El ‘NO’ de los niños

‘Anna i la màquina del temps’
Teatro Principal
C / Barcas, 15. Valencia
Hasta el 21 de octubre de 2019

Viajar en el tiempo es un sueño compartido por personas de todas las épocas, tipo y edad. Un anhelo que ha inspirado infinidad de películas y series, incluidas obras dramáticas y literarias entre las que destaca la novela de H.G.Wells.  Según los vigentes parámetros científicos basados en la teoría de la relatividad de Einstein, trasladarse al futuro quizá sea posible, como demuestra las alteraciones temporales que experimentan los viajeros del espacio. Ahora bien, retornar al pasado es mucho más complejo. 

Es el dilema que sufre la protagonista de una obra que cosechó gran éxito la pasada temporada, Anna i la màquina del temps, repuesta en el Teatro Principal hasta el 21 de octubre. Nominado al Mejor Espectáculo Infantil y Mejor Escenografía en los II Premios de las Artes Escénicas 2019 del Institut Valencià de Cultura, esta producción del Escalante es un montaje de Dacsa Produccions sobre un texto de Manuel Valls, que acaba de llegar a las librerías en versión libro. Bajo la dirección de Cristina Fernández, integran el reparto: Laura Romero, Alejandra Mandli, Clara Crespo, Ramón Ródenas, el propio Valls, con la colaboración especial de Xavo Jiménez.

‘Anna i la màquina del temps’. Imagen cortesía del Escalante.

Anna es la hija de un científico viudo obsesionada con trasladarse al pasado para conocer a su madre, muerta al dar a luz. A partir de esa búsqueda de desarrolla una historia de aventuras y emociones que ahonda en la relación entre padres e hijos en clave fantástica e imaginativa. El uso de proyecciones sobre el escenario visualiza este viaje hacia el futuro.

“De la famosa novela de Wells se mantiene la idea de la máquina del tiempo y de una sociedad postapocalíptica, pero me basé también en la película de George Pal, El tiempo en sus manos”, dice Valls “Los personajes llamados Porgos tienen poco que ver con los Morlocks, los monstruos simiescos de la novela, aquí son más tecnológicos, algo que  nos daba más juego a la hora de utilizar el audiovisual. Además, el viaje de Anna es más visceral y es clave para entender la historia y la relación entre padre e hija”.

Anna tiene 12 años y es una gran amante de la lectura, una chica de carácter generoso más preocupada por cuidar a su padre que de sus propios deseos. “Una joven demasiado madura para su edad, capaz de ver y luchar contra las injusticias y ayudar a quien más lo necesite, ya sea su padre o sus nuevos amigos, los Números, una especie de humanos sometidos por unos seres superiores que les han quitado la capacidad de pensar”. 

‘Anna i la màquina del temps’. Imagen cortesía del Escalante.

El texto de Valls pone sobre el escenario esa lógica aplastante con la que los niños rebaten a los adultos que se equivocan, algo muy presente en la sociedad actual. “Los niños son animales políticos y que deben tener derecho a decir no cuando algo les disgusta. Ahí está Greta Thunberg. Los adultos tenemos más fuerza, los medios de comunicación, el poder. Pero ver a un niño luchar por su futuro, por el cambio climático, por lo que va a heredar y estamos destrozando sus mayores me parece un ejemplo brutal”. 

Anna i la màquina del temps reúne dosis de fantasía pero sin perder la conexión con una realidad. El equipo técnico lo integran: Luis Crespo, diseñador de la escenografía; Luis Perdiguero, encargado de la iluminación; Luna y Panorama de Insectos, responsables de la música; María Almudéver, diseñadora de vestuario y ayudante de dirección; y Jordi Alonso, Melissa Franch y Premier Frame, diseñadores de mapping. El texto, publicado por Obrapropia, reúne fotos del montaje y mensajes sobre las relaciones paternofiliales, del tiempo compartido y de cómo influye la tecnología a la hora de comunicar. 

Manuel Valls trabajó durante diez años como guionista de la célebre serie L’Alquería blanca. Cuando cerró Canal Nou, montó la productora Dacsa junto a Xavi Crespo y han creado varios espectáculos infantiles. “No nos podemos quejar pero desde que José Policarpo dejó el Escalante tenemos un sensación de vacío, de falta de visibilidad. He echado en falta una presentación pública del libro para darlo a conocer”, concluye el dramaturgo y actor valenciano.

‘Anna i la màquina del temps’. Imagen cortesía del Escalante.

Bel Carrasco

Viaje reflexivo a bordo de la máquina del tiempo

Anna i la màquina del temps, de Manuel Valls, dirigida por Cristina Fernández
Teatro Martín i Soler del Palau de les Arts
Avda. Professor López Piñero, 1. Valencia
Del 6 al 24 de febrero de 2019

El Teatro Escalante, dependiente de la Diputació de Valencia, presenta la segunda producción de la temporada: ‘Anna i la màquina del temps’, un espectáculo creado por Dacsa Produccions e inspirado en la obra de H. G. Wells. De Wells se mantiene la idea de la máquina del tiempo y del viaje a una sociedad post apocalíptica, pero la protagonista en este caso es Anna, la hija de un científico, una niña curiosa que quiere aprender de todo lo que le rodea. El montaje se escenifica en el Teatro Martín i Soler del Palau de les Arts, del 6 al 24 de febrero.

De forma accidental, Anna acaba encima de una máquina que sólo viaja hacia el futuro y en ese viaje por el tiempo se encuentra con los “números”, una especie de humanos sometidos por unos seres superiores que les han quitado la capacidad de pensar. “Sobre esa realidad me gustaría que pensaran los niños”, dice Manuel Valls, autor del texto. “Vivimos en una sociedad en la cual apenas podemos opinar, votamos cada cuatro años y parece que los políticos asumen que tienen un cheque en blanco”, añade Valls.

Anna i la máquina del temps. Imagen cortesía del Teatro Escalante

Anna i la máquina del temps. Imagen cortesía del Teatro Escalante

La producción busca que niños y niñas aprendan a diferenciar entre lo que está bien y lo que está mal, haciendo frente a alguien que quiere imponerse a los demás en el colegio, cuidando el medio ambiente o ayudando a los que lo necesitan. La protagonista del espectáculo aprende a tomar decisiones ante situaciones injustas.

El dramaturgo también tiene un mensaje para los adultos, el padre de Anna es un científico obsesionado con su trabajo y Anna le hará entender que el tiempo que vivimos no es infinito y hemos de saber invertir nuestro tiempo con aquellos a los que queremos. ‘Anna i la màquina del temps’ es la conjunción perfecta entre aventura y emoción. Grandes dosis de fantasía para estimular la imaginación de nuestros niños pero sin perder la conexión con la realidad de cada día, dónde juegan un papel fundamental las emociones y los sentimientos.

“Un espectáculo con vídeo-mapping es complejo porque has de definir la naturaleza de la imagen; en ocasiones es un ambiente, otras es un personaje más que ayuda a contar la historia, otras veces puede ser un simple efecto que requiere detalle y precisión”, explica la directora de la obra, Cristina Fernández, que destaca el esfuerzo de un gran equipo liderado por Manuel Conde.

Responsables de 'Anna i la màquina del temps'. Imagen cortesía del Teatro Escalante.

Responsables de ‘Anna i la màquina del temps’. Imagen cortesía del Teatro Escalante.

Fernández admite que le gusta enfrentarse a las historias desde el movimiento: “Creo que el dinamismo en una historia de aventuras como ésta es importante y así la he abordado, desde el cuerpo de cada uno de los intérpretes: Laura Romero, Manuel Valls, Alejandra Mandli, Clara Crespo y Ramón Ródenas, un elenco de profesionales con unas maravillosas trayectorias a los que he tenido la gran suerte de dirigir”.

Dacsa Produccions ha reunido a un experimentado equipo de profesionales en las artes escénicas: Luis Crespo ha construido el espacio para que todos los lenguajes tengan cabida; Luis Perdiguero ilumina la escena; la música la componen Luna y Panorama de Insectos; María Almudéver es la diseñadora de vestuario y la ayudante de dirección; los gráficos Jordi Alonso, Melissa Franch y Premier Frame han creado y animado las imágenes; y Amador Artiga hace posible que la técnica no falle cada día.

Josep Policarpo, director del Teatro Escalante, valora el acento femenino que tiene esta producción del Escalante. Tanto él como Javier Crespo, responsable de Dacsa Produccions, han trabajado sin complejos para definir un equipo creativo mayoritariamente femenino.

Por su parte, Rosa Pérez Garijo, diputada de Teatros, insiste en que el Escalante está haciendo una apuesta decidida por la producción de espectáculos con un sello netamente valenciano: “Nuestras inversiones han de consolidar el tejido profesional valenciano y hacerlo crecer artísticamente para que se consiga la mayor proyección posible. En ese camino continuamos trabajando”.

Anna i la màquina del temps. Imagen cortesía del Teatro Escalante.

Anna i la màquina del temps. Imagen cortesía del Teatro Escalante.

Las trampas de la memoria

Dystopia, de PanicMap
Las Naves
C / Juan Verdeguer, 16. Valencia
Del 16 al 18 de septiembre de 2016

La tecnología siempre es un arma de doble filo, especialmente en el mundo del arte. Igual ayuda a potenciar la expresividad del artista que puede contribuir a anularla, como ocurre en tantos filmes que son una mera sucesión de trucos y efectos especiales sin apenas sustancia. Cuando se trata de las artes escénicas lograr una armoniosa conjunción entre arte y tecnología es un asunto delicado. Un osado experimento que muy pocos se arriesgan afrontar. La compañía valenciana PanicMap, creada por Juan Pablo Mendiola y Margarita Burbano en 2012, ha demostrado estar muy capacitada para ello. Pero siempre desde el pánico, el vértigo, el miedo a la página en blanco, de ahí su nombre. “Un pánico que hay que solventar a base de trazar un mapa, una hoja de ruta”, dice Mendiola.

Tras el éxito obtenido con su primer montaje, Harket y tras cuatro años de intenso trabajo regresan a los escenarios con Dystopia protagonizada por Cristina Fernández y Ángel Fígols que inicia mañana la nueva temporada de Las Naves.  Tres únicas funciones hasta el domingo. Tres ocasiones de ver algo diferente sobre el escenario.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Cartel de Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

“Dystopia es un viaje emocional de dos personajes en el que nada es lo que parece”, dice Mendiola. “Un laberinto de espejos en el que se ven atrapados y que distorsiona su identidad. La obra reflexiona sobre la memoria. Sobre la necesidad que a veces tenemos de crear una realidad paralela a la auténtica cuando no estamos satisfechos con nuestros propios recuerdos, cuando aquello que nos rodea se descompone a trozos, cuando nuestro presente nos parece un futuro distópico de nuestro pasado. El protagonista se adentra en un laberinto de espejos emocional, en el que le cuesta reconocerse”.

El resultado es un teatro radicalmente contemporáneo que indaga en nuevos lenguajes, sin dejar por ello de buscar la emoción y la reflexión del espectador. Con técnicas innovadoras  construye sobre el escenario historias e imágenes  atractivas y sorprendentes.

A la escenografía convencional se suman proyecciones de mapping 3D y vídeo en directo “que permite transformar el espacio tanto a nivel plástico como emocional”, señala Mendiola. “Mi objetivo es buscar un diálogo entre tecnología y emociones. Lo tecnológico es frío y son los actores los que calientan el ambiente. En este caso, tanto Cristina como Ángel se desdoblan en un auténtico tour de force. Se puede decir que los he exprimido a fondo”, bromea el director.

Ambos mantienen un intenso duelo interpretativo en escena, proyectándose  en unos papeles de gran exigencia emocional y física. Los protagonistas se trasladan a diferentes lugares y momentos interactuando con los elementos visuales que los envuelven en el escenario y descubriendo poco a poco los límites de su propia realidad. En suma, Dystopia profundiza en la búsqueda de un lenguaje multidisciplinar en el que se entrelazan dramaturgia, danza, live cinema y video mapping para dar forma a un rompecabezas escénico.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Mendiola se inició en Teatre de l’Horta con Roberto García y más tarde montó un par de obras para Maduixa. PanicMap nació en plena crisis y a partir de ahí todo ha ido si no a mejor, sí al menos no a peor. “La sensación que tenemos es que la crisis va remitiendo, aunque tampoco se acaba de ver el sol”, comenta. “Nos encontramos en un impase, esperando a Godot. Hay esperanza pero también cierto recelo. El cambio de gobierno se ha traducido en un diálogo más abierto, lo que se podría llamar ‘escucha activa’ por parte de las instituciones y somos conscientes de que se han dado pasos hacia delante.  Se ha incrementado el presupuesto que apoya la cultura pero todavía hay que mejorar su formulación y distribución”.

Una vez estrenada en Valencia Dystopia seguirá el circuito habitual de festivales como Harket. Con su primer montaje PanicMap recorrió parte de la geografía nacional pasando por varios festivales.  Estuvo en Fira Tàrrega, TAC de Valladoli, Burgos Escena Abierta, MADferia, Danza Xixón y Mostra de Teatre d’Alcoi. Tambien recibó el Premio BBVA de Teatro al mejor espectáculo y a la mejor actriz, Cristina Fernández.

“Cuando actuamos en teatros de gran aforo como El Principal de Valladolid hicimos subir el público a escena, unas 150 personas para crear mayor intimidad y proximidad ”, recuerda Mendiola, que también recibió el Premio Max al mejor espectáculo infantil de 2015 por Dot, de Maduixa Teatre, y la candidatura como mejor autor revelación por Harket.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Inmersión en ‘Dystopia’

“Sé lo que necesitas. Un leve balanceo. Un pequeño impulso que te ponga en movimiento.” Se abre el telón y aparece un fragmento del rincón de una habitación inacabada en medio de ninguna parte. Los espectadores se adentran en un bucle emocional en el que memoria, realidad y ficción están en constante lucha. Los personajes también en continua construcción. ¿Qué haces cuando crees vivir en un presente que no es el que te pertenece?

Transformamos los recuerdos y construimos una realidad propia, alternativa.  Al transformar nuestra memoria alteramos también nuestra identidad. ¿Qué margen de error hay entre la realidad y lo que recordamos de ella? “No tienes una grabadora sobre los hombros. Lo siento. No eliges un cassette, le das al play y reproduces exactamente lo que has vivido.”

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Dystopia, de PanicMap. Imagen cortesía de Las Naves.

Bel Carrasco

Hablar del tiempo, para empezar a hablar

XIII Concurso Internacional Encuentros de Arte Contemporáneo
Museo de la Universidad de Alicante
C/ Colonia Santa Isabel, s/n. Sant Vicent del Raspeig (Alicante)
Hasta el 23 de diciembre de 2013

Es habitual, en esos momentos en los que no se sabe qué decir, hablar del tiempo. Lo hacemos subidos en ascensores, con vecinos o esperando para usar un cajero electrónico. Es una manera de llenar el vacío que se ha instalado en las relaciones humanas de proximidad, pero también es una forma de no entrar en conversaciones de mayor calado que podrían incomodar a nuestro fugaz interlocutor o podrían incomodarnos a nosotros mismos. ¿Quién no se ha bajado de un taxi arrepentido de haber abierto la boca o lamentando que el conductor no la hubiera mantenido cerrada? Por aquello de ser prudentes, tratamos de evitarnos a la larga la molestia de salir a la calle con chaleco antibalas… pero a fuerza de hablar del tiempo, se constata que algo está pasando: año tras año vemos como el verano se prolonga casi hasta diciembre, mientras que después el invierno se resiste a dejar paso a la primavera. Agudamente muchos persisten en aseverar que se trata del cambio climático, que a base de anunciar su advenimiento por fin a llegado, se ha hecho real y podemos constatar sus efectos. Durante un tiempo muchos lo creímos así. Es evidente que el modelo económico que se implantó a partir de las revoluciones industriales ha ido progresivamente incrementando su presión sobre los recursos naturales, a la vez que la generación de residuos ha crecido de un modo exponencial. El deseo de un lucro incesante, la ambición desbocada, ha logrado extender ese sistema económico prácticamente a todo el mundo y sus consecuencias se ponen de manifiesto de múltiples maneras, también causando efectos en el clima.

Tras años de preocupación por los asuntos medioambientales, parece que por fin hemos logrado entender lo que está sucediendo: no se trata de un proceso de cambio climático, es en realidad un cambio de régimen político! Todos los indicadores lo constatan, prácticamente no hay margen de error, hemos pasado de un sistema democrático a una República Bananera y, claro, ahora nos corresponde un clima tropical.

Octavio Paz describía una situación en la que puede que debamos mirarnos: “(…) Durante más de un siglo América Latina ha vivido entre el desorden y la tiranía, la violencia anárquica y el despotismo. Se ha querido explicar la persistencia de estos males por la ausencia de las clases sociales y de las estructuras económicas que hicieron posible la democracia en Europa y en los Estados Unidos. Es cierto: hemos carecido de burguesías realmente modernas, la clase media ha sido débil y poco numerosa, el proletariado es reciente. Pero la democracia no es simplemente el resultado de las condiciones sociales y económicas inherentes al capitalismo y a la revolución industrial. Castoriadis ha demostrado que la democracia es una verdadera creación política, es decir, un conjunto de ideas, instituciones y prácticas que constituyen una invención colectiva. La democracia ha sido inventada dos veces, una en Grecia y otra en Occidente. En ambos casos ha nacido de la conjunción entre las teorías e ideas de varias generaciones y las acciones de distintos grupos y clases, como la burguesía, el proletariado y otros segmentos sociales. La democracia no es una superestructura: es una creación popular. Además, es la condición, el fundamento de la civilización moderna. De ahí que, entre las causas sociales y económicas que se citan para explicar los fracasos de las democracias latinoamericanas, sea necesario añadir la falta de una corriente intelectual crítica y moderna (…)” [1]

La desaparición progresiva de la amplia clase media española es uno de los indicadores que advierte de las transformaciones sociales y políticas que pueden tener lugar a medio y largo plazo, son tan semejantes a las causas indicadas tiempo atrás por Octavio Paz para describir la situación de otro continente, que debería servirnos al menos como señal de alarma. Las formas de componer y descomponer son las que son, y los “arquitectos” del orden global tienen nombres y apellidos; poco queda a la improvisación.

La fuerza implícita y explícita que arremete contra la educación, la cultura, los docentes, los creadores y sus gentes responde a la voluntad de filtrar en la consciencia colectiva ideas de desconfianza y demérito hacia estos ámbitos. Una sociedad poco formada es más manipulable, pues dispone de menos recursos para constituir juicios críticos acerca de los acontecimientos e inevitablemente su oposición a las imposiciones del poder será menor.

El arte contemporáneo lleva implícita en muchas ocasiones la enunciación de las distorsiones sociales y políticas de su tiempo, aunque no siempre gusta el reflejo que nos devuelve ese espejo. Un recorrido por los trabajos seleccionados para esta edición de Encuentros de Arte Contemporáneo (EAC) es un modo útil de navegar entre diferentes lenguajes y sensibilidades artísticas que a veces son miradas íntimas, formas de belleza subjetiva o realidades estéticas, mientras otras son ejercicios de prospección, signos sociales del presente o pulsos con la realidad. Para 2013 el jurado convocado ha designado a veinticuatro seleccionados, entre los que se encuentran significativos nombres del nuevo panorama artístico junto a otros de prometedora trayectoria. Procedemos a realizar un rápido recorrido a través de sus trabajos.

Vista general de la exposición en el MUA

Vista general del XIII Concurso Encuentros de Arte Contemporáneo en el MUA

Elssie Ansareo (México D.F., 1979) realiza mediante la práctica del archivo su proyecto “El observatorio”, una revisión del concepto de histeria utilizado en demérito de la mujer en el siglo XIX. En sus imágenes, voluntariamente teatralizadas, son figuras masculinas las que muestran todo un catálogo de cuerpos en tensión, que reproducen el conocido arco de la histeria como síntoma de esta patología que se ve simbólicamente trasladada de género, queriendo inquietar al espectador.

Rosana Antolí (Alcoy, 1981) viene desarrollando a través del dibujo y el vídeo una definida línea de trabajo que recurre a los instintos, a la animalidad del ser humano, como resorte para conectar con nuestros orígenes y volver a un “yo” primitivo que la sociedad ha ido progresivamente constriñendo. “My animal dance” pone en contacto las formas de ser más instintivas, entre las que se encuentran la atracción física y el impulso sexual, en una búsqueda de nosotros mismos alejados de los hábitos civilizados y los buenos modales como síntoma de ruptura con lo establecido.

Rosana Antolí. Zorrismos en rojo, 2011. Imagen cortesía del MUA

Rosana Antolí. Zorrismos en rojo, 2011. Imagen cortesía del MUA

Fernando Bayona (Linares, 1980) construye cuidadosamente imágenes que podrían ser el fotograma de un film. Sus fotografías van cargadas de referencias literarias que el espectador puede desentrañar o construir un relato propio a partir de las mismas. Su carga estética es sólo una máscara que reserva un alto contenido crítico. “What never was” es una de las tres series que componen el proyecto Hidden cycle, que se nutre de “La divina comedia” de Dante para hacer una libre interpretación de los sistemas autoritarios ocultos tras la idea de estado del bienestar y los resortes opresores del poder.

Los trabajos de Pablo Bellot (Alicante, 1976) son la sucesión coherente de una práctica artística que ha dirigido el foco hacia un aspecto de la realidad que, encontrándose en el epicentro de la civilización occidental, nos remite a los extrarradios de la condición humana. Su proyecto “Caminante” abunda en la idea de precariedad forzada como estado vital que convierte a toda una generación –mas bien a varias- en muertos vivientes, en seres excedentarios sin futuro ni posibilidad de presente (aquí y ahora).

Vista

XIII Concurso Internacional Encuentros de Arte Contemporáneo en el MUA

Hélène Duboc (Rouen, 1984) parte del caucho sintético para crear piezas de marcado carácter industrial, tanto por el material empleado como por las referencias a las que alude en su base teórica. Los cambios en la localización mundial de los puntos de producción han generado en nuestro entorno la proliferación de espacios fabriles abandonados, convertidos en templos para la memoria laboral de una época que se ha desvanecido como parte del mismo espejismo que los creó. Su representación y su archivo por parte de la artista contribuye a reforzar la idea de espacios en suspensión.

Ana Esteve (Agres, 1986) recurre al presente y a sus referencias personales más directas para enunciar mediante sus trabajos en vídeo algunas de sus preocupaciones, que son realmente las preocupaciones compartidas por una gran mayoría. “Bad romance”, “Futuro inmediato” y “Olimpiadas” sirven al espectador como toma de contacto con la realidad de un modo directo: el futuro, la incertidumbre, las catástrofes y los conflictos de identidad son los hilos con los que se tejen unas narraciones que no ofrecen la solución pero indican algunas de las encrucijadas del momento.

Cristina Fernández (Alicante, 1974) aborda con su proyecto “Paso de gigantes” la tarea de realizar una cartografía visual de lugares de la geografía española en los que la falta de recursos, o la mala gestión de los mismos, ha conducido al abandono de obras públicas iniciadas. Estructuras de hormigón que han pasado a formar parte del paisaje a partir de su invasión, desbordando el equilibrio previo. Puede que la inconsecuencia y la escasa repercusión de responsabilidades políticas sobre la gestión pública se encuentre en el trasfondo de situaciones como las aquí documentadas.

Chus García-Fraile (Madrid, 1961) con “A matter of faith” toma como punto de partida el cuestionamiento de las ideologías políticas y su paralelismo con las doctrinas religiosas. Para ello interviene lampadarios, introduciendo velas que componen los colores de las banderas de los países del G20. Según indica la artista, una de las concepciones de Feuerbach sobre la religión señala que el hombre crea un Dios ante el cual se subordina. Una relación que es asimilable al capitalismo: el hombre crea el capital y este lo domina.

Cayetano García Navarro (Alicante, 1973) parte de la premisa de no pretender realizar un análisis teórico del paisaje mediante su trabajo fotográfico, sino acercar al espectador a sus propias vivencias y experiencias a través de sus imágenes. “Walking around the nature” muestra espacios naturales idílicos en los que la imagen se ve sometida a una vibración que la desdibuja, a la vez que la acerca a una idea emocional del entorno, alzando ese instante a la categoría de recuerdo palpitante.

Cayetano García

Cayetano García. Walking Around The Nature. 2013. Imagen cortesía del MUA

Carlos García (Elche, 1978) presenta, tras sus trabajos de graffiti técnico, un proyecto en el que la pintura definitivamente se libera del bastidor y salta del muro. “50.000 gr.” da título a un conjunto de piezas tridimensionales como resultado de la superposición de capas de material en un proceso en el que el tiempo juega su papel. La idea de instantaneidad, de inmediatez, se pone en crisis al enfrentarnos a estas obras, convertidas en alegatos de la consistencia informe que define tantos ejercicios de construcción social y personal urgidos por la fugacidad del tiempo.

Carlos García Peláez. 7 kilos de acrílico. 78 x 52 x 50 cm. Imagen cortesía del MUA

Carlos García Peláez. 7 kilos de acrílico. 78 x 52 x 50 cm. Imagen cortesía del MUA

Cuando el Senado de la antigua Roma decretaba la Damnatio Memoriae se procedía a eliminar cualquier elemento o inscripción que recordara a él. Olalla Gómez (Madrid, 1982) se apropia de esta referencia y la trae al actual contexto sociopolítico, borrando simbólicamente las imágenes representadas en las monedas de uno y dos euros. En el centro de las mismas introduce frases y pronunciamientos ciudadanos con los que el cuerpo social reclama un lugar central en la economía con una presencia no mediada.

Damnatio Memoriae. Olalla Gómez. 2013. Imagen cortesía del MUA

Olalla Gómez. Damnatio Memoriae (fragmento). 2013. Imagen cortesía del MUA

Olalla Gómez. Damnatio Memoriae, 2013. Imagen cortesía del MUA

Olalla Gómez. Damnatio Memoriae, 2013. Imagen cortesía del MUA

Olalla Gómez.Damnatio Memoriae, 2013. Imagen cortesía del MUA

Raúl Hevia (Santander, 1965) ha realizado un particular ejercicio de extroversión, escribiendo día a día un diario personal sobre muros y espacios públicos. “Lost year’s words” convierte el paisaje y el territorio en el soporte sobre el que el autor comparte reflexiones y sentimientos, haciendo que se produzca una relación singular entre ambos que deriva en una relectura del paisaje. El resultado son dípticos de imágenes que se componen de la escritura y el paisaje, como resumen vital de todo un año.

Marla Jacarilla (Alcoy, 1980) mantiene en sus trabajos una especial relación con la creación literaria. “Apropiación de principios” es una pieza en la que a partir de una reflexión del escritor Enrique Vila-Matas acerca de la importancia de las primeras frases de una novela, la artista recopila los 38 libros de ficción que posee para extraer 38 posibles maneras de comenzar una novela. “Aplicar estrategias ajedrecísticas en el campo del arte y esperar a ver qué pasa” es un trabajo en vídeo que plantea algunas cuestiones acerca de la difícil profesionalización del artista emergente.

Claudia Martínez (Catamarca, 1966) lleva a cabo con “Desborde” un ejercicio metafórico de la fragilidad de lo cotidiano. La composición múltiple de las cosas y la levedad del equilibrio que sustenta el orden natural y orgánico son aspectos en los que incide esta maleable instalación que, partiendo de pequeños fragmentos de material alambrado, se expande adaptándose al espacio como un organismo vivo y autónomo. El proceso de trabajo colaborativo de una veintena de personas, para hacer posible su materialización, sirve para resignificar algunos valores comunitarios.

Vista de la exposición

Claudia Martínez. Desborde (fragmento). 2013. Imagen cortesía del MUA.

Cuando pensamos en arte recurrimos habitualmente a la imagen de la exposición, pero generalmente se pasa por alto los procesos de investigación y documentación que el artista debe realizar antes de la formalización de la obra. Esa carencia queda igualmente patente en la distribución de recursos económicos, casi siempre destinados a la exhibición, obviando la necesidad de apoyo en las fases previas. Ángel Masip (Alicante, 1977), con su proyecto, genera un contexto propio que introduce la investigación plástica en el espacio expositivo, mostrando un fragmento del desarrollo de la propia práctica investigadora.

Rosell Meseguer (Orihuela, 1976) aborda la temática del espionaje, recuperada del período de la Guerra Fria, que adquiere actualidad a partir del envenenamiento y muerte del espía Litvinenko en Londres o el caso Snowden. “OVNI Archive” es una recopilación realizada por la artista a partir de imágenes, recortes de prensa, documentos, libros y otros materiales que ponen en relación aspectos de la Guerra Fría con características de la actual crisis socioeconómica. Una especie de cinta sin fin en la que el movimiento es una ficción que garantiza que todo cambia para que nada cambie.

Diego Opazo (Santiago de Chile, 1966) engloba bajo el título de “Movimiento natural de los hechos” una serie en desarrollo de vídeos, entre los que se encuentran “Tíber” y “7:59”. Son trabajos que ponen el acento en hechos cotidianos con los que convivimos y que, a fuerza de repetición, nos pasan inadvertidos. Para reforzar formalmente la idea de eterno retorno nos muestra planos fijos en los que el movimiento viene determinado por los agentes naturales y humanos o por la interacción de ambos.

Diego Opazo Cousiño. Imagen cortesía del MUA

Diego Opazo Cousiño. Imagen cortesía del MUA

Juanma Pérez (Priego de Córdoba, 1970) apuesta por la arteficción con su “Geografía e historia de un lugar”. Si bien la geografía y la historia se ocupan de definir física y temporalmente la realidad de un lugar, el artista se ha propuesto la creación de un atlas emocional probablemente empujado por la imposibilidad sobrevenida de habitar este espacio y este tiempo. El ser humano dispone de la capacidad de imaginar, de proyectar para hacer posible lo inimaginable y lograr así objetivos con los que otros ni tan siquiera soñaron.

MP & MP Rosado (San Fernando, 1971) parten de una poesía de Walt Whitman para desarrollar su proyecto “Contengo multitudes”. A la vez que nos asemejamos a los otros, que nos disolvemos entre la masa, podemos llegar a entrar en contradicción con nosotros mismos –tal es nuestra naturaleza-, pues en ocasiones somos capaces a abrazar una idea mientras llevamos a la práctica la contraria. Los hermanos Rosado llevan a cabo una exploración del cuerpo y el espacio público desde una experiencia de fragmentación.

Julio Sarramián (Logroño, 1981) busca una nueva visión de la naturaleza a partir de su proyecto “Naturaleza hiper-transfronteriza”. Tomando como base la sencillez con la que el individuo puede acceder a la información y a la tecnología, el artista plantea una reflexión acerca de la forma paradigmática de entender el paisaje y el territorio de un modo transfronterizo. La experiencia virtual que nos garantizan herramientas como Google Earth han modificado nuestra configuración mental del espacio y la distancia.

Julio Sarramián. Naturaleza hiper-transfronteriza. 2013. Imagen cortesía del MUA

Julio Sarramián. Naturaleza hiper-transfronteriza. 2013. Imagen cortesía del MUA

Las “vídeo-acciones” de Saúl Sellés (Alcoy, 1986) surgen de la investigación alrededor de los estímulos que relacionan el deporte y la competición con los ideales estéticos y el culto al cuerpo, así como el papel entre narcisista y voyeur que cumple el espectador como parte de ese entramado. El propio artista, convertido en ejecutor, desarrolla lo que él denomina un espectáculo de seducción que se acompaña de “partituras de performance”, conformadas por dibujos vectoriales.

Saúl Sellés. Imagen cortesía del MUA

Saúl Sellés. Imagen cortesía del MUA

Ion Sobera Ochoa de Ocariz (Bilbao, 1977) presenta su serie fotográfica “Viaje a ninguna parte”. Se trata de un trabajo con el que el artista pone en cuestión la constante tutela que, durante tanto tiempo, hemos recibido como individuos pertenecientes a una sociedad y a un determinado modelo social. La irrupción de la crisis en nuestras vidas ha significado la necesidad de revisar esas señales, de ponerlas en cuestión y abordar la necesidad de trazar nuevos caminos desde una lógica de los acontecimientos y las necesidades.

Mirimari Väyrynen (Helsinki, 1976) profundiza en los temas medioambientales para presentar al espectador una problemática global, con causas locales pero efectos que se desplazan sin atender límites ni fronteras. Pinta paisajes de bosque a base de capas que laboriosamente va superponiendo, hasta lograr unas imágenes vibrantes que interpreta como autorretratos. Para sus instalaciones emplea árboles naturales, madera quemada y ceniza, entre otros elementos para activar la conciencia del espectador.

Mirimari Väyrynen. Imagen cortesía del MUA

Mirimari Väyrynen. Imagen cortesía del MUA

“Estado de conservación” representa la apuesta de Salvi Vivancos (Alicante, 1977) por formatos y técnicas fotográficas y cinematográficas que renuncian al digital para dirigir la atención a los medios para fijar la imagen empleados por los pioneros de los siglos XIX y XX. El resultado son trabajos contemporáneos filmados mediante formas y en soportes desactualizados con los que pretende visibilizar la necesidad de conservar la memoria fílmica. En este caso simula el proceso de deterioro físico de la película.

“(…) El tiempo, ese gran saqueador, nos roba continuamente; pero una cosa es que nos desvalijen a lo grande y envejecer con la conciencia de haber tenido una vida plena, y otra que nos quiten todos los días pellizquitos miserables de cosas que ni siquiera hemos vivido. El infierno de nuestros contemporáneos se llama insipidez. El paraíso que buscan, plenitud. Los hay que viven y los hay que duran” [2]

Vista general del XIII Concurso Encuentros de Arte Contemporáneo en el MUA

Vista general del XIII Concurso Encuentros de Arte Contemporáneo en el MUA

José Luis Pérez Pont

[1] Paz, Octavio. Tiempo nublado. Seix Barral, Barcelona, 1983.

[2] Bruckner, Pascal. La euforia perpetua. Sobre el deber de ser feliz. Tusquets, Barcelona, 2001.

Los brotes verdes de El Corte Inglés

Ademuz Espai d’Art. El Corte Inglés

Josep Albert

Valencia

Avda. Pío XII, 51

Hasta el 27 de abril

Ahora que al capitalismo sólo se le ven las orejas de lobo, conviene recordar que en su origen nace con la piel del cordero. Es decir, nace para ponerle coto a los privilegios de reyes y nobles, en aras de una relación comercial entre iguales. Después, como toda herramienta, ha ido adquiriendo otros usos más innobles, siempre empuñada por el depredador humano que también llevamos dentro. Recuperar su función productiva, frente a la únicamente especulativa, es la tarea que nos aguarda para recuperar tanto crédito perdido.

Es lo que hacen desde hace cuatro años, aunque su origen esté en el cambio de siglo, la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, la Universitat de València y El Corte Inglés. Mediante la acción conjunta de los tres, se ha impulsado el Ademuz Espai d’Art para dar a conocer la trayectoria de los jóvenes creadores valencianos. Es una iniciativa pionera en el ámbito estatal de los centros comerciales de El Corte Inglés, que Madrid adaptó el pasado año, para llegar incluso después a tener un espacio en la feria ARCO. Es decir, que la iniciativa valenciana ha cuajado y goza de una prometedora salud.

MECENAZGO EMPRESARIAL

“Fuimos muy románticos”, reconocen fuentes de El Corte Inglés, y con “un punto de mecenazgo”. Un punto al que Román de la Calle, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, le pone su particular acento: “Es importante subrayar la generosidad de El Corte Inglés, que desembolsa 15.000 euros para el Premio Nacional de Pintura que cumple ahora su XIV edición y no se queda con ninguna obra, puesto que todas ellas se depositan en el Museo de Bellas Artes”. “Se apuesta por la gente joven con financiación privada”, señala Ricard Silvestre, coordinador de un proyecto que avala científicamente el Centre de Documentació d’Art Valencià Contemporani (CDAVC) de la Universitat de València.

Esa “complicidad entre el tejido empresarial y las dinámicas institucionales”, tal y como subrayan fuentes de El Corte Inglés, tiene su origen precisamente en el premio de pintura establecido en el año 2000. “Es la parte del león”, afirma Román de la Calle, porque a partir de ahí se fueron estrechando las relaciones entre la Academia de Bellas Artes y El Corte Inglés. Al aval de la academia, y al aval empresarial se le ha sumado después el aval científico de la Universitat de València. Y con esos tres avales, el Premio Nacional de Pintura cumple ya 14 años, Ademuz Espai d’Art está a punto de cerrar su cuarta temporada, al igual que los ciclos de conferencias en torno a “Los últimos 30 años del Arte Valenciano Contemporáneo” que se celebran por cuarto año consecutivo en el Ámbito Cultural del centro comercial de Colón.

ARTE Y NATURALEZA: JOSEP ALBERT

Román de la Calle insiste en reconocer la importancia del “mecenazgo” de El Corte Inglés, “que se mantiene en tiempos tan duros”. Ademuz Espai d’Art nace precisamente en el contexto de mayor dureza de la crisis. Y ahí sigue, a punto de cerrar su cuarta temporada de apoyo a los jóvenes artistas valencianos. “Jóvenes que posiblemente no se conozcan, pero que están trabajando bien”, asegura Ricard Silvestre, que destaca igualmente el catálogo (“con el tiempo serán pequeñas joyas”) que acompaña a cada una de las seis exposiciones anuales del Ademuz Espai d’Art. El artista de Xátiva Josep Albert será quien ponga el broche al cuarto año, después de haber expuesto Clara Monzó, Irina Pérez, Luna Bengoechea y Cristina Fernández. En puridad, habrá una muestra más: la de Keke Vilabelda, como ganador del XIII Premio Nacional de Pintura con el que habitualmente se clausura cada temporada.

Ademuz Espai d’Art, ubicado en la tercera planta de El Corte Inglés de Ademuz en Valencia, tiene cada año una temática. Se inició con una selección de “Académicos 2009”; luego se centró en “El retrato”; el pasado año fueron las “Identidades individuales y colectivas”, y ahora gira en torno a “Arte y Naturaleza”. Josep Albert ha elegido para la ocasión una serie de piezas, que tienen al algodón, la madera, el mármol y la nogalina como materiales protagonistas. Porque Albert tiene como principio, a la hora de trabajar su obra, que el ritmo de la naturaleza y el suyo propio estén acompasados.

Quien se acerque al espacio artístico de Ademuz, respirará a través de los pulmones del arte y la naturaleza que Josep Albert airea. Y lo hace siguiendo el instinto natural de quien observa los ciclos vitales y se pone a la escucha. Como si fuera un demiurgo, Albert rescata materiales inertes y les da vida. Esa amalgama de inquietud por la naturaleza, a la que solemos darle la espalda, y recreación artística es lo que finalmente transpiran esas cortezas de pino, esas ramas retorcidas o esos blancos algodones y mármoles de Carrara que el artista de Xátiva trabaja como si en ello le fuera la vida. Es una prueba más de que Ademuz Espai d’Art late con fuerza, a las puertas ya de su quinta temporada.

Salva Torres