Muere Joan Cardells, el artista «febril”

Joan Cardells, fundador junto a Jorge Ballester de Equipo Realidad, falleció el pasado sábado 6 de julio (2019) de forma «inesperada», según informaron fuentes cercanas a la familia. Con él se va un artista que, como recordó en la entrevista realizada con motivo de su exposición ‘Grafitos’, en la Galería Punto hace cinco años, trabajaba con enorme pasión. No sabía de las medias tintas, sino de volcarse por completo en una obra que ahora deja por razones ajenas a su voluntad. Una voluntad de hierro que su muerte funde, dejando un gran vacío en el mundo del arte. A continuación reproducimos tal cual, el artículo publicado en Makma con motivo de aquella muestra.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de la Galería Punto.

A Joan Cardells le obsesiona el dibujo. Y se nota. La serie de grafitos que expone en la galería Punto de Valencia refleja esa elocuencia de lo que inspira pasión. Tanta, que desborda su obra, lo cual se hace patente cuando el propio artista se arroja a la tentativa de explicar su trabajo. Entonces, al igual que le sucede con sus dibujos, Cardells va tirando del hilo de la memoria para tejer un discurso que no tiene desperdicio. “No se puede trabajar con 36,5, sino en estado febril”. Ese “relámpago en la frente” que le hace seguir el rastro de su obsesión, ese “estado furioso” que reclama como necesario para la creatividad, “aunque no se refleje luego en la obra”, es el que hace de Joan Cardells un artista en estado puro.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto

Todo aquello que venga a distraer el objeto de su pasión, queda en un segundo plano. No es que la bajada del IVA no le importe: “Me parece secundario, frente a lo principal que es la emoción, que algo por encima de todo te motive”. O que el IVAM le resbale: “La diferencia entre el IVAM actual y el anterior no la he estudiado, pero en todo caso es importante que el IVAM siga existiendo”. O que las promesas políticas le traigan sin cuidado: “Hubo mucho progre deseoso de atender a la cultura, que luego ha demostrado ser fingimiento”. Pero todo eso resulta secundario, cuando aparece la fiebre motivada por el dibujo. “Lo que va a pasar 10 centímetros después del lápiz, es lo que estimula”.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Si hay algo que a Joan Cardells le enerva sobremanera es, precisamente, la incapacidad para salir de los compartimentos estancos a los que nos conduce la ideología. “Yo lo que pido es que se sea menos gregario”. Y apela a la soberanía, pero una soberanía “individual, que es la más costosa”. Soberanía que, en su caso, ha ido alcanzando por la vía del lento aprendizaje. Ninguna prisa de por medio. ¿Para qué correr cuando el lápiz te abre a cada paso las sendas del estímulo por las que Cardells transita? “Uno siempre busca el placer de pintar”. Eso y la revancha de la que habla, refiriéndose a los 14 grafitos y tres esculturas expuestos en la galería Punto, a modo de ajuste de cuentas con esa primera etapa de aprendizaje cuya impresión es de fracaso.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Me gusta fabricar imágenes con el menor instrumental posible”. Y, a la manera zen, Joan Cardells va construyendo una obra minimalista que se eleva y eleva de forma tan imperceptible como prodigiosa. “Con lápiz y papel puedes hacer todas las cosas del mundo”. Y en su mundo hay “querencia por el bodegón” y por la “evocación de los olores de los mercados, de las tiendas”. En el fondo, Cardells recuerda que la materia prima con la que trabaja es “la memoria”. Y su memoria le lleva a todos esos lugares que, como una simple ferretería, encandilaba sus jóvenes sentidos al contemplar ollas, pucheros y los más variados recipientes, que luego han ido formando parte indisoluble de su trabajo.

“Combino lo orgánico con lo industrial”. Olivas, odres, gallos, patos, es decir, “el clásico bodegón español”, que le ha servido como “reto de aprendizaje”. También hay algo en sus grafitos de “coreográfico”, por aquella “tendencia a bailar” que Cardells observa en los objetos de su pintura. “Y el gusto por el gris”, subraya. Esa “reducción al blanco y negro” tiene mucho que ver de nuevo con esa “vuelta al mundo del aprendizaje”. No es que haya renunciado al color, pero aquel color del Equipo Realidad, que formó con el recientemente fallecido Jorge Ballester, pertenece a una “época interesante”, que Cardells recuerda sin nostalgia, porque “la de ahora es apasionante”. Una pasión que guía su obra y las palabras que, a modo de revancha, dan cuenta de su largo y fructífero aprendizaje. La fiebre de venganza está, en el caso de Joan Cardells, plenamente justificada.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Joan Cardells. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

«La forma es un medio para expresar lo que pinto»

Moving Target, de Oliver Johnson
Galería Punto
C / Burriana, 37. Valencia
Hasta el 14 de julio de 2019

Decía el sociólogo Jesús Ibáñez, hablando de las paradojas de la investigación, que no se puede determinar, a la vez, la posición y el estado de movimiento de una partícula. Si se determina la posición, indeterminamos el estado de movimiento, y si determinamos el estado de movimiento, indeterminamos la posición. Oliver Johnson, que hasta el 14 de julio exhibe su Moving Target en Galería Punto, lo explica así con respecto a su obra artística: “La doble rendija [experimento de Thomas Young realizado en 1801] era un experimento para explorar la dualidad de la luz [para discernir su naturaleza corpuscular u ondulatoria]. Una onda no tiene cuerpo, pero una partícula sí. Todo es luz rebotando y nuestro cerebro es el que da sentido a lo que nos rodea”.

Esa luz que no para de rebotar hasta que el espectador la captura y, movido por su curiosidad, se desplaza de un punto a otro sin poder apresarla del todo, es lo que Johnson muestra a través de una serie de piezas escultóricas tan imponentes como esquivas. “En ciencia, el acto de observar el experimento cambia el resultado. De la misma manera, en el arte se dice que el espectador termina la obra en su cerebro. El color cambia dependiendo de dónde te coloques. De ahí lo de Moving Target, porque el espectador es la diana. Tu realidad va cambiando según cómo percibas la obra”, explica el artista londinense afincado desde hace años en Valencia.

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

“El tres se repite, no sé exactamente por qué. Tres piezas grandes, tres más pequeñas, tres hélices. El color también es fundamental. De hecho, la forma es un medio para expresar lo que pinto. Creo un objeto que no es siempre plano, porque es una escultura que invade el espacio. Tiene un carácter tridimensional”, señala quien entiende el color como “un medio de comunicación”, por cuanto “recoge todo el espectro de la luz, que queda atrapada o reflejada ahí”. Así, podemos ver ondas de la gama del amarillo, mientras todo lo demás queda absorbido por la superficie. 

Oliver Johnson es inglés, pero llevo 25 años aquí. “Cuando pintaba en Londres, lo hacía en blanco y negro, porque era un color que acompañaba al sitio, y al llegar aquí me encontré con la tierra de Sorolla y la luz de Valencia. Lo que tiene Londres es una gama de grises impresionante, pero aquí es todo diferente”. En Moving Target muestra una selección de las últimas obras realizadas, jugando con la armonía y la disonancia. “En este caso, quería tener las piezas grandes al principio, que te atrapen nada más entrar, y luego las demás, porque todas tienen que convivir”. 

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

Trabaja primero la forma, porque la estructura dice que es algo “complicadísimo”. Y una vez que tiene la forma, cuya raíz ubica en las composiciones sagradas que utilizan en las iglesias y en las mezquitas, pasa al color, que guarda también unas proporciones, “para que produzca esa vibración”. “Juegas con la composición del color y las formas de las piezas”, añade. ¿Formas sagradas, religiosas? “Bueno, a ver, esas reglas sagradas son sacadas de la naturaleza. Encontramos belleza en las personas porque sus facciones caen dentro de las mismas reglas de proporción. Eran piezas sagradas porque tenían esa función, estaban prohibidas a las masas”.

Moving Target es una exposición compuesta por diez piezas, entre ellas una de cristal adobado con el color construido desde atrás y que, depende cómo la mires, tiene un color u otro. “Todo lo que viene a partir de ahí es sobre una base inestable. Volvemos otra vez a lo mismo: el modo en que tú interactúas con la pieza es la manera en que la ves. La pieza casi está viva. Cualquier movimiento interrumpe o destruye la percepción. Yo siento que la pieza está acabada cuando se detiene para mí y adquiere independencia propia”.

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

A Johnson le sucede también que pintando encima de una obra encuentra otra pieza, de ahí que diga que el proceso de crear le resulta “angustioso, incluso violento”. “Parece sencillo llegar a esto, pero es tremendamente difícil y cuando lo logras, lo digo en confianza, es casi orgásmico. Hay cuadros que los peleas y no quieren ser lo que tú proyectas, ofrecen mucha resistencia. Entonces los dejas ahí y vas viendo cómo avanza la relación. Parece una locura, pero es así. Mark Rothko decía que lanzar una obra al público era un acto muy sensible”.

Para Oliver Johnson, cada obra vive o muere en el ojo del espectador que tiene simpatía. “Volvemos al título de la exposición: el objetivo es llegar a tener esa conexión. No es necesariamente el comprador. Esto es también comunicación, es lenguaje visual, no es verbal ni escrito. Los cuadros hay que mirarlos como se escucha la música, sentirlos. Yo puedo acercarme a un piano y tocar las teclas, pero es el feeling que tiene un pianista, a través de los vacíos de las notas, quien comunica esa emoción”. 

