Mónica Jover: más allá de la pura visión

De lo que sí percibimos, de Mónica Jover
Sala d’art La Capella de l’Antic Asil
Carrer del Camí, 42. Alcoi (Alicante)
Del 23 de marzo al 18 de mayo de 2018

‘De lo que sí percibimos’ es el título de la nueva exposición de Mónica Jover (Alcoi, 1973). Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Politécnica de Valencia, su trabajo se articula desde la pintura. La naturaleza siempre como fuente de inspiración. El paisaje como vehículo para representar un mundo que no existe y contar historias.

Un espacio imaginado entre los límites de lo real, donde el mundo interior se hace presente y realidades opuestas conviven mutuamente. Arte y naturaleza. Color. En constante transformación, se mueve entre dicotomías: figuración/abstracción, textura/gesto, solidez/ligereza, continuo/discontinuo, materia/espíritu, nítido/difuso, completo/fragmento, centrado/descentrado.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

La frase completa sería: lo que no vemos, pero sí percibimos. Se trata de un proyecto que abarca tres años de investigación pictórica. Comienza con la introducción del hilo en el 2015, el cual marcó una diferencia. El lienzo se va expandiendo hacia los lados, conectando con otra dimensión. El espacio creado es ahora un espacio que trasciende los límites físicos del bastidor. Ahora ese espacio se toca y se percibe, y si se toca, también tiene otra textura.

Trabaja una serie de obras en las que la pintura dialoga con el hilo, el cual se hace presente a pedazos, a manchas, o incluso resbala fuera del marco. Hay otros que se funden con la pintura misma y sólo hay que tocarlos para adivinarlos. Hay perforaciones en el lienzo, y el hilo se cuela en ellos.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Después hay obras en las que el espacio pictórico se rompe para luego ensamblarlas y formar otras nuevas. De-construcción y reconstrucción. Como un juego a modo de puzzle en el que el color, adquiere gran  relevancia.

Y en todas ellas, el paisaje sigue estando ahí. Como referente para contar historias. Como conexión directa con la naturaleza. La dimensión espiritual que yace oculta tras su apariencia visual, atrapa una y otra vez a la artista. Para ella es un misterio que quiere interpretar una y otra vez.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Al final, el objetivo es que lo material, lo natural y la apariencia visible puedan desvelar su dimensión espiritual y trascender lo físico a través de la representación pictórica. Esa búsqueda constante de representar lo que no se ve pero se puede sentir, percibir.

Y aquí enlaza con su última serie llamada Piedras. Como elementos de la naturaleza. Poseen energía y vibran como todos los elementos de la tierra. Como todos nosotros. Esas vibraciones que nos envuelven y nos hacen sentir o percibir lo positivo y lo negativo de todo lo que nos rodea. Lo que no vemos pero sí percibimos.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Mónica Jover. Imagen cortesía de la autora.

Helena Toraño pinta con el ‘Viento a favor’

Viento a favor, de Helena Toraño
Art Mustang
C / Severo Ochoa, 36. Elche (Alicante)
Del 23 de marzo al 23 de junio de 2018

Art Mustang expone, desde el 23 de marzo, el universo de la asturiana Helena Toraño, bajo el título de ‘Viento a favor’. Una artista a la que le gusta decir que su interés por la pintura le viene de siempre: conserva en su taller una foto con seis años sentada delante de un caballete para no olvidar que esto del arte venía incluido en el precio.

Los últimos años no han venido si no a confirmar que aquella pasión infantil merecía semejante obstinación: en 2014 resultó galardonada con el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas por su composición ‘Las Cosas’; en 2015 tuvo lugar su exposición individual ‘Buen Otoño nos espera’ y en el año 2016 pasó a ser representada por la Galería Gema Llamazares.

Helena Toraño en el montaje de la exposición. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño se considera una de esas personas privilegiadas que ha convertido su pasión en profesión. Es licenciada en Bellas Artes y una de las creadoras más reconocidas en su tierra. Apasionada y nostálgica de la cultura popular, el cine, la música y la estética de las décadas centrales del XX, en sus pinturas plasma ese toque naïf, pop y colorido tan característico de aquella época.

En esta ocasión propone espacios más amplios dominados por un cielo azul vibrante que surcan todo tipo de aves y donde la figura humana se presenta de espaldas de perfil, escondidos tras una revista o bailando despreocupados. Dice Toraño que ‘Viento a favor’ es el resultado de una evolución natural de sus anteriores trabajos.

La muestra esta compuesta por 13 lienzos que agrupándose en parejas o trípticos forman obras más grandes, con títulos como ‘La travesía’, ‘Soñar el verano’ o ‘Escríbeme’ nos adentran en un mundo perfecto y al mismo tiempo propio de los sueños, donde el espacio, la distancia y el movimiento son las claves de la metáfora, como el propio nombre de la exposición indica.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Aparte de su actividad plástica, Helena Toraño forma parte desde 2012 del proyecto musical Los Bonsáis, junto con Nel González. Desde entonces, ambos han editado cuatro referencias con el sello discográfico Elefant Records: ‘Ultramarinos’ (2012), ‘Martín Pescador’ (2013), ‘Nordeste’ y ‘¡Fanzine!’ (2015), en los cuales la artista, además de componer, tocar la guitarra y cantar, se ha encargado de la imagen del grupo: las portadas las firma ella.

Helena Toraño (Llanes, Asturias, 1984) es licenciada en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, 2007; desde entonces, la pintura ha sido su principal dedicación, que se ha manifestado en una amplia variedad de formatos: fueran muestras colectivas (en galerías asturianas como Adriana Suárez, Espacio Líquido, Guillermina Caicoya, Lola Orato…), exposiciones individuales (‘Pop’, Sala Borrón, Oviedo, 2010; ‘Interiores’, Galería Adriana Suárez, Gijón, 2011), la selección de su obra en numerosos certámenes y concursos regionales (Certamen Nacional de Arte de Luarca, el Certamen de Pintura Contemporánea ‘Casimiro Baragaña’, Certamen de Pintura de Villaviciosa, Bienal de pintura de Noreña), o la invitación a participar en diversos proyectos artísticos (‘Ópera+Artes’, Teatro Campoamor, Oviedo 2012; ‘Artistas y Derivados’, Museo Barjola, Gijón, 2016).

Soñar el verano, de Helena Toraño. Imagen cortesía de Art Mustang.

Soñar el verano, de Helena Toraño. Imagen cortesía de Art Mustang.

En 2014 resultó galardonada con el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas por su composición ‘Las Cosas’; en 2015 tuvo lugar su exposición individual ‘Buen Otoño nos espera’ (Sala Borrón, Oviedo / Valey Centro Cultural, Castrillón) y en el año 2016 pasó a ser representada por la Galería Gema Llamazares. Durante ese mismo año estuvo presente en varias ferias de arte de la mano de la Galería: JustMad7 (donde su obras ‘Ni lo sueñes’ fue seleccionada para el Premio Pilar Citoler al Coleccionista Joven), Art Marbella y Feria Arte Oviedo.

En 2017 se presentó en Madrid en una individual ‘Las horas libres’, formada por una veintena de cuadros que se expusieron en la Galería Utopía Parkway. También han visto la luz recientemente varios trabajos de diseño editorial (ilustración de la novela ‘El Gran Gatsby’ para la editorial Uvebooks, o el arte de los discos ‘Hacia el mar’ de Lavandera o ‘Entretiempo’ del dúo Møna).

Este mismo año, recibe el encargo de Art Mustang Projects para la realización de una colaboración específica, adquiriendo también obras suyas que pasarán a formar parte de la colección de la Fundación. En septiembre del año pasado, Toraño llevó a cabo su exposición más ambiciosa hasta la fecha, ‘Top Secret’ (Galería Gema Llamazares). En ella abarcó diferentes soportes: lienzo, instalación y vídeo.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Helena Toraño junto a una de sus obras. Imagen cortesía de Art Mustang.

