Pajaritos, pajarracos y otras extrañas parejas

Ciclo de cine ‘Extrañas parejas’
Filmoteca de València
Plaza del Ayuntamiento, 17. València
La reina de África, de John Huston, y Pajaritos y pajarros, de Pier Paolo Pasolini
Martes 13 de septiembre, a las 18.00 y 20.00 horas, respectivamente
Hasta el 2 de octubre de 2016

La Filmoteca inicia una nueva temporada con la segunda parte del ciclo ‘Extrañas parejas’, cuya primera parte se proyecto durante el mes de agosto en la Filmoteca d’Estiu y durante el mes de julio en Nits de Cinema al Claustre de la Nau.

Organizado conjuntamente con el Aula de Cinema de la Universitat de València, el ciclo ‘Extrañas parejas’ presenta una serie de películas en las que se abordan las relaciones entre dos personajes muy diferentes entre sí, ya sea por la raza, la edad, la extracción social o por mucho otros condicionantes. Bajo esta excusa temática, el ciclo es una buena oportunidad para recuperar una serie de películas imprescindibles, firmadas por grandes autores de la historia del cine.

Fotograma de 'La reina de África', de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘La reina de África’, de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Esta segunda parte del ciclo se inicia el martes 13 de septiembre con la proyección, a las 18 horas, del clásico de aventuras La reina de África (1951) de John Huston, y a las 20 horas con Pajaritos y pajarracos (1966), una de las películas  más significadas de Pier Paolo Pasolini.

Fotograma de 'El sirviente', de Joseph Losey. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘El sirviente’, de Joseph Losey. Filmoteca de Valencia.

En el ciclo están presentes películas de todas las épocas y todos los géneros, desde Luces de la ciudad (1931) de Charles Chaplin, hasta cinco clásicos muy distintos de la década de los sesenta y setenta: la producción británica El sirviente (1963) de Joseph Losey; el musical de Hollywood My Fair Lady (1964) de George Cukor; la comedia neorrealista Pajaritos y pajarracos (1966) de Pier Paolo Pasolini; El pequeño salvaje (1969) de François Truffaut, como representación de la Nouvelle Vague, y la crepuscular La vida privada de Sherlock Holmes (1970) de Billy Wilder.

También están presentes películas muy destacadas de directores contemporáneos aún en activo como Eduardo Manostijeras (1990) de Tim Burton; Los amantes de Pont-Neuf (1991) de Leo Carax; la comedia noruega Elling (2001) de Peter Naess; Air Doll (2009) del japonés Hirokazu Kore-eda; y el film de ciencia ficción Un amigo para Frank (2012) de Jake Schreier.

Fotograma de 'Christine', de John Carpenter.

Fotograma de ‘Christine’, de John Carpenter. Filmoteca d’Estiu.

Entre las películas seleccionadas que se vieron en la Filmoteca d’Estiu figuraban clásicos como la comedia fantástica El fantasma y la señora Muir (1947) de Joseph Mankiewicz; la película de terror de culto Christine (1983) de John Carpenter; y Cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders, junto con producciones más recientes como la sueca Déjame entrar (2008) de Tomas Alfredson y Her (2013) de Spike Jonze. La Filmoteca también tiene previsto retomar esta semana el ciclo ‘Las mejores películas de 2015’, cuya primera parte también pudo verse en la Filmoteca d’Estiu, con el estreno en Valencia de Heimat, la otra tierra (2015) de Edgar Reitz.

Fotograma de 'Pajaritos y pajarracos', de Pier Paolo Pasolini. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Pajaritos y pajarracos’, de Pier Paolo Pasolini. Filmoteca de Valencia.

 

Hitchcock y Truffaut mano a mano

A propósito de Hitchcock
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

La Filmoteca inauguró el 10 de junio el ciclo ‘A propósito de Hitchcock’ con un programa doble que se inició en la sala Berlanga con la proyección del clásico Psicosis (1960) y prosiguió con el biopic Hitchcock (2012) del británico Sacha Gervasi. El ciclo con el que concluye la temporada de proyecciones en la sala Berlanga está conformado por cuatro películas que podrán verse del 10 de junio al 10 de julio.

Alfred Hitchcock y François Truffatu. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Alfred Hitchcock y François Truffatu. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Este  programa de la Filmoteca complementa el ciclo ‘Hitchcock / Truffaut: 50 años’ organizado por Cinema Jove para sus tradicionales proyecciones al aire libre en Viveros. Ambos ciclos destacan la celebración del 50 aniversario de la publicación del libro ‘El cine según Hitchcock’, en el que un joven François Truffaut entrevista al veterano cineasta británico para que que recuerde sus películas y reflexione sobre el cine.

En su ciclo, la Filmoteca ofrece la oportunidad de volver a ver en pantalla grande el documental Hitchcock/Truffaut (2015), en el que el prestigioso crítico Kent Jones se aproxima a la entrevista que François Truffaut realizó al cineasta británico y que dio origen a un libro que sigue siendo toda una lección de cine y una lectura obligada para todas aquellas personas interesadas en el arte de hacer películas.

Anthony Hopkins en el papel de Alfred Hitchcock. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

Anthony Hopkins en el papel de Alfred Hitchcock. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

También están programados dos de los grandes clásicos de Hitchcock: Vértigo (1958), que arrebató en 2012 el título de mejor película de la historia a Ciudadano Kane (1941) en una encuesta de la revista Sight & Sound; y Psicosis, película de culto cuya accidentada preparación y el rodaje narra el biopic Hitchcock, una aproximación a la compleja personalidad del director inglés protagonizada por Anthony Hopkins y Helen Mirren.

Por su parte, el ciclo que ofrece la 31 edición de Cinema Jove entre el 17 y el 24 de junio está conformado por cuatro películas de Alfred Hitchcock y por cuatro de François Truffaut.

Alfred Hitchcock y François Truffaut. Foto de Philippe Halsman cortesía de Cohen Media Group por la Filmoteca de Valencia.

Alfred Hitchcock y François Truffaut. Foto de Philippe Halsman cortesía de Cohen Media Group por la Filmoteca de Valencia.

 

Los carteles ignífugos de la Fira del Llibre

50 Fires del Llibre de Valencia
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de mayo de 2016

Es casualidad que la Feria del Libro de Valencia naciera en 1966, el año en que precisamente se estrenaba ‘Fahrenheit 451’, la película de François Truffaut en la que los bomberos se dedicaban no a apagar fuegos, sino a quemar libros. Casualidad, en todo caso, digna de estudio. Porque entonces, también la feria valenciana vivió momentos tensos por culpa de quienes arremetían contra ciertos libros sospechosos de quebrantar el ideario franquista. Lo curioso es que la película se sitúa en una sociedad posterior a 2010, en la que ahora estamos y en la que, por fortuna, los libros ya no es necesario quemar, porque según los datos estadísticos, cada vez se lee menos.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967. Centro del Carmen.

Para hacer recuento de todo ello, el Gremi de Llibrers ha organizado, en colaboración con la APIV (Associació Professional de Il.lustradors de València), una exposición en el Centro del Carmen que recoge carteles de sus 51 ediciones y fotografías de José García Poveda, a modo de memoria gráfica de tan ardua reivindicación a favor del libro. Porque los libros, tal y como recoge la película, pueden ser el comienzo de la aventura de pensar. Siempre y cuando se lean con la debida intensidad, como recuerda Nacho Casanova, ilustrador del cartel de este año, en una entrevista en la web de la Feria: “Soy partidario de la lectura entusiasta, por inmersión, que es algo que hay que reivindicar: ya sabemos cómo les cuesta a los más jóvenes concentrar la atención”.

De ahí la escalerilla que Casanova coloca en su cartel para sumergirse en ese gran libro rojo que domina la ilustración. Un libro bien grande como colofón a esa historia de los carteles nacida en 1966, aunque el primero de los expuestos corresponda a la edición siguiente. “No es que no hubiera cartel el año de su inauguración, pero no se ha encontrado”, subraya Juan Antonio Rodríguez de Dios, hijo del primer presidente que tuvo la feria y que aporta a la muestra algunos de esos primeros carteles pertenecientes a su colección.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Gloria Mañas, directora de la Feria del Libro, destaca el crecimiento de la feria (“más expositores, más casetas y actividades, y más espacios”), al tiempo que se muestra “esperanzada” con el nuevo gobierno. “Ha adquirido compromisos con el sector del libro”, y apunta al Plan de Fomento de la Lectura, del que “se sabrán sus resultados en cuatro o cinco años”. También destaca Mañas el I Festival de Promoción Lectora que arranca en esta 51 edición destinada a maestros, bibliotecarios y agentes culturales.

Y como muestra, en este caso metafórica, del crecimiento de la feria, la artista Victoria Cano, a instancias de Javier Gay, asesor artístico de la exposición, ha montado un singular libro hecho de cuatro hojas con hierro y alambres a modo de jaula de la que cuelgan poéticos mensajes. “Es una escultura abierta, participativa, en la que se invita al público a que se atreva a pedir un sueño”, señala Cano. Y agrega: “¡Y ojo con lo que pides que a veces se cumple!”. Además, la artista, que exhibe en una sala contigua sus ‘Ecos & Huellas’, ha creado un dispositivo de realidad aumentada para captar la imagen de cuantos se atrevan a soñar alrededor de su escultura.

Los carteles, obra de artistas tan conocidos como Sento, Miguel Calatayud, Genovés, Rosa Torres o Luis Demano, permanecerán expuestos hasta el 15 de mayo, junto a las fotos de García Poveda distribuidas en 12 paneles, “algunos llenos de cadáveres”, apunta con humor negro el propio fotógrafo. Ilustres cadáveres, como los de Josep Vicent Marqués, Pepe Rubianes, Eduardo Haro Tecglen, Chumi Chumez o Dulce Chacón, entre otros tantos escritores y artistas que han pasado por la Feria del Libro durante sus 51 años de vida. Los bomberos de Fahrenheit 451 no han podido con ella.

Carteles de Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Escultura de Victoria Cano con carteles al fondo de la exposición 50 Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Salva Torres

Valencia Negra da en el blanco

Valencia Negra
III Festival de Género Negro de Valencia
Del 7 al 17 de mayo de 2015

Lo hacen por amor a la cultura. ¡Cómo si no! Ahora que es tiempo electoral, no hay partido que se haga cargo de ella. La cultura brilla por su ausencia en las proclamas políticas. De manera que Valencia Negra, como tantas otras iniciativas culturales, salen hacia delante por el amor, no correspondido económicamente, de gente como Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión, al frente del festival de género negro que se celebra del 7 al 17 de mayo. Y como llover llueve sobre mojado, tienen claro que el negro del festival adquiere un tinte menos siniestro gracias al esfuerzo y la respuesta de participantes y público.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, directores del festival, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

“La tercera edición es la de la consolidación”, sostiene Álvarez, director de Contenidos de Valencia Negra. Y para ello enumera las 15 sedes que se extienden por toda la ciudad (“esperemos que el año que viene sean 20”), las más de 60 actividades y los cerca de 100 participantes. Y, por encima de todo, el nacimiento (“toda una responsabilidad”) del Premio Ledesma, en homenaje a Francisco González Ledesma, que se crea para reconocer toda una carrera literaria, siendo el primero en recibirlo Andreu Martín, uno de los “cuatro jinetes del apocalipsis en materia de novela negra”, según Álvarez. Los otros tres: Vázquez Montalbán, Juan Madrid y el propio Ledesma. “Queremos que sea un premio de larga trayectoria”, remacha Llobregat.

