Mujeres resistentes, mujeres dolientes

Mujeres: territorios artísticos de resistencia
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 7 de septiembre, 2014

Por un lado, la sociedad patriarcal, entendida según los usos y abusos del feminismo. Por el otro, su denuncia. Por un lado, la represión a la que han sido sometidas las mujeres por efecto de cierto machismo imperante. Por el otro, el destape de tamaño agravio y su correspondiente ajuste de cuentas. Entiéndase tal ajuste de cuentas en su versión más radical (“que les corten la cabeza”) o en su versión más economicista (las cuentas claras, con su debe y su haber). He ahí la declaración de intenciones de algunas de las manifestaciones artísticas protagonizadas por mujeres: sabedoras éstas del poder que confiere su lucha por la igualdad o la diferencia (según), en una sociedad que se siente en deuda con sus víctimas, no dejan de proponer actividades que vayan ganando terreno en esa dirección.

La liberté rassonnée, de Zaera, en la exposición 'Mujeres: territorios de resistencia', en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

La liberté raissonnée, de Cristina Lucas, en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ es una muestra de ese talante crítico, al tiempo que revelador de cierto goce femenino. Comisariada por Irene Ballester, la exposición reúne en la Sala Estudi General de La Nau obra de 11 artistas: Carmen Calvo, Teresa Cebrián, Consuelo Chambó, Diana Coca, Maribel Domènech, Ana Gesto, Cristina Lucas, Myriam Negre, Marina Núñez, Inmaculada Salinas y Rossana Zaera. Obras de diferentes estilos, continentes y contenidos que, sin embargo, comparten esa mirada común por la denuncia y, una vez desencadenada, por el afloramiento de un placer siniestro.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las fotografías de Consuelo Chambó en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Pongamos por caso, ‘La liberté raissonnée’ (La libertad razonada), obra de Cristina Lucas. En un video de 4’ 20”, la artista crea y se recrea en el cuadro de Eugène Delacroix, ‘La libertad guiando al pueblo’, para ofrecer su particular vuelta de tuerca. La revolución en pos de la libertad que en el primer tercio del siglo XIX se desencadenó en Francia, da pie en la obra de Cristina Lucas a cierto ensañamiento perpetrado sobre el cuerpo de la mujer, que Delacroix pinta con los pechos al aire empuñando la bandera tricolor francesa. La madre patria enfervorizada, cuna del intenso nacionalismo hoy de vuelta, se transforma en objeto ultrajado, ligando la pasión política con la pulsión humana.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Detalle de una de las obras de Carmen Calvo en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ se mueve entre ambas franjas: la denuncia social, intensamente política, y su correlato visual en forma de un conjunto de obras que destaca por sus aspectos siniestros. Diana Coca, en ‘La ciudad de las muñecas rotas’, lo manifiesta abiertamente: “Me interesa el cuerpo profanado, con residuos de violencia”, provocado por una “situación de insatisfacción respecto al modelo establecido”. De manera que frente a la crítica de ese modelo, comparece en la obra artística el cuerpo femenino violentado. Lo mismo que ocurre en el video de Cristina Lucas.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición 'Mujeres: territorios artísticos de resistencia', en La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Ana Gesto en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’, en La Nau de la Universitat de València.

Teresa Cebrián, sin mostrar la figura femenina tan descarnada, no deja igualmente de llamar la atención acerca de ciertos ‘Patrones del dolor’. Y Rossana Zaera se hace eco de las tareas domésticas realizadas con máquinas de coser, cambiando el hilo por los cabellos  en ‘La máquina del tiempo’, evocación sarcástica del laborioso y oscuro pasado femenino. Carmen Calvo utiliza la figuración femenina en negativo, para plasmar el silencio, humillación y cierto sadismo en sus imágenes elocuentemente tituladas ‘Has hecho de mí todo lo que querías’.

Mujeres “partidas” (Myriam Negre), carnales y de rostro oculto por una espesa melena (Consuelo Chambó), arrastrando penosas cazuelas (Ana Gesto), sirenas mitológicas (Marina Núñez), fragmentadas en múltiples recortes de prensa (Inmaculada Salinas) o portadoras de un enorme tejido con cables eléctricos (Maribel Doménech), así son esas mujeres resistentes comisariadas por Irene Ballester. Mujeres cuyos territorios oscilan entre la denuncia y el goce siniestro.

Fotografía de Diana Coca en la exposición de La Nau.

Fotografía de Diana Coca en la exposición ‘Mujeres: territorios artísticos de resistencia’ en La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres

¿A qué huele una exposición?

¿A qué huele una exposición?
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Los Prados, 121. Gijón
Hasta el 13 de octubre

La colección olorVISUAL es una colección de arte contemporáneo formada según la visión personal del creador de esencias y coleccionista Ernesto Ventós. Desde los primeros encargos realizados directamente a los artistas en el año 1978 hasta la actualidad, el común denominador de la colección olorVISUAL ha sido la transformación de olor a color, a luz, a sugestión, sueño, memoria y a un sinfín de connotaciones que se han convertido en el personal discurso de esta colección. Un conjunto de obras reunidas bajo esa “nariz subjetiva” del coleccionista.

'NanoEsencia_Grafeno' de Hugo Martínez-Tormo en '¿A qué huele una exposición?'. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘NanoEsencia_Grafeno’ de Hugo Martínez-Tormo en ‘¿A qué huele una exposición?’. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘¿A qué huele una exposición?’ presenta una selección de piezas audiovisuales de la colección olorVISUAL que configuran discursos alrededor de temas de corte social y político, reflexionan sobre lo ficcional, lo performativo y lo onírico, o se proponen simplemente como ejercicios del imaginario. Los artistas presentes en la muestra trasladan al espectador a universos espacio-temporales distintos, en los que otras relaciones con lo real son posibles.

'Genoma' de Charles Sandison en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Genoma’ de Charles Sandison en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

A través de una beca de producción convocada conjuntamente con LABoral, la colección olorVISUAL incorpora la obra nanoEsencia_Grafeno, de Hugo Martínez-Tormo. La pieza, presente en la exposición, propone un acercamiento al arte y a la ciencia desde la íntima visión sinestésica del artista.

La sinestesia -mezcla de sensaciones percibidas por los distintos sentidos- es precisamente el eje conceptual de ‘¿A qué huele una exposición?’, una muestra que invita al espectador a acercarse a las obras a través de “su olor”, a permitir que éstas despierten sus recuerdos y experiencias.

'Red' de Marina Núñez en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Red’ de Marina Núñez en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

Este particular enfoque reivindica la trascendencia sensorial y el potencial evocador del olfato y, también, permite redescubrir desde una perspectiva inédita obras relevantes de la creación audiovisual contemporánea. Favorece, en definitiva, repensar el arte como espacio de evolución y creación desde el que generar nuevas sensaciones, nuevas imágenes, nuevas texturas y, naturalmente, nuevos olores.

Los artistas que participan con sus obras en ‘?¿A qué huele una exposición?’ son: Andrea Bátorfi (Unfolding; Democracia, Charity); Nanna Hänninen (Meditation Practices II. Trying to Be a Better Me); Carlos Irijalba (Inercia); Clare Langan (Glass hour); Cristina Lucas (El eje del mal); Hugo Martínez-Tormo (nanoEsencia_Grafeno); Albert Merino (La esencia de la piedra); Fleur Noguera (Smoke); Marina Núñez (Red); Javier Peñafiel (Conquista básica te vuelvo a pedir que te definas); Benet Rossell (Mil a Miró); Charles Sandison (Genoma); Amparo Sard (Hauptpunkt – Esencia); Martín Sastre (U from Uruguay – Sé rico, sé famoso, sé maravilloso… O sé tú); Hiraki Sawa (Sleeping machine I); Mariana Vassileva (Tango); Tim White-Sobieski (On the Wing); Carla Zaccagnini (E pur si muove).

