Obietnica, una palabra tuya bastará…

Obietnica, de Anna Kazejak
Sección oficial de largometrajes
Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove
Del 20 al 27 de junio

Aquella creencia bíblica en la palabra, una sola bastará para sanar, se torna en la película Obietnica (The Word), de la directora polaca Anna Kazejak, palabra maldita. Porque será la palabra a la que alude el título del film, pronunciada por la joven Lila (Eliza Rycembel), la que desencadenará la pulsión asesina de Janek (Mateusz Weiclawek). La perversa nínfula, que recuerda en esto la retorcida representación de la infancia en La cinta blanca, de Michael Haneke, pedirá a su novio infiel que si quiere volver a tener su amor mate a quien ha osado robarle el cariño: la atractiva Angelika (Luxuria Astaroth).

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel y Mateusz Wieclawek en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Esa transformación de la palabra sanadora, que hasta hace bien poco servía igualmente para sellar acuerdos sin necesidad de papeles, aparece rebajada en Obietnica a palabra deudora de muerte. Habrá otras, pero serán de rango policial, sin duda necesarias para descubrir a los autores del crimen, pero incapaces de detener el mal de amores de los jóvenes adolescentes. Como sucede en la gran mayoría de películas a concurso en Cinema Jove (lo cual daría para un análisis más profundo), las familias apenas sirven de marco impotente a tamaña crispación juvenil.

Los padres, tanto en Obietnica como en Ártico, Nagima o Violet, por citar algunas de las ya presentadas a concurso, aparecen como meros comparsas de la desnortada vida de sus hijos, los cuales vagan como almas en pena en contextos, no por diferentes, igualmente vacíos de sentido. Anna Kazejak narra la desolación de Lila, tras descubrir la infidelidad de su novio, y su posterior sed de venganza, con la cámara pegada a los rostros de sus protagonistas. Resulta claustrofóbico ese seguimiento y, al hilo de las últimas tendencias, repetitiva esa manera de colocarse a sus espaldas, pero aunque plásticamente no haya aportaciones dignas de encomio, la narración crece en intensidad a medida que se va desvelando la autoría criminal.

Fotograma de la película 'Obietnica', de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Fotograma de la película ‘Obietnica’, de la directora polaca Anna Kazejak. Cinema Jove.

Lila lo fiará todo a la palabra con la que Janek ha sido abducido: jamás revelará que fue ella quien le indujo a cometer el vil asesinato. Lila se sabe fuerte, a pesar del llanto que sigue a su particular versión de los hechos, porque Janek la tiene por diosa de un amor eterno. Diosa que impone cierto sacrificio de muerte, que su novio cumplirá como fiel devoto; devoción imaginaria a la que sucumbe vía internet mostrándole Lila su desnudo cuerpo. La masturbación será el lógico desencadenante de su frustrada relación con aquella que le demanda muerte en lugar de encuentro amoroso.

Aceptado el lugar residual de los padres, patéticos adultos reflejo de la inmadurez de sus propios vástagos, sólo queda la red social como alternativa del sufrido amor esquivo o la crispación derivada de su imposible consumación. Obietnica es un ejemplo más, sin duda clarividente, del malestar juvenil en tiempos de indolencia paterna. Tachada la institución familiar de conservadora, por ese marchamo de rancio autoritarismo, el cine se llena de jóvenes perdidos que optan por la violencia o el crispado desencanto. Lo muestra la directora polaca Anna Kazejak, pero es el síntoma reflejado en otro buen puñado de películas y cortometrajes de Cinema Jove, sin duda magnífico escaparate para un posterior análisis sociológico.

Eliza Rycembel en un fotograma de 'Obietnica', de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia - Cinema Jove.

Eliza Rycembel en un fotograma de ‘Obietnica’, de Anna Kazejak. Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove.

Salva Torres

La nostalgia adolescente de Claude Nori

Vacaciones de a la italiana, de Claude Nori
Foto librería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 10 de diciembre

Hay, sin duda, alegría. Una jovialidad mediterránea que parece sanar la mirada, purificarla. El ambiente soleado de las playas del sur de Italia (alguna hay del suroeste francés) y las jóvenes adolescentes que las pueblan en bikini, son los elementos de los que se vale Claude Nori (Toulouse, 1949) para que sus fotografías rezuman esplendor juvenil; un elixir de vida que, sin embargo, deja un halo fantasmal inquietante. “Diríase que, aterrado, el fotógrafo debe luchar tremendamente para que la fotografía no sea la muerte”, apunta Roland Barthes en ‘La cámara lúcida’.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Claude Nori, más que aterrado, parece embelesado por esas jóvenes adolescentes recién salidas del cascarón familiar. Y, más que luchando para que sus imágenes no sean la muerte, se limita a dejarse llevar por ese aire cálido, ingenuo, despreocupado del ambiente playero, con el fin de atrapar en sus fotografías la mucha vida que esas jóvenes tienen todavía por delante y que el espectador recibe como una bocanada de viento fresco. Pues bien: a pesar de todo, el terror y la muerte apuntadas por Barthes no terminan de desaparecer de esas imágenes de luminosidad veraniega.

Fotografía de la exposición 'Vacaciones a la italiana', de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de la exposición ‘Vacaciones a la italiana’, de Claude en Foto librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Las Vacaciones a la italiana de Claude Nori, que la Fotogalería Railowsky acoge hasta el 10 de diciembre, conjugan ambas cosas a la vez: lo luminoso y lo sombrío, la inocencia y la melancolía. Lo dice el propio artista, en un extracto de su libro ‘Les désirs sont déjà des souvenirs’, cuyo título ya es harto significativo: “De aquellas vacaciones en Italia me quedó sin duda, al mismo tiempo que la nostalgia, un estilo de vida que la fotografía me ha permitido desarrollar con total impunidad”. Cada verano, ayudado de su cámara fotográfica, Nori se remonta en el tiempo viajando a lugares que le permiten reencontrarse “con el adolecente que fui”.

'Vacaciones a la italiana', de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’, de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Esa búsqueda del tiempo perdido, de los deseos que son recuerdos, es lo que imprime al trabajo de Claude Nori ese carácter ambivalente de inyección vital y blanda letanía. Las jóvenes adolescentes de sus fotografías están ahí para recordarnos, ya sea abstraídas, mirando a cámara, besándose a la claridad furtiva del día o jugando en la playa, la fugacidad del tiempo que el artista niega con su arrebatada mirada impregnada de nostalgia. De nuevo, Barthes: “La foto, de por sí, no es animada, pero me anima: es lo que hace toda aventura”.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Foto Librería Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

La animación, que igualmente caracteriza esas Vacaciones a la italiana de Nori, sin duda anima a establecer vínculos “con el adolescente que fui”, que fuimos. Y, por tanto, a iniciar una aventura por el tiempo y el espacio evocados en esas playas y esas jóvenes sin conciencia de la vida que, mortecinamente, pasa. Claude Nori se acerca con su cámara hasta ellas, unas veces de puntillas y otras abiertamente descarado, con la intención de atrapar el inmenso mar reflejado en sus delgados cuerpos, en sus gestos distraídos, en sus encuentros veraniegos.

Diríase que Nori, como el Humbert de ‘Lolita’, no puede dejar de exclamar: “Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girls-scouts, no siempre señalará a la nínfula”. A no ser, continúa diciendo Humbert, que seas un artista y un loco, “un ser infinitamente melancólico”, para reconocer al “pequeño demonio mortífero entre el común de las niñas”. Y ahí están, “ignorantes de su fantástico poder”, esas adolescentes o nínfulas en las imágenes de Claude Nori; fotografías tan bien encuadradas como deficientemente reveladas, dejándonos esa nostalgia que incita a la aventura y a la mirada descaradamente furtiva.

'Vacaciones a la italiana' de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

‘Vacaciones a la italiana’ de Claude Nori en Railowsky. Imagen cortesía de Railowsky.

Salva Torres