco le restó importancia: “Sí, me convence para que no me suicide, pero tampoco pasa nada por saber el final, porque lo importante es todo lo que va sucediendo”. Esa “mujer socialmente poderosa se siente rechazada por tener un hijo con Síndrome de Down”. De ahí que la actriz pusiera de nuevo el acento en la supuesta normalidad del mundo, que desprecia a seres como Eugenio y acepta otra serie de comportamientos asociales.

Escena de 'Olivia y Eugenio'. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Escena de ‘Olivia y Eugenio’. Fotografía de Javier Naval. Teatro Olympia de Valencia.

Con cerca de un centenar de películas a sus espaldas, obras de teatro y series de televisión, Concha Velasco reconoció su “versatilidad” profesional como fruto de su biografía familiar. “Quizás se deba a que soy hija de una maestra y un militar que me educaron en la disciplina”. De ahí que tenga “tiempo para todo”. Eso y que lo suyo “es vocacional”. Contó que siendo niña ya le dijo a su madre aquello tan célebre de “mamá, quiero ser artista”.

También tuvo tiempo para ironizar sobre la presencia del hijo de la diputada de Podemos, Carolina Bescansa, en el Congreso. “Eso de llevar niños al trabajo… Estos camerinos han sido guarderías donde se han criado los niños”. Y puso como ejemplo sus dos hijos, a los que crío mientras iba de gira con espectáculos como Filomena Marturano. Eso sí, tanta versatilidad y tiempo para todo tiene igualmente sus excepciones: “Ahora todo el mundo quiere dirigir. Yo sólo quiero ser actriz”. Tener la suerte de “poder vivir otras vidas”, para después volver a ser sin más “Concha, Conchita”.

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Concha Velasco en 'Olivia y Eugenio'. Teatro Olympia de Valencia.

Concha Velasco en ‘Olivia y Eugenio’. Teatro Olympia de Valencia.

Salva Torres

“La guerra civil aún interesa a los jóvenes”

Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal
Editorial Mandor

Una locomotora, un grupo de maquis, una pareja de guardias civiles y el jefe de una estación. Son los distintos puntos de vista desde los que José Antonio Vidal Castaño urde un relato de corte cinematográfico, escrito “como si llevara la cámara al hombro en vez de un lápiz en la mano”, inspirado en un hecho real ocurrido en Teruel, en 1946. El asalto y robo a un tren en la estación de Caudé llevado a cabo por los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA) que consiguieron un importante botín, 750.000 pesetas de la época.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Cubierta del libro Asalto al tren pagador, de José Antonio Vidal Castaño. Editorial Mandor.

Asalto al tren pagador es el primero de una colección de doce relatos, publicados por  Mandor con ese título, elegido por el autor para encabezarlos, “porque las historias relacionadas con trenes tienen un halo entre romántico y aventurero”. Su hilo conductor es la guerra civil española, inagotable filón que ha inspirado no ríos sino océanos de tinta. “La guerra civil ya no apasiona tanto como en la Transición, pero sigue despertando interés, sobre todo entre los jóvenes que la ven idealizada como una época épica”, dice Vidal Castaño.

Aventuras, batallas, sexo salvaje y desenfrenado, tiernos recuerdos de la infancia, amor, humor y muerte se entrelazan en estas historias, “la mayoría escritas en los últimos años”, dice Vidal Castaño. “Si tengo una idea que puede dar origen a un cuento, la anoto en el primer papel que tenga a mano. Hay tres relatos  publicados en mi primer libro de narraciones, Ciudad sitiada, que he recuperado para conectar pasado y presente. Componen un libro que puede leerse cuento a cuento y salteados o todo seguido como si formasen parte de una novela.  En el orden hay un contexto común, los imaginarios  de guerra y posguerra, que parecen enredar y envolver al conjunto”.

De colofón, Vidal Castaño viaja al futuro y cuenta una sorprendente noticia, fechada en abril de 2019, que reproduce una patriótica receta de sopa de ajo a la burgalesa atribuida al  mismísimo General Franco, elaborada con productos genuinamente españoles.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds.

Imagen de la portada del libro Exiliados republicanos en Septfonds, de José Antonio Vidal Castaño.

Varios relatos están protagonizados por el inefable Oriol Ruvira i Furtamantes, inspirado en los personajes de Eduardo Mendoza. “Es una mezcla de periodista free-lance al servicio de quién le contrate y también un peculiar investigador privado, no exento de un toque de romanticismo y enajenación”, comenta Vidal Castaño. Las potentes figuras de Ernest Hemingway y Manolo Vázquez Montalbán también están representadas. “Además de ser dos grandes escritores, eran personajes polémicos, con amigos y enemigos, con personalidades poliédricas. Hemingway fue uno de los protagonistas de la guerra civil y se suicidó de manera poco usual. Vázquez fue protagonista, por sus escritos y actitud vital de la transición a la democracia en España. Ambos merecían el interés de un investigador tan peculiar como Oriol Ruvira i Furtamantes”.

Este año se publicará un nuevo ensayo histórico de Vidal Castaño, La España del maquis, 1936-1965 editado por Punto de Vista,  inicialmente en formato e-book. “Trata de ser un libro riguroso y a la vez de divulgación. Una visión panorámica de los maquis, de su mundo y de sus luchas en los más variados escenarios, desde Galicia o Cantabria hasta Levante o Andalucía, sin olvidar a los anarquistas catalanes y de otras zonas. Abordo esta temática con rigor pero sin academicismos”.

Doctor en Historia Contemporánea y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación, Vidal Castaño  ha combinado la docencia con la escritura en una doble vertiente, ensayo y ficción. Los maquis son uno de sus temas preferidos. “Fueron los resistentes contra el franquismo más silenciados y su historia se ha movido siempre entre la fantasía y la realidad en base a testimonios a veces confusos o incompletos y llenos de temor”, comenta. “El miedo y sus consecuencias en el comportamiento humano han tejido la historia de las gentes que militaron en la guerrilla o que la ayudaron, sin recibir nada a cambio. Es un terreno abonado a los actos de generosidad e incluso de heroísmo, pero también a las delaciones, emboscadas y actos de crueldad, entre los propios maquis y entre estos y sus perseguidores. Mientras que la figura del maqui era asimilada por el franquismo a la de un “bandolero”; para las fuerzas de oposición era un luchador por las libertades políticas; es decir casi un héroe de leyenda. Tal vez todo eso y la soledad e incomprensión en la que vivieron envueltos hizo de ellos una figura romántica y atractiva que me esfuerzo en encajar en personajes, paisajes y circunstancias que sin disminuir su halo romántico nos hagan ver también su lado más dolorosos y sórdido”.

Su próximo proyecto es una novela que a través de una pareja central y un perro camina desde la guerra civil hasta casi nuestros días. “Una novela que se inicia alternando escenas de amor con las de odio, celos, guerra, en la que aparecerán desde seres anónimos y corrientes hasta importantes figuras históricas, todos ellos, pasados por el tamiz de la imaginación”, concluye Vidal Castaño.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

José Antonio Vidal Castaño. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Ismael Teira, de camuflaje en Edimburgo

Ismael Teira. Argyle House – Dazzle Project
Interview Room 11
38 Castle Terrace
Edinburgh (Scotland)
6-28 marzo 2015
Inauguración: 6 de marzo, 6-8pm
Comisarios: Antonio Cervera y Ana G. Chouciño

El artista gallego Ismael Teira, afincado en Valencia, ha llegado a Edimburgo con una mirada distante con la que recorrerá las calles y la arquitectura de la ciudad por primera vez. Para esta exposición en IR11, Teira ha investigado la historia de Argyle House, un imponente edificio perteneciente al movimiento brutalista, que recientemente ha sido transformado en estudios de artistas, talleres y en la sede para la galería Interview Room 11 (http://www.ir11.org.uk/).

Ismael Teira en Interview Room 11.

Argyle House – Dazzle Project, de Ismael Teira en Interview Room 11 (Edinburgh, Scotland). Imagen cortesía de IR11.

La proximidad de Argyle House al castillo de Edimburgo ha provocado en numerosas ocasiones el debate sobre la demolición de este magnífico ejemplo de arquitectura brutalista de posguerra, aunque afortunadamente –o no– el edificio ha sido finalmente indultado. ¿Qué hacer entonces?

Mejor que derrumbar u ocultar, el camuflaje podría ser una opción mejor. Por ello, Teira mostrará al edificio desde diferentes puntos de vista camuflado a la manera de los buques de guerra, mediante la denominada pintura dazzle (pintura deslumbrante). La finalidad de dicha pintura era la de provocar una distorsión óptica que hiciera complicado conocer la verdadera forma y dimensiones del buque o su dirección. La relación entre estos diseños y el cubismo parece estrecha, y de hecho hay quien defiende el origen picassiano de la pintura de camuflaje.

El artista Ismael Teira, junto a Interview Room 11, base del proyecto Argyle House - Dazzle Project. Imagen cortesía de IR11.

El artista Ismael Teira, junto a Interview Room 11, base del proyecto Argyle House – Dazzle Project. Imagen cortesía de IR11.

Durante estos días Teira creará una maqueta del edificio con cajas encontradas en la calle. Este work in progress está siendo aprovechado por el artista para impartir un taller en el que cualquier persona interesada puede acercarse y ayudarlo en la creación de esta instalación. Los participantes, además, se familiarizarán con la pintura dazzle y camuflarán la reproducción utilizando esta curiosa técnica.

Esta exposición, posible gracias a la colaboración de Acción Cultural Española (www.accioncultural.es), es un paso más por parte de estos comisarios gallegos para afianzar la visibilidad de artistas españoles en Escocia. Este proyecto contará, además, con la ayuda de la diseñadora gallega Iria Aldrey Dono (http://www.ialdrey.com/), el fotógrafo David Guillén y Sandra García, que escribirá un texto para acompañar la exposición.

Ejemplo de buque intervenido mediante pintura dazzle.

Ejemplo de buque intervenido mediante pintura dazzle. Argyle House – Dazzle Project, de Ismael Teira en Interview Room 11. Imagen cortesía de IR11.

Ángela Cuadra: Outdoor Living

Ángela Cuadra: Outdoor Living
Galería Nuble
Daoiz y Velarde, 26. Santander
Hasta el 21 de junio de 2014

Outdoor living es la segunda exposición individual de Ángela Cuadra (Madrid, 1978) en la galería Nuble, en la que a través de alusiones al imaginario de la época de la Segunda Guerra Mundial, como los mensajes mediáticos o los papeles de pared, la artista construye una suerte de aproximación metafórica a un mundo que deviene crítico desde el momento de su gestación y cuya inestabilidad intrínseca aún resuena en nuestros días.

Ángela Cuadra, "Outdoor Living" (fotografías del montaje de la sala). Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Ángela Cuadra, «Outdoor Living». Imagen cortesía de la Galería Nuble.

La muestra expositiva hace referencia a una de las facetas del American way of life; la que como eslogan de un modo de vida alentaba al ciudadano americano en tiempos de posguerra a recrearse en su tiempo de ocio en la vida al aire libre. Ejercicio y distracción, cuidado del cuerpo, reuniones de estructura familiar, juegos que ayudan a la relación y refuerzan los lazos del grupo, etc. Por otro lado, este concepto resulta irónico si se coteja con una realidad en la que el espacio interior, dominado por la intrusión tout court de los medios de comunicación, parece ser el terreno de juego decisivo para el modelado de un tipo de sociedad profundamente atomizada y encerrada en sí misma. Y es así como, mostrando la ambigüedad de este límite permeable, las piezas de esta exposición se ubican entre el interior y el exterior, entre la función civil y la militar, entre lo que pertenece a la actividad diaria del ciudadano americano y lo que representa el ejercicio de la guerra.