'Sleeping' de Hiraki Sawa en '¿A qué huele una exposición?' de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

‘Sleeping’ de Hiraki Sawa en ‘¿A qué huele una exposición?’ de la colección olorVISUAL. Imagen cortesía de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

Mujeres resistentes en La Nau

Mujeres: Territorios artísticos de resistencia
Centre Cultural La Nau de la Universitat de València
Sala Estudi General
Hasta el 7 de septiembre de 2014

Bajo el título Mujeres: territorios artísticos de resistencia se ha presenta esta propuesta expositiva en la Sala Estudi General de La Nau, Centre Cultural de la Universitat de València. En esta exposición se muestra una selección de obras de mujeres artistas –realizada por la comisaria, la doctora Irene Ballester Buigues- cuyo trabajo tiene su trasfondo en la igualdad, necesaria en una sociedad democrática. Ellas se muestran como sujeto de poder, y su trabajo el elemento a través del cual se empoderan para hacer presente lo invisible, donde lo corpóreo, se alza como protagonista indiscutible, enmarcado dentro de un territorio de resistencia a través del cual se hacen presentes nuevas voces visuales y narrativas, cuyos códigos abiertos, permiten nuevas significaciones. Unas imágenes, todas ellas, que van a romper con el estado de tensión y pasividad que el falocentrismo ha sometido a las mujeres.

Maribel Domènech, Teresa Cebrián, Carmen Calvo, Inmaculada Salinas, Ana Gesto, Diana Coca, Marina Núñez, Cristina Lucas, Myriam Negre, Consuelo Chambó y Rossana Zaera, desmontan y subvierten a través de sus trabajos la cultura visual anclada en patrones estructurales patriarcales. Escenifican aquello que no tiene nombre y construyen una nueva subjetividad en la que tiene cabida una neva política de la imagen que nos permite subvertir las viejas dicotomías de género.

Para ello destierran, de manera consciente, la estética normativa, contenedora de deseo sexual y paradigma de la estética occidental. Su capacidad crítica, versátil, constante y deliberada de representación, les permite hablar, a través de su arte, y mostrar aquello que el patriarcado ha ocultado detrás de una cortina espesa de humo. El feminismo ha abierto muchas puertas, tantas que la pluralidad es su bandera, por lo que el trabajo de estas artistas también forma parte de un cambio rotundo presente en el arte del siglo XXI, donde representar lo no representable ha supuesto por fin que sea mostrado lo que un grupo dominante no desea ver en manos de otras y otros.

'Patrones del dolor', de Teresa Cebrián. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

‘Patrones del dolor’, de Teresa Cebrián. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Los monstruos que todos llevamos dentro

Monstruo. Historias, promesas y derivas. Fundación Chirivella Soriano
Palau de Joan de Valeriola
C / Valeriola, 13. Valencia
Hasta el 8 de septiembre

Hay dos posiciones del espectador que se enfrenta a una exposición sobre monstruos. Una, la neurótica, consiste en defenderse de ella, atribuyendo tamaña monstruosidad al genio creativo, de manera que todo cuanto allí se despliega, aún excitando su imaginación, finalmente no va con él. La otra, llamémosla romántica, se definiría por su adhesión a unas imágenes que le conmueven y de las que se nutre para explicar la sinrazón del mundo que le rodea. En ambas, el monstruo objeto de la exposición queda reducido a simple categoría, ya sea ésta conservadora o provocativa.

Relámpago de agua, obra de Chema López, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Relámpago de agua, obra de Chema López, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

El monstruo, en tanto expresión radical de nuestra condición humana amenazada de muerte, es otra cosa. Diríamos, incluso, que es la cosa en sí. O lo que es lo mismo: aquello que se resiste precisamente a una rápida catalogación. Cuando el monstruo comparece, ya sea en forma de extraña figura externa o inclasificable sensación interior, conviene prestarle la debida atención porque, en el fondo, moviliza con su inexplicable presencia las tensiones que nos constituyen. Entremos, pues, con cautela y singular disposición de ánimo a la exposición de la Fundación Chirivella Soriano que, bajo el título de Monstruo. Historia, promesas y derivas, se muestra estos días en el Palau de Joan de Valeriola de Valencia.

L'home del martell, obra de Martín Caballero, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

L’home del martell, obra de Martín Caballero, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Sin título y, entre paréntesis, locura, es como Marina Núñez denomina su aproximación a esos monstruos. Y lo hace a través de unos ojos desorbitados, cuya mirada desencajada y sin freno aparente nos coloca en el centro mismo de la monstruosidad aludida. Freud, al hablar de las zonas erógenas, otorgó el máximo protagonismo al ojo, por encima de los genitales, al ser la mirada foco principal de entrada de múltiples sensaciones, en ocasiones devastadoras. La pulsión escópica como fuente de goce siniestro. Queremos verlo todo, sin límite alguno, dado que el límite se asocia con las peores prácticas represoras de un pasado autoritario que aborrecemos. Pero la mirada, una vez abiertas de par en par las compuertas de lo visible, da pie a su vez a la proliferación de monstruosas imágenes por exceso de una luz que quema.

Detalle de la obra de Mery Sales, Mujer elefante III, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas.

Detalle de la obra de Mery Sales, Mujer elefante III, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas.

En el fondo, lo monstruoso tiene que ver con ello: con esa dificultad para regular el flujo de energía que en tropel nos habita. A veces comparece en forma de tirano, cuyas formas excesivas provocan pánico, o mediante las igualmente desatadas fuerzas de la naturaleza. También lo hace a través de nuestra propia demanda interna, fuente de ansiedad y de idéntica voluntad desmedida. Se ve en la obra de Marina Núñez, ya sea en esa locura que procede del ojo mismo, de su incontenible visión, o en esos rostros deformados por efecto o, mejor, defecto de una mirada incapaz de gestionar su propia percepción.

Sn título (monstruas), video monocanal de Marina Núñez, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Sn título (monstruas), video monocanal de Marina Núñez, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

En esta misma línea del ojo exacerbado, también del ojo cariacontecido tras contemplar las consecuencias de su propia falta de límites, se halla la obra de Chema López (Relámpago de agua), de Javier Palacios (Ausencia), de Enrique Marty (El intruso o su serie Amnesia), de Curro González (El durmiente), de José Luis Fajardo (El mirón de la noche), o de Santiago Ydáñez. Y del ojo, al cuerpo, objeto igualmente de misteriosas transformaciones fruto de esa incontenible pulsión que nos habita. Los ejemplos se suceden: la Mujer elefante de Mery Sales, el Oh! pobre niño gordo de Luciana Novo, el Enano de Rosa Martínez Artero, el No sé por qué de Carmen Calvo, el Hecho un Monstruo de Pepe Yagües, L’home del martell de Martín Caballero, el Antropomorfo de Luis Gordillo, la Arcada de grandeza de José Hernández, De ir y venir de Miguel borrego, o El colgado de Rómulo Royo.

Obra de Santiago Ydáñez, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Obra de Santiago Ydáñez, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Completan la monstruosidad, lógicamente los Insomnios de Rafael Tejedor, el extraño cepillado de José Paredes, el descoyuntamiento de Alfonso Fraile, la abstracción de Josep Guinovart el barrido de Joan Aguado, la Identidad secreta de Dadi Dreucol, la mirada elefantiásica de Daniel Coves, el Retrato de Antonio Saura, la dama kafkiana de Antonio Camaró, el rostro grotesco de Julián Pacheco, el Jocker de Chema Cobo, los deformados personajes de Jorge Carla, los fantasmas de Daniel Jordán, la mecánica de Juana Francés, o el Hombre lobo de Cristina Lama.

Elefant man, obra de Daniel Coves, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas.

Elefant man, obra de Daniel Coves, en la exposición Monstruo. Historias, promesas y derivas.

Monstruo. Historias, promesas y derivas es una exposición singular para acercarnos al temor que, en tanto seres contradictorios, limitados por los dictados culturales y a su vez impelidos a desprendernos de sus ataduras, nos constituye. Más allá del extenso catálogo de monstruosidades que la Fundación Chirivella Soriano muestra en el Palau de Joan de Valeriola, lo que la exposición refleja, y de la cual deberíamos empaparnos, es la tensión de una humanidad en constante pugna con su propia energía autodestructiva.

Sin título (locura), obra de Marina Núñez, en la exposición Mostruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Sin título (locura), obra de Marina Núñez, en la exposición Mostruo. Historias, promesas y derivas. Imagen cortesía de la Fundación Chirivella Soriano

Salva Torres

Cuatro formas de contar historias

Storymakers
Galería Paula Alonso
Lope de Vega, 29, Madrid
Inauguración: 6 de abril de 12 a 20 h.
Hasta el 28 de mayo de 2013

Marina Núñez, Serie Imago: Inés, Carmen, Enrique y Pedro. 2009, video monocanal, 2" cada pieza. Imagen cedida por Galería Paula Alonso.

Marina Núñez, Serie Imago: Inés, Carmen, Enrique y Pedro. 2009, video monocanal, 2″ cada pieza. Imagen cedida por Galería Paula Alonso

La galería Paula Alonso presenta dentro del Festival “Jugada a 3 bandas” la exposición Storymakers, comisariada por Carlos Delgado Mayordomo, y que recoge el trabajo de cuatro artistas que plantean la pertinencia de seguir elaborando historias en un contexto, como el actual, sobrecargado de información y de alta densidad visual. Chema López, Nacho Martín Silva, Marina Núñez y José Luis Serzo toman como punto de partida las estructuras del relato para descubrirnos las fracturas de las narraciones hegemónicas que se han adueñado de las prácticas sociales, los saberes y la memoria del individuo. El cruce entre fabulación y realidad, la deconstrucción de la idea de verosimilitud y el replanteamiento del concepto de identidad son algunas de las herramientas con las que los cuatro artistas generan alternativas discursivas a las historias tradicionales. Estas estrategias, desarrolladas en diferentes niveles y con intereses múltiples, les posicionan más como hacedores que como contadores de historias: el núcleo de su trabajo es modular, transformar y forjar nuevos códigos para unos relatos que nunca se muestran con sus aristas semánticas fijadas ni con sus conflictos narrativos cerrados.

Chema López (Albacete, 1969) reflexiona sobre la posibilidad de crear realidad a partir de la ficción. Frente a la historia de los vencedores y los bienes culturales que estos han generado, el artista elabora un complejo discurso –no exento de un sutil sentido del humor– organizado sobre la emoción del descubrimiento de una mirada transversal sobre aquellas historias cuya fiabilidad se ha basado en su repetición infinita.

Nacho Martín Silva* (Madrid, 1977) entiende la pintura como forma e investigación, es decir, como percepción y concepto. Esta unión de un binomio tradicionalmente irreconciliable es el punto de partida para el cuestionamiento de otros códigos que han determinado las parcelas exclusión en las que se ha vetado a la pintura. Una de ellas es la idea de proceso, aspecto que el artista trabaja a partir de una narratividad abierta y descoyuntada como relato.

* N.M.S. en colaboración con galería Nuble.

Una de las claves conceptuales de la amplia producción de Marina Núñez (Palencia, 1966) es el cuestionamiento de la identidad como algo esencial, unitario, inmutable y ajeno al entorno. Sus narraciones (siempre colapsadas en el interior del conflicto, suspendidas en el proceso de llegar a resolverse) tienen como protagonista a ese otro que no está estipulado, que se mueve fuera de lo normativo y que ha permanecido oculto en las trincheras de la normalidad.

La obra plástica de José Luis Serzo (Albacete, 1977) ha articulado, desde muy diversos medios, la posibilidad de entender el arte como un gran relato. A lo largo de trayectoria ha sido capaz de construir otro mundo a través del cual parafrasear y trascender el nuestro; ahora bien, frente a la idea de escapismo ante un panorama hostil, el artista propone una plataforma esperanzadora desde la que establecer nuevos paradigmas éticos, sociales y emocionales.

Chema López, "Remake (serie Print the legend)", 2010. Óleo sobre lino 170x122 m. (x2) + acrílico sobre tela 63x67 cm. Imagen cedida por Galería Paula Alonso.

Chema López, «Remake (serie Print the legend)», 2010. Óleo sobre lino 170×122 m. (x2) + acrílico sobre tela 63×67 cm. Imagen cedida por Galería Paula Alonso