El brindis al sol de Media Vaca

Brindis al sol. 20 años de Media Vaca
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16-24. València
Hasta el 26 de enero de 2019

El centro de innovación Las Naves y Media Vaca presentan la exposición ‘Brindis al Sol. 20 años de Media Vaca’ como colofón a todo un año de actividades de apoyo al sector editorial e ilustración a través del proyecto ‘Brindis al sol’ que ha celebrado el 20 aniversario de la editorial valenciana. Un año que ha traído hasta la ciudad de València a numerosos ilustradores y editores internacionales que han trabajado con Media Vaca, como la ilustradora taiwanesa Chu-Li Chen, los brasileños Fabio Zimbres y Eloar Guazzelli, la mexicana Peggy Espinosa, la polaca Grazka Lange o el japonés Taro Miura. Todas estas actividades se enmarcan dentro de la línea de apoyo a la edición, la ilustración y el fomento a la lectura que impulsa la red Connecta Cultura de Las Naves, con el objetivo de dar visibilidad al trabajo esforzado y riguroso que realizan quienes viven entregados a los diversos oficios del libro.

Brindis al sol

Vista de la exposición ‘Brindis al sol. 20 años de Media Vaca’. Imagen cortesía de Las Naves.

Las personas que acudan a la exposición podrán ver varios de los libros desplegados sobre la pared, así como distintos materiales utilizados en la producción de los libros. Además, se habilitará un rincón de lectura donde estarán disponibles ejemplares de todos los títulos de la editorial valenciana para su consulta.

El día 18 de diciembre de 1998, hace exactamente 20 años, se presentaron los tres primeros títulos de la editorial en una librería-galería de Valencia, ya desaparecida. Con esta celebración del aniversario se pretende provocar un encuentro entre lectores y autores y dar a conocer un catálogo que, a pesar del tiempo transcurrido y el prestigio ganado por la editorial, todavía es muy desconocido.

Vista de la exposición 'Brindis al sol. 20 años de Media Vaca'. Imagen cortesía de Las Naves

Vista de la exposición ‘Brindis al sol. 20 años de Media Vaca’. Imagen cortesía de Las Naves

Ese catálogo se compone en la actualidad de 65 títulos divididos en seis colecciones: ‘Libros para niños’, ‘Últimas lecturas’, ‘Grandes y pequeños’, ‘Mi hermosa ciudad’ y ‘El mapa de mi cuerpo’. Son siempre libros muy ilustrados, dirigidos a niñas y niños de todas las edades y también a los no-niños/as. La editorial Media Vaca solo publica tres libros al año, seleccionados con especial cuidado y cumpliendo con unas buenas prácticas editoriales que le han merecido, este mismo año, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, distinción honorífica otorgada por el Ministerio de Cultura y Deporte.

La inauguración de la exposición ‘Brindis al sol’ vino precedida de una charla con Arnal Ballester, Carlos Ortin y Gabriela Rubio, autores de los tres primeros libros -‘No tinc paraules’, ‘Narices, buhitos, volcanes’ y ‘Pelo de Zanahoria’- y la presentación de las obras reeditadas. A continuación se inauguró la exposición ‘Brindis al sol’ y, para cerrar el día, Julio Bustamante actuó con su grupo, Lavanda.

Vista de la exposición 'Brindis al sol. 20 años de Media Vaca'. Imagen cortesía de Las Naves.

Vista de la exposición ‘Brindis al sol. 20 años de Media Vaca’. Imagen cortesía de Las Naves.

Media Vaca: 20 Años y 64 libros

Editorial Media Vaca
20 Aniversario
Año 2018

“Erase una vez una pareja de granjeros muy especiales llamados Begoña y Vicente que criaban una vaca muy especial. En vez de tener la piel a manchas blancas y negras, lucía todos los colores del arco iris y, en vez de mugir contaba cuentos maravillosos que embelesaban a niños y mayores haciéndoles caer en dulces sueños. Al despertar, descubrían que, en realidad sólo media vaca seguía allí, porque la otra mitad se había ido de viaje por el mundo en busca de nuevas historias”.

