«La crisis traerá más ruido, rabia y confusión»

#MAKMAEntrevistas | Txani Rodríguez
‘Los últimos románticos’ (Seix Barral, 2020)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Miércoles 22 de julio de 2020

Entre brumas y acordes que resuenan en su memoria personal y paisajística, la escritora y periodista alavesa Txani Rodríguez ha paseado su novela ‘Los últimos románticos’ (aún con el cálido y reciente tacto de imprenta) por la inusitada XXXIII Semana Negra de Gijón, procurando con su presentación una de las rúbricas definitivas del festival.

De este modo, la autora ha portado consigo esa calima industrial de celulosas y proletariado que palpita en su obra con vigorosas semejanzas del pasado, perfilando un horizonte de añoranzas solidarias y obreras –tan carentes como necesarias en el complejo y desubicado escenario laboral del presente–.

Porque Irune, su personaje protagonista, evoluciona entre turnos y despidos de una fábrica de papel (higiénico y contaminante) del País Vasco, contiendas sindicales y ecologismo; un entorno en el que solo cabe superar el duelo vital de la pérdida (familiar y laboral) a través de la materialización de la fraternidad, la amabilidad y el compañerismo –conceptos con los que equilibrar, además, la inapelable soledad contemporánea que vulnera la relación entre los individuos–.



Las siete y media, los últimos románticos / Se acaban acostando con cualquiera”, sentencia el músico Quique González en ‘Parece Mentira’, uno de los temas de su álbum ‘Delantera Mítica’ (2013). ¿Te hubo interpelado su letra para componer la deriva proposicional de tu novela?

En realidad, llegué al título por mí misma, tras descartar otras muchas opciones, y a pesar de existir una novela homónima de Pío Baroja, decidí mantenerlo. Sin embargo, aunque, como digo, llegara sola al título creo que es muy posible que en mi subconsciente resonara la letra de Quique González que me señalas, porque el madrileño es uno de mis músicos favoritos, y algunas de sus canciones he debido de escucharlas un millón de veces, al menos.

En tu prosaica descripción de Irune, sustentada por las máculas de lo cotidiano, ¿reside el lirismo en los márgenes de sus actos, tras la montañas vitales de celulosa y soledad, introspectiva y telefónica?

Bueno, no considero que la descripción de Irune sea prosaica, no era mi intención, en todo caso, pero sí comparto que el lirismo –un ingrediente que, en mi opinión, siempre hay que limitar- puede proceder de los lugares y gestos más insospechados, por ejemplo, de una fábrica de papel higiénico. Se escribe poco sobre las fábricas, pero en ese mundo también cabe todo, incluido el lirismo.

Si ‘Los últimos románticos’ radiografía un entorno periférico de tiempos conclusos y desahucios industriales, ¿cabría situar el cosmos en el que evoluciona su protagonista en otro contexto que no fuera el de la decadencia fabril del País Vasco, Asturias o Galicia?

En la novela las reflexiones sobre la solidaridad entre trabajadores son importantes, por lo que creo que ese tipo de entorno se hace necesario; sin embargo, para hablar de la importancia de la idea de comunidad o de los cuidados, valdría cualquier lugar de Europa.

El escritor Luis Artigue y Txani Rodríguez durante la presentación de ‘Los últimos románticos’ en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Fotografía cortesía del festival.

El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan”, sentenciaba Karl Marx. ¿Es la solidaridad obrera la levadura imprescindible para conquistar ese estadio de consideración social?

El pan es importante también, y una buena manera de demostrar respeto por los trabajadores es impulsar buenos convenios colectivos. La solidaridad obrera, por desgracia, parece ya cosa del pasado. A diferencia de lo que sucedía en décadas pasadas, en las fábricas hay muchos trabajadores eventuales o procedentes de empresas de trabajo temporal, con lo que, a menudo, quedan al margen de las organizaciones sindicales… Creo, además, que todo el mundo va bastante a lo suyo.

¿Qué porvenir aguarda a las ‘Irune’ que pueblan, con sus vindicaciones, el marco laboral contemporáneo?

No parece que les aguarde un futuro demasiado esperanzador, teniendo en cuenta, encima, que estamos a las puertas de una nueva crisis económica que, al parecer, será profunda. Por otro lado y de manera previa, las sucesivas reformas laborales han ido mermando los derechos de los trabajadores en este mercado –en el que participamos todos–, cada vez más deslocalizado y voraz.

¿Cabe alentar otra conducta moral que no este sustentada por la empatía, la cordialidad o la benevolencia? ¿De qué modo dotar de oxígeno a la amabilidad en tiempos permanentemente convulsos?

La amabilidad no cuesta nada, nos decían, y es verdad; la amabilidad no es compromiso, es algo más puntual –una sonrisa, una buena contestación–, pero también reconforta. He tenido, a menudo, la sensación de que se premiaba la displicencia frente a la amabilidad, o dicho de otro modo, que la maldad se confundía con la inteligencia, y la bondad con estupidez. Estoy totalmente en contra de esas ideas.

¿Hubieran afectado las consecuencias sociales y sanitarias de la COVID-19 a la deriva diegética de tus personajes? ¿Alimenta este incógnito escenario de distanciamiento social la ausencia de compromiso?

Según muchas voces, parece que de esta crisis saldremos cambiados, que aumentará el sentido de comunidad (muchas personas han descubierto ahora cómo se llamaba el vecino de enfrente) y que valores que parecían olvidados volverán a cobrar fuerza. Yo soy algo más pesimista, no creo que esto nos haga mejores, y la crisis económica traerá más ruido, rabia y confusión.

La escritora Txani Rodríguez. Fotografía cortesía de la autora.

Jose Ramón Alarcón

“Los mitos son nuestro ADN literario“

#MAKMAEntrevistas | Javier Sierra
‘El mensaje de Pandora’
Planeta de Libros, 2020
Miércoles 1 de julio de 2020

Apenas hace unos pocos meses que se declaró la pandemia y ya se han editado libros que analizan sus causas y consecuencias. Unos son ensayos y, otros, testimonios personales del confinamiento. ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra, elude las etiquetas. Fiel al enfoque del autor, se mueve entre la ciencia, la ficción y el género epistolar para enviar un peculiar mensaje de esperanza y curación. Al declararse el estado de alarma, Sierra aparcó dos proyectos para escribir en tiempo récord este mensaje, que enlaza el origen de los tiempos y la vida en la Tierra con el convulso presente. ”Ha sido el libro más fulgurante que he escrito en 25 años de carrera”, confiesa. “Como si su historia necesitara salir de mis manos y llegar al lector con premura”.

