Ruud Kuijer versus Calatrava

Intervalo, de Ruud Kuijer
Umbracle del Museo de las Artes y las Ciencias de Valencia
Hasta el 9 de abril de 2018

El artista holandés Ruud Kuijer llega por primera vez a España con nueve piezas de acero y hormigón. Y lo hace en el paseo del Umbracle para sostener un diálogo artístico con la obra de Santiago Calatrava. Hormigón contra hormigón del que el artista holandés ha extraído, en la semana que lleva en Valencia montando la exposición, sus propias conclusiones: “Calatrava es un grandísimo arquitecto al que admiro, pero después de estar aquí me he dado cuenta que su concepto de repetición es precisamente lo que yo tiendo a romper en mi trabajo”.

Escultura de Ruud Kuijer. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Escultura de Ruud Kuijer. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Las nueves esculturas colocadas en línea, con 15 metros de pulcra separación entre sí, vienen a ser el reflejo invertido de la monumentalidad del Museo de las Artes y las Ciencias construido por Calatrava. Frente a su espectacularidad, el carácter más íntimo de las piezas de Kuijer, y ante la repetición aludida del arquitecto valenciano, la sensación arrítmica de las obras del artista holandés. “No es ni mejor ni peor, sino un contraste muy bonito entre ambas concepciones”, en el contexto de la Ciudad de las Artes “que compite por su fuerte identidad con edificios como el Guggenheim de Bilbao o la Sagrada Familia de Barcelona”, subrayó el escultor.

La Fundación Gabarrón, en colaboración con el Museo de las Ciencias, ha hecho posible ese diálogo entre lo íntimo y lo espectacular, ofreciendo la posibilidad de conocer el singular trabajo de Kuijer, quien dijo sentir especial atracción por la obra de Julio González, Oteiza o Chillida: “España es un país de grandes artistas abstractos”, recalcó. Su propia identidad está marcada por el hormigón, un material “muy actual, porque se usa para la construcción de centros comerciales, puentes o carreteras, pero que sin embargo no hay muchos artistas que lo utilicen, y yo empecé con él hace ya 30 años”.

Detalle de una de las esculturas de Ruud Kuijer. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Detalle de una de las esculturas de Ruud Kuijer. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Y ahondó en esa relación que mantiene con el hormigón, al igual que con el acero: “Me gusta la sofisticación del hormigón y la ductilidad del acero, más manejable”. Algo que se puede comprobar en las nueve piezas exhibidas bajo el elocuente título de ‘Intervalo’. Un intervalo que alude al ritmo establecido entre el espacio que separa las esculturas y el propio equilibrio compositivo de su obra, que parece sonar a ritmo de metrónomo. “Ese ritmo lo marca el propio edificio del Museo de las Artes y las Ciencias con el que dialogo, si bien mi obra es más arrítmica que la de Calatrava”.

Kuijer fue desgranando las particularidades de cada una de sus criaturas, con las que mantiene ese aire doméstico reflejado en los materiales empleados para crearlas. Hay evocaciones a la madera (“su veteado se puede sentir”), a la tela de arpillera, los cajones, las puertas (“porque traslada de un espacio a otro”) y a otro buen número de elementos cotidianos que transforman el frío hormigón en un lugar cálido. También sus piezas de acero, que al ser más dúctiles le permiten barrocos entrelazamientos, destilan esa sutileza de lo pesado que se vuelve ingrávido.

Ruud Kuijer durante la presentación de su exposición 'Intervalo'. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Ruud Kuijer durante la presentación de su exposición ‘Intervalo’. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

“Creo en la imperfección, no en el control total de las cosas”. Y fue entonces cuando se refirió a Picasso, aludiendo al proceso creativo como lugar de inesperadas revelaciones: “Aprendes haciendo las cosas y sorprendiéndote”. Como suya fue la sorpresa de descubrir las diferencias de su obra con la de Calatrava, “que va creciendo hacia arriba, mientras que la mía se eleva al tiempo que se mantiene pegada a tierra”. Los 3.000 kilos de la más pesada (“y ni siquiera los sientes”) también se yergue igualmente para dejarse caer como un vestido, por utilizar su propia metáfora a la hora de explicar una de las esculturas.

‘Intervalo’ permanecerá en el Umbracle de Valencia hasta el 9 de abril de 2018, siguiendo en esto el mismo intervalo de seis meses marcado por el Museo de las Artes y las Ciencias entre una exposición y otra. Nueve esculturas de acero y hormigón que abarcan el trabajo de los últimos 22 años de Ruud Kuijer, cuya abstracción escultórica se halla siempre “referida a la vida real”. Intimidad, pues, versus monumentalidad como diálogo característico de la sociedad contemporánea.

Ruud Kuijer junto a una de sus esculturas. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Ruud Kuijer junto a una de sus esculturas. Imagen cortesía del Museo de las Artes y las Ciencias.

Salva Torres

Adelantado se engalana de nuevo

‘Plasma Pool’ de Folkert de Jong, ’Tristes Topiques’ de Ting Ting Cheng y ‘Why Animals Travel’ de Fuentesal & Arenillas
Galería Luis Adelantado y Boiler Room
C/ Bonaire, 6 Valencia
Inauguración: miércoles 25 de enero, 2017, a las 20h

La galería Luis Adelantando vuelve a apostar por una triple apertura donde podremos disfrutar de tres interesantes proyectos artísticos entre los que se establecen relaciones creando así un recorrido expositivo interesante y que no nos dejara indiferentes.

En primer lugar, presentan ‘Plasma Pool’ el nuevo proyecto de Folkert de Jong en el que nos habla del concepto de colisión entre el hombre y la naturaleza. Esta relación se refleja —según el artista—, en las historias de ciencia ficción, y la inteligencia artificial. Se trata de una propuesta en la que se mostrarán una serie de esculturas en bronce, con referencia al cuerpo humano, se presentarán algo distorsionadas, modeladas por el bronce caliente, dado su paso por la fundición. En diálogo con estros fragmentos de vida, encontraremos animales de un bronce dorado impoluto, en un ejercicio cargado de sinergias.

De Jong otorga una fuerte carga simbólica y de significado a estas obras. El oro, como metal precioso que posee un estatus superior sobre el resto de metales, simboliza en ellas la pureza y la inmortalidad. Pero, también nos mostrará la otra cara de la moneda; representando a su vez, el egoísmo humano y la explotación.

En esta relación de extremos, el artista encuentra la oportunidad de resucitar una nueva obra que viene de lugares dispares, como el ave fénix. Los animales dorados emergen como vencedores sobre un mundo material, destrozado por la violencia humana.

En diálogo con las esculturas, encontramos dibujos, que giran en torno a la idea de conflicto, la colisión y la interferencia. Algunos de ellos dirigen nuestra mirada hacia lo infinito, en alusión a la red de constelaciones que pueblan el universo. Otros, nos recuerdan en su complexión a unas súper dimensionadas manchas de Rorschach, que manifiestan el encuentro directo entre el cuerpo y la tinta, como medio artístico.

Plasma Pool de Folkert de Jong. Imagen cortesía galería Luis Adelantado.

Plasma Pool de Folkert de Jong. Imagen cortesía galería Luis Adelantado.

En segundo lugar,  podremos observar ‘Tristes Tropiques’ la segunda exposición individual de la artista taiwanesa Ting-Ting Cheng. La exposición incluye los más recientes trabajos de la artista, que fueron realizados durante una residencia artística en Brasil, entre los años 2015 y 2016.

El título de la muestra es homónimo al del libro Tristes Tropiques del antropólogo y estructuralista francés Claude Lévi-Strauss, publicado en 1955, quien documentó su viaje a Brasil, donde realizó una serie de destacados estudios de antropología. A pesar de su formato de diario de viaje, el libro explora su interés por la filosofía, la sociología, la geología y la historia de Sudamérica, a través de una perspectiva antropológica europea.

Durante su estancia en Brasil, Cheng se influenció e inspiró en los análisis críticos que Lévi-Strauss realizó del país. Irónicamente, encontró una conexión entre la colonización y la antropología. En sus constantes viajes de una a otra punta del país, se evidencia la intención de atrapar el momento, de conocer la cultura en primera persona.

En conclusión, Cheng genera su propia guía de viaje a través de su propuesta artística, en la que podemos encontrar fotografía, vídeo, pintura e instalación, a través de los cuáles examina los conceptos de viaje, sur, conocimiento, ficción y resistencia, trazando un recorrido tanto del país, como de su relación con él.

Y por último, en la siempre innovadora sala Boiler Room se expondrá ‘Why Animals Travel’ de los andaluces Fuentesal & Arenillas. Se trata de un proyecto de investigación basado en su experiencia dual como creadores de forma antagónica, y el estudio de la traslación. Del dibujo expandido y de su desterritorialización. Trabajando con materiales propiamente destinados al dibujo, los cuáles son despojados de su función original y dotados de un nuevo concepto, manteniendo el paralelismo de la materia pero desplazando todos sus componentes a un nuevo territorio.

Why Animals Travel de Fuentesal & Arenillas. Imagen cortesía galería Luis Adelantado.

Why Animals Travel de Fuentesal & Arenillas. Imagen cortesía galería Luis Adelantado.

‘Why Animals Travel’ describe los desplazamientos periódicos de su trabajo artístico, ciclo experimental y búsqueda constante. Narran la realidad adquirida por su proceso de vida, viaje, trabajo, tiempo, formación, como reflejo de su momento actual. Les interesa la idea de adaptación, desterritorialización y holismo.

Hablar de la desterritorialización les remite necesariamente a la obra de dos filósofos: Gilles Deleuze y Felix Guattari, quienes utilizan éste concepto en su filosofía, y para los cuales, tiene un sentido especialmente positivo: la apertura para lo nuevo, la línea de fuga como momento de salida de una antigua territorialidad y de construcción de un territorio nuevo.

Un centenar de artistas derriba el muro Mediterráneo

Mediterrani: Mar de Murs
Octubre Centre de Cultura Contemporània
C / Sant Ferran, 12. Valencia
Inauguración: jueves 6 de octubre, a las 20.00h
Hasta el 30 de octubre de 2016

Más de un centenar de artistas y creadores participan en la exposición ‘Mediterrani: Mar de Murs’ que acoge el Octubre Centre de Cultura Contemporània de Valencia y que ofrece una singular mirada a los conflictos y las desigualdades del Mediterráneo y Europa y plantea una reflexión sobre  la crisis de los refugiados. La exposición está englobada dentro de los actos de Mostra Viva del Mediterrani, el festival de cine que se celebra esta semana y ha recuperado y mantiene activo el espíritu de la Mostra de Cine del Mediterrani.

La exposición ofrece una original reflexión sobre un complicado momento geopolítico que ha dejado de lado la identidad y proximidad cultural y el intercambio de ideas para convertirse en un simple juego de intereses sociales, políticos y económicos. Coordinada por la catedrática de Escultura y académica de San Carlos, Amparo Carbonell, la muestra parte de una sencilla idea: la creación de obras de arte y reflexiones a partir de ideas y objetos encontrados en la orilla del mar y que evocan espíritu de libertad y comunicación entre culturas y sociedades próximas y ahora distantes.

Vista de la exposición Mediterrani: Mar de Murs, en el OCCC. Imagen cortesía de Mostra Viva.

Vista de la exposición Mediterrani: Mar de Murs, en el OCCC. Imagen cortesía de Mostra Viva.

Cuadros, esculturas, instalaciones, poemas, textos, simples objetos abandonados a su suerte y deteriorados por el mar pero representativos de nuestro presente proponen un sinfín de sensaciones en las paredes del antiguo edificio El Siglo. Actúan al mismo tiempo  como metáfora, crítica y objeto de reflexión en torno a las desigualdades, los conflictos bélicos y el distanciamiento que la actual situación está generando entre un Norte preocupado de su economía y un Sur necesitado de la solidaridad.

Para Amparo Carbonell, esta exposición ”tiene como punto de partida las miradas individuales de un grupo heterogéneo de personas que se interrogan sobre los muros que levantamos desde Europa. Por eso la hemos llamado ‘Mediterrani: Mar De Murs’. La propuesta a los participantes fue que elaborara pequeños objetos tomando como referencia esos otros que tal vez llevaríamos con nosotros en un bolsillo, en una maleta o en un hatillo si tuviéramos que salir con límite de equipaje”. Al mismo tiempo, según recuerda la comisaria de la exposición, cada uno de ellos tenía que ir acompañado de una pequeña historia que lo situara y armara de intención. El resultado ha sido un espacio lleno de piezas de pequeño tamaño y cargadas de significado.

Vista de la exposición Mediterrani: Mar de Murs, en el OCCC. Imagen cortesía de Mostra Viva.

Vista de la exposición Mediterrani: Mar de Murs, en el OCCC. Imagen cortesía de Mostra Viva.

Por ello, Amparo Carbonell propone una visita tranquila y anima al espectador a que se detenga en cada pieza y lea las historias que hay escritas en las etiquetas ya que están llenas de curiosidades. “Es una muestra poco habitual, en la que se conjugan muchos factores y una magnífica oportunidad para reflexionar en un lugar  ahora cargado de energía y motivación”, añade la comisaria de la exposición.

La muestra multidisciplinar estará abierta hasta el 30 de octubre. Es una gran oportunidad para descubrir infinidad de originales propuestas creadas ex profeso para la ocasión y generar al mismo tiempo un proceso de reflexión en torno a un conflicto interminable que ha llenado las orillas del Mediterráneo de  drama e insolidaridad.

Algunas piezas de la exposición Mar de Murs.

Algunas piezas de la exposición Mediterrani: Mar de Murs, en el OCCC. Imagen cortesía de Mostra Viva.

El color y la geometría de Pepe Blanco

Pepe Blanco. Color y Geometría
Sala Municipal de Exposiciones Lonja del Pescado
Paseo Almirante Julio Guillén Tato, s/n. Alicante

No conocí personalmente a Pepe Blanco (Alicante, 1938-2003) y no pude realizarle las muchas preguntas que me surgen sobre su obra, como, por ejemplo, qué pigmentos empleaba y cómo los mezclaba, qué preferencias tenía por determinados temas o el porqué de la elección de este o ese encuadre. Tampoco pude conversar con él, aprendiendo de sus conocimientos artísticos o intercambiando opiniones sobre temas banales que –imagino– nos unirían, como nuestro Alicante y su mar o el amor que sentía por l’illa de Tabarca, pero oí hablar de él y me habitué a ver su obra antes de conocer a su familia, por la especial vinculación personal y laboral que le unió, hasta su fallecimiento, a parte de la mía.

El camino se estaba trazando. Hace unos años, coincidí profesionalmente con Queru, la mayor de sus hijas –ella como directora y yo como subdirectora de la revista Canelobre-, y de ahí nació una inmensa amistad y cariño que se ha hecho extensivo a Rafaela, su madre, y a Julia y Paloma, sus hermanas, por lo que me siento vinculada emocionalmente a esta exposición mucho antes de que se fraguara.

Obra de Pepe Blanco.

Obra de Pepe Blanco.

Tiene su punto de partida el día siguiente a la publicación, por parte de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Alicante, de la ‘I Convocatoria pública para la presentación de proyectos expositivos en las salas municipales de exposiciones’, cuando, hablando con Queru, me dijo: “Mi madre…”. La interrumpí y le contesté: “Sí, presentamos un proyecto con la obra de tu padre”. Impulsada por su familia, hemos ido preparando esta exposición con intensas y divertidas reuniones. Comenzamos a catalogar y seleccionar obra y la idea que teníamos en mente fue tomando forma. Nuestro proyecto fue seleccionado y tenemos el honor de inaugurar las exposiciones elegidas, por primera vez en Alicante, mediante convocatoria pública y con un jurado integrado por políticos, técnicos y profesionales del sector de las artes plásticas.

La trayectoria profesional de Pepe Blanco como arquitecto está sobradamente reconocida en la provincia de Alicante, con obras tanto para particulares como para instituciones en diferentes localidades; sin embargo, su faceta artística, a pesar de tener obras tan singulares como el enorme mural del Aeropuerto de Alicante-Elche, el del desaparecido tinglado del Muelle de Poniente del Puerto de Alicante o el de la Casa de Cultura de Ibi, ha trascendido casi exclusivamente a su círculo más cercano, puesto que, aunque participó en colectivas y recibió varios premios y accésits, solo realizó muestras individuales hace más de cincuenta años, en salas de Madrid y en el Casino de Torrevieja, en 1961 y 1962. El trabajo que presentamos en su ciudad natal es inédito y destaca por su frescura y originalidad, pero, sobre todo, por su modernidad. Su avanzada visión artística hace que obras realizadas hace décadas parezcan actuales.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

José Blanco Cantó era hijo de Rafael Blanco, que, junto a su hermano Fulgencio, eran conocidos artísticamente como los Hermanos Blanco, escultores, imagineros, constructores de hogueras y hasta artesanos creadores de muñecas que han dejado una extensa producción en Alicante y que se preocuparon por fomentar la creatividad artística de Pepe Blanco desde niño.

Formado profesionalmente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, la obra de Pepe Blanco abarca prácticamente toda la segunda mitad del siglo XX. En esta antológica mostramos obras realizadas entre 1955 y 2003. Comienza su andadura artística colaborando, mientras estudiaba la carrera, con revistas universitarias a mediados de los años 50, para las que realiza dibujos con trazo firme, como algunos de los que podemos ver aquí, de su hermana Ana María, su padre o su tío Fulgencio.

También investiga y realiza obra experimental en distintas vanguardias, con estudios de descomposición en planos, próximos al cubismo, o dibujos con formas oníricas, más cercanos al surrealismo, hasta los collages abstractos o la reducción de elementos que le llevarán a la abstracción con las manchas negras realizadas con esmalte. En toda su obra podemos percibir cómo empleó sus conocimientos arquitectónicos para plasmar la perspectiva de las construcciones, de los encuadres y la descomposición planimétrica. En su trabajo predomina, por encima de todo, la línea recta, empleando diferentes técnicas como el gouache, las ceras, el grafito, los rotuladores o el acrílico, que se unen a veces en la misma obra.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Otro aspecto que también queremos dar a conocer en esta muestra es la unión del artista y el arquitecto, con imágenes de los grandes murales diseñados y producidos para instituciones y algunas maquetas de proyectos arquitectónicos en las que sobresalen la pureza de líneas y el novedoso uso de los materiales. Esa simbiosis entre arquitecto y artista le lleva a dejar su doble huella. Pueden verse sus creaciones como muralista en el zaguán de algunos de los edificios que diseñó como arquitecto. Autor también de carteles, se expone el premiado para ser la imagen de las Hogueras de San Juan de 1961, y que forma parte de los fondos del Archivo Municipal de Alicante, o el de la Semana de la Arquitectura de Alicante de 1996.

Entre las obras ejecutadas por Pepe Blanco sobresalen, en calidad y volumen, las obras inspiradas en el ámbito marinero, en los puertos pesqueros, en sus muelles, grúas de carga y barcos. Es la cara menos visitada del puerto, pero de gran atractivo para este artista que nos muestra en sus pinturas, realizadas en diferentes técnicas, composiciones y encuadres originales que representan el mundo portuario. Puertos con colores contrastados –ocres y azules, blancos, grises y naranjas o verdes– o solo en negro, formando espacios lineales, esquemáticos, en los que aúna el color y la geometría, pintados desde su visión única. Fue autor también del edificio de la nueva Lonja de la Dársena pesquera de esta ciudad, por lo que su obra está especialmente vinculada a esta sala municipal de exposiciones, Lonja del Pescado.

A través de esta muestra hemos intentado unir sus dos facetas creativas, la obra de Pepe Blanco artista y la de Pepe Blanco arquitecto, lo que demuestra, una vez más, la relación y la influencia mutuas entre todas las disciplinas artísticas. El resultado es esta reunión de sus maquetas arquitectónicas con una cuidada selección de su obra pictórica, carteles, murales, dibujos, esculturas o collages que reflejan su particular forma de ver y sentir el arte y la vida.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Obra de Pepe Blanco. Imagen cortesía de la comisaria.

Pilar Tébar
Comisaria de la exposición
Vicepresidenta (Alicante) de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA)

 

Contra la somnolencia de las rectas

Duplum / Aequilibrium, de Sebastián Nicolau
Gabinete de Dibujos
Gris Magatzem d’Art
C / Literato Azorín, 16. Valencia
Hasta finales de junio de 2016

Sebastián Nicolau (Valencia, 1956) lleva años analizando dobleces, observando el comportamiento y la forma de las telas, los cartones y las chapas al ser manipulados, cortados y doblados. Han pasado más de dos décadas desde sus primeros pliegues, el de las mangas al cruzar los brazos. Desde entonces ha fijado su interés en estructuras arquitectónicas escalonadas, cubiertas de fábricas y grandes naves industriales a través de cartones y chapas que manipula para realizar bocetos escultóricos, hules que cubren las puertas de los talleres y telas de cortinajes.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

Ha estudiado escrupulosamente las formas y las ha ido sintetizado con minuciosidad en óleos, dibujos y esculturas. Su estudio de los efectos lumínicos le ha llevado en los últimos años a jugar con lo ficticio y lo real, a fundir sus límites y confundir la mirada. Sus últimos trabajos tejen un engaño de hilos sobre chapas onduladas y texturadas, de luces y sombras que aparecen y desaparecen. Así es la serie expuesta actualmente en Shiras Galería, serie a la que esta pieza Duplum/Aequilibrium pensada para el Gabinete de dibujos, pertenece.

“Duplum (Doblando) no es sólo el modo en que las planchas metálicas sobre las que trabajo adquieren su aspecto último como obras. Es la actitud ejercida sobre cada pieza, la manera en que trato de abordar la idea sobre cada una de ellas, el esfuerzo con el que intento conformarlas como la consecuencia de un pliegue más sobre sí mismas, sobre la anterior, sobre las anteriores, sobre cualquier otra obra hecha tiempo atrás. Duplum tiene también algo de azar, de incrementar la apuesta sobre la jugada, duplicar el riesgo en el que puedes perder el envite-doble o nada-, y tratar de seguir sentado a la mesa, en la partida”, explica Sebastián Nicolau.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequlibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

“También es doblar la esquina, ver qué hay detrás, intentar adivinar qué sucede en el patio trasero en donde habitas y participar en ello. Duplum es girar en el recodo como parte del camino evitando la somnolencia que producen las rectas. Duplum es el nombre propio de cada dibujo y escultura realizados entre 2014 a 2016 y el título de la pieza que he preparado especialmente para Gabinete de Dibujos, como un doble más, como una forma más de plegar y ordenar el espacio, en este caso el que dedico a la amistad, la colaboración, la diversión y el juego, un espacio que intento conservar para mantener cierto Aequilibrium”, concluye el propio artista.

Sebastián Nicolau. Gris Magatzem d'Art.

Duplum/Aequilibrium, de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Gris Magatzem d’Art.

El inconsciente carcelario de Louise Bourgeois

Estructuras de la existencia: Las celdas, de Louise Bourgeois
Museo Guggenheim
Avenida de Abandoibarra, 2. Bilbao
Hasta el 4 de septiembre de 2016

Hay en ‘Celdas’ de Louise Bourgeois una poesía visual y narrativa que sobrecoge al observador hasta el estremecimiento. ‘Celdas’ es una serie compuesta por 68 insólitas instalaciones realizadas a lo largo, prácticamente, de toda la vida creativa de la artista. La primera pieza, ‘Guarida articulada’, fue creada en 1986 y la última, titulada simbólicamente ‘La última subida’, en 2008, dos años antes de su muerte a los 98 años de edadEn esta exposición del  Museo Guggenheim Bilbao se pueden ver 28 de ellas, además de apreciar juntas las celdas numeradas del I al VI que no se habían expuesto agrupadas  desde 1991.

Estas misteriosas piezas son habitáculos construidos, a modo de espacios penitenciarios o psiquiátricos, con puertas y ventanas de madera, rejas o mallas metálicas, y están habitados por objetos variopintos y esculturas creadas por la propia artista.

Spider, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Spider, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Louise Bourgeois depositó, en estos oníricos habitáculos escultóricos, con una poética siniestra, los objetos que poblaban sus sueños más terribles: arañas, camas y sillas desvencijadas, guillotinas, la maqueta de la casa familiar, reclinatorios, prótesis, tapices rasgados, ropas y telas ajadas, espejos, frascos de perfumes, el cuerpo humano convulsionado histéricamente o fragmentado -manos, penes, cabezas, piernas, pies- agujas, escaleras de caracol… Objetos metafóricos o metonímicos que desplazan o condesan toda la galería de imágenes que forman el inconsciente del artista.

“Las conexiones que hago en mi obra son conexiones a las que no puedo enfrentarme. En realidad, son conexiones inconscientes. El artista tiene el privilegio de estar en contacto con su inconsciente, lo cual supone un verdadero don.”1

Las imágenes inconscientes de Louise Bourgeois proceden de una infancia que atormentaba a la artista hasta arrebatarla en el acto creativo. Una infancia convertida en su impronta de identidad artística.

