“El mundo clásico es más adictivo que los superhéroes”

Pánikas, de Pilar Pedraza
Ediciones El Transbordador
Fecha de publicación: 23 de enero de 2019

Un cerebro tumefacto con un ojo incrustado en su interior servido entre viandas típicamente mediterráneas: higos, uvas y almendras. Es la impactante portada de la última ficción de Pilar Pedraza, Pánikas (Transbordador), una imagen que refleja el contenido de esta novela corta pero intensa, escrita en tiempo récord en la que la autora regresa al mundo contemporáneo sin perder el vínculo con el clásico y sus dioses paganos.

Sofía Fontbona, profesora universitaria, es invitada a participar en un seminario sobre la Antigüedad en una isla del Dodecaneso, donde sufre una intensa experiencia que desencadena una serie de episodios neurológicos que ella denomina, Surfear en el infierno (Surfear en los infiernos es el título de un relato previo germen de esta historia). “Pánikas es, ante todo, una novela del cuerpo, un diario de la enfermedad si se prefiere”, escribe en el prólogo Luis Pérez Ochando, autor del diseño de la cubierta (…) “Describe, sin concesiones, la fragilidad de nuestro envoltorio, la fragilidad de nuestra carne”… En el relato se insinúa la posibilidad de una utopía que concilia lo intelectual y lo sensual, una de las señas de identidad de Pedraza, así como el enfrentamiento entre lo racional y lo visceral, lo sagrado y lo profano, la vigilia y el sueño… En suma, una piedra preciosa más ensartada en ese collar de varias vueltas que es la obra de Pilar Pedraza.

Portada del libro 'Pánika', de Pilar Pedraza.

Portada del libro ‘Pánikas’, de Pilar Pedraza.

Con esta historia regresa al presente tras su trilogía ‘Las Antiguas’, pero sin renunciar al mundo clásico.

El mundo clásico es adictivo, más que los superhéroes y más que seguir la marcha del mundo por la prensa. Al menos para mí, que siempre he sido una niña rarita.

Se rumorea que escribió esta novela en sólo unas pocas semanas.

Así fue. Cuando supe que Jean Cocteau escribió ‘Les enfants terribles’ en dos semanas, en un hospital, mientras se desintoxicaba del opio gracias a la generosidad de Coco Chanel, me entraron unas ganas locas de emularle, a ver qué pasaba. Suelo ser muy lenta escribiendo, y una novela no me lleva menos de un año o más, algunas mucho más porque tardo en pillarles el mecanismo que hace clic, pero escribí ‘Pánikas’ en un rapto fulgurante de dos semanas y la corregí en una. Todo un récord del que estoy muy orgullosa. Cocteau, el maestro, sonríe desde donde se halle. Pero no lo recomiendo, es peligroso para las neuronas y se pierde mucho fósforo.

Da la impresión que ‘Pánikas’ es un frasco de esencia pedraziana en el que sintetiza sus leit motivs.

Es lógico que, después de más de treinta años escribiendo y publicando, una posea un estilo personal, unas obsesiones, unos fetiches reconocibles —lo contrario daría qué pensar—, pero ‘Pánikas’ está lejos de ser un destilado. Quizá todo lo contrario. Hay en ella una gran libertad, es como un juego, como una partida de ajedrez conmigo misma, pero de ningún modo un catálogo o breviario. Tiene algo en común con ‘La Pequeña Pasión’, pero nada con la trilogía ‘Las Antiguas’ y menos aún con ‘El síndrome de Ambras’ o ‘La fase del rubí’, por ejemplo. Y carece completamente de pretensión alguna: es lo que es, y nada más.

La protagonista sufre unos traumáticos episodios delirantes que denomina «Surfear en el infierno». ¿Es nuestra mente el peor demonio?

El cerebro a veces enferma biológicamente, y la mente lo aprovecha para producir horrores sensacionales, pero en sí misma no es un demonio ni está habitada por monstruos, sino por imágenes especulares más o menos deformadas. Yo amo a mis monstruos, pero me horroriza lo que puede pasarles a mis neurotransmisores.

Portada del libro 'Amante germano', de Pilar Pedraza.

Portada del libro ‘El amante germano’, de Pilar Pedraza.

¿No teme que sus colegas y ex alumnos se den aludidos por algunos de sus comentarios no muy halagüeños sobre el ambiente académico?

Si una ficción está ambientada en un universo universitario o en un convento o cuartel, es lógico que salgan a relucir roña y trapos sucios en cantidad. A estas alturas, eso es algo que no me produce la menor represión o autocensura. El ambiente académico está lejos de ser idílico y no veo inconveniente en expresar mis opiniones y recuerdos al respecto.

«Escucha y aprende, Sofía. El Gran Pan no ha muerto», termina el relato. ¿Nuestra sociedad presta oídos al dios fauno?

Todas las sociedades son malas, y para el que vive en ellas, pésimas. El dios de pezuña hendida no ha muerto, pero corre graves riesgos en el capitalismo ciego y lelo que nos ha tocado, como a otros les tocó la reacción termidoriana o las guerras púnicas. El peor peligro para nuestro Pan interior es que nos convirtamos en autómatas, burócratas o consumidores de basura. Hay que luchar contra eso.

¿Una feminista, bragada en las letras como usted, estará encantada con el movimiento ‘Me too’.

Lo estoy. Todo lo que haga avanzar la conciencia de las mujeres -y de los hombres inteligentes y por lo tanto feministas- es positivo, aunque produzca daños colaterales como toda revolución. Ya lo dijo Robespierre. El ‘Me too’ puede haber causado algún mal injustamente y que dé miedo a los machistas y sus beatas. De eso se trata, de romper el silencio, la sumisión y el abuso sexual de mujeres, niños y hombres, venga de donde venga.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

«Nada hay más fantástico que lo real»

‘El amante germano’, de Pilar Pedraza
El Club Diógenes
Valdemar

En el barrio de Carmen de Valencia en una calle sinuosa por la que fluyen torrentes de turistas habita una Aracné rubia de voz dulce que teje terroríficas historias. En sus últimas novelas Pilar Pedraza evoca el mundo antiguo grecorromano que conoce al dedillo pero impregnado de preocupaciones muy actuales, como el papel de la mujer en la sociedad o esos territorios ambiguos entre la vida y la muerte, lo femenino y lo masculino, lo humano y lo divino. Con ‘El amante germano’ cierra una trilogía que comprende: ‘La perra de Alejandría’ y ‘Las lobas de Tesalia’. Valeria es una joven patricia prometida a un germano integrante de la guardia del emperador asesinado durante una conjura. Viuda antes que esposa, contrae una profunda melancolía que su madre intenta aliviar recurriendo a una hechicera que propone modelar un muñeco de cera a imagen y semejanza de su amado. Pero sus planes no acaban como estaba previsto y se desencadena la tragedia.

¿Cuando la empezó a escribir ya tenía el germen de los tres libros en su cabeza?

