UN EMAKIMONO PORTÁTIL Y “ENCAPSULADO”

EMAKIMONO (proyecto de arte portátil para Tokio, Seúl y Pekin), por ENCAPSULADOS
Del 27 de junio al 12 de julio de 2016

Hace 9 años Encapsulados celebró su primera exposición en un hotel-cápsula de Tokio situado junto a la céntrica estación de Ebisu. Los habitáculos 610 y 612 medían poco más de un metro cúbico pero alojaron sin problemas una exposición de veinte pinturas, dibujos y fotografías que fue transportada hasta las correspondientes cápsulas en un par de bolsas de aseo.

Desde aquella primera exposición programática, Encapsulados ha comisariado once exposiciones dedicadas al pequeño formato y a reivindicar espacios tan singulares y poco previsibles como, por ejemplo, el interior de un depósito de agua en la Finca Roja de Valencia. Esa querencia por los lugares inusitados le ha llevado en algún momento a cierto grado de encubrimiento y prisa. La visibilidad de lo expuesto es muy limitada en esas ocasiones, pero queda compensada con la documentación posterior y su difusión a través de una red de simpatizantes encapsulados, cofrades de lo portátil y lo leve. José Oliver, a propósito de la instalación en el Albion Hotel de Miami, definió con mucha exactitud estas exposiciones como “breves y secretas, descubiertas en un descuido, al dirigir uno sus pasos de la piscina a la barra del bar, o al ser convocado clandestinamente por la organización”

Tarjeta Tokyo Encapsulados

Encapsulados tiene también algo de laboratorio. Encierra pequeñas dosis de la sustancia prescrita por los artistas en cápsulas visuales que deben tomarse sin tardanza porque, habitualmente en apenas una hora o, incluso, unos pocos minutos, se desmonta el artificio. Así fue en los casos mencionados de Tokio, Miami, Valencia y Hanoi, los más fugaces. También en Berlín y en Nueva York, pero ha habido excepciones. En algunas ocasiones las exposiciones de Encapsulados, previo acuerdo con el espacio expositivo, se exhiben durante un mes o dos, abandonan sus prisas y su discreción y, como dijo Degas, “sus secretos corren por la calle”.

Ahora Encapsulados sale de gira asiática por las ciudades de Tokio, Seúl y Pekín y presenta el trabajo de 19 artistas contemporáneos españoles en un emakimono (rollo de papel) de 11 metros de longitud y 50 cm de ancho, así como otras pequeñas piezas realizadas a propósito para la exposición como muestra de las poéticas diversas de los artistas participantes.

Imagen de la pieza Emakimono, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono en blanco’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

El emakimono portátil ha viajado de estudio en estudio. Con tan sólo unas determinaciones técnicas mínimas, cada artista ha trabajado libremente sobre un fragmento de ese papel enrollado. El papel es el soporte común en el que se amoldan todas las imágenes y el espectador tiene que enfrentarse a un trabajo colectivo sin sentido de continuidad, una obra inconexa cuyo objetivo es el de propiciar hallazgos. La imagen resultante es sin duda extraña, tensa, fragmentada, chirriante en ocasiones. Una asamblea ruidosa de pintores, como los convocados por Francis Picabia a pintar conjuntamente su obra El ojo cacodilato, que mostrará el carácter plural y diverso de unos artistas forzados a coexistir en una tira de papel. Ante tanta diversidad lo único que tal vez nos permita a la postre establecer cierta unidad o sentido sea su propia rareza resultante. Una rareza de artistas y para artistas dibujada y pintada en un emakimono. 

27-28 Junio ____ Sala de exposiciones de la Embajada de España en Tokio. Japón 30 junio -2 julio _ TOTAL Museum. Seúl. Corea www.totalmuseum.org/ 6 -12 julio _____ TAM. Today Art Museum. Pekín. China www.todayartmuseum.com/

ARTISTAS Pepe Medina / Joël Mestre / Teresa Moro / Jorge Tarazona / Fernando Vélez Castro María José Gallardo / Montse Caraballo / Felipe Ortega Regalado / Teresa Tomás Ángel Mateo Charris / Paco de la Torre / Gonzalo Sicre / Dis Berlin / Alejandro Calderón Gabi Alonso / Juan Cuéllar / Marina Iglesias / Roberto Mollá / Lebrel

ENCAPSULADOS Grupo formado por Juan Cuéllar y Roberto Mollá en 2007 Arte portátil www.encapsulados.info/ 

Imagen de la pieza 'Emakimono', perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

Imagen de la pieza ‘Emakimono’, perteneciente al proyecto. Fotografía cortesía de ENCAPSULADOS.

 

La felicidad completa de Horacio Silva

Shangri-La, de Horacio Silva
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 20 de septiembre de 2015
Prorrogada hasta el 30 de octubre 2015

Shangri-La es el paraíso imaginado por James Hilton en su novela Horizontes perdidos, después trasladada al cine por Frank Capra. Paraíso, utopía, tanto da. Un mundo ajeno a la codicia humana, donde la felicidad es una mezcla de vivir el presente proyectando hacia el futuro la armonía conciliadora del hombre bondadoso que también imaginó Rousseau. Horacio Silva viajó hace unos años a ese Shangri-La y lo que encontró fue una felicidad contradictoria, que ahora muestra en la Sala Ferreres (“no hay sala más bonita en España”) con obras de gran formato que vienen a cerrar un ciclo existencial.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

“Shangri-La para mí es el Centro del Carmen, porque aquí pasé los mejores años de mi vida como estudiante, de manera que esta exposición es el colofón, el cierre a un ciclo de mi vida”. Por eso Horacio reconoció que se trataba de la exposición “más importante de mi vida”. Shangri-La, aunque cerca del lugar bautizado con ese nombre, se refiere al espacio donde el artista valenciano trabajó durante su estancia en Pekín hace siete años. Nada que ver con la utopía evocada por Hilton en su novela.

“China es un país de muchos contrastes”, destacó Felipe Garín, director del Centro del Carmen. Contrastes como los que señaló el propio Silva, recordando las fachadas cubiertas de pan de oro de algunos edificios, junto a otras plagadas de mugre en el perímetro del aeropuerto alejado del centro de Pekín. Contrastes que pueden verse en el video que acompaña la muestra titulada precisamente Shangri-La. “Al principio pensé en el título de Ciudad Prohibida, incluso pensé en dividir la exposición teniendo en cuenta los pabellones que uno encuentra en esa ciudad, pero finalmente lo deseché con buen criterio”.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Más que trasladar ya sea la Ciudad Prohibida o el Shangri-La de Pekín a Valencia, lo que Horacio Silva hace es recrear sensaciones de ese viaje a Oriente. “No hace falta recurrir a Cavafis o a Ítaca para hacer un elogio del viaje”, estimó Garín, poniendo el acento en el trayecto más que en el propio destino, y subrayando cómo Horacio Silva “no se ha dejado llevar por el mimetismo de lo tópico”.

Sí es cierto que hay rostros de mujeres chinas, algunos mayúsculos y de un colorido desbordante, lo mismo que hay jinetes, relojes, piedras y joyas evocando aquellos pabellones por los que transitaba el emperador. Pero Silva, lejos de reproducir aquel ambiente vivido, esculpe sus sensaciones a base de colores bien distintos a los utilizados en su obra más reciente. “Hay verdes, rojos, rosáceos y violetas que no aparecen en mi pintura anterior”. Colores que vienen a reflejar igualmente el cambio social que se experimenta en el país asiático, donde el gris “debido al control ejercido por el régimen político”, va dejando paso a “colores fuertes y vibrantes en las fachadas”.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

Obra de Horacio Silva. Shangri-La. Centro del Camen.

El Shangri-La de la Sala Ferreres destila esa felicidad contradictoria del viaje como depósito de intensas sensaciones que el tiempo almacena. “La sala no se come la exposición”, precisó Garín. Puntualización que sirve a su vez para explicar la tensión entre el grandilocuente escenario evocado, nada menos que el lejano Oriente, y el materialismo poético de la obra expuesta. Melancolía del viaje, que el avión representa, pero que en el caso de Silva se abre en dos: “Como las lágrimas que aparecen en algunos de los cuadros, pueden aludir a momentos de tristeza pero igualmente de alegría”. He ahí la completa felicidad del Shangri-La de Horacio Silva.

Obra de Horacio Silva en 'Shangri-La'. Centro del Carmen.

Obra de Horacio Silva en ‘Shangri-La’. Centro del Carmen.

