Molotov incendió Valencia

Molotov
Espai Rambleta
Carrer de Pius IX, s/n. València
Viernes 1 de Julio de 2016

Las paredes de la ciudad estaban pegadas de los carteles que rezaban que la banda más peligrosa de habla hispana iba a venir a sacudir Valencia. Su disco, para mí cassette, ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, lo tenía medio roto de darle vueltas, sus letras me habían impactado mucho, su música me había dejado noqueado y su canción-himno ‘Gimme the Power’, me había abierto los ojos a unos horizontes diferentes. Algo se me había revuelto por dentro con esos mejicanos.

Debía ser el ´97 o ´98 en la Roxy Club, no lo recuerdo bien, y aunque he mirado en la red no hay información al respecto. Aquella noche no pude asistir al concierto, me quedé sin ver a Molotov en su apogeo, cuando hacían correr ríos de tinta de los periódicos más conservadores, cuando acababan de golpear en castellano a una pacata sociedad. Aquella noche estuve triste, es el primer recuerdo que tengo de querer ir a un concierto de rock.

Por eso el día 1 de julio la cita con la banda no podía eludirse, hubiera sido casi un pecado, aunque eso resultara una ironía con este grupo. Y ahí estaba yo, en la Rambleta, en una de las noches en las cuales cumplía con una deuda que tenía con mi Yo del pasado, con mi Yo preadolescente que deseaba romper las reglas, con mi Yo ilusionado por sentir el fuego de un concierto recorriendo mis tuétanos.

Imagen de la portada del disco 'Agua maldita', de Molotov.

Imagen de la portada del disco ‘Agua maldita’, de Molotov.

Molotov llegaba con una gira enorme por la península para celebrar sus veinte años desde su fundación, su primer trabajo discográfico, el anteriormente mencionado ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, no apareció hasta el ´97. Los cuatro pistoleros de Ciudad de Méjico no sacan disco desde 2014, ‘Agua Maldita’, con el que lograron el Grammy Latino a mejor grupo de rock. Curiosamente, con el elepé que les catapultó a la fama internacional ‘¿Dónde jugarán…?’ sólo consiguieron la nominación, pero no el premio, supongo que todavía no estábamos preparados para lo que podían hacer los mejicanos.

Como ya he dicho, el concierto se iba a celebrar en La Rambleta y como no venían a presentar ningún disco en especial, podríamos disfrutar esa velada de temas de todos sus trabajos, a modo de grandes éxitos. El hall de La Rambleta estaba completamente vacío, todavía quedaba una hora para el inicio del concierto, previsto para las 23.00 horas, pero aquella imagen me hizo preconizar lo peor: esa misma noche Alan Parsons Project tocaba en Viveros.

El tour manager me había citado a las 22.00 para poder realizar con ellos una entrevista, por desgracia llevaban algo de retraso y llegó más tarde, con lo cual tuve que acelerar las preguntas y dejarme alguna sin formular. Junto al tour manager descendí las escaleras que conducían a la sala, donde en unos minutos iba a haber una descarga monstruosa de rock´n´roll. Comprobé mientras bajaba que el aforo estaba casi lleno. Cruzamos una puerta y allí estaban los chicos de Molotov, junto a ellos reposaba una enorme paella que tenía una pinta fantástica y botellas de tequila.

Molotov, en un momento del concierto en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Molotov, en un momento del concierto en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Nos estrechamos las manos y en los pocos minutos que tuve para conversar con ellos se mostraron muy amables. Quizás estábamos los asistentes al bolo ante la banda más importante de rock latino, y eso para Valencia era una muy buena señal. “No nos podíamos creer que el disco (‘¿Dónde jugarán las niñas?’) fuera a ser un éxito en todo el mundo”, comentan al ser preguntados por el repentino triunfo de su ópera prima. Molotov siempre ha sido un grupo con letras delicadas, por decirlo de alguna forma, sobre todo en su primer elepé; quizás la bisoñez o la temperatura de sus ideales fueran los causantes de esa rabia: ¿habrían sufrido censura por ello?

“No hemos tenido censura, quizás una canción (ndr: con el tema ‘Quítate que ma´sturbas, Perra arrabalera’) en algún sitio, pero no más”. Molotov son de Méjico y siempre se han posicionado de una forma muy concreta a nivel político; ahora Donald Trump parece una gran amenaza mundial y sobre todo para su país vecino: “Es una cortina de humo, no va a pasar nada, hasta en su país le tienen miedo, pero si gana es algo muy malo para México”. Nos despedimos, ya que el tiempo apremia y en breve van a comenzar su bolo. Una lástima no haber dispuesto de más tiempo, muchas preguntas se me han quedado en el tintero, pero tenían que concentrarse para poder darlo todo en directo.

El inicio se retrasó más de lo conveniente, pero eso ayudaba a que la sala fuera llenándose poco a poco hasta casi completarse. Molotov saltaron a la tarima con mucha fuerza; en la primera parte de su show nos deleitaron con canciones de todos sus álbumes, muy potente el trallazo de ‘Chinga tu Madre’, pero no fue hasta su primer bis que no arremetieron con temas del calado de ‘Gimme The Power’, con un momento catártico entre todos los asistentes, que se hermanaban ante un himno en castellano que ha derribado todas las fronteras. He de reconocer que desde el primer compás a uno se le ponían los pelos de punta.

Molotov, en un momento de su actuación en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Molotov, en un momento de su actuación en Espai Rambleta. Fotografía: Javier Caro.

Continuaron con ‘Frijolero’ y ‘Hit me’. No paraban de cambiarse las posiciones entre ellos, turnándose en la batería, en el bajo y en la voz. El tequila, cómo no, estaba muy presente encima del escenario: ‘Marciano’, ‘Amateur’ o ‘Parásito’ fueron temas que cayeron contra nosotros en un aplastamiento sonoro de mucha calidad y con un sonido muy nítido, menos alguna vez que sufrían algún acople bastante molesto. Cuando el calor de la sala se hacía pegajoso y el vaho inundaba el recinto, Molotov se marcharon del escenario a meditar su tercer asalto. ¿Podrían ganar por KO?

Emergieron entre cánticos que les reclamaban ‘Puto’, una canción que les encumbró al olimpo de los chicos malos del rock. Pero antes de sacudirnos un buen sopapo con esa canción, nos dejaron afónicos con ‘Mátate teté’, para mezclarla con ‘Puto’ y hacer saltar por los aires nuestros cráneos. Por cierto, en medio de ‘Puto’ tuvieron que volver a dejar claro, como ya han hecho en múltiples ocasiones, que “no es una canción homofóbica, va contra nuestros políticos”. Y así, con el listón tan alto que no se veía, nos dejaron ir a casa a dormir todo el cansancio que nos habían provocado. Yo, todavía en estado de shock, había saldado mi deuda (aunque siempre me quedaré con la espinita de aquel concierto) y además los había conocido en persona, aunque con muchas prisas. Una lástima. El próximo año celebran los veinte de ‘¿Dónde jugarán las niñas?’, otra buena excusa para pasarse por estos lares. Estaremos atentos.

Javier Caro

El MuVIM se hace eco de la República

La modernidad republicana en Valencia. Innovaciones y pervivencias del arte figurativo (1928-1942)
Museu Valencià de la Il.lustració i la Modernitat (MuVIM)
C / Quevedo, 10. Valencia
Hasta el 22 de mayo de 2016

“Ha vuelto el MuVIM como museo de las ideas”, subrayó Rafael Company, director del museo valenciano. Y, con él, un sueño hecho realidad: la puesta en valor de La modernidad republicana en Valencia, tal y como reza el título de la exposición que ayer vio la luz. “Soñábamos que en este museo ese periodo histórico [1928-1942] fuera tratado como se merece”. Company no quiso hablar de censura (“quizás sea cuestiones de gusto”), pero manifestó su sorpresa por el salto que se produce durante ese periodo a la hora de dar a conocer la producción artística valenciana. Recuperar esa memoria, en forma de carteles, pinturas y esculturas, ha sido labor del propio Company y de Amador Griñó, en tanto comisarios de la muestra.

Uno de los carteles de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Uno de los carteles de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

El diputado de Cultura, Xavier Rius, también habló de esa vuelta del MuVIM. “Es una exposición que marca un cambio de ciclo y de formas”. Atrás, al parecer, quedan los ciclos de Javier Varela, Joan Gregori y Paco Molina, como antecesores de ese otro MuVIM sin ideas o escorado en otra dirección. El nuevo MuVIM arranca con esa recuperación de un periodo olvidado. Y lo hace con más de 200 carteles, pinturas, esculturas y fotografías reveladores del potencial artístico de esa época. “Es un homenaje a todos los artistas con independencia del signo ideológico”, puntualizó Company.

Como recuerda Vicenç Altaió i Morral, en una de las inscripciones de la muestra, “la cultura pasa por encima de las vicisitudes de la fatalidad política”. Y la fatalidad, no exenta de proclamas enfervorizadas, ya sea a favor del pueblo contra la opresión fascista o de la patria amenazada por el fantasma (siguiendo a Marx) del comunismo, está muy presente en La modernidad republicana en Valencia, que lleva por subtítulo Innovaciones y pervivencias en el arte figurativo (1928-1942). Fatalidad o exaltación, en todo caso, “bien pluralista” (Company) y salpicada de artistas de enorme valía, como Josep Renau, Artur Ballester, Manuel Monleón, Carmen Gracia, Rafael Pérez Contel, Alfred Claros, Ricard Boix, Amadeo Roca, Teodoro Andreu o Balbino Giner.

Cartel de la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Cartel de la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

La exposición refleja con todo ese potencial artístico desde la primera dictadura de Miguel Primo de Rivera a la Dictablanda de Dámaso Berenguer, pasando por la República, en sus diferentes fases, hasta la Guerra Civil y posterior dictadura de Franco. Como señaló María José Gil, directora del Archivo de la Diputación de Valencia, los documentos expuestos son “como testigos de la historia”, que gracias al archivo foral “todavía por descubrir” revelan la realidad política y social de tan convulso periodo.

Hay carteles propagandísticos, taurinos, festivos, pinturas y esculturas que vienen a recoger todo el fragor de la época. Destacan sobremanera el de la mujer con bandera republicana proclamando la libertad, ‘La piedad’ de Alfred Claros, el cuadro ‘Bombardeos’ de Eleuterio Bauset, el retrato del Caudillo hecho por Josep Segrelles, ‘La bestia fascista’ de Boix, o el escudo de la España franquista con los retratos de Hitler, Mussolini, Salazar y Franco. También los numerosos carteles, de uno u otro signo, subrayando la exaltación del pueblo con lemas tan llamativos como: “La patria está en peligro. España contra la revolución y sus cómplices”.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

La modernidad republicana en Valencia. MuVIM.

“En el campo del arte figurativo convivían diferentes tendencias, desde aquellas que ya apostaban por la innovación, hasta las que mostraban la continuidad del sorollismo o el benlliurismo e, incluso, la pervivencia de tradiciones todavía más antiguas”, explican los comisarios. Un pluralismo estético y, sin duda, ideológico como revelación de un periodo olvidado que el nuevo MuVIM rescata, gracias a los fondos de la propia Diputación, de museos y de colecciones tanto públicas como privadas. Rafael Company, a punto de saltársele las lágrimas, ha visto cumplido el sueño de mostrar a los valencianos aquella modernidad republicana.

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Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición 'La modernidad republicana en Valencia', en el MuVIM.

Obra de Eleuterio Bauset, en la exposición ‘La modernidad republicana en Valencia’, en el MuVIM.

Imagen de la exposición en el MuVIM.

En primer término, escultura ‘La bestia fascista’, de Manolo Boix, en la exposición del MuVIM.

Salva Torres

Humor contra fanatismo

Dessins en liberté (Dibujos en libertad)
Institut Français de Valencia
C / Moro Zeit, 8. Valencia
Hasta el 17 de febrero de 2016

El Roto, Ulises, Ajubel y Kap son los cuatro viñetistas españoles o residentes en España que participan en la exposición itinerante Dessins en liberté (Dibujos en libertad), que conmemora en clave de homenaje a las víctimas de la trágica matanza de los periodistas de Charlie Hebbo hace un año en París.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Ilustración de El Roto. Institut Français de Valencia.

Producida por el Instituto Francés y el semanario Courrier International, la inauguró el pasado jueves en la sede del Instituto Francés de Valencia el presidente de la Unión de Periodistas, Sergi Pitarch. En total son medio centenar de dibujantes procedentes de 45 nacionalidades distintas que, a través de sus obras, combinando el ingenio, el humor y la ironía levantan una sólida barrera contra el fanatismo y el terror.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Bado. Institut Français de Valencia.

Abierta hasta el 17 de febrero, esta muestra incluye una docena de paneles dedicados a una temática específica de plena actualidad relativa a la libertad de expresión: censura, internet, corrupción, derecho de la mujer, racismo, rebeliones, clima, etcétera.

En recuerdo a los acontecimientos de enero de 2015 contra la redacción de Charlie Hebdo, el objetivo de esta muestra es “ensanchar la perspectiva ilustrando la manera en la que la libertad de expresión se ejerce hoy en día en todos los continentes”.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Boligan. Institut Français de Valencia.

A partir de la conocida ilustración de los cigarrillos Gitane, Ulises hace un alegato contra el racismo, un tema que tratan también el canadiense Bado (El racismo es el otro), el argentino Langer o Glez de Burkina Faso y el mexicano Boligan. No es casualidad que en el panel dedicado a poner en solfa la corrupción aparezcan otros dos españoles: El Roto con una de sus imágenes que valen por millones de palabras y Kap con una viñeta de corte clásico que representa a un grupo de trajeados con los bolsillos rebosantes de billetes ante una caja fuerte vacía llena de telarañas: No sabemos lo que ha pasado…¡pero hace unos años la caja estaba llena!

El cubano Ajubel que residió varios años en Valencia, donde fue editado por el sello MediaVaca, opta por una imagen siniestra de un hombre barbado con y sin cabeza: Je pense…donc je ne suis plus!

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Krauze. Institut Français de Valencia.

Ilustración de Haddad. Instituto Francés de Valencia.

Ilustración de Haddad. Institut Français de Valencia.

Bel Carrasco

¿Una camisa de fuerza para Arístides Rosell?

Esquizografías, de Arístides Rosell
Sporting Club Russafa
C / Sevilla, 5-B. Valencia
Inauguración: viernes 19 de junio, a las 20.00h
Hasta el 10 de julio, 2015

Tras casi doce años de silencio y ostracismo voluntario, Arístides Rosell vuelve a la escena pictórica valenciana. Entre el 19 de junio (Inauguración) y el 10 de julio, el Sporting Club de Russafa acoge la muestra Esquizografías, una treintena de dibujos a plumilla, la mayoría en blanco y negro, más otros ocho con relieves escultóricos, que rinden tributo de fidelidad al término de la psiquiatría francesa elegido como título de la exposición.

Si la palabra describe “el lenguaje incoherente que sintomatiza trastornos del pensamiento en ciertos estados de psicosis”, la muestra gráfica es la versión plástica, anárquica y grotesca, de una subjetividad creativa entregada al delirio y a las sorprendentes patologías de un inconsciente abandonado a su propia suerte. El resultado de este envite está ahí, a la vista de todos. Y la pregunta que inevitablemente suscita es: ¿debemos ir preparando una camisa de fuerza para Arístides Rosell? ¿O haremos lo de siempre: mirar para otro lado y llegado el momento decir como unos bobos que “creíamos era una buena persona” el mismo día que la página de sucesos del Levante desvela la aparición de un nuevo Haníbal Lecter en Valencia?

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Quizá lo mejor para prevenir y evitar ese espantoso ridículo sea sentar un rato a Arístides Rosell en el diván psicoanalítico (un diván extraño, eso sí, como una hamaca tendida entre dos palmeras) e intentar indagar en el origen de  los trastornos que lo han llevado a estas grafías delirantes, esquizoides. Lo hemos hecho. Y el resultado es este.

Arístides Rosell Cabrera vino al mundo el 7 de enero de 1965 en Ciudad de la Habana, Cuba. Olvidamos la infancia (freudianos heréticos) para llegar cuanto antes al decisivo momento en que ciertos impulsos estéticos le llevan a integrarse en la facultad de diseño. Es el buen momento del cartel cubano. Es el momento (mediados de los ochenta) en que jóvenes con inquietudes plásticas y un gen libertario todavía vivo aprovechan las aristas de la realidad para exponer leves disonancias.

Unos lo hacen cuestionando los símbolos patrios. Otros, como él, utilizando el sexo. Sexo explícito, penes y vaginas, de grandes dimensiones. Aunque es real que el sexo en Cuba está tan presente como el aire que se respira, su exhibición plástica era tabú. Estaba tan ausente de la plástica como la educación sexual de las escuelas. Exhibir la sexualidad era provocar: desafiar los clichés, importunar al machismo, recordar la falta de pedagogía social (y sus perversas consecuencias: enfermedades venéreas, embarazos prematuros, abortos traumáticos, luego el sida…).

Una exposición del 87 en la biblioteca del Instituto Superior de Diseño, titulada Sex-appeal, fue clausurada al día siguiente de su apertura. Otras, en cambio, pasaron el filtro de la censura, algunas de ellas junto a su profesora y amiga Eidania Pérez (arbitrariedad suprema del poder).

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en la exposición ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Pero esta veta creativa no era el único filón que explotaba ya entonces el joven Rosell. Según su propia confesión, siempre ha sido un artista “bipolar” (eufemismo de uso reciente para evitar la palabra “esquizofrenia”, mucho más incómoda). Mientras en el campo más específico del diseño gráfico (la cartelística, por ejemplo) era deudor de la estética del compromiso (y lo sigue siendo: cree en la función pedagógica, moral, política o social del cartel, en que debe ser un mensaje destinado a la denuncia y a provocar el debate), en cambio en el ámbito pictórico se borran esas prescripciones y se convoca a todos los demonios internos. Mientras en el diseño gráfico se muestra incondicional de la racionalidad y el utilitarismo, y cree en la función social del arte, cuando se desplaza a la creación íntima parece dispuesto a mudarse al país de la Irracionalidad.

Pero esa irracionalidad no debe confundirse con el caos absoluto, no es una “pintura automática” al modo de la “escritura automática” de los surrealistas (y que en su versión más radical nunca produjo nada mínimamente satisfactorio). Al permitir el ingreso de lo inconsciente, se abren cajones de la mente que la racionalidad (el orden) tenía cerrados. Ingredientes censurados y ocultos de nosotros mismos, vuelven a entrar en acción.

Los deseos reprimidos se expresan mediante símbolos más explícitos, pero que aún encubren su impronta desestabilizadora. Incluso en ese caos hay un cierto orden. O, si acaso, unas débiles reglas que canalizan el desbordamiento. Rosell mantiene (a veces a duras penas) la figura, aunque sometida a grotescas formas de distorsión o a estructuras morfológicas delirantes. Como en el mundo del sueño, hay objetos, hay cosas, hay cuerpos, hay interacciones entre objetos y sujetos, entre unos cuerpos y otros, entre órganos, a veces entre vísceras (y aquí se despierta el inicial temor de este artículo).

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías'. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’. Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

La naturaleza de todo está a veces alterada: hay manos de madera, o que se hunden en la tierra, o que se transforman en garras, o que han sido crucificadas… Todo está deformado, atravesado, hendido, desgarrado, metamorfoseado, devenido en otra cosa, sin utilidad. Todo está conectado, enganchado, colgado, sostenido (por esas horcas tan dalinianas). Hay enganches, remaches, clavos, ganchos… como si Rosell temiera que todo se desgajara, se dispersara, se desmigara y se perdiera en el espacio infinito. Esas “ataduras” de las cosas a veces son dolorosas, como esos ganchos que atraviesan las manos y que producen una aguda e inevitable sensación de dolor.

Y en medio de estos paisajes oníricos dibujados a plena luz del día (a lo largo de seis años, y mientras levantaba y mantenía viva la galería Imprevisual y se convertía en uno de los gestores culturales más valiosos de Valencia), un Rosell que ya ha cumplido los 50, vuelve una y otra vez a dibujar aquellos penes y vaginas de sus veinte años, en ávida remembranza de aquello gestos libertarios con los que se constituyó como artista.

Si en aquellos penes y vaginas había entonces un anhelo de escape y de fuga, también ahora los hay. Solo que ahora muchas cosas han perdido su vigor, aparecen fosilizadas, talladas en madera o mineral, resquebrajadas o rotas, necesitadas de sostén. El tiempo, tirano cruel, ha devorado la frescura y la firmeza de las cosas. La mano del pintor aparece ahora clavada a una cruz, desvitalizada, casi muerta, aunque aún busca prolongarse hasta el infinito para alcanzar el olvidado placer.

No, no creo que debamos preparar una camisa de fuerza para Arístides Rosell.  Al menos, no más que le necesitamos cada uno de nosotros. Lo que sí debemos es agudizar la mirada (hacia fuera: hacia sus dibujos) y hacia dentro (al bullente mundo escondido de cada uno) para sacar todo el partido posible de una exposición que no nos dejará indiferentes. Sí. Es así. Arístides Rosell ha vuelto.

Dibujo de Arístides Rosell en 'Esquizografías' en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Dibujo de Arístides Rosell en ‘Esquizografías’ en Sporting Club Russafa. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano

Censura ante el precipicio electoral

En una sociedad como la nuestra, acostumbrada a que exista un abismo entre la teoría y la práctica, sucede con frecuencia que la letra de algunos principios jurídicos fundamentales se queda solo en tinta seca sobre papel. Esa laxitud asumida por la población es un signo revelador que, posiblemente, nos haya llevado al despotismo institucional con el que algunos administran su responsabilidad sobre los asuntos públicos.

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Aunque resulte recurrente, para hablar de libertad de expresión debemos remitirnos a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Según su artículo 19, “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. Por su parte, la Constitución Española de 1978 reconoce y protege los derechos: “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”, así como “a la producción literaria, artística, científica y técnica”. Dando un paso más allá, manifiesta que “el ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”.

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Sin embargo, estos derechos se ven continuamente vulnerados, nuestra libertad de expresión se ve limitada aquí y ahora, no es necesario referirse a regímenes totalitarios de otras latitudes ni a dictadores pasados. Hoy Valencia vuelve a ser el escenario en el que se representa el uso chusco y arbitrario del poder. El Ayuntamiento de Valencia ha destruido una intervención artística realizada en el espacio público, sobre los muros contiguos a la Casa dels Bous en El Cabanyal, propiedad de la Marina Auxiliante, que contaba con los permisos de la citada entidad. La obra de Jorge López, integrada en el proyecto Inside Out Project del conocido artista JR, retrata vecinos del barrio mientras realiza un ejercicio de integración. La obra, muy cuidada estéticamente, carece de aristas que pudieran incomodar. ¿Por qué, entonces, una patrulla de limpieza y otra de policía ha acabado con ella unas horas después de su instalación? Contaba con el permiso de la entidad propietaria del muro, se ha preparado con cuidado, han participado numerosos vecinos de esta zona de la ciudad, forma parte de un proyecto artístico que se desarrolla internacionalmente…

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

No cabe duda del desprecio que el Ayuntamiento de Valencia ha puesto de manifiesto hacia el arte y la cultura bajo el mandato de Rita Barberá, no solo por la ausencia de una política municipal en materia cultural sino por el uso caprichoso de los recursos y las infraestructuras. Se trata de un modelo de gestión política que ha caducado. Ya no se sostiene, como tampoco lo hace su aberrante plan de partir en dos el barrio de El Cabanyal, declarado Bien de Interés Cultural por la particularidad de su trazado urbanístico y el modernismo popular característico de su arquitectura. La protección legal que lo ampara, junto a la ejemplar lucha de los vecinos y vecinas del barrio durante los últimos diecisiete años, representa el principal escollo que la alcaldesa ha encontrado en sus años de gestión. Tras los éxitos obtenidos por Salvem El Cabanyal en los tribunales y con el reciente Premio Europa Nostra –refrendado  por el Ministerio de Cultura- puede decirse que El Cabanyal ha ganado la guerra, a pesar de las feas maniobras desplegadas durante la contienda por esa alcaldesa de “caloret” subido.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Durante demasiado tiempo las prebendas, la indiferencia y el miedo han mantenido paralizados a distintos sectores sociales. El miedo es esa última frontera que como individuos debemos trabajar y superar, pues paraliza a las personas y nos inhabilita como sociedad. Puede que sea esa la gran revolución que ya se ha iniciado. Una revolución que no requiere de barricadas ni de manifestaciones, pues tiene lugar en lo más íntimo de cada persona, sin proclamas, siendo necesariamente el resultado de una libre toma de consciencia. Eso facilita una nueva escena para el desarrollo de otro modelo social y político. En ese territorio, liberado de signos, nos vamos encontrando como individuos emancipados integrantes de una colectividad, capaces de interactuar sin renunciar a la dignidad personal que nos confiere el ejercicio autónomo de la expresión. La pluralidad es la base de una sociedad sana, mientras que las acciones represoras que hemos conocido en los últimos años son el resultado de la administración abusiva del poder. Borrar a manguerazos una intervención artística en El Cabanyal es seguramente uno de los últimos exabruptos de ese poder lacónico que se retuerce frente al precipicio electoral.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Ante este tipo de atropellos se hace más necesario si cabe reforzar la práctica personal de la opinión y la expresión pública de las ideas propias, sin atender a las tijeras de un censor que ha perdido por completo su autoridad.

Nunca fue el momento de guardar silencio, pero ahora es sin duda el tiempo de hablar.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

Destrucción de la intervención de Jorge López en El Cabanyal. Cortesía del artista.

José Luis Pérez Pont

Alô alô mundo! Cine marginal brasileño

Alô alô mundo! Cines de invención en la generación 68
Comisarios del ciclo: Marc Martínez y Paola Marugán
Filmoteca de Valencia
Plaza del Ayuntamiento, 17. Valencia
Del 14 de abril al 14 de junio de 2015

Dice Marc Martínez, junto a Paola Marugán, comisario de ‘Alô alô mundo!’, que se trata de un ciclo de películas “nada cómodo”. Y lo remacha: “Es cine marginal”. Lo dijo en la presentación del ciclo que la Filmoteca de Valencia programa hasta el 14 de junio. Presentación que vino acompañada de los films ‘Zona zul’, (1972) de Henrique Faulhaber, y ‘A conexao brasileira, a luta pela democracia’ (1982-83), de Helena Solberg. Películas que, dadas las condiciones en que fueron rodadas (censura y momento de invención de nuevas formas), convierten el ciclo en una travesía llena de altibajos por el cine experimental brasileño.

Fotograma de 'Zona zul', de Henrique Faulhaber, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Zona zul’, de Henrique Faulhaber, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Cinemas de invençao na geraçao 68, tal es el subtítulo del ciclo, recoge películas realizadas durante los años en que Brasil, como España, se hallaba a merced de la dictadura y de los movimientos clandestinos que luchaban, con más o menos fortuna, por encontrar vías de escape al exigente yugo político. De hecho, tal y como recordó Marc Martínez, ‘Alô alô mundo!’ fue la proclama lanzada por el cineasta Glauber Rocha contra el imperialismo significado en torno al cine de Hollywood.

Fotograma de 'Copacabana, mon amour', de Rogério Sganzerla, en el ciclo 'Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla, en el ciclo ‘Alô alô mundo!. Filmoteca de Valencia.

Martínez, siguiendo a Jairo Ferreira, prefiere la denominación Cinema de Invençao al de Cinema Marginal, por aquello de que el grupo de cineastas que recoge el ciclo “asumió el riesgo de la invención, pagando el precio de la censura y la marginación”. Invención y marginación parecen, pues, ir de la mano, de ahí la calificación de héroes para todos ellos atribuida por el comisario del ciclo: “Utilizaban esa precariedad como motivo a la hora de realizar sus películas”. Películas que, salvo ‘Copacabana, mon amour’, de Rogério Sganzerla (con todos los matices que se quiera) y las relacionadas con Glauber Rocha, el director más conocido, resultan desconocidas.

Fotograma de 'A idade da Terra', de Glauber Rocha, en el ciclo 'Alô alô mundo!'. Filmoteca de Valencia.

Fotograma de ‘A idade da Terra’, de Glauber Rocha, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

El listado lo dice todo. ‘Hitler terceiro mundo’ (1968), de José Agrippino de Paula. ‘Viagem ao fim do mundo’ (1968), de Fernando Cony. ‘Manha cinzenta’ (1969), de Olney Sao Paulo. ‘Sem essa, Aranha’ (1970), de Rogério Sganzerla. ‘Mangue-Bangue’ (1971), de Neville D’Almeida. Agripina é Roma-Manhattan (1972), de Hélio Oiticica. ‘A idade da Terra’ (1975), de Glauber Rocha. Entre otras.

De ahí el mérito de ‘Alô alô mundo!’: “Es el rescate de un material histórico”, subraya Martínez. El proyecto nace, según sus comisarios, “del interés en dar visibilidad a un conjunto de prácticas filmográficas, desarrolladas desde finales de los años sesenta hasta la década de los ochenta, para hacernos reflexionar sobre las formas en que ese legado extiende sus efectos y activa nuestro presente”. También nace con la pretensión de “revelar las tensiones, los contagios y los conflictos de una generación de artistas, que desarticuló las formas establecidas de pensar el lenguaje cinematográfico tradicional”.

Fotograma de 'Agripina e Roma-Manhattan'.

Fotograma de ‘Agripina é Roma-Manhattan’, de Hélio Oiticica, en el ciclo ‘Alô alô mundo!’. Filmoteca de Valencia.

Salva Torres

Morán: “Hoy la censura es económica no política”

El cura y los mandarines, de Gregorio Morán
Editorial Akal

El término intelectual es relativamente moderno. Fue acuñado en Francia a finales del siglo XIX, durante el llamado affaire Dreyfus, e inicialmente se usó despectivamente para designar a quienes apoyaban al capitán judío, representantes del mundo de la cultura y del arte como Émile Zola, Octave Mirbeau o Anatole France. Más tarde adquirió un significado positivo. La figura del intelectual se entiende como la de un hombre sabio, testigo crítico del poder, una mezcla de Pepito Grillo y mosca cojonera que vigila excesos y abusos, y vela por la ética y el bien común. ¿Qué pasa cuando los intelectuales relajan su función crítica y se dedican a jalear y enaltecer a los poderosos?

Es lo que ha ocurrido estas últimas décadas en España denuncia Gregorio Morán en su último trabajo, un ensayo de 800 páginas, ‘El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados’ (Akal), que se presentó recientemente en la UNED de Valencia. Un lúcido y exhaustivo repaso a nuestra reciente historia cultural y política, entre 1962 y 1996, concebido desde “la ironía y el sarcasmo más que desde la ira”, dice Morán.

Este trabajo de Morán fue en principio un proyecto para la editorial Crítica, del grupo Planeta, pero un capítulo sobre la Real Academia Española (RAE) en el que se juzga con dureza al anterior director Víctor García de la Concha, algunos de sus integrantes y las normas de la casa, provocó un desencuentro y, finalmente, lo editó Akal.

Portada de 'El cura y los mandarines', de Gregorio Morán. Editorial Akal.

Portada de ‘El cura y los mandarines’, de Gregorio Morán. Editorial Akal.

¿Qué pasó con todos aquellos intelectuales que en los sesenta fueron progres, en los setenta moderados, en los ochenta conservadores y en los noventa carcas? 

Esa evolución se debe en parte a la edad, pero también a que en los sesenta tenían escasos intereses personales que defender y ahora sí los tienen. Los intelectuales de mi generación son ya mayores, piensan en el retiro y se han hecho institucionales. Quieren ser académicos, ganar premios y se preocupan más de medrar que de su propia obra. Entre los últimos intelectuales beligerantes e independientes sólo se me ocurre mencionar a Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo y, por supuesto a Rafael Chirbes.

¿Le guarda rencor a Planeta?

Ningún rencor. Como dice uno de los personajes de El Padrino, no se trata de nada personal, sólo una cuestión de negocios. También un indicio de que hoy día el problema de la censura es económico no político o ideológico.

¿Por qué eligió a Jesús Aguirre , el cura como hilo conductor?

Aguirre fue quizá el más exitoso de los intelectuales de su generación, aunque no el más el brillante. Un personaje fascinante que superó grandes dificultades como hijo que fue de madre soltera, que llegó a ser duque de Alba consorte y estuvo en todas las salsas políticas y culturales de su época. Todo el mundo hablaba mal de él, pero su trayectoria es alucinante. Estuvo en las huelgas mineras del 62, en el contubernio de Munich, y hasta ofició la única misa por Grimau tras ser ejecutado. Dio un giro radical desde la defensa de la lucha armada a ser duque de Alba. Me fascinaba la animosidad que existía hacia Jesús Aguirre, el desdén que sufría por su propio grupo. No le consideraban un igual y, sin embargo, yo le considero el más representativo.

Cultura y poder. ¿Un amor imposible en este país?

El Franquismo despreció la cultura y la Transición tampoco le dedicó mucho interés. Los socialistas  trataron mejor que la derecha a los intelectuales y artistas, pero se cobraron los favores con el tema de la OTAN, que nadie regala nada y menos el poder. También el PP de Aznar tuvo su mandarinato cultural pero esa época no está incluida en mi libro.

Alguna predicción para las próximas elecciones.

Me he equivocado en muchas ocasiones en este aspecto, pero veo con buenos ojos la irrupción de Podemos. No sé si ganarán o no, pero creo que su existencia es positiva porque traen aires y savias nuevos contra una casta imperfecta, corrupta y agotada, incapaz de regenerarse desde dentro.

Gregorio Morán (Oviedo, 1947) es autor de un puñado de libros fundamentales para interpretar la historia cultural y política de la España contemporánea. Entre ellos: ‘Adolfo Suárez: historia de una ambición’,  ’Miseria y grandeza del Partido Comunista de España 1939-1985′, ‘El precio de la transición’, ‘El maestro en el erial: Ortega y Gasset y la cultura del franquismo’, ‘Los españoles que dejaron de serlo’, ‘Adolfo Suárez: Ambición y destino’.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Gregorio Morán. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

bibrramblabookburning en Granada

Rogelio López Cuenca. Bibrramblabookburning
Plaza de Bibarrambla, Granada
De noviembre 2014 a marzo 2015

La plaza de Bibarrambla (Birrambla o Bib-rambla: de Bab-ar-ramla[1], Puerta del Arenal) ocupa un espacio central en el imaginario de Granada –de la propia ciudad acerca de sí misma más que de aquel construido hacia afuera y marcado por una visualidad cargada de exotismo romántico y de preferencia orientalizante–.

Tras la conquista cristiana, Bib-rambla sería escogida, a pesar de sus reducidas dimensiones pero a causa de su excelente ubicación –al lado del mercado y la Madraza y la Mezquita Mayor– como espacio idóneo para ejercer el papel de plaza mayor, por lo que conocerá sucesivas ampliaciones ya desde 1495, en que se derribaron casas y se construyeron en ella nuevos edificios.

El modelo de plaza mayor castellana constituye el núcleo fundamental de la vida urbana, un espacio emblemático en el que se concentran elementos clave de los poderes civiles, como la residencia del corregidor –el representante de la Corona en la ciudad–, o la de destacadas familias de la élite local, así como las casas del cabildo –símbolo de la autoridad de esa oligarquía–, o del poder eclesiástico. En Bibarrambla se van a encontrar el edificio consistorial de la Casa de los Miradores, otra casa de la Universidad y el Palacio Arzobispal junto a edificios más explícitamente vinculados al control y la represión, como una casa de la Inquisición o la Cárcel Real.

La plaza, rodeada de ventanas y miradores privilegiados, se convierte en el teatro principal de las más importantes manifestaciones públicas, celebraciones sacras o profanas de exhibición, de ostentación, de propaganda y de fomento de fidelidades: juegos ecuestres, de toros y cañas, procesiones, el Corpus, recibimientos de arzobispos, proclamaciones regias, ejecuciones públicas y autos de fe. Es el espacio ritual por excelencia, un dispositivo capital de difusión del programa ideológico de la monarquía católica y las élites locales.

Uno de los más célebres autos de fe celebrados en Bibarrambla tiene lugar en una imprecisa fecha entre finales de 1499 y principios de 1500, cuando el cardenal Cisneros, en palabras de su amigo y biógrafo Juan de Vallejo, «para desarraygarles del todo de la sobredicha su perversa y mala secta, les mandó á los dichos alfaquís tomar todos sus alchoranes y todos los otros libros particulares, quantos se pudieron aver, los quales fueron más de IIII ó V mill volúmines, entre grandes y pequeños, é hazer muy grandes fuegos é quemarlos todos».

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

La destrucción por el fuego, de entre «tres o cinco mil volúmenes», no fue ni de lejos el más cruel de los acontecimientos de que fue testigo Bibarrambla –que se llamó también arco de las Orejas y puerta de las Manos, porque en ella se exhibían, según se dice, los miembros mutilados de los ajusticiados–, ya que era el escenario preferido para el ahorcamiento público. La pena de muerte se aplicaba con largueza, y el patíbulo reunía a verdaderas masas de curiosos espectadores. En todo ello hay una correlación; dejó escrito Heinrich Heine que «donde se queman libros, pronto acabarán quemando también a seres humanos», casi cien años antes de que, en pleno ascenso del nazismo, en 1933, su propias obras ardieran, junto a otros veinte mil volúmenes, en Berlín, primero en la Opernplatz, delante de la Universidad Humboldt, e inmediatamente en más de veinte universidades más a lo largo de toda Alemania. El gesto, que sería repetido luego en el Madrid del año 39 y en el Chile del golpe militar de Pinochet, provocaría un comentario irónico de Freud, cuyas obras también ardieron en la pira: “Cómo ha avanzado el mundo, en la edad media me habrían quemado a mi”. No se puede evitar la imagen de los hornos crematorios y los campos de exterminio. Tampoco el primer emperador y unificador de China, Quin Shi Huang (el mismo que enterró para que vigilaran su mausoleo a miles de guerreros de terracota) se paró en demasiadas distinciones a la hora de quemar sean libros, sean personas. Algo en que alcanzará, como es sabido, eminencia la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, y donde destaca la especial persecución de las mujeres, que Silvia Federici relaciona con la aparición en Europa, en los albores de la Edad Moderna y los inicios del capitalismo, de una nueva división del trabajo que condenó a las mujeres al confinamiento en el dominio del trabajo reproductivo; uno de los periodos más sangrientos de la historia más sórdida de Europa: cuando para escapar a la tortura, las condenadas se suicidaban, los cadáveres eran igualmente quemados en la pira.

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

El siglo XX ha sido especialmente devastador en cuanto a destrucción de libros y bibliotecas (las últimas, la de Sarajevo, la de Bagdad, la de el Cairo) pero en esto no hace sino continuar una estela de infamia en la que se destacan la falò delle vanità de Savonarola o la quema de códices mayas y aztecas por los piadosos frailes españoles. A lo largo de esta historia de vergüenza han sido condenados a la hoguera desde libros religiosos y novelas, a ensayos y tratados políticos, y hasta tebeos. O bibliotecas enteras. Atribuye la leyenda –sin mucho fundamento, la verdad- al califa Omar la decisión de quemar la biblioteca de Alejandría (que ya había sido incendiada anteriormente por Julio Cesar, en el 48 a. C.) con el siguiente argumento: “si se trata de libros que coinciden con lo que dice el Corán, son inútiles puesto que lo repiten, y si dicen otra cosa, serán malos, luego quemémoslos todos”.

La quema de libros hoy nos repugna como algo abominable, lo mismo que un degüello o una lapidación. Solo minorías de fanáticos celebran tales actitudes. El secuestro o la desaparición forzada de la memoria, su depauperación, su desprecio y su trivialización, la deliberada construcción sesgada de las identidades, la invención de la tradición, su mixtificación, el control y la manipulación del archivo, el culturicidio, se ejecutan mediante otros procedimientos menos aparatosos. Los planes de exterminio no arrasan y exterminan sino en casos extremos, en los límites, en las fronteras donde se levantan –como la Gran Muralla de Quin Shi Huang- las murallas de la fortaleza de la banalidad. Como ha dicho Ray Bradbury, el autor del personaje del bombero pirómano en su novela distópica Fahrenheit 451: «No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer».

 «No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer»

«No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer» Ray Bradbury en Fahrenheit 451

No hay piras en las plazas, ni cadalso; el orden se impone por otros medios, por otros miedos: la lógica neoliberal aplicada a la ciudad provoca la mutación de la plaza. Un espacio intermedio, de mezcla, de usos múltiples, pasa a serlo de uso único; privatiza un recurso público, lo homogeniza para su explotación mercantil y lo tematiza en torno al tópico. Las marcas comerciales se adueñan del espacio. No hay más que una elección: pasar de largo o consumir. Muy revelador de la restricción de usos a que Bibarrambla ha sido sometida es el hecho de que el más significativo acto de recuperación del espacio público por parte de la ciudadanía en los tiempos recientes, el movimiento del 15-M en 2011, un espacio de tan marcado valor simbólico no fuera elegido ni utilizado como lugar de acampada.

Salvo interrupciones como la señalada, la ciudad, integrada en la industria del consumo cultural, se reduce a su imagen, a sólo imagen, y a una ajustada a las pautas de simplificación del tópico como objeto del turismo de masas, especializada y sintetizada en su peculiaridad, y a la vez sometida a las exigencias de estandarización del consumo masivo: la ciudad, mero espacio comercial. Los excluidos globales y los locales son uno y el mismo: los desconectados del consu(mis)mo disciplinante, los insolventes.

Rogelio López Cuenca MAKMA

Con bibrramblabookburning planteamos un proyecto de intervención temporal en este significativo espacio público, en este depósito de memorias, con la intención de hacer hablar al lugar, de introducir el debate e introducirnos en él, insertándonos en la tradición otra de la plaza, la de su tráfago cotidiano –la de su condición de múltiple y poliédrica–; en su polifonía disonante que en ningún momento se ha logrado someter a la univocidad, al sueño unísono del control absoluto; incluso en el corazón de las celebraciones oficiales –el carnaval, las sátira irreverente de las carocas, el latido de la sumisión fingida del discurso subalternizado.

El proyecto se desarrollará entre los meses de noviembre de 2014 y marzo de 2015, mediante la inserción de una cartelería específicamente concebida para ocupar los espacios originariamente destinados a albergar publicidad comercial de un kiosco central de Bib-rambla. Proponemos crear una suerte de monumento efímero que, a lo largo del tiempo de duración del proyecto y a través de la cambiante, intermitente  instalación de imágenes y textos –como un libro también, una especie de novela por entregas– plantee un diálogo con los lectores, habituales o esporádicos, con los paseantes, con los vecinos y con los turistas, y con el lugar mismo, con su pasado y con su actualidad, con nuestro inevitablemente compartido tiempo presente.

Rogelio López Cuenca 2 MAKMA

Rogelio López Cuenca / Elo Vega

 


[1] Vamos a utilizar indistintamente una u otra denominación, como reflejo de la diversidad de transcripciones y pronunciaciones a partir del nombre árabe original.
También como alusión a la multiplicidad de valores, usos y significados de la plaza.Integrando en el título el inglés, como lengua patrón global de la experiencia turística.Y en minúscula, en referencia a la dimensión cotidiana, doméstica, del espacio.Y de corrido, como de ordinario se habla.

Filmolution, el cine de la disidencia

Filmolution
Libre te quiero, de Basilio Martín Patino
Radio City
C / Santa Teresa, 40. Valencia
Viernes 14 de noviembre, 19.30h

Radio City Valencia, El Séptimo Vicio (Radio 3-RNE), el magacín online El Hype y la plataforma digital 400 Films presentan Filmolution, un evento cultural que combina cine, radio y música, para mostrar propuestas innovadoras realizadas con valentía, al margen de lo establecido, por realizadores de gran talento fieles a sí mismos y a sus ideas.

La disidencia se ejerce en la profesión, en el arte, defendiendo en la práctica un nuevo cine que apuesta por abandonar el camino trillado, llegando a un público preparado para un nuevo modo de ver, con el que se identifica, y atrapando a todos los espectadores que empatizan con la absoluta libertad y honestidad de ese cine disidente.

Fotograma de la película 'Libre te quiero', de Basilio Martín Patino con la que arranca Filmolution en Radio City. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de la película ‘Libre te quiero’, de Basilio Martín Patino con la que arranca Filmolution en Radio City. Imagen cortesía de Radio City.

El programa de Radio Nacional (Radio 3) El Séptimo Vicio, dirigido por el crítico de cine Javier Tolentino, acompañará las sesiones de Filmolution que tendrán lugar en Radio City, un viernes al mes desde noviembre a junio (a excepción del mes de diciembre). Durante el evento, se proyectará una película presentada por su director, quien conversará al término de esta con todo el público asistente. Tras una pausa en la que se podrá degustar una cena temática, de acuerdo con el argumento y tono del film, los asistentes disfrutarán de un concierto en directo, armonizado también con la película proyectada, para que vivir Filmolution sea vivir una experiencia artística completa.

Imagen del arranque de la película 'Libre te quiero', de Basilio Martín Patino, con la que Racio City inicia su propuesta Filmolution. Imagen cortesía de Radio City.

Imagen del arranque de la película ‘Libre te quiero’, de Basilio Martín Patino, con la que Racio City inicia su propuesta Filmolution. Imagen cortesía de Radio City.

En la primera sesión, el viernes 14 de noviembre, se proyectará la película documental  ‘Libre te quiero’ (2012), de Basilio Martín Patino, que narra la Acampada de Sol organizada por el Movimiento 15-M en la Puerta del Sol de Madrid, desde mayo a octubre de 2011. Será el propio director quien presente la película y la comente con el público a su término. Será una gran oportunidad de compartir la experiencia y de acercarnos al talento del director de ‘Nueve cartas a Berta’, ‘Canciones para después de una guerra’, ‘Queridísimos verdugos’ y ‘Caudillo’. Martín Patino es el testimonio vivo de que la disidencia no es un patrimonio generacional, sino una actitud vital y permanente del inconformismo con la injusticia y la capacidad de rebelarse a través de la expresión artística, más allá de las censuras.

El programa estará compuesto también por otras películas de referencia del cine español más reciente, como ‘La plaga’, de Neus Bellús, ‘Los chicos del puerto’, de Alberto Morais o ‘Costa da Morte’, de Lois Patiño.

La primera sesión de ‘Filmolution. El cine de la disidencia’ tendrá lugar en Radio City el viernes 14 de noviembre a las 19.30 horas, con la presencia de Basilio Martín Patino, a quien acompañarán los grupos Luna y Panorama de los Insectos, que intervendrán con unos temas en acústico durante el programa, y con el grupo Somrice, con el que se cerrará la primera sesión.

Fotograma de la película 'Libre te quiero', de Basilio Martín Patino, con la que arranca Filmolution. Imagen cortesía de Radio City.

Fotograma de la película ‘Libre te quiero’, de Basilio Martín Patino, con la que arranca Filmolution. Imagen cortesía de Radio City.

 

Nuno Nunes-Ferreira. Tiempo arrasado

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles
Galería Paz y Comedias
Plaza Colegio del Patriarca, 5. Valencia

Símbolos arrasadores, tiempo arrasado

“Existe en todos los sentimientos humanos una flor primitiva, engendrada por un noble entusiasmo que no deja de menguar hasta que la dicha no es más que un recuerdo y la gloria una mentira (…)”[1].

El poder de la palabra es grande, puede que por eso los dictadores dediquen su empeño por igual a la censura que a la propaganda. Ambas son herramientas de fuerza destinadas a vencer y a convencer, a las que los dirigentes totalitarios destinan variados esfuerzos de representación en el espacio público, para construir una suerte de mitomanía icónica que los envuelva y legitime. “Un hombre con más razón que sus conciudadanos ya constituye una mayoría de uno (…)”[2], aunque seguramente esta lógica autoafirmativa de Thoreau sigue sin ser entendida en nuestro tiempo, pues el individuo tiende a buscar el refuerzo de la razón que otorga la masa, por equivocada que esta pudiera estar. Las sociedades han demostrado su debilidad por el poder arrasador de los símbolos, convertidos en elementos de arrastre colectivo con los que sintetizar ideologías e identidades por las que matar y morir. Con el paso del tiempo los lugares van quedando cubiertos por capas que componen cortes de memoria.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014, vista de sala. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014, vista de sala. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nuno Nunes-Ferreira (Lisboa, 1976) ha realizado una investigación acerca de los signos conmemorativos y de exaltación con los que la dictadura franquista cubrió los pueblos y ciudades del Estado español durante cuarenta años, tolerados otros treinta años más por el “régimen del 78”, hasta que en 2007 fue aprobada la conocida popularmente como Ley de Memoria Histórica, “por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura”. La controvertida retirada de la simbología y ornamentación franquista del espacio público activa en el artista la interrogación acerca de los procedimientos humanos de borrado de memoria. Hasta el momento, la democracia española no ha sido capaz de depurar ese episodio de la historia, anclándose en fórmulas de silencio institucional que encontraron su punto de ruptura con la aprobación de la mencionada ley.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014, detalle. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014, detalle. Cortesía Galería Paz y Comedias.

En su afán por perdurar en el tiempo, “(…) Franco no dudó en imitar las técnicas arquitectónicas de la Alemania de Hitler para glorificar su régimen”[3], haciendo uso de la piedra como fenómeno que garantizase la preservación de su memoria fosilizada. El artista recupera esos “Fósiles”, con los que elabora la narración de un modo de comunicación icónica que implícitamente ha influido en la configuración del modelo de sociedad que, llegados a este punto, pugna al borde de la asfixia por realizar una segunda transición.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nunes-Ferreira opta por el lienzo y la escultura para reproducir escudos y placas que exaltan el franquismo, pero también otros formatos de memoria repartidos por la geografía española que representan placas conmemorativas, que señalan el lugar de nacimiento de personajes ilustres o el nivel alcanzado por el agua a causa de catastróficas inundaciones o riadas sucedidas en Valencia. La acumulación de esos registros es el resultado de un exhaustivo trabajo de campo, que persigue poner de manifiesto la voluntad humana de pervivencia como práctica constante que se remonta a las distintas culturas y civilizaciones.

“La muerte es difícil de entender; el ser humano se resigna siempre de mala gana a hacerse una idea exacta de ella (…)”[4].

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014. Cortesía Galería Paz y Comedias.

Nuno Nunes-Ferreira. Fósiles, 2014. Cortesía Galería Paz y Comedias.

José Luis Pérez Pont


[1] BALZAC, Honoré. La obra maestra desconocida. Mondadori, Barcelona, 2013.
[2] THOREAU, Henry D. Desobediencia civil y otros escritos. Alianza, Madrid, 2005.
[3] SUDJIC, Deyan. La arquitectura del poder. Cómo los ricos y poderosos dan forma a nuestro mundo. Ariel, Barcelona, 2007.
[4] HOUELLEBECQ, Michel. Las partículas elementales. Anagrama, Barcelona, 1999.