Desde mi adolescencia he tenido la idea de cada una de estas novelas, de forma nebulosa. Con el tiempo han ido cobrando vida autónoma y ahora veo claramente por qué. Las tres tratan de mujeres de la Antigüedad que no se resignan a ser esposas y madres. Tienen vida y deseos propios y viven aventuras tan apasionantes y peligrosas como los hombres. Salvo ‘La perra de Alejandría’, inspirada en  Hipatia, son personajes ficcionales aunque, en su locura, verosímiles”.

Portada del libro 'El amante germano'.

Portada del libro ‘El amante germano’.

¿Respeta fielmente los usos y costumbres del mundo clásico o se ha tomado alguna licencia poética? ¿Es cierto que indultaban a los reos si de camino del cadalso se cruzaban con un grupo de vestales?

Lo de las vestales es rigurosamente cierto, como casi todo lo que aparece en la novela, aunque no se trata en absoluto de una novela histórica. Creo que las cosas tremendas que hay en ella son las más realistas. Y los personajes también. La belleza deslumbrante y la curiosa manera de ser del germano son verosímiles. Los emperadores tenían realmente una guardia germana con su propio cuartel y confiaban en ella más que en los pretorianos comunes. Por lo demás, mi libertad para manejar el mundo grecorromano es total, aunque descansa en muchas horas de estudio académico. Mis novelas y cuentos son ficciones fantásticas, pero nada hay más fantástico que lo real.

¿De dónde procede su fascinación por el mundo greco-romano y qué cree que es lo peor y lo mejor de la herencia que nos han dejado?

En ‘La vida de Brian’ se explica fantásticamente lo que debemos a los romanos. El legado grecorromano en nuestra civilización es enorme. Va desde la filosofía y la justicia hasta las carreteras, pasando por la mal llamada cocina mediterránea y el gusto por teñirse el pelo de rubio.

¿Con el personaje de Domicio Porcino, padre de Valeria,  ha querido representar el espíritu práctico y realista del páter familias?

El pater familias romano también es muy nuestro: un señor barrigudo, pragmático y dominante, que se dedica a sus asuntos públicos y al fútbol (perdón, al circo), ignorando los avatares sentimentales y las necesidades afectivas de sus hijos e hijas, alternando con prostitutas de más o menos nivel, y dejándolo todo en manos de la dómina (esposa y madre) y demás mujeres de la casa.

El capítulo que describe una jornada en el circo es uno de los platos fuertes del libro ¿Que las luchadoras, aurigas y cazadoras sean mujeres forma parte del mensaje feminista?

Las aurigas, gladiadoras y demás mujeres luchadoras son reales. En Roma había escuelas de gladiadoras, y se utilizaban prisioneras britanas guerreras en el circo para las carreras de cuadrigas. El hecho de que ese capítulo esté protagonizado exclusivamente por mujeres es un reto que me impuse a mí misma y al lector, para variar el punto de vista tradicional sobre los roles de género, pero en el fondo hay algo de verdad en todo ello.

¿Qué le diría a quien considera lo fantástico una forma de escapar de la realidad?

Que se lo haga mirar por una psiquiatra o que amplíe su cultura al respecto. La cultura de lo fantástico no es de evasión sino de introspección. Lo oscuro habita en nosotros y es bueno conocerlo y trabar amistad con ello, salvo que quieras mirar hacia otro lado y te entretengas -en el arte y en la vida- con comedias románticas más viejas que la tos y totalmente perniciosas. Lo monstruoso sirve también para sobrevivir en medio del capitalismo sin entrañas y no volverse loco.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor

Bel Carrasco

Nueva Era de lo Fantástico

Literatura fantástica
Juan Miguel Aguilera, Sergio R.Alarte, Sergio Mars y María Tordera
Febrero de 2018

Lo fantástico es fantástico. Valga la redundancia para subrayar la vitalidad de un género que incluye varios subgéneros pese a ser denostado como una vía de escape de la realidad. “Para mí la fantasía no es un escape, es una ventana”, dice Guillermo del Toro al respecto. “Su propósito es la interpretación de la realidad, no huir de ella”. Y Ursula K. Leguin hablaba de esos dragones que nos definen: “Quienes niegan su existencia a menudo acaban devorados por ellos. Desde dentro”.

La literatura fantástica gana cada día más adeptos entre lectores de todas las edades y sexos, y Valencia no es ajena a este fenómeno. Hace seis años existe una editorial especializada, Kelonia, se ha creado el Proyecto Artemisa integrado por siete escritoras centradas en lo fantástico, y la Facultad de Geografía e Historia acaba de celebrar un congreso que lo analiza desde una perspectiva académica. Podemos presumir de tener tres grandes maestras del género en muy diversos registros: Pilar Pedraza, Elia Barceló y Laura Gallego. ¿Para cuándo un festival FantaVal?

Portada de 'Otros reinos', de Richard Matheson.

Portada de ‘Otros reinos’, de Richard Matheson.

No es fácil trazar un mapa completo de tan extenso territorio imaginario pero lo intentaremos a través de cuatro autores que lo exploran y reflexionan aquí sobre su evolución, la irrupción de una oleada de mujeres que han revitalizad la ciencia ficción y el influjo positivo de Juego de tronos. Por orden alfabético: Juan Miguel Aguilera, Sergio R. Alarte, Sergio Mars y María Tordera.

Aguilera es un artista polivalente, ilustrador y guionista con siete novelas publicadas.  “Es casi imposible trazar una línea que separe la fantasía de la ciencia ficción”, dice.  “Me quedo con la definición que dio el escritor Norman Spinrad: ‘Ciencia ficción y Fantasía es el género literario que se publica en las colecciones de Ciencia ficción y Fantasía’”. A causa de la crisis mundial y la falta de expectativas reales en la conquista del espacio, “la ciencia ficción que triunfa ahora es la distópica situada, normalmente en un futuro cercano y reconocible, y en este mismo planeta, aunque no tiene por qué ser así siempre”.

Portada de 'Shadow Show'.

Portada de ‘Shadow Show’. Cuentos en homenaje a Bradbury.

Resalta la importante aportación de las mujeres a este tipo de  literatura que se proyecta hacia el futuro. “La ciencia ficción la inventó una mujer, Mary Shelley, y el género estaría muerto de no ser por las escritoras estadounidenses que, a partir de los años setenta irrumpieron con fuerza renovándolo por completo y llevándolo a un nuevo nivel. Sin Ursula K. Le Guin, Joanna Russ, James Tiptree, Jr, Pamela Sargent, C. J. Cherryh, etcétera, la ciencia ficción anglosajona se habría estancado. Ellas aportaron un nuevo punto de vista y una sensibilidad diferente ante los problemas humanos”.

Sergio R.Alarte es filólogo, hace seis años creó junto a Carmen Cabello la editorial  Kelonia y está a punto de publicar su cuarto título, Sibilla, Hija del Viento y Esencias, #Fenómeno 2012. Piensa que el influjo de Juego de Tronos ha sido positivo y que “la especulación con base científica” es la frontera que separa la fantasía de la ciencia ficción. “Las mujeres tienen una perspectiva que aporta muchísimo, con numerosas nuevas voces como Nora K. Jemisin, Charlie Jane Anders,  Margaret Atwood y  la maestra del género Ursula K. Le Guin. En el tratamiento de la sexualidad,  sentimientos y nuevas especulaciones se han hecho imprescindibles”.

Portada de 'El niño que quería ser un goonie', de Víctor Blázquez.

Portada de ‘El niño que quería ser un goonie’, de Víctor Blázquez.

Sergio Mars es biólogo  y autor de medio centenar de relatos fantásticos publicados en diversos medios. También considera positivo el influjo de Juegos de Tronos y opina que los lindes entre fantasía y ciencia ficción no son una frontera rígida, sino “un continuo con límites brumosos establecidos más por tradición y segmentación de mercado que en función de características objetivas”. La fantasía actual más puntera escrita mayoritariamente por mujeres permite verificar  “que no tenemos porqué limitarnos a los esquemas tradicionales o incluso históricos en la asignación de roles. Por inercia o falta de imaginación, no estábamos aprovechando a fondo toda la libertad que concede el género fantástico para romper esquemas”.

María Tordera es farmacéutica en La Fe y una de las escritoras del proyecto Artemisa. “Las mujeres han enriquecido la literatura siempre, aunque se les ha prestado poca atención.  Esto ha cambiado y sigue cambiando muy rápido y Úrsula K Leguin representa ese cambio. Pretender ver el mundo solo desde un punto de vista masculino es como querer ver con un solo ojo”. La evolución del género es espectacular, comenta. “Martin imprimió un giro y luego vino el subgénero grimdark de la mano de  Joe Abercrombie y otros. Obras como la de Ted Chiang con su antología La historia de tu vida, cuyo relato más importante fue adaptado al cine en La llegada. En la actualidad autoras como Jemisin o Addison están cambiando los géneros de lo extraordinario” concluye Tordera.

Escritores de fantástico.

De izda a dcha, Serio R. Alarte, Juan Miguel Aguilera, María Tordera y Sergio Mars. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Nunca te aburres de Cocteau”

Jean Cocteau. El gran ilusionista, de Pilar Pedraza
Editorial Shangrila

La escritora Pilar Pedraza disfrutaba y hacía disfrutar a sus alumnos de Historia del arte cada vez que abordaba en sus clases de Vanguardia la figura de Jean Cocteau. “Siempre me han fascinado su ligereza y su profundidad”, dice. “Es como un estanque de aguas transparentes en el que se pueden coger peces de un exotismo deslumbrante y  al mismo tiempo objetos cotidianos como una bota vieja. Y de vez en cuando pasa un ángel o se atraviesa un espejo y va uno a parar a la Zona, la región que separa el mundo de los vivos del Hades. Nunca te aburres con Cocteau”.

También tiene este autor mucho que aportar a las nuevas generaciones de  cinéfilos. “Su vigencia es total debido a la modernidad no estrictamente epocal de su cine”, afirma Pedraza. “A los cinéfilos más jóvenes puede interesarles la originalidad de sus películas, siempre marginales con respecto a la moda y a la industria, siempre autorales. Sus mejores títulos son La sangre de un poeta, La Bella y la Bestia, Orfeo, Los padres terribles y  El testamento de Orfeo. Entre las dirigidas por otros cineastas sobre textos suyos destacan: Los niños terribles (Jean-Pierre Melville), Las damas del Bois de Boulogne (Robert Bresson   ) o Tomás el Impostor (Georges Franju ), todas ellas obras maestras”.

Portada del libro Jean Cocteau. El gran ilusionista, de Pilar Pedraza.

Portada del libro Jean Cocteau. El gran ilusionista, de Pilar Pedraza.

Por todos esos motivos no lo dudó un instante cuando la prestigiosa editorial santanderina Shangrila, especializada en temas de cine, le propuso enriquecer la escasez de estudios originales en español sobre cineastas europeos. Eligió a su adorado creador parisino y así nació  ‘Jean Cocteau. El gran ilusionista’, que presentará en la próxima Feria del Libro en el Retiro de Madrid. “He disfrutado mucho con este trabajo al que he podido dedicarme a fondo tras mi jubilación como catedrática después de más de 30 años en la docencia”, dice Pedraza. “No he querido hacer una monografía académica, sino acercarme al creador y sus obras y hacer compartir su originalidad, su anarquía y su incómoda libertad de heterodoxo no iconoclasta”.

Con un prólogo de Luis Pérez Ochando, su “compañero de fatigas intelectuales”, el libro se divide en dos partes. Una dedicada a la biografía  y otra a sus películas con el complemento de los habituales instrumentos críticos. “Para documentarme he visto innumerables veces la cinematografía de Cocteau, incluidas películas y cortometrajes desaparecidos del mercado que me han proporcionado mis amigos, he leído en francés sus obras de teatro, novelas, poesía y ensayo, y he utilizado gran cantidad de bibliografía francesa y anglosajona. Escribir este libro me ha costado una pequeña fortuna, pero el objeto lo merece”.

Interior del libro 'Jean Cocteau. El gran ilusionista', de Pilar Pedraza.

Interior del libro ‘Jean Cocteau. El gran ilusionista’, de Pilar Pedraza.

Jean Maurice Eugène Cocteau nació en Maisons-Laffite, cerca de París, el 5 de julio de 1889, en el seno de una familia acomodada de la burguesía. Su padre se suicidó cuando tenía nueve años y quedó al cargo de su bella y glamurosa madre. Fue mal estudiante y precoz en su vida mundana con amantes famosas como la actriz Madelaine Carlier. Refinado, enfermizo, polifacético, opiómano y creador inagotable, fue el principal protagonista de su vida y de sus filmes. Además de escribir, tarea que solía ejecutar tumbado, pintaba, dirigía películas y hasta se dedicó a la cerámica. “El hilo que enhebra todas esas facetas es la poesía”, apunta Pedraza. “Cocteau se definía como un poeta de la poesía, del cine, del teatro…No se limitaba a narrar o poner en escena, sino que transfiguraba la realidad y la convertía en algo profundamente poético, con visos angélicos y gran transparencia, utilizando procedimientos como el intervalo entre dos mundos, tanto en cine como en teatro y otras artes”.

Sobre todo era un trabajador infatigable, a pesar de sus achaques. “No podía vivir sin trabajar, aunque tuviera que hacerlo en malas condiciones, como durante el rodaje de La Bella y la Bestia, cuando sufrió de ántrax y de una dolorosa infección dental, y a menudo tenía que abandonar el rodaje para acudir a curas en el hospital. Sufrió además varias curas de desintoxicación de opio a lo largo de su vida, una de ellas sufragada por Coco Chanel. Pero en plena desintoxicación escribía, y durante uno de esos lances compuso en pocas semanas la novela  Los niños terribles”.