Victoria Cano: el libro y la huella

‘La huella de los sentidos’, de Victoria Cano
Museo de Arte Contemporáneo de Vilafamés
C / Diputació, 20. Castellón
Hasta el 16 de mayo de 2018

“No hay dos personas que lean el mismo libro” (Edmund Wilson)

Es cierto, no hay dos personas que lean el mismo libro. Los personajes que los pueblan, o las ideas que los visten, están sujetos a la interpretación del lector o lectora, individuos únicos y diferenciados. Sin embargo, hay libros extraños, sorprendentes, libros sin palabras que tienen el poder de causarnos a todos la misma sensación: la de pertenecer al mundo de la magia, la de unirnos en un sentimiento de reconciliación con el encantamiento y el sortilegio. Esos son los libros con los que, desde hace años, Victoria Cano construye espacios sorprendentes, libros anidados o libros voladores, libros sin palabras pero llenos de contenido, llenos de todos y cada uno de nuestros sentidos.

Victoria Cano en su exposición 'La huella de los sentidos'. Imagen cortesía de la autora.

Victoria Cano en su exposición ‘La huella de los sentidos’. Imagen cortesía de la autora.

Los sentidos: podemos rastrearlos en las páginas de metacrilatos o telas de estos libros particulares, pero también en las obras pictóricas de la artista, que los va introduciendo a veces sutilmente, otras de forma explícita, pero siempre con un cierto misterio, con un deje surrealista que convierte rostros en montañas, perfiles en ramas. Omnipresentes ojos, sutiles teclas donde dejar la huella de los dedos, el aroma del mar y de las plantas, oídos para percibir el sonido de la naturaleza cuando el pájaro-libro emprende el vuelo, la boca con la cual degustar y decir nuestra palabra: los sentidos.

Obra de Victoria Cano. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Victoria Cano. Imagen cortesía de la autora.

Durante este mes de marzo en el que nace la primavera, el Museo de Arte Contemporáneo Vicente Aguilera Cerni de Vilafamés acoge ‘La huella de los sentidos’, nombre con el que Victoria Cano ha bautizado este singular encuentro entre arte, ser humano y naturaleza. Es, en su conjunto, una obra palpitante, llena de color; una obra, además, con la que podemos comunicarnos a través de nuestros teléfonos móviles, que nos permitirán formar parte de los mágicos paisajes que aquí se nos ofrecen. También, durante este mes, celebramos el 8 de marzo, día internacional de las mujeres. Con Victoria y su obra lo celebramos doblemente.

Obra de Victoria Cano. Imagen cortesía de la autora.

Obra de Victoria Cano. Imagen cortesía de la autora.

Rosalía Torrent
Directora del MACVAC

“Mis proyectos surgen de lo que hay a mi alrededor”

Pi, de Asun Noales
Sala Russafa
C / Denia, 55. Valencia
Hasta el 8 de febrero de 2018

Unos artistas cuentan historias a base de encadenar palabras, otros lo hacen con sonidos o con imágenes. Los más osados se valen, únicamente del cuerpo humano, de sus movimientos en el tiempo y en el espacio. ¿Cómo conseguir que una idea, un sentimiento, un argumento cobren vida a través de algo tan sutil? La coreógrafa, bailarina y directora de escena Asun Noales (Elche, 1972) responde a esta difícil pregunta sin pestañear. Al frente de su compañía OtraDanza durante la última década, y a lo largo de su brillante trayectoria profesional ha logrado materializar esa magia en un importante número de espectáculos de danza contemporánea en los que cuenta un sinfín de historias.

'Pi', de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘Pi’, de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Noales se inició de la mano del coreógrafo ilicitano Vicente Sáez, autor de ‘Uadi’, y en Barcelona estudió con Guillermina Coll y Angels Margarit. Otros referentes en su carrera son Trisha, Pina y Ohad, aunque hoy día se confiesa fan de Dimitris Papaioannou. Juana, Tatoo, Tierra, Back, Rito, Sacra, etcétera. A su rica nómina de coreografías se ha sumado la de nombre más breve, ‘Pi’, un espectáculo para todas las edades inspirado en el número 3,1416 que pretende descifrar los patrones secretos de la naturaleza (fractales) y transmitir el amor por la armonía que encierra. Hasta el 8 de febrero permanecerá en la Sala Russafa y en primavera volverá a Valencia dentro de la VII edición del Festival Abril en Danza.  A partir de este mes OtraDanza reinicia la gira con sus espectáculos: Pélvico, Sacra, Da Capo, Rito, Clandestino y Eva y Adan. Noales colabora con prestigiosas compañías internacionales y con la nueva Jove Companyia Alacant-Dansa, además de ejercer una actividad docente.

