“Estamos preocupados por cosas superfluas”

Inside, de Rafa de Corral
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5. Valencia
Hasta el 26 de enero de 2018

“Ha sido un trabajo de estar conmigo mismo; algo muy especial, muy íntimo”. Tan íntimo que a Rafa de Corral le ha llevado a sumergirse en lo más hondo de sus propias estructuras volumétricas, profundizando en ellas como queriendo extraerles el alma que atesoran. “Es como un paréntesis en mi trabajo; todavía no sé lo que voy a hacer a continuación”. Un paréntesis en el que el artista bilbaíno afincado en Valencia se ha dejado empapar de la pérdida de un ser querido, mostrando en la veintena de piezas que integra la exposición ‘Inside’ lo real de la experiencia humana.

Inside, outside, de Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

Inside, outside, de Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

El Sporting Club de Russafa se hace eco hasta finales de mes de esa intensa dramaturgia interior. Y lo hace mediante un cuidado montaje en el que De Corral, más allá de su destreza técnica, va combinando las diferentes obras para reflejar su estado de ánimo, tan herido como volcado en la cauterización de esa herida a base de un arrebatado impulso creativo. “Son obras que me han salido rapidísimo, como un vómito”. Y lo que vomita el artista es un aluvión de sentimientos que, tamizados por el blanco y negro, aluden a cierta radiografía interior.

“Quería utilizar el grafito por la fuerza que tenía”. No se sabe bien si el grafito o el propio artista, pero en cualquier caso fuerza con mayúsculas. La fuerza que confiere el dolor cuando éste necesita encontrar una salida fructífera, en lugar de emponzoñarse dentro. Rafa de Corral, empujado por esa fuerza aludida, va tabicando las paredes derruidas por efecto de la devastadora muerte, mostrando en el Sporting una suerte de partitura musical wagneriana hecha de oquedades por las que se filtra una luz vivificante.

Rafa de Corral llevando una pieza en su exposición. Imagen cortesía del artista.

Rafa de Corral llevando una pieza en su exposición. Imagen cortesía del artista.

“Son aperturas desde dentro de la figura”. Porque De Corral, aunque próximo a la abstracción geométrica, no termina de desprenderse de la figuración. “La abstracción geométrica es muy rigurosa, muy estricta”, dice. Y la figuración es el punto de anclaje que le permite situarse en un mundo que tanto más lo acoge, tanto más le empuja hacia ese interior desde el que mira en su exposición. ‘Inside’ es eso: un adentrarse en su propio paisaje volumétrico, sabedor de que en su interior se halla el núcleo radical de una existencia todavía herida.

Por eso habla en ‘Telaraña del autoengaño’, una de las piezas de la muestra, de la interrogación más lacerante, aquella que le lleva “a cuestionar cosas, incluido el autoengaño, porque de esa maraña igual no sales”. Al tocar lo real de la existencia, que comparece a modo de agujero hiriente fruto de una muerte cercana, Rafa de Corral siente que la esencia de las cosas muchas veces se nos olvida: “Estamos preocupados por cosas superfluas”. Cosas de las que se hace cargo en su exposición por vía inversa: subrayando lo que de verdad importa; la vida en estado puro.

Introspección retrospectiva, de Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

Introspección retrospectiva, de Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

“Ha sido como una liberación total. He podido sacar lo que llevo dentro”. Y como dentro lleva cierto pesar, ha preferido ubicarse en el interior de sus propias estructuras para observar lo que acontece dentro. “Ante la perspectiva de la muerte, te planteas el paso del tiempo”. Un tiempo hecho de instantes que el grafito destaca a modo de raspaduras y mediante una luz que pugna por iluminar el fondo oscuro. “Hay una pelea entre la proyección de la luz y el objeto en sí. También a la inversa: tú estás dentro del objeto y la luz penetra en él”.

‘Inside’, exposición comisariada por Alba Fluixà, quien alude precisamente a esa reflexión “sobre el paso del tiempo, la vida y la muerte” en la muestra de Rafa de Corral, es un título oportuno para revelar ese estado de ánimo. “Iba a titularla ‘Introspección’, pero me pareció un poco manido, aunque se refiriera a ese planteamiento de meditación y de diálogo interior contigo mismo”. Inside le resultó más acertado, por cuanto evocaba ese “estar dentro de las estructuras”. No sólo mentalmente, sino físicamente, en cuerpo y alma.

Salvo un acrílico, el titulado ‘Inside, outside’, todas las demás obras son dibujos sobre tabla que el artista ha preparado con una imprimación en blanco sedoso. “Empecé con éstas de rayo de luz con spray fluorescente”. Y luego, “no sé por qué”, fue dejando a solas el grafito, quién sabe si queriendo manifestar con el más despojado blanco y negro el verdadero estado del alma. “Me fui emocionando al ver el resultado”, dice mientras ultimaba los detalles de la exposición inaugurada el pasado viernes. Un conjunto de “silencios y dudas”, que el Rafa de Corral más íntimo muestra sin tapujos. ‘Inside’, porque ahí dentro suceden muchas cosas de verdad.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

Rafa de Corral. Imagen cortesía del artista.

Salva Torres

Cristina Ramírez, de la galería del Tossal al Botánico

Cristina Ramírez Bueno
Ganadora de la II edición del Premio de Dibujo DKV-MAKMA

Cristina Ramírez Bueno (Toledo, 1981) es licenciada en Historia del Arte (2005) por la Universidad Complutense de Madrid y Bellas Artes (2010) por la Universidad de Granada, ciudad esta última en la que reside actualmente. Conoció el premio DKV-MAKMA en la convocatoria del año anterior (2015), pero en dicha ocasión no pudo presentarse.

No es difícil de entender, puesto que la propia convocatoria puede que no encaje en determinados momentos de la trayectoria de un artista, e incluso en otros casos, las bases del premio actúen como filtro disuasorio para quien busca la suerte rápida en las artes. En sentido contrario, las mismas bases han resultado ser atractivas para otros artistas que muestran recursos de adaptabilidad y no escatiman tiempo, dedicación, talento, recursos técnicos, y atrevimiento suficiente para salir del encorsetado estigma de dibujar únicamente en condiciones de plena libertad temática.

Cristina Ramírez en el Barrio del Carmen (Valencia)

Cristina Ramírez en el Barrio del Carmen (Valencia).

Lo definiría Goya de manera muy personal: “La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”.

Deseos que ya en los inicios de la expresión artística se funden con la acción de dibujar relatos y la de relatar con dibujos. Son las primeras pinturas rupestres, y en este sentido, además de Altamira, destacan otros ejemplos, como las barcas y figuras humanas sobre piedras de Bohuslän (Suecia) que representan algún mito, combate o danza de la Edad del Bronce.

El trabajo de Cristina Ramírez pone de manifiesto la idea de la atemporalidad, la reflexión de que ya hubo un “antes de”. Argumentos no le faltan, pues ya el pintor paleolítico exploró cada superficie y cada pigmento para que sus expresiones gráficas perduraran.  Para ello, utilizó varias técnicas, el rociado, el grabado, el estarcido, y por supuesto, el carboncillo. Inspeccionó cuevas y construyó andamios, y como testigo omnipresente, el fuego. Fuego para dar calor y lumbre, pero también para generar un clima que facilita la construcción de historias a su alrededor. Historias de tradición oral a las que el fuego  aporta el calor para que la creatividad popular fluya y sea plasmada gráficamente, pero también historias que piden paso cuando el fuego se apaga y tras ello se alimentan leyendas de tinieblas y dudas.

Apuntes para el proyecto "Negro Humo", de Cristina Ramírez que podrá verse a partir del 16 de diciembre en al Galería del Tossal (Valencia)

Apuntes para el proyecto “Negro Humo”, de Cristina Ramírez, que podrá verse a partir del 16 de diciembre en la Galería del Tossal (Valencia).

Es el punto de partida de ‘Negro Humo’, un proyecto que bucea en la génesis de la expresión gráfica, en lo que inspira la oscuridad y el miedo propiamente dichos como ingredientes notables para generar apólogos, gestas y todo tipo de fantasías populares. Un proyecto que ha supuesto a Cristina Ramírez llevarse el reconocimiento del jurado.

Además de visitar la Galería del Tossal (sala que acogerá su proyecto expositivo) y pasear por el Centro histórico, Cristina Ramírez aprovecha la visita a Valencia para disfrutar de uno de los espacios simbólicos de la ciudad: el Jardín Botánico.

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Cristina Ramírez en el Jardín Botánico (Valencia).

“El premio DKV-MAKMA es un certamen diferente”, confiesa Cristina. “La convocatoria tiene un grado plus de exigencia, está claro, pero para mí es muy abierto, da mucha libertad para trabajar y brinda la posibilidad de profundizar en la relación eterna entre lo gráfico y lo escrito, se le puede dar la vuelta. Personalmente, la propia exigencia temática me alentó a presentar proyecto. Es un premio hecho para un perfil amplio, aunque reconozco que mi trabajo artístico actual está relacionado con el vínculo entre el dibujo y la tradición literaria”.

El proyecto ‘Negro Humo’ no se queda únicamente en el origen, en lo primitivo del fuego y la sustancia gris que le da título. Conforme entra en materia, va desgranando información de ciertas obras de arte míticas que relacionaron lo literario con lo plástico, obras que desvelan el poder de inspiración de artistas de todos los tiempos como es el caso de ‘La Cocina de las Brujas’ (1610) de Frans Francken el joven, y que fue interpretada también por Goya (1797-1798).

“Es imposible reflejar todas las referencias de la historia del arte que me iba encontrando en relación con el proyecto, había que escoger”, confiesa Cristina.

Cristina Ramírez muestra sus instrumentos de trabajo en el Jardín Botánico (Valencia)

Cristina Ramírez muestra sus instrumentos de trabajo en el Jardín Botánico (Valencia).

En lo que respecta al s. XX, “me interesan las alusiones que Ana Mendieta hace al fuego y a las madres primitivas receptoras y transmisoras del saber. Y, en cuanto a la oscuridad, es inevitable citar a Leopold Perutz”, comenta.

Sobre Perutz, Cristina Ramírez basa su argumento con una cita apetecible para guardar en la memoria, referencia extraída de El maestro del Juicio Final (Ediciones destino, Barcelona: 2004).

“El verdadero miedo, el auténtico miedo, es el miedo que siente el hombre primitivo cuando se aleja del resplandor de la hoguera para adentrarse en la oscuridad”.

La cita es como un dardo que da en la diana de ‘Negro Humo’, que claramente gira en torno a esa reflexión, apunta Cristina Ramírez; es una abstracción ante la situación de miedo a lo desconocido y a la provocación que este sentimiento puede ejercer para inspirar y generar historias, mitos o fábulas.

Esa sensación de miedo no existe en ella a la hora de plantear su futuro profesional, pues en la carrera artística, la estabilidad es comparable al día a día de las cavernas prehistóricas, aquellos tiempos en los que proveerse de alimentos era el objetivo primario y en los que la abundancia se festejaría con las primeras pinturas como gesto de alegría.

La misma alegría y soltura que pone de manifiesto en sus trazos de grafito, sea para expresarse en clave crítica, sea para plasmar paisaje u objeto.

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Cristina Ramírez ante una encina en el Jardín Botánico (Valencia).

En el corazón del Jardín Botánico, la calidad de la atmósfera se advierte al respirar. La artista observa la robusta estructura de una encina fabulosa. Da la sensación que la interioriza y almacena en su memoria para plasmarla en cualquier momento. “Es uno de mis árboles favoritos”, apunta.

– ¿Qué representa recibir un galardón como el Premio de Dibujo DKV-MAKMA?

– Cristina inspira, expira, y responde: “Representa una motivación extra, coger oxígeno en un paisaje profesional con muchos obstáculos que superar, es como una provisión de aire puro, aire como el que se respira en este lugar”.

Vicente Chambó

Abre tus puertas, siempre

‘Ouvrez vôtre porte’ de Joan Verdú
Tapinearte
C/ Zurradores 13. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

Tapinearte deja su escaparate libre para mostrar los nuevos dibujos de Joan Verdú, este dibujante valenciano caracterizado por la ironía en todas sus obras, teniendo en cuenta que también es columnista y escritor, sorprende por la sencillez en el trazo del grafito en contraste con la fuerza de la idea. Joan Verdú no suele considerar la obra en dibujo con lápiz como obra definitiva, pero en esa ocasión ha acertado con el momento, el lugar y sobre todo con el mensaje para utilizar el lápiz como la técnica principal.

Heredero analítico de los iconos de la cultura popular, podemos observar en la manera de superponer el color al tono grisáceo del grafito, como dichos iconos se transforman, dotándoles de nuevos significados. Un R. Mutt camuflado con la tipografía de una conocida marca de sanitarios, un héroe de cómic que trata de escapar del frío de una nevera, personajes televisivos de la infancia, marcas, publicidad y otras sorpresas a descubrir van marcando el camino de la exposición.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

Ouvrez vôtre porte I. Imagen cortesía Joan Verdú.

‘Ouvrez vôtre porte’ continúa con los rasgos que caracterizan otros trabajos de Verdú: juegos simbólicos, alusión irónicas y una estética particular que, en cambio, parece alejarse del pop al que nos había acostumbrado. ‘Abre tus puertas’ son una serie de representaciones entorno al tema de la apertura, del desbloqueo o de un principio. No importan tanto las puertas, desagües, cajones, ventanas o cajas que se abren, sino el hecho de que los dibujos mantienen expectante al observador de la obra, como quién abre un sobre que no espera, con una incertidumbre difícil de controlar. Es por esta inquietud quizá que los dibujos queda encajados en un marco poco corriente: una cabecera que reza ‘Algiexpres’, nombre, calle, población y código postal. Esta especie de intervención rememora tintes surrealistas en su ejecución. ¿Manda un mensaje el artista y para ello hace hincapié en el sentido del envío? No se conforma con el hecho de exponer, maniobra que ya comporta el significado de transmitir, sino que precisamente provoca esa falta de certeza, aunque sea un dibujo y una composición relativamente sencillas.

Más que abrir las puertas en un sentido literal, Joan Verdú parece gritar que abramos el sentido del raciocinio, del sentido común, y que pensemos, reflexionemos sin descanso. Un ejercicio de cuestionamiento continúo que nos da pistas sobre cómo el artista interpreta el concepto de arte.

María Ramis.

Bojan Radojcic y su trilogía del sacrificio

Trilogy About the Boy Who… de Bojan Radojcic
Galería Paz y Comedias
Pl. Colegio del Patriarca, 5. Valencia
Hasta el 24 de junio, 2016

No nos extraña referenciar obras con formato de trilogía en cine o en literatura pero sigue sorprendiendo hacerlo al hablar del lenguaje gráfico-pictórico. Siendo así destaca que la galería Paz y Comedias presente la primera exposición del serbio Bojan Radojcic, aludiendo a dicha configuración. La exposición, que recibe el nombre de ‘Trilogy About The Boy Who…’ , muestra tres piezas de este artista en gran formato que dialogan entre si teniendo como eje centralizador la figura de un niño. Pero es un niño anónimo, al que nunca se le ve el rostro. Esta pista ya nos indica que la muestra deja gran parte de la reflexión al propio espectador, invitándole a completar lo que observa y sobre todo, a reflexionar.

Nacido en Yugoslavia y actualmente residente en Belgrado, en la trayectoria artística de Bojan Radojcic se observa una clara base contextual que remite a la situación histórico-política donde creció. Las continúas anexiones, separatismos y guerras parecen el pan de cada día para los pequeños países del este de Europa, un hecho que, obviamente, no deja indiferente al artista. Pero eso no es todo, sino que llega más allá construyendo una serie de pensamientos que meditan sobre asuntos globales que le preocupan. Es probable que debido a ello el anonimato de los niños transmita precisamente un sentido contradictorio donde la inocencia anónimo de los chicos representados se transfiera en colectividad.

Radojcic construye sus dibujos literalmente, pues a modo de proceso instalativo, dibuja sobre hojas de libro y luego compone grandes murales donde figura y fondo son protagonistas. Utiliza el lápiz carbón para dotar a esas hojas de libro de otro sentido narrativo remarcando aquel por el que fueron creadas; es decir, que existe una secuencia narrativa en el papel por las letras impresas, pero también, por la superposición del grafito. Queda de lado ese sentido primigenio y retorna convertido en objeto encontrado.

The Boy Who Drowned in His Tears. Imagen cortesía de la galería.

The Boy Who Drowned in His Tears. Imagen cortesía de la galería.

En ‘The Boy Who Got Drowned in His Tears (el niño que se ahogó en sus lágrimas)’, el chico se encuentra en una especie ciénaga cuyos pies están hundidos y no se le ve la cara. No sabemos si esas lágrimas son las que han producido la zona pantanosa alrededor o si simplemente se el niño ha elegido llorar ahí por ser un paraje tan desolador. Este dibujo está basado en el relato corto de Mark Ravenhill ‘Fausto ha muerto’, cuya adaptación a la obra de teatro comienza con el sacrificio que un niño hace, fingiendo dormir todas las noches y obligándose a llorar en silencio, para no despertar a su madre.

El segundo niño, ‘The Boy Who Exploded From Happiness (el niño que explotó de felicidad)’ podría rememorar a un suceso trágico, de autoinmolación quizá, pero contrariamente crea una atmósfera casi relajante, imposible tras una trágico suceso, pero irónicamente sosegada. Relata este segundo trabajo de Radojcic la obligación del aislamiento social, para conseguir esa felicidad autosuficiente y sacrificada, de nuevo.

Detalle de The Boy Who Exploded from Happines. Imagen cortesía de la galería.

Detalle de The Boy Who Exploded from Happines. Imagen cortesía de la galería.

Por último, ‘The Boy Who Burned with Desire (el niño que ardió de deseo)’ se centra en el autosacrificio por el hecho de llamar la atención, en una actualidad donde todo se expone con objeto de hacerse escuchar, una conmoción resignada puede ser la mejor manera de lograrlo. Un breve homenaje a aquellos seres que normalmente debido a situaciones injustas, creencias o denuncias, han puesto su vida en peligro, por el bien del conjunto, de la colectividad.

Estas piezas principales están acompañadas de otros dibujos sin título que, a modo de vestigios, parecen advertirnos sobre el futuro de esos niños. Y también sobre un posible pasado. El tiempo se ha detenido y la acción queda inconclusa. Como en el film de Andrei Tarkovsky, curiosamente llamado ‘Sacrifio’, hay un niño no que pronuncia ni una sola palabra en la película, salvo en el final donde dice: “Al principio era el Verbo. ¿Por qué, papá?” se pregunta. Hasta entonces, el niño había permanecido en silencio. Un silencio que Radojcic parece no querer romper y a través del que no podemos dejar de mirar esos niños sin rostro.

Sin título. Imagen cortesía de la galería.

Sin título. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

Trazos de temporalidad

‘Jueves y sábado’, de Joan Sebastián Granells
Galería Rosa Santos
Carrer de la Bosseria, 21 Valencia.
Hasta el 20 de mayo de 2016

Dos días de la semana: jueves y sábado. Dos coartadas que parecen no tener sentido: una versa sobre el ‘Ulises’ de James Joyce y la otra, simplemente, sobre sudokus. A la entrada en la galería Rosa Santos quizá el espectador se sienta algo desconcertado. Dicho desconcierto no supone un handicap pues al pasear por la muestra, por todos esos dibujos hiperrealistas de Joan Sebastián, solo hace falta prestar algo de atención para contrarrestar el efecto de desasosiego.

“He querido representar mi propia aventura de cada sábado”, nos explica el artista. Efectivamente, no hay mejor manera de explicarlo. Una prudente equiparación entre las casi 19 horas que dura en la novela la aventura de sus protagonistas, Leopold Bloom y Stephen Dedalus, y las continúas huellas que se quedan reflejadas en cada periódico semanal que el artista utiliza para dar comienzo al fin de semana. A modo de ritual, al igual  que su propia técnica, la minuciosidad y el detallismo han sido llevados al extremo, lo que nos induce a reflexionar sobre el tiempo: los momentos de pensamiento previo a la obra, la extensa duración de sacar adelante cualquier proyecto, las horas, minutos y segundos que suponen un trabajo de dedicación artística…

En palabras de Nacho París, autor del texto que acompaña la exposición, “El ‘Ulises’ es sin duda tanto en el proceso de creación de la novela, en los avatares de su publicación y sobre todo en su estructura y estilo narrativo (…), un ejemplo singular de subjetivación de la experiencia temporal”. Este efecto es que el Joan Sebastián ha querido trasladar a su cotidaneidad.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

Sudokus. Imagen cortesía de la galería.

A través del uso de la técnica del dibujo, y solo dibujo, Joan Sebastián va situando la mirada del espectador. En las piezas donde aparecen los sudokus, cada elemento de la obra y aún más, la texturización del grafito, ya indican claros indicios del paso del tiempo. Lo mismo ocurre con las representaciones del libro ‘Ulises’ extraído de la biblioteca, las dobleces, rasgaduras y con los casi imperceptibles surcos consecuentes de los usos continuados. Con grises y negros, y las degradaciones consecuentes del roce de la mina sobre el papel, crea representaciones, captaciones realistas de un momento pero de las que no podemos llegar a asegurar que han tenido lugar.

Esa representación del no-suceso, o esa sensación de estar esperando por algo que no llega a ocurrir, es un aspecto continuado en la obra de Joan Sebastián. Ya en ‘Sala de espera’ (2009), exposición también llevada a cabo en la misma galería, donde reflexiona sobre el paso del tiempo o mejor, sobre un espacio temporalidad donde no ocurre nada. Desde luego, esta mezcla imposible que el artista propone en esta ocasión para los muros de la galería Rosa Santos funciona para transportar al observador a una especie de sala del no-tiempo, donde todo se detiene, donde no se puede dejar de admirar la delicadeza de la técnica y donde sobre todo, apetece sacar de la biblioteca el ‘Ulises’ de James Joyce.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

Ulises 1. Imagen cortesía de la galería.

María Ramis

Código de vestimenta: gris grafito de Daniel Tejero

‘Operatorium’ de Daniel Tejero
Galería Punto
Av. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 29 de abril de 2016

En esta nueva exposición de Daniel Tejero para la Galería Punto, continúa con la reflexión alrededor del concepto de placer que ya hemos podido ver en otras muestras como por ejemplo en ‘Conflivium Benidormense’, donde el artista tomaba como referencia un lugar real: la parte baja del paseo de poniente de Benidorm, y convertía los detalles a través de su detallado grafito en breves instantes, cuanto menos, placenteros de observar.

En esta ocasión, la muestra ha perdido parte de esa limpieza pulcra aunque mantiene la estética reconocible de Daniel Tejero, cuyos grafitos, aunque protagonistas de la muestra, están acompañados de otras piezas escultóricas. En un primer momento, un gran banco de trabajo inunda todo el espacio, lo que obliga al espectador prudente a acercarse a las obras. Además del gran banco, otros elementos como los caballetes o las pinzas de dibujo sobre las láminas, nos hacen trasladarnos a una especie de fragmento de taller de artista. Como si de un fetiche mismo se tratara, Daniel Tejero juega con la curiosidad que produce adentrarse en el taller, en la primera sala, y presenta el objeto y su historia pasada al mismo tiempo.

En la segunda parte, parece que el color destaca sobre el resto, lo que podría significar que el instante está ocurriendo en ese preciso momento. Para entenderlo mejor, en palabras de Eduardo García Nieto, “al llegar allí todo había tenido lugar y, aún así, no había comenzado. Como un investigador debemos iniciar la búsqueda, analizar los restos y comenzar a construir el relato. Atrevidos, con el coraje de los que inventan su propio lenguaje, sentimos la curiosidad y abrimos nuestra boca para saciar nuestro deseo de conocimiento. ¿Qué puede haber ocurrido en el taller del artista? ¿Por qué se nos ofrece sólido a nuestra mirada, cosificado como un mineral?”

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

En estos casi 20 años de trayectoria profesional, la obra de Daniel Tejero, como la de todo artista investigador, ha ido progresando hacia una mejor comprensión del concepto a desarrollar. Probablemente el ser director del grupo de investigación Figuras del Exceso y Políticas del Cuerpo o más conocido como Grupo FIDEX de la Universidad Miguel Hernández, donde también ejerce de profesor y doctor, le ha llevado a evolucionar desde la preocupación por el cuerpo y las inscripciones sexo, género y sexualidad, a la celebración del deseo y de los placeres.

Es interesante cómo se han unido en este grupo de investigación varios artistas que comparten planteamientos similares y cuyos objetivos pretenden analizar, desde diferentes perspectivas artísticas, los niveles vinculantes tanto dentro del trinomio sexo-género-sexualidad como los mecanismos externos que lo interrelacionan con la sociedad, identidad, teoría, política e incluso con las nuevas tecnologías creativas. Su última muestra pudo verse en el Centre de Cultura Contemporània de València bajo el título ‘Pornosigilo. Grimorio Sexual’.

Para terminar, curiosa es la invitación a la inauguración donde desde el blanco (pulcro de nuevo), surge una fusta grisácea y un breve código “dress code: black”. Una primera pista que lleva al espectador hacia un recorrido donde tendrá que explorar el lenguaje de los deseos, el suyo propio y el presentado por Daniel Tejero.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

María Ramis

Lápiz, Papel o Tijera en Plastic Murs

Lápiz, Papel o Tijera
Plastic Murs
C / Denia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 29 de enero, a las 20.00h
Hasta el 4 de marzo de 2016

La exposición de dibujos  Lápiz, Papel o Tijera reúne en el espacio Plastic Murs de la calle Denia en Valencia una selección de obras de 30 artistas, tanto nacionales como internacionales.

Las obras facturadas únicamente en grafito sobre papel, entendiendo el dibujo no como parte preparatoria de un fin sino como un medio con entidad propia, ligero y versátil, que permite unas formas de expresividad y matices tan amplios como tonos de gris sobre papel.

Participan en la exposición los artistas Adonna Khare, Alessia Iannetti, Amandine Urruty, Ana Juan, Chamo San, Crajes, Craww, Dan May, Dulk, Enric Sant, Gabi de la Merced, Ivana Flores, Linnea Strid, Mab Graves, Nicofey, Nicomi Nix Turner, Manu Iranzo, Mohamed Lghacham, Oliver Flores, Paolo Pedroni, Rubenimichi, Sara Sanz, Seven Moods, Sicioldr, Simona Candini, Twee Muizen, Vanessa Foley, Vero Navarro, Victor Castillo y Volkano.

Una de las obras de la exposición 'Lápiz, Papel o Tijera'. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de la exposición ‘Lápiz, Papel o Tijera’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de la exposición 'Lápiz, Papel o Tijera'. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de la exposición ‘Lápiz, Papel o Tijera’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de la exposición 'Lápiz, Papel o Tijera'. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Obra de la exposición ‘Lápiz, Papel o Tijera’. Imagen cortesía de Plastic Murs.

Carlos Mondriá, la realidad de la fábula

Carlos Mondriá. “Aesopi phrygis fabulae
El Caballero de la Blanca Luna, Hotel del Carmen
Blanquerías, 10. Valencia
Hasta el 28 de febrero

Los dibujos sobre las fábulas de Esopo, recreadas por Carlos Mondriá (Alzira-Valencia, 1984), son más reales que la existencia del propio Esopo: es el veredicto de las miradas críticas.

Vista parcial de la exposición de Carlos Mondriá. Imagen cortesía Hotel del Carmen

Vista parcial de la exposición de Carlos Mondriá. Imagen cortesía Hotel del Carmen

En ocasiones, el veredicto se pronuncia sin juicio previo si el pecado está probado. Es el caso de un desatino de la exposición comisariada por Javier Portús y presentada en El Museo del Prado bajo el título Fábulas de Velázquez, (24 de noviembre de 2007 a 24 de febrero de 2008, sala 62B, La filosofía y la historia) en la que algo ajeno a la obra pictórica pasaba inadvertido. En la ficha técnica correspondiente al retrato de Esopo figuraba el dato: Esopo, escritor.

No hay constancia de que alguien considerase el error, que por otro lado, no pasaba de un detalle que podría considerarse anecdótico en aquella exposición del Museo del Prado, y máxime al pie de una pieza tan fascinante como el retrato de Esopo de Velázquez, pero lo cierto es que Esopo nunca dejó testimonio escrito de sus fábulas (así lo describe Bergua, Juan B. en Fábulas Completas -Madrid, Ediciones Ibéricas). De hecho, ni siquiera hay referencias biográficas concluyentes sobre su verdadera existencia.

Los indicios nos señalan que, de existir, es muy probable que naciera en Frigia (Esopo es un río frigio) entre los años 612-527 a.C. Fedro así lo considera en sus Fábulas esópicas, pero no tenemos pruebas palpables. Hay más contradicciones sobre su existencia que de su aspecto físico, pues, de existir -era espantosamente feo y deforme-, el citado retrato también da muestra de ello. Del personaje real o del mito, todo indica que fue esclavo y supo hacerse liberar por el último de sus dueños, el filósofo Xanthos, quien quedó prendado de los infinitos recursos de su oratoria.

Siempre hablando según la leyenda, Esopo recorrió casi todo Egipto, Babilonia y una gran parte de Oriente con Xanthos, y como hombre libre fue admirado por su talento para componer fábulas y apólogos hasta el punto que su capacidad llegó a oídos de Creso, rey de Lidia, quien le dio la oportunidad de trabajar para él en algunas misiones diplomáticas. Uno de estos compromisos, consistía en ir a Delfos a consultar el oráculo haciendo unas ofrendas al dios Apolo en su nombre, para después repartir oro entre los sacerdotes locales. Esopo hizo las ofrendas al dios Apolo como le había encomendado Creso, pero no hizo el reparto de oro a los sacerdotes al comprobar la hipocresía, falsedad y codicia de éstos, de manera que el oro que debía repartir entre ellos lo devolvió a Creso intacto.

Detalle de "El caballo y el soldado",  de Carlos Mondriá. 30x40 cm. grafíto sobre papel. Imágen cortesía del autor.

Detalle de “El caballo y el soldado”, de Carlos Mondriá. Grafito sobre papel. 30 x 40 cm. Imagen cortesía del autor.

Los sacerdotes, en venganza, le tendieron una trampa ocultando una copa de oro consagrada y destinada a Apolo entre su equipaje, y seguidamente, le acusaron de sacrilegio para que los jueces de Delfos le condenaran.

Considerada por los griegos como el punto central de la tierra, la ciudad de Delfos acumulaba demasiado poder en sus jueces y sacerdotes, y Esopo fue condenado a ser arrojado desde lo más alto del Hyampeo.

Esopo -antes de morir-  les anunció que su muerte tendría la respuesta en Cronos, el verdadero juez de los tiempos, quien haría desaparecer Delfos debido al acto de crueldad e injusticia que cometían con él. Y así sucedió, un tiempo más tarde, la ciudad consagrada a Apolo fue destruida y saqueada. Lo cual hizo crecer con fuerza el mito de Esopo.

Detalle de "El caballo y el soldado",  de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafíto sobre papel. Imágen cortesía del autor.

Detalle de “El caballo y el soldado”, de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafito sobre papel. Imagen cortesía del autor.

En cualquier caso, está considerado como el primer fabulista de la tradición  literaria europea, y su propia existencia es como el apólogo que precede a la moraleja de su fábula “La mula”.

“Enseña esta fábula que incluso cuando las circunstancias destacan a un hombre, no debe olvidar su origen, pues nuestra existencia es sólo incertidumbre.”

Las fábulas a él atribuidas fueron reunidas por Demetrio de Falero muchos años después, (h. el año 300 d. C.)  y el gran Fedro le da vida en dos de sus fábulas: “Esopo jugando a las nueces con los niños en Atenas” y “Esopo aconsejando paciencia a los atenienses cansados del tirano Pisístrato”. Pero también, Herodoto, Heraclio de Ponto, Aristófanes, Plutarco y una larga lista de nombres se refieren a Esopo reforzando el mito.

Parece que el escultor Lisippo (Sición, Peloponeso h. 370 a.C. – h. 318  a.C.)  realizó una estatua elevada en su honor que se ubicó en Atenas, pero tampoco ha llegado hasta nuestros días para poder verificar su existencia.

Detalle de "El caballo y el soldado" de Carlos Mondriá.

Detalle de “El caballo y el soldado” de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafito sobre papel. Imagen cortesía del autor.

Ya entrado el s. XIV, en la “Vida de Esopo” atribuida al monje benedictino Planudes Maximuses se describe lo poco agraciado que fue, citando textualmente:”Era el más disforme de sus contemporáneos…”, y precisamente sobre éstas referencias se centra el mencionado retrato realizado por Velázquez (y también el de Goya).

Detalle de "El gallo, el perro y el zorro". de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafíto sobre papel. Imagen cortesía del autor.

Detalle de “El gallo, el perro y el zorro”, de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafito sobre papel. Imagen cortesía del autor.

Si el mito de Esopo ha inspirado a los citados Goya y Velázquez, las fábulas a él atribuidas con sus animales y personajes astutos, pacientes, generosos o inteligentes renacen una vez más para recuperar protagonismo. La mano virtuosa de Mondriá hace que recobren la vida a través del preciosismo de sus grafitos.

“En 2012 me quedé sin trabajo, y por supuesto, no había coleccionistas que compraran mis cuadros”  –confiesa Mondriá- que pudo mantenerse unos meses con los ahorros. “Hasta que los fundí”. –añade-.

Al no poder hacerse cargo de los respectivos alquileres de estudio y vivienda, no le quedó otra alternativa que vaciar y marcharse, -es de los decentes que no dejan colgados a los acreedores-.

Detalle de "El gallo, el perro y el zorro", de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafito sobre papel. Imagen cortesía del autor.

Detalle de “El gallo, el perro y el zorro”, de Carlos Mondriá. 30 x 40 cm. grafito sobre papel. Imagen cortesía del autor.

“Abandoné la mayoría de mis cuadros por no tener donde guardarlos ni recursos para transportarlos” –confiesa-. “Volví a la casa de mis padres después de más de 10 años de vida independiente”.

La limitación del espacio familiar le permitía pocas alegrías, y tuvo que mantener los enseres personales apilados en cajas, y esta misma limitación de espacio hizo que centrara su trabajo en pequeños formatos y principalmente en dibujos sobre papel. Tiempo después, por azar, parte de aquella obra pictórica un día abandonada, fue descubierta en un rastrillo por unos coleccionistas, que ante la calidad de lo que veían, investigaron la procedencia de su firma, lo buscaron en la red y le localizaron para hacerle encargos.

Cartel de la exposición de Carlos Mondriá.

Cartel de la exposición de Carlos Mondriá.

Ahora, el hotel del Carmen muestra el preciosismo salido de su templado pulso, y sugiere visitar la muestra durante el día con luz natural, puesto que la iluminación de sus paredes no responde a la de una sala de exposiciones institucional. El espacio, en cambio, es muy respetuoso con el Centro Histórico y concede un valor añadido a visitantes y huéspedes. Entre las piezas expuestas, dos obras de pintura de medio formato (óleo sobre lienzo y tabla), trece excelentes dibujos de pequeño formato (grafito sobre papel), interpretan varias de las citadas fábulas, como lo son: El caballo y el soldado; El cuervo y Hermes; El cabrero y las cabras montesas; El perro, el zorro y el gallo; El cuervo enfermo; o El León y el Toro. En ocasiones, los dibujos se centran en pequeños detalles, partes del cuerpo u objetos que protagonizan cada historia, como el casco del soldado, la punta de su lanza, la mirada del caballo, el olfato del zorro, o el gesto del perro. En resumen, y casi a modo de moraleja, Mondriá rescata la leyenda de Esopo exhibiendo virtud y meticulosidad.

Detalle de la exposición de Carlos Mondriá.

Detalle de la exposición de Carlos Mondriá. Imagen cortesía del Hotel del Carmen.

La muestra, concluye con una instalación inspirada en el espíritu crítico y de autoexigencia del artista, en ella, una papelera suspendida en el aire contiene restos de varios de los bocetos descartados por el autor, y forma parte del proyecto Fabularte, primer acto conmemorativo del X aniversario de El Caballero de la Blanca Luna en el centro histórico de Valencia.

Vicente Chambó

Walden Contemporary, una galería sobre papel

Walden Contemporary
Juan Cuéllar
C / Denia, 74. Valencia
Inauguración: viernes 9 de mayo, a las 20.00h
Hasta el 7 de junio

Walden Contemporary es un nuevo espacio ubicado en el barrio de Ruzafa que abre por primera vez sus puertas este viernes 9 de mayo, para dedicar su actividad a la exposición de obras de arte sobre papel y a la edición de obra gráfica. Dedicado a la difusión, exposición y edición de obras de arte sobre papel, Walden es una nueva propuesta que presenta la evolución de un material para realizar exposiciones de collages, esculturas, instalaciones, ilustraciones, libros, ambientaciones, e incluso híbridos entre nuevas tecnologías y otras manifestaciones artísticas.

'Father' de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary.

‘Father’ de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary.

Walden inaugura con una amplia muestra de dibujos del artista Juan Cuéllar (Valencia, 1967) que podrá contemplarse hasta el 7 de junio. Cuéllar es uno de los artistas valencianos con mayor proyección desde la década de los 90. Su obra ha girado siempre en torno a la imaginería popular, utilizando el mass media y el cine a través de la figuración, mostrando un especial interés en la década de los cincuenta, fecha que toma como principio y fin de la modernidad. Heredero de la estética pop valenciana, a lo largo de toda su trayectoria encontramos una depurada y minuciosa técnica, en donde tanto a través del trazo en el dibujo como en las tintas planas de la pintura ha evolucionado hacia una riqueza tonal muy sutil.

'To Walden' de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

‘To Walden’ de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

La muestra presenta principalmente la serie de dibujos titulada 1959 que realizó para la publicación homónima de la editorial Krausse. Bajo la esencia del grafito, Cuéllar nos transporta no sólo a una América que se despide de la década de los 50, sino también a un mundo repleto de símbolos que perfectamente podrían contextualizarse en nuestra época.

La narración entrelaza escenas de la vida cotidiana, el American way of life y unas historias que a través de un ritmo cinematográfico lento, propio del cine de mediados del siglo XX, describe el mundo de la mafia. Entre las obras expuestas podemos encontrar una serie de trabajos sobre el icono popular de Mickey Mouse; una suerte de personaje democrático que transita a lo largo de toda su producción. De igual modo, arquitecturas e interiores familiares americanos, así como el ahora abandonado Ariston Hotel diseñado en el año 1948 por el arquitecto húngaro Marcel Breuer, representante del Movimiento Moderno.

'Fredo and me' de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

‘Fredo and me’ de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

La obra de Juan Cuéllar se encuentra presente en numerosas colecciones y museos como el ARTIUM, IVAM, Academia de España en Roma, Fundación Coca Cola o el Museo Municipal de Madrid. Además ha participado en ferias nacionales e internacionales como ARCO, Scope Basilea y NY, Art Chicago y ArteLisboa, entre otras.

La propuesta expositiva se complementará con la edición de una obra en serigrafía extraída de la serie de dibujos que el artista llevó a cabo en un proyecto colectivo junto a otros colegas como Joel Mestre, Teresa Tomás o Roberto Mollá, inspirados precisamente en Walden, la obra de Henry David Thoreau. La edición de obra gráfica a precios asequibles es uno de los pilares fundamentales de este nuevo proyecto que hace del papel, de la obra de arte sobre papel, su razón de ser. Una apuesta clara y contundente por el soporte que distinguió a las vanguardias históricas del siglo XX.

'American woman' de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

‘American woman’ de Juan Cuéllar. Imagen cortesía de Walden Contemporary

“El artista debe trabajar en estado febril”

Grafitos, de Joan Cardells
Galería Punto
Avenida Barón de Cárcer, 37. Valencia
Hasta el 18 de marzo

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres