«El dolor por el exilio es un engaño de la razón»

#MAKMAEntrevistas | Juan Tomás Ávila Laurel: «El dolor por el exilio es un engaño de la razón»
‘El escritor de un país sin librerías’, de Marc Serena
81′
Coproducción España-Guinea Ecuatorial, 2019
Atlàntida Film Fest 2020 | Filmin
Hasta el 27 de agosto
Miércoles 12 de agosto de 2020

Con el atuendo túrbido y lírico que uniforma su título, el periodista, escritor y cineasta Marc Serena (Manresa, 1983) rubrica su cuarto documental, ‘El escritor de un país sin librerías‘; un filme sustentado por el vívido, reflexivo y comprometido testimonio del escritor ecuatoguineano Juan Tomás Ávila Laurel (Annobón, Guinea Ecuatorial, 1966).

Un prolífico autor residente en Valldoreix (San Cugat del Vallés, Barcelona) desde hace varios años, cuya obra –escrita en castellano y que transita por los géneros de la novela, el ensayo, la poesía o el teatro– goza de un refrendo académico internacional –no en vano, fue galardonado en 2003 con el ‘Joseph G. Astman Distinguised Conference Scholar’ por la Universidad de Hofstra de Nuevo York– que no ha encontrado el justo y merecido acomodo entre la industria editorial española.

De este modo, ‘El escritor de un país sin librerías’ –que forma parte de la sección ‘Muros y Fronteras’ del 10º Atlàntida Film Fest (en Filmin hasta el 27 de agosto)– transita tras los pasos inmediatos y biográficos de Juan Tomás Ávila con el fin de esclarecer los ecos del pasado colonial español en Guinea Ecuatorial y, aún más relevante, procurar una mirada radiográfica al sombrío presente del país, sometido a los dictados de su presidente y jefe de Estado, Teodoro Obiang (Acoacán, 1942), quien gobierna, despótico y totalitario, desde hace cuatro décadas, cosechando la infame virtud de haber empobrecido dramáticamente a la población de una región acaudalada en yacimientos petrolíferos y recursos naturales.

exilio, Juan Tomás Ávila,

Un documental que cuenta, a la par, con las aserciones y denuncias de camaradas activistas, profesores y músicos –como el rapero Negro Bey–, que auxilian a iluminar un vasto y obscuro territorio de nuestra reciente historia geopolítica, hacia la que hemos ofrecido la gélida espalda de la ignorante desidia.

Un país que transita huérfano de librerías implica carecer de industria editorial, redes de distribución y el contacto inmediato y último con la literatura. ¿Qué acceso y experiencia cultural atesoran o disponen los ecuatoguineanos?

Supongo que estaría hablando de experiencia cultural foránea. Pues poca, francamente. Además, al haber mucha gente que ha desarrollado su vida en las ciudades ha hecho que lo que podría llamarse experiencia cultural nativa no haya tenido mella en ella. Y, entonces, hay muchos guineanos que no han tenido ninguna inmersión o contacto serio con ninguna experiencia cultural, y a los que ciertos hechos culturales podrían resultar tediosos.

Entonces, podría decir que ahora mismo no recuerdo que hubiera ninguna editorial, por más que en los últimos años se hiciera presente la posibilidad de autoediciones, aprovechando cierta disponibilidad dineraria y el auge de editoriales que se prestan a esta modalidad. El traslado y la distribución de estos libros suele correr a cargo de los autores y en dimensiones testimoniales.

Hay bastantes guineanos que han estado en España por muchas razones y supongo que habrían tenido la oportunidad de un contacto distinto con cualquier hecho cultural, pero a ellos les afectarían unas condiciones también duras. En realidad, la afición por la lectura debe empezar a cierta edad, y no precisamente cuando se tienen ciertas obligaciones a cuestas, como afianzarse en una carrera en el extranjero. Digamos que el que no lee de niño o adolescente, difícilmente lo hará de adulto.

En tales circunstancias, ¿cómo ha forjado su condición de lector, primero, y su ulterior constitución como escritor? ¿Con qué referencias convivía desde sus primeras inquietudes literarias?

Yo leí lo que me encontré, o no leí. Aprendí a leer con libros de temática católica y hasta ahora recuerdo, por ejemplo, un párrafo que decía: “Los reyes magos adoraron al Niño-Dios, a quien ofrecieron espléndidos regalos”. Bueno, no entendía lo que decía, por más que de Dios hubiera oído mucho. Hasta que acabé el bachillerato los guineanos seguían un temario de literatura similar a un alumno español, solo que, según dónde haya tenido suerte de estar matriculado, sin libros y con malos profesores.

Entonces, mis referencias serían los clásicos españoles y de los primeros que se ven en el temario. Así, en más de una ocasión dije que un escritor al que consideraba con muchos registros era Quevedo. En todo caso, también suelo decir, y porque lo creo, que un escritor nace, así que las escasas referencias y lecturas no impidieron que deviniera en escritor.

Ni siquiera pudimos tener como referencia a los primeros guineanos que escribieron; uno, porque tampoco eran mencionados en el temario, y, lo segundo, porque durante los primeros años de la Guinea independiente apenas se enseñaban más que estupideces del dictador en el poder.

Exilio, Juan Tomás Ávila,
Juan Tomás Ávila en una escena del documental ‘El escritor de un país sin librerías’, de Marc Serena. Fotografía cortesía de Atlàntida Film Fest.

Tal y como se apunta en el documental, en su primer apellido, Ávila, porta consigo la herencia colonial española. ¿Supura, aún, como una herida infecta, ese legado?

Sí que es herencia colonial española, pero no supura nada. Ocurre que los annoboneses aceptaron estos nombres porque no creían que iban a tener la transcendencia que tuvieron. Y es que ellos, sobre todo los adultos, siguen utilizando los nombres nativos que las circunstancias de su cultura impusieron. Si no hubiera sido por la escolarización de ellos, y en una escuela colonial o por la continuación de la educación colonial que adoptó Guinea, muchos annoboneses no hubieran usado estos nombres jamás.

De hecho, entre ellos estos nombres reciben el apelativo de “nombre de escuela”. Entonces, hay muchos que murieron cuyos nombres coloniales nadie conoció, porque eran conocidos de otra manera. Que no supure no significa que no haya quedado la cicatriz de la imposición, que molesta a los jóvenes que son sensibles ante las imposiciones del pasado.

¿Debe considerarse su más reciente novela, ‘Cuando a Guinea se iba por mar’, una síntesis esclarecedora de la lacerante memoria política de su país?

Es una novela con pretensión de que se recuerde la historia colonial y se haga un recorrido por sus interacciones vitales, si puede decirse. Y como es un libro limitado y la historia siempre es más larga y profunda, es imposible abarcarla con un solo libro. En todo caso, o en este, es un acercamiento a ciertos temas capitales que configuran el alma guineana, diríamos.

Al margen de la oficialidad de lengua española, ¿son apreciables los vestigios sociales y culturales de su pasado reciente en la Guinea Ecuatorial contemporánea?

Sí. En las ciudades guineanas se puede tomar un desayuno líquido, cuando en otras condiciones nuestro desayuno hubiera sido más consistente. Todo el catolicismo es colonial y, de cuando en cuando, hacen misas en latín, o al menos parte de ella, y la gente se saluda con un apretón de manos o con dos besos. Bien, si no son vestigios sociales de España, se parecen.

En todo caso, y ahora que se puede, mucha gente ve los telediarios de España como si fuera del país propio. Al ser un país que heredó el calendario cristiano de España, sigue las mismas festividades y tiene fiestas patronales. Esto creo que es español, por más que su desarrollo se ajuste a las costumbres locales.

¿Cuáles fueron las condiciones y motivos de su huida forzosa del país, en febrero de 2011?

En el año 2011 salí del país durante una huelga de hambre que hice en protesta por la visita de una delegación del Congreso de los Diputados de España al dictador. Durante la misma vi que los embajadores de ciertos países, que algunos creían que tenían interés por la democratización de Guinea, no tenían este interés, además de que lo que me pasara en la misma no sería de su interés. Actuaron como si fuera un delito enfrentarse a un dictador. Bueno, lo vi claro.

Tras casi una década de residencia en España, ¿experimenta sobre sí mismo y sobre su obra una ineludible condición de exilio? ¿Aspira a desterrarla?

¿Desterrar la condición de exilio? ¿Por qué habría que hacerlo? No siempre un autor puede saber a qué “huelen” sus libros. En todo caso, depende mucho del género. He de decir que no hablo de Guinea en tono nostálgico porque, desde el año 2014, he visitado anualmente el país. Si yo creyese que no pudiera aguantar fuera de Guinea, me iría.

En todo caso, las razones por las que el exilio es una situación dolorosa descansan en que, muchas veces, el sujeto siente que en su país no se dan las condiciones óptimas para vivir, y esto hace mella en la gente que lo mira desde la distancia. Lo dije una vez: el dolor por el exilio es un engaño de la razón, por más que hoy hayan nacido cientos de personas que hacen difícil que cualquiera que sale de su país, por cualquier circunstancia, no pueda instalarse en otro. Es decir, aún cuando lo dejaran instalarse, lo sentiría igualmente, por más que las condiciones nuevas fueran mejores que las anteriores.

Sentenciaba la escritora chilena Isabel Allende que “el exiliado mira hacia el pasado, lamiéndose las heridas; el inmigrante mira hacia el futuro, dispuesto a aprovechar las oportunidades a su alcance”. ¿Hacia dónde dirige su mirada existencial y literaria Juan Tomás Ávila?

No es que miran, sino que se instalan en el pasado. Mucha gente pierde mucho tiempo buscando las oportunidades de volver. Ya he hablado del engaño de la razón. Y es que el hecho de que tu pasado estuvo ligado a un tipo de supervivencia te hace creer que en tu tierra estarías mejor. Bueno, ya saben que no solo de pan vive el género humano.

Un inmigrante es alguien que no está afectado por este engaño. Tenemos que decir que hay mucha gente que no cree que la gente se merezca esta oportunidad. De repente, uno dice que un país es suyo, como si dijera que el Océano Índico es suyo. Yo creo que se me debe publicar y leer más para que la gente saque las conclusiones de esta pregunta por su cuenta.

¿Confía en que ‘El escritor de un país sin librerías’ auxilie a situar su obra en castellano con semejante relevancia a la que goza en la industria editorial internacional?

Deseo que pase cualquier cosa buena con ‘El escritor de un país sin librerías’. Por mi parte, y por parte de otra gente, ya nos hemos dado cuenta de que hay gente que no quiere situar según qué en ninguna escena. Entonces, esperamos que el documental les ayude a decidir. Ya sabemos que sobre el cine hay mucha más luz que la labor cuasi anónima de un escritor anémico. O de un escritor carente de un potente barco para cruzar el mar de la indiferencia que muchos suelen pretender crear.

exilio, Juan Tomás Ávila
El escritor Juan Tomás Ávila. Foto: Josep Gutiérrez.

Jose Ramón Alarcón

Crónicas del desastre

#MAKMALiteratura | MAKMA ISSUE #02
Juan Madrid | Crónicas del desastre
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Domingo 9 de agosto de 2020

Aquella mañana, Mariano Céspedes Batallón fue a ver a Paco, el de la tiendecita de la esquina, y se puso a hablar con él. Le debía dieciséis euros.

–Vengo a pagarte, Paco –le dijo.
–No hace falta, Mariano. Ya me pagarás. ¿Quieres el periódico? –le preguntó Paco–. Así te distraes un poco, hombre.
–Bueno…, no, creo que no, hoy no me lo voy a llevar.
–¿Y eso? Hombre, llévatelo…, ya me lo pagarás cuando lo leas. Venga, tío, tómalo. Así te entretienes. No lo estropees mucho y me lo devuelves luego.
–No, no…, en serio, para las mentiras que cuentan los periódicos. –Mariano le sonrió.

Gastaba barbita recortada, que se le estaba volviendo blanca. Tenía cincuenta y ocho años, pero aparentaba diez más. Yo lo había visto varias veces en el metro de Colón tocando los primeros compases de ‘La Internacional’ con el acordeón.

–Vale, como quieras, pero ya sabes…, tú eres un amigo. No lo olvides –le contestó Paco.
Mariano contó dieciséis euros y se los entregó. Paco se extrañó bastante y le dijo que no corría prisa.
–Pero a mí me gusta pagar las deudas, ya sabes.

Crónicas del desastre, Juan Madrid
Páginas interiores del relato inédito de Juan Madrid (ilustración de Kolo), publicado en MAKMA ISSUE #02.

Eso fue lo que me contó Paco una semana después, mientras se le saltaban las lágrimas. Ahí fue cuando me enteré de que Mariano llevaba ocho años separado de su señora. Tenía dos hijos mayores, uno en Bilbao de guarda de seguridad y el otro por la parte de Sigüenza, un bala perdida que se dedicaba a las chapuzas. Llevaba parado desde 2009 y parece que tenía tres o cuatro nietecillos, y que ni sus hijos ni sus nietecillos venían a verlo. Paco me comentó que los dieciséis euros se los fio un día porque Mariano quiso regalarle a sus nietecillos unos cuadernos para colorear la última vez que fueron a verle el año pasado, por Navidad.

Mariano, después de ajustar cuentas con Paco, se fue para el bar del Teodoro y le dijo que cuánto le debía. El Teodoro se le quedó mirando.

–¿Te ha tocado la lotería, macho?
–No, no…, es que me gusta pagar las deudas. Ya sabes.
–No corre prisa, Mariano, tío. ¿Un cafelillo con leche? Paga la casa.

Paco me dijo que no debía de haber mucha gente a esa hora en el bar El Tropezón. Quizás estuvieran los de siempre: el Lalo, Pepe Vinuesa y algún otro. La cantidad que debía Mariano no debía de ser mucha, ya que no bebía. Su único vicio eran los cafés con leche y el tabaco –los Ducados–. Tampoco podía saber si después fue a otros lugares a pagar lo que debía. Eso él no podía saberlo. Recuerda que aceptó el cafelillo que le ofreció el Teodoro y que a Mariano casi se le saltaron las lágrimas de agradecimiento.

–Después de pagarle al Teodoro ya no sé lo que hizo –insistió Paco.
–Debió de haber vendido el acordeón, ¿no crees? –le dije–. ¿Lo llevaba cuando habló contigo?
–Pues, no, don Juan, no lo llevaba. Me hubiera acordado.
–De ahí debió de sacar el dinero para pagar las deudas, ¿no te parece?
–A lo mejor. El Teodoro me dijo que debía los cafés de la última semana: siete cafés con leche y tres paquetes de Ducados. Lo pagó todo.
–Seguro que lo vendería.
–Eso creo yo también. Desde luego, ya no podía tocar más en el metro, las autoridades no le dejaban; vamos, que no le dieron licencia, ¿sabe usted? Por esa ley del ayuntamiento, esa que dice que los músicos callejeros tienen que tener un carnet o un examen, ya ve. Y él pues no lo pasó. No era muy bueno, la verdad.
–Vaya, no sabía eso. Entonces, ¿le negaron el permiso para tocar en el metro?
–Sí, señor, se lo negaron. Eso me dijo.
–Tocaba bastante bien ‘Té para dos’ y ‘Mi amor vive arriba’ y ‘El humo ciega tus ojos’; se las sabía de memoria. En cambio, ‘La Internacional’…, bueno, tocaba los primeros compases y nada más.
–No parecía de izquierdas, sabe usted, y tampoco demasiado cabreado. Era un hombre tranquilo y serio.
–La procesión va por dentro, Paco.
–Sí, eso debió ser. Un día me dijo que debía haber ensayado más, haberse preocupado de tocar bien el acordeón. Estudiar solfeo y esas cosas. Parece que desde joven era aficionado al acordeón, lo tocaba en las fiestas familiares, ya sabe.
–¿Y sabes algo de su señora? ¿Dónde vive?
–Pues no. Me acuerdo de ella, claro. Siempre estaba de mala leche, cabreada, una tía de malas pulgas. Se llamaba Clarita… También me acuerdo de sus niños. Ahora deben ser unos muchachones. Ni siquiera venían a verlo.

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Según me dijo Paco, Mariano Céspedes había estudiado Peritaje Mercantil, de joven, en la Academia Bilbao, que ya no existía. El título se lo habían homologado en 1968. Estuvo trabajando treinta años en Ferretería El Siglo XX, de la calle Valverde, que tenía dos pisos y ocho empleados, además de don Victorio, el dueño. Cuando se murió don Victorio, en 1998, sus hijos vendieron el edificio, que se convirtió en unos hermosos apartamentos muy modernos. Mariano estuvo en el paro, pero hizo un cursillo en el INEM de Informática y en 2001 se colocó de contable en Materiales de Construcción Josema, en la calle de San Hermenegildo, que llegaba a facturar al año dos millones de euros. Se compró el piso, pero Materiales de Construcción Josema quebró en 2009 y Mariano tuvo que tirar con muchas fatigas el año del paro. Desde hacía dos años tocaba en el metro y se sacaba entre veinte y cuarenta euros a la semana, cuando venían buenas.

Y ya no pudo pagar las deudas con el banco. Yo lo vi dos o tres veces en el metro. Una vez me paré a escucharle ‘Té para dos’ y le puse en el platillo un dinero, no mucho.

–Muchas gracias, caballero. ¿Le gustaría escuchar otra melodía? ¿Qué le parece ‘El humo ciega tus ojos?’.

Le dije que adelante y la tocó. Luego le ofrecí un cigarro y nos pusimos a fumar y a hablar. Me dijo que se había separado de su señora hacía ocho años y con lo que sacaba tocando el acordeón en el metro pagaba las letras del banco, pero que le habían cortado la luz. Comía en Cáritas y usaba velas.

–¿Puede usted tirar con cuarenta euros a la semana? –le pregunté.
–Sí, señor…, a base de no gastar en comida…, ya ve. Me sale justo para pagar las letras del banco. Y si falta…, bueno, si me falta le pido a los amigos, aunque ya no me quedan amigos que pedirles dinero. Todos están jodidos. Así voy tirando.

No volví a verlo. Debió de ahorcase aquel día en que le comunicaron los del banco eso de que lo iban a desa…, bueno, que lo iban a desahuciar. Les debía quince mil quinientos euros, casi un año de impago. Es posible que ese día vendiera el acordeón y pagara las deudas. Lo encontró Paco una semana después, mosqueado porque no daba señales de vida. Según parece, al ver que no respondía nadie, acudió al taller de chapa y pintura de al lado y se vino con un muchacho que descerrajó la puerta.

Se había colgado de una de las vigas del techo, pero, al parecer, no hizo bien el nudo por falta de pericia –o vaya usted a saber por qué– y debió de tirarse más de media hora de agonía colgado del techo. Con los espasmos y los movimientos se le bajaron los pantalones. Llamaron a la policía y vinieron los del juzgado tres horas después.

Paco encontró sesenta y cuatro euros en un sobre, en el que Mariano Céspedes Batallón había escrito: “Para mis hijos”.

–No encontré la dirección de sus hijos, don Juan, ni de su señora. Tengo aquí el dinero guardado. ¿Qué hago?

FIN

Crónicas del desastre, Juan Madrid
Ilustración de Kolo para ‘Crónicas del desastre’, relato inédito de Juan Madrid.

Juan Madrid

La mujer y la ciencia ficción

#MAKMALibros #MAKMAOpinión | MAKMA ISSUE #02
Elia Barceló
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2019
Domingo 2 de agosto de 2020

‘La mujer y la ciencia ficción’ es uno de los títulos más frecuentes en tertulias, mesas redondas, artículos de fanzines e, incluso, publicaciones académicas. O al menos lo ha sido hasta hace muy poco. 

Tenemos tanta costumbre de oírlo que casi ni nos llama la atención o, incluso, puede parecernos moderno, progresista, casi feminista, el unir estos dos términos tan dispares. ¿Tan dispares? Porque esa es la cuestión, que lo que implica ese título es que se trata de dos ámbitos que a nadie se le ocurriría poner juntos. ‘La berenjena y el chocolate’ o, todavía más atrevido, ‘La berenjena y la máquina de coser’. 

¿Alguna vez hemos tenido una tertulia, mesa redonda, conferencia o artículo sobre ‘El hombre y la ciencia ficción’? No, claro, porque se sobreentiende que ese es su dominio, tanto la ciencia como la ficción. Sin embargo, estadísticamente, hay menos lectores que lectoras (en cualquier género) y son muy pocos los hombres que leen ciencia ficción, comparados con los que prefieren la novela negra, el thriller, las historias de espías o los periódicos deportivos. Por no hablar de los que escriben ciencia ficción, que también son apenas un puñado entre los hombres que se dedican a otros géneros. 

ciencia ficción
Páginas iniciales del artículo publicado en MAKMA ISSUE #02.

No obstante, a nadie se le ha ocurrido hablar de ‘El hombre y (el género que sea)’. Desde que existe la escritura, los varones han considerado que todo lo que tenga que ver con creatividad, reflexión, análisis o cualquier actividad del espíritu era de dominio masculino, y las mujeres lo hemos aceptado con más o menos naturalidad, porque siempre nos dijeron que las mujeres no servimos para eso, que las mujeres nunca habíamos aportado al mundo nada que valiera la pena.

En nuestras escuelas jamás nos dijeron que el primer texto occidental que se conserva fue escrito por Enheduanna, una mujer en Sumeria; nunca nos hicieron aprender nombres femeninos y sus obras –que existen, que existieron en todos los siglos, a pesar de las obvias dificultades por la falta de formación para las mujeres–; nos ocultaron los logros de nuestras antepasadas en las ciencias y las artes, para dejar solo –puntualmente– el recuerdo de algunas mujeres que se destacaron por su belleza, su santidad o su perfidia, los únicos campos en los que una mujer tenía derecho a destacar: Eva, Helena de Troya, Penélope, la Virgen María, Cleopatra, Isabel la Católica, Santa Teresa de Jesús, Lucrezia Borgia, Isabel de Inglaterra, Catalina de Rusia, Mata Hari… 

Ha costado mucho ir descubriendo pintoras, músicas, poetas, arquitectas, ingenieras, astrónomas, científicas de todas las ramas… y escritoras de género fantástico y de ciencia ficción. Se ha quitado importancia al hecho de que la primera novela de ciencia ficción –’Frankenstein’–, fue escrita por una mujer: Mary Shelley; y que las primeras novelas de terror fueron escritas por una mujer, que se hizo famosísima en su época: Anne Rathcliffe.

La ciencia ficción como género moderno dio un auténtico salto hacia la calidad literaria cuando, en los años sesenta del siglo veinte, irrumpieron las primeras mujeres en un panorama dominado por hombres que, en su mayor parte, escribían sin muchas ambiciones literarias para un público de hombres que se dedicaban a profesiones técnicas y no tenían mucha cultura de letras. 

Portada de MAKMA ISSUE #02, a partir de una de las obras del proyecto ‘Autocines’ (2019), de la fotógrafa Gala Font de Mora.

Las mujeres, que nos hemos formado en la lectura de obras clásicas de ciencia ficción escritas por hombres, sabemos hacerlo igual que ellos, pero hemos añadido muchos temas nuevos en el género por el simple hecho de que aportamos otra visión, otras preocupaciones. Las escritoras de fantástico y ciencia ficción hemos introducido temas de la enorme problemática del género y el sexo, temas de la maternidad, la reproducción… Problemas que siempre han existido en la realidad, pero que ningún hombre había considerado dignos de pasar a una novela.

A esto se añade que en los últimos tiempos hemos llegado a un nivel de exigencia literario que habría sido casi impensable cuando la CF era un dominio masculino para narrarle a los jóvenes técnicos e ingenieros pequeñas historias con protagonistas que empezaban siendo poca cosa y acababan siendo superhéroes, que rescataban a la chica florero –muchas veces la secretaria de la empresa donde trabajaba el técnico– del pérfido alienígena con pinta de insecto (el famoso BEM, por las siglas de Bug-Eyed Monster) y realizaban el sueño americano siendo ascendidos, comprándose un coche último modelo y una casa con jardín en un buen barrio periférico. 

Las mujeres actuales en la ciencia ficción hacemos cualquier cosa que queramos hacer, porque somos capaces de hacerlo. Hay quien se decanta por el space opera, la gran épica, la parodia, la literatura prospectiva o extrapolativa, la lírica, el terror, la novela enigma… Hay quien trata temas de primer contacto, de robótica, de catástrofes ecológicas, de dilemas éticos, de procreación, de diferentes posibilidades sexuales y eróticas, de batallas galácticas…

No hay ningún camino cerrado para nosotras y las mujeres más jóvenes, las que están empezando ahora, seguramente ni siquiera saben, más que desde una distancia histórica, que hubo un tiempo en que tuvimos que luchar por nuestro derecho a escribir lo que quisiéramos. Hubo un tiempo en el que a mí, por poner un ejemplo personal, un importante escritor alemán me dijo que “cómo es posible que una chica tan joven y tan simpática haya escrito un relato tan espantoso” (se refería a ‘Loca’, que estuvo nominado al Ignotus de 1994 y acaba de ser reeditado en la antología ‘Insólitas’, compilada por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruíz) y que cuando escribiera “algo más bonito” (sic), le encantaría poder publicármelo. 

Nunca volví a mandarle nada y, desde entonces, he escrito con total pasión y libertad, he encontrado editoriales que han querido publicarlo, así como lectoras y lectores a los que no les ha importado que la autora fuera una mujer y escribiera ciencia ficción. 

‘Demon Girl III’, de la ilustradora De la Cage.

Elia Barceló

Este artículo fue publicado en MAKMA ISSUE #02, revista especial en papel con motivo del sexto aniversario de MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, en junio de 2019.

«La crisis traerá más ruido, rabia y confusión»

#MAKMAEntrevistas | Txani Rodríguez
‘Los últimos románticos’ (Seix Barral, 2020)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 22 de julio de 2020

Entre brumas y acordes que resuenan en su memoria personal y paisajística, la escritora y periodista alavesa Txani Rodríguez ha paseado su novela ‘Los últimos románticos’ (aún con el cálido y reciente tacto de imprenta) por la inusitada XXXIII Semana Negra de Gijón, procurando con su presentación una de las rúbricas definitivas del festival.

De este modo, la autora ha portado consigo esa calima industrial de celulosas y proletariado que palpita en su obra con vigorosas semejanzas del pasado, perfilando un horizonte de añoranzas solidarias y obreras –tan carentes como necesarias en el complejo y desubicado escenario laboral del presente–.

Porque Irune, su personaje protagonista, evoluciona entre turnos y despidos de una fábrica de papel (higiénico y contaminante) del País Vasco, contiendas sindicales y ecologismo; un entorno en el que solo cabe superar el duelo vital de la pérdida (familiar y laboral) a través de la materialización de la fraternidad, la amabilidad y el compañerismo –conceptos con los que equilibrar, además, la inapelable soledad contemporánea que vulnera la relación entre los individuos–.



Las siete y media, los últimos románticos / Se acaban acostando con cualquiera”, sentencia el músico Quique González en ‘Parece Mentira’, uno de los temas de su álbum ‘Delantera Mítica’ (2013). ¿Te hubo interpelado su letra para componer la deriva proposicional de tu novela?

En realidad, llegué al título por mí misma, tras descartar otras muchas opciones, y a pesar de existir una novela homónima de Pío Baroja, decidí mantenerlo. Sin embargo, aunque, como digo, llegara sola al título creo que es muy posible que en mi subconsciente resonara la letra de Quique González que me señalas, porque el madrileño es uno de mis músicos favoritos, y algunas de sus canciones he debido de escucharlas un millón de veces, al menos.

En tu prosaica descripción de Irune, sustentada por las máculas de lo cotidiano, ¿reside el lirismo en los márgenes de sus actos, tras la montañas vitales de celulosa y soledad, introspectiva y telefónica?

Bueno, no considero que la descripción de Irune sea prosaica, no era mi intención, en todo caso, pero sí comparto que el lirismo –un ingrediente que, en mi opinión, siempre hay que limitar- puede proceder de los lugares y gestos más insospechados, por ejemplo, de una fábrica de papel higiénico. Se escribe poco sobre las fábricas, pero en ese mundo también cabe todo, incluido el lirismo.

Si ‘Los últimos románticos’ radiografía un entorno periférico de tiempos conclusos y desahucios industriales, ¿cabría situar el cosmos en el que evoluciona su protagonista en otro contexto que no fuera el de la decadencia fabril del País Vasco, Asturias o Galicia?

En la novela las reflexiones sobre la solidaridad entre trabajadores son importantes, por lo que creo que ese tipo de entorno se hace necesario; sin embargo, para hablar de la importancia de la idea de comunidad o de los cuidados, valdría cualquier lugar de Europa.

El escritor Luis Artigue y Txani Rodríguez durante la presentación de ‘Los últimos románticos’ en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Fotografía cortesía del festival.

El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”, sentenciaba Karl Marx. ¿Es la solidaridad obrera la levadura imprescindible para conquistar ese estadio de consideración social?

El pan es importante también, y una buena manera de demostrar respeto por los trabajadores es impulsar buenos convenios colectivos. La solidaridad obrera, por desgracia, parece ya cosa del pasado. A diferencia de lo que sucedía en décadas pasadas, en las fábricas hay muchos trabajadores eventuales o procedentes de empresas de trabajo temporal, con lo que, a menudo, quedan al margen de las organizaciones sindicales… Creo, además, que todo el mundo va bastante a lo suyo.

¿Qué porvenir aguarda a las ‘Irune’ que pueblan, con sus vindicaciones, el marco laboral contemporáneo?

No parece que les aguarde un futuro demasiado esperanzador, teniendo en cuenta, encima, que estamos a las puertas de una nueva crisis económica que, al parecer, será profunda. Por otro lado y de manera previa, las sucesivas reformas laborales han ido mermando los derechos de los trabajadores en este mercado –en el que participamos todos–, cada vez más deslocalizado y voraz.

¿Cabe alentar otra conducta moral que no este sustentada por la empatía, la cordialidad o la benevolencia? ¿De qué modo dotar de oxígeno a la amabilidad en tiempos permanentemente convulsos?

La amabilidad no cuesta nada, nos decían, y es verdad; la amabilidad no es compromiso, es algo más puntual –una sonrisa, una buena contestación–, pero también reconforta. He tenido, a menudo, la sensación de que se premiaba la displicencia frente a la amabilidad, o dicho de otro modo, que la maldad se confundía con la inteligencia, y la bondad con estupidez. Estoy totalmente en contra de esas ideas.

¿Hubieran afectado las consecuencias sociales y sanitarias de la COVID-19 a la deriva diegética de tus personajes? ¿Alimenta este incógnito escenario de distanciamiento social la ausencia de compromiso?

Según muchas voces, parece que de esta crisis saldremos cambiados, que aumentará el sentido de comunidad (muchas personas han descubierto ahora cómo se llamaba el vecino de enfrente) y que valores que parecían olvidados volverán a cobrar fuerza. Yo soy algo más pesimista, no creo que esto nos haga mejores, y la crisis económica traerá más ruido, rabia y confusión.

La escritora Txani Rodríguez. Fotografía cortesía de la autora.

Jose Ramón Alarcón

De aperitivos y malditos de provincias

#MAKMAOpinión | De aperitivos y malditos de provincias
Reflexiones a partir de ‘Malditos no, gracias’, de J. Benito Fernández (Babelia, 18.07.20)
Sábado 18 de julio de 2020

Tal y como un servidor acostumbraba en distantes tiempos próximos (intencional oxímoron, de semejante naturaleza a la que tiñe el pulso de la presente e indefinida ‘nueva normalidad’), perfumo con vermú de mediodía la lectura sabatina de prensa escrita (siempre he preferido tiznarme las yemas de tinta que granjearle una tendinitis de fin de semana a mi pulgar siniestro).

Y con esa rozagante e incontenible algarabía que se experimenta al toparse con un discurso compartido, que mora bajo nuestro silencio lector, no he podido evitar reflexionar por estos predios a partir del artículo que rubrica en Babelia J. Benito Fernández, titulado ‘Malditos no, gracias’.

Un atinado y sintético repaso personal a la “in-so-por-ta-ble” condición de diversos y conspicuos individuos que poblaron el mapa nocturno y literario de nuestra contemporaneidad, entre los que despuntan dos excelsos e inefables sujetos: Eduardo Haro Ibars y Leopoldo María Panero.

Refiere su autor –quien ya hubiera glosado sus figuras en las dos magníficas biografías ‘El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero’ (Tusquets, 1999) y ‘Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído’ (Anagrama, 2005)– que “tanto Eduardo como Leopoldo no se consideraban malditos. Ambos poetas coetáneos se sentían a disgusto en el papel de marginados. Haro insistió en su aura de heterodoxo o raro. ‘Uno no se siente nunca maldito, sino que se le maldice’, acostumbraba a decir. El eutrapélico Panero no encajaba con comodidad cuando le preguntaban por su malditismo, abominaba de él (…)”.

Eduardo Haro Ibars. Retrato del autor que ilustra la portada de ‘Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído’, de J. Benito Fernández (Anagrama, 2005).

Al igual que muchos de mis ignotos coetáneos, desde mi petulante adolescencia he profesado una devota, aunque introspectiva, predilección por sus respectivas biografías (y marginalmente por sus obras. Nada mejor que eclipsar con la vida el plúmbeo legado de la literatura).

Otra cosa es, sin embargo, padecer su efímera amistad, acompasar su compañía transitoria y periférica, soportar la carga del delirio, dejarse “sablear” de noche y de día (antes del aperitivo no conviene recibir) y mancillar con despropósitos ciertos encuentros que prometían ser amables y celebrativos. “En la distancia están muy bien, sobre el papel son muy atractivos”, asevera Benito Fernández.

Porque los pelmas de vidas disolutas (enfermas de cierto talento genuino) habitan al sur (calcinados de sol y manzanilla), en la preeminente meseta capitalina (donde encuentran definitivo acomodo para beber el licor dulzón de la notoriedad) y a escasos metros del Cantábrico (donde un servidor pasea los julios y en los que estos seres-ínsula molestan menos, abrigando su vesania bajo las barbas o dando de comer a las palomas).

Así que hace años que tomé la certera decisión de alejarme de “malditos” de provincias (que tanto frecuenté otrora, ingenuo de mí) y dejar sus hediondas virtudes para una peregrina lectura invernal o para el gracejo estival de anécdotas y sobremesas.

Leopoldo María Panero durante un instante del documental ‘El desencanto’ (1976), de Jaime Chávarri.

Jose Ramón Alarcón

«El mundo literario del planeta mira a la Semana Negra»

#MAKMAEntrevistas | Ángel de la Calle (director de contenidos de la Semana Negra de Gijón)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Centro de Cultura Antiguo Instituto
Jovellanos 21, Gijón
Del 3 al 12 de julio
Jueves 2 de julio de 2020

Semejante a aquel célebre proemio alumbrado por René Goscinny y Albert Uderzo que, reiteradamente, nos exhortaba a inmiscuirnos en las vicisitudes gráficas de ‘Astérix el Galo’, la Semana Negra de Gijón resiste, indomable, al invasor –un virulento asaltante que, desprovisto de gladius y scutum, ha transformado en páramo (entre otras y más severas consecuencias) lo que en condiciones ordinarias hubiera sido, durante los próximos meses, un vergel cultural en sus múltiples y estivales acepciones–.

Y, efectivamente, conducido a través de un fértil programa de actividades y una heterogénea y eximia nómina de autores del género, el longevo (y pionero) festival noir gijonés ha logrado sobreponerse a las consabidas contingencias que nos han asolado (con nulos visos de haber tocado a su fin), erigiéndose en la primera cita de este insólito orden cotidiano con el sector de libro y sus heteróclitos habitantes.

Por ello, desde MAKMA entrevistamos a Ángel de la Calle, director de contenidos de la Semana Negra (y celebrado autor de cómic), cuya presente edición, eso sí, se ha visto mermada en lo morfológico, mudándose del populoso escenario de los antiguos astilleros navales (por el que transitaban más de medio millón de individuos) a las dependencias del Centro de Cultura Antiguo Instituto, dejando en cueros culturales lo que otrora era instruida celebración y literaria algarabía social.

La Semana Negra de Gijón formaliza, a partir de mañana, su trigésimo tercera edición. ¿Se ha revelado en una inopinada excepción con motivo de la COVID-19?

Sí. Pero en algún momento habrá que empezar a reunirse los lectores con los autores y estos entre ellos. El lunes tenía un conversatorio con Cristina y Marisol, las directoras del Hay Festival y la FIL de Guadalajara que acaban de recibir el Princesa de Comunicación y Humanidades, y hablábamos de eso. El Hay Festival fue todo telemático y la FIL no se sabe, falta mucho para noviembre, pero México aún está en periodo de ascenso del virus. Pero la idea es tratar de hacer presencial lo que se pueda. Con aforos limitados como nos pasa a nosotros. Por eso el mundo literario del planeta mira a la SN.

Cartel de la XXXIII Semana Negra de Gijón, creado por la artista italiana Lorena Canottiere.

Desde el primer avance de contenidos, en el (ahora distantísimo) mes de marzo, hasta la reciente y última rueda de prensa, ¿ha corrido la Semana Negra pandémico riesgo o, por contra, desde la organización os habéis mantenido incólumes?

Nosotros, ya antes del virus, perdimos a José Luis Morilla, Mori, nuestro fotógrafo desde hace más de 20 años. Llegó a la SN con 17 años. Eso nos dejó tocados, y días después el puto virus llegó y al rato se llevó a Luis Sepúlveda. En fin… El resto del equipo está bien; aquí, en Asturias la pandemia fue más benigna y el sistema sanitario público es de los mejores del mundo. Yo perdía a mi madre, aunque no directamente por la COVID, y cada cual del equipo a su alrededor tendría sus historias, pero directamente nadie fue afectado.

¿Qué te parece y qué esperas de este nuevo formato? ¿Puede compararse, en cierta medida, con las celebraciones incipientes de finales de los años 80?

Hacerla, asumiendo que es una contradicción con lo que nosotros planteamos. Ya saben, públicos masivos, accidentales, un festival literario de primer orden, callejero, en medio de una fiesta popular, etc. Es casi lo contrario de lo que va a ser este año. Lugar emblemático, pero cerrado, con públicos limitadísimos y medidas sanitarias muy exigentes. Entrada gratuita, pero sacada con anterioridad telemáticamente, etc. Por fortuna, podremos salir al aire emitiendo en directo las 6 horas diarias del encuentro literario y de ideas, a través del canal de YouTube de la SN y de la página web www.semananegra.org.

Pero sí es una apuesta vanguardista, como lo fue aquella Semana Negra de 1988, en tanto que somos adelantados en el mundo de cómo hacer un encuentro presencial de autores, tras (o durante, mejor) la pandemia.

(De izquierda a derecha) Pablo León, director general de Cultura del Principado de Asturias, Ana González, alcaldesa de Gijón, y Ángel de la Calle, director de contenidos de la SN, sostienen a la mascota Rufo (creada por el artista Quique Herrero), dedicada en la presente edición al fótografo Mori. Fotografía cortesía de la organización.

Como has mencionado, la presente edición se encuentra huérfana tras los fallecimientos del escritor Luis Sepúlveda y del fotógrafo Mori, dos figuras tan dispares como imprescindibles en el devenir del festival. ¿De qué modo serán homenajeados en los próximos días?

Una de las dos exposiciones, ‘Mori omnipresente’, está dedicada a él y son sus fotos de estos años. La expo la comisaría Alex Zapico, responsable del espacio de fotografía y fotoperiodismo de la SN. El primer acto literario de la SN será la presentación del libro póstumo de Luis –’Historia de Mix, de Max y de Mex’ (Tusquets Editores, 2020)–, con la presencia de su viuda y familia. Pero siempre el mejor homenaje es el recuerdo y la complicidad con sus ideales.

Carlos Zanón, Lorenzo Silva, Juan Bolea y Marta Robles debatirán acerca de lo que le espera a la novela negra española tras la pandemia. ¿Te aventuras a perfilar un horizonte al respecto?

No. Ya no hablo de futuro. Tenía una bola de cristal que heredé de Carlos Marx, pero se me rompió. Misma bola con la que Carlos Marx predijo que la revolución social acontecería en Alemania e Inglaterra.

Más allá de la omnipresencia del coronavirus, ¿qué otros temas destacados forman parte del ubérrimo cronograma?

Realmente, esperamos no hablar de coronavirus. Si miras el programa, en el que hay más de ciento y pico actos, en ninguno se habla del tema. Hablamos de novela negra LGTBI, de novela histórica, de un país sin sindicatos, de la obra maldita de Manuel Vázquez Montalbán, de la fortuna de la familia Franco, de la delincuencia de moqueta y de la de metralleta, de novela fantástica, de poesía, de los 75 años de la liberación de Mauthausen y Auschwitz, del cómic anarquista, del futuro… Y mucha música.

¿Es pronto para situar geográfica y cronológicamente la XXXIV Semana Negra de Gijón?

Te repito lo de mi rota bola de cristal.

Ángel de la Calle. Fotografía de Marina cortesía del autor.

Jose Ramón Alarcón

XXXVIII Premis Literaris Ciutat de València

XXXVIII Premis Literaris Ciutat de València
Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales | Ayuntamiento de València
Dotación: 72.000 € en total
Hasta el 22 de julio
Martes 16 de junio de 2020

El Ayuntamiento de València ha convocado la XXXVIII edición de los Premis Literaris Ciutat de València, un certamen que en los últimos años ha reunido más de 1.000 textos procedentes de distintos lugares del mundo. El plazo para participar en este concurso, que desde el año 2016 se celebra en un total de ocho categorías (narrativa, ensayo, teatro y poesía, tanto en valenciano como en castellano), terminará el próximo 22 de julio.

La concejala delegada de Patrimonio y Recursos Culturales, Glòria Tello, ha dado a conocer la convocatoria de estos galardones, que implican una dotación económica “y la culminación del proceso de difusión de las obras con su publicación”. En palabras de la concejala, estos premios que llevan el nombre de la ciudad son uno de sus baluartes culturales que, además, demuestran el compromiso del gobierno local con el talento y la creatividad”.

“De hecho, a lo largo de los de las últimas cuatro ediciones, se han presentado más de 1.000 textos procedentes no solo de las diversas comarcas valencianas y del resto de España, sino de países hispanoamericanos (como Argentina, Chile, Cuba, México o Uruguay), y de otras naciones, como los Estados Unidos, Francia o Israel”, ha añadido.

La convocatoria, organizada por la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales, a través del Servicio de Recursos Culturales, contempla que la recepción de originales concluirá el próximo 22 de julio de 2020 para todas las categorías.

Por lo que respecta a las categorías, las bases concretan: el «Premi Isabel de Villena», de narrativa en valenciano (dotado con 12.000 €); el «Premi Vicente Blasco Ibáñez», de narrativa en castellano (dotado igualmente con 12.000 €); el «Premi Josep Vicent Marqués», de ensayo en valenciano (dotado con 10.000 €); el «Premi Celia Amorós», de ensayo en castellano (también dotado con 10.000 €); el «Premi Eduard Escalante», de teatro en valenciano (con 8.000 € de dotación); el «Premi Max Aub», de teatro en castellano (con otros 8.000 €); el «Premi Maria Beneyto», de poesía en valenciano (con 6.000 €); y, por último, el «Premi Juan Gil-Albert», de poesía en castellano (que cuenta asimismo con 6.000 €).

“A la dotación económica se ha de añadir, en la ceremonia de entrega de los galardones, una escultura original de Miquel Navarro, uno de los grandes artistas contemporáneos valencianos”, ha añadido Glòria Tello, que ha aclarado: “Asimismo, en tanto culminación del proceso de difusión de las obras, todas ellas serán publicadas por sellos de prestigio, gracias a los acuerdos con las editoriales Bromera (narrativa, teatro y poesía) y Edicions del Bullent (ensayo), para los libros en valenciano; y con Pre-Textos (narrativa, ensayo y poesía) y Ñaque (teatro), para los volúmenes en castellano”.

“La colaboración de estas casas editoras con la Concejalía de Patrimonio y Recursos Culturales ayuda a acrecentar la relevancia de estos premios”, ha concluido Glòria Tello, tras recordar que todas las obras que se presenten a estos galardones han de ser originales e inéditas, y en el caso de las piezas teatrales, además, no han de estar estrenadas ni dadas a conocer en lectura pública antes de la concesión del galardón.

‘La Ciudad Especular’ (2017), de Xavier Monsalvatje.

MAKMA

«Parking habla de amor, esperanza y desesperación»

#MAKMACine #MAKMAEntrevistas | Tudor Giurgiu (cineasta)
‘Parking’
110′
Con Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo
Rumanía-España-República Checa, 2019
Filmin
Martes 26 de mayo de 2020

En el atemperado febrero de 2002 recalaba en la estación de autobuses de Córdoba un joven y anónimo immigrante llamado Marin Malaicu-Hondrari (Rumanía, 1971), quien portando consigo apenas un par de palabras en castellano (“hola” y “trabajo”) conseguiría empleo (y vivienda) en el periférico cinturón sur de la ciudad como vigilante de un desvencijado concesionario al aire libre, atesorando por techumbre una precaria caravana estacionada en el recinto.

Sin embargo, Malaicu-Hondrari pronto se revelaría en un individuo singular, perfilado por unas inquietudes literarias alimentadas durante las cálidas, insomnes y solitarias madrugadas cordobesas –entre lecturas de Bolaño (referencia de oficios y narrativa) y transistores–, que hubieron cimentado tanto su perfil lector en lengua española como sus virtudes poéticas –’El vuelo de la mujer sobre el hombre’ (2004, Premio de Debut por la Unión de Escritores de Rumanía)– y prosísticas –’El libro de todas las intenciones’ (2008), publicado un año después del retorno definitivo a su país–. Dedicaciones que le han granjeado venturoso horizonte profesional como traductor literario del castellano al rumano y, aún más relevante, una inopinada celebridad como escritor de éxito al oeste del delta del Danubio.

Sería en la primavera de 2010 cuando Marin Malicu alumbraría ‘Cercanías’ (editado en España por el sello granadino Traspiés y traducido por Elena Borrás), una novela polifónica que concita buena parte de sus deriva vital en España y con la que procura un ejercicio reflexivo en torno del amor, la inmigración y la literatura; elementos con los que gestar una libérrima y noctívaga adaptación cinematográfica junto a su compatriota, el cineasta Tudor Giurgiu, quien dirige ‘Parking’ –séptimo largometraje del también productor y organizador del Transilvania International Film Festival–, una coproducción rumano-hispano-checha –protagonizada por Mihai Smarandache, Belén Cuesta, Ariadna Gil y Luis Bermejo– que ha sido estrenada directamente en la plataforma Filmin como consecuencia de la COVID-19 y sobre la que MAKMA cuenta con el testimonio de su director en la siguiente entrevista.

¿Qué proceso de incubación ha desarrollado esta película desde la publicación, en 2010, de ‘Closeness’ (‘Cercanías’), de Marin Malaicu-Hondrari? ¿Qué le incita a contactar con el escritor?

El libro me impresionó mucho. Es una historia muy singular contada en un estilo muy particular. Me gusta la forma en que se retrató la inmigración, totalmente diferente a cualquier otro libro que haya leído; me gustó mucho la amistad masculina entre Adrián y Rafa y, sobre todo, su toque romántico y esta mirada muy especial hacia Andalucía. Un rincón muy marginal, pero aún poético, donde pueden suceder cosas mágicas.

¿Contar con la presencia y colaboración de Marin en la escritura del guion le ha permitido ajustarse fielmente a la novela o, en cambio, han introducido variaciones en la composición de personajes, relaciones y sucesos?

Nos vimos obligados a cortar muchos personajes y subtramas del libro. Estoy realmente agradecido con Marin porque aceptó muchas de mis sugerencias. Tenía ganas de comenzar de nuevo todo el proceso de escritura del libro. Todos estos elementos policiales o de suspense que aparecen en la segunda parte de la película no estaban en el libro y todavía me pregunto si fue correcto agregarlos a la trama principal.

Una extremidad fundamental de su película se encuentra en ciertas localizaciones, especialmente el aparcamiento de vehículos que brinda título al filme. ¿Era este un emplazamiento real y fidedigno, presente en el relato autobiográfico de Marin Malaicu?

El estacionamiento es muy real y es el mismo lugar donde Marin solía ser el guardia nocturno en 2002 y durante, aproximadamente, dos años. El lugar me pareció muy especial y no pude encontrar ningún emplazamiento que coincidiera con la poesía del libro. Esperaba que este estacionamiento fuera como un personaje principal de la película; es como un lugar del fin del mundo, un limbo, al que los cuatro personajes llegan y nos cuentan sus historias sobre el amor, la esperanza o la desesperación.

Adrian (Mihai Smarandache) escribiendo en su caravana durante una de las madrugadas de ‘Parking’. Fotografía cortesía de Filmin.

Sin embargo, ‘Parking’ apenas cuenta con referencias que sitúen geográficamente la diégesis de la película (a lo sumo, un gaitero tocando en Candás que rubrica el viaje efímero del protagonista a Asturias). ¿Considera que la historia podría evolucionar del mismo modo en cualquier otro lugar?

No lo creo. Soy un cineasta que cree que el espacio físico alrededor de los personajes está influyendo en ellos o en sus acciones. Siempre estoy buscando lugares y ubicaciones que puedan decir mucho sobre cómo son mis héroes o cómo se comportan. Me resulta difícil imaginar otro lugar perfecto como las afueras de Córdoba o este maravilloso pueblo de Candás, con su promontorio sobre el mar.

¿Es ‘Parking’ una mirada sobre las singularidades y dificultades de la inmigración o, en cambio, para usted este no es más que un subtema a partir del que filmar cuestiones existenciales relacionadas con la transformación individual?

La experiencia de inmigración fue un tema secundario cuando comencé el proceso de adaptación del libro. Pero, más tarde, se volvió bastante importante, ya que he hablado mucho con Marin sobre su experiencia personal, estar solo y aislado en una cultura extranjera. No quería hacer otra película que tratara aspectos sociales de la inmigración, hay muchas buenas. Quería centrarme en las transformaciones de este poeta, que es un tipo muy diferente de inmigrante.

¿Qué papel juega la literatura en el horizonte vital de Adrian?

No puede vivir sin literatura, es su adicción. Le encanta la literatura española y espera poder algún día leer todos los clásicos directamente en español.

Repite con Mihai Smarandache y se estrena con un plantel de actrices y actores españoles. ¿Cómo ha sido su experencia con este singular reparto?

Trabajar con actores tan buenos como Belén (Cuesta), Ariadna (Gil) o Luis (Bermejo) fue un sueño. Después de conocer a Belén y ver sus películas, supe que sería genial para el papel. Incluso me sorprendió que ella no haya tenido muchos papeles dramáticos antes e hiciera muchas comedias o historias ligeras. Tiene una personalidad fuerte y puede hacer papeles muy diferentes, es inteligente, una actriz completa, incluso muy joven (estoy tan feliz por su éxito en los Goya); estoy seguro de que será una de las grandes estrellas del cine europeo en los próximos años.

Conocer a Ariadna fue mágico, nunca hubiera imaginado que trabajaría con una actriz tan genial. Ella leyó el guión completo antes de nuestro primer encuentro y se le ocurrieron puntos muy buenos sobre la narración. Ella no dijo que sí de inmediato, pero quería tenerla en la película, hicimos todo lo posible para adaptar su horario de teatro al nuestro. Seguimos siendo amigos, le escribiría un papel en cada película que haga.

Luis es un actor increíble, una personalidad maravillosa. Filmar las escenas con Luis en el caballo fue lo más destacado de nuestro período de rodaje en Córdoba, ¡fue único!

Estoy tan feliz de haber encontrado un elenco maravilloso; realmente soñé con encontrar cuatro actores (incluido Mihai) que encajen y funcionen como un conjunto. Supongo que ayudó mucho el hecho de que hacen teatro regularmente (creo que la experiencia teatral brinda habilidades maravillosas a los actores).

¿Su inesperado estreno online a través de Filmin ha variado generosamente sus expectativas? ¿Considera que esta eventualidad, fruto de la pandemia, puede beneficiar a su película?

Creo que es un movimiento valiente e inteligente de nuestros coproductores españoles. Esta crisis por la COVID-19 nos obligó a todos a repensar los circuitos de distribución habituales y estoy bastante seguro de que los lanzamientos de VOD pueden convertirse en una fórmula ganadora para proyectos como ‘Parking’, que no apuntan a un lanzamiento comercial amplio. Muchos títulos europeos no son exhibidos en Estados Unidos, por ejemplo, y algunos pueden tener una vida más larga en las plataformas VOD. Espero que haya suficiente curiosidad en España por mi película y espero que tengamos una buena audiencia.

Tudor Giurgiu. Fotografía de Cornel Lazia cortesía de cineuropa.

Jose Ramón Alarcón

La poética cotidianeidad de Rocío Rojas-Marcos

#MAKMAEntrevistas | Rocío Rojas-Marcos
‘Habitada por palabras’
Huerga & Fierro, 2020
24 de mayo de 2020

“Hay meses que duran años,
días tan tremendamente largos
que pierdo la cuenta de las horas”
(‘Mayo’ | Rocío Rojas-Marcos)

Vivimos un tiempo excepcional, impredecible y confuso, en el que algunas jornadas se nos hacen tan interminables como esos días de mayo de los que nos habla la escritora andaluza –profesora en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y en el International College of Seville– Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979) en su poemario ‘Habitada por palabras’ (Huerga & Fierro, 2020); un título con el que inicia una trayectoria poética que viene a sumarse a su itinerario como narradora de Tánger, ciudad que concentra buena parte de sus inquietudes.

Y así lo ha demostrado en ensayos como ‘Tánger: la ciudad Internacional’ (Almed, 2009), ‘Sanz de Soto y Buñuel: «La tercera España transfretana»’ (Khbar Bladna, 2012) o ‘Tánger, segunda patria’ (Almuzara, 2018), y en diversas colecciones de relatos como ‘Los conjurados de Tánger’ (Sures, 2019) –junto a destacados amantes de la ciudad marroquí como Javier Valenzuela, Alberto Gómez Font, Farid Othman-Bentría Ramos o Santiago de Luca, entre otros–.

‘Habitada por palabras’ es, además, una de las novedades de la editorial Huerga & Fierro que se han visto afectadas por las consecuencias de la COVID-19 –tal y como su editora, Charo Fierro, manifestaba en el artículo ‘Editoras en tiempos convulsos‘ (publicado en MAKMA el pasado día 20)–, puesto que el poemario iba a ser presentado durante la 79ª edición de la Feria del Libro de Madrid (pospuesta, finalmente, para el mes de octubre).

Por ello, nada mejor que acercarnos a ese lugar inédito en el que habitan las palabras de Rocío Rojas-Marcos a través de su propio testimonio.

Atendiendo a tu trayectoria, encaminada por otras sendas ajenas a la poesía, ¿cómo has desembocado en este género?

La realidad es que desde la adolescencia he escrito. Tal vez entonces no eran más que intentos, juego de experimentación, por ponerles un nombre. No conservo ninguno de esos poemas, recuerdo que contaba sílabas sin olvidarme de las sinalefas. Luego pasé años en los que leía más que escribía, hasta que ‘Habitada por palabras’ empezó a tomar forma. En 2012, entendí qué quería decir con estos poemas, dónde quería que fuésemos de la mano. Han pasado muchos años, pero creo que le han sentado bien al libro porque al leerlo se revela con una atemporalidad que es fundamental para la literatura. No es una escritura impulsiva ni empujada por acontecimientos, eso hace que no caduque, creo.

Encabezas el poemario con un cita de Henri Miller y concluyes con una referencia a Walter Benjamin. ¿Qué grado de influencia han tenido en la composición del poemario? ¿Tiene algún significado especial o decisivo con el que conducirte?

El motivo de cada una es bien distinto. La visión urbana de Benjamin me interesa mucho. Tal vez, aquí sí está un poco de esa yo de sendas ajenas a la poesía sobre la que me preguntabas. La simbiosis entre espacio –espacio urbano, especialmente– y literatura es lo que vengo estudiando desde hace años en la ciudad de Tánger. Me apasiona entender cómo el hombre construye no solo el espacio en el que vive, sino que también lo escribe. Se produce, por tanto, una doble creación de un mismo espacio. Ahí Benjamin tiene mucho que decirnos.

La cita de ‘Trópico de Cáncer’, de Miller, la metí cuando el libro estaba casi terminado. Un día, al leerla, entendí que eso era lo que yo estaba haciendo: “Lo esencial es querer cantar”, dice Miller, y yo pensé que eso era: que yo quería cantar. Y canto tan terriblemente mal que menos mal que puedo escribir; y ese es mi canto.

Igualmente, acontecen Pessoa, Ángel González, Ángeles Mora, Leopoldo María Panero y Paul Auster.

Sí, yo necesito lecturas. El poema ‘Necesidad’ está dedicado precisamente a eso. Es el reconocimiento de que, para escribir yo, necesitaba deshacerme de las palabras de los demás. También el título responde en cierto modo a lo mismo. Me gusta decir que quise copiarle a Cortázar el título de ‘Casa tomada’, adaptarlo, pues yo estoy habitada por palabras a las que no identifico en muchos casos y con las que me he acostumbrado a vivir. Lo que espero es no acabar como los hermanos del cuento, que no puedan conmigo. Yo no quiero irme y tirar la llave. Por eso me encanta leer a Panero, las palabras se apoderaron de él y de ahí surge su genialidad.

Pessoa creo que no necesita explicación, no hay poesía sin Pessoa. Ángel González es uno de los poetas españoles que más leo y releo, es uno de mis escritores de cabecera, si es que ese tipo de expresiones tan manidas pueden seguir diciéndose. Pero es que es la verdad. Entiendo versos suyos como si me los estuviese dictando.

Leer ‘Ficciones para una autobiografía’, de Ángeles Mora, fue para mí una sorpresa, casi un susto. Estaba leyendo lo que yo quería haber escrito. Tenía la sensación de que teníamos poemas que lidiaban con ideas tan parecidas que tuve que pensar fríamente y calcular que el manuscrito de ‘Habitada por palabras’ hacía ya meses que estaba en manos del editor cuando yo leí, por primera vez, a Mora; por tanto, yo no había parafraseado nada. Era como mirarme a un espejo.

Paul Auster tal vez es el escritor que menos encaja en esta secuencia, pero siempre ha sido uno de los novelistas que me han gustado, He leído todas su novelas y diarios. Me encanta como juega con la magia, el misterio de lo inesperado. Como si escribiese realismo mágico en Nueva York. Cuando publicó su poesía completa (está en edición bilingüe), descubrí a un escritor diferente, más racional; me interesó mucho. Esa línea es la que ha seguido en sus últimas publicaciones y la novela ‘4, 3, 2, 1’ es sublime. Una oda a la fuerza de lo insignificante en el devenir de la vida.

Rocío-Rojas Marcos recita para el Instituto Cervantes de Tánger el poema ‘Bulevar’, perteneciente a su poemario inédito ‘GMMTT’, inspirado en la ciudad de Tánger.

¿A qué responde que hayas estructurado el poemario en dos partes?

A la dicotomía entre interior y exterior. El poemario entero gira en torno a la vida compartida, al amor y el desamor, a la incertidumbre y la soledad. La primera parte es la vida interior, la que lucha la voz de los poemas desde las pareces de su casa, pero en la segunda parte aparece con más fuerza la ciudad, las calles se entremezclan con la vida. Surge un caos que no es tan controlado como el que se mantiene dentro de las pareces de una casa.

Los conceptos de soledad, huida, incomunicación, abandono y vacío están muy presentes a lo largo ‘Habitada por palabras’. ¿Sintetizan, en buena medida, el estado emocional de tu poemario?

Sí, sin duda. Quería reflexionar sobre los vaivenes de la vida, sobre la mentira de la linealidad del tiempo de nuestra vida y la sinuosidad real que compone nuestra existencia, pero creo que pudo conmigo la desazón en muchos de los poemas. Darme cuenta que somos, a pesar de las muescas. La última antología que acaba de publicar Margarit (Joan) la ha titulado ‘Sin el dolor no habríamos amado’; creo que es el verso perfecto que explica mi obra.

En tu poema ‘Diluidos’ se entrevé una cierta metáfora entre casa y cuerpo.

Sí, puede leerse así, sin duda. Esa es la dicotomía a la que antes me refería. La unión entre el yo de los poemas y su encierro en la casa donde existe y está, en cierto modo, protegido a pesar del frío, pues ese frío es interior.

¿Consideras que el tono general de los poemas dibuja una atmósfera austera en la que los escasos objetos mencionados adquieren un extraordinario valor simbólico?

Está también relacionado con lo anterior. Son objetos normales, vulgares. Hay lápices, sillas, horquillas, zapatos planos para andar cómoda. Una lista de objetos cotidianos, porque la vida es cotidianeidad y tiempo.

De volver al pasado / solo puedo decirte una cosa: / ya no me interesa”. El poema ‘Reinventarme’ encierra toda una declaración de intenciones. Sin embargo, ¿cómo gestionas todo lo pretérito?

Bueno, repitiendo lo que acabo de decir: la vida es cotidianeidad y tiempo y el tiempo pasa y no se detiene. Eso lo sabemos, por tanto, si queremos aprender a vivir tranquilos (no me atrevo a decir felices) hay que intentar no mirar mucho hacia atrás. Cualquier pasado no es verdad que fuese mejor, simplemente está pasado. La literatura enseña a vivir así, pero hay veces que cuesta entender en tu vida lo que aceptas en unas páginas. No tienes por qué quererlo.

Desde el marco de mi ventana / encuadrado por la madera, / pin…pon / el cielo es solo un trozo recortado”. ¿Qué mira ahora desde su ventana ‘El niño del cuarto’?

El niño del cuarto es la vida más allá de las pareces de la casa. El Pepito Grillo que nos ayuda a saber que el mundo está al otro lado de la ventana, aunque tengamos poco ángulo de visión. La ciudad, que es la vida en sociedad, sigue ahí. La verdad es que esto, precisamente ahora, parece rozar lo utópico, pero ojalá pronto otro niño en otro piso moleste a todos los vecinos y les recuerde que somos seres sociales y nos necesitamos.

La escritora Rocío Rojas-Marcos. Fotografía cortesía de la autora.

Merche Medina

«Para viajar sola hay que empoderarse»

#MAKMAEntrevistas | Elisabeth G. Iborra
‘La vuelta al mundo de Lizzy Fogg (II Parte). Consejos para mujeres que viajan solas’
Ediciones Casiopea, 2018
7 de mayo de 2020

‘La Vuelta al mundo de Lizzy Fogg II’ es un libro gourmet de aventuras y peripecias internacionales contadas con desparpajo sobre la experiencia de viajar sola alrededor del mundo siendo mujer.

La escritora Elisabeth G. Iborra es autora del bestseller ‘Anécdotas de enfermeras’ y de otros 20 libros, entre ellos ‘La vuelta al mundo de Lizzy Fogg (I)’, ‘La medicina todo locura’, ‘El amor me persigue pero yo soy más rápida’, ‘Idealizado estás más guapo’ o, el último, ‘Oda a la comida’. Esta transgresora periodista especializada en sexología, viajes, gastronomía y vinos, rompe cánones literarios.

En el prólogo de tu libro indicas 18 meses para 33 países, ¿no es poco tiempo?

Es suficiente para ver lo que quieres de cada país y tantear si te quieres quedar más en unos o menos en otros. Yo así lo hice: en Brasil, Colombia, Australia, Nueva Zelanda, México y Argentina me quedé bastante tiempo; en cambio, de Bolivia y Vietnam salí corriendo. Lo mejor es darse la opción de improvisar.

¿Viajar sola y saliendo de situaciones complicadas por ti misma te empodera? ¿Te reafirma para ser tú misma?

Digamos que para viajar sola hay que ir empoderándose poco a poco antes, para tener herramientas y coraje cuando te encuentres en algunas situaciones complicadas. Al superarlas, te empoderas más y te refuerzas porque compruebas tu capacidad resolutiva y otras habilidades que quizá desconocías antes del viaje.

Según cuentas en tu libro, la India es un país de contrastes: idioma, sufrimiento, mendicidad, peligro por la noche, corrupción… Pero también son imperdibles Taj Mahal, Akshardam, Marari Beach, la convivencia de religiones, las frutas, la cobertura del móvil, el yoga… Solo me asalta una duda: ¿nos puedes explicar exactamente qué es la danza del tigre?

(Risas) Ese episodio me sucedió en Kerala, la zona más bonita del país, cuando me vi sola entre un grupo de hombres de distintas nacionalidades e intuí que era la presa a disputarse. Uno se intentó erigir como dueño y señor y, ante todos los demás, le dejé claro que yo me iba a dormir sola, para que ninguno se llamara a engaño. ¡Para saber cómo me libré de ellos hay que leer el capítulo!

Taj Mahal. Fotografía cortesía de la escritora.

¿Por qué consideras Vietnam el peor país y Argentina el mejor para visitar?

Porque en Vietnam la mayoría de la gente va a explotarte como si fueras la gallina de los huevos de oro y en Argentina van a ayudarte y a dártelo todo con absoluta e infinita generosidad. Adivina qué experiencia de viaje te va a hacer más feliz…

Hong Kong es distinta a China porque no hay tanta censura, por la libre sexualidad, etc., pero sorprende cuando dices que el mercado de jade es abominable. ¿Lo dices por la anécdota del karaoke?

Lo digo porque tienen un mal gusto de campeonato. Sus mercadillos son como un bazar chino gigante y con todas las horteradas que jamás te llegarías a imaginar. Hasta los toys sexuales eran feos… Por no hablar de Macao, que es el colmo de la ordinariez más ostentosa.

Yo tenía en mi lista de viajes pendientes ir a las Galápagos y al Amazonas, pero, después de leer tus experiencias, me lo voy a pensar varias veces antes de ir sola… ¿Has vuelto a ir después de escribir tu libro y has cambiado tu opinión sobre estos destinos?

Jamás volveré a Galápagos ni aunque me paguen el viaje. Esa gente no se merece ni la belleza que rodea a las islas, ni el dinero que les esquilman a los turistas. A Brasil y al Amazonas sí recomiendo ir, solo que no bajo ningún concepto, en un carguero de mercancías como se me ocurrió a mí. Mejor en un crucero con condiciones dignas de higiene y comodidad. Solo hay que leerse el capítulo para alucinar.

Bolivia, sin embargo, nunca me la había planteado, y tú me has provocado a incorporarla en mi lista de pendientes por el Salar de Uyuni. En ese capítulo aconsejas hacer el viaje con un turoperador chileno. ¿Sigue siendo el agua un valor a proteger, no solo en el Salar?

El agua siempre es un valor que proteger, especialmente en el lago Titicaca, donde, como sigan tratando así a los turistas, se la van a tener que tomar como suero oral. En el Salar, más que agua hay sal, y los paisajes que conforma son dignos de ver, pero se puede ir de excursión de tres o cuatro días entrando desde Chile, no hace falta exponerse a toda Bolivia.

Salar de Uyuni. Fotografía cortesía de la escritora.

En todo el libro, una de las cosas más importante es la comida: comidas autóctonas, ceviches, sushi, parrilladas, restaurantes gastronómicos, vinos con denominación de origen. ¿Es imprescindible para ti comer bien mientras viajas?

Es uno de los pilares de los viajes, porque a través de la gastronomía y del vino conoces mejor el país y su cultura, e incluso a su gente. Se hacen muchos amigos alrededor de una mesa, ya sea en un mercado, sentada en un banquito con los autóctonos, como en un bar o un restaurante con mesas compartidas. Por no hablar de lo divertidas e instructivas que son las visitas con degustación a las bodegas. El mejor ejemplo de esto, para mí, es Argentina, que, como se trasluce en el último capítulo, es mi país favorito del mundo mundial.

¿Te gustaría que tu libro fuera una película? Porque no debe de ser complicado convertirlo en un buen guion y está lleno de buenas anécdotas.

Eso siempre nos hace ilusión a los escritores, y esta crónica de la vuelta al mundo, en sus dos tomos, lógicamente, es muy descriptiva y visual. Pero ahora mismo estoy inmersa en el guion de ‘El amor me persigue, pero yo soy más rápida’ y en la novela poetizada y musicalizada de ‘Idealizado estás más guapo’, que son historias más fáciles en cuanto a producción y a localizaciones.

¿Qué le aconsejarías a alguien que quiera escribir un libro de viajes?

Que viaje mucho, vaya escribiéndolo todo sobre la marcha y, cuando tenga tiempo, lo recopile todo y lo someta a una buena revisión y edición antes de publicarlo. En ese sentido, en mi agencia, Amalgama, ayudamos a personas que se quieren autoeditar a dejar su obra amateur publicable, para que salga todo coherente y corregido a nivel profesional.

Elisabeth G. Iborra. Fotografía cortesía de Ediciones Casiopea.

Neus Flores