Su vida sexual también fue atípica, pues entabló romances con mujeres y luego tuvo un par de relaciones estables con sendos actores, Jean Marais y Édouard Dermit. “Amó libremente a quien le gustaba, aunque es innegable que su homosexualidad prevaleció a lo largo de su vida. En su juventud tuvo un sonado romance con una actriz famosa y otro con una aristócrata rusa de la familia de los Romanov, pero las parejas que marcaron su vida fueron Jean Marais, su salvador en momentos de dificultades con la droga y Dermit, al que adoptó como hijo y fue heredero de sus bienes, materiales y de derechos. También fue introducido por Cocteau en el cine, en películas tan importantes como Los niños terribles, Orfeo y El Testamento de Orfeo”, concluye Pedraza.

Pilar Pedraza.

Pilar Pedraza con su libro ‘Jean Cocteau. El gran ilusionista’.

Bel Carrasco

Una dama gótica entre Eros y Thanatos

Pilar Pedraza. Premio Sheridan Le Fanu
Semana Gótica de Madrid
Octubre de 2016

A Pilar Pedraza le sienta bien el otoño. Tal vez por celebrar su aniversario y onomástica el 12 de octubre, empieza el curso con buen pie. Éste especialmente le está resultando productivo. El 20 de octubre fue entronizada como reina de la literatura fantástica dentro de la Semana Gótica que se celebra en Madrid desde hace ocho años dedicada a lo Dark. Se le entregó el Premio Sheridan Le Fanu, el primero otorgado dentro de este certamen, “en reconocimiento a una trayectoria literaria que mantiene vivo el espíritu de la literatura gótica”. Dicho evento ha ido cobrando fuerza estos últimos años y congrega a la élite de una tribu ávida de vampiros, zombies y cócteles sangrientos. Vestida canónicamente con un traje negro, la autora toledana afincada desde niña en Valencia recibió su diploma, ilustrado con un par de esbeltos esqueletos, en el Museo del Romanticismo.

Pilar Pedraza recibiendo el premio entre.

Pilar Pedraza recibiendo el premio entre Juan Carlos Somolino y Marjorie Eljach. Imagen cortesía de la autora.

“Yo no soy muy de premios y saraos ni suelo ir de escritora, pero este premio ha constituido una especial satisfacción para mí, por su oscuridad, por su nombre –que no renombre- y por su especialización en uno de los campos que más frecuento, aunque no sea el único”, dice Pedraza. “Me gusta también porque es la primera y sorpresiva edición, lo que garantiza su frescura e inocencia. Estoy agradecida a la Semana Gótica de Madrid y a su agradable personal.”

Días después del acto en Madrid, Pedraza presentó en Valencia su último libro de relatos, MysticTopaz, en un establecimiento dedicado a las piedras mágicas y saberes esotéricos de la calle Caballeros.  Es una tienda singular en la que se inspiró y en la que están ambientados muchos de los relatos que incluye en la obra. Se trata de una colección de cuentos fantásticos que versan tanto sobre la naturaleza y los monstruos como sobre la propia literatura gótica, y delatan el poso libresco de la autora. “Hay que leer mucho, ciertamente, para escribir algo coherente y gracioso sobre los zombis que aparecen en la trastienda, sobre los retratos de muertos o sobre determinados temas tibetanos. En Mystic Topaz hay mucha fuente libresca, pero también muchas impresiones de viajes y sobre todo el aprendizaje directo en la propia tienda, con los materiales en la mano y los personajes exóticos a la vista. He conocido personalmente a algunos de ellos espléndidos, como el chamán mexicano Sergio Magaña, el cabalista judío Eduardo Madirolas o el cátaro peruano Laurel, de los que he aprendido mucho, sobre todo a respetar y a amar lo que no pertenece a mi cultura”.

Cubierta de 'Mistyc Topaz', de Pilar Pedraza.

Cubierta de ‘Mistyc Topaz’, de Pilar Pedraza.

Igual que en Madrid, el acto en la tienda mágica supuso  un encuentro con sus fieles seguidores. “Suelen ser frikis de entre veinte y cuarenta años, mucha chica con aire independiente y madurotes que empezaron a leerme al comienzo y no me han abandonado. Cuando los conozco, me encantan, porque son gente ilustrada, amable y genuinamente amiga de lo raro, como yo misma”.

Incansable en su voluntad de maquinar historias y contarlas, Pedraza terminó este verano un estudio sobre la vida y obra del extraordinario creador Jean Cocteau (La Bella y la Bestia, Orfeo, La sangre de un poeta), que está a punto de salir al mercado en una cuidada edición.

Ahora  trabaja en una novela ambientada en el mundo grecorromano, que le encanta, punto final de su trilogía Las Antiguas, y en una serie de cuentos protagonizados por un Eros travieso, titulada Amores brujos, algo cruel y divertida, que se publican cada quince días en la revista digital La Charca literaria. Ilustrados por su asistente y amigo Luis Pérez Ochando, estos relatos verán la luz próximamente en un libro va a nacer con vocación de juguete minoritario.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

“Se puede hablar de dos tipos de Eros. El más antiguo y oscuro que procede del Huevo Negro y de las Tinieblas, que controla el amor entre los hombres, y el Cupido de arco y flecha que actúa cuando el amor es entre hombres y mujeres. Este es el Eros de mis cuentos, un niño juguetón, gamberro y sinvergüenza, que obliga a su hermano Anteros, hijo de Marte y Venus, a deshacer sus entuertos”.

La perra de Alejandría, en la que Pedraza noveló la vida de la filósofa Hipatia antes que Amanábar la hiciera famosa con su película, y Las lobas de Tesalia son los dos primeros títulos de la trilogía Las Antiguas. Con el tercero, cuyo título provisional es La leona en llamas,   recupera el mito poco conocido de una pareja griega, Protesilao y Laodamia, unidos por un profundo amor y obligados a separarse ante de sus esponsales a causa de la Guerra de Troya. Según el oráculo, el primer hombre en pisar las arenas troyanas moriría y éste es el caso de Protesilao, aunque los dioses se compadecen de la pareja y le ofrecen una segunda oportunidad.

“Es una novela de amor pero de amor trágico y amargo, con elementos mágicos. El denominador común con las anteriores es que está protagonizada por una mujer. Una mujer de la antigüedad y de poder. En realidad en todas mis novelas la protagonista es femenina. Primero porque me gusta que sea así, no por motivos sexistas o feministas, sino porque quiero invertir el patrón histórico ya que hasta el siglo XX  en la literatura y en el arte en general la mujer ha tendido a ser objeto, no sujeto. Es interesante dar ese giro porque la visión del mundo de la mujer sujeto es distinta a la del hombre, sobre todo respecto a la guerra,  la vida y la muerte, y eso enriquece la realidad”.

A veces le preguntan a Pedraza si su literatura es o no feminista. “Las mujeres que no son feministas son como los pobres de derechas”, suele responder. “Yo quiero un mundo igualitario, donde las mujeres no necesiten decir de sí mismas que son feministas, la sociedad no sea machista y no haya pobres ni ricos. Esa es siempre mi respuesta”.

Pilar Pedraza.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora. 

Bel Carrasco

“Lo fantástico va a más con la modernización del país”

Mystic Topaz, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La escritora Pilar Pedraza vive hace años en el barrio del Carmen. En medio de un entramado de callejuelas, plazas, recodos y recovecos en los que, a ciertas horas del día, el tiempo parece haberse detenido. Los edificios históricos y nobiliarios se alternan con los ruinosos y primorosamente rehabilitados. Los  ángulos muertos, con pasadizos secretos y laberintos mágicos. Pedraza se camufla en esa atmósfera y en un rincón del salón de su casa teje y entreteje brillantes tramas con las que captura a sus lectores. Su último libro, Mystic Topaz, una colección de relatos, se inspira en un curioso establecimiento del barrio dedicado a piedras exóticas y actividades esotéricas que frecuenta, aunque no crea ni deje de creer en tales cosas.

Cubierta de 'Mystic Topaz'.

Cubierta de ‘Mystic Topaz’.

Mystic Topaz. ¿El título del libro encierra algún significado esotérico? 

Mystic Topaz es el nombre de la tienda de objetos esotéricos donde se desarrolla la mayoría de las acciones del libro. Los topacios místicos son una variedad de gema tratada tecnológicamente añadiendo una finínisima capa de titanio a una pieza de topacio o de cuarzo de buena calidad, con lo que se logra un brillo y una gama de colores extraordinaria. Los topacios son las piedras de la alegría, para quien crea en esas cosas. No seré yo, desde luego.

Lo inició como una serie de cuentos que se publicaban cada semana en la revista digital desaparecida, El Butano popular. ¿Cómo llevó esa obligada periodicidad? ¿Cuál es el hilo conductor del libro?

Al comienzo, un relato a la semana me resultó demasiado y me agobió un poco, pero pronto pareció crecer en mi interior como una planta, mis fuerzas aumentaron y fui feliz cumpliendo el plazo, sobre todo cuando el hilo conductor del libro se marcó y tomó forma por sí mismo. Esto ocurrió al consolidarse las protagonistas, Delirio Presencia y Geles, y la comunicación entre ellas en el universo mágico de la tienda. Y cuando a lo fantástico se unió el humor.

Lo insólito, lo extraordinario y prodigioso impregnan la mayoría de los relatos. Sus lectores deben preguntarse en qué misteriosa y tal vez oscura biblioteca cosecha tales conocimientos.

Los relatos de Mystic Topaz  son de género fantástico, tanto los referidos a la naturaleza y los monstruos como los que tienen que ver con la literatura gótica. Hay que leer mucho, ciertamente, para escribir algo coherente y gracioso sobre los zombis que aparecen en la trastienda, sobre los retratos de muertos o sobre determinados temas tibetanos. Hay mucha fuente libresca, pero también muchas impresiones de viajes y sobre todo el aprendizaje directo en la propia tienda, con los materiales en la mano y los personajes exóticos a la vista. He conocido personalmente a algunos de ellos, como el chamán Sergio Magaña, el cabalista Eduardo Madirolas o el cátaro Laurel, de los que he aprendido mucho, sobre todo a respetar lo que no pertenece a mi cultura.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza en la Feria del Libro de Madrid. Imagen cortesía de la autora.

Emilio Bueso y usted son los únicos escritores españoles incluidos en el catálogo de la editorial Valdemar, ambos, por cierto instalados en la Comunidad Valenciana. ¿Por qué cree que apuestan por ustedes dos?

Porque somos los mejores. Bromas aparte, creo que Emilio y yo damos el perfil ideal de Valdemar por nuestra acentuada y fiel especialización en la literatura fantástica y de terror, y porque personificamos dos de sus más notables generaciones, yo la más antigua y clásica, y Emilio la más juvenil. También, supongo, publicamos en Valdemar por pura chamba y porque les gustamos a los editores, que son muy suyos.

Hace años se consagró como autora de culto con unos fieles seguidores. ¿Cuál es el perfil de sus lectores?

Por lo que veo en las redes y en la Feria del Libro de Madrid, suelen ser frikis de entre veinte y cuarenta años, mucha chica con aire independiente –alguna con un halcón en el puño, como te lo digo- y madurotes que empezaron a leerme al comienzo y no me han abandonado. Cuando los conozco, me encantan, porque son gente ilustrada, amable y genuinamente amiga de lo raro, como yo misma.

La literatura fantástica en España no gozó nunca de gran predicamento pero hoy parece que despega y atrae a los jóvenes. ¿Qué piensa de la evolución del género estas últimas décadas?

Sin duda va a más con la modernización del país. Cuanto más civilizado es un sitio, más se cultiva y se degusta en él la cultura Dark, por su carácter trasgresor y libertario. Hay que desconfiar totalmente de la gente palurda a la que no le interesan los vampiros porque no existen o a los que abominan de la tinta roja. En España la ignorancia está de parte de la Inquisición, como en todas partes, y la Inquisición de la inteligencia y del humor de cualquier color que sea éste. En el fondo pienso que la única literatura es la fantástica. Y Zola, claro.

El próximo otoño visitará la Feria Gótica de Madrid para cosechar el Premio de Literatura Fantástica a su trayectoria en el Museo Romántico. ¿Ya sabe qué atuendo va a lucir para la ocasión?

El de siempre. Soy de los que piensan que el hábito no hace al monje.

Portada de 'Lobas de Tesalia', de Pilar Pedraza.

Portada de ‘Lobas de Tesalia’, de Pilar Pedraza.

Si fuera bruja, ¿en qué tipo de hechizos y sortilegios le gustaría especializarse?

En lo concerniente a la resurrección de los muertos, como en Lobas de Tesalia, y también en la ayuda a los mismos a alcanzar la luz si están despistados, sobre todo a las víctimas de los accidentes. Pero lo cierto es que no soy bruja ni se espera que vaya a serlo.

El Papa Francisco quiere que las mujeres casen y bauticen. ¿Algún comentario al respecto?

A mí lo que quieran los papas me tiene sin cuidado. No pertenezco a su grey. Lo que sí me gustaría es que la Iglesia nos devolviera todo el patrimonio que nos ha robado.

¿Qué proyectos tiene entre manos?

Varios. Estoy terminando un estudio sobre la vida y obra del extraordinario creador Jean Cocteau (La Bella y la Bestia, Orfeo), para el que ya tengo una buena editorial, y maquino los inicios de una novela romana gore que completará la trilogía de La perra de Alejandría y Lobas de Tesalia. Me gusta mucho el mundo grecorromano. Actualmente colaboro con una revista digital llamada ‘La Charca literaria’ con pequeños relatos sobre las travesuras de Eros y otros niños del Olimpo. Espero que, como Mystic Topaz, se conviertan en un libro.

