Las miradas de Rachid Hachami

Rachid Hachami. Una Mirada
Galeria Kessler-Battaglia
Pasaje Giner, 2. Plaza de la Reina. Valencia
Inauguración: viernes 20 de diciembre a las 20h
Hasta el 24 de enero 2014

Esta exposición es un conjunto de instalaciones. Cada una habla por sí sola, tiene su identidad propia. Es una experiencia, un intercambio con la naturaleza que el artista ha vivido y quiere transmitir.

Que sea a través de un circuito de agua, que pone en situación unas representaciones de la naturaleza, para transmitir el movimiento, para ubicarnos en el lugar de la foto, como si estuviésemos allí.

O de una puesta en escena de un poema de Víctor Hugo, con una película de gente en movimiento, la multidumbre en la cuidad versus la soledad en la naturaleza.

Con un video de una cascada, en medio de agua helada, en un paisaje virgen, desolado. Solo está el ruido de la cascada, en una tierra todavía preservada. Para incitar a esta comunión con la naturaleza.

Son miradas, que cobran aun mas sentido cuando se convierten en una sola mirada, que trasmiten aun más fuerza cuando se juntan en un punto de vista único.

El artista presenta representaciones naturales de la Madre Tierra, la Madre Naturaleza. Imágenes presentadas, representadas y procesadas; huellas imborrables del paso del hombre. Las fotografías son las huellas de la naturaleza, la realidad fiel, simplemente montadas y arrojadas en desorden a la vista. Las impresiones fotográficas representan la belleza virgen donde, a veces, las transformaciones irreversibles desorientan la razón. Rachid Hachami establece un paralelismo entre la naturaleza sensible y la expresión artística, siempre en evolución. Sus fotos son crudas, sin retoque ni puesta en escena, y denuncian la incoherencia del hombre hacia el medio ambiente. El resultado es un conjunto poético sensible a los ojos.

Tierra Naturaleza

Rachid Hachami. Tierra Naturaleza. Imagen cortesía de la galería Kessler-Battaglia

Árbol ‘in’ urbe

Árbol objeto, de Álvaro Tamarit
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta el 10 de enero

Los árboles en las ciudades es el último vínculo que nos conecta con la naturaleza de la que hemos sido voluntariamente desterrados. Una naturaleza pródiga y benéfica, pero también hostil y destructora, que de amante madre puede mudar en un instante en cruel madrastra. El árbol en la urbe nos recuerda de dónde venimos, cuando una ardilla podía atravesar la península desde Gibraltar a los Pirineos yéndose por las ramas. También dónde podemos acabar, en un árido desierto, donde la felicidad y la belleza serían espejismos imposibles.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Implantados entre el asfalto y el cemento, cada uno en su respectivo alcorque, los árboles prestan su sombra en los sofocantes meses estivales, consumen los detritos de los coches y ponen una nota de gracia y color en un ambiente gris. ¿Quién no ha soñado alguna vez en vivir en la copa de un árbol gigantesco como Tarzán, o en el interior de un tronco hueco, como la pandilla de Peter Pan?

Algunas personas tienen una conexión especial con estos vegetales que pueden vivir cientos de años y  saben morir dignamente de pie.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Ciudad con cubierta vegetal, de Álvaro Tamarit. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Algunas incluso los convierten en materia artística, como Álvaro Tamarit (Xàbia, 1976) cuya última exposición,  Árbol objeto, en la sala Alba Cabrera, es una reflexión sobre su importancia en el complejo y delicado tapiz de la vida.

“Llevo años trabajando sobre este tema, el uso que damos a los árboles y a la madera, una materia viva que derrochamos demasiado”, dice Tamarit. “En esta muestra presento una mezcla de piezas antiguas y otras más recientes”.

Los trabajos de Tamarit combinan el procesamiento de la madera con el soporte collage analógico y los relieves en tres dimensiones. Esculturas singulares que ensalzan  la belleza de la madera, bajorrelieves de ciudades invadidas de vegetación, grandes árboles que acogen ciudades. También objetos juguetes a la manera de Joaquín Torres García, como su barco biblioteca, inspirado en la noticia de que un cargamento de libros iba a ser enviado a África por mar.

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Obra de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

A diferencia de otros artistas que buscan durante años su propio camino y lenguaje, Tamarit confiesa que desde que estudiaba en Bellas Artes “tenía mi propia forma de pensar y sabía cuál iba a ser mi camino siempre en libertad”.

En su taller de Xàbia la madera es la gran protagonista y utiliza fotografías de sus viajes, imágenes de periódicos y revistas para componer sus collages, “siempre analógicos”, reivindica.

“Utilizo algunas máquinas sencillas como lijadoras o taladros, pero las manos son las que más trabajan”, apunta.

Vive entre Xàbia y Cambridge, un eje privilegiado que le permite contrastar las grandes diferencias en la apreciación del arte entre España e Inglaterra. “Allí dan ayudas desde 100 a 2.000 euros a devolver sin interés para que la gente adquiera piezas artísticas”, comenta.

Sus últimas exposiciones se presentaron en Alemania, Holanda y en Valencia, en la galería Set.

Bel Carrasco

Obra de Álvaro Tamarit, en 'Árbol objeto'. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Ciudad en la sierra, de Álvaro Tamarit, en ‘Árbol objeto’. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

El reencuentro del Arte con la Naturaleza

Cristina Ferrández. Bio-logical Degrowth
Casa Bardín. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
C/ San Fernando, 44. Alicante
Hasta el 5 de diciembre 2013

La artista multidisciplinar Cristina Ferrández trabaja la idea del arte como reencuentro con la naturaleza. Desde una ética y estética ecológica, desarrolla un trabajo crítico y reflexivo que pone en valor el territorio, planteando revisiones y cuestiones entre el ser humano y su relación con el paisaje a escala mundial.

El proyecto de investigación y creación artística BIO-LOGICAL DEGROWTH que la artista plantea para Arte en la Casa Bardín en Alicante, explora las fronteras entre las ciencias y las artes, enlazando parámetros biológicos y las teorías del decrecimiento económico. Algunos procesos de los seres vivos elementales como la simbiogénesis (creación del liquen a través de la unión de hongo-alga para formar otro ser más adaptado y capaz) y la transmisión bacteriológica de información como sistema polifacético casi instantáneo, en red y de forma horizontal, se conforman en este trabajo como significantes silenciosos de los cuales tomar ejemplo en nuestra sociedad contemporánea. Los líquenes toman un gran protagonismo como modelo de co-evolución entre especies y su papel de crecimiento en el territorio para generar novedad evolutiva.

La obra se dispone en dos ambientes expositivos diferentes que conforman ambas plantas del bello palacete alicantino. En un primer escenario de gran luminosidad cuelgan varios lienzos de tamaño medio que muestran unos mapas antiguos rusos de navegación con imágenes grabadas por impresión digital de fotografía y gráficos sobre poliéster. La escultura móvil Territorios Volátiles conformada por piezas de papiroflexia representa la vulnerabilidad actual de los territorios por sus rápidas transformaciones paisajísticas y sociales, con la sutileza del vuelo de las aves migratorias y la abstracción de los mapas como representación gráfica de la tierra y sus océanos.

Cristina Ferrández. Territorios Volátiles. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Cristina Ferrández. Territorios Volátiles. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

En el otro entorno expositivo se respira un cierto aire de misterio y misticismo a la naturaleza ambientado en la oscuridad y el sonido de las videoproyecciones.  Realizado con aire sutil e intimista el vídeo La Caverna nos incita a un paisaje interior donde las sombras humanas se proyectan desde un mundo exterior de ideas universales. A través de una secuencia de imágenes, en el vídeo Propagación vemos al ser humano fusionado con la naturaleza en una simbiosis natural, donde el liquen se muestra como significante y vehículo transmisor. Naturaleza y ser humano formando parte eterna del paisaje. Para completar este proyecto nos referimos a un mural de gran tamaño Prospectiva y el reino del siempre más realizado con material orgánico de varios tipos de líquenes barbudos, que generan un atlas o representación de un mundo en simbiogénesis, en el que los seres que lo cohabitan existen y crecen en armonía.

Inmersos en nuestra sociedad de desgaste, esta interesante propuesta entendida de manera general como paradigma interpretativo que concibe la frontera como la zona en la que se producen los encuentros fecundos entre dos realidades, nos invita a una reflexión, a una armonía con el medio natural y la esencia de nuestro origen, a través de un trabajo artístico de gran belleza, calidad y compromiso con el mundo que habitamos.

Cristina Ferrández. Propagación. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Cristina Ferrández. Propagación. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Los brotes verdes de El Corte Inglés

Ademuz Espai d’Art. El Corte Inglés

Josep Albert

Valencia

Avda. Pío XII, 51

Hasta el 27 de abril

Ahora que al capitalismo sólo se le ven las orejas de lobo, conviene recordar que en su origen nace con la piel del cordero. Es decir, nace para ponerle coto a los privilegios de reyes y nobles, en aras de una relación comercial entre iguales. Después, como toda herramienta, ha ido adquiriendo otros usos más innobles, siempre empuñada por el depredador humano que también llevamos dentro. Recuperar su función productiva, frente a la únicamente especulativa, es la tarea que nos aguarda para recuperar tanto crédito perdido.

Es lo que hacen desde hace cuatro años, aunque su origen esté en el cambio de siglo, la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, la Universitat de València y El Corte Inglés. Mediante la acción conjunta de los tres, se ha impulsado el Ademuz Espai d’Art para dar a conocer la trayectoria de los jóvenes creadores valencianos. Es una iniciativa pionera en el ámbito estatal de los centros comerciales de El Corte Inglés, que Madrid adaptó el pasado año, para llegar incluso después a tener un espacio en la feria ARCO. Es decir, que la iniciativa valenciana ha cuajado y goza de una prometedora salud.

MECENAZGO EMPRESARIAL

“Fuimos muy románticos”, reconocen fuentes de El Corte Inglés, y con “un punto de mecenazgo”. Un punto al que Román de la Calle, presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, le pone su particular acento: “Es importante subrayar la generosidad de El Corte Inglés, que desembolsa 15.000 euros para el Premio Nacional de Pintura que cumple ahora su XIV edición y no se queda con ninguna obra, puesto que todas ellas se depositan en el Museo de Bellas Artes”. “Se apuesta por la gente joven con financiación privada”, señala Ricard Silvestre, coordinador de un proyecto que avala científicamente el Centre de Documentació d’Art Valencià Contemporani (CDAVC) de la Universitat de València.

Esa “complicidad entre el tejido empresarial y las dinámicas institucionales”, tal y como subrayan fuentes de El Corte Inglés, tiene su origen precisamente en el premio de pintura establecido en el año 2000. “Es la parte del león”, afirma Román de la Calle, porque a partir de ahí se fueron estrechando las relaciones entre la Academia de Bellas Artes y El Corte Inglés. Al aval de la academia, y al aval empresarial se le ha sumado después el aval científico de la Universitat de València. Y con esos tres avales, el Premio Nacional de Pintura cumple ya 14 años, Ademuz Espai d’Art está a punto de cerrar su cuarta temporada, al igual que los ciclos de conferencias en torno a “Los últimos 30 años del Arte Valenciano Contemporáneo” que se celebran por cuarto año consecutivo en el Ámbito Cultural del centro comercial de Colón.

ARTE Y NATURALEZA: JOSEP ALBERT

Román de la Calle insiste en reconocer la importancia del “mecenazgo” de El Corte Inglés, “que se mantiene en tiempos tan duros”. Ademuz Espai d’Art nace precisamente en el contexto de mayor dureza de la crisis. Y ahí sigue, a punto de cerrar su cuarta temporada de apoyo a los jóvenes artistas valencianos. “Jóvenes que posiblemente no se conozcan, pero que están trabajando bien”, asegura Ricard Silvestre, que destaca igualmente el catálogo (“con el tiempo serán pequeñas joyas”) que acompaña a cada una de las seis exposiciones anuales del Ademuz Espai d’Art. El artista de Xátiva Josep Albert será quien ponga el broche al cuarto año, después de haber expuesto Clara Monzó, Irina Pérez, Luna Bengoechea y Cristina Fernández. En puridad, habrá una muestra más: la de Keke Vilabelda, como ganador del XIII Premio Nacional de Pintura con el que habitualmente se clausura cada temporada.

Ademuz Espai d’Art, ubicado en la tercera planta de El Corte Inglés de Ademuz en Valencia, tiene cada año una temática. Se inició con una selección de “Académicos 2009”; luego se centró en “El retrato”; el pasado año fueron las “Identidades individuales y colectivas”, y ahora gira en torno a “Arte y Naturaleza”. Josep Albert ha elegido para la ocasión una serie de piezas, que tienen al algodón, la madera, el mármol y la nogalina como materiales protagonistas. Porque Albert tiene como principio, a la hora de trabajar su obra, que el ritmo de la naturaleza y el suyo propio estén acompasados.

Quien se acerque al espacio artístico de Ademuz, respirará a través de los pulmones del arte y la naturaleza que Josep Albert airea. Y lo hace siguiendo el instinto natural de quien observa los ciclos vitales y se pone a la escucha. Como si fuera un demiurgo, Albert rescata materiales inertes y les da vida. Esa amalgama de inquietud por la naturaleza, a la que solemos darle la espalda, y recreación artística es lo que finalmente transpiran esas cortezas de pino, esas ramas retorcidas o esos blancos algodones y mármoles de Carrara que el artista de Xátiva trabaja como si en ello le fuera la vida. Es una prueba más de que Ademuz Espai d’Art late con fuerza, a las puertas ya de su quinta temporada.

Salva Torres