Arys, una joven cretense a punto de cumplir mayoría de edad, recibe una carta de su tía. Se la escribe en Atenas al final de la última pandemia vírica que sacude al mundo.  Sus páginas rememoran un viaje que ambas hicieron hace años, al sur de Europa. Francia, Gerona y las comarcas del Ampurdán fueron el escenario de una aventura cuyos recuerdos esconden claves que cobran sentido frente a la crisis sanitaria.

Portada de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

Da la impresión de que ha escrito este libro pensando en los jóvenes.

La protagonista del libro es una chica que acaba de cumplir 18 años, pero, en realidad, es una metáfora de lo que somos como sociedad. Una cultura que ha vivido una infancia prolongada creyendo que la muerte no era cosa suya y que, de repente, de forma global, ha sentido de cerca su amenaza. Es, por tanto, un relato dirigido a todo el mundo, pero poniendo énfasis en aquellos de nosotros que sabemos que todavía podemos hacer algo por este planeta tras la pandemia de la COVID-19.

¿Por qué, precisamente, el mito de Pandora?

Según los textos griegos clásicos, Pandora es la primera mujer. Zeus la envío a la Tierra con una caja que le prohibió abrir y que contenía todos los males. Ella la abrió y con ese acto terminó con la Edad de Oro de la humanidad. La historia de ese mito me recuerda una teoría científica propuesta por varios premios Nobel: que la vida y las enfermedades, dos caras de un mismo proceso, llegaron aquí en «cajas de piedra» que llamamos cometas, asteroides o meteoritos, y fecundaron al planeta como lo haría un espermatozoide con un óvulo 50.000 veces más grande que él. Y a partir de esa conexión, tuve un hilo narrativo maravilloso del que tirar.

Los mitos son «instrucciones en clave para garantizar la supervivencia de la especie». ¿No cree que el pensamiento racional y la tecnología los han borrado de la faz de la tierra?

La invención de la escritura hizo innecesario que nuestros antepasados recordaran de memoria grandes cantidades de versos y de historias. Los mitos se inventaron en esa época remota para encapsular informaciones importantes en ellos y que pudieran ser recordados con facilidad generación tras generación. Pero la llegada del alfabeto nos llevó a formulaciones cada vez más complejas, aunque también a olvidar muchos de esos «datos disfrazados» de los mitos. A mi me interesa mucho recuperarlos. Son nuestro ADN literario. Y eso no implica que la razón deba desdeñarlos; al contrario: debe estudiarlos con ahínco.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Que la vida haya brotado en nuestro planeta o proceda del espacio exterior, supone alguna diferencia?

Sí. Nos da una perspectiva mayor de lo que somos. O, mejor, de lo poco que somos en una galaxia que –acaba de calcularlo la Universidad de British Columbia— tiene seis mil millones de planetas tipo Tierra perfectamente capaces de albergar vida. Visto desde esa perspectiva, la vida es una especie de «infección cósmica». Y saberlo puede ayudarnos a determinar dónde aplicar vacunas que controlen a patógenos potencialmente agresivos.

El animal humano ha dominado a la fauna, sometiéndola a condiciones crueles para su provecho. ¿Se podrían interpretar las pandemias como una especie de venganza por estos excesos?

Existe un movimiento internacional llamado One Health que promueve una saneamiento de los mecanismos con los que tratamos a los animales. Su propósito no es solo mejorar sus condiciones de vida, sino salvarnos como especie. La COVID-19 es un virus zoonótico, que saltó de animales sacados de su hábitat natural y nos agredió. Es una lección que debemos aprender ya si no queremos enfrentarnos a ataques aún peores.

Apunta que anteriores pandemias afloraron aspectos positivos que hicieron progresar a la sociedad. ¿Cree que la COVID-19 va a traer, también, nuevos y mejores tiempos?

Traerá transformaciones que el tiempo dirá si son mejoras o no a nuestra forma de vida. Un ejemplo inmediato es el teletrabajo. Su implantación repercute directamente en la contaminación del transporte de las grandes ciudades y mejora el tiempo que compartimos con la familia. Pero su arraigo traerá más cambios, no todos necesariamente positivos. Habrá que esperar a verlo.

Ilustración de ‘El mensaje de Pandora’, de Javier Sierra.

¿Qué dogmas vigentes hoy nos impiden avanzar en el conocimiento (y en el autoconocimiento)?

Sobre todo, uno muy arraigado: el convencimiento absoluto de que la naturaleza debe domesticarse y ponerse al servicio del ser humano. Lo hacemos sin pensar en ello, como si fuera un derecho. Y no lo es. No somos una criatura ajena a la naturaleza, ni tampoco superior a ella. Somos parte intrínseca suya. Si lo asumiéramos, la respetaríamos más y no la violentaríamos como acostumbramos.

‘La rebelión de los brujos’ es su libro fetiche. ¿Se considera heredero de Bergier y Pauwels?

Ellos son «hijos del 68». Mentes que propusieron un reordenamiento de la historia y una reevaluación de las competencias de la ciencia. Lo hicieron bien. Nos invitaron a pensar. Pero mi época es otra, y los desafíos de mi generación han variado. Ya no nos preocupa tanto lo que el hombre pueda destruir con el átomo, como lo que la naturaleza pueda hacer con nuestra civilización ante el cambio de ciclo que, intuimos, acaba de empezar.

Recuerda a su padre, cartero de oficio en Teruel. Los jóvenes ya no escriben cartas, sino mensajes mínimos. ¿Cree que eso, al igual que las nuevas tecnologías, afectará a sus procesos mentales?

Lo que expresamos es consecuencia de lo que pensamos. En eso no hay secretos ni dobles lecturas. Veo con preocupación esa banalización del lenguaje, porque está generando una pereza en el ejercicio de pensar. Y eso no es bueno para nuestra civilización. Por eso soy un ferviente defensor de las campañas de fomento a la lectura, de acercar a los jóvenes la cultura en todas sus expresiones, y de la exigencia educativa para formarlos en la lengua y su uso.

Javier Sierra. Foto: Asis G. Ayerbe.