'Pi', de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘Pi’, de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

¿Por qué  bautizó su compañía OtraDanza?

Antes, estuve seis años como codirectora de otro bonito proyecto, Patas Arriba y al iniciar el mio en solitario, tuve la sensación de empezar otra vez de cero, de contar otra vez quién era yo, de hacer tabla rasa. De ahí el nombre. Si ha sobrevivido una década  es gracias a haber invertido en ella mucho trabajo y aventuras de todos los colores que se pueden imaginar, sin perder nunca el contacto con la realidad artística de mi tierra.

¿Qué proceso sigue en la gestación de una coreografía?

Soy muy anárquica a la hora de iniciar un nuevo viaje, como me gusta llamar a mis procesos creativos. Unos parten de una imagen, otros de una idea, otros de elementos que no pude profundizar en anteriores producciones y en los que me apetece adentrarme después. También hay algunos encargos. Cada proyecto surge de manera diferente, pero siempre hay algo común en ellos y es la vida, lo que me rodea, lo que acontece a mi alrededor.

¿Cómo sucedió en el caso de ‘Pi’? 

El caso de Pi fue muy claro. Este es mi tercer espectáculo para público infantil y en los dos anteriores, tanto en Eureka como en Eva y Adan abordo preguntas sobre el ser humano, profundizo en la evolución del hombre. En Pi vuelvo a adentrarme en la relación de la vida con la ciencia, en este caso con las matemáticas. Se inspira en el número mágico e infinito 3,141592 y en su relación con la naturaleza. Además, 2018 ha sido proclamado Año de la Biología Matemática, y Pi se inspira en parte en ella.

'Pi', de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘Pi’, de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

¿La obra trata de reflejar los fractales? 

Los fractales me parecen fascinantes. La repetición de patrones. Como todos estos elementos matemáticos están en nuestro día a día, desde un girasol, hasta el romanesco que nos comemos o el crecimiento de las ramas de algunos árboles. Los fractales inspiran una de las escenas, donde hay una continuidad constante en el movimiento de tres bailarines, es casi un número circense, los nudos que van tejiendo sus cuerpos dan lugar a formas diversas, sin perder la continuidad ni el ritmo.

¿Hay muchas diferencias entre concebir un ballet para niños y uno para adultos? 

Para mí, no. A nivel coreográfico y de composición musical, la diferencia quizá está en la frescura de la mirada y el interés que ésta pueda tener hacia lo que se les está mostrando.

'Pi', de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘Pi’, de Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Parece que la danza está condenada a ser la Cenicienta de las artes escénicas. ¿Alguna propuesta para convertirla en Princesa del baile? 

Dicen que la danza es minoritaria, aunque yo no lo creo. Todo el mundo baila, o casi todo el mundo. Mucha gente practica diferentes tipos de danza como afición. De manera que convertirla en Princesa es cuestión de querer y poner los medios para que lo sea. Si se hablara de ella en televisión más a menudo, si se programara más, si en cada ciudad hubiera un conservatorio de danza, si en cada capital hubiera una compañía, como hay orquestas en muchos lugares. Querer es poder. No creo que la danza deba ser la Cenicienta, pero si no hay interés porque ocupe su lugar, nunca lo ocupará por mucho que unos cuantos nos dejemos la piel porque así sea.

¿Qué consejos daría a los jóvenes que se inician en la danza?

Les diría que se meten en un buen lío porque esta profesión te atrapa, hay que dedicarle muchas horas, mucha vida. Pero si es lo que quieren, que trabajen duro, con rigor y que disfruten, porque disfrutando de lo que uno hace las cosas no cuestan tanto esfuerzo. Y que se formen bien, los referentes son imprescindibles para poder desarrollar tu trabajo. Una buena escuela, unos buenos maestros, una buena experiencia profesional antes de embarcarte a dirigir tu propio proyecto es fundamental.

'Pi', Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

‘Pi’, Asun Noales. Imagen cortesía de Sala Russafa.

Bel Carrasco

Insondables raíces

‘Un inmeso baniano’, de Máximo González
Galería Aural
C / Labradores, 17. Alicante
Hasta 23 de septiembre de 2017

Máximo González se adentra en la Galería Aural dejando tras de si un rastro inconfundible de reflexión con el entorno, no en un sentido tan ecológico, como meditativo. El pretexto e hilo conductor de las dos instalaciones y el video presentados es, en este caso, casi un aplique literario, un símbolo: un inmenso baniano. El baniano, es un árbol ficus que llega a alcanzar grandes dimensiones y que en muchos lugares del mundo llega a tener un carácter sagrado. No es de extrañar, por tanto, que la hoja de sala de la exposición, empiece un fragmento de Salman Rushdie, sobre la vida de un pueblo, de las costumbres de sus gentes, entorno a un árbol como este. Todo un acierto que consigue predisponer al lector y observador ante la obra de Máximo González.

Tras este breve y necesaria lectura, nos hallamos ante la primera instalación que presenta el artista, participativa e ineludible. Se disponen tres grupos de mesas, con dos sillas cada una. Estas sillas y mesas están realizadas mediante patrones de una madera que suele usarse en la construcción sostenible. Estos moldes se pueden montar y desmontar, al igual que el puzzle sobre la mesa. Estas piezas no forman ninguna imagen, solo recuerdan acciones del ser humano, que construye nuevos entornos pero que, sobre todo, destruye y saquea a su paso.

González, en el coloquio previo a la inauguración comentaba que ‘El arte no tiene por qué cumplir una función (…) Es como el lenguaje, hacen falta dos y cabe tener en cuenta, que unos lo usan mejor que otros’. El instante comunicativo artístico deja paso al silencio, y a la concentración de construir una pieza de puzzle vacía de contenido, aunque no de significado.

Instalación realizada en la Residencia de Lizières (Francia), 2015.

Instalación realizada en la Residencia de Lizières (Francia), 2015.

El Espacio 2 de la Galería Aural se ha transformado en un casual paisaje que, al igual que un árbol, enraiza con la tierra. Esta instalación fue concebida en 2015 durante la residencia del artista en el Centre de Cultures et de Ressources de Lizières (Francia), donde recopiló una serie de lienzos. Estas pinturas, no resultan aleatorias. Son paisajes elaborados por artistas decimonónicos poco conocidos, pero que representaron, como toda la corriente de la época, una serie de valores que oscilan entre representaciones pintorescas y otras, como las de Constable y Friedrich, sublimes. Ese interés por la naturaleza inundó el siglo XIX y Máximo González, casi en un viaje conceptual por el tiempo, pone en valor la naturaleza real con la pintada.

Un paisaje que se transforma bajo la acción humana continuamente y que no podemos ignorar, pues forma parte de nuestros orígenes y también de nuestro futuro. Puzzles, muebles, pinturas, objetos naturales encontrados y hasta una animación crean el discurso narrativo de Máximo González, su razón de crear, su baniano más personal.

María Ramis

La novela visual ¿de Juanma Pérez?

Bosquera, geografia i històries d’un lloc, de Juanma Pérez
Sala la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset
Plaza Horno de San Nicolás, 4. Valencia
Hasta el 26 de marzo de 2017

“Le doy las gracias a Martín Castro por hacernos viajar a Mosquera y permitir que me conozca un poco más”. Con estas palabras de agradecimiento, Juanma Pérez va desgranando las maravillas descubiertas por ese tal Castro allá por 1915, año en el que penetró en los misterios de ese lugar ubicado en la Sierra de Espadán (Castellón) y dejó huella escrita de su revelación: “Cuanto alcanza la vista en la inmensa hondonada, desde los negros barrancos hasta las crestas más altas, se halla todo cubierto de espesísimo bosque”. Tan espeso y de carácter tan “quasi irreal” que el alucinado escritor termina por confesar que le “sobrecoge, como el cárabo al niño”.

Obra de Juanma Pérez.

Obra de Juanma Pérez en la exposición del Colegio Mayor Rector Peset.

Estas y otras manifestaciones de singular atractivo hacia ese paisaje de Mosquera recién descubierto, son las que Juanma Pérez rastrea un siglo después para recrear en la Sala de la Muralla del Colegio Mayor Rector Peset tan idílica naturaleza. Lo hace mediante fotografías en blanco y negro tomadas en la actualidad, a las que va intercalando dibujos, pinturas y escritos de su añorado alter ego, junto a diversos objetos y otras referencias colocadas en sendas vitrinas, con el fin de ofrecer un mapa sentimental teñido de utopía acerca del paisaje que une al aventurero de principios del siglo XX con su fino rastreador.

Bosquera, Geografía e Històries d’un lloc es el título de tamaña investigación, a la que Juanma Pérez denomina su “novela visual”. Una novela, ya es hora de decirlo, literalmente falsa, sin duda como toda novela, aunque, precisamente por ello, completamente verdadera. “Yo soy Martín Castro”, desvela el artista que ya le siguiera el rastro en otra exposición a Fernando Pessoa, en aquella ocasión tomando como referente a un escritor de verdad que utilizaba igualmente alter egos para descubrirse a sí mismo.

Obra de Juanma Pérez en la exposición del Colegio Mayor Rector Peset.

Obra de Juanma Pérez en la exposición del Colegio Mayor Rector Peset.

“He falsificado dibujos, manipulado objetos y escrito documentos con el estilo de hace 100 años para jugar con el espectador y viajar en el tiempo y en el espacio”, explica el artista sobrecogido por su propia creación. Luego precisa: “No es un ejercicio de egocentrismo, ni he querido engañar a nadie”. Y aunque reconoce que su trabajo puede considerarse un fake (una falsedad), insiste en que su proyecto, de casi tres años de intenso esfuerzo creativo, buscaba únicamente “transmitir cierto misterio del bosque, de todos los bosques representados en Bosquera; el sitio ideal”. “Quería rizar el rizo y lo que parecía mentira que fuera real”, añade.

Es a través de esa mentira o ficción, para la cual se sirve de un inexistente Martín Castro (“nadie ha dudado de su credibilidad”), como Juanma Pérez nos sumerge en un apasionado viaje al fondo de la naturaleza. Para ello, ha contado con la ayuda cómplice del antropólogo Pablo Vidal y su libro, éste sí verdadero, ‘Etnología de un paisaje rural de la Sierra de Espadán’, y de Javier Alcoriza, traductor de la novela ‘Walden’, de Henry David Thoreau, quien se atreve a sugerir, siguiéndole al artista en su ficción, que Martín Castro pudo conocer a Thoreau.

Vista de la exposición de Juanma Pérez en el Colegio Mayor Rector Peset.

Vista de la exposición de Juanma Pérez en el Colegio Mayor Rector Peset.

“Me he sentido tan múltiple como Pessoa, por eso decidí mezclarlo todo y jugar a la heteronimia llevada a la plástica”, confiesa Pérez. Todo le estaba permitido al artista, con tal de atrapar al espectador en su viaje. “He ido a Mosquera repetidamente de día y también de noche con linterna, viviéndolo con cierto romanticismo”, explica. El romanticismo de quien, como Martín Castro, “rechaza la Barcelona industrial de principios del siglo XX y ve en la naturaleza un espacio descontaminado que te pone en contacto con lo primigenio  y lo natural”. Juanma Pérez sabe que esa naturaleza idílica posee su lado oscuro, inquietante para el hombre, pero su intención era expresar “ese deseo de no perder las raíces que Martín Castro encarna”. Deseo que bien vale la ficción de un artista que dice haber aprendido “y mucho” de su alter ego. He ahí la auténtica verdad de su propuesta.

Montaje de Juanma Pérez para su exposición en el Colegio Mayor Rector Peset.

Montaje de Juanma Pérez para su exposición en el Colegio Mayor Rector Peset.

Salva Torres

La Aldea Global de Miguel Oñate

Global Village, de Miguel Oñate
Galería Thema
Plaza América, 4. Valencia
Hasta el 19 de noviembre de 2016

La Galería Thema presenta la exposición ‘Global village’ dedicada a la obra del artista Miguel Oñate. La muestra refleja la filosofía creativa de este autor, que traslada a sus obras el término de Aldea Global acuñado por el sociólogo canadiense Marshall McLuhan. Para Oñate, los artistas pueden contribuir con su trabajo a promover ideas y crear puentes entre culturas que enriquezcan la globalidad. Aldea Global es un vivero de ciudades, una apostasía de paisajes  en constante diálogo con los colores que cuestionan la naturaleza, la verticalidad de los conceptos y la inercia de las estructuras.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

“Tengo en mente una obra que se extienda sin límites, con total libertad de ejecución. En mi trabajo busco aglutinar una serie de factores de distinta índole que pueden estar presentes… La memoria individual como elemento definitorio de la identidad, el sueño como coadyuvante de nuestros deseos y temores, la experimentación que propicia encuentros, la percepción de nuestra propia realidad como materia que también construimos. La fantasía como la única parcela de libertad que tenemos y el salto al vacío, sin miedo”, explica el pintor.

La pintura de Oñate, en ese sentido, es un viaje para sumergirnos en imágenes de lugares que no conocemos, a los que nunca hemos ido y que consideramos como nuestros. Vivimos en una aldea global donde nos cruzamos permanentemente con todos los pasajes y todos los lapsos a la vez.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Esa amalgama de conceptos y, sobre todo, cómo se interrelacionan, son los que proporcionan a Oñate una gran libertad formal a la hora de expresar sus ideas, sin demasiadas normas que constriñan el proceso de trabajo.  En esta línea, va introduciendo algunas claves dentro del cuadro que transporten el pensamiento hacia mundos oníricos. Se trata, apunta el artista, de una suerte de “paisajes” en los que no todos los elementos son reconocibles o poseen un rol determinado.

Esta selección, compuesta por 17 obras realizadas al óleo y acrílico sobre lienzo y lino, estará expuesta hasta el 19 de noviembre en el espacio de Plaza América 4, de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Obra de Miguel Oñate. Imagen cortesía de Galería Thema.

Tiempo para cazar

Tiempo de Caza, de Roberto Rodríguez
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 28 de octubre de 2016

El tigre depredador o el jaguar deportivo nos observan desde la espesura de la selva igual que el ciervo asustado desde el medio del prado. Igual, un terremoto de emociones, miedos y expectativas compartidas. Su mirada fija es la cifra de su presencia pero también delata la nuestra como presas. Cazadores de todo como somos, esa sensación es habitual. No obstante, la cantidad, el desorden, la frondosidad y la confusión que suponen la selva o el bosque se magnifican y paralizan en la maravilla, se condensan, si sucede, en un punto mágico, en dos: esos ojos que siempre escrutan. En ocasiones, descubrir a un animal mirándote fijamente es descubrirte perdido, tu posición en peligro directo: el mejor espectáculo de la naturaleza olímpica.

Supongamos que las fieras pintadas por Roberto Rodríguez podrían ser inofensivas y hasta tiernas en la escena, paralizadas o avanzando hacia nosotros. Nuestras formas de manipular la naturaleza son muy sibilinas y hacemos del encuentro maravilloso una cuestión idílica. Pero lo que fascina es la maravilla, lo que atrae y engaña, aunque haya tanta pintura de caza que se haya fijado en lo contrario ad paradiso.
Una de las obras de la exposición 'Tiempo para cazar' de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Una de las obras de la exposición ‘Tiempo para cazar’ de Roberto Rodríguez. Imagen cortesía Plastic Murs.

Si hay algo que llama la atención en estas obras es el modo en el que se trata la naturaleza (y todo: el paisaje es un constructo botánico) en planos que sobresalen de la superficie “natural” de la pintura para evocar esos estratos de vegetación provocando una profundidad espacial muy evocadora, inusitada, de ensueño incluso, tanto por los fondos universales y estelados como sobre todo en las capas superpuestas que, igual que las plantas, son el mejor marco para el cuadro natural: el lugar integrador a través del que vemos y somos observados. Porque lo que hay en la pintura nos mira, y en estas obras de clara factura sintética, más.
Obras directas que aciertan en su particular psicodelia asiática respecto de la construcción del paisaje y son deudoras de una época (y su cultura) que nos hace pensar en Hawai y el surf, el pop exótico, la música de garaje y hasta el skate, todo ello pasado por el recuerdo atemporal de un señor francés conocido como El aduanero Rousseau (que nunca vio la jungla pero sí a las fieras).
Ricardo Forriols

Un padre ¿fantástico o de fantasía?