Ángela Cuadra, "Outdoor Living" (fotografías del montaje de la sala). Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Ángela Cuadra, «Outdoor Living». Imagen cortesía de la Galería Nuble.

La exposición se organiza en torno a dos grandes grupos de trabajos, por un lado la serie “ORDERS”, que se desarrolla sobre diferentes soportes como el papel o las cajas de luz, y que contienen textos extraídos de los carteles originales de propaganda de la Segunda Guerra Mundial y posguerra norteamericanos, y por otro lado, el conformado por piezas de la serie “Home front” que utilizan otro referente claro, esta vez gráfico, del mismo periodo y de los años posteriores de la Guerra Fría, y que son los manuales de instrucciones publicados en la revista también norteamericana Popular Mechanics y los publicados por el Departamento de Defensa Civil del Gobierno y que se repartían en colegios e instituciones.

Ángela Cuadra, "Outdoor Living" (fotografías del montaje de la sala). Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Ángela Cuadra, «Outdoor Living». Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Ángela Cuadra es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, donde vive y trabaja. Vinculada a una nueva generación de artistas madrileños, su trabajo comenzó a difundirse a principios de esta década en el circuito independiente, en muestras como Casas y Calles, Mirador 05, Feedback y Off Limits. Seleccionada en la muestra del INJUVE en 2006, ha formado parte de numerosas exposiciones colectivas, como las reciente In situ (OTR Espacio de arte, Madrid 2013), Password (itinerante, 2013) o NEWS, EVENT & FRIENDS – NOTICIAS, EVENTOS Y AMIGOS…homenaje a Walter Hopps. Comisariado por Tania Pardo y Guillermo Espinosa (La New Gallery. Madrid 2013). Entre sus exposiciones individuales recientes destacan Trotzdem (la Eriza, Madrid) y Las Afinidades Electivas (Programa Interferencias, Galería Nuble), ambas en 2013.

Ángela Cuadra, "Outdoor Living" (fotografías del montaje de la sala). Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Ángela Cuadra, «Outdoor Living». Imagen cortesía de la Galería Nuble.

Chus Tudelilla presenta su nuevo libro en Zaragoza

Chus Tudelilla: Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953]
Edificio Paraninfo
Sala Pilar Sinués
Plaza Basilio Paraíso, 4. Zaragoza
Presentación del libro: 12 de mayo a las 20:00 h.

Chus Tudelilla, Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953], Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2014

Mathias Goeritz. Recuerdos de España. Chus Tudelilla (portada del libro). Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz. Recuerdos de España. Chus Tudelilla (portada del libro). 

Uno de los nombres fundamentales en el proceso de normalización y renovación del arte y la cultura española durante los años de la inmediata posguerra fue Mathias Goeritz (Danzig, 1915-Ciudad de México, 1990); un protagonismo que nadie discute pero que, sin embargo, no ha ido acompañado de la correspondiente investigación. Con el ánimo de subsanar este vacío historiográfico Chus Tudelilla defendió en la Universidad de Zaragoza, en 2012, su tesis doctoral Mathias Goeritz. Recuerdos de España [1940-1953], atenta a la presencia de Goeritz en el Marruecos español (1942-1945) como delegado en el Consulado Alemán de Tetuán del Instituto Alemán de Cultura; a su estancia en España (1945-1949); y a la continuidad de sus proyectos en Guadalajara, Jalisco, donde residió desde octubre de 1949 hasta 1953, cuando se instaló definitivamente en Ciudad de México. El primer volumen de la tesis doctoral centra el libro que con el mismo título acaba de publicar, en su colección «De Arte», Prensas Universitarias de Zaragoza.