“Mi nombre es Louise Josephine Bourgeois. Nací en París el 24 de diciembre de 1911. Mi infancia ha representado a lo largo de los últimos cincuenta años la fuente de inspiración de toda mi obra. (…) Algunos estamos tan obsesionados con el pasado que morimos sepultados en él. Cada día has de abandonar tu pasado o aceptarlo. Si no lo puedes aceptar, te conviertes en escultor.”

La destrucción del padre, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La destrucción del padre, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La infancia traicionada

La estructura arquitectónica de ‘Celdas’ está pensada para mirar y ser mirado, para penetrar en su interior y ser penetrado por ella, para ser atraído por el exhibicionismo íntimo de la artista y para ser repudiado por el voyeurismo del observador.

En la obra de Louise Bourgeois hay un desvanecimiento de los límites que imposibilita la inscripción de cierta diferencia. Una ausencia de límite llevada al paroxismo en la escultura titulada ‘Destrucción del padre’ (1974). La artista describe con estas palabras el contenido: “La mesa está puesta (…) Los niños lo agarran y lo colocan encima de la mesa. El padre se convierte en la comida; lo trocean, lo desmiembran y devoran. Y al final nada queda de él. Asunto terminado. Ésta es una fantasía, cierto, pero a veces vivimos nuestras propias fantasías.”

La imaginería de la artista está inscrita por la fusión de lo masculino y lo femenino, de lo activo y lo pasivo, de lo fálico y lo vaginal, de lo destructivo y lo seductor, de lo femenino-uterino y lo animal arácnido.

Esta disipación del límite en la obra de Louise Bourgeois produce en el observador un sentimiento siniestro. Entendiendo lo siniestro como lo definió Freud con las palabras del poeta Schelling: “Todo aquello que debiendo permanecer secreto, oculto…no obstante se ha manifestado.” Y aquello que se ha manifestado afecta de manera angustiosa a los deseos más íntimos del sujeto. Unos deseos que  deberían haber permanecido ocultos, pero han sido reanimados por un suceso exterior.

Celda II, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Celda II, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

‘Celdas’, al igual que el resto de la obra de Louise Bourgeois, exhibe de manera impúdica reminiscencias de una infancia vivida por una triple traición: la del padre, la de la amante de su padre y la de su madre.

Bourgeois relata de este modo esta traición: “Entró en mi familia como profesora, pero se acostaba con mi padre y estuvo viviendo con nosotros durante diez años. Su trabajo era enseñarme inglés. No sólo fue traicionada por mi padre, maldito sea, sino también por ella. (…) Madre, tú me utilizabas para saber los pasos de tu marido. A eso se le llama abuso infantil.”

Unas palabras que manifiestan un angustioso conflicto edípico relacionado con  el estrago materno, el amor incestuoso hacia el padre y los espeluznantes celos histéricos hacia su profesora por arrebatarle al padre.

Pero hay una pregunta que interroga a la artista: “¿Cómo puede ser que en una familia de clase media esta amante fuera considerada como una pieza más del mobiliario? Pues bien, la razón es que mi madre lo toleró, y este es el misterio”.

La última subida, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

La última subida, de Louise Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

El misterio alrededor de esa relación entre el padre, la madre y la amante, donde ella estaba fuera de la escena, no sólo ha atravesado toda su obra, sino que ha sido el motivo de su arte.

“La inspiración de algunas de mis obras es una reacción negativa en contra de ella. Este hecho demuestra que es la ira lo que en realidad me motiva a trabajar. Si sientes la necesidad de no abandonar el pasado, entonces debes recrearlo.  Y eso es justo lo que yo he estado haciendo”.

La obra de Louise Bourgeois se adentra en lo incognoscible, insoportable, de lo reprimido para darle un sentido y no caer en la angustia del vacío.

1 Todas las declaraciones de la artista provienen del libro de Louise Bourgeois,  ‘Destrucción del padre/reconstrucción del padre’, Madrid, Sintesis, 2008.

Habitación roja, de Louis Bourgeois.

Habitación roja. Padres, de Louis Bourgeois. Museo Guggenheim Bilbao.

Begoña Siles

Fascinantes, tristes metrópolis

Perdidos en la ciudad
Institut Valencià d’Art Modern IVAM
C / Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 4 de junio de 2017

“Las ciudades son como los sueños, están construidas de deseos y de miedos”. Al igual que Italo Calvino, muchos otros escritores van subrayando a lo largo de la exposición Perdidos en la ciudad lo que piensan del hecho urbano. José Miguel Cortés, director del IVAM, quiso puntualizar que el término perdidos se refería no tanto a la sensación de abandono como a lo señalado por Walter Benjamin, otro de los autores citados: “Perderse en la ciudad para descubrir nuevas formas de entender y de experimentar esa ciudad”, señaló Cortés.

Fotografía de Gregory Crewdson en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Fotografía de Gregory Crewdson en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

A pesar del matiz, lo cierto es que la muestra que reúne más de 200 obras, entre pinturas, esculturas, fotografías, videos y una instalación con los libros evocados a lo largo del recorrido, termina produciendo cierto desasosiego. El que va de la “fascinación de la metrópoli” con la que arranca en la sala 1 la exposición, a la “ciudad deshumanizada” que va atravesando el conjunto de las diez salas.

El propio Cortés señaló esta circunstancia al final del recorrido: “Son las propias obras las que han impuesto esa visión”. De manera que la lectura “positiva”, derivada de la técnica y el progreso “que supuestamente nos haría libres”, va dejando paso a esa otra más desencantada al haberse “trastocado” todo eso. J. G. Ballard, citado junto a Ricardo Piglia en los ‘Paisajes globales’ de la sala cinco, lo enuncia así: “El fracturado horizonte de la ciudad parecía el encefalograma zigzagueante de una crisis mental irresuelta”.

Escultura de Julian Opie en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de Julian Opie en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Y es a base de zigzagueos, propios de esa crisis irresuelta, como va dando tumbos esa ciudad mostrada desde diversos ángulos en el IVAM. Comisariada por el propio Cortés, con la ayuda de María Jesús Folch, la exposición se adentra en las fascinadas metrópolis de principios del siglo pasado, para enseguida transitar por espacios banales, paisajes globales, multitudes diversas, ciudades imaginadas, urbes desnudas, mundos extraños y, por último, a modo de concluyente derivada, arquitecturas del miedo; todos ellos, epígrafes de cada una de las salas.

