«Debemos revisar y sanar la herida de la esclavitud»

#MAKMALibros #MAKMAEntrevistas | Carlos Bardem
‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019)
XXXIII Semana Negra de Gijón
Viernes 10 de julio de 2020

Uniformado con los definitivos afeites del Premio Espartaco, que la Semana Negra de Gijón le ha concedido en la presente jornada, en tanto que responsable de la mejor novela histórica del último curso editorial, Carlos Bardem ha recalado en la trigésimo tercera edición del festival de la mano de su más reciente publicación, ‘Mongo Blanco’ (Plaza & Janés, 2019), una mayúscula narración –en corpus orgánico, semántico y estilístico– que asienta su porvenir sobre la figura de “Pedro Blanco, el gran negrero malagueño”.

Una cita marginal y a pie de página que el actor y escritor madrileño refiere como primera fuente de conocimiento de Pedro Blanco Fernández de Trava (1795-1854), conocido en los distantes predios decimonónicos de la trata y compra-venta de esclavos con el sobrenombre de El Mongo (o Rey) de Gallinas –entre otros y variopintos seudónimos–.

Una háptica, exuberante y ubérrima novela de aventuras sobre cuyos cimientos, adheridos al lecho hediondo del esclavismo, se ha edificado “una feroz travesía” por la cronología, delirante y vital, de “un monstruo, objetivamente, dedicado a una atrocidad. Un gran marino, apegado a las novedades técnicas, que revolucionó la trata”, sobre el que “siempre, hago un símil –no muy exacto, pero sí muy ilustrativo–: Pedro Blanco fue el Pablo Escobar de la trata de esclavos; la mejoró y la multiplicó exponencialmente. Su mecánica, su forma de esclavizar y de vender”, ha perfilado Bardem durante su primer encuentro con los medios.

“Un hombre culto y cínico” y, a la par, “excepcionalmente bueno en lo que hacía”, cuyos abominables actos –que le hubieron reportado varios millones de dólares de la época– “no los inventa Pedro Blanco. Es el sistema el que fabrica los ‘Pedro Blanco’ que necesita para realizarse. Porque el esclavismo era sistémico: todo se realizaba con mano de obra esclava en las Antillas”, advierte el autor.

Y he aquí donde el abolengo geopolítico torna su mirada histórica a las elefantiásicas implicaciones de España en este túrbido asunto, “el gran negocio de la época, sobre todo a finales del siglo XVIII y principios del XIX”. Un feudo de la soterrada memoria colectiva erigido, entonces, “en el lugar de máxima rentabilidad para el dinero: la compra y venta de seres humanos. Lo cual está muy documentado y eso significa que hay un consenso unánime sobre un mínimo de gente esclavizada por la trata transatlántica: 12,5 millones de personas, de africanos” –“una cifra consensuada gracias al arqueo y a los manifiestos de carga de los barcos”, si bien «hay autores que elevan esa cifra a más del doble porque, como en todo negocio legal, había una parte ilegal, una trata en b» (lugares de desembarco en paralelo para no pagar aranceles)–, cuyos descendientes pueblan la columna vertebral del continente americano. “Es imposible, para cualquiera de nosotros que haya viajado por América, desde Alaska –la Tierra del Fuego– hacia el sur, no ver la presencia de la negritud en todas sus sociedades. Hemos de tener en cuenta que allí no había negros: todo el que está allí es un descendiente de un esclavo en mayor o menor grado”.

Una contundente apreciación consecuencia de un hecho tan explícito como soterrado por quienes han reorientado, de un modo oscurantista, la narración del devenir histórico. “Este tipo de debates están encapsulados en el mundo académico. En España hay muy buenas monografías, debate a nivel universitario, pero es algo que nunca trasciende al gran público, y por eso no les molesta o no les preocupa a los que se han encargado de que no conozcamos este periodo de nuestra historia”, que sitúa los beneficios del esclavismo sobre la explotación de “los cañaverales de Cuba y Puerto Rico” por parte “de esclavistas españoles, surtidos por negreros españoles” como el Mongo Blanco retratado, desde las fauces sicológicas, en su novela.

Carlos Bardem junto al escritor y periodista Fermín Goñi, durante la presentación de ‘Mongo Blanco’. Fotografía cortesía de la Semana Negra de Gijón.

Recuerda Bardem, al respecto, ese epidérmico sedimento histórico que, a buen seguro, palpita “en el imaginario colectivo” de la mayoría de sus lectores, relativo a que “cuando se habla de esclavitud pensamos, habitualmente, en el relato de Hollywood: Kunta Kinte, ‘Doce años de esclavitud’, Alabama, el algodón…; pero alguien se ocupó de que no sepamos que, al mismo tiempo, coetáneas de esas plantaciones, igual de grandes e, igualmente, dotadas con esclavos secuestrados en África, eran los cañaverales de caña, los ingenios de azúcar” comandados por españoles, tan relevantes como el comercio del algodón; economías de plantación que responden a “las necesidades de las revoluciones industriales”, nutridas “por la trata tradicional africana” y que instituyen ese apogeo intersecular del esclavismo, entonces “una práctica legal” en la que “toda la sociedad participaba” y de la que, en diversos grados, “se beneficiaba”.

Un “fenómeno cultural universal”, idiosincrásico, y sustento de la “ideología de la clase dominante en España” –vertebradora de “una sociedad esclavista equiparable a la Atenas de Pericles”–, por la que transitan eximias (y obscenas) fortunas genealógicas como las de María Cristina de Borbón– “la mayor propietaria de esclavos”, “Carlos III, Felipe V, el Arzobispado de Toledo, el Marqués de Comillas” y el de “Argüelles”, Eusebi Güell –mecenas de Gaudí–, e, incluso, los ascendientes del político “Artur Mas” –“marinos mercantes” condenados por el tráfico ilegal de esclavos entre África y América a mediados del siglo XIX–, así como la constitución de “la Bolsa de Barcelona o las diputaciones provinciales”, tras cuyos pasos encontramos el legado anómino de “miles de indianos” que a su retorno, poblaron, con sus simbólicas palmeras, buena parte de la cornisa cantábrica tras granjearse fortuna con la trata.

Por ello, si uno de sus retos “como escritor era adentrarme en este monstruo (Pedro Blanco) para encontrarle matices y revelar sus razones” –“darle humanidad, comprenderlo, que no justificarlo”–, no de menor relevancia debía ser exhortar al lector a tratar de comprender “una herida abierta que está explotando ahora mismo”. En ese sentido, los acontecimientos del presente aportan un valor añadido a la deriva de la novela durante el último año: “explicarnos cuál fue nuestra parte de responsabilidad”, que hubo sido “extensa e intensa”.

La escritora Berna González Harbour (Premio Dashiel Hammett de novela negra 2020 por ‘El sueño de la razón’) y Carlos Bardem (Premio Espartaco a la mejor novela histórica por ‘Mongo Blanco’). Fotografía cortesía de la Semana Negra.

En consecuencia, Carlos Bardem perfila diversas interrogantes: “¿Por qué hay gente que derriba estatuas? ¿Por qué hay una herida brutal en muchas sociedades del planeta que tiene que ver con el esclavismo y con el racismo?”. Preguntas análogas a las que pueden formularse a partir del concepto de la ‘banalidad del mal’ –alumbrado por Hanna Arendt en ‘Eichmann en Jerusalén’–, asociado al nazismo: “¿Cómo era posible que un país de entre los más cultos, cuna de filósofos y grandes músicos como Alemania, la gente normal, entre comillas, apoyara una monstruosidad como el nazismo?”.

Dubitaciones a las que debemos dotar de respuesta a través del escenario que se aventura en el contexto de su novela: “Sería bueno que tengamos claro que el origen de esta herida sin coser y supurante, que está agitando tantas sociedades, está en este momento de la historia, y que mientras no hagamos nuestros deberes como sociedad y no nos pongamos manos a la obra en revisar, explicar y sanar esa herida, será una herida más que sumar a las muchas que desgarran nuestras sociedades”.

Porque, a la postre, “esta novela también es una reflexión sobre el mal; sobre cómo el mal se ejecuta y se realiza –el mal con mayúsculas–. No creo que exista una relación más viciada y más perversa como la que existe entre un amo y un esclavo. En ese cajón desastre cabe todo: las desigualdades sociales, de género, de religión, etcétera”.

Iniquidades que hunden sus raíces en el légamo de la infecta y tendenciosa memoria de los acaudalados: “Soy de los que piensa que no se puede amasar una gran fortuna siendo honrado. En algún momento aparece la explotación”.

Por ello, Bardem refiere “la importancia de estar siempre alerta, críticos frente a lo que nos dicen que es el sentido común” –en base a él muchos fueron responsables de la esclavitud, como “hoy podemos ser cómplices de una atrocidad” semejante–, en tanto que “vivimos tiempos excepcionales, en los que debemos intentar llevar reflexión y, también, belleza a la gente, frente a lo peor, el miedo. Nosotros (los creadores) debemos ser abanderados contra él”.

El actor y escritor Carlos Bardem en la XXXIII Semana Negra de Gijón. Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Dani Cardona: «Me hubiera encantado nacer optimista»

#MAKMAMúsica #MAKMAEntrevistas | Dani Cardona (músico, productor, escritor y artista plástico)
Lunes 25 de mayo de 2020

Quizás porque en ese cuerpo delgado y ágil no cabe mucho ego, tal vez porque mirar tan azul y reconocerse desde la ironía da pie a que su personalidad asome lúcida entre resquicios de talento, autenticidad y preste más atención a estéticas razones. El nombre de Dani Cardona aparece en muchísimos de los discos que se han editado en nuestra ciudad en las últimas décadas, su trabajo exquisito en el estudio de grabación es siempre valorado por las bandas, pero no lleva bien los halagos. Cuando se habla mucho de él coge su moto y se va.

Dani Cardona durante un concierto de Desguace Café en 16 Toneladas. Fotografía de Susana Sánchez Marfil.

Estudió Bellas Artes, es músico –ha formado parte de grupos ya míticos como Los Flacos, Doctor Divago o Una Sonrisa Terrible–, productor, artista plástico y desde hace unos años escribe relatos en los que cuenta retazos de infancia, andanzas de juventud roquera, pasajes sorprendentes en los que a veces la casualidad o el destino juegan bazas inesperadas en garitos nocturnos, locales de ensayo, estudios de pintura, sótanos y escenarios.

¿Cómo estás llevando este tiempo de confinamiento, Dani?

Pues, en general, es el tiempo el que me ha llevado a mí. Yo he sido obediente y me he quedado quieto, pero a él no le ha dado por ahí. Tiene muy mala idea.

La última vez que la vida te hizo parar y quedarte en casa unos meses escribiste el libro ‘Fractura de tibia y peroné’. ¿Saldrá una nueva publicación de este enclaustramiento?

El libro está en marcha, lo estaba antes del encierro, ahora lo complicado es reunir fuerzas para promocionarlo –una vez más– por un circuito independiente (y angosto). Mi único modo de promoción siempre han sido pequeñas fiestas. Tengo que inventar algo nuevo. Además, no sé en qué fase permitirán sonreír y firmar libros a la vez.

Además de escribir, eres músico, eres artista plástico… Tú lo tienes más fácil para soportar la monotonía de los días.

Pues no creas, primero porque la monotonía no me disgusta. Y no soy un tío muy prolífico; a veces, el sentido de culpa de no estar haciendo nada no me deja hacer nada; no sé cómo lo llevarán otros, pero no ha sido un ambiente favorable para mí. Aun así, lo he peleado.

¿Qué has descubierto de bueno durante estos meses tan distintos?

Durante casi dos meses he estado casi convencido de que el mundo podía cambiar (para bien); que las personas seríamos capaces de sacudirnos la rabia que veníamos arrastrando y empujaríamos, a partir de ahora, en la misma dirección. Pero esta idea se va desintegrando conforme las fases avanzan hacia la normalidad.

También he descubierto libros en mi estantería que no sabía que tenía y que me han encantado. Ah, y he descubierto que tenía vecinos en la puerta de enfrente de mi rellano –¡los descubrí un día por el balcón!–.

¿Qué te da más miedo de lo que nos espera?

Precisamente que tengamos miedo unos de otros. Y tener miedo a la enfermedad. Vivir con miedo.

¿Sacaremos algún aprendizaje o todo seguirá igual?

Me hubiera encantado nacer optimista (son un tipo de personas a las que envidio terriblemente).

Dibujo de Dani Cardona. Fotografía cortesía del autor.

¿Por qué en tus dibujos y en tus cuadros aparecen tantos aviones?

Pues, en primer lugar, tengo que confesar que tengo muchísimo vértigo, y que en las pocas ocasiones en que he subido en avión lo he pasado fatal… Mi hobby es el patinaje artístico sobre ruedas. Lo descubrí gracias a mi hija –tarde…, me hubiera encantado patinar en serio–. En el parque donde practico, observo, casi a diario, enormes atardeceres, como los de los grandes cuadros del Museo del Prado, pero atravesados por líneas de aviones que los convierten en arte pop. Me hacen pensar… Sé que es una extraña relación, pero los aviones tienen que ver con el patinaje artístico.

Y te parecerá una locura, pero después del confinamiento, patinar tiene algo de diferente, y me desconcertaba no saber el qué. Y gracias a tu pregunta lo he descubierto: ¡no hay aviones!

Formas parte de las bandas Desguace Café y Ramonets. Este parón os afecta muchísimo porque aún tardaréis en subiros a un escenario. ¿Cómo lo sobrelleváis?

Antes de la gran movida, con Ramonets, aparte de los ensayos, todas las semanas nos reuníamos al menos una vez para intentar gestar ideas nuevas, proponer acciones o directrices de trabajo. Desde que estamos confinados hemos tenido ¡una reunión diaria! a través de videoconferencia. No puedo más. No los aguanto. Espero que todo vuelva pronto a la antigua normalidad.

Por otro lado, estoy aprovechando el encierro para aprender a tocar la batería –con carácter retroactivo– en el colchón de la cama. No se puede ser más incoherente; ahora entiendo el porqué de mi desordenada carrera artística. En cualquier caso, tengo una idea para que vuelvan los conciertos: aforos a tope, pero con entrada solo permitida a los que ya hayan pasado por la enfermedad (espero que Simón lo vea tan claro como yo). Si no funciona, la cosa está malita.

Desguace Café es mi proyecto más personal. Eso se dice siempre de los proyectos que no dan dinero. En ese sentido es muy muy personal. Y lo cierto es que hace tiempo que no sacamos a pasear las chaquetas, sobre todo porque nuestro otro proyecto, Ramonets, ha tenido mucha actividad (Roberto –el guitarrista– y yo estamos en los dos proyectos). Isa Terrible ha estado también a tope con la carrera de Bellas Artes. Con la nueva normalidad, los espectáculos de poco aforo parece que tendrán más sentido. Una vez vino una sola persona a vernos, o sea que yo creo que lo vamos a petar. No, ahora en serio, quizás sea un buen momento para ese tipo de propuestas, así que…, ¡a ensayar!

Años 80. Dani Cardona en la puerta del mítico Gasolinera. Fotografía cortesía del autor.

Hace un tiempo, después de más de 20 años grabando y produciendo a infinidad de grupos, decidiste cerrar tu estudio. ¿Echas de menos bajar al sótano, pasar horas escuchando y trabajando en las creaciones de otros músicos?

Lo cierto es que tengo sentimientos encontrados. Después de dos décadas en el estudio había muchas cosas que también empezaban a pesarme. Todo negocio que dependa de un alquiler tiene una parte de esclavitud. Ahora lo estaría pasando muy mal. Además, creo que no supe adaptarme, y los nuevos tiempos me pasaron por encima. La tecnología, los nuevos métodos de grabación…, todo eso me viene un poco grande. Para mí, grabar era un trabajo casi artesanal, preciosista y, en ese sentido, no sé si quiero estar al día. Te contaré una anécdota para que entiendas mi postura: cuando era jovencito, en casa de un amigo, este le preguntó a su padre “¿Papá, cuándo vamos a tener video (se refería al moderno VHS)?”, a lo que su padre le respondió “¿Qué te crees, que yo no lo quiero? Estoy esperando a que lo perfeccionen”. Pues el caso es que yo también he decidido esperar a que todo mejore… Aunque me temo que mi amigo se quedó sin video.

Por otro lado, echo muchísimo de menos estar implicado en el proceso de creación de tantas cosas interesantes. La ilusión con la que alguien entra en un estudio de grabación es una energía brutal, adictiva.

A través de las páginas de tus libros llegan vivencias, relatos, anécdotas de la València underground de los ochenta, de los noventa… Pasaban tantas cosas y se cuentan tan poco. Nuestra ciudad vive ajena, muchas veces, a una historia reciente plagada de nombres imprescindibles, de grupos y sonidos interesantes. ¿Crees que otros lugares han reivindicado más o mejor su cultura musical más alternativa?

En todas las épocas ocurren cosas interesantes, pero en esa época tuve la sensación de ser testigo del nacimiento de una independencia musical y artística, con sus nuevas normas estéticas e ingenuas formas de funcionar. Yo la viví con mucha intensidad, al igual que vivo mi presente. Pero el ejercicio de recordar me hace más risa. Soy capaz de reírme de mi yo pasado porque es como reírse de otro. De otro que no sea yo, nunca lo haría.

En cuanto a nuestra ciudad, creo que València ha sido muchas veces víctima de su extrema modernidad. Lo moderno suele existir a costa del rechazo al pasado reciente, y aquí hemos pecado un poco de reivindicar lo supermoderno riéndonos de lo moderno, y lo ultramoderno chafando a lo super… Yo tengo que confesar que soy megaultrasupermoderno. Mmm, espera… Ya no.

Dani Cardona en el balcón de su casa durante el confinamiento. Fotografía cortesía del autor.

Marisa Giménez Soler

Arpajonda pulsa la cuerda en Convent Carmen

Concierto de arpa de Ana Crismán Arpajonda
Fundación Cáñada Blanch y Casa del Mediterráneo
Convent Carmen
Plaça del Portal Nou 6, València
Viernes 9 de noviembre de 2018 a las 20:00

La programación conjunta de Fundación Cañada Blanch y Casa de Mediterráneo continúa este mes con un concierto de arpa. La artista Ana Crismán Arpajonda deleitará al público con su característico sonido el viernes 9 de noviembre a partir de las 20:00, en Convent Carmen.

Ana Crismán. MAKMAEste concierto será una cita muy particular en la apuesta por ambas instituciones de  fomentar actividades que den a conocer la cultura mediterránea a través del compromiso social, el diálogo y el intercambio de otros puntos de vista.

La artista Ana Crismán (Jerez de la Frontera, 1983) es pianista de formación y profesora de música desde hace más de diez años. Comenzó a descubrir las posibilidades del arpa, desarrollando de forma autodidacta un lenguaje original y con un objetivo puramente flamenco. De hecho, ha creado un repertorio de composiciones, arreglos y adaptaciones de piezas flamencas, diseñados por ella misma, para el arpa.

La arpista flamenca ha encontrado, así, nuevos matices que le han permitido proponer por primera vez el arpa como instrumento solista y de acompañamiento al cante. Entre sus piezas realiza un recorrido por tarantas, rondeñas, seguiriyas, granaínas, soleá, bulerías, alegrías, guajiras, tientos, tangos, fandangos…

Benjamín Prado. MAKMA

Con esta propuesta ambas entidades amplían el tipo de actividades de carácter cultural que llevan a cabo conjuntamente, estableciendo vínculos a través de la música, la literatura y las artes en general. Asimismo, la programación no termina aquí, sino que el próximo 22 de noviembre, a las 19:30, se realizará un encuentro con el novelista, ensayista y poeta Benjamín Prado en la sede de Fundación Cañada Blanch.

El escritor charlará de forma distendida con los asistentes, permitiendo conocer y profundizar en su polifacética y versátil carrera como escritor, así como sobre los diversos premios que ha recibido, como el Hiperión, el Premio Internacional de Poesía de Melilla o el Premio Andalucía de Novela y Generación del 27.

Fundación Cañada Blanch y Casa Mediterráneo consolidan así su colaboración, convirtiéndose en referentes para mejorar el conocimiento sobre España y los países mediterráneos.

La arpista Ana Crismán Arpajonda durante uno de sus conciertos. Fotografía: Esme Cote (cortesía de Fundación Cañada Blanch).

La arpista Ana Crismán Arpajonda durante uno de sus conciertos. Fotografía: Esme Cote (cortesía de Fundación Cañada Blanch).

Las razones primeras de Roberto Bolaño, en Filmin

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, de Ricardo House
Chile, México, España, 2016
63 minutos
Filmin
Desde el 23 de abril de 2018

Con motivo de la celebración del Día Internacional del Libro y de Sant Jordi, la plataforma de vídeo bajo demanda Filmin estrena en exclusiva ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’, dirigido por el realizador y documentalista chileno Ricardo House, tercer capítulo de una serie documental que radiografía el devenir biográfico del ínclito y malogrado escritor santiaguino, del que se cumplirá, el próximo julio, el decimoquinto aniversario de su fallecimiento.

Roberto Bolaño. Makma

En torno de Bolaño –consabido autor de estocástica cartografía vital–, Ricardo House traza una polifónica senda en la que configuran su retrato una treintena de testigos, entre familiares, estrechas amistades de diversa índole, ubicación y cronología, escritores, editores y profesionales de la cosmogonía literaria con quien, en diferentes periplos de su honda y fugaz existencia, fraguó un vínculo (emocional o circunstancial) de suficiente relevancia como para acudir tras los vestigios, en búsqueda de las razones primeras (biográficas y literarias) que hubieron perfilado al responsable de, entre otras, ‘Estrella distante’ –primera de las publicaciones con Anagrama, en 1996, de la mano de Jorge Herralde, con quien mantendría, a partir de entonces, una umbilical relación profesional acerca de la que el editor catalán se adentra con algunas anécdotas e impresiones durante el documental-.

‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ retorna a su infancia, ya enferma de inopinadas lecturas –Guillermo Bravo (vecino y amigo de la ñinez) aventura que “sin querer hacerlo, nos enseñaba a hablar de otra manera”–, y recorre su adolescencia por el desconchado Liceo de Hombres de la ciudad de Los Ángeles, en el centro-sur de Chile, su rauda e imprevista partida a México D.F., el efímero e infortunado retorno a su país en 1973 –golpe de Estado y breve trasiego carcelario–, o la impostura beat de los infrarrealistas mexicanos, movimiento poético (de acciones epatantes) comandado por Bolaño, en compañía de Mario Santiago Papasquiaro, José Vicente Anaya, Bruno Montané o un Ramón Méndez Estrada –quien interviene poética y citadinamente en el documental poco tiempo antes de su muerte– para el que “el infrarrealismo es una actitud” a partir de la que al escritor chileno “le gustó novelar poetas” en su obra literaria.

Si la epidermis biográfica de Bolaño compendia que recala con ulterioridad en Barcelona y, a continuación, en el municipio girondense, costero y definitivo de Blanes -persiguiendo la inesperada estela del Pijoaparte de Juan Marsé en ‘Últimas tardes con Teresa’-, merodea sucesivos y prosaicos oficios de emigrante mientras reporta morfología narrativa a sus febriles inquietudes y se consagra, tras un primer aviso sintomático de su enfermedad, a la escritura hasta alcanzar, por entonces, una notabilísima relevancia, Ricardo House, de la mano del equilibrio asertivo o reflexivo de sus testigos, revela a un individuo que toma el exilio como fuente de riqueza, la errancia como condición elemental y el pasado como territorio del que exhumar los aljófares del relato, anunciando una tensa y turbia relación personal y profesional con su páis natal, cuyos retornos, raíces y conflagraciones literarias solidificaron su posicionamiento y toma de conciencia –“ser escritor chileno es una entelequia, una estafa. El escritor es su lengua”.

A la postre, ‘Roberto Bolaño. La batalla futura’ se formula como un documental de cadencioso recorrido testimonial que auxilia a recorrer algunos recodos pretéritos de la figura del escritor chileno, erigido en un interesante collage audiovisual, acompasado por las ilustraciones de Nicolás Pérez de Arce, la música de Fernando Milagros y Patti Smith (ferviente admiradora del escritor), la significativa grabación radiofónica del programa ‘Si nos dejan’, en Radio Tierra, del escritor y artista plástico chileno Pedro Lemebel y, sobremanera, de la entrevista que mantuvo Bolaño en 1999 con Jaime Celedón en el programa de Chilevisión ‘Celedón, Villegas y Cía’.

Roberto Bolaño. Makma

Jose Ramón Alarcón

 

“Trato el desfase entre lo masculino y lo femenino”

‘Ninguna mujer ha pisado la luna’, de Kike Parra (Relee. Red Libre Ediciones, 2018)
Entrevista con el escritor con motivo de su cuarta publicación

Hay narradores que necesitan muchas páginas para desarrollar su idea. A otros, en cambio, les basta con unas líneas. Entre la novela caudalosa y el microrrelato (aunque también lo practica) se encuentra Kike Parra (Alzira, 1971), que acaba de publicar ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’ (Relee. Red Libre Ediciones, 2018), su cuarto libro de cuentos, con prólogo de Jon Bilbao.

Ocho relatos de temas muy diversos inspirados en noticias publicadas en 2014 y 2015, que formaban parte de un proyecto literario realizado por el autor valenciano en el taller de escritura de Isabel Cañelles. “Esas noticias tan solo sirvieron de arranque, pues ningún cuento es una crónica de lo sucedido”, matiza Parra. “Quería alejarme de este género, pues prefiero inventar, trabajar las historias desde la imaginación, puesto que lo que me interesa es el tema que se esconde detrás de lo sucedido o, al menos, el tema que más me atrae o incomoda”.

¿Cómo surgen sus peculiares títulos?

Cuando me pongo a escribir un cuento opto por la primera palabra que se me ocurre; está ahí, en el borrador del cuento, por simple referencia. Es en la etapa última de corrección y revisión cuando le asigno el definitivo. Casi siempre suele ser por una especie de combustión espontánea. En el caso del libro, fue mi editora, Isa Cañelles, quien dio con él.

¿De qué habla en ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’?

Fue también Isa quien detectó en estos cuentos una preocupación mía que ya estaba presente en mi anterior libro, ‘Me pillas en mal momento’, y que tiene que ver con el desequilibrio entre lo masculino y lo femenino. Los personajes masculinos de mis historias necesitan, para encauzar o solucionar sus problemas, que esa parte femenina esté presente, tanto lo femenino que puede haber en el hombre, como lo propio que aportan las mujeres de los relatos. El hombre —ya hablo de la vida— tiene el poder en casi todos los aspectos y, sin embargo, el mundo, la sociedad, sigue siendo injusta e imperfecta. Pienso que hasta que no se dé ese equilibrio entre mujeres y hombres, seguirá existiendo esa imperfección.

Kike Parra. Makma

Un crucero por el Mediterráneo, la caída del Muro, Las Vegas, Nueva York… Se diría que el cosmopolitismo y el afán viajero es otro común denominador.

No he pisado ni Berlín, ni Las Vegas, ni Nueva York, ni Islandia, ni siquiera he hecho un crucero por ningún mar. Me pasa como a las mujeres, que no han pisado la luna. Como el punto de partida de los relatos fueron noticias periodísticas, mantuve la ambientación originaria. Creo que, actualmente, hay mucho cosmopolitismo de salón. Nuestra cabeza puede serlo e ir donde quiera, pero no por eso tiene que concordar con nuestro yo viajero.

¿Cree que hay escritores más propicios a los cuentos que a las novelas? ¿Tiene alguna empezada?

Si pienso en mi caso, así es. La inmensa mayoría de historias que se me han ocurrido tienen a un personaje haciendo o diciendo algo. Es una acción tan concreta, un instante tan perfectamente condensado, que no me hace falta explayarme mucho para intentar darle un sentido. Además, soy compulsivo y, a la hora de escribir, impaciente. Aunque, al final, la disciplina me ha ayudado a controlar más o menos mis imperfecciones. En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta es sí, estoy escribiendo una historia que tiene cuerpo de novela.

Ha participado en varios talleres literarios y también los imparte. ¿Qué es lo que se puede y no se puede enseñar en ellos?

Se puede enseñar todo, pero no todos los que se inscriban a un taller van a llegar al mismo punto. Mi idea es que en un taller literario se incida sobre tres pilares fundamentales: el trabajo, la técnica y el talento. Al alumno se le puede dar pautas para que planifique mejor el tiempo que dedica a escribir. Se le puede hablar, por ejemplo, de cómo mejorar la verosimilitud en una historia; y se le dice que la inspiración y el talento no sirven, aisladamente, para hallar el texto que buscan. Trabajar estos tres aspectos le ayuda a mejorar lo que escriba.

¿Por qué el cuento es un género minoritario en España?

Tiene que ver con dos razones: la primera es que no hay tantos lectores de relatos como de novela. La segunda viene dada por la propia iniciativa editorial, que apuesta, mayoritariamente, por novelas. En ningún caso pienso que sea porque no haya colecciones de relatos con una gran calidad. Podría hacerte en un par de minutos una lista extensa de escritoras y escritores españoles que tienen libros de cuentos que son una maravilla. Pero esto es porque llevo toda mi vida leyendo libros de cuentos al mismo ritmo que de novelas.

Me he planteado la pregunta que me hace a lo largo de mi vida y suelo responderme con otras preguntas: ¿Por qué en Latinoamérica el cuento está tan bien considerado? ¿Por qué en Estados Unidos los relatos tienen tantos lectores? Sé que es una anécdota dentro de todo el contexto, pero el último premiado en uno de los más prestigiosos concursos literarios, el Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, es español y ha sido publicado por una editorial española.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Bel Carrasco

 

Joan Fuster ya tiene su Museo en casa

Museu Joan Fuster
C / Sant Josep, 10. Sueca (Valencia)
Inauguración: miércoles 25 de enero de 2017

El Museu Joan Fuster de Sueca ya es una realidad. La vicepresidenta de la Diputación de Valencia, Maria Josep Amigó, y los diputados Xavier Rius, Josep Bort, Pilar Moncho e Ivan Martí asistieron a la inauguración de un espacio que alberga el legado de este escritor y ensayista, natural de esta localidad de la comarca de la Ribera Baixa y considerado como uno de los intelectuales valencianos más destacados del siglo XX.

Amigó afirmó que se trataba «de un día histórico». La vicepresidenta alabó la labor desarrollada por el municipio «que ha permitido conservar la casa donde nació Joan Fuster y donde produjo gran parte de su obra». Asimismo, consideró que se trataba de «algo más que un museo» donde poder contemplar la obra del ensayista de Sueca e incidió en que la apertura daba respuesta «a una deuda pendiente que los valencianos manteníamos con el propio Joan Fuster y con la localidad de Sueca. Porque un personaje de la altura de Fuster merece que todo el pueblo valenciano lo pueda honrar».

Representantes institucionales durante la inauguración del Museu Joan Fuster. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía de la Diputación de Valencia.

Representantes institucionales durante la inauguración del Museu Joan Fuster. Fotografía de Raquel Abulaila cortesía de la Diputación de Valencia.

Para Rius, la apertura del Museu Joan Fuster «supone comenzar a superar la Transición valenciana», al tiempo que reivindicó que «como pueblo nos merecemos tener abierto el legado de uno de los más grandes intelectuales de nuestra cultura». Asimismo, la diputada de Turismo y concejala en el Ayuntamiento de Sueca, Pilar Moncho, confesó sentirse «satisfecha después de los enormes esfuerzos económicos y de espíritu que se han requerido por parte de las diferentes administraciones para que este espacio pudiera abrirse al público».

En este sentido, Moncho estimó que el Museu Joan Fuster supone «un paso obligado que había que emprender para que todos los valencianos puedan conocer la vida y obra de un intelectual que hizo tanto por ellos».

El acto de inauguración contó con la presencia de autoridades relevantes, como el president de la Generalitat, Ximo Puig, y el conseller de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, Vicente Marzá, así como personalidades del mundo de la cultura que han rememorado la figura de Fuster.

Museu Joan Fuster.

Museu Joan Fuster.

Un legado abierto a los valencianos

La exposición permanente del museo, ubicado en los números 8 y 10 de la calle Sant Josep de Sueca, contiene una selecta representación de la colección de arte reunida por Fuster, además de una breve muestra de los documentos que guarda el archivo sobre su vida, sus relaciones epistolares y la manera de trabajar como escritor.

Asimismo, se reúnen todos los escritos de Fuster publicados en monografías propias u obras colectivas, los trabajos editados sobre su figura y las revistas que dirigió, así como un mural donde quedan reflejadas todas las cabeceras que contaron con su colaboración.

El Museu se enmarca dentro del Espai Joan Fuster, una entidad que acoge también un Centro de Documentación y un Aula Didáctica de Cultura Contemporánea sobre el escritor, dirigida por el estudioso de Fuster, Salvador Ortells Miralles, en colaboración con la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte. En conjunto, se trata de espacios diferenciados que se complementan y se retroalimentan.

Casa Museu Joan Fuster.

Casa Museu Joan Fuster.

Teatre Micalet se opone al espectáculo

Tots Contra l’Espectacle, por ESCIF
Teatre Micalet
C / Mestre Palau, 3. Valencia

El artista urbano ESCIF ha creado una obra teatral que se representa en forma de pancartas reivindicativas en la fachada del Teatre Micalet, en el número 3 de la calle Mestre Palau de Valencia. Esta creación se denomina ‘Tots Contra l’Espectacle’ y se representará a lo largo de toda la temporada teatral, con un formato protesta en el que las pancartas irán renovándose con mensajes propuestos por el mismo público del Micalet.

Esta acción artística cuenta con la colaboración del filósofo, escritor y guionista Santiago Alba Rico, quien ha escrito un manifiesto en contra de la espectacularización de la vida. El texto se repartirá antes de cada función de la temporada a los espectadores del Micalet, a los que se les invitará a participar en ‘Tots Contra el l’Espectacle’. Podrán dejar mensajes alrededor de esta idea para que ESCIF elija cada mes algunos de ellos y los incorpore a la fachada. Las pancartas irán renovándose cada mes con nuevas consignas, como actos de esta obra teatral participativa.

El creador de ‘Todos Contra el Espectáculo’ cree que con esta acción en la fachada del Micalet, en la frontera entre el teatro y la calle, «desaparecen los límites entre presentación y representación, espectadores y actores». ESCIF considera que así «el teatro sale a la calle y la calle entra en el teatro, en un proceso creativo horizontal donde el artista solo es una pieza más del engranaje, que ayuda a amplificar la voz de aquellos que tienen algo que decir: los espectadores».

ESCIF es uno de los artistas valencianos de calle con más reconocimiento a nivel internacional y entre sus últimos trabajos habría que destacar ‘Todo lo que sobra’ la falla que diseñó para la Comisión fallera de Corona; ‘Un coche rojo’ un ensayo  audiovisual  para el  programa Metrópolis, en TVE2; ‘Elsewhere’, su último  libro autoeditado con sus últimos trabajos presentado en el IVAM; ‘Dismaland’, el parque de atracciones de Banksy, donde fue invitado a participar, y la portada del disco de Damien Rice ‘My faded favourite fantasy’.

Tots Contra l'Espectacle. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Tots Contra l’Espectacle. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

Valencia, ciudad chocante

Valencia insólita, de Roberto Tortosa
Editorial Sargantana

La fachada más estrecha de Europa, la estación de tren más antigua de España, el primer hospital psiquiátrico que funcionó en el mundo, la segunda cúpula más grande de España. Muy pocos saben que estos lugares se encuentran en Valencia, enclaves pintorescos y curiosos, eclipsados por la riqueza de nuestro patrimonio histórico artístico. Las primeras piscinas de agua dulce y salada construidas en Europa, la vivienda con el primer caso de fenómenos paranormales documentado en España o un cementerio de la Corona Británica son otros aspectos chocantes dignos de mención.

En el libro ilustrado Valencia insólita (Editorial Sargantana) Roberto Tortosa propone un paseo por esta otra cara de la ciudad que va más allá de lo meramente raro y pintoresco para dar una visión diferente de la urbe.

Cares d'aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Cares d’aigua, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Diseñador industrial de profesión, aunque a causa de la crisis tiene otro trabajo alimenticio, Tortosa pertenece a esa estirpe de cronistas espontáneos apasionados por la historia y el pasado del espacio donde viven. Fotógrafo y escritor, preside una asociación sobre cine y bandas sonoras y creo hace años una web, La Valencia insólita que fue el germen de este libro. Él mismo realizó 3.700 fotografías de las que seleccionó las 400 que ilustran el texto.

“De niño ya me gustaba perderme por el casco antiguo y descubrir rincones singulares”, recuerda. “La curiosidad inicial se fue transformando en afán de conocimiento y me dediqué a estudiar  y a documentar todos esos lugares que  llamaron mi la atención”.

Partiendo de una serie de enclaves que quería reflejar en el libro, ha desarrollado una labor de consulta de diversas fuentes bibliográficas en su colección particular,  fondos de la Biblioteca Valenciana o hemerotecas. En algunos casos concretos recibió asesoramiento de especialistas y en otros he tenido como guías personas que conocen en profundidad los sitios a visitar.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Casa del verdugo, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Joyas ocultas

“Existe una Valencia típica y tópica que aparece en las guías turísticas y otra dentro de ella que esconde lugares interesantes pero poco conocidos”, escribe Tortosa en la introducción. “Joyas arquitectónicas como el convento de Santo Domingo o el monasterio de la Trinidad no gozan del reconocimiento que merecen, espacios culturales como La Gallera o la capilla neobizantina de la Beneficencia”

Además de la fachada de la Plaza Lope de Vega, considerada la más estrecha de Europa, su libro incluye imágenes realmente inéditas, “como  la marquesina de la antigua estación de Aragón o el interior del depósito de aguas de Quart, que posiblemente es la primera vez que se muestran al público. Otros como algunos refugios antiaéreos, cementerios o elementos de señalización también resultan prácticamente inéditos”, señala.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Arco de tendetes, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

El paseo que propone Tortosa se inicia en clave religiosa por las cruces de término, la Valencia Vicentina y las ermitas. Tras un repaso de las necrópolis, entre las que destaca el Cementerio protestante perteneciente a la Corona Británica, el recorrido prosigue por la ciudad industrial, ferroviaria y marítima, con un colofón dedicado a la ciudad como plató cinematográfico.

“Creo que el libro puede interesar desde el  estudioso del tema hasta al simple curioso”, comenta Tortosa. “Al intentar abarcar en el libro buena parte de los barrios y pedanías de la ciudad, a cualquier lector le será fácil  identificarse con aquellos lugares en donde vive o transita habitualmente”, concluye.

Refugio del colegio Jesús María. Imagen de Rubén Tortosa.

Refugio del colegio Jesús María, del libro Valencia insólita, de Roberto Tortosa. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

Colectivos literarios: Yo escribo, tú escribes…

Colectivos literarios de Valencia
Generación Bibliocafé, El Cuaderno Rojo, Lab, Valencia escribe

El oficio del escritor es solitario, una pugna diaria entre la creatividad de su mente y las exigencias de la página en blanco. Los autores se nutren de su propia experiencia, de sus lecturas y viajes, pero también de su relación con otros colegas en las que con frecuencia se entremezclan rivalidad y compañerismo. Las tertulias de poetas, filósofos y literatos son tan antiguas como la Humanidad y han perdurado durante siglos.

Con la irrupción de las nuevas tecnologías se ha dado un paso más, una nueva vuelta de tuerca. Una interrelación más frecuente y estrecha entre los escritores a través de internet y las redes sociales. También la oportunidad de la autoedición, pues muchos que antaño sólo tenían la posibilidad de publicar si ganaban algún premio literario puedan ver hoy sus textos en papel compartiendo páginas y título con sus compañeros. Obras ‘multifirmas’. Los colectivos literarios que funcionan en Valencia ya han generado una biblioteca propia que crece cada día. Los más prolíficos son ‘Generación Bibliocafé’ y ‘El Cuaderno Rojo’. Pero también ‘Lab’ o ‘Valencia escribe’ han editado recientemente libros de relatos.

‘El Cuaderno Rojo’, en homenaje a la novela de Paul Auster, se creó en 2010. Varios alumnos que ese año cursaron los talleres de Antonio Penadés y Santiago Posteguillo decidieron crear un grupo que les permitiese seguir en contacto. “No sólo para tomar cervezas, que también, sino para seguir aprendiendo a escribir y darnos apoyo mutuo en la creación de textos”, dice Bernardo Carrión, uno de los fundadores. ‘El Cuaderno Rojo’ nació en una fecha simbólica, el 23 de abril de 2010, Día del Libro con un grupo de nueve personas en torno a Santiago Álvarez y un grupo de Yahoo!

“Durante los tres años siguientes el grupo cruzó 6.000 mensajes y se sucedieron todo tipo de reuniones para hablar de tramas, personajes o cualquier asunto relacionado con la creación literaria”, recuerda Carrión. “El grupo también se abrió a su entorno y programó actividades abiertas como las liturgias del escritor, en que un autor explicaba su forma de trabajar, o las mesas redondas con varios invitados. Esta primera etapa culminó con la publicación de 11 monstruos por encargo, una antología editada por Acen”.

Portada del libro '11 Monstruos por Encargo'. Cortesía de sus autores.

Portada del libro ’11 Monstruos por Encargo’. Cortesía de sus autores.

Tras tres años de actividad se duplica el número de sus miembros, de 11 a 22, y en mayo de 2014 aparece la segunda antología de 22 relatos, Cuentos del tarot. Actualmente se están preparando dos nuevas antologías: Sangre y niebla y Guerra y mujer.

Varios miembros del grupo ya han publicados novelas en solitario, en el caso de Jordi Llobregat (El secreto de Vesalio) con derechos vendidos a varios países. También son autores conocidos: Marta Querol, Vicente Marco, Santiago Álvarez y  Miguel Ángel Badal. Además del propio Carrión otros miembros ya tienen novelas acabadas en fase de prepublicación: Enrique Huertas, Raúl Borrás, Marina López y Yolanda León.

Con una docena de títulos publicados, ‘Generación Bibliocafé’ (GB) es uno de los colectivos más prolíficos, vinculado a la cafetería librería del mismo nombre que cerró el año pasado. Desde entonces Wayco, en la calle Gobernador Viejo, es su punto de encuentro al que también acuden los colegas de ‘El Cuaderno Rojo’.

“Este año hemos publicado dos libros y tenemos otros dos en marcha”, dice Mauro Guillén uno de los fundadores que se encarga de las tareas de edición. “Al principio éramos ocho autores y ahora ya somos 56 escritores que disfrutamos con los libros por partida doble, al  escribirlos y al leerlos”.

Portada de Horacio Silva del libro 'Por amor al arte',

Portada de Horacio Silva del libro ‘Por amor al arte’. Cortesía de sus autores.

Arte e inmigración

Uno de sus últimos trabajos es Por amor al arte, 28 relatos sobre museos y el mundo de las artes plásticas, con una magnífica portada de Horacio Silva. “Es el libro que mejor ha funcionado, se ha vendido bien y a la gente le gusta mucho. Se nota que el grupo ha madurado y se empiezan a vislumbrar a buenos autores”, cuenta Guillén.

La GB editó un libro comprometido contra la violencia de género y también Relatos sin fronteras, un proyecto solidario en colaboración con el CEAR  y la Fundación por los Derechos Humanos. Son 23 historias, la mayoría muy duras, pero llenas de esperanza. Los beneficios de las ventas están destinados a estas dos instituciones.

Lab, portada del libro.

Portada del libro ‘Once cámaras acorazadas’, de Lab. Cortesía de sus autores.

Sin dogmatismos

Imprevisualizaciones y Once cámaras acorazadas son los títulos editados por ‘Lab’, colectivo de escritores fundado en 2011 que celebra reuniones periódicas en la Galería Imprevisual. “Nos caracterizamos por rehuir todo tipo de dogmatismos, por poner a prueba el empaque de los escritores criticados y por cierto frikismo en torno hasta qué punto las metáforas deben ser sutiles”, dice Ximo Azagra, uno de los fundadores.

En Once cámaras acorazadas, pese a la libertad de temática, género y estilo se da un punto común: una visión existencial desencantada. “Los protagonistas no tienen grandes aspiraciones y llevan con relativo estoicismo su enfrentamiento a conflictos vitales, pero dudan que su solución vaya a mejorar su vida”, comenta Azagra. “Hay tres tipos de miradas: realistas, con más mala uva y más especulativas”.

‘Valencia escribe’ es otro colectivo que se mueve mucho por  Facebook, que ha publicado su primer libro de relatos, Buffet Libre, editado por Guillen, en el que participan también algunos autores de la GB.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Portada de Buffet Libre, de Valencia escribe. Cortesía de sus autores.

Bel Carrasco

Aimeur: “Es imposible que esto vaya a peor”

Destroy. El corazón del hombre es un abismo, de Carlos Aimeur
Editorial Drassana
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
Viernes 26 de junio, 2015, a las 19.30h

Carlos Aimeur en Valencia es una firma asociada a la cultura, materia que impregna sus neuronas después de trabajar como periodista especializado en Las Provincias, El Mundo y otros medios. Actualmente es jefe de CulturPlaza.com. Cinéfilo empedernido, con varios proyectos audiovisuales en su haber, ávido lector y dueño de una prodigiosa memoria, era inevitable que antes o después  revelara su faceta de escritor. Y así lo hizo.

Portada de Bonaventura, de Carlos Aimeur.

Portada de Bonaventura, de Carlos Aimeur.

Sorprendió con Bonaventura, un relato de crímenes ambientado en la Valencia de la Guerra de la Sucesión que mereció el Premio Ciudad de Valencia 2007. Aimeur demostraba una solvencia y madurez impropia de un primer título, aspirando  a crear una atmósfera de intriga histórica similar a la de dos grandes hitos literarios: El nombre de la rosa y El Perfume. Sólo sus íntimos sabían que Bonaventura era en realidad su segunda historia  pues con anterioridad afiló sus garras con otra muy diferente: Destroy. El corazón del hombre es un abismo que hace poco publicó la editorial bilingüe Drassana, y que se presenta el 26 de junio por la tarde en el MuVIM.

Situada en la Valencia de los noventa, evoca la extinta Ruta del Bakalao sin nostalgia a través de una serie de personajes que la viven con intensidad: un camello, una puta yonqui y el encargado de una discoteca. A partir de las declaraciones de una prostituta, una juez novata y dos policías veteranos investigan un crimen ocurrido en Aldaia.

Además de una novela negra Destroy es la crónica de una generación, la que pasó su juventud en los noventa y maduró con la llegada del nuevo siglo para convertirse en “gente sin grandes metas ni pasiones, moderadamente progresistas, tímidamente burgueses, convencionales. Gente para los que vivir, como dice Carlos Marzal, es un puro mecerse insatisfecho que se consuela en su vaivén”.

Portada de 'Destroy. El corazón del hombre es un abismo'. Editorial Drassana.

Portada de ‘Destroy. El corazón del hombre es un abismo’. Editorial Drassana.

Toda primera novela es una especie de taller literario. ¿Qué aprendió usted con Destroy?

Que los personajes y la historia mandan. Hasta que no me sometí a ellos, hasta que no hice lo que ellos debían hacer, no tuve novela. En ocasiones, al hablar con escritores, cuando me decían que los personajes tenían vida propia y todas esas cosas pensaba que me estaban vendiendo humo. Pero no. Es verdad. Ocurre.

¿Cómo  se sumergió en los bajos fondos sin acabar entre rejas? 

Iba con la Policía, unos de confianza que conozco. (Risas) Realmente he tenido problemas con la primera parte de la historia, porque tenía que ponerme en situaciones y comprender actitudes que no me eran ni remotamente próximas. Algunos amigos me han comentado que leído les resulta extraño, como si la hubiera escrito otra persona. Para mí es un elogio porque significa que he conseguido lo más difícil, o al menos a mí me lo parece, que es ponerme en la piel de personas totalmente distintas a mí.

Valencia queda algo desdibujada como telón de fondo. ¿Fue deliberado no dar mucho protagonismo a la ciudad a favor de los personajes?

Fue por no ser redundante. Valencia estaba ahí. Quien la conoce la ve y quien no la conoce se la imagina.

¿Qué circunstancias confluyeron para generar un fenómeno como la Ruta del Bakalao y por qué dejó de existir?

Ha habido gente que lo ha analizado. Creo que es más producto de las circunstancias. Confluyeron un tipo de diversión, una legislación horaria muy laxa y otras circunstancias, como la irrupción de determinadas drogas recreativas, que unidas a las ansias de libertad permitieron esa celebración del exceso. Habría sido divertido si no hubiera sido tan largo, pero lo que era una fiesta se acabó convirtiendo en algunos casos en una pesadilla. En general, la mayoría de la gente que conozco que realizó la Ruta del Bakalao se fue distanciando conforme fueron adquiriendo responsabilidades, personales, laborales, familiares… Era una etapa de su vida.

¿Cuál es su postura respecto a las drogas? 

No tengo una postura única. No puedo poner en el mismo plano drogas nocivas como la cocaína, la heroína o el alcohol, que otras drogas de perfil más bajo como la marihuana o el tabaco. Lo que sí es evidente es que la represión, la Ley Seca, ha fracasado. Eso es un hecho. No sé cuál es la solución, si hay una o varias. Lo que sí que tengo claro es que la actual ‘solución’ no soluciona nada. Y obstinarse en un error es de necios.

¿Como jefe de cultura de Valencia Plaza, qué opina del momento cultural que vive nuestra Comunidad? ¿Espera algo positivo en este aspecto del cambio político?

Cualquier cambio suele ser para bien. En este caso, es imposible que sea peor. Durante la última década la actuación en materia cultural del PP en la Comunidad Valenciana ha acumulado más sombras que luces. Los últimos cuatro años han sido desastrosos. Todo aquello que se advertía desde la prensa o señalaban algunos desde el propio seno de las instituciones, se ha cumplido. Cuando denunciábamos proyectos faraónicos sin sentido como la Bienal de las Artes, se nos criticaba por ser antivalencianos. Cuando denunciabas el comportamiento irregular de personajes, te señalaban a ti. No creo que el PP lo haya hecho todo mal, pero sí que constato que durante los últimos años han permitido toda clase de desmanes y estupideces amparados en que era ‘su gente’. Que personajes como Consuelo Císcar o Paz Olmos hayan dirigido museos como el IVAM o el San Pío V ha sido una broma de mal gusto y ha durado tanto que ha sido denigrante.

El año 2015 trae un aluvión de novedades literarias escritas por valencianos. ¿Estamos ante un fenómeno puntual o son los  frutos de una cantera de novelistas que dejarán huella?

Es una ola, coyuntural, quizás, pero con visos de permanecer. Ahí será fundamental la respuesta del público. Si la audiencia responde y esos autores se pueden profesionalizar, habrá más testarudos.

¿Alguna nueva historia entre manos?

Muchas. Demasiadas. Lo peor es que no tengo tiempo para ellas. Prefiero pasar el poco tiempo disponible con mi hijo. Espero que la posteridad me perdone (Risas) pero prefiero jugar al fútbol con mi hijo, aunque siempre me gana de un gol, qué cosas.

El periodista y escritor Carlos Aimeur. Imagen cortesía del autor.

El periodista y escritor Carlos Aimeur. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco