Ismael Teira, de camuflaje en Edimburgo

Ismael Teira. Argyle House – Dazzle Project
Interview Room 11
38 Castle Terrace
Edinburgh (Scotland)
6-28 marzo 2015
Inauguración: 6 de marzo, 6-8pm
Comisarios: Antonio Cervera y Ana G. Chouciño

El artista gallego Ismael Teira, afincado en Valencia, ha llegado a Edimburgo con una mirada distante con la que recorrerá las calles y la arquitectura de la ciudad por primera vez. Para esta exposición en IR11, Teira ha investigado la historia de Argyle House, un imponente edificio perteneciente al movimiento brutalista, que recientemente ha sido transformado en estudios de artistas, talleres y en la sede para la galería Interview Room 11 (http://www.ir11.org.uk/).

Ismael Teira en Interview Room 11.

Argyle House – Dazzle Project, de Ismael Teira en Interview Room 11 (Edinburgh, Scotland). Imagen cortesía de IR11.

La proximidad de Argyle House al castillo de Edimburgo ha provocado en numerosas ocasiones el debate sobre la demolición de este magnífico ejemplo de arquitectura brutalista de posguerra, aunque afortunadamente –o no– el edificio ha sido finalmente indultado. ¿Qué hacer entonces?

Mejor que derrumbar u ocultar, el camuflaje podría ser una opción mejor. Por ello, Teira mostrará al edificio desde diferentes puntos de vista camuflado a la manera de los buques de guerra, mediante la denominada pintura dazzle (pintura deslumbrante). La finalidad de dicha pintura era la de provocar una distorsión óptica que hiciera complicado conocer la verdadera forma y dimensiones del buque o su dirección. La relación entre estos diseños y el cubismo parece estrecha, y de hecho hay quien defiende el origen picassiano de la pintura de camuflaje.

El artista Ismael Teira, junto a Interview Room 11, base del proyecto Argyle House - Dazzle Project. Imagen cortesía de IR11.

El artista Ismael Teira, junto a Interview Room 11, base del proyecto Argyle House – Dazzle Project. Imagen cortesía de IR11.

Durante estos días Teira creará una maqueta del edificio con cajas encontradas en la calle. Este work in progress está siendo aprovechado por el artista para impartir un taller en el que cualquier persona interesada puede acercarse y ayudarlo en la creación de esta instalación. Los participantes, además, se familiarizarán con la pintura dazzle y camuflarán la reproducción utilizando esta curiosa técnica.

Esta exposición, posible gracias a la colaboración de Acción Cultural Española (www.accioncultural.es), es un paso más por parte de estos comisarios gallegos para afianzar la visibilidad de artistas españoles en Escocia. Este proyecto contará, además, con la ayuda de la diseñadora gallega Iria Aldrey Dono (http://www.ialdrey.com/), el fotógrafo David Guillén y Sandra García, que escribirá un texto para acompañar la exposición.

Ejemplo de buque intervenido mediante pintura dazzle.

Ejemplo de buque intervenido mediante pintura dazzle. Argyle House – Dazzle Project, de Ismael Teira en Interview Room 11. Imagen cortesía de IR11.

La ¿última? exposición de Manolo Sánchez

‘De luces a sombras’, de Manolo Sánchez
Aula de Cultura La Llotgeta
Plaza del Mercado, 4. Valencia
Hasta el 25 de julio

“Cuando no hay luz el principio del túnel es como el final, sombra”. Esta afirmación de Nilo Casares sirve de preámbulo a la exposición de Manolo Sánchez en La Llotgeta de la que él es comisario. Porque la falta de luz en los ojos del artista, que va perdiendo progresivamente la visión, es la que provoca que el casi centenar de obras expuestas parezca provenir del reino de las sombras. Sombras cinematográficas, porque son muchos los iconos del cine recogidos en la exposición; sombras bélicas, principalmente de la guerra civil española, sombras de vampiros y de mujeres fatales, igualmente cinéfilas.

Obra de Manolo Sánchez en la exposición 'De luces a sombras' en La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Obra de Manolo Sánchez en la exposición ‘De luces a sombras’ en La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Sombras todas ellas debidas al hilo de luz con el que cuenta Manolo Sánchez a la hora de pintar. Con el 5% de visión en un ojo y el 15% en el otro, el artista de Chiva se las ingenia para mostrar 93 obras realizadas casi a tientas, en la que se presume que puede ser su última exposición. Razón por la cual Nilo Casares animó a Sánchez para que produjera tan prolífica serie dedicada a su gran pasión por el cine clásico de los años 50.

'De luces a sombras' de Manolo Sánchez, en La Llotgeta. Imagen cortesía de Nilo Casares.

‘De luces a sombras’ de Manolo Sánchez, en La Llotgeta. Imagen cortesía de Nilo Casares.

Recreando algunos de los iconos de ese cine clásico, principalmente del género negro, del oeste y de vampiros, Manolo Sánchez ha invertido el proceso de creación. Primero los ha dibujado y luego los ha trasladado a la pantalla del ordenador, donde con la lupa de aumento ha podido concluir una obra dominada por la escala de grises, que finalmente ha impreso en un papel especial. El resultado es ‘De luces a sombras’, un amplio muestrario de rostros astillados cuya proximidad al constructivismo se debe más a las limitaciones físicas que a una cuestión de estilo.

Obras de Manolo Sánchez en 'De luces a sombras'. Aula de Cultura La Llotgeta.

Obras de Manolo Sánchez en ‘De luces a sombras’. Aula de Cultura La Llotgeta.

“Son los destellos que él va teniendo”, explica Nilo Casares en relación con la serie de trabajos expuestos en La Llotgeta. Trabajos de un pintor con “mirada cinematográfica”, subraya el comisario. Una mirada que parece conjugar la falta de luz con su propia pasión por un tipo de cine, igualmente dominado por las sombras en las que parecen envueltos los personajes. Detectives repletos de claroscuros, mujeres zarandeadas por una vida turbia o vampiros saliendo de la oscuridad a punto de chupar la sangre de una víctima. También está la guerra civil española, que Sánchez rememora mediante vivencias de su pasado en Chiva.

Obra de Manolo Sánchez en 'De luces a sombras'. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Obra de Manolo Sánchez en ‘De luces a sombras’. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Diseñador gráfico y pintor, Manolo Sánchez accedió a trabajar ‘De luces a sombras’, tras encontrarse con Nilo Casares en La Filmoteca de Valencia para ver Amanecer de Murnau. Esa paradoja de quien perdiendo la vista convoca al comisario de su futura exposición para contemplar entre sombras dicho amanecer de película, también es característico del artista: “Tiene un gran sentido del humor”, puntualiza Casares. Humor de quien alumbra 93 piezas a partir del chorro de sombras que anega su mirada.

Obra de Manolo Sánchez en 'De luces a sombras'. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Obra de Manolo Sánchez en ‘De luces a sombras’. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

De ahí el oportuno título ‘De luces a sombras’. La luz de las estrellas cinematográficas y de los resistentes al franquismo derivando, gradualmente, merced a la amplia paleta de tonalidades grisáceas, hacia el reino de las sombras. Manolo Sánchez, haciendo de la necesidad virtud, ha explotado al máximo la escasa luz de sus ojos para mostrar un caleidoscopio de rostros de enorme fuerza expresiva. Casi un centenar de obras al filo de lo imposible, con La Llotgeta haciendo de testigo mudo de la que puede ser la última exposición de Manolo Sánchez. Salvo que el Amanecer de Murnau le haya vuelto a iluminar por dentro.

Obra de Manolo Sánchez en 'De luces a sombras'. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Obra de Manolo Sánchez en ‘De luces a sombras’. Aula de Cultura La Llotgeta. Imagen cortesía del comisario Nilo Casares.

Salva Torres

Jorge Ballester. INCLASIFICABLE

Muere Jorge Ballester, fundador de Equipo Realidad.

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Miembro del mítico Equipo Realidad, Jorge Ballester (Valencia, 1941-2014) le dio la espalda al mercado del arte hace 38 años. Al mercado, que no al arte, ya que dejó de exponer pero nunca dejó de pintar. Tras el éxito de la extraordinaria exposición “Ucronías, Autopsias, Vendette. Jorge Ballester, memoria y prospectiva”, organizada por la Universitat de Valencia y comisariada por Jaime de Brihuega y Joan Dolç, Jorge Ballester vuelve a exponer una selección del trabajo de sus últimos 35 años en solitario, en la Galeria que apostó por él desde su apertura en 1972.

Bajo el título INCLASFICABLE, se presentó en GALERIA PUNTO pinturas, dibujos, y esculturas realizados por el artista a partir de los años 80 al margen de los dictados del mercado. Es decir, el artista opta por trabajar “a su aire” en un largo periodo de aproximadamente treinta y ocho años en las obras que ahora, en esta exposición, se reúnen y exponen.
Hijo del escultor Tonico Ballester y sobrino del artista Josep Renau, este artista con un alto nivel de “oficio” no sabe, ni quiere, restar compromiso social a su obra ni vigencia a los planteamientos intelectuales y estéticos que le han estado apremiando. La exposición reúne obras pertenecientes a diferentes series: «Retratos a contracorriente”, “Ucronías cubistas” y “objetos convulsos”. Algunas de ellas ya vistas por el público en su pasada muestra en la exposición en la Universidad de Valencia pero que se amplia con novedades sorprendentes en el grupo retratos y esculturas/objetos.
Cuando le preguntan a Jorge Ballester acerca de su profesión, suele contestar «yo soy hartista». Lo que equivale a manifestar su hartazgo con respecto a un buen número de cosas, parte de las cuales son propias de la esfera del arte.
Dentro de la serie “Retratos a contracorriente”, se nos rebelan algunos protagonistas de la aventura cultural del período de entreguerras del pasado siglo, quienes actuaron y vivieron a contracorriente de sus tiempo (personajes como Picabia, Salmon, Duchamp, Jarry, Pittaluga, Feneon, etc…). Ballester homenajea sometiendo a estos personajes a sutiles metamorfosis, suplantaciones y otros ejercicios, y nos muestra un trasfondo no siempre visible en la imagen que de ellos tenemos asentada en la memoria colectiva. Uno se pregunta hasta qué punto estos retratos de personajes “a contracorriente” no sean sino fragmentos del propio hartista, que va hojeando y deshojando su propia mismidad a través de miradas solidarias hacia quienes mantuvieron una irreducible actitud critica frente a la cultura convencional de los tiempos en que elaboraron su trabajo y subversiva creatividad crítica.
Ucronia es la «Reconstrucción lógica, aplicada a la Historia, dando por supuesto acontecimientos no sucedidos, pero que habrían podido suceder” (o como humorísticamente le gusta decir a Ballester: ucronia es lo que en letra de bolero sería, “lo que pudo haber sido y no fué…”). Con ello Ballester aborda una revisión de la experiencia cubista en términos de ucronía propiamente dicha. Esto es, ampliando unos trechos más, gran parte de las rutas emprendidas por dicha poética visual. Unas veces, Ballester disuelve conscientemente la frontera entre la pintura y el diseño gráfico, que el propio cubismo había jugado a debilitar o a transformar conceptualmente en ambigua. Algo que en se transformó en hibernada semilla que habría de fructificar, en otros términos y décadas después, dentro de la estética del pop art. En cambio, en las obras cubistas de pequeño formato y en los bocetos, se nota que Ballester acomete el cubismo conjugándolo en primera persona del presente.
En Ballester encontramos ecos que van desde el período neoclásico hasta la actualidad pasando por las vanguardias clásicas, siendo el resultado de una escrutadora, crítica y atenta mirada al arte producido durante el pasado s. XX (a excepción del abstraccionismo al que deja –vaya Ud. a saber porqué- completamente al margen).

Por ultimo en la nueva serie que titula “Objetos Convulsos” se aproxima desenfadadamente a lo que ha venido llamándose “la poesía del objeto” a la manera del maestro Joan Brossa, de Meret Oppenheim, Oscar Domínguez o Rene Magritte.
En Ballester la singularidad consiste en la conjunción de objetos domésticos y habituales que, en cualquier habitación de cualquier casa no se relacionan entre ellos. El cepillo de dientes “vive” en el cuarto de aseo y la engrapadora en el despacho a muy corta distancia pero perteneciendo a mundos distintos, al juntarlos o fundirlos en un solo objeto hacemos saltar la chispa “poética”, nos dice a modo de explicación. En algunos casos el resultado es humorístico, en otros es casi un jeroglífico y otras veces resulta mágico, pero siempre es sorprendente, divertido e inquietante. Ya, los surrealistas decían que se trataba del encuentro entre una máquina de coser con un paraguas sobre una mesa de disecciones. Recomendamos presten especial atención al objeto que Ballester titula “la madrugada”.

Este texto cita frases de Jorge Ballester, Jaime Brihuega, Joan Dolç y Román de la Calle recogidas en el catalogo “Ucronías, Autopsias, Vendette. Jorge Ballester: Memoria y prospectiva, editado por la Universitat de València.

Alonso y Gadea: mano a mano desvanguardista

Gabriel Alonso y Antonio Gadea. Mano a mano

Estudio Gabriel Alonso

C / Denia, 23. Valencia

Hasta noviembre

Gabriel Alonso (Ceuta, 1969) y Antonio Gadea (Valencia, 1965) hace ya tiempo que decidieron colgar los guantes de boxeo al que parece abocar el arte de vanguardia (Ramón Gaya lo llamó artes marciales de vanguardia), para explorar viejos territorios figurativos, actualmente en decadencia por el exultante dominio de la abstracción, ya sea analítico racionalista o pasional y desgarrada. Porque hubo un tiempo, sobre todo Gadea, en que ganaban incluso premios practicando cierto informalismo. Hasta que decidieron que el arte contemporáneo, brillando con una luz cegadora que impedía ver sus alargadas sombras, lejos de ofrecer libertad al artista, lo constreñía.

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Siringe y Pan, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Así lo reconoce el propio Gabriel Alonso, valedor de lo que ha dado en llamar la “desvanguardia”, que vendría a ser lo siguiente: “El progresivo afán de muchos artistas de nuestra generación en pintar cada vez más figurativo, como si de lo que quisiéramos liberarnos fuera de la “libertad” que nos daba la abstracción (o exhibición del lenguaje en sí mismo) que por entonces imperaba en las aulas de bellas artes”. Y como “desvanguardia” sonaba, como le hizo ver un amigo, a desbandada, Gabri Alonso, en lugar de enmendarle la plana al amigo, metió más el dedo en la llaga: “Efectivamente lo es, porque somos muchos los que prefiriendo hacer a explicar hemos ido haciendo nuestro lenguaje pictórico cada vez más “legible” o “descifrable”, actuando de un modo paralelo al público en general, cada vez más indiferente hacia el arte contemporáneo”.

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Obra de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Si no fuera por lo poco dados que somos a la reflexión, la “desvanguardia” daría pie a un interesante debate. Porque lo cierto es que esa brecha entre lo figurativo y lo abstracto existe, sin encontrar vías productivas que grapen la herida. De momento, valga ese Mano a mano que sostienen Gabriel Alonso y Antonio Gadea, en el estudio del primero sito en la calle Denia del barrio valenciano de Russafa, para ir abriendo boca. Mediante una figuración entre grotesca (Alonso) e irónica (Gadea), ambos artistas nos confrontan con cierto clasicismo, pero revisitado. Así, la mitología occidental, que aparece mediante figuras reconocibles y títulos explícitos, acaba siendo volteada por la mirada acerada y siempre en alerta de estos dos “marginales” artistas.

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Nacimiento de Baco, de Gabriel Alonso. Imagen cortesía del autor

Como apunta Gabriel Alonso, en relación a su partenaire, su obra giraría en torno al tema de “cómo la vanguardia ataca al viejo oficio de la pintura, personificado en héroes de la mitología clásica”. Esa tensión arrojadiza entre lo clásico y lo moderno es lo que hace saltar chispas en el Mano a mano entre Alonso y Gadea. No es un duelo en el O.K. Corral del clasicismo forastero enfrentado a los desmanes de la vanguardia mayoritaria, sino un toque de atención para extraer de los incomunicables senderos del arte un productivo diálogo. A no ser que el arte contemporáneo haya decidido separarse de una sociedad que necesita recuperar los espacios simbólicos del arte para articular su siempre conflictiva experiencia.

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

Antígona esterilizada, de Antonio Gadea. Imagen cortesía del autor

  

Salva Torres

«Las injerencias son una constante en el IVAM»

Entrevista a Carlos Pérez

Carlos Pérez, ex conservador del IVAM, Reina Sofía y MuVIM, hace una radiografía para MAKMA de los dos museos valencianos en los que él trabajó. Repasa, y da un fino repaso, al IVAM, desde sus rutilantes comienzos a la “vía muerta” actual. Al igual que hace con el MuVIM, desde su antaño proyecto “consolidado” a la presente “indefinición”. La impronta dejada en el Instituto Valenciano de Arte Moderno por Vicent Todolí fue, poco a poco, masacrada por la “discutible filosofía expositiva” de Cosme Barañano, y el “estrafalario” programa de exposiciones de Consuelo Císcar. La reciente “injerencia política” en el Consejo Rector del IVAM no sería más que la culminación del “trayecto irreversible hacia una vía muerta”. Esta radiografía vendría a ratificar la idea de Carlos Pérez de que Valencia es “la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible”. Lo que estaba previsto como una entrevista, terminó siendo un largo monólogo revelador. Juzguen ustedes mismos.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Cuando comencé  a interesarme por el arte, ya hace muchos años, en Valencia las posibilidades de trabajar en ese campo eran casi inexistentes. De hecho, muchos artistas y algunas personas que querían ejercer de críticos o de investigadores, se agrupaban y buscaban la relación con otros compañeros que, como los componentes de los Equipos Crónica y Realidad, intentaban dar a conocer sus propuestas fuera de este lugar.

El esfuerzo resultaba prácticamente imposible porque, además de que los funcionarios culturales del franquismo mantenían su presencia, Valencia no era una ciudad con tradición en el arte moderno. Aquí el cubismo, el dadaísmo, el futurismo, el surrealismo, al igual que otras corrientes que configuraron el arte moderno, no hicieron acto de presencia. Por eso, en más de una ocasión, me he referido a Valencia como la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible. Aunque hay un crítico-historiador del arte empeñado en hablar de algo que nunca existió: “la vanguardia valenciana de los años treinta”.

La aparición del IVAM, Instituto Valenciano de Arte Moderno, fue todo un acontecimiento y, después de tanto tiempo de penurias, parecía que, finalmente, la ciudad iba a tener un espacio especializado que iba a dar a conocer en directo lo que había sido el arte del siglo XX y, al mismo tiempo, las propuestas más significativas del panorama del arte internacional actual.

Durante casi doce años, el programa expositivo cumplió los objetivos que se había marcado la institución. Y cuando comenzaron a presentarse las primeras muestras, con Carmen Alborch en la dirección y Vicent Todolí de Jefe del Área Artística, hubo una gran aceptación por parte de los profesionales y del público. Por otro lado, Vicent Todolí organizó los fondos de la colección del museo, iniciados por Tomás Llorens, y con una inteligente política de compras fue equilibrando las obras correspondientes a la época de las vanguardias con otras de arte contemporáneo. Cuando Carmen Alborch tuvo que dejar la dirección para hacerse cargo del Ministerio de Cultura, le sucedió José Francisco Yvars que representó la continuidad. No se debe olvidar que Vicent Todolí seguía al frente del Área Artística y siguió contactando al IVAM con los museos europeos y americanos más prestigiosos. Nunca entendí que a José Francisco Yvars, un hombre culto, con los conocimientos necesarios, que encajaba perfectamente en la derecha europea, lo cesaran más tarde para que lo sustituyera Consuelo Ciscar.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Evidentemente, el proyecto, tal vez por los logros conseguidos en un corto espacio de tiempo, suscitó un interés cada vez más creciente de personas más vinculadas a la política que al mundo del arte. Es decir, de gente que ignoraba que un museo es un centro de estudio e investigación, dirigido y actualizado, día a día, por profesionales, y también un auxiliar indispensable para las instituciones universitarias. Por lo visto, tales personas pensaban (y lo siguen pensando) que la dirección de un museo posibilita una rápida promoción personal, así como que lo más importante de una institución museística son las relaciones sociales y que las salas expositivas, sobre todo en las inauguraciones, se conviertan en un lugar de encuentro entre afines.

La oportunidad para los partidarios de esa manera de pensar se dio en las elecciones de 1996, cuando Consuelo Ciscar, dentro del programa cultural del PP, anunció sus aspiraciones a ocupar la dirección del IVAM. Al margen de que esa manera de acceder a la gerencia de un museo era inusual e inaceptable (no se había anunciado concurso alguno para ocupar la plaza), tal vez el estupor y la inquietud que generó la noticia hizo que el PP, partido ganador de los comicios, y el PSOE acordaran consensuar un director procedente del mundo del arte. De esa manera, llegó Juan Manuel Bonet al IVAM.

Muchos deseábamos que Juan Manuel Bonet y Vicent Todolí hubieran llegado a un acuerdo. Pero, por distintas razones, eso no pudo ser. Sin embargo, Juan Manuel Bonet, buen conocedor del IVAM, llevó una línea en las compras similar a la de Vicent Todolí (en material impreso original de las vanguardias, estos dos profesionales consiguieron articular la mejor colección que se conserva en España) y abrió el museo a exposiciones que, como la dedicada a Erik Satie o al ultraísmo, presentaban, junto a pinturas y esculturas, obras de músicos, arquitectos y escritores. De hecho, reforzó la línea de muestras dedicadas a la difusión de la obra de las vanguardias. Juan Manuel Bonet programó magníficas exposiciones que siguieron gozando del favor del público y de los profesionales del arte. Comenzó a tener problemas cuando no satisfizo las sugerencias de los políticos y, asimismo, de algunos artistas locales. Como manifestó repetidas veces, él dirigía un museo y no soportaba intromisiones de ninguna clase.

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Fotografía: Miguel Lorenzo

Finalmente, con el pretexto de los problemas ocasionados con la instalación de una escultura realizada por un artista valenciano (con la distancia del tiempo toda aquella historia ha cobrado un aire de opereta bufa), se articuló su cese (aunque, a las pocas semanas, fue nombrado director del MNCARS, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía). Y ese fue el momento en el que Cosme Barañano, conocido en Valencia por sus exposiciones para la Fundación Bancaja y por su vinculación a determinado grupo editorial, entró en la dirección del IVAM. No creo que Cosme Barañano será recordado por las exposiciones que programó, sino por su intención de modificar arquitectónicamente el museo y, también, la dinámica del mismo. Profesionales que aún trabajan en la institución subrayan que, no sólo llevó a cabo una muy discutible filosofía expositiva, sino una muy errónea política de personal. Se puede decir que rompió lo que Carmen Alborch había denominado “el equipo del IVAM”.

Afortunadamente, invitado por Juan Manuel Bonet, comencé a trabajar en el Museo Reina Sofía y me distancié de esta ciudad. Cuando, tras casi cinco años de ausencia, regresé a Valencia percibí con rapidez que el lugar ya comenzaba a perfilarse, una vez más, como la capital de la Tierra de la Modernidad Imposible. Consuelo Ciscar, por razones que se me escapan, había sustituido a Cosme Barañano en la dirección del IVAM y había comenzado con un estrafalario programa de exposiciones que presentaba muy bajo nivel científico y artístico. Como ya dije en una entrevista, el IVAM, con esta directora, había iniciado el trayecto irreversible hacia una vía muerta.

Me parece correcto que los cambios realizados hace escasos días en el Consejo Rector se consideren una injerencia política inaceptable, pero la institución, a lo largo de su relativamente corta historia, ha tenido injerencias mucho más inaceptables. Las injerencias parecen una constante. Y también es una constante el mutismo de la institución sobre las informaciones, muy documentadas, sobre los gastos del museo, en especial las compras de obra, que han ido apareciendo en los medios durante los últimos catorce años. Nadie dice nada y los políticos (perdón por el juego de palabras) parece que se dedican más a elaborar injerencias que respuestas necesarias.

Por su parte, el MuVIM, Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad,  se concibió como un centro dedicado a la Ilustración, a la influencia de dicho movimiento en la España del siglo XVIII y a la figura del historiador, lingüista y polígrafo valenciano Gregorio Mayans y Siscar. El proyecto no estaba muy bien definido y presentaba limitaciones de todo tipo. Al poco de su inauguración, el museo pasó a ser una especie de espacio polivalente. Y en el año 2004 la inactividad era manifiesta.

De acuerdo con Román de la Calle, que había sido nombrado director de la institución, planteé tres líneas expositivas que otros museos no consideraban: el arte gráfico (el cartel, la tipografía y el diseño actual), la fotografía y el libro ilustrado. Además, se estableció una vertiente de muestras, cursos y conferencias, directamente relacionada con el Siglo de las Luces. Una vez más, las injerencias de carácter político hicieron naufragar un proyecto que se había consolidado y había alcanzado un notable prestigio nacional e internacional. En la actualidad, el MuVIM parece haber regresado a la indefinición con un programa de dudosos ensayos y tentativas. Como anécdota puedo referir que el “comisario” de una exposición, celebrada recientemente en ese museo, me envió un correo en el que publicitando su propia muestra decía textualmente: “¡cuántas cosas chulas están pasando en el MuVIM!”. Sin comentarios. En cualquier institución museística seria, la utilización de ese lenguaje para referirse a una manifestación artística, hubiera sido motivo suficiente para que se hubiera rechazado al personaje, también a la muestra (independientemente del contenido de la misma) que había presentado y a esa particular concepción de un espacio expositivo que, con esos ingredientes, se aproxima más a un circo barato que a un lugar de difusión y reflexión sobre el arte.

Resulta  muy evidente que Valencia ha recuperado la capitalidad de la Tierra de la Modernidad Imposible. Esperemos que no ostente ese título durante muchos años.

Carlos Pérez. Foto: Miguel Lorenzo

Carlos Pérez. Foto: Miguel Lorenzo

Salva Torres