¿Cómo espera que salga el país tras el 26-J?

Trasquilado, pero peor de lo que ya está, imposible. Me gustaría que los partidos de izquierdas se unieran y nos sacaran del estercolero en el que nos ha hundido el bipartidismo; que la derecha heredera del franquismo desapareciera definitivamente y que nuestro país dejara de ser una monarquía bananera. Ya sé que son muchas cosas. Con una de ellas me conformaría, porque las otras irían detrás.

¿Le preocupa que GB abandone Europa?

Me tiene sin cuidado GB. Inglaterra no me merece ningún respeto. No contenta con no arreglar sus propios problemas e ir a la suya ilegítimamente en la Unión, incluido servirse de su propia, se está deteriorando económica y socialmente, y nos manda los peores turistas. Lo único que siento es que van a salir perjudicados los emigrantes, incluidos los españoles.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

«La izquierda ganará si no abandona al ciudadano»

Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

Algunos autores alcanzan una especie de estado de gracia por el cual ya no importa la historia que cuenten sino que sean ellos quienes la escriban. Sus fieles seguidores no se fijan en el título sino en la firma. Sí, es él o ella, y eso es lo que importa. Autores de culto que acuñan un estilo inconfundible y personal, un lenguaje propio y crean atmósferas envolventes que abducen a los lectores a otros mundos.

Es el caso de Pilar Pedraza, Catedrática de Historia del Arte de la Universitat de València y prolífica autora que a lo largo de su extensa producción combina ficción y ensayo. Lobas de Tesalia es su último título engarzado con La perra de Alejandría, un relato que nos dio a conocer a la filósofa Hipatia antes que Alejandro Amenábar la hiciera famosa con su película. También muy vinculado a su último ensayo Brujas, sapos y aquelarres en el que muestra sus amplios conocimientos sobre el tema, una cantera que junto a la Historia del Arte tan bien sabe explotar en su narrativa.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

En esta ocasión Pedraza emprende un viaje a la tierra de las brujas más maléficas. Tras el accidentado sepelio de su amiga Póstuma, Lupercia Marnia, matrona romana conocedora del poder de las hierbas, asume voluntariamente el reto de evitar que la difunta se convierta en larva o fantasma. Con este noble propósito se embarca en una aventura con la compañía de su sirvienta Cátula, el ex gladadior Lycofrón y Vegano, un joven erudito etrusco. Entre la realidad y la fantasía, la vida y la muerte, el bien y el mal, Pedraza se adentra en los pliegues más mórbidos y recónditos de la naturaleza humana en una historia que rezuma fino humor y amor por los más débiles.

Las mujeres de su novela gozan de gran autonomía e independencia. ¿Existían mujeres así en la antigua Roma? 

Las de muy alto copete y algunas prostitutas. Mi novela no refleja la situación real de las antiguas romanas sino mi capricho como escritora de ficción.

¿Qué es lo que le parece más moderno del mundo antiguo?

La corrupción política, la prepotencia de los privilegiados y la buena ingeniería.

Hoy día los muertos y sus fantasmas ya no mandan tanto sobre los vivos. ¿Es porque morimos ya muy mayores o porque nos da más miedo la muerte? 

Son cosas del cristianismo, que lo ha pervertido todo incluso la muerte. Para los antiguos la muerte era una cosa muy seria, que posteriormente se desvirtuó hasta desaparecer como parte de la vida y del destino. Ahora ya no hay muerte; hay una especie de “borrado” del que nadie quiere saber nada.

¿Qué tipo de feminismo es el que usted propugna a través de sus novelas y ensayos?

Yo no propugno nada, me limito a denunciar el machismo y a animar a las mujeres a que no se dejen manipular o maltratar. Y a recordarles que ser madre no es obligatorio. Mis heroínas son libres y eso les da cierto encanto.

¿Cómo ha tratado el arte a la mujer y su cuerpo? 

Como objeto imaginario y decorativo lo ha tratado bien y lo ha convertido en una mercancía deseable y en una golosina visual. Como tal, es disfrutable por cualquier género sin caer en el puritanismo o integrismo, siempre nefastos.

Portada de Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Portada de Lobas de Tesalia, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Junto a La perra de Alejandría este libro forma un tríptico greco-romano que culminará en un próximo futuro con un tercer título. ¿Cuál es el hilo conductor que cree que engarzará los tres relatos?

La cultura grecorromana reinventada, tipo Satyricon de Fellini o Medea de Pasolini, dos de mis películas predilectas. Nada que ver, por cierto, con la novela histórica al estilo de Yourcenar.

¿Se atrevería a trazar el perfil de sus incondicionales seguidores? 

Se enganchan todos si son imaginativos, sea cual sea su edad, género o condición. Agradecen la transgresión y el humor corrosivo.

Usted fue Consellera de Cultura en el gobierno de Juan Lerma. ¿Si volviera a ocupar ese cargo, cuáles serían sus prioridades?

Presentaría la dimisión inmediatamente. Estoy en una época de subversión mental y de escasa confianza en la política cultural.

Tras casi 30 años en la enseñanza universitaria, ¿qué es lo que más echa en falta en el sistema educativo?

Una pizca de inteligencia en las cúpulas ministeriales y un poco de interés por salir de la inopia por parte de los alumnos.

¿Qué futuro augura al gobierno de izquierdas? 

Le deseo lo mejor y espero que no deje de ser de izquierdas para hacerse lacayo de la oligarquía, como se decía en mi juventud siguiendo a Marx. Triunfarán si no abandonan a la ciudadanía.

Pilar Pedraza. Cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Cortesía de la autora.

 

 

Calles de película

Ciudades de cine, de Ediciones Cátedra
Coordinado por Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés
Participan: Pilar Pedraza, Juan López Gandía, Carlos A. Cuéllar y Carmen Guiralt

Cualquier ciudad puede convertirse eventualmente en un plató. Pero algunas grandes capitales son más conocidas a través de las películas que por las visitas turísticas. Escenarios de films memorables que han dado la vuelta al mundo: Nueva York, París, Londres, Roma, Venecia… Cuando el viajero llega a una de esas urbes experimenta una sensación de «déjà vu», de familiaridad, que nunca se da en otros lugares.

'Lost in Traslation' de Sofia Coppola, es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

‘Lost in Traslation’ de Sofia Coppola, es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

Sin embargo, una enorme distancia separa a la ciudad real de su proyección fílmica. Una película sólo ofrece una visión fragmentada, construida, imaginaria, tamizada por la mirada de los cineastas. Existen tres versiones distintas de una misma ciudad: la real que crece y se desarrolla gracias al esfuerzo de sus habitantes, la representada por los cineastas en sus obras y, por último, la percibida por el público como fusión de las anteriores, en la que ambas se complementan.

Estas tres visiones se funden en ‘Ciudades de cine’ una singular visión del séptimo arte a través de sus escenarios exteriores, editado por Cátedra, con 534 páginas profusamente ilustradas. Valencia no aparece entre las 29 ciudades mencionadas, pero cuatro valencianos integran el equipo de 31 autores, coordinado por Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés. Son: Pilar Pedraza, Juan López Gandía, Carlos A. Cuéllar y Carmen Guiralt.

