Ray Bradbury, el Hombre Libro

#HomenajeMAKMA
Serie ‘Fahrenheit 451’
Con motivo del centenario del nacimiento de Ray Bradbury (1920-2012)
Miércoles 2 de septiembre de 2020

De haber llegado a los 100 años (alcanzó los 91), Ray Bradbury hubiera comprobado, complacido, que su obra ha dejado huella y su figura permanece en la memoria colectiva. Numerosos artículos sobre su legado se han publicado con motivo del centenario de su nacimiento, un 22 de agosto en Waukegan (Illinois). El volumen, variedad y vigencia de su obra, por una parte, y la simpatía que inspira su figura explican esta caudalosa evocación acompañada de la reedición de algunos de sus títulos. ¿Leen los jóvenes de hoy a Bradbury? Esa es una pregunta a la que no podemos responder.

Con la serie ‘Fahrenheit 451‘ que reúne una docena de entrevistas a otros tantos escritores, MAKMA rindió homenaje al escritor estadounidense. Aquí profundizamos en la trayectoria de un ‘Hombre Libro’ que se alimentó y vivió entre ellos, además de producirlos.

Fotograma de ‘Moby Dick’, de John Huston, con guión de Ray Bradbury.

Trabajador infatigable, Bradbury escribió 600 cuentos y 30 libros no sólo de ficción, también ensayos, poesía y teatro, amén de artículos y guiones como el de la película ‘Moby Dick’ de John Huston. Una especie de predestinación, pues la novela de Melville sobre la caza de la ballena blanca fue una de la lecturas que marcó su infancia junto a los relatos de Edgar Allan Poe o Edgar Rice Burroughs. Traducida a 36 idiomas y con ocho millones de ejemplares vendidos, su obra ha colonizado el planeta Tierra. A partir de los doce años escribía unas mil palabras al día y un cuento a la semana. “Es imposible escribir 52 cuentos malos seguidos”, decía con su talante optimista.

¿Cuál fue su preferido? Desde el más allá responde. En la lápida de su tumba en el cementerio de Westwood, donde yace entre estrellas como Marilyn Monroe o Janis Joplin, reza el epitafio: “Autor de Fahrenheit 451”. Sin duda fue su título más conocido gracias a la película de Truffaut (hay otra de HBO) y sobre todo al caracter profético de su mensaje. No se queman los libros, pero cada vez se leen menos. “Todo lo que la vida te quita, te es devuelto de otra manera”, le dice el capitán Beatty a Guy Montag: “La vida es sufrimiento. Sobrevivir es encontrar sentido a ese sufrimiento”.

Serie ‘Carnivàle’, de Daniel Knauf, encarnación visual de la infancia de Bradbury.

Una forma de visualizar la infancia del Ray es la magnífica serie ‘Carnivàle‘ (2003), creada por Daniel Knauf, que cuenta las vicisitudes de unos feriantes que recorren Oklahoma en plena Gran Depresión. Circos y ferias ambulantes llegaban al pueblo de Waukegan donde vivían los Bradbury a inyectar una dosis de magia y fantasía a rutinarias existencias. El pequeño Ray fue especialmente sensible a esos baños de irrealidad, personajes exóticos y esperpénticos que espoleaban su fértil imaginación de niño introvertido y soñador. Como Mr. Eléctrico, que dejó en él profunda huella.

En esos años claves vivió la muerte de dos de sus hermanos y de una niña amiga suya, que se internó en un lago y nunca regresó. En su cuento ‘El lago’ (1942) rememora el triste suceso. Aunque de escasos recursos económicos, su familia no carecía de poso cultural. Una tía suya fomentó su amor a la lectura en la Biblioteca Carnegie de su pueblo y una de sus antepasadas fue una de las mujeres acusadas de brujería en Salem que sobrevivó al juicio y alcanzó avanzada edad.

Fotograma de ‘Fahrenheit 451’, de François Truffaut, basada en la novela homónima de Ray Bradbury.

Debido a la precaria situación económica por el crack del 29, la familia Bradbury tuvo que mudarse en varias ocasiones, hasta instalarse en Los Ángeles, la meca del cine y de los sueños. Allí, el joven Ray inicia la carrera literaria y con 20 años comienza a publicar cuentos en revistas como Weird Tales, Amazing Stories o Planet Stories.

Aunque no pudo ir a la universidad y tuvo que ganarse la vida durante varios años vendiendo periódicos en las calles, aprovechó su tiempo libre para formarse en las blibiotecas públicas, a las que acudía tres veces por semana. Fue en el sótano de la de Los Ángeles donde, en 1953, escribió ‘Fahrenheit 451’ en un tiempo récord: nueve días, con una Remington alquilada por un total de diez dólares.

Ray Bradbury
Ray Bradbury, junto a una de sus máquinas de escribir y rodeado de objetos.

Bradbury no fue un autor intelectual, sino un poeta y un humanista del futuro, como lo definió José Luis Garci en su biografía publicada en los 70. Más que anticipar un porvenir más o menos lejano y plausible, sus relatos analizan la naturaleza humana. El eterno dilema entre la empatía y compasión contra el afán destructivo y depredador del hombre, capaz de acabar con planetas enteros. No iba de profeta, sino de moralista en el buen sentido del término. No le gustaba ser etiquetado como autor de ciencia ficción, sino como autor de novelas fantásticas, porque, como él decía, hay que injertar la fantasía en la realidad si se quiere tener una existencia digna de ser vivida.

Con su mujer Maggie McClure tuvo cuatro hijas, fue amigo y gran admirador de Walt Disney y fan de Fellini, a quien conoció en un viaje a Italia. Jamás usó ordenador, pero destrozó numerosas máquinas de escribir. Desde la máquina casi de juguete que le regalaron sus padres a una Underwood 5, una Royal KMM y una Remington, entre otras muchas. Y allí donde ahora esté, posiblemente seguirá dándole a la tecla.

Ray Bradbury, rodeado de libros, su gran pasión.

Bel Carrasco

Verano a ritmo lento y turismo nacional

Fahrenheit 451 (II) | Escritores en plena canícula
Teresa Broseta y Alberto Torres Blandina
Jueves 13 de agosto de 2020

A Ray Bradbury (1920-2012) le hubiera gustado saber que en el centenario de su nacimiento el mundo viviría una situación distópica que ningún autor de ciencia ficción se atrevió a imaginar.

De familia humilde, Bradbury no pudo ir a la universidad y tuvo que trabajar de repartidor de periódicos, pero dedicaba todo su tiempo libre a leer en bibliotecas públicas. Pronto empezó a publicar cuentos en revistas diversas y el éxito de ‘Crónica marcianas’ le permitió consagrarse a la escritura. Después vino ‘Fahrenheit 451‘, llevada al cine por François Truffaut, y sus trabajos como guionista en varios grandes filmes.

MAKMA le rinde homenaje en su centenario con esta serie dedicada a los escritores que atraviesan el desierto de agosto con sus ficciones a cuestas. En esta entrega, Teresa Broseta y Alberto Torres Blandina.

La fórmula estival de Teresa Broseta era perfecta. Unas semanas de descanso en l’Eliana y un viaje a algún país lejano. «No porque intentara huir de algo», aclara, «sino porque llegará el día en que mi cuerpo se negará a acompañarme en largos periplos». Este año, por razones obvias, la fórmula es imposible. «Toca vivir un verano a ritmo lento, como los de antes», sentencia.

Portada de ‘Canviem les regles’, de Teresa Broseta y Patricia Campos.

Escritora prolífica y versátil, pues igual escribe en castellano que en valenciano, disfruta contando historias para niños y jovenes. En plena pandemia publicó la novela juvenil ‘Canviem les regles’ (Bromera), en colaboración con Patricia Campos.

«Cuenta la historia de Olivia, una adolescente que supera una situación de acoso escolar y encuentra su lugar en el mundo gracias a un puñado de chicas que juegan al rugby. Dado el amplio abanico de temas que trata —identidad de género, acoso, suicidio, trastornos mentales, desigualdades sociales, etcétera—, estaría muy bien que la leyeran no sólo los jóvenes, sino también lo adultos, especialmente aquellos que tienen un o una adolescente en casa. Es una novela que aspira a despertar preguntas y reflexiones y a provocar conversación y debate».

Estas semanas se permite descansar de las teclas, «pero el pensamiento es libre, y mis historias tienden a crecer y madurar en algún rincón escondido del cerebro, casi a mis espaldas. ¡Así que cualquiera sabe lo que saldrá de aquí!».

Portada de ‘Ébano’, de Ryszard Kapuscinski.

Mientras tanto, disfruta del regalo de su amigo invisible en la campaña ‘Sentim les llibreries’. «Se trata de ‘Ébano’, que recoge las vivencias del periodista polaco Ryszard Kapuscinski en diversos países de África. Lo alterno con lo que llamo ‘relectura a salto de mata’, que consiste en hurgar por las estanterías y leer algunas páginas de los libros que me acompañaron en los lejanos veranos de la infancia y la adolescencia. Es lo más parecido a visitar a los amigos… ¡Y sin riesgo de contagio!», concluye Teresa Broseta. 

Alberto Torres Blandina. Imagen cortesía del autor.

Experto en crear mundos distópicos en sus novelas, Alberto Torres Blandina suele aprovechar los veranos para viajar a lugares exóticos. «Este año es diferente y soy nómada por mi propio país, visitando amigos en Altea, Menorca, Alicante o Villafranca del Cid”, cuenta. “La crisis en España, sobre todo en el sector turístico, es muy grande y, aunque algunos creen que ser patriota es llevar una mascarilla con la banderita de España, yo pienso que el patriotismo se demuestra con gestos: no teniendo cuentas en Suiza, por ejemplo. Un país no es un trozo de tierra, es la gente que vive en él. Ayudar a los españoles es ayudar a España. Ayudar a aquellos que se rompen la espalda por España en el campo o en la barra de un bar, sin tener la nacionalidad, también es ayudar a España. Poner una bandera en el balcón no sirve para nada si no se acompaña de gestos”.

En su trilogía distópica publicada por Aristas Martínez (‘Con el frío’, ‘Contra los lobos’ y ‘Después de nunca’) Torres Blandina traza un futuro que en parte ya es presente dominado por fanatismo varios. “El auge de políticas autoritarias, de religiones intransigentes, de mentiras tranquilizadoras. Me pareció que la distopía era la única forma de hablar del presente, de analizar la deriva que estaba tomando el mundo. Por desgracia, estas novelas se están haciendo de algún modo realidad. La sociedad está cada vez más controlada y radicalizada. Vivimos en burbujas de mentira y solo consumimos aquellas verdades que se parecen a nuestras convicciones”.

Portada de ‘Contra los lobos’, de Alberto Torres Blandina.

Igual que sus trayectos estivales, también en la literatura ha pasado de las grandes historias a las pequeñas, de lo general a lo particular. “El mundo está tan enrarecido que es en sí mismo ficción”, comenta. “¿Puede explicarse desde lo racional que alguien como Trump o Bolsonaro sean presidentes? ¿Que una niña lidere el movimiento ecologista? ¿Que los terraplanistas o VOX tengan cada vez más adeptos? ¿Que un virus nos encierre en casa durante meses? En estos momentos la realidad es inverosímil. Estoy seguro de que cada casa, durante el confinamiento, daría para una película”.

En septiembre publicará ‘Jávea’ (Candaya), una novela donde todo lo que cuenta es real. “Buscando en las pequeñas historias de la vida el sentido a un mundo cada vez más enloquecido. Curiosamente, cuando el telediario y los periódicos pertenecen al género de la ciencia ficción, es en la novela donde busco un poco de verdad”, concluye Alberto Torres Blandina.

Verano, Teresa Broseta,
Teresa Broseta. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (V)

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMAPantallas #MAKMALibros | Harterofilias domésticas | Estado de alarma (V)
3 de mayo de 2020

Ciertas egregias efemérides exigen o portan consigo, ineludiblemente, el menester de recapitular para componer un apresurado retrato de aquello que se conmemora –sea un episodio preponderante para el devenir histórico o un recurrrente óbito epiceno de alguna corifea figura de la modernidad–, cuyas facciones deben contener la neurálgicas razones que justifican la remembranza.

Coyunturalmente, la referencia cobra densidad de acontecimiento y este eclosiona uniformado de apéndices ensayísticos y extremidades cinematográficas, lenguajes e instrumentos pintiparados y eficientes con los que granjear el interés de vastas audiencias usufructuarias o exiguos auditorios instruidos, e, incluso, para ejercitar ciertas predilecciones preexistentes o revelar ignotas y florecientes propensiones.

A buen seguro que la evocación que ocupa mi lirondo exordio cobrará categóricas hechuras cronológicas dentro de una década; sin embargo, avecinarse a la ufana y rolliza silueta de Alfred Hitchcock, tras el cuadragésimo aniversario de su fallecimiento, se instituye en justificado motivo para revisitar la que, hasta el momento (y con orfandad de motivos para esperar lo contrario), sea la más fecunda y sugestiva publicación en torno al cineasta: ‘El cine según Hitchcock’ (1966), extensa y monumental conversación con François Truffaut en la que el director británico (con credenciales estadounidenses), entre otras vivificantes aserciones, aventura los siguiente:

“Nunca un reportaje sobre un acontecimiento cualquiera en un periódico cualquiera causará tanto impacto como una película. Las catástrofes sólo les ocurren a los otros, a gente que uno no conoce. Una pantalla hace entrar en contacto inmediatamente con el asesino, con su víctima, por la que uno pasa miedo, ya que se ha convertido en alguien a ojos de esa persona. Accidentes de automóvil hay miles todos los días. Si su hermano es la víctima, entonces comienza a interesarle. Un héroe de cine debe convertirse en nuestro hermano o en un nuestro enemigo si la película está conseguida”.

Así que para aquellos que, por fortuna, observamos, desde la aséptica afectación domiciliaria, el acontecer epidémico transmutado en abúlica estadística, deba seguir siendo la ficción la que refugie nuestros esterilizados y narcisistas desasosiegos, antes o después de asomarnos, acrofóbicos, a la desinfectada sustantividad.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLI) | Jueves 23 de abril de 2020

“No es simpatía lo que hay entre nosotros; somos parecidos. Eso es todo. Está solo como yo… Ha de esperar su Náusea o algo por el estilo. (…) Debe de saber bien que nada podemos el uno por el otro. Las familias están en sus casas, en medio de sus recuerdos. Y aquí nosotros, dos ruinas sin memoria” (Jean-Paul Sartre | ‘La náusea’).

Y en civilizada soledad compartida, desde el acomodado feudo de la memoria doméstica, uno cumple, contumaz y sin otro fin que el de la sorda predilección, con su dietario/memorando (tras cuarenta inopinadas jornadas de feraz reclusión) ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Cuarta parte de mi memorando/dietario para MAKMA incoado desde la primera jornada de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLII) | Viernes 24 de abril de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Vendredi 24 avril 2020

«En 2005, con el inicio fuerte de la fama del Leopoldo monstruo (aunque aún no tanto) y ya muerto Michi, el cantante aragonés Enrique Bunbury decidió hacer un corto sobre Leopoldo, porque había cantado algún poema suyo. El documental (21 minutos en total) fue rodado por Jacobo Beut, aunque son Bunbury y Carlos Ann los que lo inspiran. Pasan un día en Las Palmas con Leopoldo en bares, terrazas y librerías. (…) Quizás el momento más entrañable es cuando le preguntan qué echa de menos en el manicomio: Echo a faltar trasnochar, beber y… joder. Debía ser absolutamente cierto” (Luis Antonio de Villena).

Evocación vívida de las pavesas que colman las urnas cinerarias de todos los Panero, disperas y solo umbilicales por el óbito. Semblanza de una destrucción, entre el empíreo y el averno.

‘Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero’, de Luis Antonio de Villena (Fundación José Manuel Lara, 2014).

‘Un día con Leopoldo María Panero’ (2005), de Jacobo Beut.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIII) | Sábado 25 de abril de 2020

“Unos años después, en 1958, Eberhard Schlotter compone la serie ‘Una gran familia’. Cuadros compuestos en torno a figuras humanas en un ámbito aislado y sencillo. (…) Hay una cierta inquietud y un cierto misterio en la frialdad de las presencias. Seres aislados en su presente, con mínimos atributos que los identifican. (…) la figura se halla, sin embargo, mediatizada por su propia vital circunstancia: la incomunicación, y un determinado componente eningmático. A mitad de camino entre la reflexión sobre la identidad individual y el drama rural, propuesto como acontecer colectivo” (Manuel Muños Ibáñez, director de la Sala Parpalló y del Centre Cultural La Beneficència de la Diputación de Valencia en 1997).

Atesora el carnicero el ojal místico del tocino chacinero. / Exuda el descarnador la reclusa desventura del sebo devanador.

‘Eberhard Schlotter. La luz y la sombra’, catálogo de la exposición homónima del pintor alemán Eberhard Schlotter (1921-2014) –afincado en Altea (Alicante) desde 1956–, que tuvo lugar en el Palau Gravina de Alicante y en la Sala Parpalló del Centre Cultural La Beneficència durante 1997.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIV) | Domingo 26 de abril de 2020

?️‍♀️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰4️⃣4️⃣..✒️ (Liudmila Ignatenko | Esposa del bomero fallecido Vasili Ignatenko) —“Entretanto, la ciudad se llenó de vehículos militares, se cerraron todas las carreteras… Se veían soldados por todas partes. Dejaron de circular los trenes de cercanías, los expresos… Lavaban las calles con un polvo blanco… Me alarmé: ¿cómo iba a conseguir llegar al pueblo al día siguiente para comprarle leche fresca? Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas. La gente de la ciudad llevaba su pan de las tiendas, las bolsas abiertas con los bollos. En los estantes había pasteles… La vía seguía como de costumbre. Solo… lavaban las calles con un polvo…" ['Voces de Chernóbil' (1997), de Svetlana Aleksiévich)..Conmerorar, desde los vestigios de la hecatombe, el aniversario de un apocalipsis y amaitinar los apolíneos escombros del irradiante cataclismo..? ‘Stalking Chernobyl: exploration after apocalypse' (2020), de Iara Lee..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoParaVerDocumentales #yomequedoencasaviendodocumentales #DocumentalesPandémicos #StalkingChernobyl #Chernobyl #Chernóbil #Stalker #IaraLee #VocesDeChernóbil #VoicesFromChernobyl #SvetlanaAleksiévich #InternationalChernobylDisasterRemembranceDay #ChernobylDay

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Dimanche 26 avril 2020

(Liudmila Ignatenko | Esposa del bomero fallecido Vasili Ignatenko) —“Entretanto, la ciudad se llenó de vehículos militares, se cerraron todas las carreteras… Se veían soldados por todas partes. Dejaron de circular los trenes de cercanías, los expresos… Lavaban las calles con un polvo blanco… Me alarmé: ¿cómo iba a conseguir llegar al pueblo al día siguiente para comprarle leche fresca? Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas. La gente de la ciudad llevaba su pan de las tiendas, las bolsas abiertas con los bollos. En los estantes había pasteles… La vía seguía como de costumbre. Solo… lavaban las calles con un polvo…» [‘Voces de Chernóbil’ (1997), de Svetlana Aleksiévich).

Conmerorar, desde los vestigios de la hecatombe, el aniversario de un apocalipsis y amaitinar los apolíneos escombros del irradiante cataclismo.

‘Stalking Chernobyl: exploration after apocalypse’ (2020), de Iara Lee.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLV) | Lunes 27 de abril de 2020

«Tal pueblo tiene el espíritu pesado y estúpido; otro lo tiene vivo, ligero, penetrante. ¿De dónde proviene esto si no es en parte de la alimentación que toma, de la simiente de sus padres y de este caos de diversos elementos que nadan en la inmensidad del aire? El espíritu tiene, como el cuerpo, sus enfermedades epidémicas y su escorbuto. Es tal el poder del clima, que un hombre que cambia de clima se resiente, a pesar suyo, de este cambio. Es una planta ambulante que se ha transplantado a sí misma, si el clima no es ya el mismo es lógico que degenere o mejore” [‘La influencia del aire y del clima’ (‘El cuerpo es una máquina que toma su energía del exterior’) | La Mettrie].

Peritar el alma y ataviarla de engranajes fisiológicos, fluidos, trabazones y alzaprimas. Refutar la escolástica y huir del trampal uliginoso de aedados dualismos.

‘El Hombre Máquina’ (1748), de Julien Offray de La Mettrie (Editorial Alhambra, 1987).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVI) | Martes 28de abril de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Mardi 28 avril 2020

«Orton (Joe) y Halliwell (Kenneth) murieron a primera hora del 9 de agosto de 1967. Joe tenía todo el lado derecho de la cabeza destrozado a martillazos; el martillo estaba sobre la colcha a su lado. El cráneo tenía marcas de nueve martillazos que, para el forense, indicaban un arrebato de locura. (…) Halliwell yacía desnudo en el centro del cuarto. Se había quitado la chaqueta del pijama manchada, que estaba en una silla. (…) Cerca de él, en el suelo, había un vaso y una lata de zumo de uvas, con el que se había tomado veintidós pastillas de Nembtual. Halliwell murió antes que Orton. (…) En el escritorio, la policía encontró una nota: ‘Todo se aclarará si leen este diario. K.H. P.S. – Sobre todo la última parte’”.

Libar de las proclividades canallas, el collage doméstico y la clandestinidad tangerina de dos martirizados. Mórbido y siniestro epílogo, lacerado de animosidad, pesadumbre y arrobamiento, en la periférica Islington.

‘Diario’ (1967), de Joe Orton (Ediciones Grijalbo, 1988).

‘Ábrete de orejas’ (1987), de Stephen Frears.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVII) | Miércoles 29 de abril de 2020

“Cape Cod Evening is concerned with the loss of a viable rural America: it focuses on those people and places that have been left in the wake of progress. Today it is rarely remembered how enormous were the differences between the rural and urban population the late 1930s. At that time three out of every four farms were lit by kerosene lamps, a quarter of the rural homes lacked running water, and a third were without flush toilet. Cape Cod Evening was created the same year as the New York World’s Fair, which was entitled The World of Tomorrow. The fair featured a robot called Elektro, which could talk and smoke…” (‘Edward Hopper. Paintings, Biography, and Quotes’ | www.edwardhopper.net).

Profetizar el ineludible detrimento y augurar la agonía –deceso de los intervalos obsoletos–.

‘Cape Cod Evening’ (1939), de Edward Hopper.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVIII) | Jueves 30 de abril de 2020

“Siempre me interesaron las vanitas, las pinturas de vanitas, y los textos breves que en muchas de ellas aparecen aludiendo, generalmente, al paso del tiempo. Textos como mensajes, la mayor parte de las veces dotados de una carga moral dirigida a que el espectador considerara la temporalidad como un bien superior sobre el que no tiene el menor control y del que exclusivamente posee, en el mejor de los casos, el dato de un principio y la absoluta seguridad de un final. Un regalo que no debería desaprovechar” (Sebastán Nicolau).

Oscilar por el perímetro del georama intrínseco, expedito y confesional de las dimanaciones del artista. Otear los intervalos, los ciclos, el espacio en el que mora la existencia, entre la eclosión, la música y la muerte.

‘Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas’, de Sebastián Nicolau (MAKMA, 2018).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIX) | Viernes 1 de mayo de 2020

?️‍♀️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰4️⃣9️⃣..?️ (Andrey Tarkovsky) –“Está el tema de la libertad, ¿qué es la libertad? La libertad es algo interior, la libertad espiritual de un individuo. Pero no es lo mismo que sus derechos. Los derechos pueden ser arrebatados. La libertad interior no. La libertad es algo que pertenece al individuo. Es parte intrínseca de uno mismo, pues somos seres espirituales. Simplificando, Hamlet, o más bien, Shakespeare lo expresó por boca de Hamlet: 'Podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio'”..Conmoverse ante la epifanía de un erudito culminante, límpido y nicotínico argonauta con el que atravesar las aguas mesmerizantes y cinematográficas en búsqueda del vellocino místico de la perpetuidad..? ‘Andrey Tarkovsky. A cinema prayer' (2019), de Andrei A. Tarkovski..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoParaVerDocumentales #yomequedoencasaviendodocumentales #DocumentalesPandémicos #AndreyTarkovsky #ACinemaPrayer #Cine #Documental

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Vendredi 1 mai 2020

(Andrey Tarkovsky) –“Está el tema de la libertad, ¿qué es la libertad? La libertad es algo interior, la libertad espiritual de un individuo. Pero no es lo mismo que sus derechos. Los derechos pueden ser arrebatados. La libertad interior no. La libertad es algo que pertenece al individuo. Es parte intrínseca de uno mismo, pues somos seres espirituales. Simplificando, Hamlet, o más bien, Shakespeare lo expresó por boca de Hamlet: ‘Podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio’”.

Conmoverse ante la epifanía de un erudito culminante, límpido y nicotínico argonauta con el que atravesar las aguas mesmerizantes y cinematográficas en búsqueda del vellocino místico de la perpetuidad.

‘Andrey Tarkovsky. A cinema prayer’ (2019), de Andrei A. Tarkovski.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (L) | Sábado 2 de mayo de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Samedi 2 mai 2020

“Me gustaría que ‘El crack’ fuera como las películas de entonces, que se veían sin consultar jamás el reloj. (…) ‘El crack’ es una película española, negra, pero española. Una película urbana, sobre Madrid (…) y sobre la Gran Vía. Mi idea, desde que tecleaba el guion con mi amigo Horacio Valcárcel, era que Madrid, día y noche, se fuera enroscando a la historia hasta llegar a ser un personaje más, como Germán Areta o el ‘Moro’. Igual que Los Angeles en ‘Perdición’, Londres en ‘Noche en la ciudad’, Viena en ‘El tercer hombre’ o Nueva York en ‘Manos peligrosas’ (José Luis Garci).

Poblar en la sombría y adversa metrópoli insomne del celuloide que sabe a caramelo destilado de fracasos, ebriedades y melancolía.

‘Noir’, de José Luis Garci (Notorious Ediciones, 2013).

‘El útimo crack (Un homenaje a J.L.Garci)’ (2014), de Javier Di Granti.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (LI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (II)

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMALibros | Harterofilias domésticas | Estado de alarma (II)
3 de abril de 2020

Lacerado su espíritu por la insania apremiante –y en los días previos a su internamiento clínico por enajenación sifilítica y megalomanía–, Friedrich Nietzche (1844 – 1900) rubricaba uno de sus últimos ensayos, ‘Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es’ (1889) –cuya publicación se demoraría hasta 1908–, un insólito dietario costumbrista de predilecciones domésticas en el que, amén de estas prosaicas periferias, el pensador sajón revisita su opus filosófico y, a la par, inficiona con vaticinios apocalípticos sus desenfrenadas reflexiones.

En el tercer punto del proemio Nietzche advirte del “aire fuerte” de sus escritos y sugiere la necesidad ineludible de adaptarse a sus alturas, puesto que “de lo contrario se corre el no pequeño peligro de resfriarse en él”. Y en su pertinaz búsqueda ”de todo lo proscrito hasta ahora”, se interroga:

“¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu? Esto fue convirtiéndose cada vez más, para mí, en la auténtica unidad de medida. El error (el creer en el ideal) no es ceguera, el error es cobardía. Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo. Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente, me pongo los guantes”.

Y uno, encaminado por su heterodoxa senda, toma el guante (con la asepsia del látex) y prosigue el curso (¿ilimitado?) de ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XI) | Martes 24 de marzo de 2020

“(…) Cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización, a pesar de tener que reconocer su general interés humano. Se da, en efecto, el hecho singular de que los hombres, no obstante, serles (sic) imposible existir en el aislamiento, siente como un peso intolerable los sacrificios que la civilización les impone para hacer posible la vida en común. Así, pues, la cultura ha de ser defendida contra el individuo, y a esta defensa responden todos sus mandamientos, organizaciones e instituciones, los cuales no tiene tan sólo por objeto efectuar una determinada distribución de los bienes naturales, sino también mantenerla e incluso defender contra los impulsos hostiles de los hombres los medios existentes para el dominio de la Naturaleza y la producción de bienes. Las creaciones de los hombres son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica por ellos edificada pueden también ser utilizadas para su destrucción” (‘El porvenir de una ilusión’ | Sigmund Freud)

Primera serie para MAKMA, a modo de memorando/dietario, de las diez primeras jornadas de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XII) | Miércoles 25 de marzo de 2020

“El final del presidio nos impide llegar con nuestra conciencia viva a las míticas regiones subterráneas. Nos han despojado del más dramático desplazamiento: nuestro éxodo. (…) El retorno, esa misma procesión en dirección contraria, no tiene ya sentido. En mí, la destrucción del presidio corresponde a una especie de castigo del castigo: me castran, me extirpan la infamia”.

Intoxicarse con la ebria abyección, confesional y decadente, de un instruido descuidero, excelso chapero de la lectroescritura.

‘Diario del ladrón’ (1949), de Jean Genet (RBA, 2010).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIII) | Jueves 26 de marzo de 2020

–“(…) en algunos aspectos, el humor y la ironía son respuestas políticas y son reductivas. (…) Está pretendiendo protestar cuando realmente no lo es. Alguien alguna vez llamó a la ironía la canción de un pájaro que ha llegado a amar su jaula. Y aunque canta sobre no gustarle la jaula, realmente le gusta estar ahí” (David Foster Wallace).

Frente a la pulsión feraz y posmoderna de un ahorcado.

David Foster Wallace unedited interview‘ (ZDF, 2003 | Manufacturing Intellect).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIV) | Viernes 27 de marzo de 2020

–“Si nosotros nos vamos a un país utópico, siempre sería a un país que encarga muy bien, pero no solo el diseño, sino todas las actividades culturales, por ejemplo. Gente que sabe utilizar los recursos disponibles de la mejor manera posible, con la máxima economía, la máxima rentabilidad, la máxima eficacia, la más pedagógica, la más formativa. Eso es una utopía (José María Cruz Novillo).

Cruz Novillo, el sujeto que actualizó un país y lo perfumó de semiótica y Helvética.

El hombre que diseñó España‘ (2019), de Andrea G. Bermejo y Miguel Larraya.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XV) | Sábado 28 de marzo de 2020

(François Truffaut) –“Porque la actitud de James Stewart constituye la curiosidad pura…”.
(Alfred Hitchcock) –“Digámoslo, era un voyeur, un mirón… (…) Sí, el hombre era un voyeur, pero ¿no somos todos voyeurs?”.
(F.T.) –“Somos todos voyeurs, aunque no sea más que cuando miramos un filme intimista. Además, James Stewart en su ventana se encuentra en la situación de un espectador que asiste a un filme”.

Mayúscula entrevista estival, uniformada de canículas, almuerzo en Universal y cine en paños menores.

‘El cine según Hitchcock’ (1966), de François Truffaut (Alianza Editorial, 2016).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVI) | Domingo 29 de marzo de 2020

(Goreng, leyendo ‘Don Quijote de la Mancha’) –“El grande que fuere vicioso será vicioso grande y el rico no liberal será un avaro mendigo, que al poseedor de las riquezas no le hace dichoso tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas comoquiera, sino el saberlas bien gastar”.
(Don Quijote) –“Al caballero pobre no le queda otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso; no soberbio, no arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo”.

Descollado abreboca dominical. Frugal divertimento ético.

El hoyo‘ (2019), de Galder Gaztelu-Urrutia.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVII) | Lunes 30 de marzo de 2020

“Durante la cuarta semana en Venecia, Aschenbach hizo algunas observaciones desagradables relacionadas con el mundo exterior. (…) –’Usted se quedará, caballero, usted no tiene miedo al mal’. (…) Le pareció que aquel aroma venía envolviéndolo todos los días, sin él haberse dado cuenta; un olor dulzón, oficial, que hacía pensar en plagas y pestes y en una sospechosa limpieza” (Thomas Mann).

Oler/discenir, escuchar/advertir, leer/descifrar el ocaso, la decadencia y ruina del ensueño sobre las quiméricas aguas hediondas y delicuescentes.

Muerte en Venecia‘ (2013), de Deborah Warner, obra musical de la English National Opera basada en la novela ‘La muerte en Venecia’ (1912), de Thomas Mann.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XVIII) | Martes 31 de marzo de 2020

–“Poder ver lo que una persona puede llegar a hacerle a otra”.
–“Tengamos una pequeña charla”.
–“La salsa no te ha salido lo suficientemente sabrosa”.
–“Toda esta mala gente”.
–“Bien, pues vete a dormir. Adiós”.

Enlodadas cuitas de interior. Sorda vecindad de obsesiones y parafilias en un tórrido verano periférico de Viena.

Dog Days‘ (2001), de Ulrich Seidl.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XIX) | Miércoles 1 de abril de 2020

“Hay asombro y censura ante lo que se perciben como muestras de decadencia, pero también una curiosidad evidente por lo que parece ser el nacimiento de un mundo nuevo” (‘Influencias disolventes en la España de los pantanos’ | Alejandro Alvarfer).

Descender a los aljófares subterráneos del hedonismo mod, overol “moderno y retromaníaco”.

‘In Crowd. Aproximaciones a una subcultura escurridiza’, de VV.AA (Colectivo Bruxista, 2019).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XX) | Jueves 2 de abril de 2020

??‍♂️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰ 2️⃣0️⃣..? (Escritor) —“Vaya experimento. Experimentos, hechos, la verdad en su última instancia. En sí no hay hecho alguno y menos aún aquí. Todo esto es un invento idiota de alguien. ¿Acaso no lo notan? Cómo es natural, ustedes necesitan saber quién lo inventó. ¿Por qué? ¿Qué de bueno tienen sus conocimientos? ¿A quién le remorderá la conciencia por ellos? ¿A mí? No tengo conciencia, solo nervios”..? Escudriñar las afligidas brumas postapoacalípticas. Acechar La Zona, proscrita y miraculosa..? ‘Stalker’ (1979), de Andrei Tarkovski..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoVerCine #PelículasPandémicas #Stalker #AndreiTarkovski

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Jeudi 2 avril 2020

(Escritor) –“Vaya experimento. Experimentos, hechos, la verdad en su última instancia. En sí no hay hecho alguno y menos aún aquí. Todo esto es un invento idiota de alguien. ¿Acaso no lo notan? Como es natural, ustedes necesitan saber quíen lo inventó. ¿Por qué? ¿Qué de bueno tienen sus conocimientos? ¿A quién le remorderá la conciencia por ellos? ¿A mí? No tengo conciencia, solo nervios”.

Escudriñar las afligidas brumas postapocalípticas. Acechar La Zona, proscrita y miraculosa.

Stalker‘ (1979), de Andrei Tarkovski.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XXI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Pajaritos, pajarracos y otras extrañas parejas

Ciclo de cine ‘Extrañas parejas’
Filmoteca de València
Plaza del Ayuntamiento, 17. València
La reina de África, de John Huston, y Pajaritos y pajarros, de Pier Paolo Pasolini
Martes 13 de septiembre, a las 18.00 y 20.00 horas, respectivamente
Hasta el 2 de octubre de 2016

La Filmoteca inicia una nueva temporada con la segunda parte del ciclo ‘Extrañas parejas’, cuya primera parte se proyecto durante el mes de agosto en la Filmoteca d’Estiu y durante el mes de julio en Nits de Cinema al Claustre de la Nau.

Organizado conjuntamente con el Aula de Cinema de la Universitat de València, el ciclo ‘Extrañas parejas’ presenta una serie de películas en las que se abordan las relaciones entre dos personajes muy diferentes entre sí, ya sea por la raza, la edad, la extracción social o por mucho otros condicionantes. Bajo esta excusa temática, el ciclo es una buena oportunidad para recuperar una serie de películas imprescindibles, firmadas por grandes autores de la historia del cine.

Fotograma de 'La reina de África', de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘La reina de África’, de John Huston. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Esta segunda parte del ciclo se inicia el martes 13 de septiembre con la proyección, a las 18 horas, del clásico de aventuras La reina de África (1951) de John Huston, y a las 20 horas con Pajaritos y pajarracos (1966), una de las películas  más significadas de Pier Paolo Pasolini.

Fotograma de 'El sirviente', de Joseph Losey. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘El sirviente’, de Joseph Losey. Filmoteca de Valencia.

En el ciclo están presentes películas de todas las épocas y todos los géneros, desde Luces de la ciudad (1931) de Charles Chaplin, hasta cinco clásicos muy distintos de la década de los sesenta y setenta: la producción británica El sirviente (1963) de Joseph Losey; el musical de Hollywood My Fair Lady (1964) de George Cukor; la comedia neorrealista Pajaritos y pajarracos (1966) de Pier Paolo Pasolini; El pequeño salvaje (1969) de François Truffaut, como representación de la Nouvelle Vague, y la crepuscular La vida privada de Sherlock Holmes (1970) de Billy Wilder.

También están presentes películas muy destacadas de directores contemporáneos aún en activo como Eduardo Manostijeras (1990) de Tim Burton; Los amantes de Pont-Neuf (1991) de Leo Carax; la comedia noruega Elling (2001) de Peter Naess; Air Doll (2009) del japonés Hirokazu Kore-eda; y el film de ciencia ficción Un amigo para Frank (2012) de Jake Schreier.

Fotograma de 'Christine', de John Carpenter.

Fotograma de ‘Christine’, de John Carpenter. Filmoteca d’Estiu.

Entre las películas seleccionadas que se vieron en la Filmoteca d’Estiu figuraban clásicos como la comedia fantástica El fantasma y la señora Muir (1947) de Joseph Mankiewicz; la película de terror de culto Christine (1983) de John Carpenter; y Cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders, junto con producciones más recientes como la sueca Déjame entrar (2008) de Tomas Alfredson y Her (2013) de Spike Jonze. La Filmoteca también tiene previsto retomar esta semana el ciclo ‘Las mejores películas de 2015’, cuya primera parte también pudo verse en la Filmoteca d’Estiu, con el estreno en Valencia de Heimat, la otra tierra (2015) de Edgar Reitz.

Fotograma de 'Pajaritos y pajarracos', de Pier Paolo Pasolini. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Pajaritos y pajarracos’, de Pier Paolo Pasolini. Filmoteca de Valencia.

 

Hitchcock y Truffaut mano a mano

A propósito de Hitchcock
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Hasta el 10 de julio de 2016

La Filmoteca inauguró el 10 de junio el ciclo ‘A propósito de Hitchcock’ con un programa doble que se inició en la sala Berlanga con la proyección del clásico Psicosis (1960) y prosiguió con el biopic Hitchcock (2012) del británico Sacha Gervasi. El ciclo con el que concluye la temporada de proyecciones en la sala Berlanga está conformado por cuatro películas que podrán verse del 10 de junio al 10 de julio.

Alfred Hitchcock y François Truffatu. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Alfred Hitchcock y François Truffatu. Imagen cortesía de la Filmoteca de Valencia.

Este  programa de la Filmoteca complementa el ciclo ‘Hitchcock / Truffaut: 50 años’ organizado por Cinema Jove para sus tradicionales proyecciones al aire libre en Viveros. Ambos ciclos destacan la celebración del 50 aniversario de la publicación del libro ‘El cine según Hitchcock’, en el que un joven François Truffaut entrevista al veterano cineasta británico para que que recuerde sus películas y reflexione sobre el cine.

En su ciclo, la Filmoteca ofrece la oportunidad de volver a ver en pantalla grande el documental Hitchcock/Truffaut (2015), en el que el prestigioso crítico Kent Jones se aproxima a la entrevista que François Truffaut realizó al cineasta británico y que dio origen a un libro que sigue siendo toda una lección de cine y una lectura obligada para todas aquellas personas interesadas en el arte de hacer películas.

Anthony Hopkins en el papel de Alfred Hitchcock. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

Anthony Hopkins en el papel de Alfred Hitchcock. Imagen cortesia de la Filmoteca de Valencia.

También están programados dos de los grandes clásicos de Hitchcock: Vértigo (1958), que arrebató en 2012 el título de mejor película de la historia a Ciudadano Kane (1941) en una encuesta de la revista Sight & Sound; y Psicosis, película de culto cuya accidentada preparación y el rodaje narra el biopic Hitchcock, una aproximación a la compleja personalidad del director inglés protagonizada por Anthony Hopkins y Helen Mirren.

Por su parte, el ciclo que ofrece la 31 edición de Cinema Jove entre el 17 y el 24 de junio está conformado por cuatro películas de Alfred Hitchcock y por cuatro de François Truffaut.

Alfred Hitchcock y François Truffaut. Foto de Philippe Halsman cortesía de Cohen Media Group por la Filmoteca de Valencia.

Alfred Hitchcock y François Truffaut. Foto de Philippe Halsman cortesía de Cohen Media Group por la Filmoteca de Valencia.

 

Los carteles ignífugos de la Fira del Llibre

50 Fires del Llibre de Valencia
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 15 de mayo de 2016

Es casualidad que la Feria del Libro de Valencia naciera en 1966, el año en que precisamente se estrenaba ‘Fahrenheit 451’, la película de François Truffaut en la que los bomberos se dedicaban no a apagar fuegos, sino a quemar libros. Casualidad, en todo caso, digna de estudio. Porque entonces, también la feria valenciana vivió momentos tensos por culpa de quienes arremetían contra ciertos libros sospechosos de quebrantar el ideario franquista. Lo curioso es que la película se sitúa en una sociedad posterior a 2010, en la que ahora estamos y en la que, por fortuna, los libros ya no es necesario quemar, porque según los datos estadísticos, cada vez se lee menos.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967.

Cartel de la Fira del Llibre de 1967. Centro del Carmen.

Para hacer recuento de todo ello, el Gremi de Llibrers ha organizado, en colaboración con la APIV (Associació Professional de Il.lustradors de València), una exposición en el Centro del Carmen que recoge carteles de sus 51 ediciones y fotografías de José García Poveda, a modo de memoria gráfica de tan ardua reivindicación a favor del libro. Porque los libros, tal y como recoge la película, pueden ser el comienzo de la aventura de pensar. Siempre y cuando se lean con la debida intensidad, como recuerda Nacho Casanova, ilustrador del cartel de este año, en una entrevista en la web de la Feria: “Soy partidario de la lectura entusiasta, por inmersión, que es algo que hay que reivindicar: ya sabemos cómo les cuesta a los más jóvenes concentrar la atención”.

De ahí la escalerilla que Casanova coloca en su cartel para sumergirse en ese gran libro rojo que domina la ilustración. Un libro bien grande como colofón a esa historia de los carteles nacida en 1966, aunque el primero de los expuestos corresponda a la edición siguiente. “No es que no hubiera cartel el año de su inauguración, pero no se ha encontrado”, subraya Juan Antonio Rodríguez de Dios, hijo del primer presidente que tuvo la feria y que aporta a la muestra algunos de esos primeros carteles pertenecientes a su colección.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Cartel de la Fira del Llibre de 2016 obra de Nacho Casanova. Centro del Carmen.

Gloria Mañas, directora de la Feria del Libro, destaca el crecimiento de la feria (“más expositores, más casetas y actividades, y más espacios”), al tiempo que se muestra “esperanzada” con el nuevo gobierno. “Ha adquirido compromisos con el sector del libro”, y apunta al Plan de Fomento de la Lectura, del que “se sabrán sus resultados en cuatro o cinco años”. También destaca Mañas el I Festival de Promoción Lectora que arranca en esta 51 edición destinada a maestros, bibliotecarios y agentes culturales.

Y como muestra, en este caso metafórica, del crecimiento de la feria, la artista Victoria Cano, a instancias de Javier Gay, asesor artístico de la exposición, ha montado un singular libro hecho de cuatro hojas con hierro y alambres a modo de jaula de la que cuelgan poéticos mensajes. “Es una escultura abierta, participativa, en la que se invita al público a que se atreva a pedir un sueño”, señala Cano. Y agrega: “¡Y ojo con lo que pides que a veces se cumple!”. Además, la artista, que exhibe en una sala contigua sus ‘Ecos & Huellas’, ha creado un dispositivo de realidad aumentada para captar la imagen de cuantos se atrevan a soñar alrededor de su escultura.

Los carteles, obra de artistas tan conocidos como Sento, Miguel Calatayud, Genovés, Rosa Torres o Luis Demano, permanecerán expuestos hasta el 15 de mayo, junto a las fotos de García Poveda distribuidas en 12 paneles, “algunos llenos de cadáveres”, apunta con humor negro el propio fotógrafo. Ilustres cadáveres, como los de Josep Vicent Marqués, Pepe Rubianes, Eduardo Haro Tecglen, Chumi Chumez o Dulce Chacón, entre otros tantos escritores y artistas que han pasado por la Feria del Libro durante sus 51 años de vida. Los bomberos de Fahrenheit 451 no han podido con ella.

Carteles de Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Escultura de Victoria Cano con carteles al fondo de la exposición 50 Fires del Llibre. Centro del Carmen.

Salva Torres

Valencia Negra da en el blanco

Valencia Negra
III Festival de Género Negro de Valencia
Del 7 al 17 de mayo de 2015

Lo hacen por amor a la cultura. ¡Cómo si no! Ahora que es tiempo electoral, no hay partido que se haga cargo de ella. La cultura brilla por su ausencia en las proclamas políticas. De manera que Valencia Negra, como tantas otras iniciativas culturales, salen hacia delante por el amor, no correspondido económicamente, de gente como Jordi Llobregat, Santiago Álvarez y Bernardo Carrión, al frente del festival de género negro que se celebra del 7 al 17 de mayo. Y como llover llueve sobre mojado, tienen claro que el negro del festival adquiere un tinte menos siniestro gracias al esfuerzo y la respuesta de participantes y público.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

De izquierda a derecha, Bernardo Carrión, Jordi Llobregat y Santiago Álvarez, directores del festival, emulando a la joven del cartel. Imagen cortesía de Valencia Negra.

“La tercera edición es la de la consolidación”, sostiene Álvarez, director de Contenidos de Valencia Negra. Y para ello enumera las 15 sedes que se extienden por toda la ciudad (“esperemos que el año que viene sean 20”), las más de 60 actividades y los cerca de 100 participantes. Y, por encima de todo, el nacimiento (“toda una responsabilidad”) del Premio Ledesma, en homenaje a Francisco González Ledesma, que se crea para reconocer toda una carrera literaria, siendo el primero en recibirlo Andreu Martín, uno de los “cuatro jinetes del apocalipsis en materia de novela negra”, según Álvarez. Los otros tres: Vázquez Montalbán, Juan Madrid y el propio Ledesma. “Queremos que sea un premio de larga trayectoria”, remacha Llobregat.

Fotograma de 'Vivamente el domingo', de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Vivamente el domingo’, de François Truffaut, película que se proyectará en Valencia Negra.

Y puestos a entregar premios, Valencia Negra los amplía este año. Al honorífico Ledesma se le suma el ya “tradicional” premio Mejor Novela y otros dos nuevos: Millor novel.la y Best Novel. Los votos de los lectores a través de la web del festival serán los que dicten los ganadores; más de 2.000 personas ya lo han hecho.

Ése es uno de los platos fuertes de la Valencia Negra consolidada. Pero hay más. Por ejemplo, la presencia de escritores como Dolores Redondo, famosa por su trilogía protagonizada por Amaia Salazar y enmarcada en el Baztán, Rosa Ribas, Juan Ramón Biedma o Javier Valenzuela, hasta un total de 40 narradores que pasarán por un festival con más autores valencianos que nunca, entre ellos Ferràn Torrent. El carácter internacional, autentificado el pasado año por Petros Márkaris, se profundiza en esta ocasión con la presencia del argelino Yashmina Khadra (seudónimo de Mohammed Moulessehoul), los argentinos Carlos Salem y Marcelo Luján, y los peruanos Santiago Roncagliolo y Jorge Eduardo Benavides.

Fotograma de 'Frío en julio', de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Frío en julio’, de Jim Mickle, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de 'Los canallas', de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

Fotograma de ‘Los canallas’, de Claire Dennis, película que se proyectará en Valencia Negra.

El cine también contribuye a dar esplendor al festival, saltando a la Sala Rialto de la Filmoteca Valenciana. Se proyectarán cuatro películas, dos de ellas inéditas en Valencia: ‘Los canallas’ (Les salauds), de Claire Denis, y ‘Frío en julio’ (Cold in july), de Jim Mickle. Las otras dos: ‘Vivamente el domingo’ (Vivement dimanche!), de François Truffaut, e ‘Inquietudes’ (Trouble in mind), de Alan Rudolph.

El certamen #60EnNegro, al que se han presentado 53 trabajos en formato de un minuto, también da fe del auge del festival. Finalmente, 12 son los seleccionados para una competición en la que ya han votado 3.000 personas, según cifras facilitadas por Bernardo Carrión, director de Comunicación. Paco Plaza, director de la saga ‘REC’, y Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo o Víctor Ros, entre otras) mantendrán una charla antes de la entrega del premio al corto ganador.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Marilyn Monroe fotografiada por Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra.

Fotografía de Weegee, al que se dedica una exposición en el MuVIM dentro de Valencia Negra. Imagen cortesía ©Weegee/Caravan.

Otro plato fuerte es la exposición que se abrirá al público el 14 de mayo en el MuVIM dedicada a Arthur Fellig, más conocido por Weegee. Fue uno de los pioneros del fotoperiodismo que, como recordó Carrión, “llegaba antes que nadie al lugar del crimen para fotografiar los sucesos”, al tiempo que revelaba y positivaba en vivo gracias al laboratorio instalado en su automóvil. También se le recuerda por sus fotografías a celebridades como Marilyn Monroe. La muestra cuenta con 96 imágenes del archivo de Side Gallery y permanecerá expuesta hasta el 31 de agosto.

El teatro en la Sala Russafa, con la reposición de ‘Matar al rey’ (Arden Producciones), y el cómic de Paco Roca, que dibujará a ritmo de jazz en la librería Bartleby, son algunas otras actividades de una Valencia Negra bien completa. Diez días de género negro que, como refleja el cartel realizado por Gustavo Ten, “da miedo, pero aún así incita a querer verlo”. Palabra de Santiago Álvarez, uno de los tres artífices de este festival en cuarto creciente, que le sigue el rastro a los tres más importantes: Gijón, Barcelona y Getafe. Todo ello en 2015, “el año de los festivales negros en España”.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Cartel de Valencia Negra, obra de Gustavo Ten. Cortesía de VLC Negra.

Salva Torres

Bernard Plossu, de México a Valencia

‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’
Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Hasta el 15 de septiembre

El primer viaje que Bernard Plossu (Vietnam, 1945) realizó a México en 1965 fue un golpe para el alma”. Aquí se encontró con una cultura y un entorno cuya “fuerza terrenal” lo impactaron de inmediato. La belleza de los paisajes recorridos a través de serpenteantes carreteras, los contrastes entre escenarios turísticos y barrios urbanos, así como su avidez por apresar cada instante de la travesía lo transformarían en uno de los mejores retratistas del espíritu de un país que describió como sublime.

Procedente de París, Plossu llegó a México a los 20 años, su equipaje incluía una cámara Kodak Retina y un objetivo de 50 mm. Lejos estaba de saber que con esos instrumentos se convertiría en fotógrafo profesional. En la Cinemateca, donde acostumbraba pasar las tardes, había aprendido el gozo de mirar, con películas de Jean-Luc Godard, François Truffaut, Louis Malle y Luis Buñuel. De pronto, se encontraba en un universo distinto, “viviendo la vida real, no la vida a través de las pantallas”, rememora el autor francés de origen vietnamitasobre esa primera travesía en tierras mexicanas.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Deslumbrado, se dedicó a retratar todo lo que ocurría ante sus ojos, más que la fotografía le interesaba la vida. Al final de esa aventura “estaba irreconocible y tenía un oficio: fotógrafo”, recuerda el creador. Plossu regresó en tres ocasiones más al país que le reveló su profesión y cambió para siempre su forma de ver el mundo.

No obstante la profundidad de la obra realizada y la entrañable relación que estableció con México, Bernard Plossu ha sido hasta ahora poco apreciado en el país al que dedicó incontables disparos fotográficos. Para reparar, en cierta medida, esa omisión Fundación Televisa y Ediciones Turner han publicado el espléndido libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’, que reúne 300 imágenes, algunas inéditas, capturadas por el fotógrafo durante sus cuatro viajes por nuestro país en los años 1965-66, 1970, 1974 y 1981.

“Es un fotógrafo muy escondido en la historia de la imagen mexicana a pesar de la amplitud de su trabajo. La idea es dar cuenta de esas imágenes y sacarlo de la sombra, ponerlo en el mapa de la fotografía mexicana”, registra Salvador Albiñana, editor de la publicación.

¡Vámonos! revela también el singular método del fotógrafo viajero por excelencia: “Andar, mirar y luego fotografiar”. Esta obra es también la guía de la exposición conformada por 150 imágenes a inaugurarse el próximo 28 de agosto en el Museo de Arte Moderno. La muestra, con el comisariado de Albiñana, se dividirá en cuatro secciones correspondientes a cada uno de sus viajes.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México. Imagen cortesía de Railowsky.

ESTÉTICA BEAT/HIP

Bernard Plossu se desplazó a México para vivir con sus abuelos maternos, refugiados de Indochina, e iniciar sus estudios en la Universidad de las Américas. Los planes no llegaron a realizarse: bastaron un par semanas para que el joven parisino dejara la escuela y el acomodo familiar para emprender un viaje que lejos de agotarse en la geografía se transformaría en una odisea interna.

Casi inmediatamente se encontró con un grupo de amigos ávidos, como él, de experiencias. Sobre los lazos que formó, Albiñana apunta que la mayor parte fue con estadunidenses, aunque también había franceses, latinoamericanos y, por supuesto, mexicanos como Guillermo Olguín, quien fue su guía por el país. “Los registros, las experiencias y las inquietudes de esos jóvenes oscilaban entre el ocaso beat y el preludio hippie, unidos todos ellos por su vinculación a los movimientos contra la guerra de Vietnam, por el consumo de mariguana y el desenfado amoroso”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Durante los 15 meses posteriores, se volvió un “trotamontes” que un día deambulaba por la capital y otro transitaba por carreteras con rumbo a Michoacán, Guerrero, Oaxaca o Chiapas. “¡Nos íbamos en cualquier momento, a donde fuera, improvisando siempre, con los coches llenos! Lo mismo a Acapulco, donde dormíamos en la playa, que al magnífico Guanajuato, a San Miguel de Allende, a Uruapan… Lo que menos buscábamos era un destino preciso. Nos íbamos para irnos, para vagar; la aventura tenía que ser total, siguiendo el instinto”, registra Plossu en uno de los textos del libro ¡Vámonos!

México fue para el creador francés el escenario donde todo era posible y en su empeño por eternizar el momento destinó cientos de rollos fotográficos a registrar su travesía. Aquel fue un viaje de iniciación en el que, recuerda, se encontraba “en un estado fotográfico constante”. Las imágenes capturadas durante aquellos recorridos que se antojaban inacabables tienen algo en común, según describe Albiñana, también historiador de la Universidad de Valencia: “Una suerte de mirada interior maravillada ante el esplendor de la propia vida: el descubrimiento de la amistad, de la libertad y la belleza; una extraña luz de serenidad y de confianza, aún no dañada por la frustración de los paraísos perdidos de una generación que se adoraba a sí misma y que creó algo nuevo y glorioso: la juventud”.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

La bitácora visual de ese primer viaje se compone en gran medida de imágenes de sus cómplices de aventura: aparece Bill Coleman, quien lo inició en la cultura beat; las largas piernas de su amiga Karina Schimdt, Guillermo Olguín y Mari en la playa de Zipolite, Oaxaca; la boda de Taide, su vecina. Se advierte también en esas instantáneas una mirada sensual hacia los gestos de las mujeres: rostros, cuellos, peinados. Carreteras y automóviles son personajes siemprerecurrentes en sus fotografías.

El creador “escribió” con su cámara un apunte autobiográfico: “La escritura es lo que más se acerca a mi forma de fotografiar. Yo tomo notas sobre todo lo que veo… la fotografía es eso: tomar notas. Soy un autor que hace fotos”, dice quien ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Fotografía en Francia.

Fotografía de Bernard Plossu del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

LOS REGRESOS

Ya en 1970, Bernard Plossu vovió a México con un espíritu diferente al de la primera visita. Después de algunos años y de muchas travesías había abandonado el andar beatnik. El creador describió así su mudanza: “La época beat/hip se interrumpió por sí sola, porque ser fotógrafo y descubrir el mundo me interesaba más que quedarme sentado en una bonita playa en la India. Cuando vi que los jóvenes se quedaban en las playas de Goa en lugar de viajar, decidí dejar todo aquello”.

La serie que realizó ese año, la cual tituló “Retorno a México”, muestra a un fotógrafo socialmente comprometido. Como un homenaje a la cinta ‘Los olvidados’, de Luis Buñuel, se trasladó a los suburbios de la Ciudad de México y se enfocó en los barrios marginales. Su cámara capturó, sin concesiones, la crudeza de una realidad implacable vivida por niños y adolescentes de la periferia.

En 1974, en su tercera visita, recorrió las ciudades de Ensenada y Tijuana. Sus imágenes revelan lo que significa “estar de paso”. La temporalidad y acritud de vivir “al límite”. Para Plossu, la frontera, más que una geografía, era “una manera de vagar sin moverse… el instinto de saber estar. La opción callada de vivir perdido”, comenta Osvaldo Sánchez, en el texto publicado en el libro ¡Vámonos!

“Trópico mexicano” es la última serie de fotografías realizadas en México en 1981. Son imágenes de su cita amorosa en el norte de Veracruz, con Françoise, fotógrafa francesa que se convirtió en su esposa.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu. Imagen cortesía de Railowsky.

MIRADA PROPIA

Si bien es cierto que Bernard Plossu no fue el primer extranjero en retratar con maestría las escenas del México cotidiano, sí puede decirse que fue pionero en eludir las recurrentes imágenes de los fotógrafos europeos y estadunidenses sobre México. El autor francés construyó una mirada propia, alejada de prejuicios. No hay en su fotografía, como bien señala Albiñana, “día de muertos, volcanes, enormes magueyes, miserables casas o teporochos olvidados en una acera”.

El blanco y negro define la mayoría de su obra, pero también ha recurrido al color haciendo uso de la técnica Fresson: un proceso artesanal sobre papel carbón realizado sin transferencias. Sin embargo, ya sea desde los matices del blanco y negro o desde la infinidad cromática, su fotografía logra la intimidad con el objeto atrapado por su lente. “No hay azar para el fotógrafo: le toca el azar que merece”, asegura a sus 69 años, quien no ha perdido su condición fugitiva de viajero.

Si Henri-Cartier-Bresson es el maestro del instante decisivo, el creador viajero es justamente la contrafigura: “El fotógrafo de los instantes no decisivos”. Su mirada logró transformar cada escena, por ordinaria que pareciera, en una imagen relevante, cargada de significado. Su obra es una secuencia de momentos cotidianos convertidos en poesía. Bernard Plossu es, sobre todo, el fotógrafo de todos los instantes.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro '¡Vámonos! Bernard Plossu en México'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Bernard Plossu, del libro ‘¡Vámonos! Bernard Plossu en México’. Imagen cortesía de Railowsky.

Laura Cortés

Hitchcock, de sombras por Valencia

Hitchcock’s shadows, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta septiembre

Los “artistas de la ansiedad”, como llamaba el cineasta François Truffaut a Kakfa, Dostoievski, Poe y, por supuesto, Alfred Hitchcock, no ayudan a vivir a la gente, “pues su vida ya es de por sí difícil”, pero a juicio del director francés “su misión consiste en obligarnos a compartir sus obsesiones”. Que es lo que hace Luis Rivera en la galería Alba Cabrera: acercarnos mediante casi medio centenar de piezas el universo fílmico del maestro del suspense para que comprendamos sus obsesiones: las de Hitchcock y las propias del artista.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Compartir sus obsesiones era, para Truffaut, la mejor manera de ayudar a conocernos, “lo que constituye un objetivo fundamental de toda obra de arte”. Luis Rivera, más humilde en sus pretensiones, muestra en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ (Las sombras de Hitchcock) las luces (imprescindibles para recrear el oscuro trasfondo del cineasta) y las sombras de un creador inimitable. De hecho, las sombras, a las que alude el título de la exposición, están provocadas por la luz impactando sobre las piezas de madera que Rivera ha diseñado. Sin embargo, paradójicamente, fueron las sombras las que determinaron el carácter abstracto de las piezas.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Grace Kelly en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“Primero creo la figuración, a partir de fotografías, y luego voy depurando la imagen hasta quedarme con los menos elementos posibles que sirvan para entender la pieza abstracta”, explica Rivera. Ese diálogo entre lo figurativo, proyectado a modo de sombras contra la pared, y lo abstracto, que aunque en primer plano salió posteriormente a modo de caligrafías o diseños extraídos de ese fondo figurativo, es el que permite a Luis Rivera hablarnos del Hitchcock más oscuro mediante series de color.

Es como revisitar el universo del autor de Psicosis a la luz del mediterráneo, cuyo mar aparentemente dócil suele resultar traicionero. Como Hitchcock. “Tenía su lado oscuro; él ya era tenebroso”. Y Luis Rivera alude al comportamiento que tenía con sus actores y al suspense de sus mordaces películas. El juego plástico entre el blanco y negro y el color también está muy presente en la exposición, toda ella configurada con piezas de madera intervenidas con acrílico, nogalina e hilo de nylon. “Reivindico la madera, no la trato de ocultar”. De ahí los marcos limpios, desnudos, revelando esa madera de la que se sirve para mostrar los sueños y pesadillas de Hitchcock.

Obra de Luis Rivera en la exposición 'Hitchcock's shadows'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Obra de Luis Rivera en la exposición ‘Hitchcock’s shadows’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Los pájaros, Atrapa a un ladrón, Con la muerte en los talones, Vértigo, La ventana indiscreta, Crimen perfecto, El hombre que sabía demasiado, Encadenados, Marnie la ladrona. Y Tippi Hedren, Janet Leigh, Anthony Perkins, Grace Kelly, Cary Grant, Kim Novak o James Stewart. Secuencias de películas y rostros de actores llenan la galería Alba Cabrera a modo de gran plató cinematográfico, repleto de sombras y luces que inciden sobre las piezas de madera para revelarnos el trasfondo oscuro del maestro del suspense.

‘Hitchcock’s shadows’ es una exposición repleta de pequeños detalles abstractos, extraídos, tras una lenta y gradual depuración, del sombrío universo de un director que buscaba el máximo de efectos con el mínimo de elementos. Rivera, apasionado del cine y de Hitchcock, sigue esa máxima para crear figuras reconocibles dentro del imaginario cinematográfico, a partir de su reverberación abstracta plena de color y de detalles. Luis Rivera utiliza la abstracción para crear una figuración sombría que, a su vez, sirvió de estímulo para la creación de sus abstractas piezas. Una circularidad manierista, propia del gran maestro del suspense.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición 'Hitchcock's shadows' en la galería Alba Cabrera.

Janet Leigh y Anthony Perkins en la obra de Luis Rivera para la exposición ‘Hitchcock’s shadows’ en la galería Alba Cabrera.

Salva Torres