Salva Torres

Input: Fotógrafos españoles en China

INPUT_10 años de fotografía española en China
Diana Coca, Pilar Escuder, Jorquera, Héctor Peinador, Gisela Ràfols, Carlos Sebastiá
Comisaria: Susana Sanz
Dali International Photography Festival
Dali Old Town, Yunnan
Del 6 al 10 de agosto de 2015

Tras su éxito de público y crítica en Pekín (Aotu studio, 21 de marzo – 17 de abril de 2015), la exposición INPUT_10 años de fotografía española en China viaja al reconocido Festival Internacional de Fotografía de Dali (Yunan, DIPE 2015). La exposición muestra la obra reciente de seis fotógrafos españoles que viven y trabajan en China. Cada fotógrafo ha plasmado en su obra el análisis personal de China y el papel que ha jugado en su desarrollo creativo.

La mujer clitórica, de Diana Coca.

La mujer clitórica, de Diana Coca. Cortesía de la autora.

Desde el estudio de Jorquera sobre el creciente individualismo y la obsesión por el éxito entre la juventud china; pasando por la brutal transformación urbanística captada por la poesía fotográfica de Héctor Peinador y Carlos Sebastiá; hasta la supervivencia en un medio de extrema hostilidad sobre la que reflexiona Diana Coca o la preocupación que muestra la fotografía de Pilar Escuder por la incontrolada contaminación en ciudades como Pekín; y el análisis sobre la identidad de Gisela Ràfols.

Todas estas obras no solo arrojan luz sobre cuestiones socioculturales de rabiosa actualidad, sino que también revelan el trabajo de una brillante generación de fotógrafos españoles atraídos por China y por su cultura contemporánea.

La exposición organizada por Xd West-east Culture Agency y comisariada por Susana Sanz ha contado con el apoyo especial de la Embajada de España en China, la Fundación ICO, el Institut d’Estudis Baleàrics y el colectivo de fotógrafos Nophoto.

La muestra estará abierta al público desde el día 6 al 10 de agosto de 2015, en la sala 2-3 K de DIPE, tras lo cual se prevé que continúe su itinerancia.

Fotografía de Carlos Sebastiá.

Fotografía de Carlos Sebastiá, cortesía del autor.

 

Los rostros de Carlos Sebastiá en el OCCC

Rostros, de Carlos Sebastiá
Octubre Centre de Cultura Contemporània
C / San Fernando, 2. Valencia
Inauguración: miércoles 4 de febrero, a las 19.30h
Hasta el 28 de febrero, 2015

El Instituto Confucio de la Universitat de València inaugura este miércoles día 4 de febrero la exposición ‘Rostros’ de Carlos Sebastiá en el Octubre Centro de Cultura Contemporània de Valencia. La muestra de dibujos, que podrá visitarse hasta el próximo 28 de febrero, está  inscrita dentro de la serie de actividades que tiene programada el Instituto Confucio durante la semana del 16 al 21 de febrero, con motivo del ‘Año Nuevo Chino’ también conocido como Festival de Primavera, la celebración más importante de las fiestas tradicionales chinas. El 19 de Febrero de 2015 comenzará el año 4173 según el calendario chino, y corresponde con el año de la cabra de madera.

Uno de los rostros de Carlos Sebastiá en el OCCC. Cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

Uno de los rostros de Carlos Sebastiá en el OCCC. Cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

Carlos Sebastiá Ortega (Castellón, 1975) actualmente vive y trabaja en Pekín. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, finalizó sus estudios en la Universidad de CAFA (Central Academy of Fine Arts, Beijing). Artista multidisciplinar, utiliza en sus creaciones la fotografía, el dibujo, la pintura o la instalación.

Su trabajo ha sido expuesto en España, Francia, Portugal, Estados Unidos y China. Algunas de sus obras están en la Colección DKV, considerada como una de las mejores colecciones de jóvenes artistas españoles. Sebastiá fue finalista en el Festival Internacional Incubarte y galardonado con el Premio Espacial del Club Diario Levante.

Dibujo de Carlos Sebastiá en la exposición 'Rostros' del OCCC. Cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

Dibujo de Carlos Sebastiá en la exposición ‘Rostros’ del OCCC. Cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

En el inicio de su aventura en China, Carlos Sebastiá dedicó su atención a observar la cotidianidad de una sociedad en la que la tradición se mezcla con lo moderno. Maravillado por la expresión de las emociones en su nuevo entorno, intenta capturar en sus bocetos de ‘Rostros’ el lenguaje de los gestos, la mezcla de personalidades y la diversidad de estilos.

La exposición ubicada en el Hall del Octubre, muestra una instalación en la que a través de una serie de dibujos podemos leer entre sus trazos el vertiginoso cambio social de este inmenso y complejo país.

Uno de los rostros de Carlos Sebastiá en el OCCC. Imagen cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

Uno de los rostros de Carlos Sebastiá en el OCCC. Imagen cortesía de Instituto Confucio de la Universitat de València.

Héctor Peinador y su arqueología del silencio

Héctor Peinador. Fin de línea: una arqueología del silencio.

Meridian Space-C&C Park nº 77. Meishuan Houjie.
Beigin. China.
Hasta el 20 de Octubre.

La exposición está planteada como un viaje que nos conduce a través de las venas del cuerpo en ruinas de Pekín, desde el corazón de esta fantasmagórica capital arquitectónica del siglo XXI hasta el final de las líneas de su red de metro.

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La periferia de Beijing es la línea recta y fracturada que traza Héctor Peinador en sus paisajes urbanos de estratos, en sus composiciones fotográficas de restos superpuestos. Es el silencio metafórico de ese paisaje mudo y sin huellas donde los ecos del ruido de la construcción y la destrucción resuenan con mayor fuerza. Es el punto de partida desde donde millones de ciudadanos chinos se trasladan diariamente al centro para trabajar, en definitiva es donde sobreviven.

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En la periferia se levantan las fronteras que ocultan los lugares que no vemos y que nadie nos muestra. Ese límite surge del encuentro de diferentes tejidos urbanos y de sus texturas. Como la lente del fotógrafo que trabaja excavando en este palimpsesto que es Pekín, la mirada del espectador también se ve inmersa en esta labor de arqueología del silencio.

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Héctor Peinador es arquitecto de profesión, llegó a China hace más de cinco años (2009) y, desde entonces, su pasión por este país no ha hecho más que aumentar. Las obras que se exponen en la muestra Fin de línea: una arqueología del silencio, son reflejo de esta pasión y de la fascinación que, aún tantos años después, sigue ejerciendo la ciudad china sobre el artista. A través de estas fotos nos muestra la parte más invisible de la ciudad.

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Calles de película

Ciudades de cine, de Ediciones Cátedra
Coordinado por Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés
Participan: Pilar Pedraza, Juan López Gandía, Carlos A. Cuéllar y Carmen Guiralt

Cualquier ciudad puede convertirse eventualmente en un plató. Pero algunas grandes capitales son más conocidas a través de las películas que por las visitas turísticas. Escenarios de films memorables que han dado la vuelta al mundo: Nueva York, París, Londres, Roma, Venecia… Cuando el viajero llega a una de esas urbes experimenta una sensación de “déjà vu”, de familiaridad, que nunca se da en otros lugares.

'Lost in Traslation' de Sofia Coppola, es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

‘Lost in Traslation’ de Sofia Coppola, es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

Sin embargo, una enorme distancia separa a la ciudad real de su proyección fílmica. Una película sólo ofrece una visión fragmentada, construida, imaginaria, tamizada por la mirada de los cineastas. Existen tres versiones distintas de una misma ciudad: la real que crece y se desarrolla gracias al esfuerzo de sus habitantes, la representada por los cineastas en sus obras y, por último, la percibida por el público como fusión de las anteriores, en la que ambas se complementan.

Estas tres visiones se funden en ‘Ciudades de cine’ una singular visión del séptimo arte a través de sus escenarios exteriores, editado por Cátedra, con 534 páginas profusamente ilustradas. Valencia no aparece entre las 29 ciudades mencionadas, pero cuatro valencianos integran el equipo de 31 autores, coordinado por Francisco García Gómez y Gonzalo M. Pavés. Son: Pilar Pedraza, Juan López Gandía, Carlos A. Cuéllar y Carmen Guiralt.