Vacaciones en Roma, de William Wyler, es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

Vacaciones en Roma, de William Wyler, es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

“Como su nombre indica, el estudio analiza cómo el cine ha representado la ciudad desde el punto de vista de la Historia del Arte”, dice Carmen Guiralt. “También aborda muchas otras disciplinas, como la literatura y la fotografía, y, sobre todo, es un libro sobre cine. Un recorrido por las ciudades que con mayor frecuencia han servido de escenario cinematográfico: Nueva York, Roma, París, Londres, Venecia, Los Ángeles, Río de Janeiro, Sidney, Bombay, Barcelona, Shanghai, etcétera”.

Guiralt destaca que se trata de un libro carente de prejuicios desde el punto de vista cinematográfico. “El objetivo de cada uno de los 29 capítulos ha sido ofrecer una visión panorámica lo más completa posible de cada ciudad”, señala. “Es decir, la visión global que el séptimo arte ha reflejado de una determinada ciudad, incluyendo el mayor número de títulos posibles, films de todas las épocas,  distintos géneros cinematográficos y de diversas naciones. No sólo tienen cabida películas de calidad, sino todo tipo de películas, pues hay que tener presente que una mala película en ocasiones puede proporcionar una visión más amplia y rica de una ciudad que una buena”.

'El exorcista' de William Friedkin, aparece en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

‘El exorcista’ de William Friedkin, aparece en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

Nueva York es sin duda el plató más utilizado en la historia del séptimo arte, seguida de París, Londres, Roma, Berlín, Los Ángeles y Venecia. Otras ciudades que están cobrando una creciente importancia son Tokio y Pekín.  Aparecer más o menos en películas no influye en el prestigio de una ciudad, pero sí la hace más conocida. “Influye directamente en la imagen mental que nosotros como espectadores construimos de esa ciudad, aun cuando nunca la hayamos visitado”, indica Giralt.

“De manera inconsciente, pero firme, nos hacemos idea muy clara de las ciudades a través del cine. Siempre tenemos la sensación de haber estado antes en ese lugar y en ese proceso el cine es el máximo responsable. Tal y como se indica en la introducción del libro, en esa operación de reconstrucción mental influyen todas las artes, pero el cine es el que mayor impacto visual ha ejercido y ejerce en el público”.

Portada del libro 'Ciudades de cine', de ediciones Cátedra.

Portada del libro ‘Ciudades de cine’, de ediciones Cátedra.

Valencia no ha sido incluida porque el estudio se centra en las ciudades que mayor atención cinematográfica han recibido a nivel mundial, “y no es una ciudad que sobresalga por su presencia fílmica ni a nivel nacional ni internacional. De hecho, es célebre, por absurdo, el caso de la norteamericana ‘Misión Imposible II’, con la ciudad de Sevilla como escenario de fondo, que combina de forma delirante la Semana Santa, las Fallas y los Sanfermines, todo en uno”.

Las ciudades españolas que aparece son Barcelona, Madrid y Sevilla, con películas como ‘Apartado de correos 1001’ (Julio Salvador, 1950), ‘Los chicos’ (Marco Ferreri, 1959) y ‘Grupo 7’ (Alberto Rodríguez, 2012), respectivamente.

'Manhattan' de Woody Allen es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los editores.

‘Manhattan’ de Woody Allen es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los editores.

Bel Carrasco

“Cristianismo e islamismo dificultan la vida”

Brujas, sapos y aquelarres, de Pilar Pedraza
Editorial Valdemar

La palabra bruja es, posiblemente, la única del diccionario que se puede usar como insulto o halago, según el tono e intención de quien la pronuncie. En esa ambigüedad reside parte de la fascinación que inspira la figura de la bruja, representada tanto como una vieja arrugada y repugnante que como una seductora beldad.

De dónde surge la figura de la bruja, cómo evoluciona a lo largo de los siglos y qué huella han dejado en el arte y el cine. Pilar Pedraza responde a éstas y otras muchas cuestiones relacionadas con el mundo de la hechicería en su último ensayo publicado por Valdemar que acaba de llegar ‘volando en escoba’ a las librerías.

‘Brujas, sapos y aquelarres’ reúne la impresionante erudición que la autora ha acopiado a lo largo de casi cuatro décadas dedicadas al estudio de la manipulación de la imagen femenina en las bellas artes y a la enseñanza de la Historia del Arte en la Universitat de València. “Uno de los propósitos del libro es deshacer errores, disolver obviedades y sobre todo combatir las tonterías que se van acumulando sobre este tipo de temas por culpa de la ignorancia posmoderna –tan letal como la clásica-, y de una divulgación  ramplona por parte de los medios”, señala Pedraza.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

¿A qué se debe su fascinación por este tema?

Me interesa mucho la historia de las mujeres y más aún la historia de las imágenes que se han elaborado sobre ellas en las artes, o cómo se han configurado como personajes en la literatura. Llevo muchos años, unos cuarenta, escribiendo sobre este tema. Comencé con ‘La bella, enigma y pesadilla’, sobre figuras mitológicas; luego vino ‘Máquinas de amar, autómatas y ciborg’;  ‘Espectra’, sobre la bella muerta, y ‘Venus barbuda y el eslabón perdido’, sobre la mujer pilosa. He tenido la suerte de que interesaran a excelentes editoriales (Tusquets, Valdemar, Siruela), a pesar de que el ensayo no suele ser bien recibido por el mercado y las editoriales generalistas le tienen pavor.

¿La figura de la bruja encarna el recelo y el miedo que siente el hombre hacia lo femenino?

Más que el hombre, quien crea el recelo es la sociedad y la cultura patriarcal y machista, y quien lo maneja, el sistema y el poder. El hombre y la mujer son víctimas de ello casi en el mismo grado. Hablar de hombres o mujeres en el siglo XXI no tiene mucho sentido; son los sistemas, las tradiciones y las malas herencias las que nos rigen y contra las que tenemos que reaccionar hombres y mujeres, codo con codo. En la conciencia de los ciudadanos, en las buenas políticas, en la enseñanza y en los medios de comunicación responsables es dónde recae esta ingente tarea.

¿Tiene alguna bruja preferida? ¿Por qué ha prevalecido en la imaginería popular la bruja medieval de aspecto repulsivo?

Me encantan las brujas grecolatinas de Horacio, Lucano, Apuleyo, Petronio, y las grandes figuras de hechiceras como Medea y Circe, y sus proyecciones en el arte y el cine, porque en ellas se unen lo culto y lo popular, lo realista y lo imaginario, la madre abyecta y la femme fatale. Además, son hechiceras sin demonio; no tienen jefe, sino una diosa que las protege y que es totalmente admitida en el panteón grecorromano, con sus templos y su ritual: Hécate. Esto, en sí, no tiene nada que ver con el feminismo. Es la historia la que debe hablar, no las palabras sueltas de la opinión.

A su segunda pregunta respondería que importó crearla así en el tiempo de las grandes hogueras que asolaron la Europa católica y protestante desde el siglo XV hasta mediados del XVII. La vieja desnuda de Salvator Rosa o de Goya es una figura satánica, del mismo modo que el anciano desnudo es un titán cristiano, como en el cuadro de Tiziano, La Gloria (Prado). El cuerpo viejo femenino se sataniza (brujas) y el masculino se santifica. Las iglesias han actuado siempre en la configuración de este imaginario, bien de una manera brutal o bien armadas con todas las sutilezas del arte, intoxicando profundamente la cultura.

Portada de 'Brujas, sapos y aquelarres', de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

Portada de ‘Brujas, sapos y aquelarres’, de Pilar Pedraza. Editorial Valdemar.

¿Se puede considerar a estas mujeres pioneras del feminismo?

El feminismo es un fenómeno moderno y burgués que nace con la Ilustración. Las brujas no son pioneras de nada salvo de su propia historia. El aquelarre tiene que ver, hasta cierto punto, con la sociedad secreta contra en Antiguo Régimen, con la revuelta popular y con la jacquerie campesina, en un mundo feudal dominado por los señores y la iglesia. Desde el punto de vista de la historia de la cultura, interesa mucho no mezclar los conceptos, porque si no, no se entiende nada o se cae en la banalización.

¿Por qué durante varios siglos suscitaron el odio de la Iglesia Católica y  otras religiones? ¿Se usaron como chivo expiatorio?

Pues, sí, como los herejes, los judíos y los judaizantes. Las iglesias cristianas y sus sectas han sido enemigas de la mujer desde que se crearon hasta la fecha, y sus inquisiciones han enviado a la hoguera a una cantidad escandalosa de inocentes, hombres, mujeres y niños. El cristianismo y el islamismo han hecho la vida humana más difícil de lo que ya es de por sí, y en su propio favor. La memoria histórica sirve para comprender y relatar lo que pasó, para que no vuelva a ocurrir, pero también para castigar a quien proceda.

El demonio, el sapo, el gato negro forman parte del atrezzo brujeril. ¿Cuál es su papel en la realidad?

En los manuales de los inquisidores de la época de las grandes hogueras, que son libros tremendamente interesantes para darnos cuenta de hasta qué punto fueron ellos quienes crearon a las brujas antes de enviarlas a la hoguera, leemos que cuando una bruja hace pacto con Satán, éste le adjudica un diablejo ayudante, un “familiar”, que puede ser un sapo, un mono o un gato, cualquier animal tenido por repugnante, y ella le cose trajecitos: a estas monadas se le llama en los textos de la época “sapos vestidos”, o el animal que sea. Podemos decir que el bicho es una especie de mascota de la bruja, que el demonio le regala para ayudarla y no quitarle ojo de encima.

¿Qué movimiento artístico ha reflejado mejor el mundo de la hechicería?

Los cuadros de brujerías de los pintores de género barrocos de los Países Bajos, los grabados de Durero, los óleos de Salvator Rosa, las obras de Francisco de  Goya y de Félicien Rops, cada uno según su época. Son obras maravillosas, grotescas, siempre con un punto de sonrisa maligna.

¿Qué películas de brujas no hay que perderse?

Yo no me perdería: Haxän, Dies Irae, El Crisol, Lord of Salem,  Suspiria y La Bruja de Blair. Hay muchas más, pero estas que he mencionado, y que están en el librito con todos sus datos, son obras maestras del género con las que se podría montar un ciclo sorprendente.

¿La bruja es una especie ya extinta? ¿Queda alguna entre nosotros? 

Hay sectas de brujas no satánicas muy respetables y legales, conocidas y con páginas en Internet, creadas a base de elementos feministas (éstas, sí) y ecologistas, como la Wicca, a la que dedico mucho espacio en el libro, y también hay movimientos satánicos machistas de música rock, como el black metal, menos interesantes a mi modo de ver, pero que también tienen cabida en él. Lo que no es brujería sino charlatanería televisiva de la más baja estofa es el tarotismo espurio de ciertas cadenas, imagen patética no sólo de las pretendidas “videntes” sino de los espectadores embobados por sus miserables discursos.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Her: deseando amar

HER

Comenzaba el primer capítulo de la serie Paranoia Agent (2004) de Satoshi Kon con múltiples individuos conectados a sus teléfonos móviles. En Wall.E (Andrew Stanton, 2008), muchos preferían una comunicación cómoda y distante a través de un dispositivo electrónico antes que un trato más directo. En la última película de Spike Jonze, una nueva revolución informática ha acontecido: la inteligencia artificial ha evolucionado de modo tan abrumador, que un nuevo sistema operativo consigue paliar la asfixiante soledad de individuos con carencias afectivas. Las repetidas panorámicas de la ciudad ofreciendo cientos de rascacielos –interesante escenografía en donde los edificios rozan la ciencia ficción para sugerir un futuro muy próximo− reiteran la metáfora de esa soledad del hombre contemporáneo, de miles de vidas en línea pero con escasa conexión real. Sin embargo, Her no se ofrece como una película desalentadora, tanto la relación del protagonista con sus amigos, como la fotografía –si bien el exceso de los tonos pastel con aire retro resulta artificial en ocasiones, aunque pudiera ser intencionado, véase la escena de la playa−, sugiere un hilo de esperanza. Irremediablemente, las comparaciones con la película de la ex mujer de Jonze, Lost in Translation (Sofía Coppola, 2003) se deducen obvias. Ambas componen un retrato íntimo y minimalista de las relaciones en el contexto de la gran ciudad. Sin embargo, Her no sólo versa sobre la soledad y el deseo de amar, no consta de un solo punto de fuga. En ella se regresa a las mismas preguntas que planteara Blade Runner (Ridley Scott, 1982) o la reciente Eva (Kike Maíllo, 2011). Incluso podría decirse que la Samantha de Jonze recuerda a esa Kara de Quantic Dream (PlayStation 3, 2012), si bien la supera en independencia y evolución, mostrándose, a la vez, como reflejo del crecimiento personal, del deseo de complementariedad, posesión o pertenencia; de la aceptación del otro aunque carezca incluso de corporeidad. Samantha se incluye entre esa nómina de mujeres artificiales que describiera Pilar Pedraza, situada entre la extraña esposa de Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972) y La muñeca (1747) de Jean Galli de Bibiéna, una entidad en constante aprendizaje que nos sacude con un «¿y ahora qué?» al final de la película, interrogante especular de la angustia existencialista del hombre que se sabe solo y desea que el sueño de Pigmalión se cumpla.

Tere Cabello

Joaquin Phoenix interpretando a un abatido Theodore Twombly en Her, probable película trending topic para hipsters.

Joaquin Phoenix interpretando a un abatido Theodore Twombly en Her, probable película trending topic para hipsters.