La contrapublicidad de David de Limón

Las Hojas Limón, de David de Limón
Espai Russafa
C / Dénia, 45. Valencia
Inauguración: viernes 4 de noviembre, a las 20.00h
Hasta el 19 de noviembre de 2016

‘Las Hojas Limón’, que Espai Russafa acoge del 4 al 19 de noviembre, es fruto de las últimas inquietudes y de los procesos creativos de David de Limón, influenciados en esta etapa actual por la Cultura Jamming, subvertising o contrapublicidad y que como citaba Naomi Klein en No Logo, pertenece a “aquellos que modifican espacios, anuncios y asaltan vallas callejeras para desvelar la verdad profunda oculta tras los eufemismos publicitarios…”

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

La obra en su formato exterior es una oda al bombing, técnica originaria del Graffiti que establece la repetición en masa de firmas, figuras, motivos estéticos como reivindicación del individuo, y su apropiación del espacio y el medio. Sus creaciones aparecen por toda la ciudad, pacientes, ensimismadas en su acción, dotadas de un dinamismo compositivo que desborda el soporte donde están plasmadas. Aprovechando los espacios que son imposibles para las obras de otros artistas.

Su intención siempre ha sido la de aportar a esos espacios vacíos un contenido basado en el descubrimiento, la creación y la reivindicación, que halla en la sonrisa o la reflexión, un momento de conexión con la persona que pasa junto a ellas.

Para esta exposición, ha dotado a ese alma en libertad que impregna el graffiti, de un cuerpo de obras sobre papel, seleccionando para su composición, la combinación de una técnica mixta de tinta china y pinturas con base de agua en colores flúor con una concepción compositiva basada en el uso de geométricas y plásticas planas.

Esta combinación es una afirmación conceptual pura, donde muestra unos puntos de conexión con movimientos artísticos de los que el nuestro es heredero, y que como valedor de nuestro movimiento, reinterpreta los conceptos en la búsqueda de nuevas herramientas que son sus obras.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Obra de David de Limón. Imagen cortesía de Espai Russafa.

Fran Picazo

¿Las apariencias engañan?

I Am a Cliché, de Natacha Lesueur
Espai Tactel
C / Denia, 25. Valencia
Hasta el 5 de agosto de 2016

“Dentro de la ornamentación encuentro una violencia que me interesa”, dice Natacha Lesueur, Premio Ricard en 2000 y cuya obra figura en las colecciones públicas y privadas más prestigiosas de Europa. En su primera exposición en nuestro país, la artista nacida en Cannes muestra en Espai Tactel esa violencia revelada por medio de la ornamentación. Lo hace a través de una serie de rostros y figuras femeninas reveladores de lo que anuncia el título de la exposición: I Am a Cliché. “Cliché en el doble sentido fotográfico y de estereotipo”, aclara Lesueur.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Fotografías y estereotipos en torno a la mujer, unas veces retratada con pelucas de época o impresiones sobre la piel a modo de tatuajes modernos, y en otras evocando iconos de la cultura como Carmen Miranda. “Es representativa de muchas cuestiones ligadas al problema de la identidad”. Y Lesueur señala la condición de portuguesa que se fue a Brasil para después triunfar en Hollywood, donde se explotó su folclorismo (famosos fueron sus peinados rebosantes de frutas): “Pasó de la fantasía a la tragedia”, subraya la artista.

Esa conjunción de imágenes aparentemente seductoras, en las que aparecen huellas de cierta degradación o violencia, constituye el sello del trabajo que presenta en Espai Tactel. “Me interesa la ornamentación como huella, ya sea a través del pelo, las joyas o la ropa, en tanto marcas identitarias impuestas a la mujer”. Ahí estaríamos hablando de cierta imposición externa, a la que se superpone otra que bien pudiera ser interna, como en esas pelucas quemadas de dos mujeres gemelas. “Agresión interior o exterior”, cuestiona la propia artista, para aceptar que pueda ser “de los dos”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

De hecho, las pelucas, que remiten al barroco y a los tiempos de María Antonieta, fueron moda francesa impulsada por la propia reina de la corte gala. De manera que la ornamentación tiene una doble cara que Lesueur indaga en su trabajo. “Voy de la superficie a la profundidad y a esa lesión corporal focalizada en la peluca”. Y en la superficie de su obra se pueden contemplar rostros, nucas y figuras que atraen a primera vista, al tiempo que afloran señales inquietantes quebrando la imagen. “Es una crítica a la mujer como objeto de consumo”.

