La escritura asémica de Zirotti en la Fundación Frax

‘Pre-Texto’, de Claudio Zirotti
Comisaria: Natividad Navalón
Sala Pedro Delso
Fundación Frax
Paseo de las estrellas 3, L’Alfàs del Pi (Alicante)
Del 6 de octubre de 2017 al 7 de enero de 2018

La escritura es el asidero en el que tomar aliento en la travesía de la vida. Es el aliviadero que nos permite representar, dibujar, expresar ideas o pensamientos, sentimientos, rabia o dolor, el acontecer, a veces sin sentido, expresado por medio de palabras, números, notas musicales o trazos; grafías que recogen lo impreciso del ser humano. Ese pensamiento abstracto es el que nos consiente cambiar a voluntad de una situación a otra, el que nos consiente descomponer el todo en partes, el que nos permite analizar de forma simultanea distintos aspectos de una misma realidad.

Las obras que componen la exposición ‘Pre-Texto’ nos presentan la escritura como aparejo que transforma el lienzo, convirtiéndolo en el teatro donde el texto cobra vida, donde el texto entra en acción. Texto que ya no toma por modelo a la frase, pero sigue siendo el brote de sentimientos que supone los goces del lenguaje, texto que conforma las páginas de historia para cancelar, de las que, como nos señala Claudio Zirotti, sólo quedan mapas para contar, mapas para trazar un pensamiento abstracto que le permita planear y asumir simulacros, y pensar, y sentir, y actuar.

Las obras que presenta el artista para esta exposición se construyen en el paraíso de los signos, conformando un texto utópico sin lugar donde varar; donde todos los significantes están ahí, desafiantes, pero ninguno alcanza su fin porque todos son parte de un narración. Formas alfabéticas en continuo movimiento, que se encuentran y se funden, que se enfadan y separan, creando un espacio vivo, a veces saturado, otras veces sereno y calmo. En cada uno de los textos que el autor nos despliega en sus obras convierte la caligrafía en movimiento. En ella, la frescura del trazo, el equilibrio de la línea o la transparencia de la tinta, son partes de la coreografía que se desarrolla en la escena del lienzo. Ese texto se convierte en nuestra tabla de náufrago, en el lugar de la memoria.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Cuando Zirotti proyecta esta obra la plantea y la razona desde un punto de vista semiótico. Desde una perspectiva semiológica, la narración se puede realizar con cualquier clase de signos, por ello, siempre trabaja con la visión real del elemento, del signo, glifos o personajes, como el autor los llama, que se podrían esculpir uno a uno. Y es en este contexto plástico en el que Claudio recompone la narración a través de recursos plásticos como el color, las formas, el tachado o lo huidizo, lo escondido, lo oculto o lo encubierto, disimulado, tal vez. Una manera de dibujar el discurso sin volverlo insensato.

La deconstrucción de la palabra en su obra, viene determinada por el metro, por la asonancia, por el ritmo prosódico de trazos caligráficos que nos dibujan las pinceladas como notas musicales en un pentagrama: blancas, negras, piano, crescendo, silencio. Es en esa danza en la que el espectador logra aprehender los signos y el espejismo del lenguaje que representan. Una escritura asémica que a modo de mantra lo mece en la cuna del recuerdo. Como nos evoca Rimbaud, no existe poesía sino cuando existe meditación del lenguaje, lo cual supone la ruptura de los cuadros fijos del lenguaje, de las reglas de la gramática y de las leyes del discurso. Y es en esa libertad del discurso en la que se mueve este artista italiano.

Lo que nos atrapa precisamente de los cuadros de Zirotti no son directamente las referencias, ni su estructura, sino más bien la percepción que nos ofrece el propio texto allí representado: colores, formas, personajes que aparecen y desaparecen, historias más allá de la narración. La visión de la coreografía y puesta en escena nos permite recorrer, saltar, descubrir, abstraernos y volver a sumergirnos en un profundo desgarramiento que imprime el propio lienzo y no la simple temporalidad de su lectura.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En el espacio expositivo de la Fundación Frax, el artista nos presenta sus dos últimas series, ‘Alegoría de los signos’ (2015-2016) y ‘Pre-texto’ (2016-2017), que, en su devenir, nos muestran la metodología empleada por el artista en la génesis de las obras y en la libertad de creación que le permite la producción de las mismas. La obra de Zirotti, que nace con el Art Brut en sus comienzos en Italia, vuelve a retomar a través de estos dos trabajos el territorio de la escritura asémica. Si revisamos el arte contemporáneo, grandes personajes en el mundo artístico como Jean Dubuffet, Paul Klee, Twombly, Joan Miró o Zhang Xu se han adentrado en algún momento de su recorrido artístico en este interminable recurso y fascinante contexto. En este artista italiano, la práctica de la escritura asémica se afinca cada vez más en su obra y cobra así un protagonismo que tinta sus últimas series.

La serie ‘Alegoría de los signos’ empieza presentándonos cada una de las iconografías, cada uno de los signos que constituyen el alfabeto utilizado a lo largo de este trabajo. Signos que son abocetados, identificados, protagonistas, formas dotadas de personalidad y movimiento para después, en una danza con el resto de personajes, ir configurando cada uno de los textos que componen y organizan el discurso de los cuadros. La estructura del texto se transforma en iconografía, la iconografía en movimiento y el movimiento se expande por toda la tela. Signos que cobran vida y se transforman en personajes antropomorfos que interactúan entre sí. Iconografías que juegan en el espacio del lienzo libremente, sin un orden aparentemente lógico, tal vez, la incomodidad de la aglomeración las resitúe, provoque la necesidad de cambiar trazos, espesores o armonías, para llegar a una estética del equilibrio a través de la danza, de la musicalidad, de la expresión sin preconceptos en el instante de la creación. En el transcurrir del tiempo, el acto de escribir se convierte en una melodía cinética. A cada nota un trazo, repetición, tonos y colores, ritmos y sonidos. El lienzo es el escenario de cada una de las composiciones que plasma en sus cuadros, de cada uno de los textos que nos narra, para llegar a una comunicación que va más allá de la palabra.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

En la segunda serie titulada ‘Pre-texto’, que da nombre a la exposición, los signos se rebelan, sus personajes se reducen, juegan, son como duendes que aparecen y desaparecen y la caligrafía toma protagonismo dentro de un mundo donde prevalece la forma, el color, estructura, procesos gráficos y proporción. Inmerso en esa imagen abstracta, Claudio Zirotti incorpora una caligrafía donde la expresión adquiere más importancia que la legibilidad de las letras. En un intento de hacer fluctuar al espectador entre el leer y el mirar se apropia de una escritura no convencional, sin semántica, los manuscritos que nos deja leer no corresponden con alfabeto ninguno ni forma predeterminada, nos introducen en la escritura asémica. El espectador llega al entendimiento con la obra, no por la narración del texto sino por la forma caligráfica del mismo. En la escritura anémica no hay interpretaciones erradas, pues siempre está sujeta al ciclo comunicativo que se completa entre el artista-escritor y el lector-espectador. Como el mismo artista señala, la escritura que usamos para comunicarnos es estática, pero la escritura asémica siempre tiene un mínimo de movimiento, es creada desde el sentimiento, es arrojada por movimientos palpitantes descritos en la acción. El espectador desconoce el alfabeto; la lectura, muda, no tiene ningún significado, el artista solamente nos dibuja el relato del recuerdo, más allá de las palabras.

Poetas visuales como Tim Gaze y Jim Leftwitch, partituras de Jonh Cage u obras de Cy Twombly nos acercan también a una caligrafía propia, individual, sin significado pero sin error, sin contexto semántico específico, una escritura abstracta e inmaterial, no sonora e ilegible, una escritura que no se puede leer, sino observar.

Claudio Zirotti expresa sensaciones que si bien pueden ser armónicas y representativas nos apuntan hacia un discurso íntimo y particular mediante el cual transmite emociones, acciones y recuerdos, dudas y temores. Los cuadros plantean una escritura pensativa inmaterial que busca preservar su aliento primario de pensatividad, plantear la textura de las meditaciones entre azarosas y automáticas, donde cobra protagonismo el trazo en el borde del discurso, en un intento de dotar aura a la escritura. Textos que no se pueden leer, pero con una caligrafía perfecta. Textos que no se pueden recitar, pero se sienten en la impresión de la línea. Procesos que nos remiten a la frase del poeta Osvaldo Lamborghini “no leía, pero sus subrayados eran perfectos”, en el caso del artista italiano, textos llenos de pasión, imposibles de leer, pero con una caligrafía impecable.

La escritura asémica que nos presenta en sus cuadros va apoderándose del lienzo, comparte espacio con colores y formas, con grafismos y signos, con trazos y fuertes pinceladas que a veces quieren apartarla. La escritura asémica, sigue sigilosamente recuperando su lugar porque está acostumbrada a liberarse de los límites impuestos, aun así guarda una relación formal con los recursos plásticos que le acompañan.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Es precisamente su aparición la que seduce al espectador porque está abierta a múltiples interpretaciones. La forma de la caligrafía y la estructura del texto sugieren un significado, más allá de las palabras, más allá de los objetos, más allá de los signos, connotaciones al dictado de la percepción y de la intuición de quien la hace y quien la ve. Esta intuición y esta percepción describen un mundo, un mundo que como apunta Eco adquiere una rica complejidad de significados a través de la sucesión de los signos, una obra abierta a la interpretación del espectador. Este sentido de la semiótica es el que Claudio Zirotti va desarrollando a través de estas dos series.

El espacio, a veces el color, a veces la incisión en una textura, tejen el intervalo entre los signos, dibujan los ritmos de la gramática que compone los cuadros. Tiempos, simetrías y tenores nos construyen la serie espacial en la que los términos se relacionan entre sí. En este caso, las frases, aunque ilógicas, continúan siendo frases. El diálogo entre los recursos utilizados por el artista es el pilar donde descansa la significación. Podría decirse que el método de trabajo utilizado por Zirotti coincide con el concepto intuitivo, en semiología, de caos. Cada uno de los textos, cada uno de los signos no se pueden decir, se ven pero son indecibles, como cuando un hombre recuerda lo que estuvo pensando en un momento anterior, o cuando continua pensando en algo.

Cuando relaciona cualquier elemento, cualquier signo uno detrás de otro, está creando una escritura, porque al dar un valor a cada signo, o un nombre a cada signo comienza a establecerse un diálogo. La abstracción del diálogo, de la palabra, la abstracción del lenguaje, la abstracción de la idea. El signo potencia en su obra una estructura abstracta. Una estructura formada por varios signos que representa el propio acto de comunicación. Si cuando leemos una palabra, cada una de las letras van configurándonos la imagen al que alude el significado. Cuando percibimos el texto creado por Claudio, cada una de las letras, cada uno de los signos, se transforman en personajes protagonistas de la escena, figuras en una narración, en el escenario de la acción. Su obra no ofrece mensajes unívocos, en este sentido hace referencia a la evasión del didactismo que nos relata Kafka y acepta múltiples interpretaciones. Se mantienen las leyes naturales pero el conflicto surge de la relación ente el mundo normal y los elementos descolocados. Alude más de lo que muestra.

A veces los lienzos son el PRE-TEXTO para presentar momentos vividos, momentos guardados en el lugar de la memoria hasta que el impulso de la escritura los hace aflorar. Una colección de recuerdos compartidos, una fusión de vivencias por la estética, un camino acompañado que no deja de enseñar, una mujer querida que marca el movimiento, una vida deseado que dibuja el equilibrio. El tiempo y la frescura siempre de la mano, en perfecta armonía son uno en el devenir de los tiempos. Es el momento para reencontrase con el placer de la madurez que concreta con simplicidad las ideas, que valora la esencia del ser, que entra en el intimismo. Como nos sugiere Jakobson, es el momento de dejar las palabras en libertad.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición 'Pre-Textos'. Fotografía: Eduardo Peris.

El artista Claudio Zirotti durante un instante del montaje de la exposición ‘Pre-Textos’. Fotografía: Eduardo Peris.

Natividad Navalón

 

El IVAM redescubre a Pinazo

Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas
Sala Pinazo
IVAM
C / Guillem de Castro, 116. Valencia
Hasta el 17 de septiembre de 2017

“Pinazo, tal vez sin proponérselo, y quizá sin saberlo, ha sido en España un pintor francamente revolucionario”, apunta Rafael Doménech en una de las citas de la exposición Ignacio Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas. El IVAM se hace cargo por primera vez de ese carácter revolucionario del pintor, con motivo del centenario de su muerte, en el denominado Año Pinazo. Y lo hace transformando a su vez la Sala de la Muralla en Sala Pinazo, para albergar esa modernidad del artista de Godella hasta ahora inexplorada.

“Ha sido un desafío, porque destacar esa vertiente moderna de Pinazo era justificar su presencia en el IVAM”, explicó Javier Pérez Rojas, comisario de la muestra que reúne 150 obras. Piezas de Pinazo en “diálogo y posibles correspondencias” con las de otros autores contemporáneos que en su mayoría nunca conocieron la obra del pintor valenciano. De ahí las Afinidades electivas a las que se refiere el título, tomado prestado de una novela romántica de Goethe, como justo subrayado de las sorprendentes ligazones entre Pinazo y artistas como Picasso, Goya, Barceló, Saura, Gargallo, Valdés, Gaya o Julio González, por citar algunos cercanos.

Pinazo y las vanguardias. Imagen cortesía del IVAM.

Pinazo y las vanguardias. Imagen cortesía del IVAM.

“Un Pinazo inédito e insólito, que en parte se intuía, pero que hasta ahora no se había destacado ni visualizado desde que el IVAM abrió sus puertas hace 27 años”, destacan desde el museo como prueba “del antes y el después” que supone esta exposición a juicio de José Miguel Cortés, director del IVAM. Sorprende sin duda que así sea, porque no ha sido necesario estirar demasiado esa correspondencia de Pinazo con las vanguardias. Sus cuadros inacabados, el grado de abstracción de su vocación realista, los retratos infantiles tímidamente morbosos, sus paisajes turbios e incluso sus arriesgados e inquietantes desnudos, desbordan los límites de cualquier género al que se le adscriba.

Si lo que se pretendía era “romper con prejuicios y visiones restringidas sobre el artista valenciano”, Ignacio Pinazo y las vanguardias lo consigue a poco que la mirada se vaya deteniendo por el largo recorrido expositivo. “Pinazo es un hombre muy poliédrico”, resaltó Pérez Rojas. Tan poliédrico como escasamente académico. “Nunca lo fue”. En todo caso, “naturalista, pero muy innovador y reflexivo”, añadió el comisario, para concluir que la muestra no tenía “nada que ver con las exposiciones que se han hecho hasta la fecha de Pinazo”.

Vista de la exposición 'Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas' en el IVAM.

Vista de la exposición ‘Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas’ en el IVAM.

Sin moldes que puedan servir para encajar de una vez por todas su obra, se advierten rasgos próximos a Goya en algunos retratos, también el carácter matérico de Barceló le resulta afín, así como el grado de abstracción de Jacinta Gil Roncalés resuena en algunas de sus piezas. Pérez Rojas destacó atinadamente su “mirada fotográfica”, fruto del “encuadre” y de la “exploración de los detalles”, que pudiera hacerse extensivo al cine con solo prolongar un poco más el punto de vista narrativo que adopta la exposición.

Las afinidades se extienden hasta artistas como John Cage, Kurt Schwitters, Pierre Soulages, Horacio Coppola, Jean Dubuffet o Herbert List, como prueba del carácter poliédrico de un Pinazo “gran explorador de lo moderno en Valencia”, subrayó el comisario. Por si cabía alguna duda de la apuesta con la que arranca el nuevo curso en el IVAM, Cortés apostilló: “Creemos en la obra de Pinazo y en su modernidad”. A falta del dinero que permita avanzar en la Cátedra Ignacio Pinazo creada junto a la Universitat de València (“nos vamos de un susto económico a otro”, Cortés dixit), el IVAM redescubre a Pinazo ofreciéndole los 1.000 m2 de su Sala de la Muralla.

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Vista de la exposición 'Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas'. Imagen cortesía del IVAM.

Vista de la exposición ‘Pinazo y las vanguardias. Afinidades electivas’. Imagen cortesía del IVAM.

Salva Torres

Ver visiones: la falta de empleo

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Roberto Mollá (Trentatres Gallery) / Jorge Carla (Galería Cuatro)
CIS: El Paro / Los problemas relacionados con la calidad del empleo

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

El insigne, y muchas veces maquiavélico, exprimer ministro del Reino Unido, Sir Wiston Churchill, padecía una aversión terrible a las estadísticas. Quizás, la más célebre de sus frases sea: «Hay ver­dades, medias verdades, mentiras y estadísticas».

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Es un clamor que el desempleo y la calidad del empleo son las mayores preocupaciones de la ciudadanía. No haría el falta el apoyo de unas estadísticas aplastantes para corroborar el dato. El barómetro del CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas], de abril de 2014, la sitúa en primer lugar de nuestras preocupaciones (80,3%). Normal, en los tiempos que corren, que el trabajo es un bien escaso.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Aquellos y aquellas que nos acercamos a la cincuentena, recordamos a Forges y la muy famosa frase de su personaje, Mariano, a la “macilenta”: «¿Estudias o trabajas?». Pues eran, en aquellos tiempos, incompatibles ambas actividades o al menos no muy habituales. Actualmente, lo habitual es trabajar y estudiar, para poder mantenerse y permitirse la formación.

La labor curatorial de «Ver visiones» ha unido este concepto, preocupante para todos y todas, con las obras de Roberto Mollá (Valencia, 1966) y Jorge Carla (Madrid, 1974). Ya el palabro “visiones”, (y siguiendo al DRAE) contiene la locución adverbial “ver (alguien) visiones” como: «Dejarse llevar mucho de su imaginación, creyendo lo que no hay». Esto es lo que algunos politicos matizan y, que­riendo quitar hierro, nos transmiten la idea de que se está generando empleo, por ejemplo, cuando en la realidad se está destruyendo, pues las políticas laborales y fiscales no lo favorecen, más bien al contrario, facilitan su destrucción.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla nos presenta unas burlonas piezas, unos personajes que, cuanto menos parecen mo­nigotes, y que nos presentan, a todas todas, a un individuo alienado, semejante a esos personajes convulsos de Francis Bacon (precursor de los más modernos o actuales morphins) o los más cer­canos -estilísticamente- al Art Brut de Jean Dubuffet, elementales y pueriles y, a menudo crueles (se inspiró en los dibujos de los niños, los criminales y dementes), seres infrahumanos, figuras deformes, absurdas y grotescas. Un ser alienado (vendido, comerciado, liquidado, hipotecado) por la desprotección a la que se está sometiendo. Las estructuras en cartón, se asemejan a las de los homeless o sin techo, grupo a la que esa exclase media, ahora desprotegida, que desaparece, se incorpora en dramáticas situaciones.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla examina los sueños o pesadillas con socarronería. No se ha dejado llevar por un falso optimismo. Sus piezas son libertad. Sus personajes son seres desfigurados, no exentos de una fuer­te expresividad irónica, entre lo sublime y lo ridículo. De resuelta factura, sus composiciones se resuelven con sencillez y naturalidad. Y sin embargo, nada resulta fácil en su trazo, ni en su com­presión. No da lugar a la experimentación, a la duda de la representación, al matiz.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá, en un punto de vista diametralmente opuesto y confrontándose, sobre papel pau­tado, cuadriculado, milimétrico, nos parece estar dando certeza matemática, precisa, rigurosa, con unos inquietantes dibujos de tentáculos y organismos entrelazados, superpuestos, contrapuestos con sus geometrías características, en una suerte de abscisas y ordenadas, cartesianismo imposible de un imposible espacio euclídeo.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Participa en eso que se ha dado en llamar la nueva figuración. Una estética, entre surreal y ukiyo-e, que forja sobre papel crema milimetrado sobre el que dibuja, en blancos y negros, con gráficos y geometrías muy coloristas alrededor. Esto fue utilizado, en la década de 1960 y 70, por Manuel Barbadillo, cuya obra estuvo muy influenciada por la tecnología y los computadores. El uso de pa­pel cuadriculado en Roberto Mollá está, en algunos aspectos, relacionado con esto, aunque lo utili­zó por primera vez para dibujar imágenes pixeladas. Ve su trabajo como una suerte de investigación científica. La importancia de la gráfica va más allá del significado tecnológico. Sus dibujos surgen del mundo multidimensional de la gráfica. La gráfica actúa como el significante más importante de sus propios pensamientos.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Dibujos a lápiz muy meticulosos en varios estilos, entre el grafiti y la ilustración. La tensión entre todos estos elementos es fascinante. Impecable. De un vistazo, es gráficamente muy potente, pero también posee sutileza y meticulosidad. Deliberada. Simple. Sistematiza los sueños, regula la imaginación. Mezcla entre demencia, ingenuidad, concupiscencia, candor.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Sus numerosas referencias a la historia del arte no actúan como símbolos, en una especie de narra­tiva, si no como travesura dentro de la gráfica, que actúa como un espacio multidimensional para las exploraciones formales y científicas de tiempo y espacio. Marcadores, que representan las diversas influencias que Roberto Mollá ha adquirido a lo largo de su vida. Si examinamos las filosofías que preocupaban a los artistas vinculados a cada referencia, corresponden a sus propias preocupaciones.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

El arte imita la vida, ¿o es la vida la que imita al arte? Representaciones de estos momentos convulsos que vivimos.

José Luis Martínez Meseguer

Claudio Zirotti, ¡qué Butoh!

Teatro, danza, ciudad. Claudio Zirotti
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta el 12 de noviembre

A Claudio Zirotti, italiano de Modena pero residente en Valencia desde hace más de 20 años, le apasionó en su momento el Art Brut de Jean Dubuffet. Le apasionó las posibilidades que le ofrecía ese arte marginal que pretendía recoger experiencias lindantes con las enfermedades mentales; la vuelta a cierto primitivismo. Pasados los años, y tras exploraciones varias, Zirotti vuelve a hacerse eco de las emociones más recónditas, más oscuras e inaprehensibles, que afloran en la superficie del cuerpo. Inspirándose en la danza japonesa Butoh, ha creado una serie de obras con la figura, el cuerpo y el rostro como protagonistas. Al conjunto lo ha llamado Teatro, danza, ciudad. Un conjunto plástico que puede verse en la galería Espacio 40 de Russafa, y en el que Zirotti explora la expresividad del cuerpo humano doliente.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

La danza Butoh ya tiene un origen que, clamando al cielo, se fija en los infiernos terrestres. Se atribuye su creación a Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, especialmente sensibilizados con las pavorosas imágenes de Hiroshima y Nagasaki. Para dejar testimonio crítico del dolor contenido en los cuerpos quemados por la guerra nuclear, utilizaron la danza como vehículo expresivo de lo que resulta inexpresable. Esa misma paradoja entre lo que el cuerpo reclama como verdad sin tapujos, por apelar a cierta hondura prístina, y la necesidad de un conjunto de imágenes que traduzcan la desolación en historia sentida y compartida, es la que anima la obra de Claudio Zirotti expuesta en Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Kazuo Ohno lo dejó bien claro: “Yo aprendí el Butoh en el vientre materno”. Se trata de sentir, por tanto, ese pálpito primigenio, esa oscuridad de las entrañas que se va revelando poco a poco mediante la compleja luz que arroja el arte. Las expresiones de los rostros dibujados por Zirotti, la tensión de los cuerpos, así como los collages empleados, hechos con trozos de cartas y pedazos de sellos, están pensados para vehicular esos sentimientos que el cuerpo manifiesta sin ambages, una vez caídas todas las máscaras. Y, sin embargo, la sola dramatización de esa danza, de ese teatro, que utiliza el cuerpo dolorido, aquejado de una cultura que se vive con opresión, ya supone una mediación entre lo real del instante y su posterior creación plástica. Y es que se nos olvida que máscara significaba ‘persona’ en el teatro clásico, ya que los actores la necesitaban para protegerse de los brutales hechos que interpretaban.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Claudio Zirotti, queriendo expresar en su serie titulada Teatro, danza, ciudad esa sensación primigenia, diríase que por fuera de los límites de la cultura, entendida aquí como institución represora, no deja de contener el grito y la desolación mediante un conjunto plástico dramatizado. Y lo hace, además, con un papel Arches de gran calidad, lo que permite asistir a ese despliegue corporal y gestual, como si se tratara de una rigurosa y cuidada puesta en escena. El cuerpo se revela así como soporte de una verdad que exige cierto desnudamiento, las justas y precisas mediaciones, en esa búsqueda del acto primordial. Zirotti se adentra en ello con la pulcritud del escenógrafo que asiste a cierto alumbramiento.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Salva Torres