Bel Carrasco

La pandemia en la literatura y otras reflexiones

Pandemia por el coronavirus
Valencia. Marzo de 2020

Como dijo el sociólogo Zygmunt Bauman, en una entrevista de Fernando Vallespín para Babelia, “entre lo que sabemos y lo que podemos hacer hay una brecha que no sabemos cómo superar”. Y lo que sabemos, a raíz de la pandemia por coronavirus, es que el agente infeccioso más pequeño que conocemos, más diminuto que las bacterias, sigue alterando, y de qué manera, la vida de los occidentales acomodados que, ante semejante invasión, nos defendemos confinados en nuestras casas. “En estos años se ha advertido la emergencia de muchos nuevos virus”, escribió hace ya casi 20 años Brian Mahy (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, EEUU), refiriéndose al sida, dengue, lassa, ébola o SARS, este último causante de la neumonía asiática en 2003.

Pancarta en un balcón de Valencia. Foto: Begoña Siles

Los cambios ecológicos y la globalización se apuntan como causas probables de esa emergencia constante de virus y de su rápida propagación. Sea como fuere, lo cierto es que nunca como ahora nos hemos visto agredidos por un virus que ha convertido nuestras vidas en foco de atención cotidiana, más allá de la ciencia ficción que hayamos podido consumir como espectadores que asistíamos, desde nuestras confortables butacas, al dantesco espectáculo hoy convertido en triste realidad. Por eso las citas literarias que a continuación ofrecemos, pertenecientes a diferentes novelas que han tratado, de una forma u otra, el drama de la pandemia, nos pueden ayudar a sentir de verdad la importancia de la ficción a la hora de transmitir lo real de la existencia, que la sociedad del bienestar suele acolchar.

Pintada en un macetero de Valencia. Foto: Begoña Siles

Las imágenes que acompañan estos fragmentos literarios fueron tomadas durante el fin de semana del anuncio por parte del gobierno del Estado de Alarma debido al coronavirus. Una Valencia vacía como reflejo del aislamiento social obligatorio causado por la pandemia. “No hay soluciones locales para problemas generados a nivel global”, decía Bauman en esa entrevista, al tiempo que advertía cómo ante los desastres de la guerra o la pandemia la gente se suele movilizar olvidando sus diferencias y discrepancias, para retornar después al origen: “En cuanto la cuestión unificadora desaparece de la atención y la preocupación del momento, las divisiones vuelven a hacer acto de presencia, a menudo profundizadas y fortalecidas por la frustración”. He ahí ese otro virus, humano, demasiado humano, que diría Nietzsche, y que conviene tener siempre muy presente.

Anuncio en un local de Valencia. Foto: Begoña Siles

La peste (Albert Camus)

«La estupidez insiste siempre».
«El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma».
«La gente se casa, se quiere todavía un poco de tiempo, trabaja. Trabaja tanto que se olvida de quererse…El cansancio era la causa, él se había abandonado, se había callado cada día más y no había mantenido en su mujer, tan joven, la idea de que era amada. Un hombre que trabaja, la pobreza, el porvenir cerrándose lentamente, el silencio por las noches en la mesa, no hay lugar para la pasión en semejante universo».

Una calle de Valencia completamente vacía. Foto: Begoña Siles

«El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad». 
«La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar».
«Lo que es preciso subrayar es el aspecto frívolo de la población y de la vida. Pero se pasan los días fácilmente en cuanto se adquieren hábitos, y puesto que nuestra ciudad favorece justamente los hábitos, puede decirse que todo va bien».

Calle de Valencia completamente vacía de tráfico. Foto: Begoña Siles.

Ensayo sobre la ceguera (José Saramago)

«La ceguera también es esto, vivir en un mundo donde se ha acabado la esperanza».
«Hasta este punto puede engañarse el espíritu cuando se rinde a los monstruos que él mismo ha creado».
«Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, esa cosa es lo que somos».
«Es lo que nos pasa a todos, siempre hemos sido más alguna vez…Quiere decir que tenemos palabras de más, quiero decir que tenemos sentimientos de menos. O los tenemos, pero dejamos de usar las palabras que los expresan y, en consecuencia, los perdemos».
«No hay en el mundo nada que, en sentido absoluto, nos pertenezca».

Una de las calles de Valencia sin tráfico. Foto: Begoña Siles

La montaña mágica (Thomas Mann)

«Procure recordar que la tolerancia se convierte en un crimen cuando se tiene tolerancia con el mal».
«El tiempo no posee ninguna realidad. Cuando nos parece largo es largo, y cuando nos parece corto es corto, pero nadie sabe lo largo o lo corto que es en realidad».
«Sabemos perfectamente que introducir cambios y nuevas costumbres es el único medio del que disponemos para mantenernos vivos».

Anuncio en el interior de una pastelería de Valencia. Foto: Begoña Siles

«Nada puede ser, en el fondo, más mezquino que tachar de absurdo el hecho de que el espíritu quiera defender su dignidad frente a la naturaleza y se niega a rendirse ante ella».
«A veces es muy difícil discernir la estupidez de la inteligencia. Es tan difícil separarlas, están a un paso tan pequeño la una de la otra».
«Las contradicciones pueden conciliarse. Sólo las mediocridad y las medias verdades son imposibles de conciliar».

Pintada en Valencia. Foto: Begoña Siles

La máscara de la muerte roja (Edgar Allan Poe)

«Y la tiniebla, y la ruina, y la muerte roja tuvieron sobre todo aquello ilimitado dominio».
«En el interior existía todo esto, además de la seguridad. Afuera, la muerte roja».

Némesis (Philip Roth)

«Cuanto menos miedo, mejor. El miedo nos castra. El miedo nos degrada».

Ilustración en el muro de una calle en Valencia. Foto: Begoña Siles

“El mundo clásico es más adictivo que los superhéroes”

Pánikas, de Pilar Pedraza
Ediciones El Transbordador
Fecha de publicación: 23 de enero de 2019

Un cerebro tumefacto con un ojo incrustado en su interior servido entre viandas típicamente mediterráneas: higos, uvas y almendras. Es la impactante portada de la última ficción de Pilar Pedraza, Pánikas (Transbordador), una imagen que refleja el contenido de esta novela corta pero intensa, escrita en tiempo récord en la que la autora regresa al mundo contemporáneo sin perder el vínculo con el clásico y sus dioses paganos.

Sofía Fontbona, profesora universitaria, es invitada a participar en un seminario sobre la Antigüedad en una isla del Dodecaneso, donde sufre una intensa experiencia que desencadena una serie de episodios neurológicos que ella denomina, Surfear en el infierno (Surfear en los infiernos es el título de un relato previo germen de esta historia). “Pánikas es, ante todo, una novela del cuerpo, un diario de la enfermedad si se prefiere”, escribe en el prólogo Luis Pérez Ochando, autor del diseño de la cubierta (…) “Describe, sin concesiones, la fragilidad de nuestro envoltorio, la fragilidad de nuestra carne”… En el relato se insinúa la posibilidad de una utopía que concilia lo intelectual y lo sensual, una de las señas de identidad de Pedraza, así como el enfrentamiento entre lo racional y lo visceral, lo sagrado y lo profano, la vigilia y el sueño… En suma, una piedra preciosa más ensartada en ese collar de varias vueltas que es la obra de Pilar Pedraza.

Portada del libro 'Pánika', de Pilar Pedraza.

Portada del libro ‘Pánikas’, de Pilar Pedraza.

Con esta historia regresa al presente tras su trilogía ‘Las Antiguas’, pero sin renunciar al mundo clásico.

El mundo clásico es adictivo, más que los superhéroes y más que seguir la marcha del mundo por la prensa. Al menos para mí, que siempre he sido una niña rarita.

Se rumorea que escribió esta novela en sólo unas pocas semanas.

Así fue. Cuando supe que Jean Cocteau escribió ‘Les enfants terribles’ en dos semanas, en un hospital, mientras se desintoxicaba del opio gracias a la generosidad de Coco Chanel, me entraron unas ganas locas de emularle, a ver qué pasaba. Suelo ser muy lenta escribiendo, y una novela no me lleva menos de un año o más, algunas mucho más porque tardo en pillarles el mecanismo que hace clic, pero escribí ‘Pánikas’ en un rapto fulgurante de dos semanas y la corregí en una. Todo un récord del que estoy muy orgullosa. Cocteau, el maestro, sonríe desde donde se halle. Pero no lo recomiendo, es peligroso para las neuronas y se pierde mucho fósforo.

Da la impresión que ‘Pánikas’ es un frasco de esencia pedraziana en el que sintetiza sus leit motivs.

Es lógico que, después de más de treinta años escribiendo y publicando, una posea un estilo personal, unas obsesiones, unos fetiches reconocibles —lo contrario daría qué pensar—, pero ‘Pánikas’ está lejos de ser un destilado. Quizá todo lo contrario. Hay en ella una gran libertad, es como un juego, como una partida de ajedrez conmigo misma, pero de ningún modo un catálogo o breviario. Tiene algo en común con ‘La Pequeña Pasión’, pero nada con la trilogía ‘Las Antiguas’ y menos aún con ‘El síndrome de Ambras’ o ‘La fase del rubí’, por ejemplo. Y carece completamente de pretensión alguna: es lo que es, y nada más.

La protagonista sufre unos traumáticos episodios delirantes que denomina «Surfear en el infierno». ¿Es nuestra mente el peor demonio?

El cerebro a veces enferma biológicamente, y la mente lo aprovecha para producir horrores sensacionales, pero en sí misma no es un demonio ni está habitada por monstruos, sino por imágenes especulares más o menos deformadas. Yo amo a mis monstruos, pero me horroriza lo que puede pasarles a mis neurotransmisores.

Portada del libro 'Amante germano', de Pilar Pedraza.

Portada del libro ‘El amante germano’, de Pilar Pedraza.

¿No teme que sus colegas y ex alumnos se den aludidos por algunos de sus comentarios no muy halagüeños sobre el ambiente académico?

Si una ficción está ambientada en un universo universitario o en un convento o cuartel, es lógico que salgan a relucir roña y trapos sucios en cantidad. A estas alturas, eso es algo que no me produce la menor represión o autocensura. El ambiente académico está lejos de ser idílico y no veo inconveniente en expresar mis opiniones y recuerdos al respecto.

«Escucha y aprende, Sofía. El Gran Pan no ha muerto», termina el relato. ¿Nuestra sociedad presta oídos al dios fauno?

Todas las sociedades son malas, y para el que vive en ellas, pésimas. El dios de pezuña hendida no ha muerto, pero corre graves riesgos en el capitalismo ciego y lelo que nos ha tocado, como a otros les tocó la reacción termidoriana o las guerras púnicas. El peor peligro para nuestro Pan interior es que nos convirtamos en autómatas, burócratas o consumidores de basura. Hay que luchar contra eso.

¿Una feminista, bragada en las letras como usted, estará encantada con el movimiento ‘Me too’.

Lo estoy. Todo lo que haga avanzar la conciencia de las mujeres -y de los hombres inteligentes y por lo tanto feministas- es positivo, aunque produzca daños colaterales como toda revolución. Ya lo dijo Robespierre. El ‘Me too’ puede haber causado algún mal injustamente y que dé miedo a los machistas y sus beatas. De eso se trata, de romper el silencio, la sumisión y el abuso sexual de mujeres, niños y hombres, venga de donde venga.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor.

Pilar Pedraza. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“Es una mirada crítica de lo valenciano desde el humor”

La forastera, de Óscar Bernácer
Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films para À Punt Media
Agosto de 2018

El pasado mes de julio los habitantes del pequeño pueblo de Segart, donde en invierno apenas residen unas 30 personas, cercano a Gilet y Albalat dels Tarongers  en plena Calderona, se vieron sorprendidos por la invasión de un grupo de peliculeros que ocuparon sus calles, plazas y la farmacia. Casi un centenar de personas, entre el  equipo técnico y  los 17 actores y actrices que,  bajo la dirección del  cineasta Óscar Bernácer intervienen en una de las series estrella de ficción que veremos la próxima temporada en À Punt.

La Forastera es un producción para Àpunt Mèdia de Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films, firma  integrada por Jordi Llorca y el propio Bernácer, autor de varios cortos y documentales como  El hombre que embotelló el sol en torno a la figura de Pedro Zaragozá, el legendario alcalde de Benidorm. También es el realizador de Cuineres i cuiners, una serie gastronómica en la que el chef Ricard Camarena recorre las mejores cocinas de la Comunidad Valenciana.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

“La Forastera cuenta la historia de Lola, la actriz María Maroto, que regresa a Valencia tras una larga estancia en Barcelona en compañía de su pareja, un catalán de pura cepa interpretado por Ángel Figol y descubre que su madre se ha ido a vivir a un pueblo, Serrabella”, dice Bernácer. “Allí conoce a José, interpretado por Jordi Ballester, con el que surge una relación de amor-odio. Su llegada desencadena una serie de situaciones y conflictos a través de los cuales el argumento plantea los contrastes entre los urbanitas y el ambiente rural, y también una mirada crítica sobre la identidad de los valencianos desde la ironía y el humor”.

María Mínguez, Patricia Pardo y Rafa Ferrero participan como guionistas junto a Bernácer en esta comedia de peripecias entre romántica y de tópicos inspirada en un hecho histórico que los productores prefieren mantener en secreto. A lo largo de cinco semanas se rodaron ocho capítulos de entre 45 y 50 minutos de duración. Los campos de cerezas de Gátova fueron otro de los escenarios elegidos. Intervienen en el reparto: Victoria Salvador, Enric Benavent, Jordi Ballester, Àngel Figols, María Juan, Silvia Valero, Raquel Piera, Juansa Lloret, Álvaro Báguena, Talia Bohoyo, Manuel Climent, Sergi Giménez, Teresa Soria, Neus Agullò, César Tormo, Juli Disla, Pep Sellés, Amparo Bàguena, Juli Cantó, María Zamora, Jordi Aguilar.  Los más jóvenes debutan como profesionales en esta serie.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

Lola, la protagonista es una joven y ambiciosa empresaria con un osado proyecto en mente. Un desafortunado incidente la deja en el paro y acaba en un pequeño pueblo del interior sin cobertura ni gimnasios, donde es recibida con cierta suspicacia. Es la forastera. Aunque al principio le cuesta adaptarse al ambiente acaba descubriendo los encantos de la vida rural y sobre todo el verdadero amor representado por un joven agricultor con el que acabará encontrando una segunda oportunidad.

“Nuestro objetivo es conseguir un producto que guste a todos los públicos y sirva para normalizar algunos temas que se han convertido casi en tabú”, comenta Bernácer. “Aunque el ambiente es rural, la serie no tiene nada que ver con L’Alqueria Blanca. La acción se desarrolla en plena actualidad con referencias a la cuestión del Procés y el independentismo catalán”.

Sobre el efecto revitalizador que À Punt puede tener sobre el audiovisual valenciano, Bernácer se muestra cauto: “Todo el mundo está remando a favor pero hay que mejorar el proceso de producción. Hay que luchar para que se estabilicen las cosas”, concluye el cineasta, que ya tiene en proyecto su primer largometraje.

Óscar Bernàcer (1978) es guionista, director y productor. Es coguionista  del largometraje Reset y el documental Las dos orillas. Dirigió los cortometrajes Las zapatillas de Laura y Desayuno con diadema ,que cuenta el despertar de dos cincuentones tras una noche loca, que suman más de cincuenta premios y menciones entre las que destacan la candidatura al Goya y la nominación al Meliés d’Or. Como guionista también ha trabajado en la serie  Bon dia, bonica. Su penúltimo trabajo  de ficción, Bikini abre las puertas a Benidorm y el hombre que embotelló el sol, documental acerca del boom turístico en España a través de la figura de su polémico alcalde Pedro Zaragoza.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“El acoso escolar es ahora más sofisticado y humillante”

Tigres de cristal, de Toni Hill
Editorial Grijalbo
Mayo de 2018

El bullying es la médula espinal de la última novela de Toni Hill, Tigres de cristal, título que hace referencia a la fragilidad de cierta fiereza. Pero Hill va mucho más allá para hacer un fiel retrato de los habitantes de un barrio obrero en las postrimerías del franquismo, los setenta, el cinturón rojo de Barcelona, donde transcurren los avatares de tres familias marcadas por un trágico suceso. Dos niños que sufren abuso y un tercero que los vigila se ven involucrados en un trágico incidente, y casi 40 años después el destino los reúne de nuevo. La novela habla de la familia, de la amistad y del amor pero sobre todo de la necesidad de responsabilizarnos de nuestros actos y de cómo éstos determinan el futuro. El relato avanza a un ritmo sostenido y firme y, al final da un doble giro que deja al lector sin aliento. También el autor da un giro con esta obra pasando de la novela negra y gótica a la psicológica sin por ello renunciar a la intriga. “Tigres de cristal se ciñe menos a un género concreto, es más híbrida, pero creo que mis novelas negras tampoco fueron nunca exactamente canónicas”, dice Hill.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

En este libro se habla de muchas cosas entre ellas de la buena y mala suerte. ¿Somos juguetes del destino?

Un poco sí, aunque también creo que el destino puede alterarse si uno posee la fuerza necesaria para ello. El problema es que a un personaje como Juanpe, la vida lo ha golpeado demasiado pronto y demasiado fuerte, y él está casi convencido de que a lo único que puede aspirar es a sobrevivir.

¿Influye más la familia que el medio social en el desarrollo de la personalidad?

Somos fruto de todo ello sin olvidar los rasgos genéticos de personalidad. La familia es nuestro primer referente y si este falla en su labor de educarnos, querernos y protegernos sin duda tendremos que hacer un esfuerzo mayor para llevar una vida mentalmente sana. El entorno condiciona también nuestra educación y las oportunidades, incluso ahora, cuando vivimos tiempos más igualitarios que en el siglo pasado. Pero somos seres únicos, y por ello encontramos gente que ha salido adelante en condiciones que a priori eran muy adversas y gente que se hunde pese a haber tenido un entorno acomodado y una familia ‘normal’.

¿Le preocupa especialmente el bullying? ¿Cómo ha cambiado en las últimas décadas?

En la novela hay dos casos, uno que se cuenta a posteriori, el de los años setenta, y otro que se vive en directo. Me preocupa porque hasta hace poco era algo que se vivía en la infancia o adolescencia y a lo que nadie hacía demasiado caso. El ‘cosas de críos’ eran expresiones habituales, como si fuera la víctima del bullying la que tenía que cambiar de aspecto, de maneras, de lo que sea, en lugar de corregir a los agresores. La evolución del acoso escolar es muy evidente: de un acoso cara a cara, físico y de contacto hemos pasado al virtual, que no tiene por qué renunciar a lo anterior, y que amplifica la amenaza y aumenta la difusión. Es más sofisticado y más humillante porque consigue congregar a más público, y el afectado o afectada se siente más indefenso, a pesar de que las políticas han cambiado y ahora se ve como un problema real. En cualquier caso, los efectos a largo plazo son bastante graves: desconfianza, dificultad de relacionarse, soledad, depresión…

Portada de 'Tigres de cristal', de Toni Hill. Editorial Grijalbo.

Portada de ‘Tigres de cristal’, de Toni Hill. Editorial Grijalbo.

El narrador muestra un gran amor hacia los personajes. ¿Se debe a que usted conociera el escenario que describe?

Supongo que si abordas un tema en serio y creas unos personajes que son de carne y hueso acabas tomándoles cariño. Yo intento siempre empatizar con todos ellos, incluso con los más negativos: ponerme en su lugar y comprender, que no justificar por qué hacen lo que hacen. No me gusta juzgar a los personajes ni las novelas que intentan enviar un mensaje que esté exento de dudas. Es el lector quien debe sacar conclusiones, no el autor imponer sus tesis. El escenario era muy importante, pero no necesariamente me inspiraba amor hacia los personajes o los hechos, quizá sí cierta nostalgia y el deseo de contar una vida de barrio que ya no existe tal y como la vivimos en los setenta.

¿Para trazar el retrato de los adolescentes se ha basado en sus recuerdos o en los chicos de hoy?

Ambos. Es evidente lo mucho que han cambiado los adolescentes, sobre todo en su relación con sus padres, pero hay algunos elementos que se mantienen porque forman parte de esa edad: la inseguridad, la necesidad de ser aceptado, arrebatos que pasan del desafío a las reglas a la búsqueda de consejo y protección. En eso no son tan distintos a los adolescentes del siglo pasado.

¿La intriga es esencial para enganchar al lector?

Ayuda mucho, aunque el lector puede engancharse también a una manera de contar, a un estilo, a una historia… Pero toda novela debe proponer un conflicto, y la resolución de ese conflicto genera necesariamente una cierta cantidad de intriga. En Tigres de cristal el misterio no pivota tanto en ‘quién lo hizo’ sino en los detalles que rodearon al crimen, cuyos autores conocemos desde casi el inicio de la novela. Nos interesa eso y también lo que harán luego, treinta y siete años después, cuando sus destinos vuelven a cruzarse. En realidad, mi objetivo era que nos interesaran ellos, los personajes, sus actos y sus decisiones, buenas o malas, y a los hechos que provocan en las vidas ajenas.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

“En novela histórica el dato debe producir emoción”

La tierra maldita, de Juan Francisco Ferrándiz
Editorial Grijalbo

El abogado y escritor alicantino Juan Francisco Ferrándiz (Concentaina, 1971) se ha consagrado como autor de novela histórica. Tras ‘Las horas oscuras’ y ‘La llama de la sabiduría’ llega ‘La tierra maldita’ (Grijalbo) ambientada en la Barcelona del siglo IX,  gobernada a distancia por los francos, una ciudad de apenas 1.500 almas asolada por intentos de conquista de los sarracenos y hordas salvajes, y sometida a la tiranía de unos nobles corruptos que explotaban a sus habitantes.

A esa tierra maldita llega el joven obispo Frodoí, nombrado para el cargo por el rey franco, acompañado por una comitiva de colonos que anhelan una nueva oportunidad en la última frontera. Su primera impresión no puede ser más desoladora, pero pronto cae rendido a los encantos de una enigmática dama, la noble Goda, que ama la ciudad por encima de todo. Una docena de editoriales extranjeras desde Portugal a Rusia ya se han interesado por publicar esta obra.

Portada de La tierra maldita.

Portada de La tierra maldita.

“Frodoí es un personaje histórico, en la catedral de Barcelona hay una placa de mármol con su nombre y una historia que oculta un singular misterio”, explica Ferrándiz. “Goda es un personaje ficticio que encierra la esencia del pueblo godo. La alianza de ambos traerá la esperanza a esa tierra pero no será fácil. La novela no sólo la protagonizan ellos, sino que es un tapiz de varias vidas entrelazadas, de hombres y mujeres, nobles y plebeyos, de manera que tenemos varias perspectivas y cada uno con su propia meta personal”.

Ferrándiz escogió ese lugar y esa época del pasado de forma casual. “Quería escribir una novela épica, la más potente que había escrito nunca y encontré mi propia Avalon: la Marca Hispánica. Un puñado de condados pobres y castigados entre los Pirineos y el río Llobregat que separaban el imperio carolingio de Al-Ándalus. Según las crónicas, era uno de los lugares más oscuros y peligrosos del orbe, pero también un manantial de hechos épicos increíbles. Por si fuera poco, en la frontera resistía Barcelona, despoblada y a punto de sucumbir ante el azote sarraceno. Han pasado dos años y aún no he logrado escapar de allí”.

Juan Francisco Ferrándiiz. Imagen cortesía del autor.

Juan Francisco Ferrándiiz. Imagen cortesía del autor.

Remontarse tan atrás en el tiempo no le supuso problema a la hora de documentarse pues hay bastantes estudios históricos. “Además, visitando yacimientos arqueológicos de aquella época la he visualizado en mi mente. Descubrí, por ejemplo, el misterioso origen de los reyes de la Corona de Aragón, la hechicería de la época, la vida en la frontera o historias familiares dignas de la saga de ‘Juego de Tronos’. Sí, la Marca Hispánica era un lugar donde se vivía al límite y así son las historias de sus protagonistas pero no he querido recrearme en la violencia. Procurar que el lector viva aquel tiempo supone mostrarle su cara cruel pero no me regodeo en eso”.

En el año 861 el condado de Barcelona parece al borde de la aniquilación total. Como vasallo de Francia debía proteger la frontera o sucumbir en el intento, pero dos siglos después va camino de su esplendor: ¿Qué ocurrió? “La tierra maldita nos lleva a un tiempo en el que aún no había nada decidido. Todo pudo ser diferente de no ser por la suma de pequeños detalles y grandes proezas. Estaba todo allí, esperando a ser contado. Así cambió el curso de la historia. La novela transcurre en Barcelona y muchos otros escenarios, no es localista sino un universo épico perdido en el tiempo”.

Portada de La llama de la sabiduría.

Portada de La llama de la sabiduría.

Tras sus viajes literarios por el pasado, Ferrándiz opina que el ser humano ha cambiado muy poco en lo que se refiere “a nuestros impulsos básicos: lujuria, ira, codicia… Y al leer las noticias diarias da la impresión de que no tenemos la menor intención de hacerlo. Nunca hasta ahora habíamos tenido tanta información sobre nuestro pasado y sobre la fragilidad del mundo que habitamos, pero sigue siendo casi imposible rectificar y no cometer los mismos errores. Igual que en el siglo IX, hay quien trata de evitar que todo cambie y mejore para la mayoría”.

Como autor de novelas históricas su mayor ambición es aportar detalles, sucesos y hechos insólitos. “Pequeñas historias que para mí son las más grandes, pues son humanas. Siempre he tratado de que el lector viaje a la época donde sucede la novela, que pierda la conciencia de que tiene un libro en las manos y simplemente viva la historia. En ficción histórica el dato debe convertirse en emoción y vida. Si de paso aprendemos cosas de la historia, mucho mejor”, concluye Ferrándiz.

Juan Francisco Ferrándiz. Imagen cortesía del autor.

Juan Francisco Ferrándiz. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Las rarezas espaciales de Luis Úrculo

Paisajes intuidos (parte 1), de Luis Úrculo
Galería Espai Tactel
C / Dénia, 25. Valencia
Inauguración: viernes 9 de marzo, a las 20.00h
Hasta el 27 de abril de 2018

La Galería Espai Tactel acoge la muestra ‘Paisajes intuidos (parte 1)’ del artista Luis Úrculo (Madrid, 1978). Se trata de la segunda exposición individual en su galería valenciana después de haber expuesto en galerías, museos y ferias de arte nacionales e internacionales.

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Úrculo es licenciado en la ETSAM (2006) y becado en el Illinois Institute of Technology y en el Institute of Design de Chicago, y vive y trabaja entre Madrid y Ciudad de México. La formación como arquitecto ha creado siempre una gran influencia en la investigación y desarrollo de su práctica. Está interesado en todo lo periférico a la arquitectura, los procesos, desarrollos y planteamientos que pueden ser manipulados, sampleados y traducidos a otras escalas, adaptándose a la composición del proyecto, creando nuevos escenarios no contempladas anteriormente.

La ficción, la representación y la interpretación de lo doméstico han sido los espacios base para en el desarrollo de su trabajo, que ha sido expuesto en instituciones como el MAXXI (Roma), el Tokyo Wonder Site (Tokyo), el MAC Quinta Normal (Chile), el ArtiInstitute (Chicago), La Casa Encendida (Madrid) o el Museo Metropolitan (New York); y en ferias de arte contemporáneo internacionales como Zona Maco (Mexico), ArteBA (Buenos Aires), NADA Ny (New York) o ARCO (Madrid).

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

“Las obras de Úrculo pueden considerarse como rarezas espaciales, en el sentido de deslindarse de la idea de una construcción normativa y/o documental de las misiones espaciales, sino que su trabajo opera sobre la propia extrañeza de estos materiales, a partir de la re-construcción, que no es otra cosa que una ficción sobre lo que ya de por si lo es. Y no es ciencia-ficción, sino la simple idea de la construcción de lo real”, apunta el crítico de arte Jesús Alcaide.

“La luna es un white cube, una sala de baile, una colección de readymades abandonados. La luna es un objeto erosionado, un archivo, una maqueta. La luna es un paisaje intuido, un dibujo a carboncillo, el libreto de una coreografiada opereta. Houston, aquí Tranquility Base, Luis Úrculo ha alunizado en Espai Tactel. Ven a dar una vuelta en mi aeroplano y visitaremos al hombre en la luna”, añade Alcaide.

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

Paisajes intuidos, de Luis Úrculo. Imagen cortesía de Espai Tactel.

“La ficción puede utilizarse como fuente histórica”

‘Miedo y deseo. Historia cultural de Drácula’ (1897), de Alejandro Lillo
Editorial Siglo XX
Diciembre de 2017

Si los novelistas parten de la historia para levantar monumentos de ficción, ¿por qué los historiadores no van a poder utilizar las novelas para estudiar el tiempo en el que fueron escritas? Este innovador planteamiento es el que aplica el historiador valenciano Alejandro Lillo en su ensayo ‘Miedo y deseo. Historia cultural de Drácula’ (1897) (Editorial Siglo XX), producto de cuatro años de trabajo a partir de su tesis doctoral. Lillo se centra en los principales personajes de la novela: el pasante Jonathan Harker, su novia Mina Murray y el psiquiatra John Seward. A partir de sus diarios y dictados, considerándolos personas que existieron en un mundo real, reconstruye las identidades sociales de su tiempo en torno a conceptos esenciales como la libertad, la tolerancia, los roles masculinos y femeninos, etcétera. Analizando cada palabra, frase a frase, párrafo a párrafo, teniendo en cuenta incluso los signos ortográficos, Lillo hace una labor de arqueología entre literaria e histórica para adentrarse  en la atmósfera y mentalidad pretérita que gestó al monstruo.

Alejandro Lillo. Imagen cortesía del autor.

Alejandro Lillo. Imagen cortesía del autor.

Fascinado desde niño por los relatos de terror, Lilló eligió esta obra para desarrollar su tesis y su ampliación posterior. “Los motivos que inspiran este trabajo tienen que ver con la fascinación que la obra de Stoker ejerce sobre pensadores, escritores, críticos literarios y cineastas, así como por el impacto causa en el público en general”, dice Lillo. “El propósito principal de la investigación es averiguar si, sometida a un enfoque crítico adecuado, Drácula puede proporcionar algún tipo de conocimiento sobre el pasado que enriquezca lo ya sabido a través de otras fuentes. Atendiendo al contenido de la novela y a las voces que en ella se escuchan, se trata de conocer mejor la sociedad que la produjo y en la que se despliega. Qué ideas imperaban sobre la organización social y del mundo, la situación de las mujeres, las obligaciones de los hombres, etcétera”.

La sombra del vampiro planea desde la noche de los tiempos pero fue el Conde Drácula quien le dio carácter literario y universal. “Tuvo un eco descomunal la adaptación teatral de la novela realizada por Hamilton Deane, en 1924”, cuenta Lillo. “La obra se estrenó en el Grand Theatre de Derby, el 5 de agosto de 1924. En 1927, se llevó a Londres, donde se realizaron 391 funciones a pesar de la pésima opinión de los especialistas. Ese mismo año fue llevada a Broadway, protagonizada por  actor desconocido por entonces nacido en Transilvania, un tal Bela Lugosi. La versión americana causó gran impacto entre el público asistente. A partir de ahí, el éxito el malvado conde fue imparable”.

Fotograma de 'Drácula', de Todd Browning.

Fotograma de ‘Drácula’ (1931), de Tod Browning.

Aunque resulta innegable que Drácula encierra una considerable carga erótica, esta dimensión sexual no se percibió al principio como tal. “Las lecturas sexuales de la obra surgieron a partir de los setenta, quizá influidas por las versiones cinematográficas y por determinadas lecturas psicoanáliticas”, afirma Lillo. “La insistencia que muchos estudios muestran hacia el sexo, indica más sobre las obsesiones de la crítica académica que sobre las de la propia narración. Lo cierto es que la obra de Stoker, por su simbología y ambigüedad, corre constantemente el riesgo de ser sobreinterpretada. Por ejemplo, que la figura del vampiro y el acto de succionar la sangre y la vida de las personas se ajuste, como metáfora, a determinados comportamientos propios de la explotación capitalista, no quiere decir que en la novela de Stoker esta idea esté presente”.

Escrito con un lenguaje claro y sencillo, libre de terminologías complejas, el libro, aún siendo un ensayo de enjundia se puede leer como una novela. “He procurado que tuviera distintos niveles de lectura”, comenta Lillo. “En primer lugar está dirigido a toda la comunidad de historiadores, pues en este ensayo demuestro que la literatura de ficción puede y debe utilizarse como fuente histórica. Por otra parte, al abordar la vida en el Londres de finales del siglo XIX y retratar de manera atractiva aquella sociedad victoriana repleta de peligros y tentaciones, el ensayo interesará a todos los amantes de la historia en general. También a los aficionados a la buena literatura”.

Efectivamente, Drácula se ha convertido por derecho propio en un clásico de la literatura occidental y en el libro se analiza con profusión, subrayando siempre su carácter universal. Interesará también a los amantes del cine de terror, así como a los apasionados del mundo de los vampiros. Y sobre todo, y de una forma especial Miedo y deseo es una lectura provechosa para  las personas receptivas a las ideas feministas y a la reivindicación de los derechos de las mujeres.

Portada del libro 'Miedo y deseo', de Alejandro Lillo.

Portada del libro ‘Miedo y deseo’, de Alejandro Lillo. Editorial Siglo XX

Bel Carrasco

Cificom, escaparate de la ficción y el coleccionismo

Cificom. Festival de Cine, Ficción, Coleccionismo y Merchandising
Espai Rambleta
Bulevar Sur, esquina Pío IX. Valencia
Del 3 al 5 de octubre de 2017

Cuando un Darth Vader se pasea por delante tuyo como si cualquier cosa, es que estás en un lugar donde todo, absolutamente todo, puede pasar. Cificom abría sus puertas a lo fantástico un año más, no temía que nadie lo mirase mal por ser como es y por ir cada año recogiendo a más adeptos de la scifi.

Era el segundo año que acudía al evento y la ilusión era la misma que la anterior: expectación por presenciar un evento único en la ciudad. Se agradece comprobar cómo la organización, ésta sí, se hacía eco de las críticas de la edición pasada y suprimía parte de los stands comerciales de la planta inferior, por más exposiciones y puestecillos no comerciales.

Cificom 2017. Fotografía: Ainhoa Calvillo.

Cificom 2017. Fotografía: Ainhoa Calvillo.

En esta edición se celebraban los 40 años de Star Wars y los 20 de Harry Potter. Además, ha sido muy positivo que no solo se ciñeran a Star Wars, y que se abriera el abanico de las exposiciones del sexto piso. Allí vimos parte de la increíble colección de Barbies de Gloria Díez, que trajo hasta València muñecas y muñecos de diferentes películas, tales como ‘Eduardo Manostijeras’ (Tim Burton 1991), ‘Crepúsculo’ (Catherine Hardwicke, 2008) o ‘Lo que el viento se llevó’ (Victor Fleming, 1962).

En esa misma planta convivían más exposiciones de alto calibre como Dimensión Tortuga, dos vitrinas con diferentes muñecos de la popular serie de quelonios. La Asociación Española de Coleccionable de Playmobil (AES Click) representó algunas escenas de película, como por ejemplo ‘300’  (Zack Snyder, 2008), y  por último una exposición de ‘Regreso al Futuro’ con réplicas de la saga. Aunque todos sabemos que el gran fuerte de este evento son las charlas, y en parte, el cosplay.

En cuanto a las conferencias aparecieron por allí Stephen Calcutt (doble de cuerpo de Chewbacca y Darth Vader), Michael Carter (Bib Fortuna, el mayordomo de Jabba el Hutt) o Paul Blake (Greedo), todos ellos contaron anécdotas de la galáctica franquicia. Ya sabemos que éste es el gran fuerte que atrae a los más fans. Por allí también estuvo una de las voces más bonitas del doblaje, como es Laura Pastor, voz habitual de Emma Watson. También estuvo la saga ‘Stargate’ (Roland Emmerich, 1994) con los chicos de Star Gate Legend mostrando por allí algunos artefactos de las películas. Los Ghostbuster United nos ofrecieron una charla sobre  el díptico, las series de televisión y la nueva entrega de 2016. Además de todo eso, nos contaron anécdotas de las películas.

Cificom 2017. Espai Rambleta. Fotografía: Ainhoa Calvillo.

Cificom 2017. Espai Rambleta. Fotografía: Ainhoa Calvillo.

El viernes, los chicos de La Fosa del Rancor nos hablaron de la nueva entrega de Star Wars que llegará a las pantallas en diciembre, y allí nos aclararon algunas dudas y nos regalaron algunas noticias frescas de lo que vamos a poder ver, como ya descubrimos la edición pasada. La Fosa es más que un programa, es una enciclopedia andante en forma de podcast. Pero el gran espectáculo estaba todavía por llegar de la mano de la Societat Joventut Musical D´Albal, que nos deleitaron con algunos de los temas más importantes de la saga compuesta por el maestro John Williams.

Sin duda, cada año Cificom marca la diferencia y apuesta por la ciencia ficción y por la pasión por el cine en estado puro. Y antes de marcharse los invitados internacionales, Stephen Calcutt nos sorprendió a todos anunciando que escribía poemas a Star Wars, y que deseaba compartir uno con nosotros. Mi compañera inmortalizó ese momento, y aquí os dejo transcrito el poema.

Una oración para los Jedis

Esto es lo que rezamos
Que la fuerza nos guíe
Que nos dé coraje y esperanza
En este tiempo de caos y desesperación
Que vivamos con honor
Luchemos por la justicia
Protejamos a los pobres y oprimidos
Danos la fuerza para luchar contra la oscuridad
Y encontrar el camino a la luz
Un nuevo amanecer
Una nueva esperanza para todos
Y vivamos para ver esta esperanza convertida en realidad
Que la fuerza viva en nosotros
Esta es nuestra oración
(Stephen Calcutt)

Cificom

Cificom 2017. Espai Rambleta. Fotografía: Ainhoa Calvillo

Javier Caro