De ahí la importancia de Carmen Miranda: “Quedó encasillada y perdió su esencia real, acabando mal”. Lesueur rescata su imagen a través de una modelo que viene a revelar su carácter manipulable por los mass media. “Se ha utilizado su imagen como modelo de la carta del pantone, porque refleja su piel y los diversos colores de la fruta en sus peinados”. La artista toma esa referencia y le da una vuelta de tuerca: “Una mujer reinterpretando a otra mujer”. El caso de Carmen Miranda sería el de “la imagen superando al personaje”.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

I Am a Cliché reúne una decena de fotografías, dos intervenciones en la propia sala y dos videos en torno a esa mujer estereotipada que, de tanto repetirse, termina por ofrecer una imagen degradada de sí misma. Degradación que Natacha Lesueur inscribe en su obra mediante ornamentos igualmente ambiguos, tan pronto impuestos, denotando la agresividad que ello supone, como asumidos para mostrar cierta diferencia. “Ambigüedad acerca de lo que quieres y lo que no”.

El rostro de una mujer cuya cabellera cumple la función del velo ofrece de nuevo la idea de “lo que aparece y desaparece”. También hay un paisaje hecho con una cámara especial de infrarrojos, sobre el cual destaca un rostro ambiguo sobre una peana. La figura y el fondo revelando una vez más esa doblez tan del gusto de la artista francesa, que en los videos explora las posibilidades de la imagen estática y en movimiento, del rostro con unos ojos saltones de Barbie. Lesueur acoge en la superficie de su obra ese gusto por lo femenino, repleto de huellas que orientan la mirada hacia capas más profundas. Capas, en todo caso, a flor de piel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Obra de Natacha Lesueur. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Salva Torres

Eva Mus, 60 años como si nada

Eva Mus. Retrospectiva
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 29 de mayo de 2016

Figuras y paisajes. Estos son los dos grandes temas que explora Eva Mus (Valencia, 1940) en su obra. Temas ahora desplegados en la retrospectiva comisariada por Manuel Muñoz que acoge el Centro del Carmen bajo el escueto título de ‘Eva Mus. Retrospectiva’. Trabajos en los que la pintora, siguiendo la línea que traza el título de la muestra, se dedica a abundar en aquello que constituye la materia misma de su elaboración plástica: la simplicidad, que no simpleza, de unas pinturas, dibujos y collages plenos de sutilezas.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Las figuras y los paisajes que Eva Mus repite sin cesar en sus cuadros son como variaciones caligráficas del color. Al igual que un poeta utiliza palabras para ceñir lo que el tiempo degrada, una pintora maneja colores con los que describir los más sutiles estados de ánimo. Ya sea el San Pío V y su entorno, figuras en puertas y ventanas, o los más diversos arbolados, Eva Mus lo que hace es ponerse a la escucha de cuanto ve con paciencia sabia. El Centro del Carmen recoge 60 años de su dilatada trayectoria, en la que también figuran sus influencias cinematográficas, sobre todo del periodo clásico en blanco y negro que ella tanto admira.

Más de 50 obras dan fe de ese trabajo minucioso, incluso doloroso hasta alcanzar la tonalidad exacta bajo cierto estado de ánimo. A veces, una misma figura se repite arropada por variaciones cromáticas que transforman la presencia inicial. De igual manera que un paisaje cambia por efecto de la luz emanada del color. Figuras y paisajes que Eva Mus trata con parsimoniosa dedicación. Y como aquel hombre que susurraba a los caballos, la artista valenciana también parece susurrarnos a la vista lo que ella con anterioridad ha tenido el cuidado de mirar.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Mirada en una doble dirección. “Pintura sometida a la apariencia, al efecto óptico, a la ilusión”, dice en uno de las apartados de la exposición. Y pintura que intenta  “recorrer el camino a la inversa”, para “tratar de llegar de la ficción a la pintura”. El objetivo no es otro que descubrir “el gesto del pintar, el material elemental: pigmento, cola, papel”.

Sus tierras arcillosas y sus cielos recubiertos de un azul esquivo parecen el fondo ideal para sus orientales arbolados. Orientales porque el ramaje parece estar pintado con caligrafía japonesa. Como si la práctica zen estuviera detrás de esas mínimas variaciones del paisaje. Y como si la pintura y la escritura se dieran la mano para expresar con mayor riqueza esos estados de ánimo. Pero también del oriente mediterráneo, allí donde la mística contemplativa llevó igualmente al extremo la pasión por el detalle.

Vista general de la exposición de Eva Mus en el Centro del Carmen.

Vista general de la exposición de Eva Mus en el Centro del Carmen.

Las figuras también se sitúan ante puertas, ventanas o en interiores, para mostrarse en la ambigüedad de quien se deja ver sin ser del todo visto. Figuras muy cinematográficas en su encuadre y tratamiento, de las que resulta difícil saber si están a punto de salir o simplemente curiosean con el exterior, como el arbolado curiosea con el entorno frágil que Eva Mus pinta una y otra vez. Fragilidad que parece destilar también la posición de esa hija que requiere un padre, al que alude una de sus obras.

Su trabajo es un ejercicio singular de repetición cambiante. Figuras y paisajes que la artista valenciana no se cansa de pintar como queriendo atrapar incansable la fugacidad del tiempo y de la vida. La niña que un día fue también es una constante en su obra, donde tan pronto come sandía como está junto a un perro o se somete al dictamen del  propio lápiz de dibujo que parece apuntar hacia la yugular. Así es el universo de Eva Mus: delicado, sugerente y pleno de un misterio que se mantendrá en el Centro del Carmen hasta el 29 de mayo.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Obra de Eva Mus. Imagen cortesía del Centro del Carmen.

Salva Torres

Alegorías del consumo en la obra de Carlos Saura

Crónicas del No-Tiempo, de Carlos Saura
Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’
C / Cervantes, 16. Villanueva de los Infantes (Ciudad Real)
Hasta el mes de julio de 2016

En un lugar de la Mancha… Villanueva de los Infantes, se encuentra el Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’, que conmemora su quinto aniversario con la exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ del pintor Carlos Saura, nativo de la localidad, pero criado y residente en Valencia.

La exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’ hace un recorrido por la obra realizada en la última década del pintor. Un recorrido sin orden cronológico que se inicia con el cuadro ‘Arquetipos 2008’. Un acrílico donde se muestra a cinco espectadores con una mirada entre interrogativa y sorprendida al contemplar/se en los bustos expuestos sus propios rostros. Una alegoría de la posición del espectador con respecto a la obra de arte: esto es, el espectador como parte indisoluble de la obra, y la obra como un espacio de disolución para el espectador al abrir cierta interrogación en sus pensamientos, en sus valores prefijados.

Arquetipos, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Arquetipos, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

La obra de Carlos Saura y, en concreto, la expuesta en ‘Crónicas del No-Tiempo’, interpela al observador hasta disolverle en la indisoluble interrogación que el contenido y la estética de la representación plantean.

Obras como ‘She loves cakes & dogs’ (2011), ‘La sangre del ídolo’ (2011), ‘El ídolo’ (2010), ‘Star system’ (2010), ‘Reality blinds you’ (2010), ‘Superposición cuántica’ (2010) y ‘Seguridad ficticia’ (2008), representan aspectos y objetos de la realidad financiera, de consumo y mass-mediática de nuestra sociedad neocapitalista posmoderna. Aspectos y objetos convertidos en ídolos que ciegan la verdadera experiencia humana, tal y como reflejan los cuadros y los alegóricos títulos de los mismos.

The Idol, de Carlos Saura, en 'Crónicas del No-tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Fotografía: Begoña Siles.

The Idol, de Carlos Saura, en ‘Crónicas del No-tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Fotografía: Begoña Siles.

La interrogación en la obra de Carlos Saura surge no sólo del contenido de la representación y de sus títulos, sino también de todos esos objetos y de las figuras geométricas que irrumpen en su trabajo. Cierto universo pictórico que entronca, bajo la mirada lúdica del pastiche, con muchos aspectos del capitalismo multinacional asociado a la sociedad de consumo. Unas cualidades temáticas y estilísticas propias del arte posmoderno de las últimas décadas del siglo XX, tal y como señala Frederic Jameson, en su artículo Posmodernismo y sociedad de consumo.

La mirada crítica de Carlos Saura orienta al espectador a interrogarse en la misma dirección que sugiere el inicio del ensayo ‘El malestar en la cultura’ de Freud: “No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia, en cambio, los valores genuinos que la vida ofrece”. ¿Cuáles serían esos valores genuinos que ofrece la vida y que son menospreciados?

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

The Drama (Key Largo), de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Una pregunta a la cual Carlos Saura intenta dar respuesta. Por una parte, en  los retratos de matemáticos, de físicos y de músicos que componen las series tituladas ‘Science as Art’ y ‘Chronicles of the Nontime I, II y III’, ambas de 2015; y, por otra, en los cuadros dedicados a la naturaleza: a la diosa madre naturaleza -’La Novia del Sol’ (2014), ‘Das Rheingold: Freida III’ (2007) y ‘Erda’ (2011)-  y al mar Mediterráneo -’Autofocus’ (2014), ‘Verdeazul I y II’, (2014), ‘Mediterráneo’ (2013)-.

La ciencia como arte y lo femenino como naturaleza parecen ser los espacios que pueden trascender a la idolatría de los valores económicos y de consumo propuestos por la sociedad neocapitalista. Probablemente por ello, en esa serie de cuadros la mirada pastiche del trazo posmoderno del autor se disimula tras la admiración y fascinación por lo representado: el genio del músico y del científico y la diosa femenina de la naturaleza.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Erda, de Carlos Saura. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Ahora bien, la mirada posmoderna de la obra de Carlos Saura retorna al espectador en los cuadros de referencia cinematográfica: ‘The drama (Key largo)’ (2014) -fotograma de la película ‘Cayo Largo’ de John Huston (1948)- ‘Tomato sauce’ (2013) -pintura del rostro de Christopher Lee como Drácula-  y ‘El ataque’ (2013) -’Con la muerte en los talones’ de Alfred Hitchcock (1959)-. En estos cuadros, las escenas cinematográficas se ven invadidas por objetos que deconstruyen hasta la ironía el drama, la angustia y el terror inherentes en la obra fílmica tomada como referencia.

Carlos Saura en su exposición 'Crónicas del No-Tiempo'. Fotografía: Begoña Siles.

Carlos Saura en su exposición ‘Crónicas del No-Tiempo’. Fotografía: Begoña Siles.

En el universo pictórico de Carlos Saura la alegoría crítica surge de esos objetos que irrumpen en sus cuadros: navajas, tomates, pasteles, tostadoras,  pistolas de juguetes, playmobil, calaveras, planetas, etc… Objetos que se fusionan con el mundo representado en la obra y con el título de la misma para crear la metáfora que moviliza al observador hacia la interrogación.

Reality blinds you, de Carlos Saura en 'Crónicas del No-Tiempo'. Museo de Arte Contemporáneo 'El Mercado'. Foto: Begoña Siles.

Reality blinds you, de Carlos Saura en ‘Crónicas del No-Tiempo’. Museo de Arte Contemporáneo ‘El Mercado’. Foto: Begoña Siles.

Begoña Siles

25 años del Jimmy Glass rodeado de estrellas

V Ciclo de Jazz en Primavera y IX Ciclo 1906
25 años de Jimmy Glass
C / Baja, 25. Valencia
Del 22 de marzo al 20 de junio de 2016

Con motivo de su vigésimo quinto aniversario, el Jimmy Glass presenta entre marzo y junio un espectacular calendario de grandes conciertos dentro de su V Ciclo de Jazz en Primavera y del IX Ciclo 1906, en un nuevo esfuerzo por ofrecer la actualidad jazzística internacional y la mejor programación nacional en formato de club. Todo un manifiesto de actualidad y vanguardia que solo se podrá ver en el Jimmy Glass, en algunos casos como única actuación en España.

Durante esos cuatro meses pasarán por el Jimmy Glass grandes estrellas, leyendas del jazz, históricos de la vanguardia internacional, nuevas y mediáticas figuras y genios del jazz contemporáneo como Fly, Eric Harland, Al Foster, Tom Rainey, Mark Turner, Jorge Pardo, Canada Day, Tim Berne, Dave Kikoski, Chris Cheek, Mark Guiliana, Ernie Watts o Leo Genovese.

El saxofonista Mark Turner. Fotografía de Elia Costa por cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Mark Turner. Fotografía de Elia Costa por cortesía de Jimmy Glass.

Jazz en Primavera

El V Ciclo de Jazz en Primavera se abre el 22 de marzo con un dream team formado por Al Foster, Mark Turner, Peter Bernstein, Doug Weiss y Jorge Rossy, que lidera este increíble quinteto. Una semana después, el 29 de marzo, el club ofrece la presentación del cuarteto Never, la última gran asociación de Zhenya Strigalev y Eric Harland.

En la élite de la vanguardia, actuará el Tom Rainey Trío, con Ingrid Laubrock y Mary Halvorson el 4 de abril; el 19 de ese mes vuelve al Jimmy Glass Jorge Pardo, en esta ocasión con Mediterraníes -el trío del pianista Albert Sanz-; y el 27 le llega el turno al multicultural y original trío del contrabajista griego Petros Klamplanis, con el guitarrista Gilad Hekselman.

En mayo y dentro de este ciclo, la exquisita musicalidad de Canada Day (día 5), la contundente e histórica vanguardia del saxofonista Tim Berne (día 11) con su nuevo quinteto Snakeoil, y el trío del carismático pianista Dave Kikoski (día 24).

El ciclo de primavera concluye en junio con los conciertos del quinteto del saxofonista Chris Cheek con Jorge Rossy en la batería (día 7), y el soberbio trío Fly, con Mark Turner, Larry Grenadier y Jeff Ballard (día 20).

El saxofonista Ernie Watts. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

El saxofonista Ernie Watts. Imagen cortesía de Jimmy Glass.

Ciclo 1906

Los conciertos del Ciclo 1906 patrocinados por Estrella de Galicia comienzan el 14 de abril, con el Mark Guiliana Quartet con Shai Maestro; y continúan el día 16 con el cuarteto del legendario saxofonista y gran estrella internacional Ernie Watts, y el moderno lenguaje del cotizado pianista Leo Genovese y su trío, con Francisco Mela en la batería, el 1 de junio.

El batería Al Foster. Jimmy Glass.

El batería Al Foster. Jimmy Glass.

Los pensamientos a mano de Sorolla

Sorolla, apuntes en la arena
Centro del Carmen
C / Museo, 2. Valencia
Hasta el 25 de mayo de 2016

“Es un género frágil”, apuntó Felipe Garín, director del Centro del Carmen, refiriéndose al dibujo. De ahí las dificultades para su exposición. Joaquín Sorolla, dibujante compulsivo, realizó miles. Y no ha sido hasta ahora, gracias a un arduo trabajo de conservación y catalogación por parte del propio Museo Sorolla, que ven la luz los 120 expuestos en el Centro del Carmen. Son una parte minúscula pero muy relevante de los más de 5000 catalogados.

¿Por qué relevante? Porque como explicó el propio Garín y la comisaria de la exposición Sorolla, apuntes en la arena, Consuelo Luca de Tena, directora a su vez del Museo Sorolla, muestran “los procedimientos de trabajo” del pintor valenciano. Algunos de esos dibujos aparecen ligados a otros cuadros del artista, pero en líneas generales permiten conocer la singularidad de lo que fueron simples esbozos u obras con carácter propio. “Es una exposición muy útil, muy amena para el público en general”, destacó Garín. Para Albert Girona, secretario autonómico de Cultura, la muestra se centra en la elaboración de los dibujos que realiza Sorolla “a orillas de nuestras playas con elementos casi etnográficos”.

'Bajo el toldo, playa de Zarautz', de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

‘Bajo el toldo, playa de Zarautz’, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

La muestra se halla dividida en algunos de los aspectos que primaron en la obra de Joaquín Sorolla: la playa, el mar, las mujeres, las barcas, las velas, los bueyes o el trabajo en el mar. Famoso por atrapar como nadie la luz del mediterráneo en sus lienzos, la apuesta que llega al Centro del Carmen extiende esa percepción a sus frágiles dibujos. Dibujos en los que Felipe Garín confirmó la práctica ausencia del color. “Es poco frecuente. Todo lo más utiliza el clarión para reforzar algún aspecto del cuadro”.

El conjunto de dibujos, junto a algún cuadro grande y ciertas notas de color, no se había expuesto hasta la fecha, lo que supone un valor añadido a estos “apuntes en la arena” de Sorolla. De nuevo, la fragilidad atravesando la totalidad. Fragilidad del dibujo, cuyo papel corre el riesgo de la degradación temporal, y fragilidad de los apuntes tomados a pie de la inconstante arena. “Sorolla pensaba con las manos”, subrayó Garín. Y sus manos, como el pensamiento, no sabían de irregularidades o dificultades para expresar aquello que Sorolla miraba con gran pasión.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Madre con su hijo, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Además, esa impulsividad a la hora de dibujar, le venía condicionada por la propia naturaleza. En ella, ningún objeto, ninguna figura está quieta. Y aunque lo estuviera, como recordaba el pintor, cambiaba por la luz del sol que tampoco está nunca quieta. Así veía Sorolla el proceso creativo y así se recoge en sus dibujos, donde bastan unos trazos para iluminar la figura femenina, un ser casi mitológico para el artista valenciano, sus barcas o esas playas inmortales de su vasta producción.

“Sorolla dibujaba como el que respira y producía estos dibujos casi a diario”, puntualizó la comisaria de la exposición, en la que también estuvieron presentes Beatriz Alventosa, directora comercial de CaixaBank en la Comunitat Valenciana, e Isabel Salgado, directora de exposiciones de la Obra Social La Caixa, como entidad colaboradora junto al Consorcio de Museos de una muestra producida por la Fundación Museo Sorolla. Garín abundó en la presencia del dibujo, “un género que no ha gozado de la importancia que merece”. A ver si ahora, tratándose de un material inédito de Sorolla, la cosa cambia. “Detrás de esa aparente naturalidad que tenía [Sorolla] al pintar” hay “una amplia disciplina de estudio y de dibujo”, concluyó Luca de Tena. Sorolla, apuntes en la arena, viajará después del 29 de mayo a Girona y Tarragona, tras haber pasado ya por Madrid y Lleida.

Ver noticia en El Mundo Comunidad Valenciana

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Figura en la arena, de Joaquín Sorolla. Centro del Carmen.

Salva Torres

Rafael Amargo, del genio a la figura

Poeta en Nueva York, de Rafael Amargo, inspirado en la obra de García Lorca
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Del 6 al 8 de noviembre de 2015

Estudios recientes, como el anuario de la SGAE, revelan una caída del número de espectadores con relación a la danza. Lo cual a Rafael Amargo le afecta, pero menos. “Yo no paro de llenar los teatros”, dijo. Al Principal de Valencia llega con Poeta en Nueva York, inspirado en la obra de Federico García Lorca. Y lo hace avalado por el éxito de público durante sus últimas representaciones en Granada: “Más de 41.000 espectadores en 32 funciones”, subrayó orgulloso. ¿Qué la danza es el hermano pobre de las artes? Pues “valentía” como antídoto. Y más figuras.

“En la danza debería haber más nombres mediáticos, más figuras”. Y menos siglas. “NBE, Nuevo Teatro Español; pues muy bien, teatro vacío”, ironizó. “En vez de siglas, que haya nombres”, recalcó. El suyo es un ejemplo. Porque así, en plan figura, se muestra en el cartel de Poeta en Nueva York, obra que pasea desde hace 13 años por escenarios nacionales e internacionales con gran éxito de público. “A la gente hay que ir educándola poco a poco en la danza con buenos espectáculos”, subrayando su carácter de “público exquisito”.

Cartel de la obra Poeta en Nueva York, de Rafael Amargo. Teatro Principal de Valencia.

Cartel de la obra Poeta en Nueva York, de Rafael Amargo. Teatro Principal de Valencia.

Como exquisito es el Poeta en Nueva York con el que revive a Lorca. “A mí me pasó como a Lorca cuando fue a Nueva York, que al principio me costó adaptarme a la ciudad por su gran escala, me pareció impersonal y me causó miedo, pero luego la empecé a amar y ahora es como mi casa”. No caben medias tintas. “Nueva York o te gusta o ella no se mete en ti”, para concluir que se trata de “una ciudad muy cruel”, porque “si te va bien, te va muy bien, y si no te mata”. Gran parte de esa crueldad y de esa pasión desbordante se hallan en el espectáculo que durante los días 6, 7 y 8 de noviembre recala en el Teatro Principal.

Marisa Paredes, Cayetana Guillén Cuervo y Joan Crosas ponen sus voces al montaje escénico que cuenta con la colaboración especial de Edith Salazar y el audiovisual de Juan Estelrich. “El 50% de mi éxito se lo debo a él”. Las imágenes cinematográficas que acompañan el espectáculo, además del flamenco y el elenco de bailarines, han contribuido a ese Premio Max de las Artes Escénicas al mejor bailarín y el Mejor Espectáculo de la Década por votación de los lectores de El País Tentaciones. “Lleva 13 años representándose pero lo que funciona, mejor es no cambiarlo”, aunque se haya ido multiplicando “el cuerpo de baile y los artistas”.

El solo hecho de que se haya introducido el flamenco y el cine en Poeta en Nueva York ya es suficientemente novedoso. “Jamás se había hecho antes”, destacó Amargo, que reconoció haberse inspirado en el disco Omega de Enrique Morente y Lagartija Nick: “Es la Biblia para mí”. Un sonido rompedor que viene a calzar como un guante en el espectáculo que destripa las sensaciones de Lorca en aquel Nueva York previo al crack del 29. “La parte más cachonda y picante la escribió Lorca unos meses después en Cuba”, explicó el bailarín, que dijo sentir mucha pena por el modo en que se produjo la muerte del poeta granadino.

“Me gustaría saber dónde están sus restos, pero hablar de los muertos después de tanto tiempo creo que es provocar más dolor”. Por eso Rafael Amargo prefirió centrarse en lo que cercenó el asesinato de Lorca. “Si con 36 años dejó una obra tan majestuosa, lo que hubiera escrito de haber vivido un poco más sería la reostia”. Pero como “la mejor valentía es no quejarse”, ya sea por la muerte de Lorca o por el estado de la danza, el bailarín insistió en el espectáculo que ha triunfado por medio mundo y que ahora recala en Valencia. “Aquí el público siempre nos recibe muy bien; es un público que aplaude con locura, como si fueran las Fallas”. Poeta en Nueva York viajará después a Buenos Aires, de la mano del genio de Lorca y de la figura que reivindica para sí y para la danza Rafael Amargo.

Ver la noticia en El Mundo

Rafael Amargo en el Teatro Principal de Valencia. Fotografía: Jose Cuéllar.

Rafael Amargo en el Teatro Principal de Valencia. Fotografía: Jose Cuéllar.

Salva Torres

Las estructuras anímicas de Rafa de Corral

Persistencia del vacío, de Rafa de Corral
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta noviembre de 2015

¿A qué vacío se refiere Rafa de Corral cuando lo alude en una de las cuatro piezas inéditas que muestra en la galería Alba Cabrera? Para responder a esta pregunta, sin duda clave en su obra, se hace necesario desprenderse de la seguridad con la que habitualmente nos manejamos. Porque al hacerlo, descubrimos precisamente el lugar hacia el que los artistas (y Rafa de Corral lo es en alto grado) nos convocan. Lugar que no es otro que ese vacío aludido, en torno al cual los creadores van generando formas que hagan soportable la angustia de quien se arriesga a vivir próximo al caos.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Estructura ambigua, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Por eso Rafa de Corral combina en su obra estructuras pesadas que parecen unas veces flotar y otras alejarse de su condición sólida para evocar tumultuosos estados de ánimo. La firmeza y la fragilidad van dialogando en su obra, mostrando la tensión de la vida bajo múltiples formas. Todo empieza así: “Tengo sensaciones, veo formas y colores y los dibujo”, dice el artista. Diríase que del fondo oscuro, ése que algunas noches de infancia llegó a provocar la angustia de la que se nutre el vacío, van surgiendo esas formas y colores que, a base de inspiración y mucha transpiración, permiten alcanzar la plétora del sentido.

Rafa de Corral confiesa que a veces se pasa más de ocho horas seguidas intentando domesticar esas estructuras que parecen figuras. Porque la suya es una abstracción con los pies en el suelo, aunque sienta cómo cada vez más huye del referente. “Me impone mucho respeto la abstracción geométrica”, comenta. Esa sensación de perder pie, de alejarse por completo de la realidad, hasta caer en ese vacío que, no obstante, se muestra persistente en su obra. No sólo porque lo evoca una de sus últimas piezas (Persistencia del vacío), sino porque es su forma de trabajar.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Puerta del olvido, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

El vacío en la obra de Rafa de Corral se intuye en esas “estructuras con vida dentro”, según expresión del propio artista, que sin duda sirven de guía de su trabajo. Estructuras y formas que sin retorcerse, porque la línea nunca pierde su compostura, destilan una energía desbordante. Como si esas formas arquitectónicas, pesadas y firmes, perdieran precisamente su firmeza en medio de la nada. Como si la orgánica naturaleza del fondo mantuviera un pulso con esas formas próximas a derrumbarse, a pesar de su energía, de su mayestática presencia.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

The Infinitive Live Ii, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

“Yo lo veo como estados de ánimo, siempre bajo el signo de la dualidad, entre una parte orgánica y otra parte estructural; en lucha ambas partes”. Rafa de Corral dice trabajar con muchos bocetos previos, como si él mismo luchara por contener el vacío. Esto es, por dotarlo de contenido que amortigüe la angustia del fondo magmático, y por literalmente contenerlo a base de formas que casen con esa luz propiciada por el trabajo con los colores. “Trabajo por capas: del oscuro al claro”, dice. Y añade: “Trabajo con acrílico, pero la plasticidad me lo da el óleo”.

A base de una “luz escenográfica que genera inquietud”, Rafa de Corral va creando esas estructuras anímicas que recorren su obra en dirección a una cada vez más depurada realidad. Como si ese vacío persistente (“los títulos en mi obra son pistas, partes del cuadro”) le obligara a afinar su  propuesta con vistas a ceñirlo mejor. A reconocerse digno de la verdad que ese vacío encierra. Porque el vacío al que Rafa de Corral insiste en acercarse es, más que sinónimo de angustia, la posibilidad última de afrontarla sin miedo a perderse.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

La persistencia del vacío, de Rafa de Corral. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres

Pinceladas colectivas, silencio administrativo

Pinceladas colectivas
Galería Imprevisual
C / Doctor Sumsi, 35. Valencia
Hasta el 11 de septiembre de 2015

Que 150 artistas se reúnan para dar forma a un proyecto que nació en 2011 con fecha de caducidad, su presentación en las jornadas de clausura de Russafa Conviu de ese año, ya merece justa consideración. No es fácil aglutinar a tanto artista, con sus egos respectivos y estilos diversos, en torno a una propuesta que arrancó mediante la creación de un cuadro obra de Miguel Ángel Aranda, al que se fueron sumando otros 20 artistas, con sus añadidos a la obra realizada en vivo y en directo durante 15 días en la Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Miguel Ángel Aranda que dio origen a Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Las figuras o siluetas incorporadas a ‘La plaza de las artes’, título del cuadro que sirvió de germen creativo, fueron adquiriendo vida propia una vez concluido el proyecto. Así fue como, poco a poco, Pinceladas colectivas adquirió la dimensión que hoy tiene: centenar y medio de artistas interviniendo libremente esas figuras expuestas hasta el 11 de septiembre en Imprevisual, la galería en la que se gestó tamaño proyecto.

Hablamos de artistas como Gabriel Alonso, Javier Calvo, Calo Carratalá, Pepa Castillo, Javier Chapa, Raúl Dap, Rafa de Corral, Ramón Espacio, Xus Francés, Jarr, Sebastián Nicolau, Concha Ros, Ana Vernia o Vinz, del largo etcétera que nutre con sus aportaciones individuales la propuesta colectiva. Artistas en su mayoría valencianos, a los que se suman autores nacionales e internacionales, ya sean europeos o latinoamericanos. Artistas que reunidos en torno a esa plaza de las artes inicial han terminado por conformar el políptico denominado Avenida de Proyecto, cuyo conjunto se vende al precio de 46.700€.

Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Xus Francés en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Una cantidad estimada a partir de los 300€ en que se valora cada pieza por separado y con la que se pretenden sufragar los costes de producción de las figuras, de los 300 catálogos editados y pagar el trabajo de los 150 artistas que hasta la fecha han intervenido en el proyecto. Porque el proyecto, a tenor de la pasión con la que arrancó de la mano de Miguel Ángel Aranda, al alimón con Arístides Rosell, seguirá creciendo.

De hecho, las 150 figuras expuestas en una de las paredes de Imprevisual, justo enfrente del cuadro mayor que dio origen al conjunto, se dividen según los fondos de color rojo y amarillo que aparecen en los costados de ‘La plaza de las artes’. De manera que ya se piensa en su continuación, tomando ahora como referencia los tonos azul y negro que dominan el cielo y la tierra de la obra de Aranda. Una obra que viene a reflejar, mediante esa cabeza que se multiplica en todas direcciones, el carácter multidisciplinar y abarcador de todos los puntos de vista.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Obra de Vinz en Pinceladas colectivas. Galería Imprevisual.

Pinceladas colectivas, a pesar de la dimensión que ya tiene y del vuelo que va tomando, no ha despertado el más mínimo interés por parte del Ayuntamiento de Valencia. “Lo hemos presentado en Casas de Cultura, en La Rambleta y en diversos ayuntamientos, entre ellos el de Valencia, siempre con resultado adverso”. Y cuando se refiere Arístides Rosell a “resultado adverso”, se refiere a la nula respuesta una vez presentado el proyecto, lo que significa el acostumbrado silencio y falta de sensibilidad hacia propuestas que, como ésta y tantas otras, merecerían al menos una explicación acerca de las razones por las que se desestiman.

En cualquiera de los casos, Pinceladas colectivas sigue su rumbo porque, como señala Miguel Ángel Aranda, hay un motor que mueve el proyecto: “la pasión”. Una pasión compartida por 150 artistas a los que se van sumando otros nuevos en lo que han dado en llamar ‘Anexos’: prolongación lateral de la obra inicial que, pese al silencio administrativo, da mucho de qué hablar. Entre otras cosas, de aquello que todas esas figuras y siluetas contienen como pálpito de la heterogénea visión del mundo.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Vista de algunas de las obras de Pinceladas colectivas en la Galería Imprevisual.

Salva Torres

Las esculturas inacabadas de William Tucker

Tucker: masa y figura
Museo de Bellas Artes de Bilbao
C / Museo Plaza, 2. Bilbao
Hasta el 14 de septiembre, 2015

El Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge una amplia selección de voluminosas obras de la etapa más figurativa del escultor anglo-americano William Tucker, uno de los pioneros del movimiento minimal europeo en los años 70. Bajo el título Tucker: masa y figura, la primera exposición que protagoniza en España, presenta 48 piezas, 24 esculturas de tamaño grande y medio y 24 maquetas previas de las mismas, y 57 dibujos, en una retrospectiva que abarca sus últimos 30 años de carrera escultórica, en los que dio un giro de 180 grados a su obras, según informa Efe.

William Tucker en su exposición 'Tucker: masa y figura'. Imagen del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

William Tucker en su exposición ‘Tucker: masa y figura’. Imagen del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Tucker, según explicó el comisario de la muestra, Kosme Barañano, dejó el minimalismo a mediados de los años 80, tras trasladarse a vivir y trabajar a EEUU. En esa época dejó de hacer piezas de carácter conceptual y frío y comenzó a interesarse por la escultura de grandes volúmenes que podía modelar y realizar, en yeso o bronce, con sus propias manos, al estilo del francés Auguste Rodin.

El artista, presente en la inauguración, reconoció que lo que le interesa de Rodin es que el escultor francés, contemporáneo de los pintores impresionistas, “era un artesano, que sabía cómo hacer sus propias esculturas”. “No era como la gente actual que tiene una idea y le pide a alguien que se la haga”, indicó, al tiempo que reconoció que le gusta dejar inacabadas sus obras a propósito para que el espectador tenga que cavilar y pensar qué es lo que ha querido plasmar en sus voluminosas piezas.

Escultura de la exposición 'Tucker: masa y figura', en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Imagen del video de Efe.

Escultura de la exposición ‘Tucker: masa y figura’, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Imagen del video de Efe.

“Son obras -explicó Barañano- que nos hacen trabajar para ver qué hay detrás de la presencia del bronce o del yeso. Las figuras, cabezas y manos que plasma en sus obras se ven cuando damos una vuelta a las esculturas”. Barañano puso como ejemplo de ello la pieza en yeso titulada Odalisque (2008), que vista desde un ángulo se asemeja a una masa informe en forma de uve pero que, contemplada desde otro, se revela como el torso, sin cabeza ni pies, de una mujer sentada con las piernas en alto.

Respecto a los dibujos a carboncillo que acompañan y en muchos casos explican las esculturas, Barañano comentó que también el lugar y la distancia desde la que se observen influye en lo que el público ve reflejado. “Al alejarse -matizó-, uno puede ver manos, torsos y cabezas, pero al acercarse al dibujo, sólo contempla una serie de líneas abstractas, aparentemente sin sentido”.

Tucker: masa y figura, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Imagen del video de la agencia EFE.

Tucker: masa y figura, en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Imagen del video de Efe.