Moving Target, puestos a traducirlo de forma literal, sería diana en movimiento. “La ciencia va buscando ese moving target porque, cuando descubrimos algo, no se soluciona nada, simplemente complica más las cosas, el abanico se abre más, porque si resuelvo todas mis inquietudes en una pieza eso es muy peligroso. La pieza la termino, eso sí, pero la conversación continúa con la siguiente”. Una especie de bucle, tan angustioso como orgásmico, en el que se debate la obra de este londinense que dejó el blanco y negro, para sumergirse en este color vibrante y esquivo que ahora le caracteriza.

Oliver Johnson, junto a una de sus piezas. Foto: Makma.

Salva Torres

Guillermo Ros o el colapso del artista

Troquei Whey Por Um gol Quadrado, de Guillermo Ros
Galería Punto
C / Burriana, 37. Valencia
Hasta el 15 de mayo de 2019

El ensayista surcoreano Byung-Chul Han, citado en el proyecto expositivo de Guillermo Ros que comisarían Carles Àngel Saurí y Andreu Porcar, habla de la “sociedad del cansancio” contemporánea debido al “sujeto del rendimiento que se violenta a sí mismo” hasta llegar a la “auto explotación”. Ese espíritu de combustión interna, que provoca el colapso físico y mental, atraviesa la muestra Troquei Whey Por Um gol Quadrado que la Galería Punto acoge hasta el 15 de mayo. “La exposición es una crítica a esa auto explotación”, subraya Ros, creador y víctima de su propia creación.

“Estuve a punto de no hacerla”, reconoce, tras relatar los diferentes obstáculos que tuvo que ir superando para consumarla. De manera que la temática del colapso, establecida como origen del proyecto, se convirtió en algo consustancial al devenir mismo del hercúleo trabajo desarrollado. “Un viaje a Portugal. Una odisea. Obstáculos, estafas y precariedad. Fragilidad económica y emocional. Frustración y, finalmente, la rabia materializada”, señalan los comisarios. “He perdido salud y tiempo. La obra ha sido lograr traerla aquí”, puntualiza el artista, todavía con secuelas físicas derivadas de su trabajo con tonelada y media de mármol que produjo en Portugal.

Guillermo Ros junta a una de sus obras en la Galería Punto.

Guillermo Ros junta a una de sus obras en la Galería Punto.

El título de la exposición remite a un personaje anónimo de YouTube que se somete “al máximo para ser esculpido por los procesos de diseño del cuerpo contemporáneo”, precisan los comisarios. Personaje que utiliza un “lenguaje barriobajero, una jerga callejera, a modo de guiño y broma” de lo que se recoge en la muestra, apunta Jorge López, responsable de programación de la Galería Punto. De nuevo el sujeto del rendimiento como llave de contacto del proyecto expositivo, cuyo motor colapsa a medida que avanza. “Tal cansancio no resulta de un rearme desenfrenado, sino de un amable desarme del yo”, sentencia Han en su libro precisamente titulado La sociedad del cansancio.

“Somos esclavos, fuego y gasolina del capitalismo hiperproductor”, destaca Ros, para incidir en la idea de que “el mismo colapso ha ido marcando la exposición”. A los problemas derivados del mármol con el que trabajó en condiciones precarias en Portugal, se le sumaron después diversas enfermedades consecuencia de la frenética labor y el fallecimiento de su abuela. Y así, a contracorriente, es como Guillermo Ros plantea desde un principio su exposición, cuya hoja de sala el visitante tiene que arrancar al estar fijada a la pared con tornillos.

Vista de la exposición de Guillermo Ros. Imagen cortesía de Galería Punto.

Vista de la exposición de Guillermo Ros. Imagen cortesía de Galería Punto.

Ese desgarro inicial deja paso a los ocho bloques de mármol extraídos de la cantera portuguesa, a modo de “fragmentos testimoniales de un desgaste”, señalan los comisarios. Desgaste inscrito en la superficie de un mármol, que asemeja a los capós de un coche sometidos “a las entradas de aire de los vehículos de alto rendimiento”, explica López. Una serie de números, que van del cero al 5.000, revela los tipos de lija utilizados para la erosión de la piedra: “Lo signo es hacer mención a la capacidad de aguante in crescendo”, afirman Saurí y Porcar. Aguante del material y del propio artista.