Nicolas Muller, Retrato Goeritz, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Nicolas Muller, Retrato Goeritz, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

De su investigación, escribe Chus Tudelilla: La historia de Mathias Goeritz en España es también la de quienes decidieron quedarse tras la Guerra Civil, aislados y vencidos, pero anhelantes por avanzar, y la de los más jóvenes que eligieron abrirse al futuro. Con ambas generaciones, Goeritz compartió sus proyectos editoriales y artísticos. Es así que en los recuerdos de Mathias Goeritz están adheridos fragmentos de la historia de Tomás Seral y Casas, Ángel Ferrant, Benjamín Palencia, Ricardo Gullón, Josep Llorens Artigas, Pablo Beltrán de Heredia, Sebastià Gasch, Rafael Santos Torroella y Eduardo Westerdahl, con quienes realizó sus proyectos más importantes: la colección «Artistas Nuevos» y la Escuela de Altamira. Junto a los nombres citados aparecen otros, decisivos también en la cultura española de aquel tiempo: Juli Ramis, Nicolás Muller, Eugenio d’Ors, Francisco Nieva, Ángel Crespo, el grupo Pórtico de Zaragoza, Antonio Saura, Luis Felipe Vivanco, Juan Eduardo Cirlot y Carlos Edmundo de Ory. Y Alfredo Sánchez Bella, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Reguera Sevilla, Abel Bonnard o Jean Mallon, tan influyentes políticamente en sus proyectos. Sin olvidar a los mexicanos Ida Rodríguez, Josefina Muriel y Alejandro Rangel a quienes Goeritz conoció en Santander, y cuya intervención fue crucial para su viaje a Guadalajara, Jalisco, una vez que Ignacio Díaz Morales decidió incorporarlo como profesor a la Escuela de Arquitectura del Instituto Tecnológico.

Mathias Goeritz, Cartel de las Cuevas de Altamira, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, Cartel de las Cuevas de Altamira, 1948. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Las tres nociones defendidas por Dionisio Ridruejo para el inicio de un nuevo proceso en la vida pública española: integración, conciliación y diálogo, son las que, en opinión de Jordi Gracia y Domingo Ródenas, sustentan la convergencia intergeneracional que alentaría el proceso de restitución de la modernidad. Esas tres nociones están presentes en todos y cada uno de los proyectos realizados por Goeritz en España. Desde que se instaló en Madrid, a comienzos de 1947, apenas tenía tiempo de entrar en casa, atareado como estaba en resolver y poner en marcha las numerosas iniciativas que dieron voz a quienes no encontraban motivos para salir a la calle. En la librería-galería Clan del aragonés Tomás Seral y Casas, Goeritz tuvo acceso a las últimas novedades editoriales, celebró la primera exposición de sus pinturas, y conoció a Palencia y a Ferrant, con quienes dirigió la colección «Artistas Nuevos». Ferrant quedó prendado de la vitalidad de Goeritz y le permitió romper su silencio, descubriéndole obras y artistas, y compartiendo su memoria y sus inquietudes, que Goeritz no dudó en hacer suyas. Presentarse en nombre del maestro Ferrant era como llegar acompañado de una varita mágica, sobraban todas las explicaciones. Y Goeritz, consciente de ello, utilizó la varita mágica de Ferrant para reunir a quienes habían quedado aislados. Esa fue, sin duda, la mayor aportación de Goeritz a la cultura española de posguerra: trazar una cartografía del arte vivo con centros en Madrid, Zaragoza, Barcelona, Santillana del Mar y Tenerife.

Mathias Goeritz, Cóbreces, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco

Mathias Goeritz, Cóbreces, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco.

En el verano de 1948, en Santillana del Mar, Goeritz ideó el «Plan Altamira» que daba respuesta a uno de los temas que habían interesado a Ferrant y Palencia en los años treinta del siglo XX y que en la década siguiente volvía a estar de actualidad: la relación de la prehistoria y el arte moderno, motivo central de las discusiones de la Escuela de Altamira, de las pinturas y dibujos de Goeritz y de la programación expositiva y editorial de la galería Palma que, bajo su dirección, siguió editando la colección «Artistas Nuevos» -que Clan iniciara en enero de 1948 y retomaría, bajo la dirección de Seral y Casas, en marzo de 1949-, con títulos tan renombrados como Homenaje a Paul Klee, Niños artistas. Creaciones o Los nuevos prehistóricos, por estar en sintonía con las preocupaciones que en aquel tiempo ocupaban la atención del arte y de la cultura contemporáneos en el ámbito internacional.

Mathias Goeritz, En la montaña, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, En la montaña, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

En octubre de 1949, Mathias Goeritz llegó a Guadalajara, Jalisco, donde su presencia causó auténtica sensación, pues era mucho lo que llevaba en su maleta de viaje. La experiencia vivida en España explica que en apenas dos meses Goeritz lograra transformar el ambiente cultural de la ciudad: además de profesor en la Escuela de Arquitectura, alentó la apertura de salas de exposiciones y galerías de arte cuya programación dirigió, coordinó numerosos proyectos editoriales, y expuso sus obras. Los ecos de su estancia en Guadalajara llegaron a Ciudad de México, donde Goeritz colaboró con la galerista Inés Amor y con Luis Barragán quien, como Ángel Ferrant, fue su maestro. La construcción del Museo Experimental El Eco, su particular cueva de Altamira, señala el final de una etapa y el comienzo de otra nueva en la trayectoria de Goeritz; lejos ya de España.

Mathias Goeritz, Paisaje fluvial, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathias Goeritz, Paisaje fluvial, 1948. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

El 12 de enero de 1954, Elena Poniatowska publicó en el diario Excélsior de Ciudad de México la charla que había mantenido con Mathias Goeritz, a propósito de la estancia en México de Henry Moore, allá por las calles de Sullivan, en El Eco «esa especie de sueño futurista y de cueva de Altamira, Mathias Goeritz se anima, gesticula, se sienta y se levanta sin cesar, como todo buen alemán, y pinta infatigablemente constelaciones, parejas de amantes y gallos definitivamente pitagóricos».

El Eco, Ciudad de México, 1954. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

El Eco, Ciudad de México, 1954. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathiaas Goeritz, Gran guiñol andaluz, 1947. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Mathiaas Goeritz, Gran guiñol andaluz, 1947. Colección Instituto Cultural Cabañas, Guadalajara, Jalisco. Imagen cortesía de Chus Tudelilla.

Díaz Prósper y su Valencia turbia

La esquina de Cocotte
Fotografías de la Colección Juan José Díaz Prósper
Fotogalería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 8 de abril

Cuentan que Don Juan, al ver a una joven que se había colado desnuda en su cama, le dijo: “¡Qué haces, insensata, vístete y defiéndete!”. No entendía el aclamado seductor la posesión directa y sin ambages del tan deseado cuerpo femenino. Necesitaba el tiempo, la demora, la recreación, antes de llegar al momento culminante del acto sexual. El erotismo viene a ser algo así: la intermitencia, que diría Barthes, de la piel que centellea entre dos piezas, entre dos bordes, la puesta en escena de cierta aparición desaparición. El erotismo es todo lo contrario a las prisas y, sin duda, un progresivo desvelamiento que busca la disolución del cuerpo encerrado en los límites de la ropa. De ahí lo de vida disoluta. Y de ahí, también, la transgresión de cierto orden y su relación con lo prohibido.

 

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Todo eso y más es lo que nos propone Juan José Díaz Prósper mediante la exposición de sus más de 60 desnudos en Railowsky. Desnudos de los años 40, 50 y algunos de los 60 que, a modo de prehistoria del erotismo, reflejan el “mercado negro” de fotografías en los años del franquismo (“increíblemente, aún sigue siendo tabú”), como parte de una colección más amplia de 15.000 imágenes, de las que alrededor de 250 son exclusivamente eróticas. “Son reflejo del trasiego de fotografías que por aquellos años había, principalmente llegadas del extranjero, sobre todo de Francia”, comenta Díaz Prósper.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

COSQUILLEO ERÓTICO

Son fotografías anónimas que Juan José Díaz Prósper ha ido reuniendo, dejándose llevar por el “cosquilleo” de las primeras que entraron en su vasta colección. Imágenes que, para la exposición de Railowsky, ha bautizado con el sugerente nombre de La esquina de Cocotte. “No existe tal esquina como tal, pero sonaba gracioso, afrancesado y muy literario”. En cualquier caso, bien pudiera ser “la esquina de una famosa prostituta del barrio chino de Valencia”, como sugiere Juan Pedro Font de Mora, responsable de Railowsky. Sea como fuere, ahí están las 34 fotografías, que a su vez contienen series a modo de secuencia cinematográfica, revelando el carácter furtivo y prohibido de muchas de ellas.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Hay un poco de todo. Retratros de famosas vedettes de la época, cuerpos desnudos que se ocultan tras una guitarra, un sombrero, una silla o la más variada lencería, y mujeres posando en general como las pin-ups de calendario, tomando seductoras notas, bajo pieles de leopardo o sometidas por otra mujer al más perverso azote. Algunas fotografías, las menos, poseen cierta calidad artística, pero es el carácter documental lo que confiere al conjunto su inestimable valor. “Las de Ethel Rojo sí están cuidadas, con poses muy estudiadas”, apunta Díaz Prósper refiriéndose a las fotos de la vedette argentina fallecida hace un par de años, mientras subraya el valor documental del resto.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

VALENCIA TURBIA

Hablamos de la Valencia prohibida y de modelos cuyos desnudos provenían de los países europeos más abiertos que España en materia sexual. De ahí el mercado negro, el trasiego de imágenes y la “oculta pero potente industria” que existía alrededor del erotismo. Erotismo que, observando las imágenes de La esquina de Cocotte, llama la atención por ese carácter sepia y la profunda transformación del cuerpo de las  modelos comparadas con el glamour actual. Diríase que hemos pasado de las curvilíneas carnes naturales a las cumbres de silicona y los valles artificiales del photoshop.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la Colección Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Díez Prósper piensa que aunque hay “muchos desnudos en Internet”, la verdad es que “erotismo hay poco”. Eso sí, no cree que se haya perdido ni mucho menos. “En la vida cotidiana ves detalles que resultan muy eróticos”. Y se lanza a explicar lo que a su juicio es el erotismo: “la lentitud de movimientos”. Por eso ha querido que muchas de las fotografías de La esquina de Cocotte tengan ese aire de cámara lenta, esa desnudez progresiva que recogen algunos de los striptease mostrados en imágenes sucesivas. “Hemos suprimido algunas fotos que se repetían, para que la serie no fuera reiterativa”. Porque una cosa es la lentitud, esa caída espaciada de la ropa, y otra muy distinta el calco de poses dentro de una misma secuencia.

La colección erótica de Juan José Díaz Prósper, a quien La Nau de la Universitat de València ya le dedicó una exposición en 2011 titulada Patrimonio y Memoria. Fotografías 1839-1900, es testimonio vivo de esa Valencia prohibida de la posguerra. Haríamos mal en contemplar La esquina de Cocotte con aires de suficiencia democrática. No sólo porque, como subraya Díaz Prósper, el erotismo siga siendo tabú, sino porque el deseo humano jamás se pliega a las razones de la total transparencia. La esquina de Cocotte está repleta de enigmas.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Detalle de una de las fotografías de la colección erótica de Juan José Díaz Prósper. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres