Animales ‘en objetivo’

‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso
Oceánica Producciones, Pascale Prêcheur, 2020
Martes 7 de julio de 2020

El trato que damos los humanos a los animales es hoy objeto de intensas polémicas. Durante milenios el Homo sapiens hizo uso indiscriminado de los irracionales para su beneficio. Pero a finales del siglo XX afloró una nueva mirada, una nueva empatía hacia los seres con los que compartimos el planeta. El animalismo es una corriente caudalosa que empapa la sociedad y las redes. Pero, como en todos los movimientos que despuntan, es inevitable la existencia de cierto radicalismo. ¿Hay que dejar de comer carne? ¿Se debe prohibir la caza? ¿Sufren los animales en los zoológicos?

Reflejar la realidad de ciertos sectores relacionados con el mundo animal con la máxima objetividad posible fue el desafío que se plantearon el cineasta Manu Galipienso y su mujer Pascale Prêcheur, experta en conducta animal, al planificar el documental ‘Animales, por el camino de en medio’, producido por Oceánica y distribuido por Jaibo Films.

Durante un año y medio entrevistaron a más de una veintena de organismos públicos, empresas y profesionales, entre los más relevantes de toda España, para dar a conocer la labor que realizan a favor del bienestar de los animales. Su objetivo: ofrecer un relato imparcial sin caer en maniqueísmos. «No todos comparten los mismos ideales, lo que provoca confrontadas opiniones de toda índole que invitan al espectador a una intensa reflexión», dice Galipienso.

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

El documental, que cuenta con el apoyo del Institut Valencià de Cultura y un presupuesto de 53.000 euros, fue emitido por À Punt y se puede ver en su sección ‘A la carta’, en valenciano. Ha sido seleccionado por el Festival Internacional de Cine de Sax como película inaugural y se difundirá durante la semana del 24 al 31 de julio, de manera online, por la plataforma Festhometv. El Festival de Cine de Alicante también lo ha seleccionado como película invitada y se proyectará en cines entre el 17 y 24 de octubre.

Galipienso y Prêcheur trabajaron una temporada como entrenadores de delfines en Mundomar, en Benidorm. «Allí nos dimos cuenta del desconocimiento que existe respecto al bienestar animal», comenta Galipienso. «No solo de los animales en cautividad, sino también de los domésticos. Con el paso del tiempo y tras varias experiencias fuimos conociendo la problemática del tráfico ilegal de especies. De ahí que vimos la necesidad, y casi obligación, de sacar este proyecto adelante, prácticamente desde la nada».

Manuel Galipienso y Pascale Prêcheur. Imagen cortesía del autor.

A lo largo de 74 minutos en la versión corta –y 108 en la larga–, el filme recorre centros de rescate, asociaciones de protección animal, parques zoológicos, legislación, tráfico ilegal de especies, animales de asistencia… «Nos centramos en gremios donde la actitud del ser humano afecta de forma directa o indirecta a los animales. Por motivos de duración no pudimos seguir investigando e incluir en la película temas como la tauromaquia o la industria cárnica».

Al principio, fue relativamente fácil conseguir estos contactos por su trabajo con animales, pero luego se toparon con la reticencia de algunas de sus fuentes ante la idea de participar en la misma película donde aparecían otras personas con una percepción totalamente opuesta sobre el significado de bienestar animal. «Tras muchas y largas conversaciones, se percataron de nuestra imparcialidad, lo que les  animó finalmente a sumarse al proyecto. Nos comprometimos en ese sentido y nuestra idea, desde el principio, siempre fue evitar a toda costa la confrontación y unir a los distintos gremios».

Fotograma del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso. Imagen cortesía del autor.

En su largo periplo han vivido multitud de experiencias y sensaciones tanto positivas como negativas. «Lo peor fue ver magníficos ejemplares de primates, tigres, pumas, linces, caballos, incluso un león, encerrados en casas de campo en deplorables condiciones. Lamentable consecuencia de la casi inexistente coordinación entre organizaciones, profesionales, administraciones, etcétera».

En el balance positivo cuenta la percepción de «que en realidad, todos los que intervienen en el documental tienen mucho más en común de lo que parecía en un principio. Además, la reacción de los espectadores y participantes al ver la película es muy positiva», concluye Galipienso.

En 2010, Galipienso realizó su primer documental, ‘Descubriendo el surf, con Luis Callejo’ –intérprete nominado a los premios Goya como mejor actor protagonista en ‘Tarde para la ira’–, de Raúl Arévalo. Formado como técnico en realización audiovisual y con varios másteres en cinematografía, ha realizado varios cortometrajes protagonizados por actores reconocidos como Javier Gutiérrez. ‘Animales, por el camino de en medio’ es su primer largometraje. Un reto personal en el que ha ejercido de guionista, director y director de fotografía junto a su mujer Pascale Prêcheur, que le acompaña en todos sus proyectos como productora ejecutiva y, en este caso, también como presentadora.

Cartel del documental ‘Animales por el camino de en medio’, de Manuel Galipienso.

Bel Carrasco

Tras la conciencia artística de #BlackLivesMatter

#MAKMAOpinión #MAKMAArtistas | #ICan’tBreath #BlackLivesMatter
Stokely Carmichael, ‘The Black Power Mixtape’, Spiral, ‘Queer Genius’, Black Quantum Futurism (Rasheedah Phillips y Camae Ayewa AKA Moor Mother)
Jueves 11 de junio de 2020

En el gélido y nórdico otoño de 1967 y frente a un henchido auditorio sueco, el político y activista en defensa de los derechos civiles afroamericanos –y primer ministro honorario de las Panteras Negras– Stokely Carmichael (1941-1998) reflexionaba en torno de la política de no violencia implementada, desde la década precedente, por el conspicuo y malogrado pastor bautista y activista Martin Luther King, Jr. (1929-1968), encominando su figura y, a la par, discrepando de sus postulados para situar en el epicentro del problema un concepto esencial –’conciencia’–, cuya ausencia viene a erigirse en mayúsculo óbice para forzar a materializar la solución a la ignominiosa segregación racial sufrida por la ciudadanía negra del país mediante aquella pasiva metodología pacifista:

Stokely Carmichael durante su discurso en Estocolmo, en 1967. Fotograma del documental ‘The Black Power Mixtape’ (2011), de Göran Olsson, cortesía de Filmin.

“Según el Dr. King, la no violencia ayudaría a lograr los derechos civiles de los negros de EE.UU. Partía de la base de que si no eres violento, si sufres, tu rival verá tu sufrimiento, se sentirá conmovido y cambiará de actitud. Eso está muy bien. Solo se equivocó en un detalle: para que funcione la no violencia tu rival ha de tener una conciencia. EE.UU. no la tiene”.

Un terminante diagnóstico instituido en punto de partida del documental ‘The Black Power Mixtape‘ (2011), de Göran Olsson, que se adentra en la deriva del ínclito movimiento en defensa de los derechos las personas negras a través de la compilación de un valiosísimo e inédito material fílmico rodado por un equipo de televisión sueco, entre 1967 y 1975, equilibrado por el testimonio contemporáneo de una generosa nómina de estudiosos, artistas y activistas estadounidenses.

Un filme cuyo contenido adquiere una ineludible y extraodinaria vigencia reflexiva tras la deplorable muerte por asfixia, el pasado 25 de mayo, del músico afroamericano George Perry Floyd Jr. a manos de un agente de policía de Mineápolis, y su consecuente contienda social que, bajo el lema ‘I can’t breathe’, el movimiento Black Lives Matter ha conseguido dotar de incontenible carácter internacional, sumando la agónica frase de Floyd a las miméticas palabras pronunciadas por Eric Garner (2014), Javier Ambler (2019) y Manuel Ellis (2020) poco antes de fallecer durante sus respectivos, desmesurados y aciagos arrestos.

Mural en homenaje a George Floyd en una ciudad de Estados Unidos.

Si en el orden consuetudinario es plausible admitir que ‘conciencia’ y ‘reflexión’ se instituyen en términos recíprocos por necesidad y consecuencia y, a la par, en herramientas indispensables para dotar de sentido y profundidad a la ‘acción’ –cuando esta acción pretende sobreponerse a las contingencias de la inmediatez y ordenar un rumbo hacia el que dirigirse–, acudir a la conciencia reflexivo-activa del arte puede arrojar un lúcido análisis acerca del racismo endémico sobre el que se ha edificado la idiosincrasia cultural, política y ecónomica de Estados Unidos, y permitir encontrar, a la par, fórmulas que auxilian a germinar una nueva conciencia de la comunidad afroamericana sin necesidad de aguardar a que la eugenésica, racista y heteronormativa conciencia de la comunidad ario-occidental modifique la suya.

De este modo, durante el estío de 1963, una dispar quincena de artistas neoyorkinos de raza negra, abanderados por el pintor Romare Bearden (1911-1988) y el muralista y grabador Hale Woodruff (1900-1980), conformarían Spiral, un colectivo artístico alumbrado al calor de las disquisiciones en torno del papel que debían asumir los artistas afroamericanos en relación a la política, el movimiento de derechos civiles e, igualemente, su marginal presencia en el orbe académico y oficial de la historia y del mercado del arte, cuya puesta en común desembocaría, en la primavera de 1965, en la muestra ‘First Group Showing: Works in Black & White’, acontecida en una tienda del West Village reconvertida en espacio galerístico; a la postre, única exposición que el colectivo materializaría, cuyo catálogo/manifiesto recogía que “Nosotros, como negros, no podíamos dejar de ser tocados por la indignación de la segregación, o dejar de relacionarnos con la autosuficiencia, la esperanza y el coraje de aquellas personas que marchaban en interés de la dignidad del hombre. (…) Si es posible, en estos tiempos, esperamos con nuestro arte justificar la vida, (…) usar el blanco y negro y evitar otra coloración”.

Cartel de la exposición ‘First Group Showing: Works in Black & White’ (1965), del colectivo Spiral.

Acerca de las razones constitutivas y estéticas de Spiral, su confundador, Romare Bearden, y el crítico y comisario Harry Henderson –en su ensayo biográfico ‘A History of African-American Artists: From 1792 to the Present’ (publicado en 1993, un lustro después del fallecimiento de Bearden)– mencionan que “(…) los artistas más antiguos reconocieron particularmente que el tema fundamental era la cuestión de su identidad como artistas negros en una sociedad blanca, un problema que había surgido en el renacimiento de Harlem de la década de 1920 y que se había reafirmado en las discusiones del Gremio de Artistas de Harlem en la década de 1930. Había muchos aspectos en este tema. Por ejemplo, ¿debería el trabajo de un artista intentar expresar directamente los problemas en la lucha por los derechos civiles en la tradición de la pintura de protesta social? ¿O podría el logro artístico en sí mismo mejorar el estado de las personas negras?”.

A pesar del efímero devenir de Spiral, el colectivo vería dignificado su legado artístico a través de diversas exposiciones retrospectivas acontecidas, casi medio siglo después, en el Museo de Arte de Birmingham y el Studio Museum de Harlem, bajo el título ‘Spiral: Perspectives on an African American Collective’, y habría de ser punto de partida y referencia inexcusable de la reciente exhibición, producida por la Tate Modern de Londres en 2017, ‘Soul of a Nation: Art in the Age of Black Power’ (‘El Alma de una Nación: el Arte en la Era del Black Power’), que concitaba un ubérrimo recorrido por la obra de sesenta artistas que contribuyeron, con sus creaciones, a pugnar en pro del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos entre los años 60 y 80 del pasado siglo, con el propósito curatorial de “entender cómo los artistas dieron forma y salida a los cambios sociales y políticos del momento enfrentándose a los problemas raciales”.

‘Black First, America Second’ (1970), de David Hammons, obra exhibida en la exposición ‘Soul of a Nation: Art in the Age of Black Power’. Fotografía cortesía de la Tate Modern de Londres.

Una exposición itinerante que, a través de más de 150 piezas, permitía transitar por el horizonte de inquietudes políticas y estéticas de otros colectivos, como el AfriCobra de Chicago, el Kamoinge Workshop de Harlem o los ensambladores de Los Ángeles, y de creadores como Barbara Jones-Hogu, David Hammons, Noah Purifoy, Betye Saar o John Outterbridge, entre metrónomos con titulares racistas y péndulos de esqueletos negros, clavos oxidados, trampas para ratones y vallas de alambre.

Ecos de los Watts riots (disturbios de Watts) angelinos de 1965 –decisivo en la constitución de una nueva conciencia afroamericana en el ámbito social, cultural y académico–, cuyo levantamiento popular, tras el arbitrario arrestro de un joven negro, “forzó el diálogo público sobre la raza y empujó a las agencias gubernamentales a financiar programas sociales y culturales en la ciudad”, según refiere el periódico Los Angeles Times en relación a las palabras del académico de estudios afroamericanos de la UCLA Paul Von Blum en su ensayo ‘Before and After Watts: Black Art in Los Angeles’.

En esta misma línea, el tabloide rescata las impresiones de Daniel Widener, profesor de historia en la Universidad de California, autor del ensayo ‘Black Arts West: Culture and Struggle in Postwar Los Angeles’, quien afirma que “antes de los disturbios de Watts, los negros luchaban por asegurar un lugar en la sociedad estadounidense”. Sin embargo, tras la rebelión, “la gente negra en su conjunto dice que este es un lugar enfermo que tiene que cambiar si vamos a ser parte de él. Si no cambia, tenemos que forzarlo en una nueva dirección”.

Las artistas Rasheedah Phillipsy Camae Ayewa AKA Moor Mother (Black Quantum Futurism). Fotograma perteneciente al documental ‘Queer Genius’, de Catherine Pancake, cortesía de Filmin.

Y una nueva dirección, tan filosófica como aguerrida, beligerante y radicalmente contemporánea, es la que procura Black Quantum Futurism (Futurismo Cuántico Negro), colectivo literario y artístico conformado por las artistas visuales, teorícas sociales y activistas políticas queer Rasheedah Phillips –igualmente, abogada y novelista– y Camae Ayewa AKA Moor Mother –artista sonora y poeta–, cuyo horizonte teórico y metodológico pretende germinar “un nuevo enfoque a la vida y a la experiencia de la realidad, a través de la manipulación del espacio-tiempo a fin de ver posibles futuros y/o acumular el espacio-tiempo en un futuro deseado para lograr la realización de ese futuro”, tal y como recoge su publicación ‘Black Quantum Futurism: Theory & Practice (Volume 1)’ (2015) e, igualmente, el didáctico y notable documental ‘Queer Genius‘ (2019), de Catherine Pancake, que forma parte de la sección Panorámica de la 28ª Mostra Internacional Films de Dones Barcelona –que acoge la plataforma Filmin hasta el próximo domingo, 14 de junio–.

‘Queer Genius’, película documental que se adentra en el devenir creativo y biográfico de diversas y relevantes artistas queer de Estados Unidos –como la cineasta experimental Barbara Hammer, la poeta Eileen Myles o la performer Jibz Cameron–, aproxima su mirada a las peculiares y transformadoras reflexiones afrofuturistas de Rasheedah y Moor Mother, cuya metodología teórico-práctica, implementada en cinturón periférico del norte de Filadelfia, se asienta en la proyección de futuros alternativos para la heterogénea comunidad afroamericana y la proporción de medios de colisionar esos futuros con el presente, solidificando, de este modo, una nueva conciencia a partir de la que reflexionar y actuar sobre el entorno psicológico y cultural que atesore un pragmático eco en el confuso medio económico y político de los ciudadanos.

👉 Black Quantum Futurism | Rasheedah Philips. .🗣 "¿Cómo comenzamos a mapear nuestro retorno a nuestros futuros? Es necesario desmontar el reloj del maestro y reinscribir el tiempo de las personas de color o, más afirmativamente, construir una nueva conciencia espaciotemporal afrodiaspórica. Era necesario disolver o desmantelar la flecha térmica dinámica del tiempo y la flecha del progreso" (Rasheedah Philips)..📽 'Queer Genius' (2019), de Catherine Pancake | Mostra de Dones 2020..#ICantBreathe #BlackLivesMatters

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Mardi 9 juin 2020

Sirva de ejemplo su iniciativa ‘Community Futures Lab’ (2016-2017), que “comenzó como una forma de documentar lo que estaba sucediendo en el barrio de Sharswood (en el norte de Filadelfia)”, asolado por un proyecto de reurbanización que incluía la unilateral expropiación de numerosas viviendas y negocios, ante lo que gestaron el laboratorio de futuros comunitarios, que atesoraba por objetivo “amplificar las voces de la comunidad, usando la metodología afrofuturista, de forma contraria a como se escenifica en los medios y debates públicos, según los cuales la destrucción era un factor inherente y su reurbanización sucedía de forma inevitable”, por lo que “no se trataba de pensar en ello con una escala de tiempo lineal y determinista”, sentencia Rasheedah Phillips.

Un tiempo lineal de obscenas e inmorales leyes naturales en el que “el cuerpo negro es la primera tecnología que unió a los hombres y por la que viajaron a todas partes para financiar la tortura y el control. El cuerpo negro fue la primera forma de ‘viaje en el tiempo’ descubierta en diarios robados y artefactos de los pueblos de África, usados para propulsar la Revolución Industrial” [‘Black Quantum Futurism, Space-Time Collapse (I)’].

Destruir, por tanto, el caucásico determinismo epistémico y causal, que ha ordenado y dispuesto su incólume conciencia al servicio de una narración hegemónica, edificando el relato de un nuevo escenario hacia el que reorientar el presente a través del arte.

‘Unite’ (1971), de Barbara Jones-Hogu, obra exhibida en la exposición ‘Soul of a Nation: Art in the Age of Black Power’. Fotografía cortesía de la Tate Modern de Londres.

Jose Ramón Alarcón

Circus of Books, testimonio de 50 años de lucha

#MAKMAPantallas | ‘Circus of Books’ (2019), de Rachel Mason
Netflix, 2020
Jueves 28 de mayo de 2020

La última apuesta gayfriendly de Netflix nos lleva de la mano de la familia Mason a conocer la historia de una de las emblemáticas distribuidoras y productoras de contenido erótico y pornográfico de Estados Unidos. ‘Circus of Books’ es un documental autobiográfico dirigido por Rachel Mason que expone el surgimiento y muerte de aquello que bien podríamos denominar un imperio empresarial dedicado a la producción y distribución de contenido pornográfico gay.

Exterior de la Librería Circus of Books. Fotografía cortesía de Netflix.

El documental, dividido en dos grades apartados, comienza con una presentación de los miembros de esta curiosa familia judía afincada en Los Angeles, exponiendo a través de videos caseros las dinámicas de Karen y Barry y sus tres hijos Micha, Rachel y Joshua Mason. La superposición de estos vídeos grabados por la propia directora en su infancia, junto con las imágenes y testimonios permiten al espectador adentrarse en la atmósfera de los Estados Unidos durante la década de los ochenta. Cintas caseras, recortes de periódicos e imágenes documentales se convierten en la conjugación perfecta que otorga al audiovisual esa pátina vintage tan sugestiva y atrayente.

«‘Circus of Books’ es una librería y una tienda de material pornográfico duro gay»: con esta sentencia Karen Mason da paso a la intro de un documental que tiene de todo menos «porno duro gay». Sin duda, la promoción del documental por parte de la plataforma Netflix ha generado ciertas expectativas sobre esta producción, que lejos de adentrarse en los entresijos de la industria del porno gay de las últimas décadas, nos presenta un testimonio destinado a toda la familia de cómo la homosexualidad y la pornografía han sido y son un tabú social y, al mismo tiempo, una industria muy rentable económicamente.

Fotograma del documental con Karen y Joshua Mason en la entrada de la sinagoga. Fotografía cortesía de Netflix.

El documental, presentado en el Festival de Tribeca, se suma a la parrilla propuesta por la plataforma Netflix, aportando diversidad a su catálogo de contenidos y acercando a los neófitos a la cultura queer. La primera parte de la producción, de tono más didáctico, se estructura a partir de la ingente recogida de testimonios llevada acabo por Rachel. De este modo, trabajadores de Circus of Books, cineastas y artistas del mundo del porno gay, activistas y demás generadores de contenido articulan, junto con la familia Mason, un complicado engranaje que otorga fluidez y dinamismo al documental. Tomando la pequeña librería como centro neurálgico, las historias recogidas nos hablan de la conformación de espacios compartidos en los que la relación, el encuentro y la identificación surgían de manera espontánea.

‘Circus of Books’, de manera natural y muy familiar, aúna testimonios vivos e imágenes trasnochadas del underground californiano que aproximan al espectador a los ajados códigos de relación entre la comunidad homosexual. Las bandanas de colores y los callejones salen a la luz desestigmatizados y son incorporados a la narración de manera natural. De igual modo, los arrestos, las persecuciones y la violencia ejercida contra la comunidad antes del incidente de Stonewall son recogidos en pro de contextualizar el surgimiento, tan necesario, de refugios para los homosexuales como la librería Circus of Books, hoy un negocio anticuado con el agua al cuello, víctima directa del avance de las nuevas tecnologías, donde el porno analógico ha sucumbido frente a la accesibilidad y privacidad del consumo online.

La segunda parte del documental, de un marcado tono autobiográfico, está dedicada a exponer tanto el lado más conservador como el más liberal de la familia Mason. «Gay era una palabra mala», afirma Joshua, el hijo menor de los Mason, quien nos sirve de guía a través de los dramas familiares generados por la enraizada fe de Karen y el conflicto producido con su trabajo en la industria del porno.

El documental se convierte en un ejercicio de reconciliación familiar y de trabajo emocional que expone como, a lo largo de nuestra historia, el colectivo LGBTI ha necesitado de aliados y aliadas para construir lugares como la librería Circus of Books, un bastión, que, más allá de difundir y producir pornografía gay, supuso un lugar de encuentro para muchos homosexuales que vivieron la criminalización y persecución acometida por las políticas ultraconservadoras de Reagan durante los ochenta. Reachel Mason consigue con su documental que el gran público acceda a través de un testimonio sincero a la historia, nuestra historia, aquella que a lo largo del tiempo se ha redactado en los márgenes de la heteronorma.

Karen y Barry Mason en el cartel promocional de Netflix.

Andrés Herraiz Llavador

La oscilante coreografía del éxito de Michael Jordan

#MAKMAPantallas ‘The Last Dance’ (‘El Último Baile’) | Michael Jordan
Miniserie | 10 capítulos de 50 minutos
ESPN, Netflix, 2020
14 de mayo de 2020

Recuerda un servidor –perteneciente a la generación ilustrada, vertebralmente, en el desarrollismo educativo inmediatamente ulterior a la recién incoada Transición– que albergar inquietudes deportivas (más allá de su mera puesta en práctica en calzón corto) debía ser motivo de vergonzante ignominia para quien perfilara su devenir académico y profesional por los predios de la alta cultura –a la que comenzaban a asomarse, por aquel distante entonces, autores, artistas y otros incógnitos seres del folclorismo intelectual, con lúbricas intenciones heterodoxas (alimentadas, eso sí, al calor de heráldicas y abolengos)–.

Salvo perseverantes excepciones, la incorporación a los dominios de la comunicación cultural –en tanto que extremidad imprescindible, decisiva y ubicua como tecnológica consecuencia de las presentes y líquidas modernidades– de quienes resultan ser coetáneos del abajo firmante –formando parte de esa vasta progenie que domina el gráfico poblacional, con morfolofía de bulbo– ha modificado no solo el orden de predilecciones, sino el modo en que estas son retratadas y difundidas.

Y ha sido, ahí, precisamente, donde el deporte ha encontrado aliados que enaltecen y auxilian a dibujar un discurso dignificador con el que dejar de sonrojarse por experimentar semejante y efervescente pasión por las vicisitudes, logros y derrotas gimnásticas de los abanderados del entretenimiento sudorífico, que por las eruditas disquisiciones en torno de las heterogéneas artes.

Arquetípico ejemplo de este ennoblecimiento reposa en el producto audiovisual que tiraniza las obscuras estadísticas de la plataforma Netflix durante las recientes y excepcionales semanas de confinamiento: ‘The last dance’, miniserie de 10 capítulos, producida por ESPN, que, partiendo proposicionalmente de las contingencias y albures que encaminaron a Chicago Bulls hacia la consecución de su sexto anillo en el marco de las últimas ocho temporadas –un último baile sacramentado por el “Zen Master” Phil Jackson–, traza un opulento y prolífico devenir por las incandescencias y penumbras biográficas de uno de los summum de la centenaria historia del deporte: Michael Jordan.

‘The last dance’ progresa formalmente mediante previsibles técnicas propias del género, entre las que destaca un vívido y pedagógico empleo de analepsis y prolepsis con los que retratar los tres tiempos narrativos de la serie: la evolución de los Bulls durante la temporada 1997/98 (antesala de la segunda retirada profesional de Jordan y de la consecuente disolución de la plantilla); el armígero progreso deportivo de “MJ23” (especialmente, a partir de recalar en la Universidad de North Carolina procedente del Laney High School de Wilmington); y el apreciado testimonio retrospectivo de adláteres y émulos, consanguíneos y antagonistas, feudatarios, directivos, políticos, empresarios y plumillas (a buen seguro, el principal valor, junto a las abundantes imágenes inéditas, que acopia y concita esta briosa y estimulante serie documental).

Debe ser, precisamente, este último aspecto el que erige en acontecimiento lo que podría haber sido una previsible y monótona hagiografía ad maiorem “Air” gloriam (igualmente apetitosa para practicantes y feligreses). Sin embargo, de la mano de Jason Hehir –director y responsable artístico de ‘The last dance’– asistimos a una postrera coreografía en constante equilibrio entre las aguerridas beatitudes sobre la pista y las (desnudas) opacidades que, henchidas de envites, excesos y tabaco fermentado, completan el más atinente retrato procurado sobre las oscilantes perturbaciones del éxito –gélida cumbre a la que ascender provisto de arneses y mosquetones manufacturados por un sediento afán de competitividad y una mayúscula dosis de autoexigencia–.

Michael Jordan celebrando ‘The Shot’, excelsa y legendaria canasta que supondría la eliminación de Cleveland Cavaliers de los playoffs de 1989. Fotografía cortesía de Netflix.

Jose Ramón Alarcón

Iara Lee: «Chernóbil es un símbolo del peligro nuclear»

#MAKMAEntrevistas | Iara Lee
‘Stalking Chernobyl: Exploration After Apocalypse’
59′
Cultures of Resistance Films, 2020
11 de mayo de 2020

El pasado domingo 26 de abril de 2020 el International Chernobyl Disaster Remebrance Day (Día Internacional de Recuerdo de los Desastres de Chernóbil) conmemoraba los 34 años que han transcurrido desde el trágico accidente nuclear, en 1986, acaecido en la central Valdímir Ilich Lenin de Chernóbil, en el Óblast de Kiev, provincia ucraniana perteneciente, entonces, a la Unión Soviética. Uno de los más relevantes desastres medioambientales del devenir de la humanidad cuya oscurantista gestión habría influido decididamente (entre otras razones de geopolítica internacional) en el trayecto hacia la desintegración del raquis político federal y del Gobierno neurálgico de la URSS, un lustro después.

Y nada más plausible que rubricar la efeméride a través del documental ‘Stalking Chernobyl: Exploration After Apocalypse’, un palpitante e inmersivo filme de la directora, productora y activista paranaense, de ascendencia coreana, Iara Lee (Ponta Grossa, Brasil, 1966), quien se adentra en la ‘Zona de Exclusión’, de la intrépida mano tanto de stalkers (acechadores) como de guías oficiales, para radiografiar cuál es la presente situación en Chernóbil.

Un documental que ha sido estrenado mundialmente de manera online y gratuita –iniciativa en la que ha colaborado ‘Humans Fest. Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos de València’ mediante #HumansResistencias, «serie de documentales donde se denuncian situaciones de injusticia en todos los continentes»–, cuyo contenido prosigue disponible a través de las cuentas de Cultures of Resistance Films en YouTube y en Vimeo.

En consecuencia, MAKMA entrevista a la cineasta Iara Lee con el fin de acechar en su compañía los ingredientes y ponderaciones que perfilan su turbadora y audaz película.

¿Cómo se gestó el proyecto de ‘Stalking Chernobyl’?

Cuando visité por primera vez la ‘Zona de Exclusión’ de Chernóbil, en 2017, no tenía intención de hacer una película. Sin embargo, la cultura que encontré allí me cautivó. Tienes esta área que fue el sitio de uno de los desastres más terribles en la historia de la era nuclear, pero ahora han pasado tres décadas. Los bosques y la vida silvestre se han apoderado de nuevo de lugares que los humanos abandonaron. Y la gente también ha comenzado a regresar. Algunos son buscadores de emociones; algunos son artistas; algunos son científicos. Quería documentar lo que están encontrando allí y su fascinación por lo postapocalíptico.

Tal y como se menciona en el documental, las primeras grabaciones existentes después del desastre nuclear se filmaron con una voluntad histórica y sociológica, como documento para las generaciones futuras, pero también como un relato heróico de los acontecimientos. ¿’Stalking Chernobyl’ nace, salvando las distancias, con esa misma intención, 34 años después, para nuestras presentes y futuras generaciones?

Por lo general, no encaro al cine con un propósito didáctico por adelantado. Por el contrario, generalmente, encuentro un tema en mis viajes que me interesa y, si llama mi atención, lo sigo y veo qué deviene del proceso. En este caso, la ‘Zona de Exclusión’ fue un lugar muy cautivador que resuena con todo tipo de problemas sociales y existenciales. No me propuse hacer una declaración específica sobre estos, aunque creo que la película lleva muchos mensajes: incluidos los peligros de las tecnologías que no podemos controlar y el apetito de riesgo, a veces autodestructivo, de la humanidad.

La central nuclear de Chernóbil (al fondo) reporta epílogo a la vista panorámica de Prípiat. Fotografía de Thierry Vanhuysse cortesía de Cultures of Resistance Films.

A pesar de la aparente seguridad y coordinación de las visitas turísticas por los lugares menos lesivos para la salud, ¿sigue siendo Chernóbil un emplazamiento de alto riesgo?

Esta es una de las preguntas más importantes que todos nos hacemos y de la que no resulta tan fácil encontrar información. En primer lugar, no soy una experta y por la relevancia del asunto invito a cada uno a informarse por su cuenta antes de hacer la elección de visitar Chernóbil o no. El Gobierno de Ucrania habilita las visitas turísticas coordinadas declarando que no hay ningun riesgo, pero siempre que se respeten los caminos indicados por el guía. Cuando las visitas son ilegales y fuera de este marco los niveles de peligrosidad aumentan considerablemente.

¿Consideras que la popularización de Chernóbil como fenómeno cultural y singular destino turísitico pone en peligro su pervivencia y su legado?

Es sabido que los visitantes –quienes están en tours oficiales y los llamados stalkers, que entran ilegalmente– sacan objetos de la ‘Zona de Exclusión’ como recuerdos, también modifican los espacios y depositan objetos como, por ejemplo, muñecas, que son muy populares–.

La región se ha convertido en un lugar de moda para visitar, pero en lugar de concentrarse en el aspecto trágico, el Gobierno debería promover la ‘Zona de Exclusión’ como un lugar de reflexión sobre el desastre nuclear. Ahora, 34 años después, se estima que la catástrofe habría matado hasta a unas 900.000 personas y dejado a millones de afectados por las radiaciones nucleares, que provocan cáncer y otras enfermedades. Chernóbil se ha convertido en símbolo de la peligrosidad que encierra el uso de la energía nuclear, y es por eso que hay que tener respeto, tratando de conservarlo intacto para generaciones futuras.

Una pareja de stalkers contempla la central nuclear de Chernóbil. Fotografía de Vlad Vozniuk/URBEX cortesía de Cultures of Resistance Films.

¿De qué modo se fraguó el contacto con los stalkers que figuran en el documental y cuáles fueron las complejidades de incursionar junto a ellos en la zona?

Conocí al stalker Oleg Shalashov y otros más jóvenes, y formas estratégicas de obtener imágenes de ellos. Quería hacer una película sobre los stalkers, pero no convertirme en ellos. Mi aventura en la ‘Zona de Exclusión’ fue más controlada y no excedió las áreas declaradas algo seguras.

Personalmente, hago películas en zonas de guerra y zonas de conflicto del mundo –estaba en Beirut cuando Israel nos bombardeó en 2006; en el barco humanitario Mavi Marmara en Gaza cuando los comandos israelíes nos atacaron en medio de aguas internacionales y mataron a 9 personas en el barco…–, pero la radiación invisible es para mí aún más aterradora que enfrentar a los Gobiernos terroristas estatales y, a pesar de lo aventurera que soy, no estoy entusiasmada con la adrenalina posterior al colapso nuclear; sin embargo, me pareció intrigante que muchos de los padres de estos acechadores fueron «liquidadores» obligados a limpiar Chernóbil hace 34 años, mientras que sus hijos quieren ir allí voluntariamente, ahora, para la exploración aventurera. Siempre estuve fascinada por la insaciabilidad humana por la emoción, el placer, la curiosidad humana infinita, incluso si eso significa explorar sitios de radiación como Chernóbil.

¿Son necesarios los stalkers para difundir y preservar la memoria y las huellas postapocalípticas de Chernóbill?

Esto es algo que creo que los espectadores deben decidir por sí mismos. Intento incluir voces con diferentes perspectivas. Descubrí que los stalkers poseen una subcultura fascinante, pero no estoy tratando de defenderla normativamente.

Teniendo en cuenta el modo en que la naturaleza y los seres vivos se han adueñado del lugar, convirtiéndose en un gigantesco pulmón verde, ¿son las zonas de exclusión, como la de Chernóbill, imprescindibles para combatir el cambio climático?

No estoy segura de ir tan lejos para decir que son esenciales, pero creo que es interesante señalar que, incluso en medio del desastre, a veces podemos encontrar aspectos positivos inesperados. La eliminación de personas de la ‘Zona de Exclusión’ ha permitido que la naturaleza florezca. El hecho de que tantas personas estén en cuarentena durante la pandemia actual ha provocado una fuerte caída de las emisiones de CO2. Esto no es para minimizar la tragedia inherente a estos eventos, solo para señalar desarrollos que no necesariamente podrían haberse previsto, y que sugieren formas de vida que no habíamos contemplado previamente.

¿Qué claves podemos encontrar en el documental que emparenten ‘Stalking Chernobyl’ con tus proyectos y filmografía precedentes?

Sobre todo esto están las preocupaciones ambientales y de derechos humanos, críticas relacionadas con nuestro consumo de energía y si deberíamos estar buscando fuentes de energía nuclear en una era de cambio climático. Entonces, para mí, esto no es solo un vistazo a una subcultura underground, sino también una oportunidad para que el público piense más profundamente sobre algunos problemas sociales muy relevantes. Estos problemas se exhiben en la ‘Zona de Exclusión’, pero nos afectan en todo el mundo.

Uno de los testimonios de ‘Stalking Chernobyl’ asocia los espacios utópicos al concepto de paraíso: «Vivir al lado de la naturaleza, sin dañarla. Era un espacio utópico (Prípiat y Chernóbil) donde la ciencia, el progreso humano y la naturaleza se relacionaban y vivían en paz». ¿Están los espacios utópicos condenados a ser, por naturaleza, un turbio recuerdo de lo que pudieron haber sido? ¿Existe el espacio utópico sin apocalipsis?

Esta es una pregunta muy interesante, y muy filosófica. Me recuerda una cita del fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano: «La utopía se encuentra en el horizonte. Cuando me acerco dos pasos, retrocede dos pasos. Si procedo diez pasos hacia adelante, se desliza rápidamente diez pasos hacia adelante. No importa cuán lejos llegue, nunca puedo alcanzarlo. ¿Cuál es, entonces, el propósito de la utopía? Es para hacernos avanzar.» Creo que la utopía es siempre un ideal que nunca se realiza, pero que nos empuja hacia algo. No creo que sea siempre un recuerdo del pasado, pero puede ser una visión del futuro.

La cineasta Iara Lee durante un instante del encuentro online celebrado el pasado 26 de abril de 2020. Foto: MAKMA.

Jose Ramón Alarcón

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (V)

#MAKMAOpinión #MAKMACine #MAKMAPantallas #MAKMALibros | Harterofilias domésticas | Estado de alarma (V)
3 de mayo de 2020

Ciertas egregias efemérides exigen o portan consigo, ineludiblemente, el menester de recapitular para componer un apresurado retrato de aquello que se conmemora –sea un episodio preponderante para el devenir histórico o un recurrrente óbito epiceno de alguna corifea figura de la modernidad–, cuyas facciones deben contener la neurálgicas razones que justifican la remembranza.

Coyunturalmente, la referencia cobra densidad de acontecimiento y este eclosiona uniformado de apéndices ensayísticos y extremidades cinematográficas, lenguajes e instrumentos pintiparados y eficientes con los que granjear el interés de vastas audiencias usufructuarias o exiguos auditorios instruidos, e, incluso, para ejercitar ciertas predilecciones preexistentes o revelar ignotas y florecientes propensiones.

A buen seguro que la evocación que ocupa mi lirondo exordio cobrará categóricas hechuras cronológicas dentro de una década; sin embargo, avecinarse a la ufana y rolliza silueta de Alfred Hitchcock, tras el cuadragésimo aniversario de su fallecimiento, se instituye en justificado motivo para revisitar la que, hasta el momento (y con orfandad de motivos para esperar lo contrario), sea la más fecunda y sugestiva publicación en torno al cineasta: ‘El cine según Hitchcock’ (1966), extensa y monumental conversación con François Truffaut en la que el director británico (con credenciales estadounidenses), entre otras vivificantes aserciones, aventura los siguiente:

“Nunca un reportaje sobre un acontecimiento cualquiera en un periódico cualquiera causará tanto impacto como una película. Las catástrofes sólo les ocurren a los otros, a gente que uno no conoce. Una pantalla hace entrar en contacto inmediatamente con el asesino, con su víctima, por la que uno pasa miedo, ya que se ha convertido en alguien a ojos de esa persona. Accidentes de automóvil hay miles todos los días. Si su hermano es la víctima, entonces comienza a interesarle. Un héroe de cine debe convertirse en nuestro hermano o en un nuestro enemigo si la película está conseguida”.

Así que para aquellos que, por fortuna, observamos, desde la aséptica afectación domiciliaria, el acontecer epidémico transmutado en abúlica estadística, deba seguir siendo la ficción la que refugie nuestros esterilizados y narcisistas desasosiegos, antes o después de asomarnos, acrofóbicos, a la desinfectada sustantividad.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLI) | Jueves 23 de abril de 2020

“No es simpatía lo que hay entre nosotros; somos parecidos. Eso es todo. Está solo como yo… Ha de esperar su Náusea o algo por el estilo. (…) Debe de saber bien que nada podemos el uno por el otro. Las familias están en sus casas, en medio de sus recuerdos. Y aquí nosotros, dos ruinas sin memoria” (Jean-Paul Sartre | ‘La náusea’).

Y en civilizada soledad compartida, desde el acomodado feudo de la memoria doméstica, uno cumple, contumaz y sin otro fin que el de la sorda predilección, con su dietario/memorando (tras cuarenta inopinadas jornadas de feraz reclusión) ‘Harterofilias domésticas | Estado de alarma’.

Cuarta parte de mi memorando/dietario para MAKMA incoado desde la primera jornada de confinamiento, fruto del decreto de estado de alarma por la pandemia de coronavirus.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLII) | Viernes 24 de abril de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Vendredi 24 avril 2020

«En 2005, con el inicio fuerte de la fama del Leopoldo monstruo (aunque aún no tanto) y ya muerto Michi, el cantante aragonés Enrique Bunbury decidió hacer un corto sobre Leopoldo, porque había cantado algún poema suyo. El documental (21 minutos en total) fue rodado por Jacobo Beut, aunque son Bunbury y Carlos Ann los que lo inspiran. Pasan un día en Las Palmas con Leopoldo en bares, terrazas y librerías. (…) Quizás el momento más entrañable es cuando le preguntan qué echa de menos en el manicomio: Echo a faltar trasnochar, beber y… joder. Debía ser absolutamente cierto” (Luis Antonio de Villena).

Evocación vívida de las pavesas que colman las urnas cinerarias de todos los Panero, disperas y solo umbilicales por el óbito. Semblanza de una destrucción, entre el empíreo y el averno.

‘Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero’, de Luis Antonio de Villena (Fundación José Manuel Lara, 2014).

‘Un día con Leopoldo María Panero’ (2005), de Jacobo Beut.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIII) | Sábado 25 de abril de 2020

“Unos años después, en 1958, Eberhard Schlotter compone la serie ‘Una gran familia’. Cuadros compuestos en torno a figuras humanas en un ámbito aislado y sencillo. (…) Hay una cierta inquietud y un cierto misterio en la frialdad de las presencias. Seres aislados en su presente, con mínimos atributos que los identifican. (…) la figura se halla, sin embargo, mediatizada por su propia vital circunstancia: la incomunicación, y un determinado componente eningmático. A mitad de camino entre la reflexión sobre la identidad individual y el drama rural, propuesto como acontecer colectivo” (Manuel Muños Ibáñez, director de la Sala Parpalló y del Centre Cultural La Beneficència de la Diputación de Valencia en 1997).

Atesora el carnicero el ojal místico del tocino chacinero. / Exuda el descarnador la reclusa desventura del sebo devanador.

‘Eberhard Schlotter. La luz y la sombra’, catálogo de la exposición homónima del pintor alemán Eberhard Schlotter (1921-2014) –afincado en Altea (Alicante) desde 1956–, que tuvo lugar en el Palau Gravina de Alicante y en la Sala Parpalló del Centre Cultural La Beneficència durante 1997.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIV) | Domingo 26 de abril de 2020

🏋️‍♀️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰4️⃣4️⃣..✒️ (Liudmila Ignatenko | Esposa del bomero fallecido Vasili Ignatenko) —“Entretanto, la ciudad se llenó de vehículos militares, se cerraron todas las carreteras… Se veían soldados por todas partes. Dejaron de circular los trenes de cercanías, los expresos… Lavaban las calles con un polvo blanco… Me alarmé: ¿cómo iba a conseguir llegar al pueblo al día siguiente para comprarle leche fresca? Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas. La gente de la ciudad llevaba su pan de las tiendas, las bolsas abiertas con los bollos. En los estantes había pasteles… La vía seguía como de costumbre. Solo… lavaban las calles con un polvo…" ['Voces de Chernóbil' (1997), de Svetlana Aleksiévich)..Conmerorar, desde los vestigios de la hecatombe, el aniversario de un apocalipsis y amaitinar los apolíneos escombros del irradiante cataclismo..🎥 ‘Stalking Chernobyl: exploration after apocalypse' (2020), de Iara Lee..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoParaVerDocumentales #yomequedoencasaviendodocumentales #DocumentalesPandémicos #StalkingChernobyl #Chernobyl #Chernóbil #Stalker #IaraLee #VocesDeChernóbil #VoicesFromChernobyl #SvetlanaAleksiévich #InternationalChernobylDisasterRemembranceDay #ChernobylDay

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Dimanche 26 avril 2020

(Liudmila Ignatenko | Esposa del bomero fallecido Vasili Ignatenko) —“Entretanto, la ciudad se llenó de vehículos militares, se cerraron todas las carreteras… Se veían soldados por todas partes. Dejaron de circular los trenes de cercanías, los expresos… Lavaban las calles con un polvo blanco… Me alarmé: ¿cómo iba a conseguir llegar al pueblo al día siguiente para comprarle leche fresca? Nadie hablaba de la radiación… Solo los militares iban con caretas. La gente de la ciudad llevaba su pan de las tiendas, las bolsas abiertas con los bollos. En los estantes había pasteles… La vía seguía como de costumbre. Solo… lavaban las calles con un polvo…» [‘Voces de Chernóbil’ (1997), de Svetlana Aleksiévich).

Conmerorar, desde los vestigios de la hecatombe, el aniversario de un apocalipsis y amaitinar los apolíneos escombros del irradiante cataclismo.

‘Stalking Chernobyl: exploration after apocalypse’ (2020), de Iara Lee.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLV) | Lunes 27 de abril de 2020

«Tal pueblo tiene el espíritu pesado y estúpido; otro lo tiene vivo, ligero, penetrante. ¿De dónde proviene esto si no es en parte de la alimentación que toma, de la simiente de sus padres y de este caos de diversos elementos que nadan en la inmensidad del aire? El espíritu tiene, como el cuerpo, sus enfermedades epidémicas y su escorbuto. Es tal el poder del clima, que un hombre que cambia de clima se resiente, a pesar suyo, de este cambio. Es una planta ambulante que se ha transplantado a sí misma, si el clima no es ya el mismo es lógico que degenere o mejore” [‘La influencia del aire y del clima’ (‘El cuerpo es una máquina que toma su energía del exterior’) | La Mettrie].

Peritar el alma y ataviarla de engranajes fisiológicos, fluidos, trabazones y alzaprimas. Refutar la escolástica y huir del trampal uliginoso de aedados dualismos.

‘El Hombre Máquina’ (1748), de Julien Offray de La Mettrie (Editorial Alhambra, 1987).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVI) | Martes 28de abril de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Mardi 28 avril 2020

«Orton (Joe) y Halliwell (Kenneth) murieron a primera hora del 9 de agosto de 1967. Joe tenía todo el lado derecho de la cabeza destrozado a martillazos; el martillo estaba sobre la colcha a su lado. El cráneo tenía marcas de nueve martillazos que, para el forense, indicaban un arrebato de locura. (…) Halliwell yacía desnudo en el centro del cuarto. Se había quitado la chaqueta del pijama manchada, que estaba en una silla. (…) Cerca de él, en el suelo, había un vaso y una lata de zumo de uvas, con el que se había tomado veintidós pastillas de Nembtual. Halliwell murió antes que Orton. (…) En el escritorio, la policía encontró una nota: ‘Todo se aclarará si leen este diario. K.H. P.S. – Sobre todo la última parte’”.

Libar de las proclividades canallas, el collage doméstico y la clandestinidad tangerina de dos martirizados. Mórbido y siniestro epílogo, lacerado de animosidad, pesadumbre y arrobamiento, en la periférica Islington.

‘Diario’ (1967), de Joe Orton (Ediciones Grijalbo, 1988).

‘Ábrete de orejas’ (1987), de Stephen Frears.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVII) | Miércoles 29 de abril de 2020

“Cape Cod Evening is concerned with the loss of a viable rural America: it focuses on those people and places that have been left in the wake of progress. Today it is rarely remembered how enormous were the differences between the rural and urban population the late 1930s. At that time three out of every four farms were lit by kerosene lamps, a quarter of the rural homes lacked running water, and a third were without flush toilet. Cape Cod Evening was created the same year as the New York World’s Fair, which was entitled The World of Tomorrow. The fair featured a robot called Elektro, which could talk and smoke…” (‘Edward Hopper. Paintings, Biography, and Quotes’ | www.edwardhopper.net).

Profetizar el ineludible detrimento y augurar la agonía –deceso de los intervalos obsoletos–.

‘Cape Cod Evening’ (1939), de Edward Hopper.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLVIII) | Jueves 30 de abril de 2020

“Siempre me interesaron las vanitas, las pinturas de vanitas, y los textos breves que en muchas de ellas aparecen aludiendo, generalmente, al paso del tiempo. Textos como mensajes, la mayor parte de las veces dotados de una carga moral dirigida a que el espectador considerara la temporalidad como un bien superior sobre el que no tiene el menor control y del que exclusivamente posee, en el mejor de los casos, el dato de un principio y la absoluta seguridad de un final. Un regalo que no debería desaprovechar” (Sebastán Nicolau).

Oscilar por el perímetro del georama intrínseco, expedito y confesional de las dimanaciones del artista. Otear los intervalos, los ciclos, el espacio en el que mora la existencia, entre la eclosión, la música y la muerte.

‘Mercurio entre los dedos. Piedras calaverinas’, de Sebastián Nicolau (MAKMA, 2018).

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (XLIX) | Viernes 1 de mayo de 2020

🏋️‍♀️ Harterofilias domésticas | Estado de ⏰4️⃣9️⃣..🗣️ (Andrey Tarkovsky) –“Está el tema de la libertad, ¿qué es la libertad? La libertad es algo interior, la libertad espiritual de un individuo. Pero no es lo mismo que sus derechos. Los derechos pueden ser arrebatados. La libertad interior no. La libertad es algo que pertenece al individuo. Es parte intrínseca de uno mismo, pues somos seres espirituales. Simplificando, Hamlet, o más bien, Shakespeare lo expresó por boca de Hamlet: 'Podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio'”..Conmoverse ante la epifanía de un erudito culminante, límpido y nicotínico argonauta con el que atravesar las aguas mesmerizantes y cinematográficas en búsqueda del vellocino místico de la perpetuidad..🎥 ‘Andrey Tarkovsky. A cinema prayer' (2019), de Andrei A. Tarkovski..#CulturaVsCoronavirus #ConfinadoParaVerDocumentales #yomequedoencasaviendodocumentales #DocumentalesPandémicos #AndreyTarkovsky #ACinemaPrayer #Cine #Documental

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Vendredi 1 mai 2020

(Andrey Tarkovsky) –“Está el tema de la libertad, ¿qué es la libertad? La libertad es algo interior, la libertad espiritual de un individuo. Pero no es lo mismo que sus derechos. Los derechos pueden ser arrebatados. La libertad interior no. La libertad es algo que pertenece al individuo. Es parte intrínseca de uno mismo, pues somos seres espirituales. Simplificando, Hamlet, o más bien, Shakespeare lo expresó por boca de Hamlet: ‘Podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio’”.

Conmoverse ante la epifanía de un erudito culminante, límpido y nicotínico argonauta con el que atravesar las aguas mesmerizantes y cinematográficas en búsqueda del vellocino místico de la perpetuidad.

‘Andrey Tarkovsky. A cinema prayer’ (2019), de Andrei A. Tarkovski.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (L) | Sábado 2 de mayo de 2020

Publiée par Jose Ramón Alarcón San Martino sur Samedi 2 mai 2020

“Me gustaría que ‘El crack’ fuera como las películas de entonces, que se veían sin consultar jamás el reloj. (…) ‘El crack’ es una película española, negra, pero española. Una película urbana, sobre Madrid (…) y sobre la Gran Vía. Mi idea, desde que tecleaba el guion con mi amigo Horacio Valcárcel, era que Madrid, día y noche, se fuera enroscando a la historia hasta llegar a ser un personaje más, como Germán Areta o el ‘Moro’. Igual que Los Angeles en ‘Perdición’, Londres en ‘Noche en la ciudad’, Viena en ‘El tercer hombre’ o Nueva York en ‘Manos peligrosas’ (José Luis Garci).

Poblar en la sombría y adversa metrópoli insomne del celuloide que sabe a caramelo destilado de fracasos, ebriedades y melancolía.

‘Noir’, de José Luis Garci (Notorious Ediciones, 2013).

‘El útimo crack (Un homenaje a J.L.Garci)’ (2014), de Javier Di Granti.

Harterofilias domésticas | Estado de alarma (LI). Foto: Jose Ramón Alarcón.

Jose Ramón Alarcón

Acechando las ruinas apocalípticas de Chernóbil

‘Stalking Chernobyl: Exploration After Apocalypse’, de Iara Lee | Cultures of Resistance Films
International Chernobyl Disaster Remebrance Day (Día Internacional de Recuerdo de los Desastres de Chernóbil)
XII ‘Human Fest. Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos’ de València
Encuentro online: domingo 26 de abril a las 19:00

‘Stalking Chernobyl: Exploration After Apocalypse’, de Iara Lee (fundadora de Cultures of Resistance Films), es un inquietante documental que ofrece un portal único de acceso hacia la cultura clandestina que se ha desarrollado alrededor de la ‘Zona de Exclusión’ de Chernóbil, tres décadas después del peor desastre nuclear del mundo.

Además de la popularización de los recorridos oficialmente autorizados, convertidos en el principal destino turístico de Ucrania, los aventureros y exploradores urbanos ilegales, conocidos como stalkers (en ineludible referencia a la película de Andréi Tarkovski) –junto con los entusiastas de los deportes extremos, los turistas de desastres, los artistas y los operadores turísticos subterráneos–, entran en ‘La Zona’. Muchos desafían las prohibiciones estatales de esquivar los puestos de control y los guardias de seguridad para explorar el misterioso y fantasmal paisaje postapocalíptico.

Una pareja de stalkers contempla la central nuclear de Chernóbil. Fotografía de Vlad Vozniuk/URBEX cortesía de Cultures of Resistance Films.

Tras la cancelación global de grandes eventos y festivales durante la actual pandemia de coronavirus, Cultures of Resistance Films ha estrenado mundialmente ‘Stalking Chernobyl’ online de forma gratuita, que ha recibido más de 10.000 visitas en su primera semana en línea. La película, de 58 minutos, está disponible en YouTube (https://youtu.be/x3wcUbm2gp4) y en Vimeo (https://vimeo.com/402625129), y cuenta con subtítulos en castellano disponibles.

Debido a la demanda popular la película permanecerá disponible online y hoy, domingo 26 de abril de 2020, International Chernobyl Disaster Remebrance Day (Día Internacional de Recuerdo de los Desastres de Chernóbil), se realizará una sesión especial de preguntas y respuestas online, a partir de las 19:00, con científicos, activistas y stalkers de Chernobyl. Para ello, el encuentro se transmitirá en directo a través de la página de Facebook de Cultures of Resistance (https://www.facebook.com/CulturesOfResistance/) y de su canal de YouTube (https://www.youtube.com/user/CulturesofResistance).

La directora de ‘Stalking Chernobyl’, Iara Lee, organizará una sesión de preguntas y respuestas en directo moderada por Jodie Evans, fundadora de CODEPINK, con la participación de:
Cindy Folkers, especialista en radiación y salud del Beyond Nuclear International.
Sergii Mirnyi, científico/operador turístico de Chernobyl Tours.
Vitaly Servetnik, de ‘Friends of the Earth/ Russian Socio-Ecological Union’.
Dimo Petkov, editor de ‘Stalking Chernobyl’, el camarógrafo Anton Fedorko y el coproductor Oleg Shalashov.
Dominik Orfanus, Yurij Syrcek e Igor Pasko, de Chernobyl Welcome Tour Company.
Vladislav Voznjuck del grupo turístico stalker DiggTour.
Lucas Brunelle, ciclista extremo y creador de ‘Lucas Brunelle Goes to Chernobyl’.

Una inciativa en la que colaboran más de medio centenar de organizaciones y entidades, entre las que se encuentra ‘Human Fest. Festival Internacional de Cine y Derechos Humanos’ de València, en cuya duodécima edición, junto con la prestigiosa productora internacional Cultures of Resistance, se ha seleccionado una serie de documentales que tienen como nexo común la actividad de resistencia de los grupos frente a la opresión, la ocupación y el autoritarismo. Además, el ciclo muestra cómo el arte y la cultura son una herramienta pacífica de resistencia frente a los abusos de poder. Con la idea de ‘Resistencia’, el festival de cine incide especialmente con este nuevo ciclo de documentales online publica cada viernes, a las 12:00, en su canal de YouTube y en las redes sociales del festival.

La central nuclear de Chernóbil (al fondo) reporta epílogo a la vista panorámica de Prípiat. Fotografía de Thierry Vanhuysse cortesía de Cultures of Resistance Films.

MAKMA

Una mirada cinematográfica sobre la Guerra Civil

‘Imágenes para la memoria. Iconografía fascista y Guerra Civil Española (2016-2019)’
La Filmoteca
Plaza del Ayuntamiento 17, València
Miércoles 6 de noviembre de 2019, a las 20:00

El Institut Valencià de Cultura presenta en La Filmoteca un ciclo de documentales de la Italia fascista sobre la Guerra Civil. El ciclo está enmarcado dentro del proyecto ‘Imágenes para la memoria. Iconografía fascista y Guerra Civil Española (2016-2019)’, comisariado por Daniela Aronica y organizado por el CSCI/IM y el Instituto Luce Cinecittà, con la colaboración del Bundesarchiv Filmarchiv y Filmoteca Española.

El ciclo se inicia el miércoles 6 de noviembre de 2019, a las 20:00, con la proyección del documental ‘I legionari italiani in Catalogna’ (1939), realizado por la sección cinematográfica del Corpo Truppe Volontarie. Es el único documental que cubre la campaña en el norte de Barcelona, la última protagonizada por el CTV.

El documental presenta imágenes de sólida factura y con un planteamiento original, quizá porque incluso los dos cámaras civiles que integraban la sección trabajaron codo a codo con los militares. La cámara estuvo ubicada en la línea de fuego, por eso brinda un catálogo más amplio que nunca de la maquinaria empleada en el conflicto. Se trata de uno de los filmes más logrados de los producidos desde la Italia fascista sobre la guerra civil española.

‘I legionari italiani in Catalogna’. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

Tras la proyección del documental se realizará una mesa redonda y un coloquio con Daniela Aronica, directora del CSCI y comisaria del ciclo; Juan Miguel Company, catedrático de la Universitat de València, y Agustín Rubio, profesor de la Universitat Jaume I de Castelló y director de la revista Archivos de la Filmoteca. También se presenta el libro ‘La guerra civil española en la propaganda fascista’. La entrada es gratuita

El objetivo del ciclo, que coincide con el 80 aniversario del fin de la Guerra Civil, es impulsar una reflexión colectiva sobre un evento traumático del aún reciente pasado de España, en el que jugó un papel decisivo la ayuda material e ideológica de Hitler y Mussolini.

Por primera vez se exhiben los documentales producidos desde la Italia fascista que se han podido localizar gracias a un rastreo minucioso en los archivos europeos. Se trata, en muchos casos, de inéditos absolutos. Algunos títulos no llegaron siquiera a estrenarse en su día, debido a la precipitación de los acontecimientos internacionales.

Son imágenes sorprendentes que dicen mucho de la estrecha, pero a la vez conflictiva, complicidad entre Franco y Mussolini: los intereses de los dos líderes variaban, de hecho, en función de la situación interna e internacional que condicionaba su línea política en cada momento, con repercusiones inevitables en el cine, que ellos mismos habían convertido en caja de resonancia de sus consignas propagandísticas.

Un cinematográfico instante durante la guerra civil italiana. Fotografía cortesía de La Filmoteca.

MAKMA

Tras el turbio discurso neofascista de Steve Bannon

‘Steve Bannon, el gran manipulador’, de Alison Klayman
Filmin y #ConUnPack Distribución
Estreno en cines: 10 de mayo de 2019

Filmin, en colaboración con #ConUnPack Distribución, estrena antes de las elecciones europeas el documental sobre el ideólogo de la extrema derecha mundial, el hombre en la sombra de la victoria de Trump en EE.UU. o el brexit, que ahora asesora la campaña de diferentes partidos de extrema derecha europeos: ‘Steve Bannon, el gran manipulador’.

La película llegará a los cines el 10 de mayo. Aunque inicialmente se anunció el estreno simultáneo en cines y online para abril, por exigencias del estreno del filme en Estados Unidos, el lanzamiento en salas en España se ha retrasado al mes de mayo, justo antes de las citadas elecciones.

El film elabora un retrato de Steve Bannon, sin duda una de las figuras clave para entender el auge que la extrema derecha está experimentando en los últimos años en todo el mundo occidental. El que fuera asesor y jefe de estrategia de Donald Trump durante la campaña que le llevó a la Casa Blanca y los primeros meses de su mandato, ha dedicado los últimos dos años a erigirse en el referente aglutinador de las diversas fuerzas neofascistas que aspiran, el próximo mes de mayo, a entrar con fuerza en el Parlamento Europeo.

‘Steve Bannon, el gran manipulador’ (‘The Brink’, en su versión original) es un documental dirigido por Alison Klayman (‘Ai Weiwei: Never Sorry’). La directora ha tenido un acceso privilegiado para seguir y filmar el día a día de Bannon durante estos meses en los que ha dado charlas alrededor del mundo y se ha reunido con los principales políticos que representan a la extrema derecha en el mundo, como el ministro del interior italiano Matteo Salvini o el ex líder del UKIP británico Nigel Farage. La película, que tuvo su premier en la reciente edición del Festival de Sundance, ha recibido el aplauso unánime de la crítica estadounidense.

Fotograma del documental‘Steve Bannon, el gran manipulador’, de Alison Klayman. Fotografía cortesía de Filmin.

MAKMA

‘Ce Magnifique Gâteau!’, la animación al poder

‘Ce Magnifique Gâteau!’ y ‘Converso’
Premios La Cabina
Festival Internacional de Mediometrajes de Valencia
Del 14 al 24 de noviembre de 2018

El mediometraje belga de animación ‘Ce Magnifique Gâteau!’ y el documental español ‘Converso’ se alzan con el máximo galardón de la XI edición de La Cabina – Festival Internacional de Mediometrajes de València al recibir el premio a Mejor Mediometraje de Sección Oficial y Amalgama. Esta última edición del festival ha estado organizada por el Vicerectorat de Cultura i Esport de la Universitat de València, el Institut Valencià de Cultura, Conselleria de Cultura a través de la Direcció General de Cultura i Patrimoni, el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y Diputació de València, y ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de València, Palau de la Música y el patrocinio oficial de Cerveza Turia y Caixa Popular.

Ce Magnifique Gâteau! Imagen cortesía de La Cabina

Ce Magnifique Gâteau! Imagen cortesía de La Cabina

‘Ce Magnifique Gâteau !’ (Marc James Roels & Emma de Swaef. Bélgica, 2018), ganadora del Premio a Mejor Mediometraje de Sección Oficial, mezcla el stop-motion y la África colonial del s. XIX para narrarnos las historias de 5 personajes diferentes: un rey perturbado, un pigmeo de mediana edad que trabaja en un hotel de lujo, un fracasado empresario en una expedición, un portero perdido y un joven desertor del ejército. Es la primera vez que una animación consigue el máximo reconocimiento en los once años del festival. Las marionetas que dan vida a los personajes y todos los decorados están hechos enteramente de lana. El film también se ha llevado el premio a Mejor Diseño de Producción y Dirección de arte.

La moldava ‘Salix Caprea’ (Moldavia, 2017. 34 min.) se ha alzado con los premios a Mejor Dirección y Mejor Guión, ambos para Valeriu Andriuta.

Cross. Imagen cortesía de La Cabina.

Cross. Imagen cortesía de La Cabina.

El jurado de Sección Oficial, formado por Fran Ruvira, Carmen Errando, Borja Soler y Mari Mantela, también ha destacado las interpretaciones del mediometraje ‘Cross’ (Idir Serghine, Francia, 2018. 43 min) otorgando el Premio a Mejor Actriz y Mejor Actor a sus protagonistas: Liv Henneguier Damien Bonnard. ‘Cross’ también ha sido galardonada con el premio a Mejor Fotografía.

El premio a mejor banda sonora es para la animación francesa ‘The Man-Woman Case’ (Anaïs Caura, Francia, 2017. 44 min.), webserie animada que relata la historia real de Eugene Falleni, uno de los primeros transgénero de la historia contemporánea condenado por asesinar a su mujer en Australia en los años veinte.

Converso. Imagen cortesía de La Cabina

Converso. Imagen cortesía de La Cabina

Por su parte, el jurado de Amalgama, compuesto por Víctor García, Chema García Ibarra y Leonor Díaz ha otorgado el máximo galardón a ‘Converso’ (España, 2017), un mediometraje que habla de cariños, ausencias, vacíos y distancias. David Arratibel dirige este documental de 60 minutos para tratar de entender cómo su familia se convirtió a la fe católica.

El mediometraje “Retour à Genoa City” (Benoît Grimalt, Francia, 2017. 30 min) se ha alzado con el premio a Mejor Montaje. Mientras que el film valenciano “[M]otherhood” (Inés Peris, Laura García, España, 2018. 58 min.) ha sido galardonado con el Premio Barreira A+D a Mejor Guion.

Cristina Chumillas, Didac Ballester y África Pitarch, jurado del Premio a Mejor Cartel, han decidido ensalzar el diseño del mediometraje “Das Gestell” (Philip Widmann, Alemania, 2017. 30 min).

Salix Caprea. Imagen cortesía de La Cabina.

Salix Caprea. Imagen cortesía de La Cabina.

PALMARÉS COMPLETO
Millor Cartell: Das Gestell (Philip Widmann, Alemania, 2017. 30 min)
Millor Migmetratge Amalgama: Converso (David Arratibel, España, 2017. 60 min.)
Millor Muntatge Amalgama: Benoît Grimalt por Retour à Genoa City (Benoît Grimalt, Francia, 2017. 30 min)
Millor Guió Escuela Barreira Arte y Diseño: Laura García Andreu, Inés Peris, Pura Requena por [m]otherhood (Inés Peris, Laura García, España, 2018. 58 min.)

SECCIÓ OFICIAL
Millor Migmetratge: Ce Magnifique Gâteau ! (Marc James Roels & Emma de Swaef. Bélgica, 2018. 44 min.)
Millor Direcció: Valeriu Andriuta por Salix Caprea (Moldavia, 2017. 34 min.)
Millor Guió: Valeriu Andriuta por Salix Caprea (Moldavia, 2017. 34 min.)
Millor Fotografia: Noé Bach por Cross (Idir Serghine, Francia, 2018. 43 min)
Millor Actriu: Liv Henneguier por Cross (Idir Serghine, Francia, 2018. 43 min)
Millor Actor: Damien Bonnard por Cross (Idir Serghine, Francia, 2018. 43 min)
Millor Disseny de Producció: Emma De Swaef, Marc James Roels por Ce Magnifique Gâteau ! (Marc James Roels & Emma de Swaef, Bélgica, 2018. 44 min.)
Millor Direcció d’Art: Jean-Marc Ogier por Ce Magnifique Gâteau ! (Marc James Roels & Emma de Swaef, Bélgica, 2018. 44 min.)
Millor Banda Sonora Original: Pierre Oberkampf por “The Man-Woman Case” (Anaïs Caura, Francia, 2017. 44 min.)

Ce Magnifique Gâteau! Imagen cortesía de La Cabina.

Ce Magnifique Gâteau! Imagen cortesía de La Cabina.