Abel Azcona o la parodia del sexo

La Guerra, de Abel Azcona
Sábado 29 de octubre, a las 00.00h
Festival Intramurs
Del 21 al 30 de octubre de 2016

Abel Azcona, uno de los artistas contemporáneos más controvertidos y polémicos, estuvo en el festival de Intramurs que se celebró en Valencia el pasado octubre presentando su última performance, titulada ‘La Guerra’. En ella, el artista invita al público a intervenir su cuerpo sin ningún  tipo de límite durante aproximadamente tres horas. Performance, pues, con un tema provocador y una puesta en escena sórdida.

Un panel blanco ocupaba una de las paredes, en el cual estaba inscrito el título, ‘La Guerra’, y este subtítulo: “La guerra deja ardua herencia de guerra”, del artista Guglielmo Ferrero. Del resto de las paredes colgaban  cinco amplias fotografías de desfiles con soldados nazis. Debajo del panel había una cama con sábanas blancas donde el artista yacía desnudo y anestesiado, a causa de la ingesta, previa a la actuación, de una sustancia similar a la ketamina.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

Cinco jóvenes, también desnudos, pululaban en torno al artista bebiendo, fumando, acariciándose, besándose, simulando hacer el amor alrededor de la cama o tumbados sobre ella.  Y toda la escenografía iluminada con un foco que desprendía una luz roja. Una luz roja que, junto al olor rancio que exhalaba la sala y el color negro de las paredes y el suelo, creaba un ámbiente sórdido, acorde con la intención del autor de hacer una crítica a la prostitución, ofreciendo al publico la posibilidad de hacer con su cuerpo lo que quisiera. “No estoy a favor de la prostitución, simplemente planteo con este proyecto de denuncia el empoderamiento de la sexualidad”, declaró en varias entrevistas.

Y ahí, sobre esa cama, el cuerpo desfallecido del autor se exhibió ante la mirada voyeur del visitante. La mirada del voyeur (mirar) y la mirada del exhibicionista (ser mirado) fue la única transgresión pulsional que movilizó la performance. De este modo, la provocación al acto, propuesta por el artista, se quedó en simple parodia: parodia de la muerte y del sexo. O simplemente en un pastiche posmoderno de la muerte y del sexo.

Pastiche porque, en una época histórica como la actual donde los velos culturales se han desprendido, permitiendo que todo pueda ser mostrado, la performance ‘La Guerra’, entra en el circuito de la lógica de un mercado de consumo de espectáculos.

El acto provocativo y transgresor del arte sólo adquiere fuerza y sentido cuando los velos de la cultura cubren con cierta palabra el valor transcendental, sublime, que tienen la muerte y el sexo para la experiencia humana.

John Lennon y Yoko Ono en la performance contra la guerra.

John Lennon y Yoko Ono en la performance contra la guerra en 1969.

La cama

La cama, ese objeto primigenio, por acoger a modo de metáfora la experiencia latente de Eros y Tánatos, es, además, en la performance ‘La guerra’, el objeto primordial, junto al cuerpo desnudo y anestesiado del actante-artista Abel Azcona. Un cuerpo inerte, inconsciente, ofrecido sin límite al cuerpo gozoso del otro-visitante. El personaje de Abel Azcona se exhibe como pura materialidad corporal, pero inhabilitado como sujeto de palabra. La cama de ‘La guerra’, en su presentación, establece por contigüidad una representación metonímica de Tánatos.

En oposición, podríamos traer a colación “la cama del amor”, tal y como fue nombrada por los periodistas la performance realizada por John Lennon y Yoko Ono tras su boda en marzo de 1969. Lennon y Ono abrieron las puertas de la habitación matrimonial para exhibirse al mundo tumbados en pijama sobre la cama y rodeados de flores, dibujos, libros, música. Convirtieron su luna de miel y, en concreto, la cama, en un compromiso por la paz, tal y como rezaba en los carteles que componían la puesta en escena de la performance, ‘Bed peace’, y en una reivindicación en contra de la guerra, en general, y, en particular, contra la de Vietnam.

En esta performance, John Lennon y Yoko Ono invitaban, a través de postales, a participar a periodistas, artistas, estudiantes, etc… A reflexionar, pensar, hablar de la paz, durante doce horas cada día. Como Lennon dijo en  su álbum ‘Anthology’: “We sent out a card: ‘Come to John and Yoko’s honeymoon: a bed-in, Amsterdam Hotel”.

Dos meses después, en un hotel de Montreal, John Lennon y Yoko Ono repitieron la performance, y de ella surgió uno de los textos poético-musicales más comprometidos y hermosos  a favor de la paz: ‘Give  peace a chance’.

Abel Azcona.

Abel Azcona. Imagen cortesía del festival Intramurs.

En la performance de Johnn Lennon y Yoko Ono, en esa  cama, metonimia del amor, de Eros, no sólo estaban sus cuerpos exhibidos a la mirada voyeurista de los invitados, sino la palabra estaba presente como reivindicación y compromiso .

En “la cama del amor” -“bed peace”- la palabra se alza y se lanza, como la mejor cualidad del ser humano, para transformar lo cruel, lo injusto de la historia y de la existencia y como creadora de futuros más habitables, más útopicos.

Probablemente, en estos momentos convulsos donde la palabra, como espacio de pensamiento, de creación de ideales, ha perdido todo su prestigio, ha sido inhabilitada por la lógica pragmática y consumista del capitalismo neoliberal, la performance de Johnn Lennon  y Yoko Ono, nos parezca naif, en comparación con la materialidad corporal de la performance de Abel Azcona, ‘La guerra’.

Begoña Siles

Beatles y Ron Howard, los años de histeria

Título original: The Beatles: Eight Days a Week – The Touring Years
Año: 2016
Director: Ron Howard
Protagonistas: Paul McCartney, John Lennon, Ringo Starr y George Harrison

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La canción “Eight days a week” fue compuesta por John Lennon con Paul McCartney y se incluyó en el álbum “Beatles for sale” de 1964. En febrero de 1965 alcanzó como single el número 1 en Estados Unidos junto a su cara b “I don’t want to spoil the party”. Ahora esa canción es el título de un reportaje que consigue, si cabe un poco más, hacer más grande el mito.

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Entre el pasado 15 y el próximo 22 de Septiembre va a estar en la cartelera de cine española. Ni ocho días va a durar, al menos podían haber tenido ese detalle. Y sí, la hemos catado y lo podemos confirmar, no aporta mucho más de lo que se sabía acerca de un tema tan explotado como es THE BEATLES pero resulta una delicia que alguien realice un trabajo detallista y minucioso que nos pueda servir para refrescar la memoria, para regenerar esas neuronas que puedan andar alejadas de la cultura pop y, en su caso, para introducir la beatlemanía como cultura de masas sobre aquellos que nunca han comulgado, con alusión expresa a las nuevas generaciones que, entre tanta morralla y desperdicios musicales de reggaeton o similares que imperan en el ambiente, ignoran cuántos beneficios ha aportado a la Humanidad el grupo más famoso de la historia del rock. A título personal un orgullo haber puesto una semilla más al visionarla junto a una de mis hijas con la que, a pesar de la preadolescencia, pude comprobar que disfrutó de lo lindo.

Chapeau por tanto para el oscarizado director Ron Howard y sus estrechos colaboradores en “Eight days a week – The Touring Years” que, a modo de documental, relata las andanzas de los Fab Four entre el 62 y el 66, con mención especial para sus conciertos en directo y un breve repaso discográfico hasta el “Sgt.Peppers”.

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Cierto es que por tratarse del período más lozano de los de Liverpool parece como si casi todo fuese perfecto, todavía no habían comenzado problemas ni disputas, todos parecían ir a una como en Fuenteovejuna en un ambiente de camaradería incluso hasta en la recta final del film donde comienzan a estar desbordados por el acoso de los medios y de algunos sectores sociales de diversos países donde tenían que realizar conciertos.

Me quedo principalmente con los testimonios de actrices de cine como Whoopi Godberg o Sigourney Weaver y lo que para ellas supusieron los Beatles, también con un crack musical como Elvis Costello, muy interesante lo que dice sobre la publicación de “Revolver”, de sentirse traicionado a totalmente abducido por el álbum en unas semanas. Pero por encima de todo considero para destacar el detalle de lo que significó la cohesión de la banda en un tema espinoso de aquella época como era la segregación racial. Quizás muchos no lo habíamos valorado en su justa medida hasta ahora pero aquel concierto en Jacksonville (Florida) fue una ayuda y un punto de inflexión para cambiar sociedades xenófobas e intolerantes como la americana. Me encantó, por ejemplo, escuchar las reveladoras declaraciones de la profesora e historiadora Kitty Oliver.

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Eso sí, por supuesto para un melómano y amante del pop-rock como el que suscribe lo más interesante de la cinta es la segunda parte con treinta minutos de actuación en el Shea Stadium de Nueva York durante el 15 de agosto de 1965, un documento inédito con imágenes exclusivas de Apple y una labor tremenda de restauración y remasterización para que las canciones no quedasen con poca intensidad por debajo de las enloquecidas fans y donde además se puede comprobar que a pesar de la locura reinante los cuatro miembros mantenían el sentido del ritmo y de la melodía.

Pues eso, no entraremos a polemizar con la frase de Lennon de que son más famosos que Jesucristo pero lo cierto es que la leyenda de los Beatles continúa y poquitos, quizás contados con los dedos de una mano, les podrían disputar el cetro y la corona de la popularidad. Larga vida a los fabulosos.

* Texto adaptado para Makma del artículo publicado en enlace del Espacio Woody/Jagger.

Juanjo Mestre

Baby Scream, el powerpop argentino de J.P.Mazzola

Baby Scream 2015

Fan fan fan / The worst of… Bandcamp

“Fan fan fan” fue, si no me falla la memoria, el primer artefacto sónico de esta añada que a nivel cronológico suscitó algo de interés y satisfacción en el que suscribe. Además llegaba avalado por los aires del Cierzo y eso es un plus.

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Juan Pablo Mazzola

Hubo que dejarlo madurar aunque el soplo del frío viento del Norte a principios de enero había sido claro y conciso: “el argentino Juan Pablo Mazzola es un fino estilista en esto del pop… y qué complicado es hacer una canción bonita, triste y alegre al mismo tiempo”. Correcto, así son sus coplas, canciones más que agradables con mucho donde rascar, canciones urgentes pero muy elaboradas que no sobrepasan los tres minutos de duración.

Este nuevo disco de BABY SCREAM, el proyecto del anteriormente mencionado compositor argentino que con sus canciones en inglés abandera la mejor orfebrería musical del otro lado del océano, se nutre de material compuesto a lo largo del 2014 por Europa, principalmente durante el tiempo de residencia en Alemania. Una nueva cosecha que deambula entre el powerpop y el rock clásico, que posee el influjo de los Fab Four y de sus herederos musicales más artesanos, empezando por la Big Star y continuando con referencias como Badfinger, Cheap Trick, Bowie, Teenage Fanclub o Jellyfish.

2. BABY SCREAM

Baby Scream – Fan Fan Fan – The Worst of…

Crujientes, dulces y aceleradas guitarras en “Everybody sucks”, “Loner” o “Captain Hook”, agradables golosinas en forma de balada como “Back to douche” o “I don’t wanna wake up from this dream”, arreglos de piano acompañantes en “Cheap perfume” o “Haters will hate”, exquisiteces supremas con la asegurada bendición de Lennon en medios tiempos como “A human being on Mars”, “Just for a while” o “The girl next door” (la única excepción que se extiende más allá de los tres minutos), y sensaciones jazzísticas en “The kitty song” o “Blue in Berlin”, sería a grosso modo una aproximación a las gemas que se incluyen en este trabajo.

Junto a él ha visto la luz también este año una colección de rarezas, maquetas y versiones titulada “The worst of…”, en total veintisiete canciones que en conjunto resultan menos homogéneas aunque algunas siempre poseen morbo y calidez atemporal, como las interesantes lecturas de los Beatles, T.Rex, Teenage Fanclub o The Rembrandts.

JJ Mestre

* Publicado también en Espacio Woody/Jagger 

The Waterboys, grandeza y modernidad

The Waterboys
Modern blues
2015
Harlequin and Clown Records

Tras más de dos docenas de audiciones, como requería la ocasión, bien efectuadas, con concentración y abstracción, del nuevo “Modern blues” de Mike “Big” Scott y sus WATERBOYS me he sentido capacitado por fin para escribir unas líneas sobre este trabajo. La verdad, no quería precipitarme, de sobras es conocida entre mis íntimos (y entre los que no son tanto) una confesable devoción por el legado de este artista.

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Mike Scott

Para que nos hagamos una idea, cuando oigo la voz de Mike Scott se me disparan las alarmas de forma peculiar desde el pabellón auditivo, algo similar a lo que podría ser cuando se cruza con la vista una hembra de buen ver. Estas cosas pasan y tampoco hay que darles mayor importancia. Quizás sea un poco como esos “Destinies entwined”, el hipertemazo con el que abren fuego y la causa sea el azar de la vida que siempre nos aproxima. Porque unidos por el destino nos vende el “big” tal y como otros nos venden sus productos, porque nos gusta que nos ofrezca el “big” tal y como otros nos ofrecen un maravilloso Edén. Nuevos dioses, nuevos guías pero al fin y al cabo lo único claro es que el amor en todas sus manifestaciones es el auténtico motor vital. A los que conocemos y nos congratula el estilo de los Waterboys no nos extraña ese misticismo o espiritualidad que rodea una canción que en cierto modo enlaza con un álbum que no obtuvo buenas críticas, el “Dream harder” de 1993, un disco exquisito pero el primero con el que ciertos sectores se empeñaron en liquidar, desprestigiar, vapulear,…, qué fácil es decir eso de que a fulanito o menganita se le ha pasado el arroz.

Ojo, resulta obvio que muchas bandas o artistas de rock dejan de mantener su nivel de calidad cuando transcurre la década en la que gozaron de sus primeros éxitos (o mejor decir, valga la redundancia, de las mejores críticas). Pocos fueron los supervivientes de los 80’s y muchos menos los que después de treinta años mantienen la cota de clase y pedigrí de aquellos años. Me vienen ahora a la cabeza Steve Wynn, Robyn Hitchcock,… y, sobre todo, Mike Scott con sus Waterboys.

-- THE WATERBOYS - Modern blues - 1

The Waterboys – Modern blues

Al gran “Big” siempre le ha gustado reivindicar con carácter cíclico las diferentes etapas de su dilatada trayectoria. Por ello no resulta tan sorprendente ese acercamiento al sueño más difícil. En cambio, con “November tale” hay un héroe, hay un aventurero, hay dudas sobre la fe y sobre las religiones pero por encima de todo hay un desfile de locos dentro de un tema del que se podría decir que conecta a nivel musical con, por ejemplo, aquella maravilla y ninguneada obra maestra “Still burning” que el gran “Big” publicó en solitario allá por el 97 y donde en realidad era tan Waterboys como en el resto de sus obras.

Pocas son las sensaciones de que este álbum ha sido grabado en Nashville, quizás un “Still a freak” que posee esa pincelada americana junto a un épico in crescendo marca de la casa, toda una declaración de intenciones de un artista motivado, ilusionado, apasionado, un rara avis en esto del rock que explora otros territorios que le puedan generar inspiración. Quizás por ello resulta después ideal “I can see Elvis” donde es capaz de imaginar a Elvis fumando porros con Bob Marley y Jimi Hendrix, en un nuevo desfile de locos donde también participan Keith Moon, Charlie Parker, John Lennon, Marvin Gaye,…, hasta incluso Juana de Arco y Platón.

Una que no me acaba es “The girl who slept for Scotland”, quizás demasiado ñoña y sensiblera, aunque puedo llegar a entender la necesidad de que un artista de su magnitud necesite transmitir recuerdos de sábanas, de ríos salvajes y de actos de amor entre estrellas, en este caso desde Dublín hasta el amanecer escocés. ¿Qué será de ella? Otra cosa es “Rosalind”, tiene blues y tiene modernidad. Sin duda Rosalind se casó con el hombre equivocado dentro del tema que a mi gusto mejor define los tiros por donde quiere ir ahora Mike Scott con sus Waterboys.

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Mike Scott

Cual si fuera un cruce de caminos resulta “Beautiful now”, ella era hermosa y para un caballero todavía lo es más ahora, me evoca a una especie de encuentro musical entre el Boss y los Dire Straits del “Making movies”. Y llegamos a “Nearest thing to hip”, muy, muy bonita, todo un “mistake brilliant”, de lo mejor del disco me parece esta atípica canción que no provoca un intenso primer flechazo pero que luego se va abriendo paso, más y más. Contiene el espíritu del León de Belfast y resulta muy adecuada para escuchar degustando un café y un dulce en algún viejo tugurio, donde deambulen los fantasmas de Sun Ra, Charlie Parker, Miles Davis o John Coltrane.

Y llegamos al final, algunos nunca lo entenderán, no profundizarán, a otros no les interesará y otros tantos no lo valorarán. A los suficientes nos da lo mismo, “Long strange golden road” es todo grandeza, la misma, la idéntica, la que en otros tiempos nos enseñó que habían héroes, un camino por recorrer, Jack Kerouac, la épica y la existencia de diosas de la lujuria y de la belleza, musas por las que los hombres hacen sacrificios, deidades del pecado y ninfas que simbolizan todo aquello que hay de bello en el mar.

Que nadie espere del “Modern blues” unos irrepetibles “This is the sea” o “Fisherman blues”. Ni esto es el mar ni la fisherman-star tiene que hacer méritos en forma de históricas obras maestras para captar personal a estas alturas de la vida. Ni tan siquiera considero que supere a ese anterior fantástico artefacto sónico que fue en el 2011 “An appointment with Mr. Yeats”. Pero una cosa hay que tener en cuenta, con otro episodio de su segunda división pocos del año en curso están o estarán por encima de sus caderas. La inicial desconfianza por excesivas connotaciones comerciales, similares a la del discazo de The War on Drugs en el pasado 2014, o porque el órgano hammond sea más protagonista que el violin, se van disipando en cada audición. Apuesto que más de un crítico implacable y voraz recapacitaría si escuchase estas coplas en vivo y en directo.”Modern blues” es suficiente, es notable y al final Mike Scott siempre es “big”.

JJ Mestre

  * Publicado también en Espacio Woody/Jagger

John & Yoko: Suite 1742 por la paz

John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742
Fotografías de Bruno Vagnini
La Térmica
Avda. de los Guindos, 48. Málaga
Inauguración: Viernes 23 de enero, a las 20.00h
Hasta el 23 de marzo, 2015

La Térmica presenta por vez primera en España ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′, exposición que recoge las míticas fotografías que Bruno Vagnini realiza el 31 de mayo de 1969 que documentan el ‘Bed-In’ desarrollado en la habitación 1742 del Hotel Queen Elizabeth de Montreal por John Lennon y Yoko Ono por la paz.

Esta segunda happening-protesta llevada a cabo por la pareja contra la Guerra de Vietnam, se produce después de la primera, una semana antes en Amsterdam, justo tras su boda en Gibraltar. En la ‘Bed-In’ de siete días (del 26 de mayo al 2 de junio) de Montreal es en la que se graba y retransmite a todo el mundo la mítica canción pacifista ‘Give Peace A Chance’.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Fotografía de Bruno Vagnini en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica de Málaga.

Un joven italiano de 19 años, Bruno Vagnini, que estaba cursando Fotografía en la Academia de Bellas Artes de Montreal, es invitado por un conocido a encontrarse con John y Yoko. Estaba tan emocionado que hasta lleva su cámara Nikon comprada unos días antes con un sólo rollo de película en blanco y negro de 36, seguro de no lograr hacer ni una fotografía. En la espera, en la antesala al dormitorio, realiza algunas fotografías a la hija de Yoko, Kyoko, creyendo que dentro del dormitorio no va a poder realizar ninguna fotografía.

Después es acompañado a la Suite 1742: una suite enorme, pintada de blanco, con libros, folletos esparcidos por todos lados y eslóganes contra la guerra por las paredes. Al fondo, John y Yoko, en pijama, cómodamente sentados en la cama respondiendo a los periodistas. El dormitorio se transforma en un púlpito político y a los que critican esto como una payasada publicitaria, los seguidores del ex-Beatle les responden que se trata de una performance que cuestiona las definiciones de  identidad, privacidad y espacio. Vagnini logra hacerle 26 fotos a la pareja a pesar de su posición a contraluz, delante de la ventana. Una experiencia que este fotógrafo nunca ha olvidado. Una revisión emocionante de nuestra cultura contemporánea, de la paz y del amor.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Kyoko, hija de Yoko Ono, fotografiada por Bruno Vagnini, en ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica.

La exposición

Casi cinco décadas más tarde esta muestra de La Térmica, comisariada por Ono y Mario Martín Pareja, con la colaboración del profesor de Historia del Arte Rodrigo Gutiérrez Viñuales, saca a la luz esas 30 imágenes que ilustran uno de los momentos más significativos para la historia, la música y el arte del siglo XX. Pero la exposición no se queda en el mero hecho de mostrar estas imágenes realizadas por Vagnini.

Concebida como una gran instalación, ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′ está formada por tres espacios claramente diferenciados. El primer espacio nos introduce en las creaciones conceptuales de John Lennon y Yoko Ono. Incluye, además de dos monitores con fragmentos de las películas y creaciones musicales experimentales de John & Yoko, varias vitrinas con objetos, libros y documentos.

Portada del disco 'The Wedding Album', incluida en la exposición 'John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742'. Imagen cortesía de La Térmica.

Portada del disco ‘Wedding Album’, incluida en la exposición ‘John Lennon & Yoko Ono: Suite 1742′. Imagen cortesía de La Térmica.

Destacan los elementos que componen el disco conceptual realizado por ambos llamado ‘Wedding Album’, a finales de ese mismo año, 1969. El disco más atractivo desde el punto de vista objetual, y el más vinculado a la exposición, en tanto que incluye, no solo las fotografías de la boda en Gibraltar y el bed-in que antecedió al de Toronto en el Hotel Hilton de Amsterdam, sino también entrevistas y comentarios de esa experiencia, varias fotografías sueltas, un dossier de prensa, dibujos de Lennon, copia del certificado de matrimonio y hasta un trozo de la tarta de bodas en una bolsa de plástico con la palabra ‘bagism’.

Acompañan esta documentación las fotografías de John y Yoko y de la Plastic Ono Band, de Andrew MacLear, y elementos de la trayectoria conceptual de Yoko Ono anterior a su encuentro con John Lennon a finales de 1966 en la Indica Gallery de Londres; de Lennon (músico, poeta, dibujante, más tarde artista conceptual), en las artes plásticas, y de ambos como grupo artístico conceptual.

El fotógrafo Bruno Vagnini. Imagen cortesía de La Térmica.

El fotógrafo Bruno Vagnini, delante de algunas de sus imágenes. Cortesía de La Térmica.

En el segundo espacio que sigue se incluyen el texto introductorio de Yoko Ono en el que habla 44 años después sobre ese happening, junto a la serie de instantáneas de Bruno Vagnini tomadas en la Suite 1742 del Hotel Queen Elizabeth en Montreal.

Finalmente, el tercer y último espacio es el que muestra una blanquísima e inmaculada cama de matrimonio sobre la que se proyecta el vídeo ‘Give Peace a Chance’ y el documental ‘Bed Peace’ grabado en aquellos días. Encabezan dicho lecho una instalación repetitiva con los carteles creados con la leyenda en blanco y negro ‘War Is Over!’.

John Lennon y Yoko Ono en la 'bed-in' de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

John Lennon y Yoko Ono en la ‘bed-in’ de Montreal de 1969. Fotografía de Mario Vagnini, cortesía de La Térmica.

Abierto Valencia: las galerías, todas a una

Abierto Valencia 2014
Organizado por LaVAC
Diversas galerías de Alicante, Castellón y Valencia
Del 24 al 27 de septiembre

“Éramos cuatro muchachos. Conocí a Paul, lo invité a unirse a mi banda. Luego se unió George y después Ringo. Éramos un grupo que se hizo muy, muy grande, eso es todo”. Palabra de John Lennon. ¡Qué fácil y qué difícil! Las galerías valencianas, durante años bailando por separado, han decidido unirse. Eso es todo. Casi nada. LaVAC, asociación que reúne a una veintena de salas de Alicante, Castellón y Valencia, celebra por segundo año consecutivo la apertura conjunta de la temporada artística. Y la persistencia se nota. Abierto Valencia “se consolida como un evento por y para la cultura”. Palabra de Olga Adelantado, presidenta de LaVAC.

Obra de Sean Mackaoui en Set Espai d'Art de Valencia. Imagen cortesía de la galería.

Obra de Sean Mackaoui en Set Espai d’Art de Valencia. Imagen cortesía de la galería.

Más de 20 espacios, alrededor de 400 obras y una participación de público que se espera supere las 3.000 personas. Aumentan los patrocinadores, de uno a tres: Gandía Blasco, que repite, más DKV Seguros y Fundación Hortensia Herrero. Las tres apoyando el evento con tres Premios de Adquisición. Y la Conselleria de Cultura, que cede el Centro del Carmen para la fiesta de inauguración de temporada, incrementa su apoyo con la concesión del Premio a la Mejor Exposición, dotado con 4.000€.

Obra de Nelo Vinuesa en Espai Tactel. Imagen cortesía de la galería.

Obra de Nelo Vinuesa en Espai Tactel. Imagen cortesía de la galería.

Además, como novedad, habrá visitas guiadas a las galerías organizadas por ARCO Gallery Walk, de la Fundación ARCO, que serán realizadas por AVALEM, Asociación Valenciana de Educadores de Museos y Patrimonios. Los interesados podrán elegir tres rutas, para conocer de la mano de profesionales la historia de las galerías y su día a día, en itinerarios trazados para el viernes por la tarde y el sábado por la mañana. Maribel López, de ARCO Madrid, avanzó que en la capital madrileña se llegaron a apuntar cerca de 300 personas.

Obra de Víctor Mateo en Rosalía Sender. Imagen cortesía de la galería.

Obra de Víctor Mateo en Rosalía Sender. Imagen cortesía de la galería.

Julia Climent, recién nombrada secretaria autonómica de Cultura, ratificó el apoyo de la Conselleria de Cultura a una actividad que ya dio en su primera edición “un salto cualitativo”. “Es un evento significativo y estratégico”, añadió. Alicia Ventura, asesora cultural de DKV Seguros, y José Gandía Blasco, de la empresa Gandía Blasco, resaltaron la importancia de que nuevas entidades públicas y privadas “se sumen en el apoyo al arte”, con el fin de “ir creando un tejido cultural sólido”.

Obra de Rubén Guerrero en Luis Adelantado. Imagen cortesía de la galería.

Obra de Rubén Guerrero en Luis Adelantado. Imagen cortesía de la galería.

La apertura de las galerías tendrá lugar mañana miércoles, a partir de las 17.00 horas y se extenderá hasta las diez de la noche, con un cóctel ofrecido por cada sala. La entrega de premios se hará en el Centro del Carmen, durante la fiesta de inauguración. Los artistas “de mucho nivel” (Alicia Ventura) presentes en Abierto Valencia son Álex Francés, Rubén Guerrero, Sean Mackaoui, Ángel Masip, Julia Mariscal, Víctor Mateo, Nuno Nunes-Ferreira, Ana Vernia, Manuel Vilariño y Nelo Vinuesa, entre otros. Y las galerías de LaVAC, prácticamente las mismas de la pasada edición, con la salvedad de Aural (Castellón) y Kessler Battaglia (Valencia), pero con la incorporación de Galería 9 y la recién creada Área 72, de la galería Punto.

Obra de Álex Francés en Rosa Santos. Imagen cortesía de la galería.

Obra de Álex Francés en Rosa Santos. Imagen cortesía de la galería.

Un jurado compuesto por Javier Díaz Guardiola, Maribel López y Javier Hontoria será el encargado de elegir el mejor proyecto expositivo, de entre los 21 que forman parte de este arranque de temporada. Como apuntó la responsable de ARCO Madrid, se trata, en cualquier caso, de acercar el arte a una ciudadanía que sigue teniendo “miedo de entrar a una galería”. Abierto Valencia, he ahí su apuesta, pretende romper ese hielo sin duda grande. Eso es todo.

Miembros de la organización de Abierto Valencia, junto a la secretaria autonómica de Cultura, Julia Climent (en el centro), y los patrocinadores del evento.

Miembros de la organización de Abierto Valencia, junto a la secretaria autonómica de Cultura, Julia Climent (en el centro), y los patrocinadores del evento. Foto: Nacho López Ortíz.

Salva Torres

The Rolling Stones, cual ave fénix

Symphaty for the Stones
Centro Cultural Bancaja
Plaza de Tetuán, 23. Valencia
Hasta el 2 de noviembre

“Éramos como el ave fénix, y la gira de 1969 fue nuestra primera resurrección”. Esa cita figura entre otras muchas en la exposición que el Centro Cultural Bancaja dedica a The Rolling Stones, superados ya los 50 años del nacimiento de la inmortal banda de rock. A aquella primera resurrección anunciada por Keith Richards, le siguieron muchas otras, porque la legendaria banda británica liderada por el igualmente incombustible Mick Jagger no ha parado de ofrecer conciertos a lo largo del ancho mundo, renaciendo cual ave fénix de sus incontables muertes.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Carteles de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Y la pregunta repica, una vez más,  dictando una nueva defunción: ¿Qué tiene a estas alturas que ofrecer The Rolling Stones? Actuaron en el Santiago Bernabéu el pasado 26 de junio y ninguna de las 50.000 personas presentes en el concierto se lo preguntó: simplemente acudieron para ver renacer otra vez al ave fénix del rock: los ya septuagenarios Mick Jagger, Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts. He ahí, pues, la respuesta: ofrecen con sus canciones una especie de elixir de la vida, hecho a partes iguales de inconformismo y de conformidad a unos principios musicales que mamando del blues terminó destetando un rock que pervive con el tiempo.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Mick Jagger en la serie de reproducciones de Andy Warhol, en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Está bien dejarse ir, siempre y cuando puedas volver”

Esta frase de Mick Jagger recrea de nuevo el espíritu de la banda, a la que siempre acompañó el escándalo, ya sea por el consumo de drogas, la irreverencia o la procacidad sexual, pero que lejos del redil políticamente correcto siempre volvía luminosa con su rock relampagueante. El Centro Cultural Bancaja recoge todo ese legado en un centenar de fotografías, mediante carteles, portadas de discos, diverso material gráfico, documentales y videos de algunos de sus conciertos en una exposición explícitamente titulada ‘Sympathy for the Stones’.

Imagen de uno de los videos de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Imagen de uno de los videos de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“Prefiero morir que estar cantando Satisfaction a los 45 años”

Lo dijo Jagger cuando tenía 30 años. Ahora, a punto de cumplir los 71, sigue cantando Satisfaction por mucho que prefiriera entonces su muerte si tal cosa ocurría. The Rolling Stones, de nuevo, cual ave fénix. Quizás se deba a ello que ‘Sympathy for the Stones’ sea visitada por padres de familia en compañía de sus jóvenes retoños. Lo viejo y lo nuevo. Quienes buscan en sus Satánicas Majestades el fulgor de una juventud perdida, la encuentran reflejada en la pasión con que las nuevas generaciones siguen con el pie sus canciones de ayer igual que las de hoy.

Una de las obras de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Una de las obras de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

El Centro Cultural Bancaja rememora mediante las fotografías de Michael Putland, Bob Gruen, Ebet Roberts, René Burri, Barrie Wentzell o Gus Coral la vida y obra de The Rolling Stones, ya sea en sus conciertos, fuera de ellos o mostrando su agitada actividad social, en la que aparecen junto a Tina Turner, David Bowie, John Lennon, Yoko Ono, Linda y Paul McCartney, Bruce Springsteen o Eric Clapton. También junto a Andy Warhol, autor de la provocadora portada del disco ‘Sticky Fingers’. Y siempre, o casi siempre, con Keith Richards aferrado a su botella de Jack Daniels.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición 'Sympathy for the Stones', con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’, con Keith Richards (derecha) y su Jack Daniels. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición 'Sympathy for the Stones'. Centro Cultural Bancaja.

Keith Richards, de nuevo con su Jack Daniels, y Tina Turner en una fotografía de la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

“No toco sólo por dinero. Si no, no estaría con los Stones: cantaría como solista en un casino de Las Vegas y no dividiría mi dinero entre cinco”

Mick Jagger podría completar esa declaración con el título de uno de sus temas, que sirve para recibir al visitante de la exposición: ‘It’s only rock and roll (but I like it)’. Jagger no sólo toca por dinero, sino porque el rock and roll lo lleva en las venas. Venas que el Centro Cultural Bancaja ha querido recrear pintando sus paredes con diferentes colores, predominando la necesidad de dividir la exposición, frente al reto mayor de crear la atmósfera deslenguada de sus Satánicas Majestades. Un espacio demasiado pulcro, para alojar 50 años de intenso rock and roll. El ave fénix que representan los Stones merecía, además de simpatía, un recorrido más alucinado por tan longevas como renacidas vidas.

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición del Centro Cultural Bancaja,

Fotografía de The Rolling Stones en la exposición ‘Sympathy for the Stones’. Centro Cultural Bancaja.

Salva Torres

Yoko Ono: Imagine (II)

Yoko Ono. Half-A-Wind Show
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 1 de septiembre

El Museo Guggenheim Bilbao acoge la exposición Yoko Ono. Half-A-Wind Show, una muestra multidisciplinar de casi 200 obras entre instalaciones, películas, objetos, textos, fotografías, vídeos, dibujos y documentos de audio, creadas desde los años 60 hasta la actualidad. En todas ellas es la idea, el concepto, la dominadora absoluta de la obra.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Está claro que en la obra conceptual, la idea prevalece sobre el objeto, lo que se omite es tan importante o más que lo que se muestra. Puede incluso prescindir del objeto, llevando la obra completamente al plano de lo imaginario, como en algunos conciertos de esta artista (Tokio, 1933), en los que el público tiene que imaginarse la música.

Pero visto un poco más de cerca la obra de Yoko Ono nos damos cuenta de otra cosa: mucho más que la idea, lo que le interesa es sobre todo el hecho en sí de idear, de imaginar, o sea, de conceptuar; la operación de sacar al objeto de su contexto para que se convierta en idea, mejor dicho para que participe de la actividad de idearse.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía del autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía del autor.

Además, los conceptos varían en función del tiempo y del espacio: un mismo objeto puede cambiar de concepto años después de haber sido visto o también por influencia del espacio en que se sitúan. La propia artista aseguraba en la rueda de prensa que muchas de sus obras le parecían distintas en esta exposición porque hacía mucho tiempo que no las veía y porque además el espacio en que se habían puesto hacía que parecieran diferentes.

De la idea de los opuestos, muy presente en el trabajo de Yoko Ono, se desprende otra también recurrente en su obra: la de la fragmentación, el corte, la disección, la disgregación, el despiece, las partes, y su opuesto, la recomposición, la reunión, la agregación, la integración.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Imagen extraída del video de Néstor Navarro, por cortesía de su autor.

Una nueva idea encontramos en la obra de Yoko Ono y que se deriva de los opuestos antes mencionados: la del envolvimiento, ocultamiento, desaparición, y su contrario, la aparición en su desnudez y liberación (no sólo en un sentido corporal o físico, sino también social y feminista).

Para acceder al artículo completo de Iñaki Torres, ver: https://www.makma.net/yoko-ono-imagine/

Para el video de la exposición: http://vimeo.com/89905083

 

Yoko Ono: Imagine

Yoko Ono. Half-A-Wind Show
Museo Guggenheim
Avenida Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 1 de septiembre de 2014

Un momento de la rueda de prensa de presentación de la exposición de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto. Iñaki Torres

Un momento de la rueda de prensa de presentación de la exposición de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto. Iñaki Torres

El Museo Guggenheim Bilbao presenta la exposición Yoko Ono. Half-A-Wind Show, una muestra multidisciplinar de casi 200 obras entre instalaciones, películas, objetos, textos, fotografías, vídeos, dibujos y documentos de audio, creadas desde los años 60 hasta la actualidad. En todas ellas es la idea, el concepto, la dominadora absoluta de la obra. Vasto edificio para tan frágil andamiaje, el de las ideas.

Está claro que en la obra conceptual, la idea prevalece sobre el objeto, lo que se omite es tan importante o más que lo que se muestra. Puede incluso prescindir del objeto, llevando la obra completamente al plano de lo imaginario, como en algunos conciertos de esta artista (Tokio, 1933), en los que el público tiene que imaginarse la música. O como cuando en 1958 Yves Klein presenta su exhibición El Vacío con pinturas invisibles, es decir, con una sala vacía, o pretendiendo cuatro años después vender a orillas del Sena su sensibilidad pictórica.

Pero visto un poco más de cerca la obra de Yoko Ono nos damos cuenta de otra cosa: mucho más que la idea, lo que le interesa es sobre todo el hecho en sí de idear, de imaginar, o sea, de conceptuar; la operación de sacar al objeto de su contexto para que se convierta en idea, mejor dicho para que participe de la actividad de idearse.

Ajedrez blanco, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao. Foto: Iñaki Torres

Ajedrez blanco, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao. Fotos: Iñaki Torres

Por ejemplo, una campana fuera del campanario y puesta sin intención decorativa en un museo, como ella ha hecho aquí, es un objeto que reclama ser visto como idea porque al sacarlo de su contexto, el objeto pierde el anclaje del significado asociado a su función para abrirlo a otros sentidos, ya sean los de la propia artista o los que el espectador pueda dar. De esta manera la obra se forma por significantes que cambian continuamente de significado gracias a la participación del público. En palabras de la propia artista: “Para hacer algo, primero te lo tienes que imaginar, así que todo arranca de un concepto, y las obras acaban siendo conceptuales. Casi siempre le pido a la gente que participe, y eso hace variar el concepto”.

Por tanto, lo que hay que destacar aquí como más importante es el “significar” más que el significante o el supuesto significado, el acto de idear o imaginar, más que el objeto o incluso el concepto.

Además, los conceptos varían en función del tiempo y del espacio: un mismo objeto puede cambiar de concepto años después de haber sido visto o también por influencia del espacio en que se sitúan. La propia artista aseguraba en la rueda de prensa que muchas de sus obras le parecían distintas en esta exposición porque hacía mucho tiempo que no las veía y porque además el espacio en que se habían puesto hacía que parecieran diferentes.

Media habitación, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Media habitación, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pero hay que decir que esta alteración del significado de las cosas sigue estando dentro del campo del concepto. Nos puede parecer absurdo, pero el absurdo sobreviene sólo por desplazamiento de contexto. De los dos principios que rigen toda lógica, el de identidad y el de contradicción, sólo el primero se ve afectado en el arte conceptual haciéndolo parecer absurdo: las cosas dejan de ser lo que ellas son. Sin embargo, la otra proposición permanece intacta: una cosa dada tiene algo opuesto a ella.

Es aquí, en este juego de opuestos, donde encontramos una de las ideas que la artista ha desarrollado a lo largo de toda su carrera. Los opuestos y su conciliación. Lo vemos sobre todo en sus instalaciones y en sus performances, como en la instalación Pieza de equilibrio, donde se muestra en la parte izquierda un potente imán que atrae bruscamente todos los objetos que contiene una oscura habitación, jugándose en ella con el sentido del equilibrio, no sólo físico sino también mental.

El mismo principio de equilibrio entre opuestos encontramos en la instalación Ajedrez blanco, o Media habitación.

Pieza de envolver para Londres, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pieza de envolver para Londres, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

En esta idea de la conciliación de los opuestos, también vemos la influencia zen que Ono expresa con las ideas de agua, aire o cielo, en obras como Eventos y Piezas agua, o Todos somos agua, Piezas respiración, Pintura para el viento, Dispensadores de aire, TV Cielo o Máquina cielo. Esta última idea, la del cielo, es en sí misma integradora de contrarios como vacío y lleno, sin límites, profundo y claro, inasible, callado y elocuente. Las máquinas expendedoras de cápsulas de aire o de cielo, en el sentido del aire que todos compartimos, y también en un sentido más profundo de que cada parte contiene el todo.

De la idea de los opuestos, al estar incluida en ella, se desprende otra también recurrente en su obra: la de la fragmentación, el corte, la disección, la disgregación, el despiece, las partes, y su opuesto, la recomposición, la reunión, la agregación, la integración.

Lo vemos en Pintura en partes, en la instalación Pieza reparación, en la mencionada Media habitación, o en las performances Pieza corte, y Pieza promesa, presentada dos días antes de la exposición, en la que se rompe un jarrón en el escenario pidiéndose la participación del público para que recoja sus trozos con la promesa de que se reúnan dentro de diez años y recompongan el jarrón. El jarrón es tanto cada uno de sus trozos como el jarrón resultante de la futura recomposición.

Una nueva idea encontramos en la obra de Yoko Ono y que se deriva de los opuestos que decíamos más arriba: la del envolvimiento, ocultamiento, desaparición, y su contrario, la aparición en su desnudez y liberación (no sólo en un sentido corporal o físico, sino también social y feminista).

Mosca, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Mosca, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pieza desaparición, Pieza escondite, Pieza barrido, Eventos de envolver el león, la silla convertida en crisálida Pieza de envolver para Londres, Piezas bolsa, Pintura sombra, Pintura humo, Pintura tiempo, o la publicación Esto no está aquí, son obras que exploran esa idea de lo que se borra, se oculta o desaparece, y de su opuesto.

En la actuación Pieza cielo para Jesucristo, también presentada como preludio a la exposición dos días antes, los músicos de una orquesta de cámara son envueltos con vendas mientras ejecutan una pieza musical hasta que les es imposible seguir tocando. Lo conceptual en ella, definida por el peso que ejerce lo que se calla sobre lo que se escucha, siendo protagonista de la performance en igual medida que su contrario, podemos imaginar la actuación en un plano ideal siguiendo la dirección inversa: los músicos de una orquesta de cámara envueltos en vendas son estatuas inmóviles, estáticas crisálidas. Conforme se van desprendiendo de sus vendas, empiezan a tocar música hasta que completamente libres de ataduras la ejecutan en un despliegue de potentes sonidos. Es un movimiento de contracción y expansión, de conciliación de los opuestos.

Pintura para dar la mano, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Pintura para dar la mano, de Yoko Ono, en el Museo Guggenheim de Bilbao.

La idea contraria al envolvimiento, la encontramos en los DVD Pintura para dar la mano, Surgiendo, Pintura para dejar pasar la luz del atardecer, Pintura para ver en la oscuridad, o su película Libertad con banda sonora de John Lennon, donde la libertad es en realidad una liberación.

Idea del envolvimiento y liberación, también formando parte de la meditación zen, como puede apreciarse en la película Pieza cerilla, o en obras como Grabación en cinta magnetofónica de la nieve cayendo al amanecer, Piezas de la mañana, Pintura para ver en la oscuridad, Pintura para dejar pasar la luz del atardecer, Pintura sombra, o Pintura humo.

En otro plano más contemplativo, encontramos la exploración del cuerpo hecho de un modo que éste se presenta como si nos fuera extraño. Lo vemos en la película Traseros y sobre todo, en Mosca, donde una mosca recorre en primer plano el cuerpo desnudo de una mujer haciéndonos descubrir el cuerpo como si fuera un paisaje. El hecho de que sea un insecto el que protagoniza la acción, nos hace pensar que visto el cuerpo desde su plano de dos dimensiones, imaginar un plano tridimensional –el cuerpo que recorre- nos parecería absurdo. De la misma manera, vistas las obras de esta artista desde la perspectiva habitual en la que cada cosa sólo puede ser ella misma, siempre nos van a aparecer absurdas.

La interacción del público no acaba aquí. Como ya hemos dicho, cada una de las obras tendrá tantos sentidos como le dé cada espectador. A fin de cuentas, esta multiplicidad de sentidos estará siempre ligada a la lógica de múltiples dimensiones que encierra todo acto artístico.

Imagen perteneciente a una de las obras de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Imagen perteneciente a una de las obras de Yoko Ono en el Museo Guggenheim de Bilbao.

Iñaki Torres

Ouka Leele: “Más que quejarme, prefiero proponer”

Entrevista a Ouka Leele
Exposición retrospectiva. Galería Punto
Avda. Barón de Cárcer, 37. Valencia
Hasta el 22 de junio de 2013

“Lo bueno del arte es que estoy en mis comienzos”. Lo dice Bárbara Allende Gil de Biedma, más conocida por Ouka Leele, después de tres décadas fotografiando, pintando, escribiendo poesía y haciendo videos. Fernando Poblet en su libro Contra la Modernidad calificó así la famosa movida madrileña: “La movida es una foto fija tirada por Ouka Leele”. Y aunque el escritor asturiano no dejó títere con cabeza de aquel movimiento (“no es cuestión sino de mimetismos y de histerias”), lo cierto es que Ouka Leele fue una de sus divas. Y, sin embargo, ahí la tienen, por el largo camino de la vida reconociendo que está en sus comienzos.

Ouka Leele, junto a una de sus obras en la Galería Punto. Makma

Ouka Leele, junto a una de sus obras en la Galería Punto. Makma

La Galería Punto exhibe una retrospectiva de su obra, desde esos principios arrolladores en el Madrid de la movida, hasta los más serenos actuales. Serenos, que no exentos de una pasión por el arte que le lleva a decir: “Para mí el arte es alimento y curación”. También, poco después: “El arte es sentimiento y es medicina”. Medicina que toma a diario porque es “la filosofía que me motiva, el amor a la sabiduría”. De ahí que se pregunte acerca de “qué es esto de la vida”.

Y aunque no termina de encontrar respuesta alguna, lo cierto es que empezó en esto de la fotografía tirando de ese hilo existencial. “La fotografía es un instrumento para acercarme al mundo y a los demás”. Habla de su generación como de aquella que entendía el arte por el arte, “como una liberación”. Por eso no le interesa “ser reivindicativa”, sino ir “a lo esencial”. Y agrega: “Yo más que quejarme, prefiero proponer”. Y lo hace a base de la “explosión de color y libertad” con la que inunda su trabajo, parte del cual exhibe en la Galería Punto hasta el 22 de junio, en franca comunión con Valencia, ciudad donde “siempre parece fiesta”. Aunque esa fiesta, entreverada de escándalos y quiebras, vaya por dentro.

Ouka Leele, en Galería Punto. Makma

Ouka Leele, en Galería Punto. Makma

Ouka Leele, Premio Nacional de Fotografía 2005, es fácilmente reconocible por sus imágenes coloreadas a mano. No huye de ellas, pero quien hurgue en su obra verá que hay más, mucho más. Por ejemplo, y sobre todo, pintura. “Si fuera por horas, llevo más tiempo pintando que haciendo fotografías”. De hecho, Ouka Leele no quería ser fotógrafa, sino pintora, lo que da pie a recordar la ya legendaria frase de John Lennon: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. De manera que Ouka Leele se ha pasado el tiempo queriendo dejar la fotografía, “pero la fotografía me ha cogido y no me deja”. Lo intentó en 2002, cuando se estaba muriendo su madre y el digital penetraba con fuerza. No hubo manera.

La exposición recoge algunas de esas imágenes que ha ido creando casi a pesar suyo. Desde los retratos de Miquel Barceló, Eusebio Poncela, Ceesepe, Rossy de Palma, Alberto García-Alix o La Fura dels Baus, pasando por su famosa instantánea de La moda española (1986), hasta los desnudos, autorretratos y recreaciones de cuadros ilustres. Sus dos últimos videos y algunos poemas, que presentará en la próxima Feria del Libro de Madrid bajo el título de La llave de la jaula, también forman parte de la muestra. Porque Ouka Leele, por si cabía alguna duda, enlaza fotografía, pintura, poesía y videocreación con el mismo espíritu creativo que sirvió de arranque a su ya larga andadura. De hecho, recuerda la movida como un instante mágico en el que artistas de todo pelaje y condición se juntaban para intercambiar ideas y proyectos. “Nos unía la libertad, la investigación y la pasión”.

Cartel de teatro, 1987. Ouka Leele. Galería Punto

Cartel de teatro, 1987. Ouka Leele. Galería Punto

¿Cabe pensar en alguna conexión entre aquella movida y el actual 15-M? Ouka Leele, siempre pensando en la libertad que le proporciona el arte, reconoce un hilo conductor, cierta electricidad saltando como una chispa al comienzo de las primeras protestas estudiantiles. “Al principio del 15-M se me escapó alguna lágrima, pero luego no he vuelto a saber nada”. Y como queriendo imaginar otros mundos posibles, hecha mano de la pintura, su verdadero amor emergiendo tras la amante fotografía. “La pintura es como el reflejo de un mundo que no existe, de algo invisible”. Una manera de “interpretar cosas que no están aquí”.

Y con esa libertad que le proporciona la pintura, salta a las palabras de uno de sus poemas, El cielo que yo vislumbre, cuyo recitado parece transportar a Ouka Leele a esos mundos que no existen. De los de verdad, de la cruda realidad, ya da cuenta en el video que denuncia las vejaciones cometidas contra las mujeres en el Congo, a base de testimonios y palabras, nada de imágenes cruentas. En medio de sus  fotografías y pinturas, Ouka Leele concluye su poema y se va pensando ya en otra cosa.

Ouka Leele. Imagen cortesía de la Galería Punto

Ouka Leele. Imagen cortesía de la Galería Punto

Salva Torres