Esteban Pastorino. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery

¡Cuidado con el dedo de Esteban Pastorino!

Esteban Pastorino
Kir Royal Gallery
C / Reina Doña Germana, 24. Valencia
Hasta el 12 de mayo

Suele ocurrir: prendados de la sorpresa técnica, vendamos los ojos a la gozosa contemplación estética. Es lo que un proverbio zen resume de la siguiente manera: “Cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo”. Que es lo que nos puede pasar ante las imágenes del fotógrafo argentino Esteban Pastorino (Buenos Aires, 1972). Encandilados con su destreza técnica, ésa que le ha llevado a poseer el Guinness de los Records por haber creado el negativo fotográfico más largo del mundo, podemos dejar de percibir sus fantasmales y enigmáticas vistas. Kir Royal Gallery nos muestra estos días en su espacio de Valencia esa combinación de objetividad científica y subjetividad artística.

Lo hace con una serie de fotografías panorámicas entre metacrilatos e iluminadas por detrás, en las que Pastorino, valiéndose de sus estudios de ingeniería mecánica, recoge vistas insospechadas de grandes urbes con su cámara de dos objetivos. Jorge López, director artístico de la galería, resalta la “toma panorámica única de 360º con cámara analógica”, que Esteban realizó en el Old Town de Pekín. Algunos han intentado probar, sin demasiada fortuna, la manipulación de semejante fotografía mediante photoshop. Nada de eso: Pastorino se las ingenia para lograr técnicamente tamaña panorámica.

Esteban Pastorino. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery

Esteban Pastorino. Imagen cortesía de Kir Royal Gallery

De una u otra forma, lo repite en ciudades como Nueva York, Washington, Tokio o Buenos Aires. Y en todas ellas, la sorpresa inicial por tan alargadas visiones de la realidad, por efecto del increíble movimiento de traslación de su cámara, va dejando paso al fantasmagórico paisaje que emerge una vez superada la admiración técnica. Es como si el ojo de la famosa computadora Hal 9000, con la que Kubrick impresionó en su odisea espacial, adquiriera de pronto un sentimiento insospechado a su cualidad mecánica.

La cámara fotográfica y el propio cinematógrafo son instrumentos nacidos al servicio de la ciencia, cuya curiosidad abrió enseguida la puerta de la subjetividad artística. Las imágenes de Esteban Pastorino guardan esa estrecha relación. Tienen su origen en la habilidad e inventiva del ingeniero mecánico que Pastorino lleva por fuera, para enseguida convertirse en extrañas instantáneas fruto del artista que lleva dentro.

De manera que lo que finalmente vemos, una vez saltada la valla de la espectacularidad técnica, es ese mundo de espectros y sombras que Máximo Gorki vio igualmente, tras esa primera impresión de realidad que le produjo el cinematógrafo de los Lumière. Jorge López lo explica muy bien, fijando su atención en una de las panorámicas de Pastorino, al observar el contraste entre lo fijo y lo móvil: “Hay un barrido de los objetos más estables, mientras los móviles aparecen perfectos”. He ahí la fantasmagoría a la que alude Gorki, una vez traspasado el umbral de la invención técnica. No les queda mucho tiempo, pero cuando vayan a Kir Royal fíjense en el reflejo de esa imágenes y tengan mucho cuidado con el dedo, sin duda perfecto, con el que Esteban Pastorino monta su cámara.

Salva Torres.

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