Esta micro fábula sirve de presentación a una editorial que funciona en Valencia desde hace un par de décadas en un piso forrado de libros con vistas al patio de recreo de un colegio animado por gritos, risas y voces infantiles. Allí Begoña y Vicente Ferrer, los padres de Media Vaca, han creado un imperio dedicado al amor a los libros y a la imaginación. El 18 de diciembre de 1998 presentaron sus tres primeras obras: ‘No tinc paraules’, ‘Narices, buhitos, volcanes’ y ‘Pelo de Zanahoria’. A un ritmo lento pero constante, con una media de tres títulos al año editados con máximo esmero, lo poco es mucho, han llegado a la mayoría de edad con un catálogo de 64 libros. “En cierta manera estamos como al principio”, afirma Ferrer. “En esta ciudad lo que importa es la novedad, la resistencia no dice nada, incluso genera suspicacias”.

Pero 20 años son buen motivo para una sonada celebración como la que tuvo lugar en Las Naves, y proseguirá en el Centre del Carmen los próximos meses. “El objetivo es reunir a los amigos, provocar el encuentro entre los autores de la editorial y dar a conocer un catálogo, que sigue siendo muy desconocido”, explica Ferrer. Las actividades programadas se presentan bajo el lema Brindis al sol, porque, pese a ser una expresión de  connotaciones negativas, “nada de malo puede haber en un brindis, sobre todo si  se dedica al sol, a quien debemos no solo la vida sino la alegría y el buen humor”.

Aula d'Estiu Museo Media Vaca. Imagen cortesía de la editorial.

Aula d’Estiu Museo Media Vaca. Imagen cortesía de la editorial.

Cosmopolitismo

El origen de los artistas que participan en el cumpleaños dan medida del cosmopolitismo de esta editorial. Desde Taiwán vino la ilustradora Chu-li Chen, autora del ‘Libro de los defectos de los demás’, que dio una charla a los alumnos de la EASD. Desde Brasil acudió Fabio Zimbres, ilustrador del libro ‘Panamá’, que participó en el Festival Tenderete. A lo largo del año se espera la visita de Grazka Lange, autora del libro ‘Warszawa’, profesora de la Escuela de Bellas Artes de Varsovia y Eloar Guazzelli, ilustrador del libro ‘El arroyo’ y del proyecto en curso Ciudad Nanquim.

El japonés Taro Miura, autor del libro ‘Tokio’, expondrá en el Centro del Carmen trabajos realizados en sus talleres, una exposición compuesta por 250 retratos de niños sobre el tema de la identidad infantil que llegará a final de año. Además de participar en esta exposición como modelos los  pequeños artistas del Aula d’Estiu podrán trabajar junto a Miura y representantes de Media Vaca en un taller de autorretrato.

También se montará un museo efímero en el que ejercerán de críticos de arte y sus opiniones acerca de varias obras darán forma a El Museo Media Vaca. Un total de 31 jóvenes ilustradores han realizado su versión personal de un par de obras de arte que serán exhibidas ante niños de seis a 12 años para que ellos formulen sus impresiones, que serán grabadas en audio y seleccionadas para formar parte de este libro. La idea se inspira en el trabajo que realizó la tailandesa Araya Rasdjarmrearnsook con un grupo de campesinos de su país.

Con todos estos eventos los artífices de Media Vaca cumplen prácticamente todos los objetivos que se fijaron hace un par de años: reimprimir los títulos agotados, reunirse más a menudo con los lectores y organizar talleres con niños para imbuirles el amor a los libros antes de que acaben enganchados a las consolas y móviles. Sólo les queda pendiente abrir una tienda on line acorde con los nuevos tiempos. De momento están presentes en Instagram y no dejan de viajar por el mundo desde Rusia, Japón y Colombia en busca de obras y autores con los que nutrir el pesebre de su querido rumiante.

“Desde hace unos años nos hemos propuesto dejar de publicar novedades para concentrarnos en la reimpresión de los títulos que se han ido agotando”, dice Ferrer. “Un libro cuesta lo mismo cuando se hace por primera vez que cuando se vuelve a imprimir años más tarde. Sin embargo, las expectativas de venta de una obra que no es considerada una novedad son bastante menores. Pero tenemos claro que es necesario ocuparse de esos libros tanto como de los nuevos”, concluye Ferrer.

Logotipo de la editorial Media Vaca.

Logotipo de la editorial Media Vaca.

Bel Carrasco

“Los ilustradores somos cronistas de la vida”

Entrevista a Carlos Ortin
Ilustrador y profesor de la Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia

Carlos Ortin es ilustrador freelance. Publica sus primeras historietas en las revistas más representativas de los años 80: Madriz y Cairo. Esta etapa (1983/1988) queda reflejada en el álbum recopilatorio Calor Humano, editado por La General. De forma simultánea realiza trabajos de literatura infantil, carteles y diseño editorial con ilustraciones de prensa para El País, el suplemento literario Babelia, los dominicales El País Semanal, La Mirada y El Dominical y las revistas Ciberp@ís, Tentaciones, Negocios, Ábaco y JotDown, entre otras. Ha recibido premios del Ministerio de Cultura a las mejores ilustraciones en 1986 por Signo 2, publicado por Editorial Gregal, y en 1999 por Narices, buhitos, volcanes y otros poemas ilustrados… de la Editorial Media Vaca. Durante los últimos diez años ha combinado sus trabajos de ilustración con actividades de comisariado de exposiciones, como Ilustrísimos, para las ferias de Bolonia, Beijing y Bogotá y Los hoteles de la imaginación para el MuVIM, y con la presidencia de la Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP) de 2003 a 2007. En la actualidad dirige el Curso Avanzado de Ilustración Profesional en la Escuela de Ilustración ESAT de Valencia, es profesor del Master de Diseño e Ilustración de la UPV y miembro del Observatorio de la Ilustración Gráfica. En esta amplia entrevista para MAKMA habla de la “edad de oro” que vive la ilustración, de la libertad que se respira como ilustrador, de la casi inexistente tradición de consumo de productos culturales en nuestro país, y de lo importante que resulta que existan dibujantes, porque saben hablar con imágenes. Carlos Ortin en estado puro.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

¿Sigue siendo la ilustración un género menor dentro del amplio espectro de las artes plásticas? 

El objetivo de la ilustración no es hacer una obra única que se cuelgue en una pared, sino la comunicación, la reproducción masiva de mensajes gráficos ligados a una idea. La ilustración es cultura popular multifuncional y desea llamar la atención de un público amplio. Afortunadamente, las clasificaciones del tipo artes mayores, artes menores o artesanía en la plástica están desapareciendo en el contexto actual.

¿Ha mejorado su status en los últimos años? 

Últimamente he oído que la ilustración vive en España una “edad de oro”. Supongo que porque, de repente, casi todo el mundo ya conoce en qué consiste el oficio de ilustrador. No hace mucho tiempo cuando me preguntaban a qué me dedico, tras mi respuesta mi interlocutor abría mucho los ojos y repetía: “i-lus-tra-dooor… si, si…”, y ante su extrañeza yo decía: “bueno, dibujante”. También se nota una mayor presencia en los medios. En ese sentido sí que ha mejorado la consideración social. En otros aspectos sigue como siempre y además, afectada por las circunstancias actuales de crisis, incertidumbre digital, etc…

¿Se puede marcar el punto de inflexión en que tal cambio se produjo?

Ha sido una evolución gradual. A lo largo de los últimos veinte años han aparecido ilustradores mediáticos y todo lo que tiene que ver con la imagen ha adquirido pujanza. Por otro lado se ha convertido en un género atractivo para las nuevas generaciones de artistas por la gran variedad de estilos a desarrollar y medios donde expresarse. Se han dado cuenta que cualquier cosa creativa tiene antes que ser dibujada. La ilustración se escapa de cierta imagen de encorsetamiento y oficialidad que puedan tener otro tipo de artes. Respira libertad, comunicación y posibilidades.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Valencia cuenta con una notable tradición de dibujantes e ilustradores. Como siempre, ¿nadie es profeta en su tierra? ¿Por qué?

Valencia no es un centro editorial potente, tampoco industrial, por lo que nuestro oficio no cuenta aquí con muchos clientes. De modo que nuestros dibujantes e ilustradores tienen también la tradición de emigrar, lógicamente. Hoy día es más fácil trabajar para otros lugares desde aquí, aunque siempre se ha hecho.

Según un estudio, apenas el 40% de quienes se consideran ilustradores ejercen profesionalmente y viven de ello. Se trata de un mal endémico en este país, que se repite en otras profesiones. ¿Pero es especialmente sangrante con los ilustradores o no?

Sí, recuerdo ese estudio, lo elaboramos en la Asociación de Ilustradores. Es cierto que es un mal endémico español, pero te aseguro que lo mismo pasa con casi todos los trabajos creativos. Se publican muchos libros (en realidad, pocos ejemplares aunque muchos títulos) pero se venden pocos porque es verdad que hay pocos lectores, los canales de distribución son mediocres y casi no existe una tradición de consumo de productos culturales. Pero los nuevos tiempos traen nuevas posibilidades que muchos ilustradores están aprovechando con resultados esperanzadores.

¿Por qué la ilustración forma parte de los estudios en Formación Profesional y no tiene cabida como especialidad universitaria? ¿O eso ya se ha corregido?

Ya hace algún tiempo que se incluyó la ilustración como asignatura en el grado de Bellas Artes. En ESAT funciona como asignatura desde el principio y se le dedica un gran espacio, como la Escuela de Ilustración.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

La ilustración abarca diferentes campos, publicidad, cómic, sector editorial, producción audiovisual, animación, multimedia. ¿Dónde tuvo más pujanza y dónde lo tiene ahora?

Vamos a establecer unas pocas diferencias. Un ilustrador es aquel grafista que elabora o recibe un texto, una idea o un mensaje y lo interpreta gráficamente. Es un autor. Por otro lado, un grafista que participa de un proyecto audiovisual rediseñando personajes, haciendo fondos o dando color, es un ilustrador técnico pero no un autor. Si hablamos de ilustración como un trabajo autoral, la mayor pujanza actualmente aunque sólo sea a nivel popular está en los “humoristas” gráficos, como El Roto, en el álbum ilustrado y en el cómic, que siempre tiene muchos aficionados. Los videojuegos movilizan cantidades de seguidores, dinero y profesionales. Pero sólo consideraría como ilustrador al creador de la imagen gráfica de estos productos.

¿La Escuela Valenciana del cómic ha tenido su continuidad en otros campos de la ilustración? ¿Los Calatayud, Torres, Micharmut, Sento, tienen sus continuadores?

La aportación a la narración gráfica española de estos monstruos y algún otro como Artur Heras, Mariscal, Mique Beltrán o Paco Giménez, fue muy importante hace veinticinco años y lo sigue siendo ahora. Mi generación se formó espoleada por su trabajo innovador y aparecieron ilustradores de la talla de Ana Miralles, Ana Juan, Ramón Marcos, Incha, Enric Solbes… y justo después llegaron Paco Roca, Txemacántropus, Pablo Auladell, Lalo Kubala, el equipo Grúa, Nacho Casanova… es decir, que sí, que la cosa continúa. Y los novísimos ya están aquí.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo puede considerarse al dibujo además de una forma de expresión libre? ¿Cómo memoria? ¿Como un pasatiempo? ¿Cómo registro de una época? ¿Como un oficio que nos permite ser profesionales en el desarrollo de una imagen? 

Realmente, el atractivo de la ilustración es que abarca todo eso. Combina la vocación y la necesidad de los artistas por expresarse gráficamente con la posibilidad real de desarrollar una carrera profesional en línea de sus intereses. Por otra parte, la ilustración es un arte comunicativo en el que los dibujantes ejercemos de cronistas del tiempo que nos ha tocado vivir, añadiendo un gran punto de interés a esta profesión.

¿Qué le recomendarías a los estudiantes de ESO y/o BACHILLER que estén interesados en el dibujo, la ilustración y el cómic? 

Pues que mientras llega el momento de hacer inmersión en la profesión que han elegido, aumenten su cultura popular, personal y visual. Que lo miren todo, que lo lean todo y que dibujen sin parar. Notarán una gran diferencia de inmediato.

¿Cuál ha sido el momento en que supiste que tu vida profesional iba a cambiar? ¿Existen “momentos clave” en nuestra historia que nos ayudan en ello? ¿Cómo participar en distintos eventos como concursos, ferias, salones, etc., que nos permiten darnos a conocer a los demás?

Creo que unas cosas llevan a otras. Cuando estás inmerso en una dinámica de trabajo, los diferentes momentos van llegando sin ser consciente. Sencillamente, aparecen necesidades y pones todos los medios para cubrirlas. Cuando era adolescente no paraba de dibujar y leer, entonces tuve la necesidad de enseñar lo que hacía a los demás. Después conoces gente que te muestra otros caminos y los recorres esperando encontrar el tuyo propio. Te presentas a concursos, conciertas citas con editores, estás al tanto de lo que hay, fracasas, aprendes, pruebas otra vez, vuelves a fracasar, pero mejor como decía Beckett, cada vez mejor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Ilustración de Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Viendo tu trabajo en retrospectiva, aparte de logros profesionales y premios, en cuanto a lo personal ¿qué te ha dado el dibujo? ¿Porqué es importante que existan dibujantes?

Por lo que dije antes, no soy capaz de distinguir entre lo profesional y lo personal. Son dos partes de un mismo todo. Mi vida personal alimenta la faceta de ilustrador y viceversa. Y todos los grandes dibujantes que conozco actúan igual. No tenemos más horario de trabajo que el que nos imponemos y en cualquier momento surge el desencadenante. Nos hacemos preguntas y las desarrollamos gracias al dibujo y a las ganas de comunicar, de expresarnos. Es importante que existan dibujantes porque saben hablar con imágenes, y éstas siempre deben hacer pensar algo más allá a aquel lector que las descodifique. Por eso.

¿Cómo surge la necesidad de crear una “Escuela de Ilustración”?

La Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia detectó el creciente interés que por la ilustración se ha generado, tanto en los medios como por su gran interés comunicativo. A partir de ahí, la escuela supo rodearse de profesionales para ofrecer un curso novedoso, realista y competitivo, que muestra un panorama de la profesión muy útil para los más interesados. Cada curso aparecen nuevas preguntas. Llevamos ya siete ediciones tratando de aportar las respuestas.

Calidad estética, buena técnica, originalidad narrativa. ¿Son ésas las tres patas que definen a un buen ilustrador? ¿Se puede prescindir de alguna de las tres en favor de otras a tener en cuenta?

Si os fijáis, son las mismas tres patas que definen a, por ejemplo, un buen escritor, un buen director de cine, un buen compositor, un buen diseñador o un buen periodista. Y se puede decir que el creativo que prescinda de alguna de estas tres patas se caerá, indefectiblemente, del taburete.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Carlos Ortin. Imagen cortesía del autor.

Alejandro Macharowski / Salva Torres

 

Imágenes de la transición

Miguel Calatayud. Portadas de la Cartelera Turia
Memoria gráfica de la vida cultural valenciana de 1976 a 1983
Editorial Media Vaca

Las cubiertas de la Cartelera Turia, publicación emblemática  que desde hace casi medio siglo acude fielmente cada viernes a los quioscos de Valencia, constituyen un documento gráfico excepcional, pues reflejan la evolución cultural en ese largo periodo.  A partir de ese indudable valor testimonial, la editorial Media Vaca, habituada a sorprender a los lectores con sus originales proyectos, reúne las que realizó el veterano ilustrador Miguel Calatayud entre los años 1976 y 1983, un total de 226 cubiertas en un libro peculiar.

“Memoria gráfica de la vida cultural valenciana de 1976 a 1983, permite a los lectores apreciar con perspectiva la labor de uno de nuestros principales grafistas en años de plena madurez de su oficio”, dice Vicente Ferrer, editor de Media Vaca junto a Begoña Lobo. “Además,  da a los  jóvenes la posibilidad de apreciar el singular momento de ebullición que vivía entonces la ciudad de Valencia, que vista desde el presente, parece más bien Nueva York o la Atenas de Pericles”.

Ilustraciones de Miguel Calatayud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

Ilustraciones de Miguel Calatayud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

El volumen recoge las 223 cubiertas del período citado, más tres que el autor realizó en época posterior, se completa con un artículo de Vicente Vergara, director de Cartelera Turia, y con la transcripción de una conversación en tono jovial entre dos amigos: el propio Miguel Calatayud y el crítico de jazz Federico García Herraiz, amante de la Valencia más alegre y también él colaborador de la Turia.

“Cuando veo todas las cubiertas juntas  me sorprendo por  la variedad de propuestas que incluyen”, comenta Calatayud. “Como los temas y asuntos a tratar eran tan distintos tenía que dedicarles un tratamiento gráfico específico y especial. Por otra parte, al no existir ordenadores debía recurrir a un proceso artesanal. Me monté mi propio laboratorio fotográfico, tenía mi propia cámara y hacia uso de las fotocopias”.

En la variedad de soluciones y planteamientos radica el valor de esta colección de cubiertas, que los editores han calificado de “taller de imagen”. “Cada semana hablaba con los directores de la Cartelera y trabajaba sobre encargo a partir de sus ideas o bien a mi aire cuando mi propuesta se consideraba interesante”, recuerda Calatayud.

Ilustración de Miguel Calatayud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

Ilustración de Miguel Calatayud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

García Berlanga, Joan Fuster o Vicent Andrés Estellés son algunos de los protagonistas de esta etapa, aunque Calatayud recuerda también con cariño la cubierta dedicada a la desaparición de la censura fotográfica. “Siempre buscábamos el punto divertido y transgresor, transcender la realidad”, comenta. “En aquellos años nos animaba una gran ilusión ante el cambio político y se vivía una gran efervescencia cultural”.

Calatayud no se atreve a dar consejos a los ilustradores jóvenes. “Hoy día se ha ganado tanto en información que incluso los no profesionales hacen trabajos fantásticos”, asevera. “Lo único que me gustaría subrayar es que no se esclavicen al ordenador, que lo utilicen como una herramienta más”.

Pese a la dificultad para abrirse camino en estos tiempos difíciles, considera que la ilustración vive muy buen momento. “El término ilustración ha ganado visibilidad y ha ampliado su campo de acción”, señala. “Cuando yo empecé era difícil explicar en qué consistía mi profesión, que se limitaba al ámbito publicitario o a la ilustración de libros. Pero hoy la creación de imagen se proyecta también sobre el comic, portadas de revistas o los libros ilustrados y hay muchas más editoriales en España  dedicadas al libro infantil ilustrado”.

“La creación de imagen siempre tendrá una demanda como alternativa y complemento de la fotografía. Además es un trabajo muy atractivo que  gracias al tratamiento digital ha ganado una nueva dimensión”, concluye el veterano ilustrador.

Ilustraciones de Miguel Calatatyud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

Ilustraciones de Miguel Calatatyud para la Cartelera Turia. Imagen cortesía de Media Vaca.

Bel Carrasco