La irreflexiva creatividad de Juanjo Hernández

Automatic Tales, de Juanjo Hernández
Casa de Cultura de El Campello
Plaça de la Constitució, 4. El Campello (Alicante)
Hasta el 11 de junio de 2016

A esta cita con la Casa de Cultura de El Campello, el artista, ilustrador y diseñador gráfico Juanjo Hernández (Alicante, 1961) acude con su ‘Automatic tales’, una serie de obras realizadas en diferentes formatos y técnicas en las que prima el gesto, la rapidez del movimiento, la inmediatez del dibujo realizado sin una idea preconcebida, sin un orden preestablecido, con absoluta libertad creativa, a través de la que Juanjo Hernández narra de manera irreflexiva diferentes escenas que se unen bajo un mismo soporte -como en las lonas de más de dos metros- en lo que el autor ha denominado Cuentos automáticos o Automatic Tales.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Siguiendo la trayectoria de este artista, podemos distinguir en sus obras muchas de las novedades del arte de la segunda mitad del siglo XX, como los soportes, técnicas o materiales utilizados por los grandes informalistas. Formas similares de ejecutar una idea a la que, en esta ocasión, se llega por percepción y convicción. Técnicas como el grattage o el driping utilizadas en sus obras nacen en torno a 1950, al igual que la pintura sígnica y gestual, que presta gran importancia a la velocidad de ejecución, al impulso personal, cinético e irreflexivo. Cuadros con signos que parecen indescifrables y que surgen de manera automática, recordando las caligrafías orientales, y que refuerzan la expresividad del creador y su libre proyección corporal sobre el soporte pictórico. Las obras se realizan directamente sobre el suelo, al igual que pinta Juanjo Hernández los grandes formatos.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Automatic Tales, de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Entre los movimientos incluidos por el crítico de arte Michel Tapié, en 1952, dentro del Art Autre, se encuentran el Informalismo, el tachismo, la pintura matérica, el espacialismo o el art brut surgidos tras las devastadoras consecuencias y el horror de la II Guerra Mundial, una época de crisis, de profunda transformación de la concepción del mundo, en la que el artista se vuelca en su interior para encontrar respuesta a todas sus preocupaciones, claves en la fuerza expresiva de estos movimientos, que encuentran su paralelismo en la serie Bombardeig, dedicada por Juanjo Hernández a uno de los episodios más tristes acaecidos en Alicante durante la Guerra Civil transmitido por su padre, que lo vivió en primera persona.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

Obra de Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello. Imagen cortesía del autor.

En esta exposición, el artista nos muestra obras grandes, pintadas sobre lonas, otras de menor formato realizadas sobre papel, en blanco y negro o color. Obras mayoritariamente figurativas, creadas entre 2010 y 2016 bajo la técnica de pintura automática, en las que predomina el dibujo, la velocidad de ejecución, el gesto espontáneo y la libertad de trazo. Obras divertidas, con un lenguaje llano, accesible, directo, con una iconografía que se nutre de elementos del mundo cotidiano, de imágenes procedentes de la fotografía, del cómic, de las revistas, la publicidad, el cine o la televisión y que entroncan con aspectos del Pop-art y de las primeras manifestaciones del graffiti como arte urbano.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Juanjo Hernández. Casa de Cultura de El Campello.

Pilar Tébar
Comisaria y Vicepresidenta (Alicante) de la Associació Valenciana de Crítics d’Art –AVCA-

 

La Volière de Hélène Crécent

La Volière, de Hélène Cécent
Trentatres Gallery
C / Dénia, 62. Valencia
Inauguración: viernes 22 de mayo, a las 20.00h

La volière es el término que designa en francés esas enormes jaulas en las que los pájaros vuelan pero no escapan. Es también el nombre de la exposición en la Trentatres Gallery de la artista francesa Hélène Crécent (Pau,1966).
Fascinación por los pájaros, animal nada domesticable. Solo en el Museo del Prado, el biólogo Gómez Cano contabilizó en su día 729 pinturas con representaciones de aves de 36 especies: de la saga Brueghel al concierto de Jan Fyt.

Más allá de los muros académicos, en las cuevas de sueños olvidados donde nos introdujo el cineasta alemán Werner Herzog, nuestros antepasados ya consideraron importante detener la frágil estructura de las aves en la superficie con memoria de la roca.

La exposición en Trentatres, una de las galerías de arte de referencia más frescas de Valencia, está más cerca de la fascinación primigenia –entre el art brut (expresión acuñada por Dubuffet para referir el arte más allá de la puerta de salida del sistema: trazos de dementes, niños y reclusos) y el pigmento natural de la caverna– que de los híbridos de Max Ernst.

Mirada virginal o primigenia y, sin embargo, la obra de esta pintora, poeta y escultora con aspecto de bailarina de danza clásica está penetrada, versada, por decirlo quizás de forma políticamente correcta, de formación, desde la Ecole des Beaux Arts de Bordeaux a las influencias de la también francesa Annette Messager (Le repos de pensionnaires) o de los mejores representantes del grupo CoBrA (Karel Appel o Asger Jorn).

No hay en esta volière de pájaros arrebatados -como no había en la adaptación hitchcockniana de Daphne du Murier- interés por el último motivo ni voluntad de conocerlos bien a todos. Que lo haga el espectador. Una únicanota basta para caracterizar una de las exposiciones más interesantes de esta primavera: Crécent ha emprendido el regreso, un jalón, en la delirante tarea de deshacerse.

Despojada, con la técnica más rudimentaria, la mirada ahora interrogada, ahora decidida de las aves cuestiona la verja de hierro pero también de auto-concesiones de nuestra propia volière: la danzarina disposición de los pájaros dibuja también el bosquejo de un mapa de salida.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crécent. Cortesía de Trentatres Gallery.

Jesús García Cívico*
*Por cortesía de TrentaTres Gallery

Ver visiones: la falta de empleo

Ver visiones. Reinterpretando el presente
Centro del Carmen
C/ Museo, 2. Valencia
Comisariado por Álvaro de los Ángeles y José Luis Pérez Pont
Hasta el 13 de julio de 2014

Roberto Mollá (Trentatres Gallery) / Jorge Carla (Galería Cuatro)
CIS: El Paro / Los problemas relacionados con la calidad del empleo

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

El insigne, y muchas veces maquiavélico, exprimer ministro del Reino Unido, Sir Wiston Churchill, padecía una aversión terrible a las estadísticas. Quizás, la más célebre de sus frases sea: «Hay ver­dades, medias verdades, mentiras y estadísticas».

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Vista de sala con obras de Roberto Mollá. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Es un clamor que el desempleo y la calidad del empleo son las mayores preocupaciones de la ciudadanía. No haría el falta el apoyo de unas estadísticas aplastantes para corroborar el dato. El barómetro del CIS [Centro de Investigaciones Sociológicas], de abril de 2014, la sitúa en primer lugar de nuestras preocupaciones (80,3%). Normal, en los tiempos que corren, que el trabajo es un bien escaso.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Vista de sala con obras de Jorge Carla Bajo en Ver visiones. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Aquellos y aquellas que nos acercamos a la cincuentena, recordamos a Forges y la muy famosa frase de su personaje, Mariano, a la “macilenta”: «¿Estudias o trabajas?». Pues eran, en aquellos tiempos, incompatibles ambas actividades o al menos no muy habituales. Actualmente, lo habitual es trabajar y estudiar, para poder mantenerse y permitirse la formación.

La labor curatorial de «Ver visiones» ha unido este concepto, preocupante para todos y todas, con las obras de Roberto Mollá (Valencia, 1966) y Jorge Carla (Madrid, 1974). Ya el palabro “visiones”, (y siguiendo al DRAE) contiene la locución adverbial “ver (alguien) visiones” como: «Dejarse llevar mucho de su imaginación, creyendo lo que no hay». Esto es lo que algunos politicos matizan y, que­riendo quitar hierro, nos transmiten la idea de que se está generando empleo, por ejemplo, cuando en la realidad se está destruyendo, pues las políticas laborales y fiscales no lo favorecen, más bien al contrario, facilitan su destrucción.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Ensamblaje, 2014. Técnica mixta sobre cartón y madera. 130 x 113 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla nos presenta unas burlonas piezas, unos personajes que, cuanto menos parecen mo­nigotes, y que nos presentan, a todas todas, a un individuo alienado, semejante a esos personajes convulsos de Francis Bacon (precursor de los más modernos o actuales morphins) o los más cer­canos -estilísticamente- al Art Brut de Jean Dubuffet, elementales y pueriles y, a menudo crueles (se inspiró en los dibujos de los niños, los criminales y dementes), seres infrahumanos, figuras deformes, absurdas y grotescas. Un ser alienado (vendido, comerciado, liquidado, hipotecado) por la desprotección a la que se está sometiendo. Las estructuras en cartón, se asemejan a las de los homeless o sin techo, grupo a la que esa exclase media, ahora desprotegida, que desaparece, se incorpora en dramáticas situaciones.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Cartón67, 2014. Acrílico sobre cartón y bastidor. 50 x 70 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla examina los sueños o pesadillas con socarronería. No se ha dejado llevar por un falso optimismo. Sus piezas son libertad. Sus personajes son seres desfigurados, no exentos de una fuer­te expresividad irónica, entre lo sublime y lo ridículo. De resuelta factura, sus composiciones se resuelven con sencillez y naturalidad. Y sin embargo, nada resulta fácil en su trazo, ni en su com­presión. No da lugar a la experimentación, a la duda de la representación, al matiz.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. La rivière charrie les fils du téléphone, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá, en un punto de vista diametralmente opuesto y confrontándose, sobre papel pau­tado, cuadriculado, milimétrico, nos parece estar dando certeza matemática, precisa, rigurosa, con unos inquietantes dibujos de tentáculos y organismos entrelazados, superpuestos, contrapuestos con sus geometrías características, en una suerte de abscisas y ordenadas, cartesianismo imposible de un imposible espacio euclídeo.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Parasismal, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 28 x 28 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Participa en eso que se ha dado en llamar la nueva figuración. Una estética, entre surreal y ukiyo-e, que forja sobre papel crema milimetrado sobre el que dibuja, en blancos y negros, con gráficos y geometrías muy coloristas alrededor. Esto fue utilizado, en la década de 1960 y 70, por Manuel Barbadillo, cuya obra estuvo muy influenciada por la tecnología y los computadores. El uso de pa­pel cuadriculado en Roberto Mollá está, en algunos aspectos, relacionado con esto, aunque lo utili­zó por primera vez para dibujar imágenes pixeladas. Ve su trabajo como una suerte de investigación científica. La importancia de la gráfica va más allá del significado tecnológico. Sus dibujos surgen del mundo multidimensional de la gráfica. La gráfica actúa como el significante más importante de sus propios pensamientos.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori V, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 50 x 35 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Dibujos a lápiz muy meticulosos en varios estilos, entre el grafiti y la ilustración. La tensión entre todos estos elementos es fascinante. Impecable. De un vistazo, es gráficamente muy potente, pero también posee sutileza y meticulosidad. Deliberada. Simple. Sistematiza los sueños, regula la imaginación. Mezcla entre demencia, ingenuidad, concupiscencia, candor.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Roberto Mollá. Tamatori interlineado, 2011-2012. Lápiz, rotulador, gouache y tinta sobre papel milimetrado. 75 x 106 cm. Imagen cortesía del artista y Trentatres Gallery.

Sus numerosas referencias a la historia del arte no actúan como símbolos, en una especie de narra­tiva, si no como travesura dentro de la gráfica, que actúa como un espacio multidimensional para las exploraciones formales y científicas de tiempo y espacio. Marcadores, que representan las diversas influencias que Roberto Mollá ha adquirido a lo largo de su vida. Si examinamos las filosofías que preocupaban a los artistas vinculados a cada referencia, corresponden a sus propias preocupaciones.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

Jorge Carla Bajo. Patrimonio de la Humanidad, 2014. Técnica mixta sobre fotografía. 175 x 236 cm. Foto: Nacho López. Imagen cortesía del artista y Galería Cuatro.

El arte imita la vida, ¿o es la vida la que imita al arte? Representaciones de estos momentos convulsos que vivimos.

José Luis Martínez Meseguer

Hélène Crécent toma vuelo en Trentatres

Prende son envol, de Hélène Crécent
Trentatres Gallery
C / Sueca, 33. Valencia
Hasta el 14 de junio

La etérea estética emanó en Occidente en el Siglo de la física. Se intentó vincular la razón con el gusto mas se hizo evidente que éstos eran dos sujetos bien dispares, así que se procedió a relacionar el gusto con una nueva función: el sentimiento. Este factor hizo que se admitiera cierto relativismo en los juicios. El arte y el sentimiento de lo bello se divorciaron así de lo normativo y lo perfecto. Se introdujeron entonces en el sentimiento artístico la gracia, lo sublime y el afamado no-sé-qué.

En la flamante instalación artística de Hélène Crécent (Pau, 1966) parece estar sonando una cautivadora orquesta con el leitmotiv del eminente Art Brut. Este sustancial concepto de leitmotiv se relaciona al viejo compositor Richard Wagner (Leipzig, 1813 –Venecia, 1883). Se trata de una melodía basada en los motivos que guían la acción y que describe los hechos, las emociones y cada uno de los sentimientos. Tentamos pues en esta muestra ese potencial creativo que la sociedad invalida con sus códigos establecidos.

Obra de Hélène Crecent. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Obra de Hélène Crecent. Imagen cortesía de Trentatres Gallery.

Y adentrándonos en su lozana serie de dibujos bautizada con el nombre de QRCorps podremos descifrar mediante la aplicación tecnológica indicada unos tan contemporáneos códigos QR de los que brotarán poemas compuestos por la misma Crécent. Y una vez descorchados estos códigos volveremos a desenmascarar al desorden disfrazado con el traje del sistema. Ya en su momento el italiano Giambattista Vico (Nápoles, 1668 – ibídem, 1744) estableció una contraposición entre poesía y filosofía, atribuyendo a la primera fantasía y a la segunda la razón. Según Vico, “la fantasía es tan más fuerte cuanto más débil es el raciocinio”, por tanto, la poesía es más verdadera cuanto es más individual, justo al contrario que la filosofía.

A su vez, los emocionales cuerpos de mujer de esta férrea artista propalan una convulsión interior de la francesa. No oteamos pretensiones de la belleza per se ni en sus esculturas ni en sus dibujos pero en su instalación total irradia en armonía la complejidad y lo absoluto de una vida que se hace trizas recomponiéndose una y otra vez. Engalanadas con charol, tela y otros materiales industriales pero de factura artesanal hace homenaje a gloriosas mujeres de la Historia con las vestiduras rasgadas por la lucha.

En suma, Trentatres Gallery acoge la nueva exposición ‘Prendre son envol’ de la consolidada artista francesa Hélène Crécent. Con piezas inéditas al más puro estilo de la artista acudiremos a una muestra cargada de innovación, fuerza y su siempre inherente tensión expresada tanto volumétrica como bidimensionalmente y palpable en el todo del conjunto.

Obra de Hélène Crécent. Imagen cortesía de Trentatres Gallery

Obra de Hélène Crécent. Imagen cortesía de Trentatres Gallery

Bartolomé Mata

Ríen los Dioses en la Galería Paula Alonso

Ríen los Dioses de Paula Rubio Infante
Galería Paula Alonso
C/ Lope de Vega, 29. Madrid
Inauguración: el 23 de enero a las 20h
Hasta el 26 de marzo 2014

Todo lo que estamos viviendo es un sueño, un sueño sobre una pesadilla. Nada más. Y cuando ese sueño se acabe, seremos ceniza” - M.D.Villegas.

La Galería Paula Alonso presenta “Ríen los dioses” exposición individual de Paula Rubio Infante, Premio ARCO 2010 de la Comunidad de Madrid.

El origen del proyecto radica en una serie de dibujos que realizó Manuel Delgado Villegas, “el Arropiero” (1943‐1998), entre los años 70 y 80 durante su confinamiento en el madrileño Centro Asistencial Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel.