Vacaciones en Roma, de William Wyler, es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

Vacaciones en Roma, de William Wyler, es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

“Como su nombre indica, el estudio analiza cómo el cine ha representado la ciudad desde el punto de vista de la Historia del Arte”, dice Carmen Guiralt. “También aborda muchas otras disciplinas, como la literatura y la fotografía, y, sobre todo, es un libro sobre cine. Un recorrido por las ciudades que con mayor frecuencia han servido de escenario cinematográfico: Nueva York, Roma, París, Londres, Venecia, Los Ángeles, Río de Janeiro, Sidney, Bombay, Barcelona, Shanghai, etcétera”.

Guiralt destaca que se trata de un libro carente de prejuicios desde el punto de vista cinematográfico. “El objetivo de cada uno de los 29 capítulos ha sido ofrecer una visión panorámica lo más completa posible de cada ciudad”, señala. “Es decir, la visión global que el séptimo arte ha reflejado de una determinada ciudad, incluyendo el mayor número de títulos posibles, films de todas las épocas,  distintos géneros cinematográficos y de diversas naciones. No sólo tienen cabida películas de calidad, sino todo tipo de películas, pues hay que tener presente que una mala película en ocasiones puede proporcionar una visión más amplia y rica de una ciudad que una buena”.

'El exorcista' de William Friedkin, aparece en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los autores.

‘El exorcista’ de William Friedkin, aparece en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los autores.

Nueva York es sin duda el plató más utilizado en la historia del séptimo arte, seguida de París, Londres, Roma, Berlín, Los Ángeles y Venecia. Otras ciudades que están cobrando una creciente importancia son Tokio y Pekín.  Aparecer más o menos en películas no influye en el prestigio de una ciudad, pero sí la hace más conocida. “Influye directamente en la imagen mental que nosotros como espectadores construimos de esa ciudad, aun cuando nunca la hayamos visitado”, indica Giralt.

“De manera inconsciente, pero firme, nos hacemos idea muy clara de las ciudades a través del cine. Siempre tenemos la sensación de haber estado antes en ese lugar y en ese proceso el cine es el máximo responsable. Tal y como se indica en la introducción del libro, en esa operación de reconstrucción mental influyen todas las artes, pero el cine es el que mayor impacto visual ha ejercido y ejerce en el público”.

Portada del libro 'Ciudades de cine', de ediciones Cátedra.

Portada del libro ‘Ciudades de cine’, de ediciones Cátedra.

Valencia no ha sido incluida porque el estudio se centra en las ciudades que mayor atención cinematográfica han recibido a nivel mundial, “y no es una ciudad que sobresalga por su presencia fílmica ni a nivel nacional ni internacional. De hecho, es célebre, por absurdo, el caso de la norteamericana ‘Misión Imposible II’, con la ciudad de Sevilla como escenario de fondo, que combina de forma delirante la Semana Santa, las Fallas y los Sanfermines, todo en uno”.

Las ciudades españolas que aparece son Barcelona, Madrid y Sevilla, con películas como ‘Apartado de correos 1001′ (Julio Salvador, 1950), ‘Los chicos’ (Marco Ferreri, 1959) y ‘Grupo 7′ (Alberto Rodríguez, 2012), respectivamente.

'Manhattan' de Woody Allen es una de las películas citadas en el libro 'Ciudades de cine'. Imagen cortesía de los editores.

‘Manhattan’ de Woody Allen es una de las películas citadas en el libro ‘Ciudades de cine’. Imagen cortesía de los editores.

Bel Carrasco

Iconos del destino de Luis Baylón y Judas Arrieta

Iconos del destino de Luis Baylón y Judas Arrieta
En el Octubre. Centre de Cultura Contemporánea
C/ Sant Ferran, 12. Valencia
Desde el 29 de Noviembre
Hasta el 4 de Enero.

El Instituto Confucio de la Universitat de València presenta desde el próximo viernes 29 de noviembre hasta el 4 de enero del 2014 en el Octubre Centre de Cultura Contemporánea, la exposición “Iconos del Destino. Luís Baylón y Judas Arrieta”. Una muestra que recoge dos visiones de la cultura China, desde la pintura, el dibujo y la fotografía.

Luís Baylón (Madrid, 1958) autor de referencia en el panorama fotográfico español, y reportero urbano por excelencia, presenta una serie de retratos de los habitantes de Pekín en blanco y negro, mostrando el carácter de una población que oscila entre la familiaridad y la modernización más extrema. “Mes pekinés” recoge la imagen de una población anónima, frente a una ciudad que emerge a las olimpiadas del 2008, inundada por grandes construcciones de Koolhaas, Herzogs y Fosteres, que invaden con su belleza y grandeza, la pequeña cotidianidad de sus habitantes.

Obra de Luis Baylón. Fotografía por cortesía de la galería.

Obra de Luis Baylón. Fotografía por cortesía de la galería.

El proyecto que se presenta está realizado en el año 2007. Imágenes de soldados, cocineros, ancianos, niños o barrenderos cuyas miradas atentas conviven entre el viejo adagio de la “esencia china” y la espectacularidad de la “técnica occidental”. Fotografías que nos muestra la hospitalidad, tranquilidad, adaptación y empatía de los habitantes ante un espectáculo al que parecen ser inmunes. Y es que los pekineses, a pesar de la gran fiebre del consumo que los contagia, mantienen en su memoria el humor y la sabiduría tradicional de una sociedad que sabe del misterio de estar vivo. Vanguardia y postmodernidad pudiente, que entraña éxodos y anuncia un mundo para el otro, un mundo para aquel que expande su ciudad. Las fotografías de Baylón nos descubren en las calles de Pekín, ese cuerpo a cuerpo, esa interrelación entre tradición y modernidad, de asimilación y convivencia. Imágenes que nos revelan a través de su objetivo, y con la más absoluta respetabilidad, la alegría, la belleza, soledad, amor y humor de una población que nos descubren a unos en los otros.

Obra de Luis Baylón. Fotografía por cortesía de la galería.

Obra de Luis Baylón. Fotografía por cortesía de la galería.

Luís Baylón ha realizado numerosas exposiciones individuales y en grupo, su obra forma parte de importantes colecciones públicas y privadas. A finales de los 80 monta estudio con Quico Rivas y García-Alix en Vallecas y en el 94 se produce su encuentro decisivo con Bernard Plossu, Cualladó y Javier Campano. En 1998 participó en la primera edición de PHotoEspaña, y entre sus exposiciones con libro más importantes destacan Guirigato, en el Canal de Isabel II, con motivo del Premio de Fotografía de la Comunidad de Madrid 2001 (en su primera edición); Benarés, en el Museo das Peregrinacións , en Santiago de Compostela , en 2005 , y Autogarabatos, en el Museo de Teruel(2009), tras la adjudicación de las Becas Endesa 2005. Baylón también destaca, por sus portadas para discográficas como Polygram, y de marcas como Swatch. Ha colaborado en publicaciones como Ajoblanco, El País Semanal, El Europeo, El Mundo Magazine, o Tentaciones.

La obra del artista vasco Judas Arrieta (Hondarrabia, 1971), indaga a través de la fusión de la iconografía popular China y occidental por los diferentes elementos folclóricos y la idiosincrasia propia de ambas culturas. Convulsivo análisis de forma irónica a la comunicación de masas a través de una serie de agitadas imágenes, resultado de un compendio superpuesto de superhéroes del cine, del Kung Fu, héroes como Bruce Lee, compañías cinematográficas como la hongkonesa Shaw Brothers, personajes del cómic, pintura tradicional de paisaje, arquitecturas contemporáneas, caligrafía, o dragones, en una estética al más puro estilo cartoon.

Obra de Judas Arrieta. Imagen por cortesía de la galería.

Obra de Judas Arrieta. Imagen por cortesía de la galería.

La muestra compuesta por una serie de acrílicos y dibujos, está acompañada por el mural “Kung Fu Art”. En éste, encontramos una búsqueda personal a través del gesto pictórico frente al lienzo blanco y el arte marcial, como proceso de superación personal en la ejecución artística. El Kung Fu como elemento vertebrador cultural entre la china tradicional y moderna, conjugada con la influencia occidental y viceversa. Narración que transcurre de una imagen a otra superpuesta sin necesidad de dar cuenta alguna del proceso temporal. Gestos que el artista repite innumerables veces como un auténtico maestro wushu de la pintura, reapropiándose de signos e imágenes tomadas del Kung Fu, y que conllevaría a un diálogo entre el lenguaje del cuerpo y el dibujo, entre el modo de narrar y su secuencia temporal en la actual comunicación de masas, entre la pulsión personal al autor y el mundo que lo rodea.

El resultado, es una obra con un marcado carácter vitalista, rememoradora de una estética y temática fílmica que trasciende la historia, convirtiendo a sus héroes en personajes inolvidables para la memoria social, generando la sensación de tener el futuro en el pasado. En definitiva, el autor describe los pensamientos de la forma más rápida, volviendo al dibujo, y al cómic con intensidad, entendiéndolo no sólo como un lenguaje abstracto conformado por iconos populares, sino como una relectura de la vorágine cultural propia de nuestras sociedades.

Arrieta, ha sido primer premio de Generación 2006 de Caja Madrid. Ha expuesto en el Museo Guggenheim de Bilbao, el Instituto Cervantes de Pekin, la Sala BBK de Bilbao, la Korjaamo Gallery de Helsinki, la galería AJG de Sevilla, o ARCO en Madrid. Su obra se encuentra en colecciones tan importantes como la Institution of Chinart Museum de Pekín, el Guggenheim de Bilbao, la fundación Antonio Pérez de Cuenca, Casa Asía de Barcelona, o la embajada de España en Tokio.

Obra de Judas Arrieta. Imagen por cortesía de la galería.

Obra de Judas Arrieta. Imagen por cortesía de la galería.

Carlos Sebastiá, con mucho aprecio

Zài Huì. Carlos Sebastiá

Espacio 40

C / Puerto Rico, 40. Valencia

Hasta el 15 de junio

A Carlos Sebastiá le salen chispas de los ojos cada vez que pinta, y cada vez que te cuenta lo que pinta. Son chispas que vienen a iluminar el fondo sombrío del que mama su obra. Porque hay algo que atraviesa de cabo a rabo el conjunto de piezas que muestra en Espacio 40 bajo el título de Zài Huì, traducido como un hasta pronto, que luego explicaremos. Y lo que atraviesa ese conjunto es la tensión que se percibe entre la figura y el fondo, entre las chispas luminosas y el fuego del que proceden. En suma, Carlos Sebastiá busca el aprecio en su obra, partiendo de cierto desgarro existencial contra el que lucha con brío, impulsividad y mano agitada pero firme.

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Mendigo, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

Las figuras que pinta y dibuja Sebastiá son figuras como abandonadas a su triste suerte, lánguidas, cariacontecidas, con ese punto a lo Kerouac, de prosa espontánea. Y siendo esto así, o por ser esto así, hay como una reacción inmediata de querer contener ese dramatismo con enérgicos trazos y manchas de color que ansían el reposo, el contacto amable, el erotismo de la piel, el aprecio a borbotones. Es como si después de cierta tormenta interior buscara la calma. Porque habiendo desazón en su obra, o precisamente por haberla, hay al mismo tiempo una pasión por ceñir los miedos que a veces nos atenazan, bañando el cuadro de intempestivo color. Y es que, siguiendo esa instantaneidad del autor beat, también Sebastiá podría decir: “Sólo las personas amargas desprecian la vida”.

El propio Carlos Sebastiá lo cuenta: “Hablo del aprecio, del cariño”. Y salta a la vista. Para llegar a él, utiliza dos vías: la del “contacto” y la de la “comunicación”. O lo que viene a ser lo mismo: la de la memoria y lo cotidiano, y la más directamente erótica o sexual que venga a refrendar el conocimiento previamente adquirido. Por eso en su obra hay siempre figuras, más o menos veladas, “que me amarran”, y el color que tiende a superar los límites y contornos; a salirse en cierto modo de madre.

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

La oportunidad, de Carlos Sebastiá. Espacio 40

He ahí la importancia de las manchas, del color, que tan pronto manifiestan su carácter volcánico, incluso orgásmico, catártico para esas figuras, como velan su presencia para convertirse en amable cobijo. La desnudez corporal en la obra de Sebastiá conduce a ambos estadios: uno explosivo,  a base de un color desmedido, literalmente alucinante, y otro más sensual, erótico, tamizado por sábanas y otras veladuras. Por eso hay rostros y cuerpos que se ofrecen sin tapujos, queriendo darse a ver, para enseguida ocultarse bajo capas de pintura. Es la cadencia que va de la necesidad de aprecio, al miedo por la falta de correspondencia.

La pintura de Carlos Sebastiá revela ecos de nuestra condición actual: individuos con posibilidades comunicativas hasta hace bien poco inimaginables, que tienen serias dificultades para establecer lazos de mayor hondura afectiva. Individuos en red, finalmente enredados en la tela de araña de una comunicación cogida con hilos. La obra de Sebastiá hurga en esa incomunicación, en esas figuras abatidas, para dotarlas de un genio que el color imprime (“pinto de manera impulsiva”). De manera que “la desazón luego la arropo”, confiesa el autor. Y le interesa marcar esa transformación, ese proceso creativo, cuyo cocinado intenta que aflore en todo momento, “que se vea la frescura en los cuadros”. Que se vea el pulso entre la figura y el fondo.

Y si Zài Huì es un “hasta pronto” se debe al viaje que Carlos Sebastiá emprenderá en julio con destino a Pekín. En la capital china se pasará un año pintando, aprovechando una beca. Un viaje que también está presente en la obra de Sebastiá, por cuanto no deja de traslucir cierto trayecto: el que va de un hondo pesar a su vigorosa contención plástica, llena de color, manchas y aprecio, mucho aprecio por la vida.

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Retrato. Carlos Sebastiá. Imagen cortesía de Espacio 40

Salva Torres

¡Cuidado con el dedo de Esteban Pastorino!

Esteban Pastorino
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Hasta el 12 de mayo

Suele ocurrir: prendados de la sorpresa técnica, vendamos los ojos a la gozosa contemplación estética. Es lo que un proverbio zen resume de la siguiente manera: “Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo”. Que es lo que nos puede pasar ante las imágenes del fotógrafo argentino Esteban Pastorino (Buenos Aires, 1972). Encandilados con su destreza técnica, ésa que le ha llevado a poseer el Guinness de los Records por haber creado el negativo fotográfico más largo del mundo, podemos dejar de percibir sus fantasmales y enigmáticas vistas. Kir Royal Gallery nos muestra estos días en su espacio de Valencia esa combinación de objetividad científica y subjetividad artística.

Lo hace con una serie de fotografías panorámicas entre metacrilatos e iluminadas por detrás, en las que Pastorino, valiéndose de sus estudios de ingeniería mecánica, recoge vistas insospechadas de grandes urbes con su cámara de dos objetivos. Jorge López, director artístico de la galería, resalta la “toma panorámica única de 360º con cámara analógica”, que Esteban realizó en el Old Town de Pekín. Algunos han intentado probar, sin demasiada fortuna, la manipulación de semejante fotografía mediante photoshop. Nada de eso: Pastorino se las ingenia para lograr técnicamente tamaña panorámica.

Esteban Pastorino. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery

Esteban Pastorino. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery

De una u otra forma, lo repite en ciudades como Nueva York, Washington, Tokio o Buenos Aires. Y en todas ellas, la sorpresa inicial por tan alargadas visiones de la realidad, por efecto del increíble movimiento de traslación de su cámara, va dejando paso al fantasmagórico paisaje que emerge una vez superada la admiración técnica. Es como si el ojo de la famosa computadora Hal 9000, con la que Kubrick impresionó en su odisea espacial, adquiriera de pronto un sentimiento insospechado a su cualidad mecánica.

La cámara fotográfica y el propio cinematógrafo son instrumentos nacidos al servicio de la ciencia, cuya curiosidad abrió enseguida la puerta de la subjetividad artística. Las imágenes de Esteban Pastorino guardan esa estrecha relación. Tienen su origen en la habilidad e inventiva del ingeniero mecánico que Pastorino lleva por fuera, para enseguida convertirse en extrañas instantáneas fruto del artista que lleva dentro.

De manera que lo que finalmente vemos, una vez saltada la valla de la espectacularidad técnica, es ese mundo de espectros y sombras que Máximo Gorki vio igualmente, tras esa primera impresión de realidad que le produjo el cinematógrafo de los Lumière. Jorge López lo explica muy bien, fijando su atención en una de las panorámicas de Pastorino, al observar el contraste entre lo fijo y lo móvil: “Hay un barrido de los objetos más estables, mientras los móviles aparecen perfectos”. He ahí la fantasmagoría a la que alude Gorki, una vez traspasado el umbral de la invención técnica. No les queda mucho tiempo, pero cuando vayan a Kir Royal fíjense en el reflejo de esa imágenes y tengan mucho cuidado con el dedo, sin duda perfecto, con el que Esteban Pastorino monta su cámara.

Salva Torres.