Fotograma de 'Vivamente el domingo', de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Vivamente el domingo’, de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Y puestos a entregar premios, Valencia Negra los amplía este año. Al honorífico Ledesma se le suma el ya “tradicional” premio Mejor Novela y otros dos nuevos: Millor novel.la y Best Novel. Los votos de los lectores a través de la web del festival serán los que dicten los ganadores; más de 2.000 personas ya lo han hecho.

Ése es uno de los platos fuertes de la Valencia Negra consolidada. Pero hay más. Por ejemplo, la presencia de escritores como Dolores Redondo, famosa por su trilogía protagonizada por Amaia Salazar y enmarcada en el Baztán, Rosa Ribas, Juan Ramón Biedma o Javier Valenzuela, hasta un total de 40 narradores que pasarán por un festival con más autores valencianos que nunca, entre ellos Ferràn Torrent. El carácter internacional, autentificado el pasado año por Petros Márkaris, se profundiza en esta ocasión con la presencia del argelino Yashmina Khadra (seudónimo de Mohammed Moulessehoul), los argentinos Carlos Salem y Marcelo Luján, y los peruanos Santiago Roncagliolo y Jorge Eduardo Benavides.

Fotograma de 'Frío en julio', de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Frío en julio’, de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de 'Los canallas', de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Los canallas’, de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

El cine también contribuye a dar esplendor al festival, saltando a la Sala Rialto de la Filmoteca Valenciana. Se proyectarán cuatro películas, dos de ellas inéditas en Valencia: ‘Los canallas’ (Les salauds), de Claire Denis, y ‘Frío en julio’ (Cold in july), de Jim Mickle. Las otras dos: ‘Vivamente el domingo’ (Vivement dimanche!), de François Truffaut, e ‘Inquietudes’ (Trouble in mind), de Alan Rudolph.

El certamen #60EnNegro, al que se han presentado 53 trabajos en formato de un minuto, también da fe del auge del festival. Finalmente, 12 son los seleccionados para una competición en la que ya han votado 3.000 personas, según cifras facilitadas por Bernardo Carrión, director de Comunicación. Paco Plaza, director de la saga ‘REC’, y Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo o Víctor Ros, entre otras) mantendrán una charla antes de la entrega del premio al corto ganador.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Otro plato fuerte es la exposición que se abrirá al público el 14 de mayo en el MuVIM dedicada a Arthur Fellig, más conocido por Weegee. Fue uno de los pioneros del fotoperiodismo que, como recordó Carrión, “llegaba antes que nadie al lugar del crimen para fotografiar los sucesos”, al tiempo que revelaba y positivaba en vivo gracias al laboratorio instalado en su automóvil. También se le recuerda por sus fotografías a celebridades como Marilyn Monroe. La muestra cuenta con 96 imágenes del archivo de Side Gallery y permanecerá expuesta hasta el 31 de agosto.

El teatro en la Sala Russafa, con la reposición de ‘Matar al rey’ (Arden Producciones), y el cómic de Paco Roca, que dibujará a ritmo de jazz en la librería Bartleby, son algunas otras actividades de una Valencia Negra bien completa. Diez días de género negro que, como refleja el cartel realizado por Gustavo Ten, “da miedo, pero aún así incita a querer verlo”. Palabra de Santiago Álvarez, uno de los tres artífices de este festival en cuarto creciente, que le sigue el rastro a los tres más importantes: Gijón, Barcelona y Getafe. Todo ello en 2015, “el año de los festivales negros en España”.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Salva Torres

Bernard Plossu, de México a Valencia

‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 15 de septiembre

El primer viaje que Bernard Plossu (Vietnam, 1945) realizó a México en 1965 fue un golpe para el alma”. Aquí se encontró con una cultura y un entorno cuya “fuerza terrenal” lo impactaron de inmediato. La belleza de los paisajes recorridos a través de serpenteantes carreteras, los contrastes entre escenarios turísticos y barrios urbanos, así como su avidez por apresar cada instante de la travesía lo transformarían en uno de los mejores retratistas del espíritu de un país que describió como sublime.

Procedente de París, Plossu llegó a México a los 20 años, su equipaje incluía una cámara Kodak Retina y un objetivo de 50 mm. Lejos estaba de saber que con esos instrumentos se convertiría en fotógrafo profesional. En la Cinemateca, donde acostumbraba pasar las tardes, había aprendido el gozo de mirar, con películas de Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y Luis Buñuel. De pronto, se encontraba en un universo distinto, “viviendo la vida real, no la vida a través de las pantallas”, rememora el autor francés de origen vietnamitasobre esa primera travesía en tierras mexicanas.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Deslumbrado, se dedicó a retratar todo lo que ocurría ante sus ojos, más que la fotografía le interesaba la vida. Al final de esa aventura “estaba irreconocible y tenía un oficio: fotógrafo”, recuerda el creador. Plossu regresó en tres ocasiones más al país que le reveló su profesión y cambió para siempre su forma de ver el mundo.

