«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

XXXVIII Premis Literaris Ciutat de València

XXXVIII Premis Literaris Ciutat de València
Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales | Ayuntamiento de València
Dotación: 72.000 € en total
Hasta el 22 de julio
Martes 16 de junio de 2020

El Ayuntamiento de València ha convocado la XXXVIII edición de los Premis Literaris Ciutat de València, un certamen que en los últimos años ha reunido más de 1.000 textos procedentes de distintos lugares del mundo. El plazo para participar en este concurso, que desde el año 2016 se celebra en un total de ocho categorías (narrativa, ensayo, teatro y poesía, tanto en valenciano como en castellano), terminará el próximo 22 de julio.

La concejala delegada de Patrimonio y Recursos Culturales, Glòria Tello, ha dado a conocer la convocatoria de estos galardones, que implican una dotación económica “y la culminación del proceso de difusión de las obras con su publicación”. En palabras de la concejala, estos premios que llevan el nombre de la ciudad son uno de sus baluartes culturales que, además, demuestran el compromiso del gobierno local con el talento y la creatividad”.

“De hecho, a lo largo de los de las últimas cuatro ediciones, se han presentado más de 1.000 textos procedentes no solo de las diversas comarcas valencianas y del resto de España, sino de países hispanoamericanos (como Argentina, Chile, Cuba, México o Uruguay), y de otras naciones, como los Estados Unidos, Francia o Israel”, ha añadido.

La convocatoria, organizada por la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales, a través del Servicio de Recursos Culturales, contempla que la recepción de originales concluirá el próximo 22 de julio de 2020 para todas las categorías.

Por lo que respecta a las categorías, las bases concretan: el «Premi Isabel de Villena», de narrativa en valenciano (dotado con 12.000 €); el «Premi Vicente Blasco Ibáñez», de narrativa en castellano (dotado igualmente con 12.000 €); el «Premi Josep Vicent Marqués», de ensayo en valenciano (dotado con 10.000 €); el «Premi Celia Amorós», de ensayo en castellano (también dotado con 10.000 €); el «Premi Eduard Escalante», de teatro en valenciano (con 8.000 € de dotación); el «Premi Max Aub», de teatro en castellano (con otros 8.000 €); el «Premi Maria Beneyto», de poesía en valenciano (con 6.000 €); y, por último, el «Premi Juan Gil-Albert», de poesía en castellano (que cuenta asimismo con 6.000 €).

“A la dotación económica se ha de añadir, en la ceremonia de entrega de los galardones, una escultura original de Miquel Navarro, uno de los grandes artistas contemporáneos valencianos”, ha añadido Glòria Tello, que ha aclarado: “Asimismo, en tanto culminación del proceso de difusión de las obras, todas ellas serán publicadas por sellos de prestigio, gracias a los acuerdos con las editoriales Bromera (narrativa, teatro y poesía) y Edicions del Bullent (ensayo), para los libros en valenciano; y con Pre-Textos (narrativa, ensayo y poesía) y Ñaque (teatro), para los volúmenes en castellano”.

“La colaboración de estas casas editoras con la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales ayuda a acrecentar la relevancia de estos premios”, ha concluido Glòria Tello, tras recordar que todas las obras que se presenten a estos galardones han de ser originales e inéditas, y en el caso de las piezas teatrales, además, no han de estar estrenadas ni dadas a conocer en lectura pública antes de la concesión del galardón.

‘La Ciudad Especular’ (2017), de Xavier Monsalvatje.

MAKMA

«Parking habla de amor, esperanza y desesperación»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Tudor Giurgiu (cineasta)
‘Parking’
110′
Con Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo
Rumanía-España-República Checa, 2019
Filmin
Martes 26 de mayo de 2020

En el atemperado febrero de 2002 recalaba en la estación de autobuses de Córdoba un joven y anónimo immigrante llamado Marin Malaicu-Hondrari (Rumanía, 1971), quien portando consigo apenas un par de palabras en castellano (“hola” y “trabajo”) conseguiría empleo (y vivienda) en el periférico cinturón sur de la ciudad como vigilante de un desvencijado concesionario al aire libre, atesorando por techumbre una precaria caravana estacionada en el recinto.

Sin embargo, Malaicu-Hondrari pronto se revelaría en un individuo singular, perfilado por unas inquietudes literarias alimentadas durante las cálidas, insomnes y solitarias madrugadas cordobesas –entre lecturas de Bolaño (referencia de oficios y narrativa) y transistores–, que hubieron cimentado tanto su perfil lector en lengua española como sus virtudes poéticas –’El vuelo de la mujer sobre el hombre’ (2004, Premio de Debut por la Unión de Escritores de Rumanía)– y prosísticas –’El libro de todas las intenciones’ (2008), publicado un año después del retorno definitivo a su país–. Dedicaciones que le han granjeado venturoso horizonte profesional como traductor literario del castellano al rumano y, aún más relevante, una inopinada celebridad como escritor de éxito al oeste del delta del Danubio.

Sería en la primavera de 2010 cuando Marin Malicu alumbraría ‘Cercanías’ (editado en España por el sello granadino Traspiés y traducido por Elena Borrás), una novela polifónica que concita buena parte de sus deriva vital en España y con la que procura un ejercicio reflexivo en torno del amor, la inmigración y la literatura; elementos con los que gestar una libérrima y noctívaga adaptación cinematográfica junto a su compatriota, el cineasta Tudor Giurgiu, quien dirige ‘Parking’ –séptimo largometraje del también productor y organizador del Transilvania International Film Festival–, una coproducción rumano-hispano-checha –protagonizada por Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo– que ha sido estrenada directamente en la plataforma Filmin como consecuencia de la COVID-19 y sobre la que MAKMA cuenta con el testimonio de su director en la siguiente entrevista.

¿Qué proceso de incubación ha desarrollado esta película desde la publicación, en 2010, de ‘Closeness’ (‘Cercanías’), de Marin Malaicu-Hondrari? ¿Qué le incita a contactar con el escritor?

El libro me impresionó mucho. Es una historia muy singular contada en un estilo muy particular. Me gusta la forma en que se retrató la inmigración, totalmente diferente a cualquier otro libro que haya leído; me gustó mucho la amistad masculina entre Adrián y Rafa y, sobre todo, su toque romántico y esta mirada muy especial hacia Andalucía. Un rincón muy marginal, pero aún poético, donde pueden suceder cosas mágicas.

¿Contar con la presencia y colaboración de Marin en la escritura del guion le ha permitido ajustarse fielmente a la novela o, en cambio, han introducido variaciones en la composición de personajes, relaciones y sucesos?

Nos vimos obligados a cortar muchos personajes y subtramas del libro. Estoy realmente agradecido con Marin porque aceptó muchas de mis sugerencias. Tenía ganas de comenzar de nuevo todo el proceso de escritura del libro. Todos estos elementos policiales o de suspense que aparecen en la segunda parte de la película no estaban en el libro y todavía me pregunto si fue correcto agregarlos a la trama principal.

Una extremidad fundamental de su película se encuentra en ciertas localizaciones, especialmente el aparcamiento de vehículos que brinda título al filme. ¿Era este un emplazamiento real y fidedigno, presente en el relato autobiográfico de Marin Malaicu?

El estacionamiento es muy real y es el mismo lugar donde Marin solía ser el guardia nocturno en 2002 y durante, aproximadamente, dos años. El lugar me pareció muy especial y no pude encontrar ningún emplazamiento que coincidiera con la poesía del libro. Esperaba que este estacionamiento fuera como un personaje principal de la película; es como un lugar del fin del mundo, un limbo, al que los cuatro personajes llegan y nos cuentan sus historias sobre el amor, la esperanza o la desesperación.

Adrian (Mihai Smarandache) escribiendo en su caravana durante una de las madrugadas de ‘Parking’. Fotografía cortesía de Filmin.

Sin embargo, ‘Parking’ apenas cuenta con referencias que sitúen geográficamente la diégesis de la película (a lo sumo, un gaitero tocando en Candás que rubrica el viaje efímero del protagonista a Asturias). ¿Considera que la historia podría evolucionar del mismo modo en cualquier otro lugar?

No lo creo. Soy un cineasta que cree que el espacio físico alrededor de los personajes está influyendo en ellos o en sus acciones. Siempre estoy buscando lugares y ubicaciones que puedan decir mucho sobre cómo son mis héroes o cómo se comportan. Me resulta difícil imaginar otro lugar perfecto como las afueras de Córdoba o este maravilloso pueblo de Candás, con su promontorio sobre el mar.

¿Es ‘Parking’ una mirada sobre las singularidades y dificultades de la inmigración o, en cambio, para usted este no es más que un subtema a partir del que filmar cuestiones existenciales relacionadas con la transformación individual?

La experiencia de inmigración fue un tema secundario cuando comencé el proceso de adaptación del libro. Pero, más tarde, se volvió bastante importante, ya que he hablado mucho con Marin sobre su experiencia personal, estar solo y aislado en una cultura extranjera. No quería hacer otra película que tratara aspectos sociales de la inmigración, hay muchas buenas. Quería centrarme en las transformaciones de este poeta, que es un tipo muy diferente de inmigrante.

¿Qué papel juega la literatura en el horizonte vital de Adrian?

No puede vivir sin literatura, es su adicción. Le encanta la literatura española y espera poder algún día leer todos los clásicos directamente en español.

Repite con Mihai Smarandache y se estrena con un plantel de actrices y actores españoles. ¿Cómo ha sido su experencia con este singular reparto?

Trabajar con actores tan buenos como Belén (Cuesta), Ariadna (Gil) o Luis (Bermejo) fue un sueño. Después de conocer a Belén y ver sus películas, supe que sería genial para el papel. Incluso me sorprendió que ella no haya tenido muchos papeles dramáticos antes e hiciera muchas comedias o historias ligeras. Tiene una personalidad fuerte y puede hacer papeles muy diferentes, es inteligente, una actriz completa, incluso muy joven (estoy tan feliz por su éxito en los Goya); estoy seguro de que será una de las grandes estrellas del cine europeo en los próximos años.

Conocer a Ariadna fue mágico, nunca hubiera imaginado que trabajaría con una actriz tan genial. Ella leyó el guión completo antes de nuestro primer encuentro y se le ocurrieron puntos muy buenos sobre la narración. Ella no dijo que sí de inmediato, pero quería tenerla en la película, hicimos todo lo posible para adaptar su horario de teatro al nuestro. Seguimos siendo amigos, le escribiría un papel en cada película que haga.

Luis es un actor increíble, una personalidad maravillosa. Filmar las escenas con Luis en el caballo fue lo más destacado de nuestro período de rodaje en Córdoba, ¡fue único!

Estoy tan feliz de haber encontrado un elenco maravilloso; realmente soñé con encontrar cuatro actores (incluido Mihai) que encajen y funcionen como un conjunto. Supongo que ayudó mucho el hecho de que hacen teatro regularmente (creo que la experiencia teatral brinda habilidades maravillosas a los actores).

¿Su inesperado estreno online a través de Filmin ha variado generosamente sus expectativas? ¿Considera que esta eventualidad, fruto de la pandemia, puede beneficiar a su película?

Creo que es un movimiento valiente e inteligente de nuestros coproductores españoles. Esta crisis por la COVID-19 nos obligó a todos a repensar los circuitos de distribución habituales y estoy bastante seguro de que los lanzamientos de VOD pueden convertirse en una fórmula ganadora para proyectos como ‘Parking’, que no apuntan a un lanzamiento comercial amplio. Muchos títulos europeos no son exhibidos en Estados Unidos, por ejemplo, y algunos pueden tener una vida más larga en las plataformas VOD. Espero que haya suficiente curiosidad en España por mi película y espero que tengamos una buena audiencia.

Tudor Giurgiu. Fotografía de Cornel Lazia cortesía de cineuropa.

Jose Ramón Alarcón

La poética cotidianeidad de Rocío Rojas-Marcos

#MAKMAEntrevistas | Rocío Rojas-Marcos
‘Habitada por palabras’
Huerga & Fierro, 2020
24 de mayo de 2020

“Hay meses que duran años,
días tan tremendamente largos
que pierdo la cuenta de las horas”
(‘Mayo’ | Rocío Rojas-Marcos)

Vivimos un tiempo excepcional, impredecible y confuso, en el que algunas jornadas se nos hacen tan interminables como esos días de mayo de los que nos habla la escritora andaluza –profesora en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y en el International College of Seville– Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979) en su poemario ‘Habitada por palabras’ (Huerga & Fierro, 2020); un título con el que inicia una trayectoria poética que viene a sumarse a su itinerario como narradora de Tánger, ciudad que concentra buena parte de sus inquietudes.

Y así lo ha demostrado en ensayos como ‘Tánger: la ciudad Internacional’ (Almed, 2009), ‘Sanz de Soto y Buñuel: «La tercera España transfretana»’ (Khbar Bladna, 2012) o ‘Tánger, segunda patria’ (Almuzara, 2018), y en diversas colecciones de relatos como ‘Los conjurados de Tánger’ (Sures, 2019) –junto a destacados amantes de la ciudad marroquí como Javier Valenzuela, Alberto Gómez Font, Farid Othman-Bentría Ramos o Santiago de Luca, entre otros–.

‘Habitada por palabras’ es, además, una de las novedades de la editorial Huerga & Fierro que se han visto afectadas por las consecuencias de la COVID-19 –tal y como su editora, Charo Fierro, manifestaba en el artículo ‘Editoras en tiempos convulsos‘ (publicado en MAKMA el pasado día 20)–, puesto que el poemario iba a ser presentado durante la 79ª edición de la Feria del Libro de Madrid (pospuesta, finalmente, para el mes de octubre).

Por ello, nada mejor que acercarnos a ese lugar inédito en el que habitan las palabras de Rocío Rojas-Marcos a través de su propio testimonio.

Atendiendo a tu trayectoria, encaminada por otras sendas ajenas a la poesía, ¿cómo has desembocado en este género?

La realidad es que desde la adolescencia he escrito. Tal vez entonces no eran más que intentos, juego de experimentación, por ponerles un nombre. No conservo ninguno de esos poemas, recuerdo que contaba sílabas sin olvidarme de las sinalefas. Luego pasé años en los que leía más que escribía, hasta que ‘Habitada por palabras’ empezó a tomar forma. En 2012, entendí qué quería decir con estos poemas, dónde quería que fuésemos de la mano. Han pasado muchos años, pero creo que le han sentado bien al libro porque al leerlo se revela con una atemporalidad que es fundamental para la literatura. No es una escritura impulsiva ni empujada por acontecimientos, eso hace que no caduque, creo.

Encabezas el poemario con un cita de Henri Miller y concluyes con una referencia a Walter Benjamin. ¿Qué grado de influencia han tenido en la composición del poemario? ¿Tiene algún significado especial o decisivo con el que conducirte?

El motivo de cada una es bien distinto. La visión urbana de Benjamin me interesa mucho. Tal vez, aquí sí está un poco de esa yo de sendas ajenas a la poesía sobre la que me preguntabas. La simbiosis entre espacio –espacio urbano, especialmente– y literatura es lo que vengo estudiando desde hace años en la ciudad de Tánger. Me apasiona entender cómo el hombre construye no solo el espacio en el que vive, sino que también lo escribe. Se produce, por tanto, una doble creación de un mismo espacio. Ahí Benjamin tiene mucho que decirnos.

La cita de ‘Trópico de Cáncer’, de Miller, la metí cuando el libro estaba casi terminado. Un día, al leerla, entendí que eso era lo que yo estaba haciendo: “Lo esencial es querer cantar”, dice Miller, y yo pensé que eso era: que yo quería cantar. Y canto tan terriblemente mal que menos mal que puedo escribir; y ese es mi canto.

Igualmente, acontecen Pessoa, Ángel González, Ángeles Mora, Leopoldo María Panero y Paul Auster.

Sí, yo necesito lecturas. El poema ‘Necesidad’ está dedicado precisamente a eso. Es el reconocimiento de que, para escribir yo, necesitaba deshacerme de las palabras de los demás. También el título responde en cierto modo a lo mismo. Me gusta decir que quise copiarle a Cortázar el título de ‘Casa tomada’, adaptarlo, pues yo estoy habitada por palabras a las que no identifico en muchos casos y con las que me he acostumbrado a vivir. Lo que espero es no acabar como los hermanos del cuento, que no puedan conmigo. Yo no quiero irme y tirar la llave. Por eso me encanta leer a Panero, las palabras se apoderaron de él y de ahí surge su genialidad.

Pessoa creo que no necesita explicación, no hay poesía sin Pessoa. Ángel González es uno de los poetas españoles que más leo y releo, es uno de mis escritores de cabecera, si es que ese tipo de expresiones tan manidas pueden seguir diciéndose. Pero es que es la verdad. Entiendo versos suyos como si me los estuviese dictando.

Leer ‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora, fue para mí una sorpresa, casi un susto. Estaba leyendo lo que yo quería haber escrito. Tenía la sensación de que teníamos poemas que lidiaban con ideas tan parecidas que tuve que pensar fríamente y calcular que el manuscrito de ‘Habitada por palabras’ hacía ya meses que estaba en manos del editor cuando yo leí, por primera vez, a Mora; por tanto, yo no había parafraseado nada. Era como mirarme a un espejo.

Paul Auster tal vez es el escritor que menos encaja en esta secuencia, pero siempre ha sido uno de los novelistas que me han gustado, He leído todas su novelas y diarios. Me encanta como juega con la magia, el misterio de lo inesperado. Como si escribiese realismo mágico en Nueva York. Cuando publicó su poesía completa (está en edición bilingüe), descubrí a un escritor diferente, más racional; me interesó mucho. Esa línea es la que ha seguido en sus últimas publicaciones y la novela ‘4, 3, 2, 1’ es sublime. Una oda a la fuerza de lo insignificante en el devenir de la vida.

Rocío-Rojas Marcos recita para el Instituto Cervantes de Tánger el poema ‘Bulevar’, perteneciente a su poemario inédito ‘GMMTT’, inspirado en la ciudad de Tánger.

¿A qué responde que hayas estructurado el poemario en dos partes?

A la dicotomía entre interior y exterior. El poemario entero gira en torno a la vida compartida, al amor y el desamor, a la incertidumbre y la soledad. La primera parte es la vida interior, la que lucha la voz de los poemas desde las pareces de su casa, pero en la segunda parte aparece con más fuerza la ciudad, las calles se entremezclan con la vida. Surge un caos que no es tan controlado como el que se mantiene dentro de las pareces de una casa.

Los conceptos de soledad, huida, incomunicación, abandono y vacío están muy presentes a lo largo ‘Habitada por palabras’. ¿Sintetizan, en buena medida, el estado emocional de tu poemario?

Sí, sin duda. Quería reflexionar sobre los vaivenes de la vida, sobre la mentira de la linealidad del tiempo de nuestra vida y la sinuosidad real que compone nuestra existencia, pero creo que pudo conmigo la desazón en muchos de los poemas. Darme cuenta que somos, a pesar de las muescas. La última antología que acaba de publicar Margarit (Joan) la ha titulado ‘Sin el dolor no habríamos amado’; creo que es el verso perfecto que explica mi obra.

En tu poema ‘Diluidos’ se entrevé una cierta metáfora entre casa y cuerpo.

Sí, puede leerse así, sin duda. Esa es la dicotomía a la que antes me refería. La unión entre el yo de los poemas y su encierro en la casa donde existe y está, en cierto modo, protegido a pesar del frío, pues ese frío es interior.

¿Consideras que el tono general de los poemas dibuja una atmósfera austera en la que los escasos objetos mencionados adquieren un extraordinario valor simbólico?

Está también relacionado con lo anterior. Son objetos normales, vulgares. Hay lápices, sillas, horquillas, zapatos planos para andar cómoda. Una lista de objetos cotidianos, porque la vida es cotidianeidad y tiempo.

De volver al pasado / solo puedo decirte una cosa: / ya no me interesa”. El poema ‘Reinventarme’ encierra toda una declaración de intenciones. Sin embargo, ¿cómo gestionas todo lo pretérito?

Bueno, repitiendo lo que acabo de decir: la vida es cotidianeidad y tiempo y el tiempo pasa y no se detiene. Eso lo sabemos, por tanto, si queremos aprender a vivir tranquilos (no me atrevo a decir felices) hay que intentar no mirar mucho hacia atrás. Cualquier pasado no es verdad que fuese mejor, simplemente está pasado. La literatura enseña a vivir así, pero hay veces que cuesta entender en tu vida lo que aceptas en unas páginas. No tienes por qué quererlo.

Desde el marco de mi ventana / encuadrado por la madera, / pin…pon / el cielo es solo un trozo recortado”. ¿Qué mira ahora desde su ventana ‘El niño del cuarto’?

El niño del cuarto es la vida más allá de las pareces de la casa. El Pepito Grillo que nos ayuda a saber que el mundo está al otro lado de la ventana, aunque tengamos poco ángulo de visión. La ciudad, que es la vida en sociedad, sigue ahí. La verdad es que esto, precisamente ahora, parece rozar lo utópico, pero ojalá pronto otro niño en otro piso moleste a todos los vecinos y les recuerde que somos seres sociales y nos necesitamos.

La escritora Rocío Rojas-Marcos. Fotografía cortesía de la autora.

Merche Medina

«Para viajar sola hay que empoderarse»

#MAKMAEntrevistas | Elisabeth G. Iborra
‘La vuelta al mundo de Lizzy Fogg (II Parte). Consejos para mujeres que viajan solas’
Ediciones Casiopea, 2018
7 de mayo de 2020

‘La Vuelta al mundo de Lizzy Fogg II’ es un libro gourmet de aventuras y peripecias internacionales contadas con desparpajo sobre la experiencia de viajar sola alrededor del mundo siendo mujer.

La escritora Elisabeth G. Iborra es autora del bestseller ‘Anécdotas de enfermeras’ y de otros 20 libros, entre ellos ‘La vuelta al mundo de Lizzy Fogg (I)’, ‘La medicina todo locura’, ‘El amor me persigue pero yo soy más rápida’, ‘Idealizado estás más guapo’ o, el último, ‘Oda a la comida’. Esta transgresora periodista especializada en sexología, viajes, gastronomía y vinos, rompe cánones literarios.

En el prólogo de tu libro indicas 18 meses para 33 países, ¿no es poco tiempo?

Es suficiente para ver lo que quieres de cada país y tantear si te quieres quedar más en unos o menos en otros. Yo así lo hice: en Brasil, Colombia, Australia, Nueva Zelanda, México y Argentina me quedé bastante tiempo; en cambio, de Bolivia y Vietnam salí corriendo. Lo mejor es darse la opción de improvisar.

¿Viajar sola y saliendo de situaciones complicadas por ti misma te empodera? ¿Te reafirma para ser tú misma?

Digamos que para viajar sola hay que ir empoderándose poco a poco antes, para tener herramientas y coraje cuando te encuentres en algunas situaciones complicadas. Al superarlas, te empoderas más y te refuerzas porque compruebas tu capacidad resolutiva y otras habilidades que quizá desconocías antes del viaje.

Según cuentas en tu libro, la India es un país de contrastes: idioma, sufrimiento, mendicidad, peligro por la noche, corrupción… Pero también son imperdibles Taj Mahal, Akshardam, Marari Beach, la convivencia de religiones, las frutas, la cobertura del móvil, el yoga… Solo me asalta una duda: ¿nos puedes explicar exactamente qué es la danza del tigre?

(Risas) Ese episodio me sucedió en Kerala, la zona más bonita del país, cuando me vi sola entre un grupo de hombres de distintas nacionalidades e intuí que era la presa a disputarse. Uno se intentó erigir como dueño y señor y, ante todos los demás, le dejé claro que yo me iba a dormir sola, para que ninguno se llamara a engaño. ¡Para saber cómo me libré de ellos hay que leer el capítulo!

Taj Mahal. Fotografía cortesía de la escritora.

¿Por qué consideras Vietnam el peor país y Argentina el mejor para visitar?

Porque en Vietnam la mayoría de la gente va a explotarte como si fueras la gallina de los huevos de oro y en Argentina van a ayudarte y a dártelo todo con absoluta e infinita generosidad. Adivina qué experiencia de viaje te va a hacer más feliz…

Hong Kong es distinta a China porque no hay tanta censura, por la libre sexualidad, etc., pero sorprende cuando dices que el mercado de jade es abominable. ¿Lo dices por la anécdota del karaoke?

Lo digo porque tienen un mal gusto de campeonato. Sus mercadillos son como un bazar chino gigante y con todas las horteradas que jamás te llegarías a imaginar. Hasta los toys sexuales eran feos… Por no hablar de Macao, que es el colmo de la ordinariez más ostentosa.

Yo tenía en mi lista de viajes pendientes ir a las Galápagos y al Amazonas, pero, después de leer tus experiencias, me lo voy a pensar varias veces antes de ir sola… ¿Has vuelto a ir después de escribir tu libro y has cambiado tu opinión sobre estos destinos?

Jamás volveré a Galápagos ni aunque me paguen el viaje. Esa gente no se merece ni la belleza que rodea a las islas, ni el dinero que les esquilman a los turistas. A Brasil y al Amazonas sí recomiendo ir, solo que no bajo ningún concepto, en un carguero de mercancías como se me ocurrió a mí. Mejor en un crucero con condiciones dignas de higiene y comodidad. Solo hay que leerse el capítulo para alucinar.

Bolivia, sin embargo, nunca me la había planteado, y tú me has provocado a incorporarla en mi lista de pendientes por el Salar de Uyuni. En ese capítulo aconsejas hacer el viaje con un turoperador chileno. ¿Sigue siendo el agua un valor a proteger, no solo en el Salar?

El agua siempre es un valor que proteger, especialmente en el lago Titicaca, donde, como sigan tratando así a los turistas, se la van a tener que tomar como suero oral. En el Salar, más que agua hay sal, y los paisajes que conforma son dignos de ver, pero se puede ir de excursión de tres o cuatro días entrando desde Chile, no hace falta exponerse a toda Bolivia.

Salar de Uyuni. Fotografía cortesía de la escritora.

En todo el libro, una de las cosas más importante es la comida: comidas autóctonas, ceviches, sushi, parrilladas, restaurantes gastronómicos, vinos con denominación de origen. ¿Es imprescindible para ti comer bien mientras viajas?

Es uno de los pilares de los viajes, porque a través de la gastronomía y del vino conoces mejor el país y su cultura, e incluso a su gente. Se hacen muchos amigos alrededor de una mesa, ya sea en un mercado, sentada en un banquito con los autóctonos, como en un bar o un restaurante con mesas compartidas. Por no hablar de lo divertidas e instructivas que son las visitas con degustación a las bodegas. El mejor ejemplo de esto, para mí, es Argentina, que, como se trasluce en el último capítulo, es mi país favorito del mundo mundial.

¿Te gustaría que tu libro fuera una película? Porque no debe de ser complicado convertirlo en un buen guion y está lleno de buenas anécdotas.

Eso siempre nos hace ilusión a los escritores, y esta crónica de la vuelta al mundo, en sus dos tomos, lógicamente, es muy descriptiva y visual. Pero ahora mismo estoy inmersa en el guion de ‘El amor me persigue, pero yo soy más rápida’ y en la novela poetizada y musicalizada de ‘Idealizado estás más guapo’, que son historias más fáciles en cuanto a producción y a localizaciones.

¿Qué le aconsejarías a alguien que quiera escribir un libro de viajes?

Que viaje mucho, vaya escribiéndolo todo sobre la marcha y, cuando tenga tiempo, lo recopile todo y lo someta a una buena revisión y edición antes de publicarlo. En ese sentido, en mi agencia, Amalgama, ayudamos a personas que se quieren autoeditar a dejar su obra amateur publicable, para que salga todo coherente y corregido a nivel profesional.

Elisabeth G. Iborra. Fotografía cortesía de Ediciones Casiopea.

Neus Flores

Carmen Laforet y la censura

#MAKMALibros # MAKMAOpinión | 75 aniversario de ‘Nada’, de Carmen Laforet
4 de Mayo de 2020

El 23 de marzo de 1945, la editorial Destino de Barcelona obtuvo el recibo de entrega del manuscrito de 250 páginas que acababa de depositar a la censura con miras a contar con su aprobación para la publicación de 3.000 ejemplares de la obra inédita de una desconocida. Ya le habían otorgado el primer premio Nadal, el 6 de enero del año anterior, 1944, pero aún faltaba la publicación del libro y la reacción del público en general. Este lunes 4 de Mayo de 2020 se cumplen los 75 años de esa primera edición.

Los inspectores de la censura bajo el régimen franquista durante la inmediata posguerra, luego de leer el manuscrito, rindieron los siguientes informes sobre el texto de Carmen Laforet:

“Novela morbosa de tipos bajos sin fin moral alguno”.

“Novela insulsa, sin estilo ni valor literario alguno. Se reduce a describir cómo pasó un año en Barcelona en casa de sus tíos una chica universitaria, sin peripecias de relive. Creo que no hay inconveniente en su autorización”.

Vista panorámica del edificio de la calle Aribau 36, en Barcelona, arquitectura protagónica en la biografía de Carmen Laforet y en la novela. Foto: Israel Rolón-Barada .

Estos lectores no pudieron estar más equivocados. La posteridad se ha hecho cargo de comprobar todo lo contrario. Contra los pronósticos de la censura y del resto del mundillo literario de la época, ‘Nada’ pasó a ser un clásico de la literatura contemporánea, aún en vida de su autora.

Su valor universal –basado en lo que cualquier joven universitario de cualquier parte del mundo, bajo cualquier momento histórico y sociocultural pudiese experimentar y llegar a sentir al identificarse con Andrea– y su autora (que contaba con tan solo 23 años de edad al escribirla), ya no tiene reversos en la historia de la literatura española. La belleza de su narración en primera persona rompió barreras y límites geográficos, adelantándose a todas las generaciones y géneros posibles.

La venta aproximada de unos 8.000 ejemplares al año, solo en Destino, desde 1945 hasta el presente, así lo prueba.

La cantidad de posibles lecturas e interpretaciones, análisis, crítica literaria y teorías, desarrolladas y publicadas en torno a la primera obra de Laforet, desde entonces, demuestran lo que su autora fue capaz de lograr. Todos pasaremos a la historia, con mayor o menor consecuencia, pero ‘Nada’ y la novelista perdurarán por toda la eternidad.

“Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle de Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces”.

Carmen Laforet.

Israel Rolón-Barada
(Coautor, junto a Anna Caballé, de ‘Carmen Laforet. Una mujer en fuga’ | RBA Libros, 2019)

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (III)

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMALibros #MAKMAExposiciones | Harterofilias domésticas | Estado de alarma (III)
13 de abril de 2020

Las haciendas clínicas y primaverales del Sanatorio Wald de Davos, en el cantón oriental suizo de los Grisones, se revelaron, durante el incierto y decadente lustro previo a la Primera Guerra Mundial, en epicentro inspirador de una de las conspicuas y miríficas novelas sine quibus non de la literatura universal: ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann (1875 – 1955).

Publicada en 1924 y ponderada como una novela filosófica de aprendizaje, la egregia obra del autor alemán circula en ascenso –tras las inquietudes y aflicciones del neófito Hans Castorp–, hacia cotas tísicas de mocadores, declinación y ruina de un tiempo presto a su desaparción, entre afecciones y agonías metafísicas, entre las que inocular agudezas proverbiales como la que sigue:

“El individuo puede tener presentes toda clase de objetivos personales, de fines, de esperanzas, de perspectivas, de los cuales extrae la energía para los grandes esfuerzos y actividades; ahora bien, cuando lo impersonal que le rodea, cuando la época misma, a pesar de su agitación, en el fondo está falta de objetivos y de esperanzas, cuando ésta se le revela como una época sin esperanzas, sin perspectivas y sin rumbo, y cuando la pregunta sobre el sentido último, inmediato y más que personal de todos esos esfuerzos y actividades –pregunta planteada de manera consciente o inconsciente, pero planteada al fin y al cabo–, no encuentra otra respuesta que el silencio del vacío, resultará inevitable que, precisamente a los individuos más rectos, esta circunstancia conlleve cierto efecto paralizante que, por vía de lo espiritual y moral, se extienda sobre todo a la parte física y orgánica del individuo”.

Y, quizás, a un servidor no le reste otra porfiada voluntad que henchir la inmanejable concavidad del presente y desnortado trecho, para eludir la ataraxia, asiéndose al manubrio del hallazgo rutinario, morfología gimnástica de ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXI) | Viernes 3 de abril de 2020

“¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu? Esto fue convirtiéndose cada vez más, para mí, en la auténtica unidad de medida. El error (el creer en el ideal) no es ceguera, el error es cobardía. Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo. Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente, me pongo los guantes” (‘Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es’ | Friedrich Nietzche).

Y uno, encaminado por su heterodoxa senda, toma el guante (con la asepsia del látex) y prosigue el curso (¿ilimitado?) de ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Continuación de la serie para MAKMA, a modo de memorando/dietario, de la segunda decena de jornadas de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXII) | Sábado 4 de abril de 2020

“—Pero ¿se va a ir a la vía pública en pelota viva? —se rió una clienta con mucha chulería madrileña al ver a Fermín en calzoncillos; (…) daba la impresión de que hubiera pagado dinero encima con tal de librarse de aquella ropa impregnada de las exudaciones de todo un invierno (…).
—Me han ofrecido un trabajo. Un médico de Pamplona que trabaja aquí, en un sanatorio (…).
—Un sanatorio, ¿de qué? (…).
—Una clínica de reposo… O sea, gente más o menos chiflada.
—¡Coño! Eso puede ser divertido. Además, como labor de formación, experiencias humanas, casos curiosos…
—(…)Bueno, tendría mucho tiempo para escribir. Además, como te dan la cama… El sanatorio está en el campo (…) ¿Sabes cuánto tiempo hace que no respiro aire puro?”.

Trasladarse, desde las pulmonías de provincias, al encuentro con la herrumbrosa bohemia madrileña de cafés letrados, poetas de lirismo y alquitrán, sobremesas de casquería y nocturno ignominioso de pensiones, perdedores y menesterosos.

‘Los ilusos’ (1958), de Rafael Azcona (Ilustraciones de Antonio Mingote) (Nueva versión | Ediciones del Viento, 2008).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXIII) | Domingo 5 de abril de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Dimanche 5 avril 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Dimanche 5 avril 2020

“This is your country dont let the big men take it away from you” (‘Kern Country, California’, de Dorothea Lange | Nov 1938).

Surco famélico y cóncavo. Estrías del desánimo. Pretérito imperfecto. Neurastenia.

‘Dorothea Lange: Words & Pictures’ | MoMA .

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXIV) | Lunes 6 de abril de 2020

–“Nobody will help you”.
–“All of that’s the neutral zone, the international zone”.
–“(…) whatever the problem, they must be sent here”.
–“But to better understand the system, we have to go to the bottom”.

Inquirir la semiótica fronteriza. Cartografiar la permuta, trueque existencial del orbe abstracto.

Bab Sebta (Ceuta’s gate)‘ (2019), de Randa Maroufi.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXV) | Martes 7 de abril de 2020

Mis recomendaciones cinematográficas y literarias para el Instituto Cervantes de Tánger, como fuente de entretenimiento para sortear el confinamiento, extraídas de mi primera serie para MAKMA, a modo de memorando/dietario, de las diez primeras jornadas de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Columbus’ (2017), de #Kogonada.
‘La poética de lo cotidiano’, de Yasujiro Ozu (Gallo Nero Ediciones, 2017).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXVI) | Miércoles 8 de abril de 2020

–“Berlín tiene muchas superficies vacías. Se ven casas que están completamente libres por un lado porque la casa no fue reconstruida tras su destrucción. Se llaman muros ciegos a los desoladores muros laterales de esas casas, y casi no se ven en otras ciudades. Esas superficies vacías son heridas, y me gusta esa ciudad por sus heridas. Transmiten mejor la historia que cualquier libro o documento histórico.

Al rodar ‘Cielo sobre Berlín’ noté que buscaba continuamente esas superficies vacías, esas no man’s lands” [Wim Wenders | ‘The urban landscape’ (‘El paisaje urbano’) (1991) (Intervención en un coloquio de arquitectos japoneses)].

Converger en las ruinas de lo citadino y erigir el escombro, broza última de todos los vestigios, en “imagen, tiempo y relato” de lo teleológico.

‘La memoria de las imágenes. Textos de la emoción, la lógica y la verdad’, de Wim Wenders (Ediciones de la Mirada | Contraluz – libros de cine, 2000).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXVII) | Jueves 9 de abril de 2020

“(…) la épica de una generación de pintores que cruza las naciones de la América Latina. Los años sesenta, los setenta, los años de la revolución y de los sangrientos golpes militares, los debates sobre la vanguardia estética, los asfixiantes exilios. Y todo ello con un punto de llegada: París.

(…) El personaje, un Ángel de la Calle que nunca se fue, se cruza con todas estas historias y todos estos debates” (Paco Ignacio Taibo II | Prólogo).

Bajo el tegumento épico de la crónica vibran los usufructos de la solitud como una contracción patrimonial de lo consuetudinario.

‘Pinturas de Guerra’, de Ángel de la Calle (Reino de Cordelia, 2017).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXVIII) | Viernes 10 de abril de 2020

#ApagónCultural
#CulturaBiendePrimeraNecesidad
#CulturaVsCoronavirus
#CrisisCultural
#VivimosDeLaCultura

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIX) | Sábado 11 de abril de 2020

–“Sabes perfectamente que no puedes estar aquí. Esta es área restringida para todos ustedes”.
–“Sí, súper, perdón. Es que pensé que estaba temblando”.

Anhelar, desde la penumbra, y conjeturar la inasible recompensa. Pundonoroso esmero universal anulado para las consecuciones.

La Camarista’ (2018), de Lila Avilés.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXX) | Domingo 12 de abril de 2020

“La cocina de Warhol”.
(Cocinera) –“¿Cómo fue? ¿Cuándo es la exhibición?”.
(Andy Warhol) –“No hay exhibición”.

Inmiscuirse en el folclorismo doméstico de un insólito. Hacienda rebosante, colmada de prodigalidad, apostasía y pop.

‘Cómo ser Andy Warhol’, de Nick Bertozzi (texto) y Pierce Hargan (ilustraciones) (Oberon, Grupo Anaya, 2019).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXXI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

La pandemia en la literatura y otras reflexiones

Pandemia por el coronavirus
Valencia. Marzo de 2020

Como dijo el sociólogo Zygmunt Bauman, en una entrevista de Fernando Vallespín para Babelia, “entre lo que sabemos y lo que podemos hacer hay una brecha que no sabemos cómo superar”. Y lo que sabemos, a raíz de la pandemia por coronavirus, es que el agente infeccioso más pequeño que conocemos, más diminuto que las bacterias, sigue alterando, y de qué manera, la vida de los occidentales acomodados que, ante semejante invasión, nos defendemos confinados en nuestras casas. “En estos años se ha advertido la emergencia de muchos nuevos virus”, escribió hace ya casi 20 años Brian Mahy (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, EEUU), refiriéndose al sida, dengue, lassa, ébola o SARS, este último causante de la neumonía asiática en 2003.

Pancarta en un balcón de Valencia. Foto: Begoña Siles

Los cambios ecológicos y la globalización se apuntan como causas probables de esa emergencia constante de virus y de su rápida propagación. Sea como fuere, lo cierto es que nunca como ahora nos hemos visto agredidos por un virus que ha convertido nuestras vidas en foco de atención cotidiana, más allá de la ciencia ficción que hayamos podido consumir como espectadores que asistíamos, desde nuestras confortables butacas, al dantesco espectáculo hoy convertido en triste realidad. Por eso las citas literarias que a continuación ofrecemos, pertenecientes a diferentes novelas que han tratado, de una forma u otra, el drama de la pandemia, nos pueden ayudar a sentir de verdad la importancia de la ficción a la hora de transmitir lo real de la existencia, que la sociedad del bienestar suele acolchar.

Pintada en un macetero de Valencia. Foto: Begoña Siles

Las imágenes que acompañan estos fragmentos literarios fueron tomadas durante el fin de semana del anuncio por parte del gobierno del Estado de Alarma debido al coronavirus. Una Valencia vacía como reflejo del aislamiento social obligatorio causado por la pandemia. “No hay soluciones locales para problemas generados a nivel global”, decía Bauman en esa entrevista, al tiempo que advertía cómo ante los desastres de la guerra o la pandemia la gente se suele movilizar olvidando sus diferencias y discrepancias, para retornar después al origen: “En cuanto la cuestión unificadora desaparece de la atención y la preocupación del momento, las divisiones vuelven a hacer acto de presencia, a menudo profundizadas y fortalecidas por la frustración”. He ahí ese otro virus, humano, demasiado humano, que diría Nietzsche, y que conviene tener siempre muy presente.

Anuncio en un local de Valencia. Foto: Begoña Siles

La peste (Albert Camus)

«La estupidez insiste siempre».
«El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma».
«La gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse…El cansancio era la causa, él se había abandonado, se había callado cada día más y no había mantenido en su mujer, tan joven, la idea de que era amada. Un hombre que trabaja, la pobreza, el porvenir cerrándose lentamente, el silencio por las noches en la mesa, no hay lugar para la pasión en semejante universo».

Una calle de Valencia completamente vacía. Foto: Begoña Siles

«El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad». 
«La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar».
«Lo que es preciso subrayar es el aspecto frívolo de la población y de la vida. Pero se pasan los días fácilmente en cuanto se adquieren hábitos, y puesto que nuestra ciudad favorece justamente los hábitos, puede decirse que todo va bien».

Calle de Valencia completamente vacía de tráfico. Foto: Begoña Siles.

Ensayo sobre la ceguera (José Saramago)

«La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza».
«Hasta este punto puede engañarse el espíritu cuando se rinde a los monstruos que él mismo ha creado».
«Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos».
«Es lo que nos pasa a todos, siempre hemos sido más alguna vez…Quiere decir que tenemos palabras de más, quiero decir que tenemos sentimientos de menos. O los tenemos, pero dejamos de usar las palabras que los expresan y, en consecuencia, los perdemos».
«No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca».

Una de las calles de Valencia sin tráfico. Foto: Begoña Siles

La montaña mágica (Thomas Mann)

«Procure recordar que la tolerancia se convierte en un crimen cuando se tiene tolerancia con el mal».
«El tiempo no posee ninguna realidad. Cuando nos parece largo es largo, y cuando nos parece corto es corto, pero nadie sabe lo largo o lo corto que es en realidad».
«Sabemos perfectamente que introducir cambios y nuevas costumbres es el único medio del que disponemos para mantenernos vivos».

Anuncio en el interior de una pastelería de Valencia. Foto: Begoña Siles

«Nada puede ser, en el fondo, más mezquino que tachar de absurdo el hecho de que el espíritu quiera defender su dignidad frente a la naturaleza y se niega a rendirse ante ella».
«A veces es muy difícil discernir la estupidez de la inteligencia. Es tan difícil separarlas, están a un paso tan pequeño la una de la otra».
«Las contradicciones pueden conciliarse. Sólo las mediocridad y las medias verdades son imposibles de conciliar».

Pintada en Valencia. Foto: Begoña Siles

La máscara de la muerte roja (Edgar Allan Poe)

«Y la tiniebla, y la ruina, y la muerte roja tuvieron sobre todo aquello ilimitado dominio».
«En el interior existía todo esto, además de la seguridad. Afuera, la muerte roja».

Némesis (Philip Roth)

«Cuanto menos miedo, mejor. El miedo nos castra. El miedo nos degrada».

Ilustración en el muro de una calle en Valencia. Foto: Begoña Siles

«Tánger es un mundo emparentado con nosotros»

#MAKMAEntrevistas | Javier Rioyo (nuevo director del Instituto Cervantes de Tánger)
Septiembre de 2019

Perfumado con el heterodoxo overol que rezuman los consumados diletantes, Javier Rioyo Jambrina (Madrid, 1956) porta sobre las angarillas de su memoria inquieta el fecundo eco de aquellos otros tiempos modernos de prosodias radiofónicas y literaturas periféricas, el savoir faire de las predilecciones afrancesadas y la mirada esculpida de cineasta alumbrado por la necesidad del documento.

Y es ahora que maduran sus ubérrimas proclividades cuando Rioyo pasea su experimentada facundia por el Zoco Chico, tras descender del distrito íbero tingitano con el rozagante predicamento que confieren las nuevas asunciones en el Cervantes de Tánger, ciudad a la que retorna en calidad de director de su instituto –tras su paso por los de Lisboa y Nueva York–. Si bien sea Tánger una urbe de la que, como buen estravagario cultural, haya sido imposible desvincularse.

¿Cuál es la génesis de tu vínculo con esta ciudad?

Yo vine hace muchos años por lo que veníamos casi todos: por un poco de fascinación literaria y un poco de referencia simpática a un sitio y un trayecto que se llamaba bajarse al moro. Cuando bajabas te dabas cuenta de que, más allá de la literatura y más allá del hachís, había un mundo que tenía que ver con algo que podíamos haber sido –y que fuimos, seguramente (hablo de Tánger, no hablo de Marruecos)–: una mezcla. Qué decía Ferlosio que es el español: “soy un moro judío viviendo entre los cristianos”. Y un poco era eso. Aquí, repito, podías ser un moro judío viviendo entre los cristianos, o al revés (como quieras contar la frase), y te das cuenta de que, aunque apenas había ya judíos, estaban ahí las referencias, la convivencia, algunos que conocí, y habían vivido bien de manera natural; estaba, por supuesto, todo el mundo islámico, mayoritario, y estaban el resto de los cristianos o ateos –occidentales–, que convivían en esta ciudad singular que había tenido muchas vidas.

Fotograma del documental ‘Tánger. Esa vieja dama’ (2001), de Javier Rioyo. Fotografía cortesía de RTVE.

Entonces, te vas metiendo en unas capas primeras y luego vas queriendo saber más. Depende de con el dinero que vengas vas mejorando los hoteles, los bares, los lugares, las playas… y dices: “¡qué lugar tan plácido!”. Además, había una ventaja añadida maravillosa e importante: que estaba a tiro de ferri –primero veníamos de Algeciras y luego vinimos desde Tarifa–. La suma de lo literario y de lo concreto cuando llegas, la luz y las posibilidades que tiene, hacen que sea muy seductor.

¿Quienes eran aquí los referentes españoles en ese momento? ¿Se erigían en motivo de seducción para visitar la ciudad?

La primera vez que vine mis referencias eran que había leído a Bowles (Paul) y a Jean Genet –no había leído a Chukri (Mohamed) –creo que ni existía todavía como escritor–, a Pierre Loti; había leído relatos sobre Marruecos. Los Bowles (Jane y Paul) y la Beat Generation sí, esos sí que te ayudan a venir; y eso esta asociado o es muy cercano al mundo de fumar y de libertad.

Pero los referentes ya tangerinos que me hacen conocer mejor y querer a la ciudad son estas historias de las que te vas enterando: Pepe Hernández –que me gusta tanto y es un pintor cojonudo– es de aquí; Ramón Buenaventura es de aquí; Diego Galán, que es el crítico de cine, es de aquí; Emilio Sanz de Soto; el grandísimo director de fotografía José Luis Alcaine… Vas haciendo unas referencias… Bibi Andersen; Concha Cuetos es de aquí; una compañera que tenía en la radio, tangerina; otro de Larache… Te vas enterando de la cantidad de gente asociada a esta ciudad; Arrabal (Fernando), de Melilla; el otro de Nador… El mundo español en el norte de Marruecos; un mundo muy peculiar que te hace que sea todo más interesante, más disperso.

Tánger es como si pudiera ser una parte de España donde las guerras no hubieran sido tan crueles.

¿Una España ucrónica?

Claro. Una ucronía en la que podía seguir siendo razonable la convivencia. Siendo desigual y habiendo fronteras y muros, pero en la que se dan espacios comunes. Y eso tenía sus bondades. Luego te vas dando cuenta de que aquí actúa el franquismo de una manera… Aquí también actúan los liberales, y están los masones… Como si no hubiera habido guerra civil en ningún momento. La ciudad internacional, ‘Casablanca’…, todo eso va sumando. Esas fueron la primeras seducciones, que van convirtiéndose en visitas más o menos habituales.

¿Llegaste a coincidir aquí con Eduardo Haro Ibars, por ejemplo?

En Tánger no, porque Haro Ibars se fue muy pronto, en los años sesenta y tantos. Conocí mucho a Eduardo en Madrid, pero al que conocí más es al padre (Eduardo Haro Tecglen), porque trabajé muchos años con él. Haro Ibars era más mayor que yo, pero yo me hice más amigo del padre porque, además de trabajar conmigo, era, digamos, menos complicado que el hijo. Ibars era muy interesante en muchas cosas, pero yo tuve una relación con él en un momento suyo difícil; estaba metido en cosas que le obligaban a ganarse la vida como podía. Lo conocí cuando había hecho un libro sobre las drogas que era muy interesante (‘De qué van las drogas’, Las Ediciones de la Piqueta, 1978). Yo estaba ya en Radio 3 y le llevamos.

¿Advertías algún tipo de relación umbilical, aunque fuera inefable, entre todos esos individuos que tenían como punto en común la ciudad de Tánger?

Absolutamente. Quizás sea una tontería, pero creo que los tangerinos, aunque no lo dijeran, se reconocerían como tales y yo creo que les podría reconocer a muchos. Primero, hay una forma de hablar, un tono y un toque y una forma de ver ciertas cosas… Eso lo vi en Madrid pronto: había un grupo tangerino –Pepe Hernández, Ramón Buenaventura, Gloria Berrocal (que era de al lado) y otros cuantos– que frecuentaba mucho; tenían muchas cosas en común de puntos de vista, de manera de hablar, de manera de entender las cosas. Diego Galán un poco menos, porque quizás le pesaba menos la melancolía de la ciudad. Esta ciudad impregna de una melancolía y de un poso de nostalgia a mucho gente –a uno se les da y se les nota más que a otros–.

Por ejemplo, yo no había notado nunca que Concha Cuetos fuera tangerina, y cuando yo hice el documental sobre Tánger (‘Tanger. Esa vieja dama’, 2001) tiré de los que conocía –no pudo estar Alcaine porque estabá rodando algo, no estuvo Bibi por algún otro motivo–. Hubo muchos de los que yo quería y conocía tangerinos, sobre todo con la coordinación de Emilio Sanz de Soto, el tangerino más puro que he conocido –no conocí a Ángel Vázquez, que podía ser una de las esencias de ser tangerino, pero no más que Sanz de Soto, ni más que Carleton–.

Pepe Carleton rememora parte de su devenir tangerino en el documental ‘Tánger. Esa vieja dama’ (2001), de Javier Rioyo. Fotografía cortesía de RTVE.

Pepe Carleton, otro personaje ineludible…

Pepé Carleton era un personaje increible porque tiene que ver con el Tánger que conocemos mitificado por el mundo internacional. Los Carleton son una familia inglesa que está en Menorca y, cuando Menorca deja de ser inglesa, vienen al Estrecho. Entonces el Estrecho se reparte entre Gibraltar y esta otra orilla, que tienen mucho que ver. Tú ves los hoteles de una época, Algeciras, Gibraltar, Tánger, el mundo del espionaje, de la vida compleja, escondida, o haciendo fortuna, o huyendo de algo. Se casan con familias tangerinas judías, en la mayor parte de los casos de gente bien. Hacen una especie de alianza entre ellos, entre familias de conversos árabes, católicos no muy radicales y judíos abiertos. Eso es muy Tánger.

En una entrevista durante tu etapa como director del Cervantes de Lisboa te interrogaban sobre la saudade y referías que si bien es posible que la mayor de las saudades se concite y experimente en Portugal, los españoles podríamos padecerla, igualmente, de un modo intensísimo. Sin embargo, y por lo que has matizado previamente, parece que en Tánger también puede ser exacerbada e idiosincrásica.

Es verdad. La ciudad ha sido portuguesa antes que española y otras cosas, y en los alrededores también. Aquí muere el mito de Portugal, don Sebastián (Sebastián I de Portugal “el Deseado”), en una batalla absurda (todavía están esperando que vuelva). La saudade portuguesa tiene una melancolía más marcada y aquí hay como el paraíso perdido; les han robado una cosa que era posible y razonable, y que habían vivido y conocido, que no era solo mito del pasado. Estamos hablando que hasta los años sesenta… A mí me decía Pepe Carleton que cuando se les acaba esto tenían la necesidad de inventar algo parecido, y se inventaron Marbella –que ahora lo ves y no tiene mucho que ver, pero en esa época sí–. El Tánger, digamos, pijo, esteta, cosmopolita… Yo veo fotos de Pepe Carleton con Audrey Hepburn y con toda esa gente –con Edgar Neville yendo a su bar junto a Vitín Cortezo y Ana de Pombo–, y es ese mismo mundo cosmopolita que se movía por aquí –parecido–. La intención de seguir la buena vida.

Luego hay otro Tánger. Como decía Alberto Pimienta, que es un tangerino judío bien –digo bien, de familia de judíos que han tenido aquí propiedades–, había mucha pobrería, de todas las capas sociales y religiones; y la hay. No hay que quedarse con el Tánger mitológico y espumoso, que está ahí, pero más en la recreación de lo que no has vivido que en la realidad.

No obstante, superviven algunos ecos en forma de vestigios.

Tengo una colección de fotografías de ese Tánger, cuando Truman Capote estaba en las grandes fiestas en las casas más espectaculares. Luego está este otro Tánger de finales del siglo XIX y principios del XX que conocieron los que hacían el camino del orientalismo y el Grand Tour. Conocían esas historias de las ciudades de la buena vida.

Tánger fue una ciudad más libre y con menos cargas de impuestos para los ricos del mundo. Todo eso atraía, también, a gente. La vida medieval convivía con una vida muy desarrollada en todos los sentidos.

Javier Rioyo durante un instante de la entrevista (al fondo, el puerto de Tánger). Fotografía: Merche Medina.

En lo que respecta a la Tánger contemporánea, ¿debe renunciar a ese pasado para edificar su futuro inmediato?

No, creo que no. Es como si París tuviera que renunciar al glamur de los años veinte, o Nueva York a la eclosión después del crack del 29. No hay que renunciar a lo que ha sido una ciudad, pero no tiene que colgarse solo de eso. Aquí se están haciendo cosas de otro calado y otros intereses, que vive muy al margen del mundo mitificado. Aquellos de los que hablábamos estaban muy interesados en el mundo que tiene que ver con lo arábico-andaluz o con lo musulmán-exótico, mientras que ahora tiene que ver con un puerto, un desarrollo, dinero, inversiones, hoteles de lujo.

¿Incluirías en esos nuevos intereses a la juventud tangerina que se reúne en el Cinéma Rif?

El Cinéma Rif es herencia de otro Tánger. Aquí había diez o doce cines. Aquí se veían las películas de muchas nacionalidades. La formación cinéfila de Diego Galán, de Emilio Sanz de Soto y de Alcaine tiene que ver con que han visto, desde pequeños, películas en varios idiomas; y las han visto sin censura, atendiendo más al espíritu que a la frontera lingüística.

Aquí, como en tantas partes de Marruecos, después de haber 40.000 españoles en los años 30, 40 y 50 –siendo la población extranjera absolutamente mayoritaria–, cuando el país se hace independiente lo francés gana esa batalla cultural. Tarda en calar en Tánger, puesto que lo español ha seguido perviviendo.

En ese sentido, ¿qué papel juega ahora el español, como lengua, en todo ello?

Importantísimo. Nosotros no somos la primera lengua extranjera, que es la francesa por dominio político y económico, pero cada vez somos, otra vez, una lengua requerida y queríendose conocer, no por razones de reinvindicar la lengua que dominaban o conocían los abuelos, sino por razón de que somos la puerta natural de un mundo que les es cercano –aquí estamos a 14 km de Tarifa–. Los tangerinos tienen una relación, primero por lo geopolítico, natural con España y con el español.

Felizmente, el Instituto Cervantes de Tánger es el cuarto instituto del mundo que más alumnos tiene, y hablamos de ciudades que tienen veinte veces más habitantes. Frente a otros países, nosotros representamos, en general, un territorio de modernidad. Ellos (los marroquíes) ven mucho la televisión española; entran por el fútbol, pero también por las series, películas, noticiarios… España es un país, para ellos, muy cercano, con una historia con la que han tenido mucho que ver. Históricamente, la presencia musulmana en España fue de siglos. Y por otra lado, somos, clarísimamente, la puerta de entrada de Europa. No somos la frontera de los Pirineos, somos Europa.

Presumo que lo interesante es que aquí el castellano se convierta en una herramienta imprescindible no solo en el ámbito cultural, sino en el empresarial…

Se ha visto que es útil el conocimiento del idioma no solo para la vida cotidiana y para el turismo, sino que es útil desde el lado del beneficio económico.

Javier Rioyo secundado por una obra costumbrista de Stephen Church. Fotografía: Merche Medina.

En la praxis, para poder materializar las cosas.

En la praxis, como esa historia que se cuenta tanta veces de que somos el tercer o cuarto país en el que hablamos español. El español se habla en numerosos sitios mucho más que en España, es decir, no somos el país de más habitantes que habla español. Y eso, finalmente, se sabe.

En Nueva Delhi, por ejemplo, se estudia el español porque van a ir a América del Norte y allí saber español es importante, aunque la mayoría hable en inglés, claro. El siguiente idioma necesario e importante es el español. Aquí no es eso exactamente así, pero aquí hablan francés muchas de las capas de estudiantes de las clases medias y medias altas, y el idioma que tienen que recuperar de los abuelos (digo en la zona de Tánger) es el español.

El Cervantes se instituye en 1991 con una pretensión y en un momento, quizás a la postre y visto ahora, decisivos, que permitieron ir sembrando lo que acontece en la actualidad con la internacionalización del idioma.

Con los modelos de las Casas de España y la representación española que tiene que ver con los consulados y embajadas no estaban centralizadas ni lo que era la enseñanza del idioma, por supuesto, ni la muestra de lo que somos. El Cervantes muestra lo que somos culturalmente, en el sentido más amplio de la palabra –científica, artística, cinematográfica, gastronómicamente…, nuestra alta y nuestra baja cultura–, y nuestro idioma; certificar que se habla, por si alguien necesita acreditarlo para un trabajo. Eso no estaba articulado y empieza a estarlo en los años noventa; por tanto, somos muy jóvenes. Ten en cuenta que el British Council o el Instituto Francés nos llevan décadas de ventaja.

Indudablemente, hay que mejorar muchas cosas, pero el Cervantes tiene sentido y tiene razón de ser; no es el resultado imaginativo de un político en un momento determinado.

Por tanto, ¿el Cervantes subsiste más allá de la coyuntura política?

Sí, esa es la clave. A veces, hay que pelear con eso. Sin duda, hay que despolitizar, en la medida que se pueda, lo que es la institución, porque esta tiene que ver más con los profesionales que la mueven que con las políticas que la dirigen.

¿Tiene más que ver, en consecuencia, con el trabajo gris o que menos reluce, como es la docencia cotidiana y el hecho de crear o propiciar castellanohablantes?

El alma primera de la cultura y de nuestra relación es la lengua. Entonces, la importancia que tiene la enseñanza es fundamental. Hacer los eventos, las presentaciones, los encuentros culturales, pertenece a la muestra de la elite cultural necesaria en la que se mueven ciertas cosas, pero lo primero y fundamental es el conocimiento de la lengua, que posibilita conocer otros aspectos del país: cómo es, quiénes son, qué piensan, qué hacen…

Jose Ramón Alarcón y Javier Rioyo durante un momento de la conversación. Fotografía: Merche Medina.

Que el alumnado acuda a la biblioteca y pueda disponer de ese acceso al conocimento o responder a todas estas inquietudes es una extremidad fundamental de esa educación y de la propia institución. En este sentido, ¿cómo se gestiona la Biblioteca Juan Goytisolo del Cervantes de Tánger, que, si no me equivoco, es, junto con la del instituto de Nueva York, la que más volúmenes atesora y maneja?

Todavía tenemos sitio (risas). Nosotros nos cambiamos de lugar hace unos años. Las dependencias del Cervantes tienen que ver con la presencia española aquí, en una época donde se hace el hospital –que es magnífico y es el hospital no africano más importante del continente–, el colegio, el instituto, el consulado, la residencia del cónsul, los jardines y lo que era la residencia de estudiantes, que es nuestro edificio actual.

La biblioteca tiene más de 70.000 volúmenes. Hay muchas donaciones muy interesantes que todavía hay que catalogar y valorar –aunque está bastante avanzado–. Atesoramos primeras ediciones de los años sesenta, setenta, etc., importantísimas, de numerosas editoriales españolas. Por tanto, antes de realizar ningún cambio o expurgar ejemplares por el hecho de que estén repetidos, por ejemplo, vamos a ver las necesidades de nuestra red de institutos en Marruecos.

Debo decir que es más importante lo que tenemos del siglo XX que los ejemplares que disponemos del XIX; vi que era más intersante desde el punto de vista de la bibliofilia, aunque debe hacerse un meticuloso trabajo al respecto, con detenimiento. Hay muchas publicaciones y revistas que apenas se usan y que serían interesantes para los investigadores, y eso hay que ponerlo en contexto y en valor.

Por todo ello y en base a tus reflexiones, ¿es Tánger, en calidad de sede del Cervantes, un lugar excepcional, incomparable, atendiendo tanto a razones estratégicas e históricas como metodológicas, respecto de otras ciudades en las que se asienta el instituto?

He tenido la suerte de estar en sedes muy singulares, diferentes, pero muy importantes. La de Nueva York es una de las grandes sedes, sin duda, situada en una las grandes ciudades imprescindibles para entender nuestra modernidad; y Lisboa tiene que ver con lo que fuimos y con lo que somos, con nuestras cercanías y necesidades. Tánger tiene que ver con un mundo que se emparenta mucho con nosotros. En numerosos aspectos aquí conviven elementos de nuestro pasado cultural y social que aún están presentes, en plena convivencia.

Tras tu reciente incorporación al cargo, ¿cuáles son tus objetivos inmediatos y a medio plazo? ¿Cómo te seduciría que fuera perfilado tu tránsito por el Cervantes de Tánger?

Quisiera, de una manera natural, hacer un hueco y un reconocimiento mayor de lo que ha sido la presencia pictórica y arquitectónica de la ciudad que tiene que ver con España, que ha sido muy importante. Igualmente, nuestra biblioteca se llama Juan Goytisolo (desde 2007); Goytisolo es uno de los referentes del acercamiento al mundo marroquí y quiero hacer un homenaje a Juan y que vengan aquellas figuras cercanas que lo conocieron y quisieron bien. Reconocer a los escritores que han conocido el mundo de expresión española aquí y, también, el mundo de la mezcla de la jaquetía, que decía Ángel Vázquez… También saber lo que pasa ahora en la ciudad, quién hay escribiendo, qué están haciendo, qué referencias nuestras tienen, qué dialogo pueden tener con nosotros, qué intercambio podemos hacer…; reactivar lugares pertenecientes al instituto para llevar a cabo becas de residencia; ese sería uno de mis mayores deseos, crear ahí un lugar donde se esté haciendo investigación, cultura, exposiciones, etc.

Y en plano personal, a uno le gustaría que fuera, primero, bien recordado y querido. Que dijeran: “mereció la pena, estuvo aquí un tiempo, lo hizo bien y era un tipo cariñoso…”. Pero más allá de eso, lo que me gustaría hacer –al margen de lo que es obvio, que es poner en valor lo que representa esta ciudad para nosotros– es entrar más en la ciudad, conocer más lo que fue, es y será Tánger; conocer más el paisaje y el paisanaje de la ciudad y su corpus vital. Además, que los tangerinos sientan que el Cervantes es un lugar accesible, cercano, que lo sientan como suyo, como parte de su historia reciente –que lo es–, que puedan venir a leer y conversar y que puedan hacerlo en la lengua que hablaron sus abuelos…

Aquí han pasado muchas cosas desde muchos puntos de vista. Parte de la historia española reciente –y no tan reciente– pasa por esta zona.

El periodista y cineasta Javier Rioyo, nuevo director del Instituto Cervantes de Tánger (al fondo, la medina y la Kasbah de Tánger). Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

València/Bolonia: conexión underground

Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment
Poblados Marítimos de València
Del 25 al 29 de septiembre de 2019

En la ciudad de València florecen los festivales entendidos como encuentros artísticos y culturales, al igual que en el pasado florecían los naranjos o los cultivos de la huerta. A diferencia de las plantas, estos encuentros no dependen del ciclo de las estaciones, aunque tienden a concentrarse en los periodos de buen tiempo, primavera y otoño.

Al intenso calendario de eventos se suma el Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment, que se celebrará por primera vez del 25 al 29 de septiembre de 2019 en los barrios del Grau y el Cabanyal/Canyamelar, con el objetivo de abrir un diálogo entre la cultura underground valenciana y la italiana poniendo en valor las disciplinas relacionadas con aspectos urbanos de la cultura independientes de las corrientes mainstream, como las experiencias nacidas en las calles y en los centros sociales, y los movimientos underground conectados entre sí y en continua evolución.

El Instituto Cultural Italiano de Barcelona, el Ayuntamiento de València y la EMT (Empresa Municipal de Transportes) de València organizan esta apuesta para emprender un viaje desde el writing al streetart, del hip-hop al rap, de la publicación independiente al poster art, de la danza urbana a competiciones de breakdance y trial bike. La dirección artística está a cargo de Eleonora Battiston, crítica y comisaria de arte italiana residente en València, que ha colaborado anteriormente con museos y galerías en China, Italia y España.

La idea inicial es que el festival se celebre con periodicidad anual cada vez en una zona distinta de la ciudad, pero la elección de los barrios marítimos para acoger la primera edición no es fortuita. Se ha tenido en cuenta su tejido urbano intrincado y colorido, capaz de evolucionar de situaciones periféricas de marginalidad a reinventarse y alimentar un sustrato cultural e intelectual, que se encuentra entre los más ricos e interesantes de València.

Así, las realidades locales de estos barrios de València estarán involucradas y dialogarán con quienes son y quienes han sido los protagonistas de la cultura independiente y alternativa en una de las ciudades italianas más importantes en relación a este tipo de movimientos: Bolonia.

En los últimos treinta años, Bolonia, importante ciudad universitaria, ha sido para los artistas que han nacido o se han establecido allí un centro de inspiración y creatividad. Gracias a la presencia del DAMS (Departamento universitario dedicado a las Disciplinas de Arte, Música y Espectáculo), de la Academia de Bellas Artes y de varias asociaciones culturales y centros sociales, han surgido en la ciudad algunos de los primeros movimientos urbanos, como las primeras posse del hip-hop italiano, las primeras tags reconocidos internacionalmente como Cane K8 y la icónica Pea Brain y los primeros estudios académicos de un arte de frontera en los que se analizaban por primera vez en Europa el fenómeno de los graffitis estadounidenses.

Estas formas de arte han recibido un justo reconocimiento, asomándose a la cultura mainstream, manteniendo, sin embargo una distancia con ella y reafirmando la voluntad de permanecer en el anonimato, en esa sombra donde nacen las ideas, se forman crews, y se crean redes que van más allá de los límites institucionales.

El Festival se iniciará el 25 de septiembre en la biblioteca de Las Naves con la inauguración de Fruit, la feria de publicaciones de arte de Bolonia que por primera vez llega a València. Acogerá charlas, presentaciones de libros y dos documentales: ‘Numero Zero. Alle origini del Rap Italiano’, de Enrico Bisi y ‘I am not alone anyway’, de Veronica Santi, sobre la historia de Francesca Alinovi, comisaria y visionaria del street art, hasta que apareció misteriosamente asesinada.

La zona del Cabanyal se convertirá en escenario de una serie de actividades relacionadas con el streetart, el rap y la cultura urbana. Artistas reconocidos internacionalmente pintarán las paredes de algunos edificios del Cabanyal y los locales de la Fabrica del Hielo, la Batisfera, la Pilona y Drassen 52, patrocinados por Tyris, organizarán talleres, djsets y actividades paralelas. El nuevo hotel/Kitchen Bar Lindala, ubicado en el corazón de estos barris en moviment será también un punto de encuentro del festival.

El sábado 28 se dedicará a la música, con la presencia de grupos de rap/hip hop valencianos e italianos que se alternarán desde las 18 horas hasta la 1 de la madrugada en Las Naves. La entrada a todas las actividades es gratuita y el programa completo puede consultarse en la página web: www.vlcbarrisenmoviment.es y en sus redes sociales.

Bel Carrasco