La música y el cine también sirven de guía por ese deambular urbano. “La música de fondo es un elemento a destacar, porque las ciudades no son silenciosas, de ahí la importancia del sonido”, precisó Cortés. Secuencias de películas como Alphaville, de Jean Luc Godard, Smoke, de Wayne Wang o Caché, de Michael Haneke, arropan el conjunto, del que igualmente sobresalen los 458 minutos de Empire, de Andy Warhol: “Pueden verla”, ironizó el comisario, describiendo la película del artista pop como aquella “donde no ocurre nada u ocurre mucho” en ese plano repetitivo del Empire State Building. En esa misma sala, se pasaba de “lo más luminoso” (Valerio Adami) a “lo más alienante” (Warhol).

Escultura de John Chamberlain en 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Escultura de John Chamberlain en ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Perdidos en la ciudad invita a que “la gente se pierda y haga su propio recorrido”, precisó Cortés, mientras iba repasando algunas de las obras expuestas: de artistas valencianos como Javier Goerlich, Equipo Crónica, Gabriel Cualladó, Miquel Navarro, Anzo o Mira Bernabeu, a nacionales e internacionales como Eduardo Arroyo, Antoni Muntadas, Miguel Trillo, Horacio Coppola, Gordon Matta-Clark, John Baldessari o Thomas Ruff. Todos ellos evocando lo que Rafael Chirbes manifiesta en la sala urbes desnudas: “Hay gentes, libros o ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlas una y otra vez”.

Esa visión se acentúa a medida que se avanza por la exposición, hasta desembocar en esas arquitecturas del miedo que Cortés adjetivó como de “control y vigilancia”, ejemplificadas precisamente en las Torres de Vigilancia de Sigmar Polke. “Tras la caída del muro de Berlín, igual hay ahora más muros que nunca en el mundo”, señaló Cortés. Una cita de Christa Wolf cerraba el recorrido a modo de epitafio: “La ciudad había pasado de ser un lugar a ser un vacío”.

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Vista de una de las salas de 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Vista de una de las salas de ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición 'Perdidos en la ciudad' del IVAM.

Obra de Mira Bernabeu en la exposición ‘Perdidos en la ciudad’ del IVAM.

Salva Torres

La perturbadora inocencia de Agente Morillas

Ecosistemas invisibles, de Agente Morillas
Galería Pepita Lumier
C / Segorbe, 7. Valencia
Hasta el 30 de abril de 2016

Las criaturas que habitan la obra de la artista malagueña Agente Morillas no proceden del reino animal ni vegetal, sino del mundo de las ensoñaciones y la fantasía. Seres singulares que transmiten una inquietante sensación de candidez terrorífica, de perturbadora inocencia y remiten a los universos de Murakami o Miyazaki. Una muestra de su última obra, ‘Ecosistemas invisibles’, se puede disfrutar en la galería Pepita Lumier a lo largo de este mes. Son una treintena de dibujos de distinto formato y una veintena de esculturas de cerámica que reflexionan en torno a la naturaleza, no como modelo u objeto de representación, sino como punto de partida para cruzar el umbral de la realidad e indagar en el otro lado.

“Este conjunto de obras surge del interés que me inspira la naturaleza, que ha ido evolucionando y desarrollándose de manera progresiva”, dice Morillas. “En primer lugar mediante la observación directa en las salidas al campo que hacía de niña con mi familia, posteriormente, tras una colaboración con el Museo de Historia Natural de Londres”.

Esta experiencia le dio la posibilidad de comparar el presente con el pasado, las especies vivas y las extintas. “Me ha llevado a admirar la belleza de la vida y de la evolución y a avivar el interés científico que siempre he tenido. El contacto con lo real y lo empírico me ha hecho plantearme cuestiones sobre el camino evolutivo del mundo y la naturaleza, así como orientar la mirada hacia pensadores y naturalistas que han estudiado el tema, sobre todo Darwin”.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Amor por la naturaleza

El leiv motiv de esta exposición parte de una idea de este científico. La especie más fuerte no es la que sobrevive o es más inteligente, sino la que mejor se adaptaba al cambio. “A partir de este principio he creado pequeños emplazamientos naturales habitados por determinadas especies de flora y fauna ficticias, que conviven y comparten un mismo espacio sin necesariamente por ello interactuar”, explica la artista.

“Son lugares perdidos a los ojos del ser humano en los que recreo ecosistemas perfectos, evolutivamente hablando, reductos inalcanzables por el hombre, que los convierte en supervivientes.  En definitiva, trato de transmitir  el sentimiento que la naturaleza despierta en mí y la admiración que me inspira como un ente bello en formas y colores,  inexplicablemente perfecto, inquietante y siniestro, misterioso y mágico a partes iguales. Algo salvaje, con sus propias normas y leyes, y que es por ello la fuente creadora y cambiante de la que emana toda la vida y en la que sucumbe el último aliento de todos los seres que la conforman. Me recreo en todas sus cualidades para imaginar un mundo maduro, sano y bondadoso que rezuma esplendor y que evoluciona de forma muy distinta a cuando el ser humano está comprendido dentro de sus inmediaciones”.

Así, la artista ha creado una serie de piezas con autonomía propia que funcionan de manera independiente y que pueden fusionarse y dialogar con otras creaciones para formar piezas mayores con sentido más complejo y una lectura más amplia, como funcionarían las distintas piezas de un ecosistema, tanto animales como vegetales en un hábitat determinado.

Obras de Agente Morillas en Pepita Lumier. Fotografía de Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas. Imagen cortesía de Pepita Lumier.

Espíritu inquieto

Su nombre auténtico es Mamen Morillas y eligió este seudónimo en homenaje a la agente Scully de Expediente X, una serie que la marcó. “Es una de las muchas fuentes que me nutren, además de libros ilustrados, multitud de películas y programas míticos de la tele, desde los Pitufos o las Tortugas ninjas a Planeta imaginario o La Bola de cristal”.

Al acabar los estudios secundarios, con 19 años, y sin una idea muy definida sobre lo que quería ser, se marchó a Oxford a estudiar inglés. En 2001, ya con su vocación clara, se instaló en Barcelona, donde estudió ilustración en la Escola Massana. En su segundo año ganó un premio convocado por La Vanguardia y La Generalitat y comenzó a publicar las portadas del suplemento Mes Jove de dicho periódico. Agente Morillo es uno de los referentes de la ilustración española en moda, humor gráfico, pintura en directo y mural. Desde 2005 ha expuesto sus trabajos tanto en solitario como en grupo.

Entre su clientes se encuentran: Amnistía Internacional, Primavera Sound, Advance Music, Sónar Kids, Converse, Ajuntament de Barcelona, Club Q Zurich, Hydroponic, Apolo Club, Bibian Blue, Pepa Karnero, etcétera. Forma parte del profesorado de BAU (Escuela Superior de Diseño de Barcelona). Ha residido en París y en Londres, y esta primavera volverá a su ciudad natal, Málaga, con una beca de La Térmica.

“Mi trabajo es bastante narrativo, gira en torno a un universo de personajes y simbología que he creado, en los que me apoyo para contar historias y cuentos”, señala. “Mis personajes son un tanto naïf y fantásticos, muchas veces sombríos, casi siempre infantiles. Es un trabajo en parte autobiográfico y personal, en el que hablo de las cosas que me preocupan o me inquietan, sobre todo de los sentimientos y la naturaleza de los seres que habitan el mundo, desde un punto de vista un poco naïf”.

En cuanto a su estilo,  es bastante gráfico, de trazos y formas limpias, con predominio de colores pasteles, rosas y negros, sobre los fondos de los soportes que utiliza, aunque cada vez experimenta más con las disciplinas y el lenguaje. “Dibujo, pintura, escultura, pintura mural, pasando del grafito a los acrílicos, la arcilla o la madera. Hace cuatro años hice un curso de modelado en Londres y descubrí que me encanta dar volumen a mis personajes”, comenta.

En su obra, según ella misma confiesa,  se percibe el influjo de una larga lista de autores: Alphonse Mucha, Edward Gorey, Anette Messeger, Keith Haring, Mark Ryden, Goya, Yoshimoto Nara, Gary Baseman, Win Delvoye, Joana Vasconcelos, Camille Rose García, Elizabeth McGrath, Laurie Lipton, Marion Peck… Influencias que se reflejan en personajes de grandes y misteriosos ojos que a veces se esconden tras grandes flequillos.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Obras de Agente Morillas en galería Pepita Lumier. Fotografía: Nacho López Ortiz.

Bel Carrasco

La belleza convulsa de Liliana Maresca

Retrospectiva de Liliana Maresca
Espaivisor
C / Carrasquer, 2. Valencia
Hasta el 15 de abril de 2016

“Busco una fisura hacia otra realidad…Porque esta se agota rápidamente”. Dicho y hecho. Liliana Maresca (1951-1994) encontró esa fisura que buscaba, de tanto intentarlo con su obra transgresora. De manera que se topó bien pronto con la muerte. Tenía 43 años, dedicados a hurgar en la belleza con los materiales punzantes de su intensa, apasionada creatividad. Quería tanta autenticidad, que no dudó en jugar con los límites que separan la vida de la muerte.

El arte es representación, porque de lo real sólo podemos saber por vía interpuesta. Pero Maresca quiso siempre forzar esa representación, con el fin de hallar la esencia de las cosas. Y la esencia, en muchos casos, tenía cierto sabor letal. La galería Espaivisor de Valencia da cuenta de tan excesiva creatividad en la primera retrospectiva de su obra en España. Lo hace mediante fotografías, piezas de escultura, un video, recortes de prensa, escritos a máquina y documentos performance, en los que aflora, por muy distintos que sean los soportes, su vena artística siempre al borde del colapso, del agujero negro que todo lo engulle.

Su intensa actividad en las décadas de los 80 y 90 en la Argentina postdictatorial alumbró exposiciones que tan pronto denunciaban aspectos relacionados con el Descubrimiento de América, como con las abusivas leyes del actual mercado capitalista. Se rodeaba de artistas plásticos, músicos o actores con los que montaba singulares y provocadoras escenografías. Hacía lo propio en su serie de fotografías, realizadas por Marcos López, en las que se representaba a sí misma desnuda tras objetos que parecían subrayar el esqueleto de su anatomía. No era la Frida Kahlo de la columna vertebral rota, pero se asemejaba.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Liliana Maresca en una de sus fotografías performance realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Mi misión es molestar, hacer cosas que sean una patada en los huevos”

En la exposición de Espaivisor hay numerosos recortes de prensa que recogen algunas de sus declaraciones más apasionadas, fruto del sentimiento que revelaba su propio arte. “Yo creo que mi misión en la vida es molestar. Hacer cosas que sean una patada en los huevos”. A punto de morir, casi a modo de testamento, produjo una muestra cuyo título ya manifiesta su inquebrantable pulso vital: ‘Frenesí’. Un frenesí que arramblaba con todo, incluido el sistema que viene a controlar tamaños excesos. “Si el sistema permite la existencia de algo que se escapa de él, es para inocularlo luego”.

Para que tal cosa no sucediera, Liliana Maresca no cejó en su empeño de violentar los límites en cuyo interior yace la paz. O no. “Si nuestros trabajos produjeran violencia es porque ella está en la realidad, en los dibujos animados, en los noticieros, en la calle”. Sabedora de esa violencia que nos habita, más allá de la candidez rousseauniana, Maresca desplegó toda una batería de actividades encaminadas a subrayar ese carácter violento de la naturaleza humana. Violencia que ella sabía destinada a formar parte del propio tejido social.

“Esto que hoy parece delirante, no convencional, va a ser aceptado y dejará la marginalidad”. Maresca parecía anunciar con ello la deriva televisiva, allí donde el asesinato, por seguir a Hitchcock, se instala cómodamente en las casas a través de la pequeña pantalla. Todo es fagocitado por el mercado, salvo el pensamiento en su estado puro. “Desde el momento en que pensás de una manera distinta al resto de artistas te estás marginando”. En esa marginalidad se movió siempre la artista que tomó el propio cuerpo como recipiente de experiencias traumáticas. La primera de todas ellas, aniquilar su yo.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Una de las piezas de escultura de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”

“Uno tiene que ser paranoico. Hay que hacerse un yo para hacerlo mierda”. No sólo el suyo, que sin duda dinamitó a diario poniéndose a sí misma contra las cuerdas, sino los múltiples yoes que la animaban a dejar en calma la realidad. Nadie lo logró, porque Liliana Maresca siguió y siguió profundizando en esa fisura que le transportaba a otra realidad. En una de sus propuestas artísticas, se metió en un ataúd para limpiar los pedazos de mortaja que todavía quedaban dentro. Quería que los ataúdes fueran objeto de una exposición. Y la sola experiencia previa la conmovió. “Al tener que meterme tan dentro de la muerte, te puedo decir que la sentí”.