No obstante la profundidad de la obra realizada y la entrañable relación que estableció con México, Bernard Plossu ha sido hasta ahora poco apreciado en el país al que dedicó incontables disparos fotográficos. Para reparar, en cierta medida, esa omisión Fundación Televisa y Ediciones Turner han publicado el espléndido libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’, que reúne 300 imágenes, algunas inéditas, capturadas por el fotógrafo durante sus cuatro viajes por nuestro país en los años 1965-66, 1970, 1974 y 1981.

“Es un fotógrafo muy escondido en la historia de la imagen mexicana a pesar de la amplitud de su trabajo. La idea es dar cuenta de esas imágenes y sacarlo de la sombra, ponerlo en el mapa de la fotografía mexicana”, registra Salvador Albiñana, editor de la publicación.

¡Vámonos! revela también el singular método del fotógrafo viajero por excelencia: “Andar, mirar y luego fotografiar”. Esta obra es también la guía de la exposición conformada por 150 imágenes a inaugurarse el próximo 28 de agosto en el Museo de Arte Moderno. La muestra, con el comisariado de Albiñana, se dividirá en cuatro secciones correspondientes a cada uno de sus viajes.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

ESTÉTICA BEAT/HIP

Bernard Plossu se desplazó a México para vivir con sus abuelos maternos, refugiados de Indochina, e iniciar sus estudios en la Universidad de las Américas. Los planes no llegaron a realizarse: bastaron un par semanas para que el joven parisino dejara la escuela y el acomodo familiar para emprender un viaje que lejos de agotarse en la geografía se transformaría en una odisea interna.

Casi inmediatamente se encontró con un grupo de amigos ávidos, como él, de experiencias. Sobre los lazos que formó, Albiñana apunta que la mayor parte fue con estadunidenses, aunque también había franceses, latinoamericanos y, por supuesto, mexicanos como Guillermo Olguín, quien fue su guía por el país. “Los registros, las experiencias y las inquietudes de esos jóvenes oscilaban entre el ocaso beat y el preludio hippie, unidos todos ellos por su vinculación a los movimientos contra la guerra de Vietnam, por el consumo de mariguana y el desenfado amoroso”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Durante los 15 meses posteriores, se volvió un “trotamontes” que un día deambulaba por la capital y otro transitaba por carreteras con rumbo a Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Chiapas. “¡Nos íbamos en cualquier momento, a donde fuera, improvisando siempre, con los coches llenos! Lo mismo a Acapulco, donde dormíamos en la playa, que al magnífico Guanajuato, a San Miguel de Allende, a Uruapan… Lo que menos buscábamos era un destino preciso. Nos íbamos para irnos, para vagar; la aventura tenía que ser total, siguiendo el instinto”, registra Plossu en uno de los textos del libro ¡Vámonos!

México fue para el creador francés el escenario donde todo era posible y en su empeño por eternizar el momento destinó cientos de rollos fotográficos a registrar su travesía. Aquel fue un viaje de iniciación en el que, recuerda, se encontraba “en un estado fotográfico constante”. Las imágenes capturadas durante aquellos recorridos que se antojaban inacabables tienen algo en común, según describe Albiñana, también historiador de la Universidad de Valencia: “Una suerte de mirada interior maravillada ante el esplendor de la propia vida: el descubrimiento de la amistad, de la libertad y la belleza; una extraña luz de serenidad y de confianza, aún no dañada por la frustración de los paraísos perdidos de una generación que se adoraba a sí misma y que creó algo nuevo y glorioso: la juventud”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

La bitácora visual de ese primer viaje se compone en gran medida de imágenes de sus cómplices de aventura: aparece Bill Coleman, quien lo inició en la cultura beat; las largas piernas de su amiga Karina Schimdt, Guillermo Olguín y Mari en la playa de Zipolite, Oaxaca; la boda de Taide, su vecina. Se advierte también en esas instantáneas una mirada sensual hacia los gestos de las mujeres: rostros, cuellos, peinados. Carreteras y automóviles son personajes siemprerecurrentes en sus fotografías.

El creador “escribió” con su cámara un apunte autobiográfico: “La escritura es lo que más se acerca a mi forma de fotografiar. Yo tomo notas sobre todo lo que veo… la fotografía es eso: tomar notas. Soy un autor que hace fotos”, dice quien ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Fotografía en Francia.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

LOS REGRESOS

Ya en 1970, Bernard Plossu vovió a México con un espíritu diferente al de la primera visita. Después de algunos años y de muchas travesías había abandonado el andar beatnik. El creador describió así su mudanza: “La época beat/hip se interrumpió por sí sola, porque ser fotógrafo y descubrir el mundo me interesaba más que quedarme sentado en una bonita playa en la India. Cuando vi que los jóvenes se quedaban en las playas de Goa en lugar de viajar, decidí dejar todo aquello”.

La serie que realizó ese año, la cual tituló “Retorno a México”, muestra a un fotógrafo socialmente comprometido. Como un homenaje a la cinta ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, se trasladó a los suburbios de la Ciudad de México y se enfocó en los barrios marginales. Su cámara capturó, sin concesiones, la crudeza de una realidad implacable vivida por niños y adolescentes de la periferia.

En 1974, en su tercera visita, recorrió las ciudades de Ensenada y Tijuana. Sus imágenes revelan lo que significa “estar de paso”. La temporalidad y acritud de vivir “al límite”. Para Plossu, la frontera, más que una geografía, era “una manera de vagar sin moverse… el instinto de saber estar. La opción callada de vivir perdido”, comenta Osvaldo Sánchez, en el texto publicado en el libro ¡Vámonos!

