Pilar Pedraza

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‘Vampiros en las sombras’, de Pilar Pedraza
Hermenaute, 2023

El 2023 está siendo muy fructífero para la escritora Pilar Pedraza, vecina ilustre del barri del Carme de València y asidua consumidora del Mercado Central. La editorial Valdemar acaba de lanzar una edición actualizada de ‘Brujas, sapos y aquelarres’, y la considerada su mejor novela, ‘La fase del rubí’ ha sido traducida y publicada, o lo será próximamente en Francia, Portugal e Italia, donde aparecerán también sendos libros de relatos: ‘Le jardin dufaune’ y ‘La pequeña pasión’ en italiano.

Pedraza no se duerme en los laureles y sigue trabajando como una leona en lo que será el estudio definitivo sobre el cineasta Agustí Villaronga, recientemente fallecido, gran amigo suyo, sobre el que ya publicó un ensayo que abarca parte de su trayectoria. Pero de lo que hoy toca hablar en profundidad es de su último y singular proyecto, ‘Vampiros en las sombras‘ (Hermenaute), un libro que debería venir con manual de instrucciones y, sobre todo, con prescripción médica para que los lectores no sufran una anemia galopante a causa de excesiva donación de sangre.

Antes de hincarle el diente a este pequeño y malicioso volumen, conviene verse de cabo a rabo la serie ‘Lo que hacemos en la sombras’, de los neozelandeses Taika Waititi y Jemaine Clement, una de las obras maestras contemporáneas en lo que a mitología vampírica se refiere, o algunas de las obras anteriores de esta pareja de creadores simpar: el cortometraje ‘Lo que hacemos en las sombras. Entrevistas con algunos vampiros’ (2005), el largometraje ‘Lo que hacemos en las sombras’ (2014) y la serie ‘Wellington Paranormal’, rodados todos como falsos documentales para potenciar la comicidad.

En su libro, Pedraza entra a saco en estos productos audiovisuales, los desmenuza, analiza y explora para que, a posteriori, el seriéfilo o cinéfilo pueda exprimirles el jugo y disfrutarlos al máximo. Estas son las instrucciones: ver la serie o películas, leer el libro y repetir la dosis con pleno conocimiento de causa. Vamos a ver qué cuenta Pedraza a MAKMA de este proyecto suyo, al alcance de los lectores.

Pilar Pedraza. Vampiros en las sombras

¿Qué crees que pensarán Waititi y Clement cuando se enteren de que, en las antípodas de su lugar de nacimiento, una señora que fue consellera de Cultura, profesora universitaria de Historia del Cine y escritora gótica les ha dedicado un librito primoroso? ¿No es una pena que no se traduzca al inglés?

Al inglés y al maorí. Todo se andará. Precisamente, ahora estoy siendo más traducida, gracias a Lucifer, el que porta la luz. Si a alguna editorial o productora le interesa, lo traducirá; si no, él o ella se lo pierde. Por otra parte, a los creadores de ‘Lo que hacemosen las sombras’ les encantaría conocerlo porque es un libro que se toma en serio su trabajo, realizado por una escritora universitaria y no por un crítico de medio pelo, como estamos acostumbrados a leer por ahí.

¿Qué les dirías si pudieras hablar con ellos tête a tête?

No tengo nada de qué hablar con ellos, la verdad. Han hecho su(s) obra(s), que son magistrales, y han triunfado, y yo he escrito sobre ellas con cuidado y honestidad. Enhorabuena a todos. No soy nada mitómana, pero nada.

Cuando fui consellera de Cultura de la Generalitat, bajo la presidencia de Joan Lerma, conocí y hablé con personalidades como Wim Wenders, a quien admiro profundamente, y en Sitges estuve con David Cronenberg, de quien había escrito un capitulo en ‘La nueva Carne. Una estética perversa del cuerpo’ (Valdemar), entre otros astros del séptimo arte. ¡Incluso cené con Elia Kazan, muy ancianito y simpático! Fueron experiencias encantadoras y doy gracias por ellas a Lucifer, pero totalmente prescindibles en mi vida y obra.

En las primeras piezas vampíricas de Clement y Waititi, todos los protagonistas son hombres. Sin embargo, en la serie destaca una mujer, Nadja, una vampira gitana de carácter. ¿Una concesión al feminismo o algo más profundo?

Los verdaderos artistas como Jemaine Clement y Taika Waititi no hacen concesiones salvo a las productoras, que son las que ponen la pasta sobre la mesa. Nadja es la primera gran vampira feminista de la historia, aunque esta palabra no salga a relucir en ningún momento en las obras que comentamos. Lo es y punto.

Lo explico en el libro con todo detalle. Se trata de un personaje fascinante, imprescindible en una mansión como la de la serie, compañera de vampiros adultos y con muchos siglos a sus espaldas. Si no hay mujer, no hay mundo, como dice una servidora, que es feminista hasta las trancas y no por ello sexista.

Los dos vampiros varones, Nandor y Laszlo, no pueden ser más distintos. ¿Qué aporta cada uno a la historia ?

Sí, son diferentes y antitéticos. Nandor es un vampiro musulmán y Lazslo un inglés cínico y libertino. Juntos producen un humor inteligente y, en ocasiones, surrealista –en el buen sentido de la palabra, tan desvirtuada en la actualidad–.

Dos grandes hallazgos de la serie son el vampiro emocional, Colin, y Guillermo, el familiar. Con estos dos elementos logran situaciones desopilantes que me gustaría que comentaras.

Ambos son muy graciosos: Colin Robinson, el vampiro diurno oficinista, no se alimenta de sangre, sino del tedio de sus víctimas ante sus peroratas insoportables, o del mal rollo que surge entre ellas. El entregado familiar que cuida de Nandor, Guillermo de la Cruz, de origen mexicano, es tierno como un bollo recién sacado del horno. Se autodenomina queer en algunas entrevistas, y en la temporada cuarta tiene un novio inglés guapísimo, de quien el propio Nandor se enamora.

Desde hombres lobos a fantasmas, los colegas y competidores de los vampiros pueblan la serie en un completo repaso al mundo sobrenatural en clave humorística. ¿Dónde crees que los autores se lucen más?

Se lucen casi siempre, pero sobre todo con las brujas y con los hombres y mujeres lobo, en ese orden. Poseen mucha cultura de lo fantástico y nunca caen en tópicos insulsos. Su elaborado humor, mezcla de inglés y maorí, juega con el mundo sobrenatural con absoluta eficacia y naturalidad. Se dirige a un público que no come palomitas sino bombones, creo yo.

¿Cuál es, en tu opinión, el punto o puntos cumbres de la serie?

El Consejo Vampírico, la conversión en vampira de la adolescente Jenna por Nadja, el enamoramiento de Colin Robinson de la sirena y el origen de la muñeca de Nadja.

Pilar Pedraza
La escritora Pilar Pedraza con un ejemplar de ‘Brujas, sapos y aquelarres’ (Valdemar). Fotografía cortesía de la autora.

En la cuarta temporada detectas cierta decadencia. ¿A qué se debe?

A lo de siempre, a la avaricia de las productoras, que cuando algo gusta muchísimo al público y tiene gran audiencia tienden a matar la gallina de los huevos de oro a base de pedirle más y más. Ponen más dinero y piden más espectáculo, más vistosidad, más jarana. A los enamorados del cine nos repugna esta tendencia, que no respeta a las obras ni a nosotros.

La presentación y títulos de crédito merece comentario aparte.

La música de Norma Tanega es un acompañamiento genial a la sucesión en los títulos de créditos de retratos de los vampiros, basados en obras de arte clásicas, que nos ha costado mucho detectar. En el librito hemos localizado y reproducido estas fuentes extraordinarias, gracias a la ayuda de mi colaborador Luis Pérez Ochando.

¿Qué te sedujo de los oscuros habitantes del caserón de Staten Island?

Además de atraparme sus historias, me fascinó su belleza, su exotismo y su originalidad. Me enamoré de todos ellos: de Nadja y su embrujo; de Nandor el Implacable y su apostura de príncipe oriental, y hasta del libertino Laszlo por su cinismo, con el que comulgo. Del vampiro energético Colin Robinson no me enamoré propiamente, como de los otros; es sugestivo incluso cuando se pone escatológico, y me cae bien, pero no lo amo. Hay demasiados como él en la vida real. Suelo llamarlos pelmazos y he aprendido a huir de ellos.