A Maresca le subyugaba esa experiencia de autenticidad, hasta el punto de llegar a ofrecerse al público para mostrar la simbiosis entre cuerpo y mercado. Un cuerpo que osciló entre el erotismo de su propia desnudez y la provocación ideológica revelada en sus montajes más políticos. Espaivisor se hace cargo de todo ello mostrándolo a pequeña escala, como si toda esa energía desbocada pudiera concentrarse en archivos documentales, imágenes en blanco y negro de gran poder evocador y alguna que otra escultura a modo de brillante ‘Curiosidad natural’ realizada con bronce y calabaza.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía de Liliana Maresca. Imagen cortesía de Espaivisor.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar”

Su hija Almendra, presente en la inauguración, destacó en un aparte para MAKMA el carácter indomable de su madre. “Tuvo instantes de monogamia, pero siempre quiso explorar otras cosas”. Lo hizo con propia vida y, por extensión, con su arte. Y es que arte y vida en la trayectoria existencial de Liliana Maresca se confunden. Lo prueba este testimonio extraído de uno de los recortes de prensa que abundan en la exposición.

“Quería probar de todo y lo único que me faltaba era matar. Entonces por seguridad conseguí un revólver. Salí a caminar por la villa, tipo tres de la mañana. Yo pensaba: ahí me encuentro con alguien que me quiere violar y lo mato. Dormía con todas las ventanas abiertas, la puerta abierta. Nada, no pude matar a nadie”.

Así concebía la vida y el arte Liliana Maresca, artista de culto a quien Espaivisor dedica una retrospectiva que sólo tiene un precedente en Europa: la que le dedicó hace cuatro años la galería Spazio Nuovo de Roma. No hay más vestigio de su obra fuera de su Argentina natal, salvo algunas piezas expuestas en el Museo Reina Sofía de Madrid. Lo demás está en Valencia, donde hasta el 15 de abril permanecerá tan singular retrato de la artista que buscó una fisura hacia otra realidad y la encontró. “Vivía al límite”, concluyó su hija Almendra. Y el límite cedió para finalmente devorarla. Espaivisor contiene sus restos mortales llenos de intensa vida.

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Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Fotografía performance de Liliana Maresca realizada por Marcos López. Imagen cortesía de Espaivisor.

Salva Torres

El Congo del Doctor Carsí en 800 piezas

Doctor Carsí, supongo?
Museu Valencià d’Etnologia
C / Corona, 36. Valencia
Hasta el 3 de abril de 2016

No es tan conocido como el famoso doctor David Livingstone. Pero Robert Martinez, comisario de la exposición Doctor Carsí, supongo?, utiliza el “recurso irónico” para establecer una conexión nada descabellada entre ambos médicos y exploradores del alma africana. Como apuntó Paco Tamarit, director del Museu Valencià d’Etnologia, la vida de Mariano Carsí “da para escribir un relato novelado”. Las 800 piezas que integran la exposición, desde máscaras, arcos, marfiles, tallas de madera y fetiches, a óleos, acrílicos, bronces, grabaciones y recortes de prensa, sirven para ilustrar esa novela.

María Londero, viuda del médico de Alfara del Patriarca que recaló en el Congo en 1958, ofreció algunas pinceladas. “Su vida corrió serio riesgo, estando amenazado de muerte en varias ocasiones”. Una de las publicaciones incluidas en la muestra titula: “Heroísmo de un médico español en el Congo”, por negarse a abandonar su hospital ante la llegada de los rebeldes. “Asistió a 11 matanzas en el campo de fútbol”, recuerda Londero. Dos veces estuvo a punto de ser ejecutado, en medio de aquel clima de revueltas que sacudió al país africano en los 60.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

A pesar de todo, Robert Martinez matizó que Doctor Carsí, supongo? no era una exposición “sobre la historia del Congo, ni sobre el arte africano, ni sobre la ayuda humanitaria en el Tercer Mundo”. “Es una exposición sobre el origen de la pérdida”, que el comisario cifró en la melancolía que despiden los objetos en tanto emanación subjetiva de esa pérdida. “Todo objeto exótico es bello porque ha sobrevivido convertido en signo de una vida diferente”, subraya Martinez.

Objetos que han sobrevivido, en el caso de Carsí, dada la pasión del médico que los fue coleccionando y de su viuda que los ha donado al Museu Valencià d’Etnologia. Piezas que vienen a dibujar esa “vida diferente” a la que aludió el comisario y que el diputado de Cultura, Xavier Rius, dijo que era “de justicia poner en valor”, más allá de las condecoraciones que la enaltecen. Y es que por encima de todo, la figura de Mariano Carsí sobresale por el “espíritu humanista” y “carácter abnegado” con los que “se entregó a los otros”, destacaron los responsables de la exposición. Exposición que tiene su parte didáctica en forma de álbum coleccionable (hasta 550) en diversos talleres, evocando la estética de los antiguos álbumes de los 60 y 70.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Una joven observa algunas de las pieza de la exposición Doctor Carsí, supongo? Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

El conocido poéticamente como ‘mal de África’, que afecta a quienes viajan al continente y quedan atrapados por él, se puede ver en Doctor Carsí, supongo?, muestra que ha llevado cinco años de preparación. Grandes colmillos, máscaras, armas de caza (“él no era cazador”), tapices y diversos utensilios dibujan el mapa de esa vida “apasionante” de quien se pasó 40 años en el Congo. Una existencia que su viuda definió así: “Principalmente humana”, en la que “éramos uno para todos y todos para uno”, dados los “vasos comunicantes entre el médico y sus pacientes”. María Londero recordó las “800 intervenciones quirúrgicas” que practicó su marido y cómo, en agradecimiento por las que realizó para superar ciertos casos de  infertilidad, algunas mujeres “pusieron el nombre de Carsí a sus hijos”.

Y aunque la exposición no se centra en la historia del Congo, en los duros avatares de su colonización y descolonización, se deja caer algún que otro mensaje: “Todas las riquezas, que son muchísimas, salen del país a cambio de armas”. No es el caso de las expuestas hasta el 3 de abril en el Museu Valencià d’Etnologia, cuyo valor se  cifra en el relato de vida que ofrecen todas esas piezas acerca de Mariano Carsí, el doctor Livingstone de Alfara del Patriarca.

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Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d'Etnologia.

Algunas de las piezas de la exposición Doctor Carsí, supongo?. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía del Museu Valencià d’Etnologia.

Salva Torres