Las cirugías transepidérmicas de Marie-Lou Demeules

CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’, de Marie-Lou Desmeules
Comisarios: Merche Medina y Jose Ramón Alarcón
Sala de exposiciones Manuela Ballester
Facultat de Ciències Socials
Avenida dels Tarongers 4b, Valencia
Inauguración: Miércoles 22 de Marzo, a las 19:00
Hasta el 3 de abril de 2017

La sala Manuela Ballester, de la Facultat de Ciències Socials, acoge, hasta el 3 de abril de 2017, la exposición ‘CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’, formalizada como un solo project en torno de la obra de la artista canadiense, afincada en Valencia, Marie-Lou Desmeules, comisariado por ECOMUNICAM (Merche Medina & Jose Ramón Alarcón) y focalizado en la realización de cirugías pictóricas (a modo de esculturas vivas) sobre modelos, que permiten a la autora modificar y transformar la apariencia de los individuos, con el objetivo de conversar en torno de la identidad como ineludible máscara que refugia obscuras narraciones y explícitos delirios de la personalidad, empleando para ello una inédita técnica que trasciende el mero plano de la razón estética.

Imagen de la obra 'John Waters', de Marie-Lou Desmeules. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la obra ‘John Waters’, de Marie-Lou Desmeules. Fotografía cortesía de la artista.

Por ‘CIRU(G)ÍAS TRANSEPIDÉRMICAS (LIVING SCULPTURES)’ franquean el territorio, con cáustico e hiperbólico paso, figuras caricatas como Karl Lagerfeld, John Waters, un apaisado y coruscante David Lynch y el refulgente David Bowie (entre otras perlas exuberantes y anónimas de la dolce vita), cuya formación gremial suscita una desestructurante información del ecuménico inconsciente y de la razón colectiva que los sustenta como espectros de lo consuetudinario, componiendo, de este modo, una radiografía del delirio y una consecuencia del absurdo.

“En mi trabajo nos encontramos con la imagen de una persona sobre otra. A través de esta superposición me interesa conversar sobre la identidad, los géneros (genders) y las cirugías plásticas en sí mismas, entre otras cuestiones. En mi serie de Celebrities, por ejemplo, procuro tratar la imagen de los famosos como resultado de un post-internet-patchwork. Me fascina el poder de la imagen, en una época de selfies egomaníacos, en la que la belleza se asocia ineludiblemente a los conceptos de dinero y felicidad. Una obsesión por querer ser amado por nuestra imagen, por conocer a gente, ignorando quién palpita detrás realmente”. (Marie-Lou Desmeules)

Marie-Lou Desmeules. Makma

Las ocho piezas fotográficas que conforman la exposición se rubrican con la proyección de diversos montajes de vídeo que permiten a Desmeules completar las pretensiones de su cirugías  mediante el desarrollo en movimiento de los modelos que subyacen en cada personaje, solidificando la consumación de un relato que sesga los lindes del hieratismo que habita en la superficie.

Marie-Lou Desmeules. Makma

 

Infrecuente y monográfico cuarteto Quiroga

Cuarteto Quiroga
Festival Ensems
Palau de la Música
Paseo de la Albereda 30, Valencia
Miércoles, 8 de junio de 2016, a las 20h.

El cuarteto Quiroga debuta en Valencia de la mano del festival Ensems. Será hoy miércoles, 8 de junio, a las 20:00, en el Palau de la Música. Lo hacen con un programa infrecuente, monográficamente dedicado a compositores estadounidenses. Arrancará con “WTC 9/11”, de Steve Reich, estrenada en 2011, a la que seguirá el célebre adagio del ‘Cuarteto Opus 11’, de Samuel Barber, ‘Mishima’, música escrita por Philip Glass para la película homónima de Paul Schrader, y finalmente ‘Black Angels’, de George Crumb, un cuarteto para instrumentos amplificados y percusión.

Steve Reich (1936) compuso ‘WTC 9/11’ diez años después de los atentados en el World Trade Center de Nueva York, por encargo del Kronos Quartet. Es una obra para cuarteto de cuerda y pista pregrabada, dividida en tres movimientos, donde Reich incorpora grabaciones de transmisiones radiofónicas y voces de controladores aéreos cuando reaccionan ante los acontecimientos, cantores que recitan salmos judíos durante la custodia de los cuerpos posterior a la tragedia y entrevistas con protagonistas realizadas por el propio compositor. Hay además música para cuarteto pregrabada. La obra comienza y termina dramáticamente con el primer violín imitando el tono que emite un teléfono cuando se queda descolgado.

El adagio o movimiento central del ‘Cuarteto opus 11’, en si bemol menor, es una de las obras más conocidas del estadounidense Samuel Barber (1910-1981). Lo compuso entre 1935 y 1936, cuando contaba 25 años de edad, ciñéndose a formas y armonías bastante tradicionales, y lo revisó varias veces hasta 1943. En septiembre de 1936 Barber, entusiasmado, escribió: “Acabo de terminar el movimiento lento de mi cuarteto, ¡es la bomba!”. James Keller lo ha descrito como “una melodía muy lenta y extensa construida a partir de intervalos escalonados, con pequeñas variaciones en sus numerosas repeticiones”. Su popularidad se multiplicó a través de un arreglo para orquesta de cuerdas que realizó el propio Barber (‘Adagio for Strings’). La obra ha incrementado su fama merced a su uso en películas como ‘El hombre elefante’, ‘Platoon’, ‘Los juncos salvajes’ o ‘Amélie’, además de videojuegos o arreglos para música pop (Il Divo) o DJ (Tiësto y Ferry Corsten).

‘Mishima String Quartet’ (cuarteto de cuerda nº 3) (1985) forma parte de la banda sonora de la película ‘Mishima’, de Paul Schrader, sobre la vida de este famoso novelista japonés. Las escenas de la infancia se rodaron en blanco y negro y la música de cuarteto suena en esos pasajes. Philip Glass (1937), acostumbrado a colaborar con el mundo del cine, escribió su partitura sabiendo ya que se convertiría en una música de concierto autónoma.

Imagen del cuarteto Quiroga, participante en la presente edición de Ensems. Fotografía cortesía del festival.

Imagen del cuarteto Quiroga, participante en la presente edición de Ensems. Fotografía cortesía del festival.

Por último, ‘Black Angels’, subtitulado ‘Trece imágenes de la Tierra Oscura’, es una obra desgarrada de George Crumb (1929), compuesta bajo la sombra de la guerra en Vietnam. Destaca por su instrumentación no convencional, con instrumentos de cuerda electrificados, vasos de cristal y dos gongs, y requiere además que los instrumentistas hagan sonidos con la boca. Dividida en trece movimientos, el primero de ellos, ‘Noche de los Insectos eléctricos’, aparece en la banda sonora de la película ‘El exorcista’. El Kronos Quartet se formó cuando el violinista David Harrington escuchó ‘Black Angels’ por la radio y pensó que esa obra “salvaje y pavorosa” era el tipo de música que debía tocar. David Bowie, en un artículo de 2003 donde habla de sus discos favoritos, incluyó ‘Black Angels’ en la lista, pieza de la que dice que a veces “suena realmente como una obra del diablo”.

El Cuarteto Quiroga, grupo residente en el Palacio Real de Madrid y responsable de su colección de Stradivarius, está considerado como uno de los conjuntos de cámara más singulares y activos de la nueva generación europea, e internacionalmente reconocido por sus interpretaciones audaces y renovadoras. Su viola es Josep Puchades, uno de los principales valores de la nueva generación de instrumentistas valencianos.

Galardonado en los más prestigiosos concursos internacionales para cuarteto (Burdeos, Paolo Borciani, Pekín, Ginebra, París, etc.), el Quiroga es habitual de las salas más importantes del escenario camerístico internacional (Wigmore Hall London, Philarmonie Berlin, Frick Collection y Lincoln Center New York, Invalides Paris, Auditorio Nacional Madrid, Heidelberger Fruhling, National Gallery Washington DC, Concertgebouw Amsterdam, Da Camera Los Angeles, Martinu Hall Praga, Nybrokajen Estocolmo, Stadtcasino Basel, etc.).

Ensems es un festival de CulturArts Música – Generalitat Valenciana, con la colaboración del Palau de Les Arts Reina Sofia, el Consorci de Museus, el Palau de la Música (Ajuntament de València), la Fundación SGAE, el Institut Français y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (Inaem). Este año la programación del festival se caracteriza por el eclecticismo, la pluralidad y el espaciamiento temporal a lo largo de más de tres meses, en diferentes sedes, con el fin de llegar al público mayor y más diverso posible.

El festival continuará el viernes día 10 de junio con una performance del artista sonoro Ferrer-Molina en la estación de Metrovalencia en la Alameda, a las 19.30 horas, con la colaboración de la Banda Unió Musical de Picanya y solistas de la Jove Orquestra de la Generalitat Valenciana.

Imagen del cuarteto Quiroga, participante en la presente edición de Ensems. Fotografía: Josep Molina.

Imagen del cuarteto Quiroga, participante en la presente edición de Ensems. Fotografía: Josep Molina.

 

El arte como teatro en el IVAM

Respiración artificial. Performance. Eco oscuro
Dora García y Peio Aguirre
IVAM
C/ Guillem de Castro, 118. Valencia
Hasta el 19 de junio de 2016

Enfrentarse a los fantasmas personales mediante la ficción. Esa parece ser la premisa de la exposición Respiración artificial. Performance. Eco oscuro, que Dora García y Peio Aguirre presentan en el IVAM. Así lo dejó entrever José Miguel Cortés, director del instituto valenciano, cuando habló de la muestra refiriéndose a la novela Otra vuelta de tuerca, de Henry James. En ella, una institutriz deberá vérsela con ciertos fantasmas para afrontar aquello que la conmueve. Y lo que conmueve a Dora García es “la idea del doble”, muy presente en el proyecto mediante el grafismo de las portadas que unifican el conjunto expositivo y en las que se ve un rostro desdoblado en intersección.

Dos performances y la novela Eco oscuro escrita por Francisco Baena, director del Centro José Guerrero de Granada, sirven a Dora García y Peio Aguirre para mostrar esos fantasmas interiores que cobran forma problematizando la idea de realidad y del sujeto que la ocupa mediante su acción. También plantea, como señaló Cortés, “interrogantes sobre las prácticas artísticas”, entre ellos, “qué es una obra de arte o cuál es la función de los museos”. ¿Y bien? Dora García, a la que no le gustan las respuestas cerradas, se animó a decir que arte era “lo que hacen los artistas, porque son ellos los que lo determinan”.

Dora García y Peio Aguirre en la presentación en el IVAM.

Dora García y Peio Aguirre en la presentación en el IVAM.

El arte que se muestra en la Galería 6 del IVAM, a modo de pabellón nº 6 de Chejov donde múltiples voces resuenan, tiene que ver con la propia interrogación del arte y del sujeto que lo produce. También, y mucho, con el público, al que la exposición invita a participar como espectador igualmente concernido por esa interrogación. “Es una manera de trabajar”, indicó la artista, cuyo trabajo es a su vez “una forma de investigación”. Y lo que investiga, poniendo en escena una serie de textos teatralizados a cargo de alumnos de la Facultad de Bellas Artes y de la Escuela Off de Valencia, es la “identidad confusa” y la “noción de representación”.

En Respiración artificial, cuyo título remite a un libro de Ricardo Piglia, dos personas reconstruyen Valencia a partir de una serie de descripciones grabadas en torno a diferentes puntos de la ciudad. Según indican sus comisarios, “las condiciones eran simples, no debían hacer juicios de valor, utilizar formas verbales impersonales y describir sin parar”. Con todo ello se crea un mapa mental sin necesidad de explicitar los lugares descritos. “Este sistema crea una especie de letanía que evita ‘escoger’ lo que merece ser descrito y lo que no”, precisan García y Aguirre. Alumnos de Bellas Artes lo teatralizan mediante una performance en bucle. “No hay conclusión”, remarcó Dora García.

Eco oscuro, en la exposición del IVAM.

Eco oscuro, en la exposición del IVAM.

Esa idea de performance inacabada recorre el conjunto. De hecho, la propia Performance, que da nombre a otra de las piezas escrita por Peio Aguirre, surge de una conversación extendida durante años entre ambos comisarios en torno al concepto mismo de performance. Cinco alumnos de la Escuela Off reactivan coralmente esas charlas, en las que han ido incorporándose figuras como Nicolas Roeg, Donald Cammell, James Franco, Marlon Brando o el recientemente fallecido David Bowie.

Eco oscuro, de Francisco Baena, se suma a ese arte teatralizado en bucle, al incorporarse el texto de la novela con sus páginas intervenidas. También aquí, según indican los comisarios, las relaciones de los personajes trazan una historia a la manera de David Lynch de “sustitución vital, pérdida e impostura”. El término serendipia o descubrimiento inesperado y el concepto de Némesis griega aparecieron en las explicaciones de Dora García como subrayados de ese trabajo de investigación que va conformando su obra. Una obra inconclusa, siempre a la deriva, en continuo desdoblamiento, que hasta el 19 de junio permanecerá en la Galería 6 del IVAM, esa cuyos ecos chejovianos bien pudiera exclamar: “Si me permite usted hacer una comparación no muy lograda, los libros son las notas y la conversación el canto”.

Vista de la exposición Performance. Respiración artificial. Eco oscuro, de Dora García, en el IVAM.

Vista de la exposición ‘Respiración artificial. Performance. Eco oscuro’, de Dora García y Peio Aguirre, en el IVAM.

Salva Torres

González Requena, del texto y el abismo

El texto y el abismo. Diálogos con González Requena
Maite Gobantes Bilbao
Sans Soleil Ediciones
Con Maite Gobantes, Jesús González Requena, Jorge Urrutia y José Miguel Marinas
FNAC de Callao
C / Preciados, 28. Madrid
Lunes 26 de enero, a las 19.30h

“Los textos configuran los espacios humanos. No es ni menos texto una película, una novela, que una fábrica o un sistema productivo. De hecho, en tanto que cualquiera de esas cosas funciona, son textos y producen efectos”. He ahí uno de los puntos de partida del análisis textual que viene practicando desde hace más de 30 años Jesús González Requena, al que Maite Gobantes, autora del conjunto de diálogos reunidos en ‘El texto y el abismo’, califica de “lúcido y atípico pensador contemporáneo”.

En poco más de 200 páginas, González Requena va dando muestras de esa lucidez explicando, o por utilizar un término más del gusto de su trabajo como analista, ‘deletreando’ los fértiles hallazgos de su larga trayectoria profesional. “La pregunta fundamental del análisis textual no es ¿qué significa este texto? La pregunta fundamental es ¿qué experiencia hago en este texto? ¿Cuál es mi manera subjetiva de vivir este texto? La experiencia es irrepetible y compromete al sujeto en su singularidad radical”.

Portada del libro 'El texto y el abismo. Diálogos con González Requena', de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Portada del libro ‘El texto y el abismo. Diálogos con González Requena’, de Maite Gobantes. Sans Soleil Ediciones.

Si el artista “es alguien que necesita desesperadamente crear formas para sobrevivir”, al igual que el lector o espectador lee o ve algo que “le puede afectar profundamente” y cuyas “formas simbólicas le ayudan a vivir”, González Requena se ‘limita’ a “elevar a la consciencia la experiencia que se ha tenido ya de ese texto”. Y añade: “No es que realmente el análisis aumente la emoción del texto, lo que aumenta es la consciencia de esa emoción”.

Los textos de los que se ha ocupado González Requena, tanto en sus clases como en el seminario que todos los viernes imparte en la Universidad Complutense de Madrid, al igual que en la revista Trama y Fondo, de cuya asociación es presidente, son de todo tipo: literarios, artísticos, televisivos y, sobre todo, cinematográficos. Análisis de esos textos alejados del “esquema marxista” que los entendía como ideología. “Entonces [años 80] creíamos que el arte era una cuestión ideológica y, por tanto, analizar un texto era cuestión de desvelar la ideología que contenía”.

Imagen de la serie televisiva 'Twin Peaks', analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Imagen de la serie televisiva ‘Twin Peaks’, analizada por Jesús González Requena y cuya referencia aparece en el libro ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

A González Requena, la palabra ‘ficción’ no le gusta a la hora de definir los textos artísticos. “Cuando se piensa así se está presuponiendo implícitamente que hay un mundo estable, seguro y razonable al margen de los textos, con respecto al cual los textos serías ficciones, ideologías”. Nada que ver con su formulación del texto en tanto ‘artificio’ que no es sinónimo de mentira: “Es sinónimo de construcción humana”. “Lo que se llama grandes ficciones de la literatura no son ficciones, son verdad”, subraya.

En ‘El texto y el abismo’, González Requena lo que hace es precisamente destacar esa relación entre los textos, en tanto construyen espacios y a los sujetos que habitan esos espacios, y el abismo, en tanto reconocimiento del mundo como caos. “La palabra, en tanto que surca lo real, crea el espacio de lo humano”, dice. Siempre y cuando creamos en la materialidad de esas palabras, en su solidez. “El prototipo de intelectual de la deconstrucción se instala permanentemente en la burla, en la parodia de algo que en el fondo considera garantizado”.

Fotograma de 'Psicosis', de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘Psicosis’, de Alfred Hitchcock, película analizada en el seminario de Jesús González Requena en la Universidad Complutense de Madrid, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

De ahí que proliferen en la universidad discursos gastados. “La universidad se dedica ahora a obtener ayudas de investigación y a obtener puntuaciones fabricando artefactos que no lee nadie, que no discute nadie, que no interesan a nadie”. Por eso reivindica la autonomía de la universidad “como espacio del pensamiento lo más desideologizado posible. La afirmación del compromiso ideológico, al final, justifica todas las imposturas”, que relaciona con la “mascarada” del más burdo “compromiso con el poder”.

La filosofía, el psicoanálisis, la antropología y la semiótica son las herramientas con las que trabaja en su singular análisis textual. Materias que le permiten, una vez trabajadas en profundidad, emitir reflexiones de hondo calado acerca de la mal llamada violencia machista, del feminismo, de la universidad, de la caída de la función paterna y, en su lugar, la emergencia de una letal diosa arcaica, del marxismo, la deconstrucción o el cristianismo.

Fotograma de 'La taberna del irlandés', de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en 'El texto y el abismo', de Maite Gobantes.

Fotograma de ‘La taberna del irlandés’, de John Ford, película que figura entre los futuribles análisis de González Requena, referida en ‘El texto y el abismo’, de Maite Gobantes.

Para entender, por ejemplo, por qué en lugar de ‘violencia machista’ prefiere la expresión ‘crimen pasional’ se hace necesario penetrar en ‘El texto y el abismo’, de lo contrario vulneraríamos con dos frases su más hilvanada reflexión. Lo mismo cabe decir de sus críticas a la telebasura, el alicaído pensamiento universitario, cierto ecologismo, el nacionalismo furibundo o el denostado cristianismo frente a las idealizadas religiones orientales.

González Requena, pese a considerar que el mundo es puro caos, se considera un optimista. “¿Sabes lo que pasa? Ser optimista es creer que es posible hacer algo con el mundo”. Algo que tiene que ver con esos textos y esas palabras capaces de “surcar lo real”. Algo, no “todo”, que eso sí que es una “idea imaginaria”. Frente al todo o nada, algo. Algo tan productivo como los textos que él lleva analizando desde hace ya muchos años. “Yo sé que hay textos que me han tocado profundamente y por tanto sé que hay una verdad esencial en ellos y lo que hago es buscarla y hacerla aflorar. Ésa es mi manera de trabajar”.

Jesús González Requena.

Jesús González Requena, con quien Maite Gobantes dialoga en el libro ‘El texto y el abismo’, de Sans Soleil Ediciones.

Salva Torres

Los Microfilms secretos de Adsuara

Microfilms, de Alberto Adsuara
Editorial RM
Libro presentado en la Fundación Anzo, donde se exponen fotografías del libro
C / Alcalde Albors, 21. Valencia
Hasta el 19 de diciembre

Más que un libro de fotografía es una fotonovela, cuidándonos muy mucho de interpretar este formato al modo tradicional de historia contada con imágenes y narrativa de corte sentimental. Alberto Adsuara se subiría por las paredes si ‘Microfilms’, editado por RM, se confundiera con ese tipo de fotonovela. Nada más alejado de la realidad. La cuidada publicación, por parte de una de las editoriales más reconocidas de América Latina, está pensada para acercarnos las 80 fotografías que contiene el libro como si fueran “micro secuencias narrativas”, término más preciso utilizado por el propio Adsuara.

Una de las marinas de Alberto Adsuara en Microfilms. Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Una de las marinas de Alberto Adsuara en Microfilms. Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Que no es una fotonovela al uso se da uno cuenta nada más abrir el ejemplar. Incluso pudiera decirse, por seguir el símil, que estaríamos hablando de una reinvención de la fotonovela con fines artísticos. Alberto Adsuara quiere contar pequeñas historias con sus desnudas imágenes, para lo cual utiliza literalmente el desnudo como medio de expresión, pero también la desnudez del texto con el fin de que sea el lector espectador quien vista las fotografías con la narración desplegada. De manera que narración, sí, con imágenes, también, pero pensado el relato de forma que las palabras surjan de la relación entre las fotografías. Por eso el diseño y la maquetación juegan un papel tan importante.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Microfilms se presentó en la Fundación Anzo acompañado de tres de esas fotografías expuestas en gran formato, que permanecerán hasta el 19 de diciembre. Fotografías pertenecientes a tres series distintas de la larga trayectoria artística de Adsuara. Hay marinas, desnudos (casi todos de mujer) evocadores sin duda de la sexualidad de la que procedemos, y desnudos apuntando hacia el otro extremo final que conduce a la muerte. Alberto Adsuara lo reconoce: “Sexo y muerte”, pero en todo caso, “turbios”.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara del libro Microfilms presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

De ahí las evocaciones a David Lynch. Más concretamente, a ‘Terciopelo azul’. También a Caravaggio. Cuerpos desnudos que lejos de mostrar el glamour del anuncio publicitario, concitan la mirada para perderse por vericuetos no aconsejados a las almas cándidas. O sí, quién sabe, porque como dijo Georges Bataille existe una afinidad secreta entre la santa que, llena de pavor, aparta la vista del voluptuoso. Hay igualmente referencias al “terror japonés”. De ahí la inquietud que provocan las imágenes del libro, incluidas aquellas de paisajes, marinas, escaleras o fachadas que, como explica Adsuara, “vienen a oxigenar los desnudos”.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

A modo de “fotogramas”, las micro secuencias narrativas que aparecen en ‘Microfilms’ dan pie a construir multitud de “historias crípticas”. Incluso “secretas”, en alusión a esos microfilms que Adsuara recuerda como pertenecientes al espionaje de antiguas series televisivas. Crípticas, secretas, enigmáticas, turbias, pero en cualquier caso “siempre narraciones”, porque como desvela Alberto Adsuara su fotografía está ligada a la narración de historias, de ahí las cuidadas escenografías con que presenta sus desnudos.

Con una tirada de 1.000 ejemplares, ‘Microfilms’ se cierra con un cráneo sostenido entre las manos por una mujer. Imagen que el propio artista reconoce a modo de autorretrato. De nuevo el sexo y la muerte. Aquellas vírgenes con niños entre los brazos de antiguas pinturas se transforman en la obra de Alberto Adsuara en turbias diosas, de las que el artista se ocupará próximamente.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Alberto Adsuara de su libro Microfilms, presentado en la Fundación Anzo. Imagen cortesía del autor.

Salva Torres

Moisés Yagües, metáforas de cine

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moisés Yagües
Galería Alba Cabrera
Inauguración 13 de noviembre

Podría pensar el espectador que la elección de películas de la serie “Ceci  n´est pas cinéma / Esto no es cine” es fruto de la casualidad o acaso pose cultureta fingida. Pero ni de lejos. Si el espectador conoce previamente la temática de Yagües y su particular forma de abordar cada una de sus obras le resultará fácil comprobar cómo el trasfondo de las películas escogidas coincide con sus tópicos más recurrentes. El deseo indecible, la soledad silente, la comunicación frustrada, las obsesiones viscerales, son intereses repetidos en la obra de Moisés.

Psicosis, “Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

Psicosis, “Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

La realidad se abre en la obra de este artista como una matrioska, encerrando dentro significado tras significado. El análisis del pensamiento es su vértice y su vórtice, nacimiento del torbellino plástico que se materializa frecuentemente bajo la metáfora de cabezas de cristal, rostros que desde su transparencia aparente nos permiten fisgonear entre cada una de las obsesiones del artista.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

David Lynch, Allen, Kim Ki Duk, Scorsese, Kierlowski, … han dejado marcado el pincel de Yagües, impregnando con sus imágenes la retórica en blanco y negro de un pintor que sobrepasa el lienzo. Si el cine es atrapar las acciones de una historia en un rectángulo y la fotografía es la elección del marco, del límite de lo retratado y su perspectiva, en Moisés la perspectiva toma vida propia y atrapa desde la sorpresa al visitante de su obra. Tampoco existe ese marco tradicional que limita, pues sombras y formas se quieren escapar del rectángulo represivo que gobierna la pintura, la fotografía y el cine, siendo explorado el espacio con aire renovado para atrapar al visitante. La sorpresa y la reflexión, la belleza de lo oculto, la visita silenciosa a una intimidad compartida en contrastadas pinceladas, forman cada fotograma de esta película rodada con acierto con pincel y vinilo y que muestra las impresiones que algunas de las obras maestras del cine dejaron en su imaginario.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

“Ceci n´est pas cinéma / Esto no es cine”, Moises Yagües.

Sorpréndanse recordando miradas diferentes sobre películas conocidas, revisando sus recuerdos cinematográficos mediante la mirada con diván de Moises Yagües. Encontrarán sin duda reflexiones insospechadas y un bello recuerdo para sumar a su memoria. Se trata de una serie “de cine”; compruébenlo.

Marta Zafrilla

Cecilia de Val: La pesanteur

Cecilia de Val: La pesanteur
Sala Juana Francés. Casa de la Mujer
C/ Don Juan de Aragón, 2. Zaragoza
Hasta el 25 de abril de 2014

La pesanteur es el título del proyecto fotográfico iniciado por Cecilia de Val en 2012; según sus palabras, se trata de una aproximación simbólica al desamparo del que habló el filósofo humanista Martin Buber: “La problemática del hombre se replantea cada vez que parece rescindirse el pacto primero entre el mundo y el ser humano en tiempos en que el ser humano parece encontrarse en el mundo como un extranjero solitario y desamparado”.

Cecilia de Val retrata personas en lugares periféricos de diferentes ciudades; y paisajes en los que irrumpen enigmáticas cabelleras. En ambas secuencias de imágenes, relacionadas entre sí según un ritmo interno que parece avanzar según la lógica de los sueños, Cecilia de Val sitúa al espectador ante espacios indecisos, sin otra función que la de ser receptores de una acción que, en realidad, no es tal por su condición de imágenes paralizadas en un presente detenido. No hay fuera de campo, no hay antes ni después, un rasgo común de las imágenes “construidas” cuya única finalidad es la de hacer imagen, como bien anota Michel Poivert, para quien la fuerza expresiva y plástica de las puestas en escena afirman, paradójicamente, su naturaleza reflexionada, donde la representación no aparece nunca como dada sino como creada, manteniendo de este modo el mundo a distancia.

Cecilia de Val, "#2" (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, “#2” (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, "#4" (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, “#4” (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Mantener el mundo a distancia no significa distanciarse del mundo; todo lo contrario, pues de lo que se trata, en último extremo, es de profundizar en el misterio que se desliza entre las cosas, o mejor dicho, en el modo de ver las cosas. Cada historia, escribe David Lynch, posee un mundo propio, un ambiente y una atmósfera también propios. Las historias de Cecilia de Val, como las de David Lynch, incluyen siempre un conflicto, pueden suceder en cualquier parte del mundo y una vez se empieza a sentir su misterio y confusión comienzan a ocurrir cosas. Para Lynch “todo, cualquier cosa, surge del nivel más profundo. La física moderna denomina a este nivel campo unificado”.

Alrededor del concepto de la pesanteur, de la gravedad, surgen las imágenes de este proyecto. El físico y escritor Agustín Fernández Mallo recupera en su libro Nocilla Experiencie el relato en que Einstein recordaba en 1922, ante un auditorio japonés, cómo se le había ocurrido la idea de su Teoría de la Relatividad en 1907: “Estaba sentado en mi mesa, en la oficina de patentes, cuando, de repente, un pensamiento me vino a la cabeza: si alguien cae libremente no siente la fuerza de la gravedad; no siente su propio peso. Me quedé sobrecogido. Esta idea tan simple dejó una profunda huella en mí y fue la que me impulsó hacia una Teoría de la Relatividad General. Fue el pensamiento más afortunado de mi vida”. Y sigue Fernández Mallo: “Einstein, a la vez que la creó, borró la gravedad de un plumazo. Crear objetos, procrear, generar masa gravitante, consiste en intentar descubrir, sin éxito, adónde fue a parar toda esa fuerza”.

Cecilia de Val, fotografía sin título. Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, fotografía sin título. Imagen cortesía de la artista.

Arrumbados en la superficie de un paisaje siempre a las afueras, los sujetos, hombres y mujeres, que Cecilia de Val retrata permanecen ajenos al mundo; razón única que explica su presencia, siempre incierta. El silencio, cuando no la muerte, es elocuente de su exclusión. Su desamparo en el paisaje es símbolo de la fractura del hombre con la naturaleza, del malestar generalizado, de la gravedad actual. Todo se precipita cuando Cecilia de Val cruza y atraviesa estas imágenes con aquellas otras de enigmáticas cabelleras al viento.

Cecilia de Val, "Leto" (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, “Leto” (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Y cuando lo imprevisto aparece, señala David Cronenberg, “el sentimiento de identidad se revela como no real; existe el caos y el desastre. Nuestro sentido de la estabilidad vacila y nuestra fe en ella”. ¿Qué decir de las largas cabelleras, de las madejas de pelo que vuelan o se precipitan en el paisaje, o son puestas a secar en lo más alto, cerca de las nubes, en las fotografías de Cecilia de Val? Cuenta la tradición judía que Lilith, hecha de “inmundicia y sedimentos”, discutía continuamente con Adán, del que fue su primera compañera, sobre cómo realizar la unión carnal. Decidida a lograr su independencia, Lilith huyó del Edén y se fue a vivir a la región del aire, a la región flotante donde, se muestra convencido Ángel González García, nuestros pensamientos siempre tienen los pies ligeros.

Cecilia de Val reconstruye la región del aire en la tierra, en paisajes flotantes en los que las nubes, la niebla, la nieve y los ríos, descubren en sus variaciones el desorden, la incertidumbre, el desconcierto, el malestar, la gravedad.

Dice el fotógrafo Jean-Louis Garnell que el paisaje es una cuestión de fotografía, no de paisaje.

Chus Tudelilla

Cecilia de Val, "Lily&Mum" (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Cecilia de Val, “Lily&Mum” (fotografía). Imagen cortesía de la artista.

Lo elemental del detective Mario Rabasco

Espacios contingentes, de Mario Rabasco
La Nau de la Universitat de València
C / Universidad, 2. Valencia
Hasta el 27 de abril

“Actúo en cierta forma como un policía”. Y, para ello, Mario Rabasco se sirve de la fotografía documental. Tirando de esos dos hilos, la acción detectivesca y la herramienta fotográfica, encontramos en la obra de Rabasco una sugerente visión de lo que puede dar de sí el solapamiento entre ciencia y arte en el marco de la sociedad contemporánea. Por un lado, la más estricta racionalidad; meticulosa, fría, ordenada. Por el otro, la paradójica revelación de cierto misterio, precisamente allí donde la ausencia de figuras parece dejar un halo fantasmal de profundas resonancias líricas.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Diríase, siguiendo el enunciado de uno de los más famosos detectives de la literatura universal, que Rabasco parte de lo elemental para dejar rienda suelta a la imaginación. Y, como Sherlock Holmes, su obsesiva actividad detectivesca viene acompañada de cierto correlato melancólico. He ahí las dos caras, sin duda ejemplares, de nuestra modernidad: la racionalista, sustentada en la eficacia tecnológica, y la romántica, en tanto subjetividad que tiende a salirse del estrecho marco de las leyes empíricas. Los Espacios contingentes de Mario Rabasco, que La Nau acoge, son una brillante muestra de esa doble faz: transparente y opaca.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València

“Trato de buscar la sustancia de cada espacio y congelarlo mediante la fotografía”. E inmediatamente después, que esos espacios “tengan trascendencia”. Para lograr esa comunión entre la imagen documental y la imagen diríamos mística, Rabasco se planta en los espacios a fotografiar y, como un sabueso, olisquea el lugar con el fin de encontrar su alma. ¿El resultado? Unas imágenes frontales, sinónimo de “honestidad”, y “muy geométricas, con mucha claridad”. En resumen, una serie de espacios “de ceremonia y sacrificio”, en lugares “profanos”.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, echó mano de la fenomenología para explicar el modus operandi de Mario Rabasco: “Va quitando capas para encontrar la sustancia”. Funcionando, para ello, “como una especie de danzante”. Rabasco lo dijo con otra palabras: “Yo transito por los espacios y durante ese tránsito dejo que sea mi memoria la que trabaje”. Y agregó: “Intento ser sintético, incluso descaradamente super sintético”. Plantado en mitad de esos espacios vacíos, hasta un total de 43 pertenecientes a distintas facultades de la Universitat de València, dependencias rectorales o laboratorios, Rabasco corre el riesgo de perderse por amor a esos lugares que tanto le encandilan.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

“No necesito que haya nadie”. Es más: “Necesito que sea la ausencia la que señale y explique estos espacios”. Por eso el artista habla de “autoría compartida”, que se manifiesta “a través de lo que otros han dejado allí”. Pep Benlloch, comisario de la exposición Espacios contingentes. Estudio visual de la Universitat de València, amplió esa importancia de lo ausente: “Si hubiera personas sería redundante, porque esos lugares vacíos remiten precisamente a la actividad humana”. Es la huella o el rastro dejado por esa actividad, lo que provoca el misterio que anida en las fotografías de Mario Rabasco.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau.

De nuevo la tecnología, la fría captura que se extiende durante horas, conviviendo con la acerada mirada, inquisitiva, obsesiva, magnetizada por el lugar. En ocasiones sale a colación el nombre de David Lynch, maestro de los espacios siniestros. Pero también, quizás más pertinente, el de David Cronenberg, éste sí más interesado en captar los misterios que se esconden bajo la escalofriante transparencia tecnológica. Mario Rabasco, en cualquiera de los casos, sigue la estela de su propia intuición recorriendo espacios “muy familiares” para él. Tan familiares como extrañamente habitados por seres ausentes. A veces, diríamos, que hasta se oyen voces.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Fotografía de Mario Rabasco. Imagen cortesía de La Nau de la Universitat de València.

Salva Torres