“El sujeto de rendimiento es más rápido y más productivo que el de obediencia”, sostiene Han de una sociedad que se caracteriza “por el verbo modal positivo ‘poder’ sin límites”, al que alude el famoso Yes, we can. Rearme del yo mediante su progresivo cansancio autodestructivo. Una peana blanca “tratada con fibra de vidrio”, subraya Ros, contiene dos tubos de escape como metáfora del “motor siempre rindiendo”, añade el artista, para dejar paso a la espectacular figura de Toguro, antihéroe del manga japonés realizado con gran esmero y, de nuevo, obsesiva pulcritud. “Toguro es un personaje que colapsa por exceso de rendimiento”, explica el autor de una pieza que se erige en protagonista del espacio escénico.

Obra de Guilermo Ros. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Guilermo Ros. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Toguro es la hipérbole de un proceso de metabolismo acelerado donde se acaba desdibujando a él mismo”, pero también “el artista que se autoexplota”, para remachar los comisarios: “La obra de arte ya no solo quiere ser objeto-estético, sino el documento de la tortura de la generación del mismo”. De esta forma, la autodestrucción comparece como la forma última y más primaria de afirmación del sujeto en un universo que le borra, tras convertirlo en un objeto más del circuito de producción incesante.

Guillermo Ros se ha dejado la piel en un proyecto expositivo que le ha costado un sobreesfuerzo: “Tenía que ser 100% honesto”, dice. La “visceralidad” con la que lo ha acometido se sustenta en “una necesidad, te enganchas y ya no puedes salir”. De manera que, al igual que Toguro, el artista “llega a los límites de su propia fuerza”. Troquei Whey Por Um Gol Quadrado ha pasado a ser “una historia real del colapso vivido”. “Me he dejado pasta y salud en una exposición que no es comercial”, reconoce Ros antes de concluir así: “Cada vez entendemos menos el acto inútil».

Guillermo Ros junto a una de sus obras en Galería Punto.

Guillermo Ros junto a una de sus obras en Galería Punto.

Salva Torres

“Huyo de la grandilocuencia”

Sumergidos, de Luis Moscardó
Galería Punto
C / Burriana, 37. Valencia
Hasta el 28 de febrero de 2019

“La fragilidad está presente en toda la exposición”. Fragilidad que Luis Moscardó revela después de haberse sumergido, junto a sus propias telas, en un acto creativo de introspección autobiográfica. Hay cartas, libros, objetos y diversos materiales, como dos linos del siglo XIX y alambres encontrados en plena naturaleza, que remiten a cierta memoria sobre la que igualmente pivota la muestra que la Galería Punto acoge en cinco actos hasta el 28 de febrero.

Obra de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto.

Obra de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto.

Primer acto: la inauguración del pasado jueves. Segundo acto: un día después, con la incorporación de una pieza que no estaba en la exposición el día inaugural. Los actos tres, cuatro y cinco tienen que ver con la serie de charlas complementarias en torno a la obra de Moscardó, que dialogará primero con un escritor, con otro artista y consigo mismo, en una especie de bucle creativo. “Los artistas nos repetimos más que la longaniza”, apunta irónico quien busca en la repetición el instante que, de pronto, parece alumbrarlo todo.

“Es retomar e investigar, cambiar el registro”. Ese proceso de búsqueda continua le remite a esa “querencia mía hacia lo oriental”, que pudiera sintetizarse en la cita del poeta místico Farid Ud Din Attar que el artista incluye en la exposición: “Abrevio el relato en este punto: el final de la historia era llegada y se disponían a emprender el camino”. Se repite el bucle, la terminación de la obra como nuevo punto de partida, quizás con el anhelo de hallar, en medio de tanta hojarasca y tanto ruido, lo sublime que conecta al artista, y al espectador que se esfuerza en seguirle, con la vida en su singularidad extrema.

Vista de la exposición 'Sumergidos', de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto.

Vista de la exposición ‘Sumergidos’, de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto.

“Luis Moscardó en sus nuevos trabajos busca sugerir mediante el silencio más que declarar a voces”, explica Jorge López, director artístico de Punto. “Huyo de la grandilocuencia”, dice el propio artista, “y del impacto que aquí no hay”. Sumergidos, tal es el título de la exposición, evoca al acto mismo de “estar inmerso en algo”. Apelando a su definición, Moscardó habla de ese “estado en el que uno se inhibe del exterior y se concentra en lo que hace”. Concentración máxima en los materiales que trabaja como si fueran personajes.

Obra de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto

Obra de Luis Moscardó. Imagen cortesía de Galería Punto

La pieza titulada Lo que dijo uno lo oyó el otro, a modo de dos telas colgadas una junta a la otra, o Pulso, son dos ejemplos de ese diálogo entre obras que proyectan incluso sombras, en una galería pensada lumínicamente para que tal cosa no suceda. Las cartas “nunca enviadas y solidificadas”, que dan lugar a una “especie de libro petrificado”, subraya López, y los barnices empleados “para que el material no tenga problemas con la luz”, dan como resultado un conjunto de piezas donde la grieta, la huella, la cicatriz y las costuras remiten a lo real de la experiencia humana, volcada inexorablemente hacia la muerte.

“He tratado de optimizar y ser más positivo mediante los diferentes niveles de color, azules y rojos que remiten al placer y el relax”, señala Moscardó, quien alude igualmente al verde, “el único que hay”, dialogando con el rojo, “que parece un sudario”. También está la cosa cárnica de las telas (“me emociona Bacon”) simulando la piel ajada, quemada por el sol. Todo expuesto con sumo cuidado: “Es una exposición muy liviana” y montada con la idea de “que fuera todo bastante ascético”. Luis Moscardó, que reconoce ser “un animal cinematográfico”, emerge en Galería Punto purificado tras haberse sumergido durante meses en su creación mística.

Luis Moscardó junto a su obra. Imagen cortesía de Galería Punto.

Luis Moscardó junto a su obra ‘Lo que dijo uno lo oyó el otro’. Imagen cortesía de Galería Punto.

Salva Torres

El V Premio Cañada Blanch recae en José Antonio Orts

‘Panoràmica. Premio de Adquisición 2018. Colección Cañada Blanch’
V Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch
Centre Cultural La Nau
Sala Estudi General
Universitat 2, València
Hasta el 9 de septiembre de 2018

El artista José Antonio Orts, con la obra titulada ‘Trío de gotas de luz’, de Galería Punto, se ha alzado con el V Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch. El Centre Cultural La Nau, de la Universitat de València , ha inaugurado anoche la exposición ‘Panoràmica. Premio de Adquisición 2018. Colección Cañada Blanch’, donde el presidente de la entidad, Juan Viña, ha dado a conocer y entregado el galardón, dotado con 7.000 euros, a la obra seleccionada en esta edición.

Hasta el 9 de septiembre podrá visitarse en la Sala Estudi General de La Nau esta exposición que recoge las obras de las galerías de arte que componen la Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana (LaVAC), propuestas por el comisario de la exposición Ricardo Forriols, director del área de actividades culturales de la Universitat Politècnica de València. La exposición está organizada por la Universitat de València, Fundación Cañada Blanch y LaVAC, con la colaboración de la Universitat Politècnica de València.

V Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch. MAKMA

El jurado de esta edición ha estado integrado por Elena Vozmediano (crítica de arte); Carlos Delgado Mayordomo (comisario de exposiciones y crítico de arte); Juan Viña (presidente de Fundación Cañada Blanch); Paula Sánchez (directora de Fundación Cañada Blanch); los miembros del Patronato de la Fundación Cañada Blanch y coleccionistas de arte contemporáneo Manel Costa y Alfredo Argilés, y Norberto Piqueras (responsable de exposiciones Centre Cultural La Nau de la Universitat de València). La obra premiada “es una escultura lumínica de una sencillez formal y de un amplio alcance poético, que sintetiza las principales claves de uno de los más destacados cultivadores de arte electrónico del país”, ha señalado el jurado reunido este mediodía en La Nau para seleccionar la obra premiada.

Panoràmica propone un recorrido a través de la última temporada expositiva en las galerías que integran LaVAC y estará abierta coincidiendo con el cierre estival de estas. Se trata de una exposición resumen de la temporada, que al mismo tiempo supone un escaparate de presentación mientras las galerías permanecen cerradas hasta su vuelta en septiembre. La exposición muestra una treintena de obras de distintos lenguajes, soportes y formatos, firmadas por 18 artistas, que abordan el arte contemporáneo desde distintos enfoques: pintura (la técnica dominante), fotografía, dibujo, escultura y arte electrónico.

Los miembros del jurado que conforman el V Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch junto a la obra ganadora, ‘Trío de gotas de luz’, de José Antonio Orts. Fotografía cortesía de la Fundación Cañada Blanch.

Los miembros del jurado que conforman el V Premio Adquisición Fundación Cañada Blanch junto a la obra ganadora, ‘Trío de gotas de luz’, de José Antonio Orts. Fotografía cortesía de la Fundación Cañada Blanch.

 

Geometría para disfrutar

‘Wet Paint’
Toño Barreiro, Cristina Silván, Alan Sastre y Elvira Amor
Área 72
Avda. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 30 de julio

El color ha explotado en el sótano de Área 72 en forma de manchas, círculos y con la consecución de superfícies abstractas en general. Los artistas Toño Barreiro, Cristina Silván, Alan Sastre y Elvira Amor, herederos de la tradición pictórica y de una técnica depurada, nos ofrecen nuevas formas de interpretación donde lo sencillo puede llegar a ser muy complejo. Referencia para el título de la exposición es la famosa frase de Marcel Duchamp “Beware Wet Paint” con la que se nos invita a posicionarnos en la lejanía del tiempo y a esperar para valorar.

El gran formato de la mayoría de las obras permite observar de cerca los detalles aunque, probablemente, sea preferible una observación no estática. ‘Wet paint’ transmite movimiento y sobre todo, conjunta en las piezas de varios artistas un sentido único que el comisario Jorge López magistralmente explica: “‘Wet Paint’ propone un viaje no narrativo por la sencillez aparente de medios y procesos pictóricos (la forma, el espacio, el color) como medio de expresión de ideas complejas en términos simples”.

Obra de Alan Sastre. Imagen cortesía Área 72.

Obra de Alan Sastre. Imagen cortesía Área 72.

La simplicidad estética con un resultado nada imprevisible es lo que aporta a la muestra Toño Barrreiro donde profundidad mediante opticalidad es una descripción de su trabajo que se queda corta. Barreiro ha concebido, a través de un único color predominante, la forma de perpetuar la masa del propio objeto que resulta conformarse, finalmente, completamente etérea. La serie responde a la intención del artista por alejarse de lo ya asimilado. Cristina Silván encaja en ‘Wet Paint’ componiendo sus características figuras circulares o semicirculares y jugando con el interior de las mismas de nuevo, para construir a través de la repetición geométrica. El ejercicio que propone Silván es un juego en el que espectador debe recorrer cada una de las formas perfectamente definidas, incorporándolas a su imaginario.

Este efecto se difumina con Alan Sastre que en lugar de presentar la obra sobre el lienzo, usa el lienzo para intervenir a través de la pintura y texturizarla al máximo. Los relieves dejan entrever una cuidada abstracción orgánica que actúa de frontera para fomentar la dualidad entre la superfície plana del lienzo y la estructura creada por la materia, entre la visión y el hecho. Por su parte, Elvira Amor apunta sobre los conjuntos sencillos cuyos componentes, aunque diferentes, no deslucen entre si. Una composición cuidada donde los detalles externos al propio lienzo coordinan todos los elementos y de nuevo, realzan el valor del pigmento en estado puro.

A pesar de que Josef Albers con sus geometrías y odas al cuadrado, está considerado como uno de los padres del Op art, podría extrapolarse su intención de analizar la discrepancia entre el hecho físico y el psíquico, al resto de las vertientes geométricas que también hemos podido observar en la exposición. ’Wet Paint’ nos muestra una realidad óptica, modular, texturizada y compuesta según la estética artística de cada uno de los artistas. Un repaso por la abstracción, una verificación de lo innegable.

Obra de Elvira Amor. Imagen cortesía Área 72.

Obra de Elvira Amor. Imagen cortesía Área 72.

María Ramis

Delineantes geometrías de Cristina Ghetti

‘Stripe generators’, de Cristina Ghetti
Galería Punto
Av. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 30 de julio de 2016

Geometría, color y sobre todo mucho, mucho movimiento. El enunciado que da título a la exposición, ‘Stripe generators’ o generadores de franjas, resume el sentido práctico de la misma. Esa conciencia de oscilaciones continuas podemos ya percibirlas nada más abrir la puerta de la Galería Punto, cuando miramos hacia el suelo para saltar el breve escalón de entrada. Esas estrías negras en el suelo marcan ya la guía diagonal que la mirada debe seguir hasta el fondo, acompañadas de altos en el camino tildados de hileras coloridas.

Ghetti, aunque ha trabajado técnicas de escultura o video, homenajea a la tradicional técnica pictórica, la que le introdujo en el mundo del arte, con motivo de su regreso a Valencia. El punto de encuentro de esta última ocasión referida tuvo lugar también en la misma galería Punto, con la exposición ‘Maravillosa geometría’. Como se puede comprobar, Cristina Ghetti no ha perdido su esencia ni sus rayas características.

Una de las obras que forman parte de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Una de las obras que forman parte de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Quizá no tanto en la estética, pero sí en la fundamentación teórica, el trabajo de Cristina Ghetti recuerda al movimiento Madi, ese grupo argentino pionero en la abstracción geométrica del movimiento, que fue condenado por la crítica europea ya en 1948. El Madi fundamenta la oposición a lo estático, a lo cerrado, suponiendo y para romper con el marco regular del marco.

Es así que la obra de Ghetti dialoga con diversas partes del espacio, incluso aquellas en las que no se repara. La del comienzo, nada más entrar que se alarga hasta llegar a un puente, ese que deja el negro y blanco atrás, y que nos invita a llegar hacia el color, pasando por encima de las blancas molduras de la galería. Se nos interrumpe de nuevo la mirada con el rodapié de la pared. Pero continúa entre mezclando colores planos anaranjados en el fondo, con elementos tridimensionales, que cuestionan los parámetros de la pintura clásica. Destacan también las ondas que abanderan y se relacionan con la abstracción pura, esa que le sirve a la artista para potenciar su discurso.

Ghetti engloba, teniendo en cuenta la perspectiva histórica y la interpretación personal, los contrapuntos que sirvieron de comienzo al Op art con la exposición ‘Le mouvement’ allá por 1955. Un movimiento ilusorio, el producido por el espectador, la manipulación del ojo y el movimiento del objeto mismo. Es decir, aúna referentes como Vasarély, Soto, Bury, Agam o Calder. Por supuesto, a pesar de los referentes cada pieza tiene su propia personalidad, su característica intrínseca de la creación autorial de Ghetti, incluso, añadiría un último movimiento solamente intuido: el centrífugo, donde no existe referencia de rotación más allá de las ristras, donde todo se deja llevar por la falta de narración sustituida por el principio de la percepción.

Una de las obras que forman parte de la exposición. Fotografía: María Ramis.

Una de las obras que forman parte de la exposición. Fotografía: María Ramis.

María Ramis

Sesión en vivo del Harddiskmuseum

Harddiskmuseum. Live Session
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Jueves 7 abril, 2016, a las 20.30h

En Septiembre de 2015, se presentó en la galería Punto de Valencia el proyecto Harddiskmuseum, en el que Solimán López cuenta con la colaboración de artistas internacionales en la creación de un contenedor de arte único. Un disco duro con archivos de arte digital que sólo se encuentran en ese dispositivo, lo que lo convierte en un disco duro muy especial tanto por su concepto como por su contenido.

El proyecto se presentó en su formato expositivo, pero ahora nos sorprende con una versión más dinámica y que refuerza la idea de intangibilidad del arte digital. A este respecto, Solimán López ha diseñado una sesión en vivo en la que a modo de performance va mostrando los contenidos del disco duro, una única oportunidad en la ciudad de Valencia para poder conocer el contenido artístico del museo en el que participan los siguientes artistas: Aram Bartholl, Hugo Martínez-Tormo, Bosch&Simons, Inma Femenía, Rubén Tortosa, César Escudero Andaluz y Mario Santamaría, Enrique Radigales, Fabien Zocco, Rosana Antolí y otros nombres por confirmar.

Harddiskmuseum. Imagen cortesía de ESAT.

Harddiskmuseum. Imagen cortesía de ESAT.

El espectáculo con una duración aproximada de 90 minutos comienza con una acción performativa, la lectura del Manifiesto Intangible y a continuación se detiene en ese barrido por el contenido del disco que incluye obras de video arte, net art, fotografía, arte digital, sonoro…

La obra colectiva se gestiona desde el Departamento de Innovación (ESAT LAB) de la Escuela Superior de Arte y Tecnología de Valencia y cuenta con el apoyo de ASUS en una firme apuesta por la vanguardia y la creatividad digital vinculada a la tecnología.

Gracias a esta colaboración, el proyecto será presentado también en Technarte Bilbao en el mes de mayo y da el salto a sudamérica donde tendrá parada en las ciudades de Sao Paulo y Río Grande del Sur en Brasil, Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Bahía Blanca en Argentina y Caracas en Venezuela.

Para poder disfrutar de este primer evento único en España, deberán reservar entrada en el siguiente enlace: https://www.ticketea.com/entradas-harddiskmuseum/ y acudir a Las Naves de Valencia el día 7 de Abril a las 20.30 horas o visualizar el evento en streaming en www.harddiskmuseum.com.

Harddiskmuseum. Imagen cortesía de ESAT.

Harddiskmuseum. Imagen cortesía de ESAT.

Código de vestimenta: gris grafito de Daniel Tejero

‘Operatorium’ de Daniel Tejero
Galería Punto
Av. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 29 de abril de 2016

En esta nueva exposición de Daniel Tejero para la Galería Punto, continúa con la reflexión alrededor del concepto de placer que ya hemos podido ver en otras muestras como por ejemplo en ‘Conflivium Benidormense’, donde el artista tomaba como referencia un lugar real: la parte baja del paseo de poniente de Benidorm, y convertía los detalles a través de su detallado grafito en breves instantes, cuanto menos, placenteros de observar.

En esta ocasión, la muestra ha perdido parte de esa limpieza pulcra aunque mantiene la estética reconocible de Daniel Tejero, cuyos grafitos, aunque protagonistas de la muestra, están acompañados de otras piezas escultóricas. En un primer momento, un gran banco de trabajo inunda todo el espacio, lo que obliga al espectador prudente a acercarse a las obras. Además del gran banco, otros elementos como los caballetes o las pinzas de dibujo sobre las láminas, nos hacen trasladarnos a una especie de fragmento de taller de artista. Como si de un fetiche mismo se tratara, Daniel Tejero juega con la curiosidad que produce adentrarse en el taller, en la primera sala, y presenta el objeto y su historia pasada al mismo tiempo.

En la segunda parte, parece que el color destaca sobre el resto, lo que podría significar que el instante está ocurriendo en ese preciso momento. Para entenderlo mejor, en palabras de Eduardo García Nieto, “al llegar allí todo había tenido lugar y, aún así, no había comenzado. Como un investigador debemos iniciar la búsqueda, analizar los restos y comenzar a construir el relato. Atrevidos, con el coraje de los que inventan su propio lenguaje, sentimos la curiosidad y abrimos nuestra boca para saciar nuestro deseo de conocimiento. ¿Qué puede haber ocurrido en el taller del artista? ¿Por qué se nos ofrece sólido a nuestra mirada, cosificado como un mineral?”

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

Vista general de la exposición. Imagen cortesía Galería Punto.

En estos casi 20 años de trayectoria profesional, la obra de Daniel Tejero, como la de todo artista investigador, ha ido progresando hacia una mejor comprensión del concepto a desarrollar. Probablemente el ser director del grupo de investigación Figuras del Exceso y Políticas del Cuerpo o más conocido como Grupo FIDEX de la Universidad Miguel Hernández, donde también ejerce de profesor y doctor, le ha llevado a evolucionar desde la preocupación por el cuerpo y las inscripciones sexo, género y sexualidad, a la celebración del deseo y de los placeres.

Es interesante cómo se han unido en este grupo de investigación varios artistas que comparten planteamientos similares y cuyos objetivos pretenden analizar, desde diferentes perspectivas artísticas, los niveles vinculantes tanto dentro del trinomio sexo-género-sexualidad como los mecanismos externos que lo interrelacionan con la sociedad, identidad, teoría, política e incluso con las nuevas tecnologías creativas. Su última muestra pudo verse en el Centre de Cultura Contemporània de València bajo el título ‘Pornosigilo. Grimorio Sexual’.

Para terminar, curiosa es la invitación a la inauguración donde desde el blanco (pulcro de nuevo), surge una fusta grisácea y un breve código “dress code: black”. Una primera pista que lleva al espectador hacia un recorrido donde tendrá que explorar el lenguaje de los deseos, el suyo propio y el presentado por Daniel Tejero.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

Segunda sala. Imagen cortesía de la Galería Punto.

María Ramis

Las tonalidades estupefactas de Guillermo Ros

‘Stoned’ de Guillermo Ros
Área 72. Galería Punto
Av. Barón de Carcer, 37. Valencia
Hasta el 28 de mayo de 2016

Al bajar las escaleras de la Galería Punto, hacia Área 72, la mirada del espectador se dirige inevitablemente hacia el suelo, donde los metalizados colores de Guillermo Ros (Vinalesa, 1988) despuntan sobre las blancas paredes de la galería. En palabras de Juan Peiró “petrificados y estupefactos serán sin duda calificativos aplicables a la primera impresión que experimente más de un espectador”.

Es así como ‘Stoned’ hace referencia al juego de palabras donde el elemento material protagonista de la muestra, la piedra de mármol, se confunde a la vista de cualquiera que asome a los espejos de la instalación. El título de la exposición se articula de manera oportuna y no parece ser tan arbitrario pues el artista lleva a cabo una continua investigación sobre la interrelación entre materialidad, virtualidad y simulación.

Vista general de una parte del montaje expositivo.

Vista general de una parte del montaje expositivo. Imagen cortesía Galería Punto.

Como vemos en las imágenes, este simulacro se produce a través de los colores empleados que fluyen desde lo natural a lo artificial, entre el orden y el caos. Solos dos instalaciones componen la exposición, pero son suficientes como para completar todo el espacio. La superposición de las piedras sobre los espejos colocados en el pavimento hacen trasladarse al que las contempla, le empujan a mirar abajo, descubriendo, con sorpresa, cómo los colores se transforman. Los verdes azulados pasan a convertirse en dorados y amarillos.

El profundo conocimiento sobre los colores, aplicado al ámbito escultórico, hace que la trayectoria artística de Guillermo Ros siga creciendo. Su obra puede verse en diversas colecciones, destacando la DKV Collection, la Fundación Pilar Citorel o la colección de la Royal Family de Arabia Saudí. Probablemente, todos ellos quedaron maravillados por las artificiales tonalidades de las piedras de Ros.

María Ramis