Captain Fantastic, de Matt Ross
Con Viggo Mortensen, George MacKay, Annalise Basso y Samantha Isler

Sigmund Freud, al inicio de su magnífico ensayo ‘El malestar en la cultura’, se pregunta sobre lo que esperan los hombres de la vida y qué pretenden alcanzar en ella. La respuesta para el autor es fácil: la felicidad. El hombre pretende evitar el dolor, el sufrimiento, el displacer y experimentar intensas sensaciones placenteras, señala el autor. Ahora bien, como el propio Freud concluye en su ensayo, el designio de ser felices es irrealizable, pero no por ello hay que abandonar la tarea.

La película Captain Fantastic está infaliblemente orientada por los deseos de alcanzar la anhelada felicidad. El padre de la película de Matt Ross se impone esa tarea: evitar el dolor y el sufrimiento psíquico de su mujer, para que todos los miembros de su familia puedan hallar la felicidad. El camino a seguir es alejarse de la civilización y adentrarse en la naturaleza -en los bosques del noroeste del Pacífico de Estados Unidos.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

En esa naturaleza frondosa e inmensurable se asienta esta familia formada por un padre, una madre y sus seis hijos. Una comunidad familiar organizada alrededor de un fuerte y potente -que no autoritaria- figura paterna, que instaura unas normas educativas y de convivencia espartanas, atávicas, primitivas y platónicas. Y ahí, en ese bosque, protegidos y aislados de la civilización por la madre naturaleza, esta horda familiar parece haber alcanzado cierta cuota de felicidad.

Pero Sigmund Freud ya remarca en su ensayo que al ser humano le resulta difícil ser feliz, debido al sufrimiento que siempre está al acecho. Un dolor que amenaza desde tres fuentes: desde el propio cuerpo decadente y caduco, desde el omnipotente y destructivo poder de la naturaleza y desde la complicada relación con los otros seres humanos -como decía Sartre: el infierno son los otros. Tres fuentes de dolor que nadie, ni nada, puede detener, ni controlar, ni siquiera nuestra sociedad contemporánea a través del progreso tecno-científico.

La familia de Captain Fantastic no es inmune a la amenaza del sufrimiento, a pesar de estar protegidos por la inmensurable naturaleza y la potente fuerza física e intelectual del padre; la muerte inesperada de la madre golpea los cimientos de su felicidad.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Vuelta a la civilización para recuperar el cuerpo de la madre

En esta segunda parte, la película se escora muy levemente hacia un discurso de retórica y crítica ideológica, casi  hasta la pedantería,  contra la cultura norteamericana, desde el punto de vista tanto de la enunciación, como del enunciado. Todos los valores y modos de vida de la cultura norteamericana son denunciados y criticados siguiendo las teorías de Noam Chomsky. Una crítica extrapolable a toda la cultura occidental capitalista, democrática y cristiana, y a sus correlatos de la economía neoliberal, la ciencia, el consumo, la publicidad, los mass-media, la institución educativa y sanitaria, etc…

De tal modo, que en la familia de Captain Fantastic no se celebra ni el día de Navidad, ni el de Acción de Gracias, sino el día de Noam Chomsky. Como se pregunta uno de los hijos: ¿es eso  normal? No, no es normal, pero sí deja en evidencia todo el malestar en la cultura que arrastra el padre de familia.

Fotograma de 'Captain Fantastic', de Matt Ross.

Fotograma de ‘Captain Fantastic’, de Matt Ross.

Pero, en seguida, Captain Fantastic endereza su rumbo hacia la verdad del relato narrativo y artístico: llegar a las pasiones humanas -la culpa, la angustia, la violencia, los celos, etc…-. Un sentimiento de culpa proveniente de la impotencia del padre para  proteger a su mujer y a la madre de sus hijos del sufrimiento y el dolor psíquico que le arrastró al suicidio. “No pude hacer nada”, declara a sus hijos. Un sentimiento que atormenta al padre hasta confesar que “fue un error” haber tomado la decisión de aislarse en ese bosque del noroeste del Pacífico.

Un sentimiento de culpa que le arrebata toda la potencia física e intelectual que le hacía ser el “padre de esa horda familiar atávica”. Abrasado por la culpa, la figura paterna de Captain Fantastic queda desolado y domesticado en el interior de la cocina del nuevo hogar familiar: una granja. Un espacio, la granja familiar, a medio camino entre la civilización y la naturaleza.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Imagen del cartel de Captain Fantastic, de Matt Ross.

Begoña Siles