Manuel Delgado Villegas fue conocido como “el mayor asesino en serie de la historia española”. Detenido en 1971, se declaró autor de más de 40 homicidios. Estuvo preso 26 años, hasta su muerte de una EPOC. Es el reo que más tiempo ha estado en prisión preventiva, seis años y medio, y el primero al que se le conoce portador de entonces llamado “síndrome del superhombre”, el cromosoma “xyy”.

Manuel Delgado Villegas custodiado por la policía.Pto. de Santamaría, Cádiz, hacia 1971

Manuel Delgado Villegas custodiado
por la policía.Pto. de Santamaría, Cádiz, hacia 1971

Declarado preso “inimputable”, su expediente se perdió y nunca fue juzgado. De todos esos crímenes, la policía solo encontró indicios de que participara en ocho, basándose fundamentalmente en sus propias declaraciones. Por motivos personales y de proximidad sus dibujos pasaron a formar parte constitutiva del imaginario visual de la infancia de la artista y su historia biográfica, en íntimo relato familiar.  El padre de la artista trabajó como funcionario de prisiones en el Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel desde el año 1973 hasta el cierre definitivo del centro en 1985. Percatándose del interés que Manuel Delgado Villegas tenía por la creación visual, el funcionario, también sensible a la práctica artística, le facilitó clandestinamente material de bellas artes. Fruto de esa relación y del intercambio de intereses, Manuel Delgado Villegas le regaló un cuaderno con 17 dibujos y una escultura de yeso. Estas obras de arte han estado desde entonces y hasta el momento en el salón de la casa familiar. El caso de M.D. Villegas, “el Arropiero” es un hito en la historia criminológica española. Se le han dedicado documentales, programas, entrevistas y extensos estudios. Sin embargo, la existencia y el contenido del cuaderno de dibujos del que parte este proyecto, es inédito.

Sobre el telón de fondo que constituye la biografía de Manuel Delgado Villegas, el proyecto Ríen los Dioses es ante todo un intento de acercamiento al “art brut”, “arte marginal” o “arte psicótico”. Estas prácticas artísticas, por las características mentales de sus creadores, están dotadas de una gran carga emocional y los resultados brotan ajenos al orden y preceptos que rigen el “arte integrado”. El proyecto propone, además, una reflexión sobre el contexto donde estos dibujos se realizaron: el Centro Asistencial Psiquiátrico Penitenciario de Carabanchel.

Ríen los Dioses consta hasta el momento de 4 instalaciones de gran formato basadas en diferentes elementos representados por Manuel Delgado Villegas en sendos dibujos originales. El proyecto se completa con una amplia serie de dibujos y maquetas a escala 1:10. Se suma como material de documentación adicional: el cuaderno de dibujos original de Manuel Delgado Villegas y dos extensas entrevistas al funcionario de prisiones D. Jesús Rubio Sarabia y al psiquiatra D. Enrique González Duro ‐realizadas en 2013‐ donde desarrollan una aproximación al tema que nos ocupa desde sus respectivas experiencias profesionales. Para el catálogo se contará con la colaboración del escritor Isaac Rosa, ganador en el 2005 del Premio Rómulo Gallegos por su novela El vano ayer .

Dibujo original de M.D. Villegas, titulado “Ríen los dioses” y realizado en el Psiquiátrico de Carabanchel entre los años 70/80.

Dibujo original de M.D. Villegas, titulado “Ríen los dioses” realizado en el Psiquiátrico de Carabanchel entre los años 70/80. Cortesía de la galería

El objetivo del proyecto es expandir las imágenes bidimensionales realizadas por M. Delgado Villegas hacia las tres dimensiones, en un deseo de reflexionar sobre el contraste entre lo que el resto normalizado denominaríamos “la realidad” y la personal y subjetiva concepción que él tenía de su psique y su entorno, capturada en sus dibujos. Una de estas imágenes da título al proyecto. En ella ilustra una extraña embarcación azul en el centro de un mar de grandes dimensiones. Es muy probable que Manuel tomara el título de este dibujo (“Ríen los dioses”) de la colección de relatos de Jack London “Cuando los dioses ríen”. Su afición al boxeo quizás también nació de la lectura de esta novela, donde se narran las aventuras de un púgil fracasado que, junto con el resto de marineros, intenta sobrevivir en un barco a la deriva. La desesperación hace que se conviertan en auténticos animales salvajes.

Dibujo original de M.D. Villegas realizado en el Psiquiátrico de Carabanchel entre los años 70/80 y esquema/ boceto de la artista. Técnica mixta sobre papel. 29x21 cm

Dibujo original de M.D. Villegas realizado en el Psiquiátrico de Carabanchel entre los años 70/80 y esquema/ boceto de la artista. Técnica mixta sobre papel. 29×21 cm

Claudio Zirotti, ¡qué Butoh!

Teatro, danza, ciudad. Claudio Zirotti
Espacio 40
C / Puerto Rico, 40. Valencia
Hasta el 12 de noviembre

A Claudio Zirotti, italiano de Modena pero residente en Valencia desde hace más de 20 años, le apasionó en su momento el Art Brut de Jean Dubuffet. Le apasionó las posibilidades que le ofrecía ese arte marginal que pretendía recoger experiencias lindantes con las enfermedades mentales; la vuelta a cierto primitivismo. Pasados los años, y tras exploraciones varias, Zirotti vuelve a hacerse eco de las emociones más recónditas, más oscuras e inaprehensibles, que afloran en la superficie del cuerpo. Inspirándose en la danza japonesa Butoh, ha creado una serie de obras con la figura, el cuerpo y el rostro como protagonistas. Al conjunto lo ha llamado Teatro, danza, ciudad. Un conjunto plástico que puede verse en la galería Espacio 40 de Russafa, y en el que Zirotti explora la expresividad del cuerpo humano doliente.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40

La danza Butoh ya tiene un origen que, clamando al cielo, se fija en los infiernos terrestres. Se atribuye su creación a Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, especialmente sensibilizados con las pavorosas imágenes de Hiroshima y Nagasaki. Para dejar testimonio crítico del dolor contenido en los cuerpos quemados por la guerra nuclear, utilizaron la danza como vehículo expresivo de lo que resulta inexpresable. Esa misma paradoja entre lo que el cuerpo reclama como verdad sin tapujos, por apelar a cierta hondura prístina, y la necesidad de un conjunto de imágenes que traduzcan la desolación en historia sentida y compartida, es la que anima la obra de Claudio Zirotti expuesta en Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Kazuo Ohno lo dejó bien claro: “Yo aprendí el Butoh en el vientre materno”. Se trata de sentir, por tanto, ese pálpito primigenio, esa oscuridad de las entrañas que se va revelando poco a poco mediante la compleja luz que arroja el arte. Las expresiones de los rostros dibujados por Zirotti, la tensión de los cuerpos, así como los collages empleados, hechos con trozos de cartas y pedazos de sellos, están pensados para vehicular esos sentimientos que el cuerpo manifiesta sin ambages, una vez caídas todas las máscaras. Y, sin embargo, la sola dramatización de esa danza, de ese teatro, que utiliza el cuerpo dolorido, aquejado de una cultura que se vive con opresión, ya supone una mediación entre lo real del instante y su posterior creación plástica. Y es que se nos olvida que máscara significaba ‘persona’ en el teatro clásico, ya que los actores la necesitaban para protegerse de los brutales hechos que interpretaban.

Obra de Claudio Zirotti para 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de Espacio 40.

Claudio Zirotti, queriendo expresar en su serie titulada Teatro, danza, ciudad esa sensación primigenia, diríase que por fuera de los límites de la cultura, entendida aquí como institución represora, no deja de contener el grito y la desolación mediante un conjunto plástico dramatizado. Y lo hace, además, con un papel Arches de gran calidad, lo que permite asistir a ese despliegue corporal y gestual, como si se tratara de una rigurosa y cuidada puesta en escena. El cuerpo se revela así como soporte de una verdad que exige cierto desnudamiento, las justas y precisas mediaciones, en esa búsqueda del acto primordial. Zirotti se adentra en ello con la pulcritud del escenógrafo que asiste a cierto alumbramiento.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición 'Teatro, danza, ciudad' en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Obra de Claudio Zirotti para la exposición ‘Teatro, danza, ciudad’ en Espacio 40. Imagen cortesía de la galería Espacio 40.

Salva Torres