“Trópico mexicano” es la última serie de fotografías realizadas en México en 1981. Son imágenes de su cita amorosa en el norte de Veracruz, con Françoise, fotógrafa francesa que se convirtió en su esposa.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

MIRADA PROPIA

Si bien es cierto que Bernard Plossu no fue el primer extranjero en retratar con maestría las escenas del México cotidiano, sí puede decirse que fue pionero en eludir las recurrentes imágenes de los fotógrafos europeos y estadunidenses sobre México. El autor francés construyó una mirada propia, alejada de prejuicios. No hay en su fotografía, como bien señala Albiñana, “día de muertos, volcanes, enormes magueyes, miserables casas o teporochos olvidados en una acera”.

El blanco y negro define la mayoría de su obra, pero también ha recurrido al color haciendo uso de la técnica Fresson: un proceso artesanal sobre papel carbón realizado sin transferencias. Sin embargo, ya sea desde los matices del blanco y negro o desde la infinidad cromática, su fotografía logra la intimidad con el objeto atrapado por su lente. “No hay azar para el fotógrafo: le toca el azar que merece”, asegura a sus 69 años, quien no ha perdido su condición fugitiva de viajero.

Si Henri-Cartier-Bresson es el maestro del instante decisivo, el creador viajero es justamente la contrafigura: “El fotógrafo de los instantes no decisivos”. Su mirada logró transformar cada escena, por ordinaria que pareciera, en una imagen relevante, cargada de significado. Su obra es una secuencia de momentos cotidianos convertidos en poesía. Bernard Plossu es, sobre todo, el fotógrafo de todos los instantes.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Laura Cortés

Hitchcock, de sombras por Valencia

Hitchcock’s shadows, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta septiembre

Los “artistas de la ansiedad”, como llamaba el cineasta François Truffaut a Kakfa, Dostoievski, Poe y, por supuesto, Alfred Hitchcock, no ayudan a vivir a la gente, “pues su vida ya es de por sí difícil”, pero a juicio del director francés “su misión consiste en obligarnos a compartir sus obsesiones”. Que es lo que hace Luis Rivera en la galería Alba Cabrera: acercarnos mediante casi medio centenar de piezas el universo fílmico del maestro del suspense para que comprendamos sus obsesiones: las de Hitchcock y las propias del artista.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Compartir sus obsesiones era, para Truffaut, la mejor manera de ayudar a conocernos, “lo que constituye un objetivo fundamental de toda obra de arte”. Luis Rivera, más humilde en sus pretensiones, muestra en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ (Las sombras de Hitchcock) las luces (imprescindibles para recrear el oscuro trasfondo del cineasta) y las sombras de un creador inimitable. De hecho, las sombras, a las que alude el título de la exposición, están provocadas por la luz impactando sobre las piezas de madera que Rivera ha diseñado. Sin embargo, paradójicamente, fueron las sombras las que determinaron el carácter abstracto de las piezas.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“Primero creo la figuración, a partir de fotografías, y luego voy depurando la imagen hasta quedarme con los menos elementos posibles que sirvan para entender la pieza abstracta”, explica Rivera. Ese diálogo entre lo figurativo, proyectado a modo de sombras contra la pared, y lo abstracto, que aunque en primer plano salió posteriormente a modo de caligrafías o diseños extraídos de ese fondo figurativo, es el que permite a Luis Rivera hablarnos del Hitchcock más oscuro mediante series de color.

Es como revisitar el universo del autor de Psicosis a la luz del mediterráneo, cuyo mar aparentemente dócil suele resultar traicionero. Como Hitchcock. “Tenía su lado oscuro; él ya era tenebroso”. Y Luis Rivera alude al comportamiento que tenía con sus actores y al suspense de sus mordaces películas. El juego plástico entre el blanco y negro y el color también está muy presente en la exposición, toda ella configurada con piezas de madera intervenidas con acrílico, nogalina e hilo de nylon. “Reivindico la madera, no la trato de ocultar”. De ahí los marcos limpios, desnudos, revelando esa madera de la que se sirve para mostrar los sueños y pesadillas de Hitchcock.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Los pájaros, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones, Vértigo, La ventana indiscreta, Crimen perfecto, El hombre que sabía demasiado, Encadenados, Marnie la ladrona. Y Tippi Hedren, Janet Leigh, Anthony Perkins, Grace Kelly, Cary Grant, Kim Novak o James Stewart. Secuencias de películas y rostros de actores llenan la galería Alba Cabrera a modo de gran plató cinematográfico, repleto de sombras y luces que inciden sobre las piezas de madera para revelarnos el trasfondo oscuro del maestro del suspense.

‘Hitchcock’s shadows’ es una exposición repleta de pequeños detalles abstractos, extraídos, tras una lenta y gradual depuración, del sombrío universo de un director que buscaba el máximo de efectos con el mínimo de elementos. Rivera, apasionado del cine y de Hitchcock, sigue esa máxima para crear figuras reconocibles dentro del imaginario cinematográfico, a partir de su reverberación abstracta plena de color y de detalles. Luis Rivera utiliza la abstracción para crear una figuración sombría que, a su vez, sirvió de estímulo para la creación de sus abstractas piezas. Una circularidad manierista, propia del gran maestro del suspense.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows' en la galería Alba Cabrera.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ en la galería Alba Cabrera.

Salva Torres

“En Occidente estamos fascinados por el mal”

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino. Conclusiones
Jornadas organizadas por la Asociación Cultural Trama y Fondo y Obra Social CAM
Colaboraron: iVAC-La Filmoteca, Universidad Cardenal Herrera-CEU, MuVIM, ESAT, MAKMA
Ponentes: Carmen Carceller, Jesús González Requena, Luis Martín Arias
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Celebradas los días 10 y 11 de diciembre de 2013

“Hay un buen goce sublime frente a un mal goce siniestro”. Y ahora, según Jesús González Requena, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, predomina en los textos de nuestra contemporaneidad ese goce maligno que desemboca en la más pura crispación aniquiladora. “En Occidente, estamos fascinados por el mal”, por eso “Michael Haneke triunfa, porque nos convoca a disfrutar de esa maldad en su cine”. Tal y como sucede, por ejemplo, en La pianista, que junto a Jules y Jim, de François Truffaut, y Su juego favorito, de Howard Hawks, fueron las películas que permitieron anclar el debate en las jornadas que sobre el deseo femenino se celebraron esta semana en el Aula de Cultura La Llotgeta de Valencia.

Jeanne Moreau en un fotograma de 'Jules y Jim', de François Truffaut

Jeanne Moreau en un fotograma de ‘Jules y Jim’, de François Truffaut

“Cuando una civilización deja de creer en sus relatos fundadores tiende a desaparecer”, insistió González Requena, para quien los textos [los buenos relatos] “son las Arcas de Noé con las que surcamos lo real”, lo caótico del mundo. Y en el centro de ese caos, sitúa el catedrático de la Complutense a la diosa que emerge omnipotente en buena parte de las narraciones posmodernas. Luis Martín Arias, profesor de la Cátedra de Cine de la Universidad de Valladolid, puntualizó que el amor consistía en “contener la pulsión”, mientras que el deseo estaría “del lado de lo imaginario”. Deseo que en la mujer histérica le llevaría, según la psicoanalista Carmen Carceller, “a la insatisfacción”, mientras que al hombre le conduce al “deseo imposible”. Sólo hay amor allí donde “el goce condesciende al deseo”, precisó Carceller.

Fotograma de 'La pianista', de Michael Haneke

Fotograma de ‘La pianista’, de Michael Haneke

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino reunió a los tres ponentes de la última jornada en una mesa redonda, que clausuró el encuentro y permitió abrir el debate al público. Que la mujer, en dos de las películas proyectadas (Jules y Jim, y La Pianista), se colocara del lado de ese goce siniestro, mientras una tercera (Su juego favorito) necesitara de todas sus artimañas femeninas para “pescar” al hombre que deseaba, suscitó en ocasiones encendida polémica. Pero lo cierto es que, tal y como apuntó Carmen Carceller, “el sujeto, para amar, tiene que estar en falta; caerse de su narcisismo”. Lo cual no es nada fácil, como se pudo comprobar en los diferentes análisis de las películas.

Fotograma de 'Su juego favorito' de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’ de Howard Hawks.

Películas que, en tanto textos que despliegan la subjetividad humana, revelaron esa tendencia al goce siniestro de la mujer colocada en el lugar de la reina o la diosa omnipotente. Diosa que es un eco de la madre naturaleza y de la madre patria, que tantas adoraciones y crispaciones provocan actualmente. “El estalinismo y el nazismo, que en el fondo venían a decir ‘si tú no eres la esencia del alemán o del comunista, entonces eres nuestro enemigo, son ejemplos que ahora vuelven a aflorar en diversas formas de adoración tribal”, admitieron, desde ángulos distintos, Martín Arias y González Requena. En lo que no estaban de acuerdo es en esa maldad que parece fascinar a nuestros contemporáneos. “No hay datos objetivos que lo confirmen y, en todo caso, vivimos gracias a la ciencia mejor ahora que hace años”, subrayó Martín Arias, insistiendo en todo momento que había que centrarse en “lo poético” y dejar de lado “lo ideológico”, en tanto fuente de prejuicios y escaso rigor de pensamiento.

Fotograma de 'Jules y Jim', de François Fruffaut.

Fotograma de ‘Jules y Jim’, de François Fruffaut.

“Del deseo femenino se parlotea, se hace palabrería ideológica”, que conviene evitar “siendo rigurosos ateniéndonos al análisis de los textos”. En todo caso, precisó que “deseamos lo que nos falta”, por lo que la mujer “está en falta” y desea lo que tiene el hombre, mientras que éste, “en tanto lo tiene, teme perderlo”. De ahí que el hombre pase “del horror a la adoración” de lo femenino. “En el romanticismo cundió el suicidio de varones fascinados por el adoramiento de esas diosas femeninas”, señaló González Requena. En el fondo de todo ello, anida la siguiente experiencia: “Fracasados en el amor que entran en pánico cuando se acercan a la mujer inalcanzable”. Y es que la mujer, en tanto “imago primordial” para ambos sexos, ya que ambos quedaron magnetizados por esa figura materna “suscitadora de todas las sinestesias y bálsamo para todas las excitaciones”, requiere de cierta “mascarada”. Carmen Carceller situó esta mascarada del lado de la industria de la moda, mientras González Requena apuntó hacia otro lado: “La mascarada es el fundamento de lo femenino, en tanto permite recubrir lo real y conformar esa figura deseable para el hombre”.

Rock Hudson y Maria Perschy en un fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Rock Hudson y Maria Perschy en un fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

 

El deseo femenino a debate en La Llotgeta (y III)

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino
XIII Jornadas de Hª y Análisis Cinematográfico
Luis Martín Arias, Profesor de la Universidad de Valladolid
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Martes 10 y Miércoles 11 de Diciembre

Pregunta.- Mujer y cine, en torno al deseo femenino. ¿Es diferente al masculino? ¿En qué sentido?

Respuesta.- La mujer, o mejor dicho, lo femenino, es un tema que ha apasionado siempre a los mejores artistas en todos los ámbitos, incluido por supuesto el cine. Es uno de los grandes temas de la estética y de lo poético. La ventaja de explorar estas cosas en el arte es que podemos intentar alcanzar un conocimiento que, sin dejar de ser subjetivo, esté más cerca de la verdad y del mandato socrático – platónico del “conócete a ti mismo”; siempre y cuando pongamos en juego instrumentos de análisis que nos permitan desembarazarnos de la ideología y de la política, que lo contaminan todo y lo embarullan hasta un punto en el cual es imposible el más mínimo razonamiento.

Fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

El problema es que un análisis riguroso se encuentra con que el concepto de “deseo” es muy impreciso, incluso, o especialmente, en psicoanálisis; pero aún así podemos decir que ni para Freud ni para Lacan el deseo femenino es diferente del masculino. Para Freud en ambos sexos es siempre inconsciente y sólo se realiza en la fantasía del sueño o en el síntoma, mientras que para Lacan el deseo de uno es el deseo del Otro y dicho deseo además no tiene objeto, a diferencia de la necesidad (hambre, sed o excitación sexual), por eso esta la podemos colmar y aquel no, que por tanto queda siempre insatisfecho.

Fotograma de 'Su juego favorito' de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’ de Howard Hawks.

Pregunta.- El incomprendido deseo femenino por parte de los hombres, que desemboca en muchos casos en la llamada violencia de género, ¿se soluciona con más educación o intervienen otros factores a tener en cuenta? ¿Como cuáles?

Respuesta.- Mi opinión es que el deseo de la mujer no es ni más ni menos comprensible que el del hombre. La mal llamada violencia de “género” es un concepto puramente político e ideológico y por tanto puede y debe quedar completamente fuera de una poética del deseo. No quiero ni estoy cualificado para opinar de este asunto, que inevitablemente sería en términos políticos e ideológicos, pero en todo caso este problema debería enfocarse no con apriorismos interesados sino con datos científicos, serios y objetivos; por ejemplo debería estudiarse a fondo por qué donde hay más muertes atribuidas a ese tipo de violencia es en países muy avanzados socialmente como Finlandia o Suecia.

Jeanne Moreau en 'Jules y Jim', de François Truffaut.

Jeanne Moreau en ‘Jules y Jim’, de François Truffaut.

 

El deseo femenino a debate en La Llotgeta (II)

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino
XIII Jornadas de Hª y Análisis Cinematográfico
Carmen Carceller, psicoanalista
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Martes 10 y Miércoles 11 de diciembre

Pregunta.-Mujer y cine, en torno al deseo femenino. ¿Es diferente al masculino? ¿En qué sentido?

Respuesta.-Si tomamos las fórmulas de la sexuación que Lacan escribe en Encore (72) podemos decir que el deseo masculino es perverso estructuralmente. El varoncito para separarse de la madre y procurarse objetos debe parcializar el cuerpo femenino y ahí tenemos toda la imaginería e industria que gira alrededor del cuerpo de la mujer parcializado (pornografía, moda).

El deseo dividido entre la madre y la prostituta. Esta división se mantiene en los varones por eso la infidelidad masculina tan clásica.

Fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

El deseo siempre se dirige a una parte del cuerpo: los senos, las nalgas o sencillamente a “ese brillo en la nariz” que aísla el propio Freud para hablar del fetichismo. Por eso, y hay que insistir en este punto, el fantasma masoquista femenino es un fantasma netamente masculino. Tanto Freud como Lacan exploran estos temas para concluir que se trata del varón. Y muchas mujeres ceden por amor  o dinero a colocarse en el lugar de objeto en el fantasma del hombre.

El deseo es fetichista. Se dirige a la mujer en el lugar del pequeño objeto “a”. El macho fetichiza su objeto imponiéndole cierto número de condiciones tipificadas. El deseo masculino requiere el plus de gozar. El deseo femenino, aquí se trata del amor, de este lado no hay serie. Y el amor tiene diferencia con el fetiche, la condición fetichista, puede tener soportes múltiples, mientras que el amor no está del lado de lo múltiple. La niña aspira a obtener el reconocimiento y el amor del padre esa es su salida edípica.

Si oponemos plus de gozar y amor en su definición lacaniana: dar lo que no se tiene, se apoya en la anulación completa del tener y es así como se puede apuntar al ser. Este más allá del tener nos introduce en lo ilimitado, infinito, en la demanda sin fin, el amor loco, el estrago como reverso del amor, en la erotomanía…Lacan en su texto “Ideas directivas para un Congreso… “coloca la perversión del lado masculino y la erotomanía del lado femenino.

Fotograma de 'La pianista', de Michael Haneke.

Fotograma de ‘La pianista’, de Michael Haneke.

Bien, hasta aquí algunas consideraciones y, por supuesto, hay que tener en cuenta que son dos modalidades que a veces corresponden a los dos sexos pero no siempre.

Respecto al cine, dos ejemplos: por una parte, un director emblemático por sus planos de detalle y su forma de filmar me parece podría ser Hitchcock que encarne el modo masculino, y Kechiche,  que es un hombre, con su “Vida de Adele” que encarna un hacer femenino. Son hipótesis. Y me viene a la cabeza Agnes Varda con su finura a la hora de filmar tan femenina.

Pregunta.-El incomprendido deseo femenino por parte de los hombres, que desemboca en muchos casos en la llamada violencia de género, ¿se soluciona con más educación o intervienen otros factores a tener en cuenta? ¿Como cuáles?

Respuesta.- Los malos tratos estan muy ligados a ese no entender ”el otro goce” femenino y a resultar insoportable, pero justamente al golpear a la mujer, golpean el odio a su propio goce, a eso desconocido. Igual al racismo se intenta eliminar lo que en el Otro aparece como lo más intimo e ignorado de uno mismo.

También la caída de los ideales y la caida estrepitosa del Nombre del Padre hace que los hombres más indefensos e inseguros maten por miedo, por eso luego se suicidan. Algunos. El feminicidio habla de la fragilidad masculina en muchos casos. Es la prueba  de su debilidad, no hablamos de fuerza bruta.

Fotograma de Jules y Jim, de Fraçois Truffaut.

Fotograma de Jules y Jim, de Fraçois Truffaut.

El deseo femenino a debate en La Llotgeta (I)

Mujer y Cine: En torno al deseo femenino
XIII Jornadas de Hª y Análisis Cinematográfico
Jesús González Requena, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4
Martes 10 y Miércoles 11 de diciembre

Pregunta.- Mujer y cine, en torno al deseo femenino. ¿Es diferente al masculino? ¿En qué sentido?

Respuesta.- Haciendo la salvedad obligada de que entendemos el deseo femenino no como el de toda mujer sino como el de la mujer heterosexual (y lo mismo por lo que al masculino se refiere), formularé así el deseo de la mujer: alcanzar ese extremo del goce que sólo le es dado a quien se entrega a (y en) la posición pasiva. Y el masculino: tomar a la mujer y, por esa vía, saber, a través de ella, de ese extremo del goce que solo en ella es posible. Podemos sintetizarlo, todavía, así: el hombre toma a la mujer. La mujer, tomada por el hombre, es. Pero claro está, para poder hablar de esto de una manera sensata es necesario poner en cuestión el enfermizo (e inculto) rechazo que nuestra sociedad siente hacia la pasividad.

Fotograma de 'Su juego favorito', de Howard Hawks.

Fotograma de ‘Su juego favorito’, de Howard Hawks.

Pregunta.- El incomprendido deseo femenino por parte de los hombres, que desemboca en muchos casos en la llamada violencia de género, ¿se soluciona con más educación o intervienen otros factores a tener en cuenta? ¿Como cuáles?

Respuesta.- Para poder abordar con éxito la llamada violencia de género sería necesario:
a) eliminar esta absurda denominación (los géneros no son violentos,
los son las personas) y retornar a una antigua y más sensata: “crimen
pasional”. Pues nos ayudaría a recordar que las cosas que suscitan
pasión (y el sexo es una de las primeras entre ellas) son en sí mismas
peligrosas y hay que manejarlas con cuidado.
b) Percibir el problema en sus justos términos: cada vez hay menos
crímenes machistas, la mayor parte de los crímenes que padecen las
mujeres hoy en día son cometidos por varones infantiles e incapaces
con controlar sus emociones. La prueba es fácil: el antiguo asesino
machista no lloraba nunca: mataba a su mujer y se iba al bar,
orgulloso de sí mismo, a contárselo a los amigos. El actual asesino de
mujeres las mata con los ojos llenos de lágrimas y luego se suicida o
se entrega a la policía, dado que (tal es su percepción subjetiva) se
ha sentido previamente aniquilado (en el plano psicológico) por ella.

Fotograma de 'La pianista', de Michael Haneke.

Fotograma de ‘La pianista’, de Michael Haneke.

c) Educación: convendría asumir que es útil educar al varón en la
exigencia de un suplemento de autocontrol, dada su superior masa
muscular y, por tanto, su mayor capacidad de ejercer violencia física.
Algo de ese orden estaba implícito en la antigua máxima “los hombres
no lloran”. Convendría, igualmente, educar a las mujeres en la
conciencia de su poder psicológico sobre los hombres, dado que su
menor masa muscular busca su compensación en un más hábil dominio de
la violencia psicológica.
c) Cuando más se denigre y desprestigie la posición viril, más
crímenes pasionales acabarán produciéndose. O dicho de manera breve:
nada menos machista y más positivo para la mujer que un hombre que,
cuando ella le abandona, puede seguir cantando eso de “Pero sigo
siendo el rey”. Pues obsérvese que ella le ha abandonado y él, porque
es capaz de seguir sintiéndose el rey y no un niño desesperado que se
vive abandonado por una figura materna a la que acaba odiando, es
capaz de aceptar ese abandono y no trata de imponerle a ella su
sometimiento.
c) Y claro está: reivindicar el lugar del padre. Pues, como decía
hace un momento, la mayor parte de los hombres que hoy matan a las
mujeres siguen siendo niños que proyectan en las mujeres el fantasma
de una madre omnipotente que nunca llegó entregarse a un padre con el
que ellos pudieran identificarse. Lo que, a su vez, puede sintetizarse
en la inversión de una célebre frase de Bataille: no es cierto que el
sexo sea una parodia del crimen. Es exactamente al revés: el crimen es
la parodia (impotente) del acto sexual.

Fotograma de 'Jules y Jim', de François Fruffaut.

Fotograma de ‘Jules y Jim’, de François Fruffaut.